Hola chicos, finalmente luego de mucho tiempo fuera del fandom quise volver. Este fic ya estaba en existencia, pero siendo sincera lo había borrado hace más de un año, 28 capítulos, wow! Perdiendo el archivo completamente. Pero al ver los mensajes de apoyo y quienes querían un justo final del fic, decidí retomarlo, solo que, reescribiendolo completamente desde 0, se guiará bastante del fic original del mismo titulo, para quienes lo leyeron y seguían. Notaran que muchas cosas serán diferentes en esta nueva versión. En primera, trabaje mucho más en mi escritura en todos estos años. Segunda Hinata en esta versión es mucho más a mi parecer, en su personalidad, igualmente Sasuke, aun así, es un reto. También ella estará realmente enamorada de Naruto como en el canon en vez de Itachi, aunque igual ahí seguirá el triangulo amoroso entre los hermanos. Una discordia y odio mucho más trabajado. Además de que al pasar el tiempo ciertos temas y tratos ya no me parecen adecuados. Como ciertos limites y agresiones que jamás hay que romantizar. Igual ciertas relaciones entre los personajes van a variar, ships (Aun estoy pensando cuales dejar vivir de las anteriores. Cuales no. Así que si, aquí Sakura también estará enamorada de Sasuke, no de Kakashi como en la otra versión. Realmente estoy tratando de respetar bastante el canon) y personajes que ya verán con el tiempo. Espero sin más les guste. Aguante el sasuhina 7u7

** para pensamientos.

(()) y cursivas para pasado.

Negras para traslados en el tiempo o lugar.

Clasificación M para futuros lemon.

Capítulo 1: Sin voz.

Un silbido que emana del viento, recorriendo los locales y las calles, acariciando la piel de los transeúntes. Un estruendoso rugido, desgarra los cielos, iluminando todo. Anuncia una pronta lluvia. Se estremece, así se sintió, dentro de su estómago. Un caos completo. Tenía un mal presentimiento. Muy malo. Sentada en espera, fuera de esa oficina llena de misiones. Llamada no por misión, si no a voluntad. Se observa las manos, temblorosas y frías. A lo lejos logra percibir cierto olor, olor del desagrado, del temor y tormento de tantos años. Olor a menta, olor a Sasuke Uchiha. Se comprime, su corazón se acelera, no para bien, no por amor. Por puro instinto, puro temor. Sin duda era él, evita mirarlo. Siguiendo sus pasos por el rabillo de sus ojos, va con su misma pinta arrogante, la de siempre. La que no suelta, jamás. **—¿Qué hace aquí? **, se pregunta curiosa. Sigue su paso, ignorándola, **—No es novedad **, se responde sin emoción alguna. Evitándolo. Aún con ello era consciente de que estaba unos cuantos pasos de si, recargado sobre la pared con aire autosuficiente, soberbio. Frío y vil. Poniéndola un poco nerviosa, ansiosa. Odiaba estar en un mismo lugar con él, no eran recuerdos agradables. No había nada que los uniera, en lo absoluto, de no ser… que pronto sería su cuñado. Su estómago da otro vuelco. **—Itachi **, logra suspirar entre sus pensamientos. Completamente aturdida, hacía varios días que no sabía nada de él. Que la dejó completamente perdida, con un sentimiento semiamargo, similar al desamor. A no ser, porque realmente jamás lo amo, **—Solo lo quise **, se vuelve a decir con convicción. Reconociendo lo que en el pasado sabía de antemano, no hubo amor. Solo aceptación al compromiso. Resignación al deber, de parte de ambos. O eso creía.

—Hinata, Sasuke —Se estremece al oír el nombre de ambos juntos en una oración, era Shizune. No era agradable —. Pasen, Tsunade-Sama los está esperando.

—¿Qué? No es cierto — ruega en susurros, compungida. Con el aire retenido y las cuencas abiertas en claro terror. ¿Por qué los había convocado a los dos en un mismo lugar, en una misma hora? Podía sentir a su corazón afligirse, casi queriendo salírsele de la garganta. **—¡Oh no! **, temía lo peor.

—Hmp —lo escucha respirar casi a su lado, en claro desagrado —. Tan patética como de costumbre —se exalta al oírlo una vez más, despotricando contra ella. Misma impotencia que las veces pasadas —. Te apuesto que susurrar, ahora no te es agradable Hyuga. Deberías tener mejores modales. No te confundas, tampoco es agradable para mí —dice en un volumen mayor, pasando por su lado. Claramente la había escuchado.

Se levanta apenada. Era mucho mejor que esto, mucho mejor que él. Con claro orgullo y arrepentimiento.

—Uchiha-sama disculpe…

—Ahórratelo Hyuga, tus disculpas no son de mi interés —la interrumpe con sequedad, de vuelta a ignorarla. Cerrando la puerta tras de sí. Sin esperarla. Realmente le daba igual.

SI PUDIERA describir la incomodidad con que se aferraba al asiento dentro de la oficina de Tsunade-sama, sería similar a estar dentro de una sauna muy muy caliente del cual quieres escapar para poder respirar. Así se sintió. Aun cuando Sasuke en claro repudio negó a sentarse junto a ella, vagante por la habitación, fingiendo que no existía. A veces envidiaba esa cualidad de él, ignorarla cuando se lo proponía o no estaba despreciándola, ni insultándola. Ella no podía, imposible. Demasiadas emociones encontradas junto a ese ser. nefasto de atractivas apariencias. Y con todo eso, podía casi sentir su mirada sobre ella, puesta en su ser en todo momento. Era imposible, se repetía de constante. Costándole respirar ante el simple pensamiento.

—Bien —anuncia Tsunade, a través de sus dedos, sobre los que recarga su boca como de costumbre. Su expresión no le gustaba a Hinata, comenzaba a atemorizarla. Ese ceño fruncido, la tensión en su rostro y hombros, la mirada compasiva, furia y luto. Solo podía indicar una sola cosa…—. Los he citado a ambos aquí para darles una noticia, una noticia que los padres de ambos se han negado a decirles personalmente. Dejándome a mí como vocera —Los recorre con sus ojos avellana, pasando de uno a otro. Examina la indiferencia de Sasuke, frío como un hielo. La espera temerosa de Hinata. Toma un momento para suspirar, cansina. No quería hacerlo, cerrando los ojos por un breve instante. Lamentando el desastroso destino de la chica Hyuga, frente a ella. La compadecía completamente. Vuelve a su dureza, no era su asunto. Aun cuando se negaba a participar en estos actos, teatros arreglados, tan absurdos. Se desapega —. Uno de nuestros mejores Jounin encargado de cuidar el limite oeste de la aldea, me ha notificado a mí y al consejo de Konoha de la huida de Itachi Uchiha, hace tan solo unos días. Esto ustedes ya lo deben saber —nota tensarse cada musculo del cuerpo de Sasuke ante la mención, este lo sabía muy bien. Más que nadie. Negándose a hablar de ello en más de una ocasión. Dolía, como un fantasma se había enterrado dicho recuerdo amargo. Un cadáver viviente en su vida, eso era su hermano mayor ahora. Un traidor, un renegado. Claramente un tema demasiado sensible. La joven no era menos susceptible ante el vago dolor que puede observar de ella, la deshonra al haber sido la prometida de Itachi. Cae en cuenta nuevamente, de que sería mucho más difícil. Maldiciéndose internamente. No estaba ni cerca de decir lo peor —. Lamento ser yo quien les confirme que fue visto con Akatsuki la última vez. No hay nada que hacer, ha sido puesto bajo el libro bingo, a estas alturas ya a todas las naciones y aldeas se les ha notificado de su traición. Colocado como uno de los criminales de alta peligrosidad. Ahora es un fugitivo de la justicia de las cinco grandes naciones shinobi. En verdad lo siento —dice sincera. Dirigiéndose al menor de los Uchiha en primer lugar

Abre los ojos, una reacción natural, cuando estaba lejos del asombro. No le sorprendía, confirmarlo era el menor de sus preocupaciones para Sasuke. Aun así… dolía como si acabara de recibir una puñalada en el costado, como en alguna misión. Una herida grave que se desangra y deja un hueco. Así se sintió. Repudiándolo todo, si eso era posible. Su vida, sus recuerdos más felices, su amor. Todo rodeado de su hermano, y a la vez, arrebatados por este mismo. Todo era una mentira. La decepción quedaba corta para eso. Quería gritarle a esa rubia mujer que tanto adoraba a Naruto, que era mentira, que Itachi jamás sería capaz de algo así, que no era un traidor. Que era el orgullo no solo de su padre, sino de todo un clan, su clan. Ya no quedaba nada de eso. Su mandíbula se oprime, impidiendo el paso de emoción alguna, aun cuando su mente era un caos total. Vio todos estos días caer en deterioro a su padre por la noticia, oyó llorar a su madre cada noche. Ambos lamentando el luto en vida de Itachi. Fue consciente del despreció de su clan al verlo pasar, un odio mudo. Tuvo tiempo de asimilar lo peor, aun cuando la verdad en su momento le fue negada. Ya no había duda, Itachi, su hermano y adoración, era un traidor. Un muro fundamental en su vida, acababa de ser derrumbado ante sus ojos, llevándose consigo una parte de lo que fue. Ya no habría felicidad para él, mucho menos paz. Lo sabía. Se había resignado a ser infeliz de manera silenciosa. Un mártir atormentado, capaz de sacrificar lo que realmente quería por un bien común, acostumbrado a despreciar en su lugar. Esto tan solo parecía ser un mal chiste, volviéndolo real. La mira desde la espalda. Contemplando su largo cabello azulado, era por ella. Todo era su culpa, por quien sus calamidades habían empezado. Lo recuerda, casi pudiendo tocar el odio con sus manos. Odio hacía esa mujer, pequeña y sin chiste alguno. Que tanto mal le hace. Que lo enferma desde aquel momento…

((EL CAMINO A casa era mucho más largo de lo que recordaba esta vez, había sido un largo, pero muy enriquecedor entrenamiento el que había obtenido esa tarde. Lanzando la más grande bola de fuego que pudo ver hasta el momento. Si, el esfuerzo había valido la pena, tan solo esperaba ser el mejor. Mucho mejor que cualquiera en esta aldea. Llevar el orgullo Uchiha a lo grande, ver a su padre como el patriarca más reconocido por sus dos hijos en toda la historia del clan Uchiha. Los mejores Shinobis en existencia. Pensarlo, lo hace sonreír con autosuficiencia. No se rendiría hasta lograrlo. Era consciente que al crecer le llegaría su momento, de apoyar a Itachi en su labor de patriarca, estaba conforme con ello. Asumía su responsabilidad como mano derecha, era su destino. Y con el tiempo quien sabe, tal vez, formar su propia familia, su propia rama familiar. Donde el fuera el centro al fin, tenía en mente cierto lugar donde casi podía llamar hogar, en el centro de sus pensamientos, ocultándolos, muy en el fondo. Incluso para sí, no era fácil de admitir. El amor no era un sentir que tuviera particularmente su interés, de no ser porque podía quedar desarmado, ser arrojado hacía arriba y dejarlo caer de un golpe por este. Cuando menos lo quería. Detestándolo de alguna forma, era vulnerabilidad, algo no permitido. Finalmente ve la entrada al vecindario Uchiha, saludando cortésmente con la cabeza a quienes lo reconocen, su gente. Abriéndose paso hasta su hogar.

—Ya vine —anuncia al pasar, quitándose el calzado con cuidado sobre la puerta. Logra oír el escándalo de murmullos dentro de su casa, viniendo desde el gran salón. **—¿Una reunión del clan? **, se cuestiona confuso, no era habitual que fueran en su casa. Y a juzgar por el ruido, eran varios ahí dentro. Aprieta el entrecejo, algo no andaba bien.

—Bienvenido —se asoma desde la cocina una mujer de largos cabellos color noche. Era Mikoto, su madre. Recibiéndolo con una gran sonrisa, iluminándolo todo a su paso. Era su mundo, el mejor de todos. De inmediato la ve desvanecer sus rasgos, dejando un puñado de incertidumbre a su paso. Lleva consigo una charola llena de pequeños vasos, sake —. Ve al salón, tú padre te requiere de manera urgente. Ahora, Sasuke —le indica con seriedad, yendo detrás de él.

No podría descifrar la insistencia de aquella orden. Al llegar y ver cuál era la razón, finalmente lo entendió. **—¿Qué hacen ellos aquí? **, su presencia lo perturbó. Era ella, esa niña que tantas veces ha visto, todo un enigma dentro de su mente, la insignificante Hyuga. La misma que iba en su grupo en la Academia Shinobi. A lado de ella yace el hombre que podía identificar como su padre. A su izquierda estaba una pequeña niña, de ojos similares, podía garantizar que se trataba de su hermana. Junto a unos pocos otros miembros del clan Hyuga, por su aspecto, suponía eran del consejo dentro del mismo clan. Lo que hacía mucho más inquietante su visita dentro de su hogar. Era bien sabido por todos, que el clan Uchiha y Hyuga no tenían los mejores lazos políticos dentro de la aldea, casi se despreciaban, aun cuando se rumoraba el clan Hyuga descendía del Uchiha. No era en nada similar a la relación con el clan Senju, aun así, había asperezas entre ambos. Era claro de quienes eran partidarios la familia de ojos blanquecinos. Claramente no era a ellos. Su estómago se revuelve, odiando la forma en que su cuerpo tiene una respuesta humana, dispar a la voluntad de la mente. Áspera, sin sentir, como una negación a la debilidad.

—¡Oh, Sasuke! —Lo llama su madre detrás de él —. Supongo que ya viste a Hinata Hyuga. Va en el mismo año en la Academia que tú —los presenta con amabilidad, como si no fuera obvio. Ambos se miran un breve instante, indiferencia en el oscuro mirar, curiosidad en la mirada traslucida. Como una sorda tensión que no tiene partido. Ni buena, ni mala, sin definirse. Mikoto lo nota, tratando de descifrar lo que en su interior se estaba formando. Da un ligero trago —. ¿Se conocían ya?

Sasuke asiente sin más, sería absurdo negarlo. Más cuando en las entretelas de su mente, era difícil de negar la existencia de esa chica, de corta cabellera, y mirada ingenua. Colocándose con superioridad ante su mirada curiosa, en respuesta. Pareciéndole por un breve instante casi adorable el rosado que tiñe sus mejillas por un segundo, ante el cuestionamiento. Se reprende internamente, era un asco. ¿Qué había sido eso? Desvía sus ojos apenado, rompiendo la inspección mutua. Cruzando sus brazos, orgulloso.

—S-si… —la joven voz responde en un hilo quebradizo. Típico en ella. Conocerse era demasiado, ambos tan solo se han observado, a distancia. Sin más.

Todo su mundo se ve volcado, en incertidumbre. De esto no era consciente hasta que ve entrar a su hermano mayor, Itachi, por esa puerta. El cómo todo se cierra, envolviéndose en él, como única prioridad en ese lugar. Todos los ojos puestos en él, blancos y negros, al unisón. Claramente su hermano era el protagonista de esta reunión, **—De todo **, se recuerda amargamente. Un sentimiento que quedaría igual de oculto en su interior. Incluso la joven Hyuga tenía puesta su atención en el heredero Uchiha, él tan solo era… un secundario. Su claro destino. Lo asume de alguna manera. Pero lo que vino a continuación, nada lo habría preparado para eso. Era tan irreal, pareciéndole de pronto que estaba en un sueño, uno muy desagradable, amargoso y sádico. Un mal chiste, lleno de pésima comedia. Le pareció escuchar algunas obviedades como la discordia de ambos clanes, una discusión con el consejo, acuerdos políticos que beneficiaría a ambas líneas de sangre al unificarse. **—¿Espera, qué? **, parpadeó desde su asiento, negándose a creer lo que su subconsciente trataba de decirle, entendiéndolo todo. Su latir se acelera, rogando en un claro "No" constante dentro de su mente. Sin saber que sentir en ese instante, tan confuso. No podía abrirse, no podía. Era un Uchiha, no un pelele sentimental.

—Y es por eso… que tanto Hiashi Hyuga, y yo, Fugaku Uchiha, hemos tomado la decisión consciente, en aprobación con el consejo de ambos clanes y el gran consejo de Konoha. En unir por primera vez en un matrimonio conveniente para ambas familias, a dos miembros reales de nuestros nobles clanes —su tono de voz bien podría anunciar una futura boda o un velorio, no habría diferencia. Palabras heladas, sin emoción alguna. Clásico en los miembros orgullosos de ese clan. Algo que en el interior del menor de los hermanos Uchiha discordaba, no podía estar más hecho un nudo en ese momento, volviéndose un relámpago en sus pensamientos, desequilibrado. Su rostro tensado era tan solo el reflejo del esfuerzo por no dejarse ver, por no mostrar quien realmente era en ese instante. Lo que pensaba. Obediente a sus principios, aprieta los puños bajo la mesa, sabiendo lo que habría de venir después, ya no había falsas especulaciones. Quería salir de ahí. Fugaku da una leve inspección al lugar, ante los ojos y rostros indiferentes sentados en esa mesa. Solo Hinata y para su sorpresa su hijo Sasuke, parecían tener algún tipo de expresión ante el asumo de lo que estaban diciendo sus palabras. Un ligero respirar de brazos cruzados, prosiguiendo —. Es por eso que cada hijo mayo…

—Espera Fugaku, —lo interrumpe Mikoto, su esposa. Observando de pronto a ambos jóvenes de edad similar. Puede leer la confusión en Sasuke, despegando sus ojos. Trata de hallar el valor suficiente antes de actuar, estaba segura —. Yo creo que sería mejor si…

—Esto ya lo discutimos Mikoto, y acordamos que solo Itachi puede hacerlo —una reprensión susurrante retoma la palabra por ella. Dando fin a su ultimo rayo de esperanza. Lo había intentado, al menos —. Como les decía, —se aclara la garganta. Demostrando que era él el patriarca —. Cada heredero del clan quedara prometido por esposo al otro hasta que ambos tengan una edad prudente para desposarse, esto en el caso de la señorita Hinata Hyuga. —La ve jugar con sus dedos, absolutamente nerviosa —. Con esto lo que se busca es no solo unir ambos clanes de manera sanguínea y política, sino unificar. Con el tiempo ser uno solo, el más poderoso visto jamás en la historia de Konoha. Confió en ello, Hiashi está de acuerdo en su totalidad —baja la mirada, era un sello, una autoridad inquebrantable. Estaba hecho, y se haría llegado el momento —. No hay discusión. De esta decisión ambos herederos han sido notificados hace un tiempo, esta reunión era para anunciarlo de manera oficial.

Hinata asiente, queriéndose atragantar en el puñado de emociones en el que se estaba volviendo. No había escape, no tenía opciones, su felicidad había sido tirada al traste mucho antes de empezar. Simplemente, no tenía voz. **—Naruto-kun **, ruega con agonía, esperando una salvación. Que no llegaría, casi ahogándose en tristeza. No era diferente para el muro intraspasable en el que se había vuelto su futuro esposo, actual prometido. De igual forma sus sueños han sido rotos con la noticia. Una novia en espera, una promesa de amor silenciosa y publica rota, con nombre a Izumi Uchiha. No les dejaría saber, no mostraría su deseo, por encima del deber, eso lo sabía muy bien. Era su rol, su juego, y estaba dispuesto a ser el mártir que se requería en todo momento. Si eso salvaba lo que amaba. Sasuke de manera casi inmediata lleva su vista hacía su hermano, Itachi. En busca de una explicación, algo que lo alivie, que lo haga saber el porqué de su falta de verdad ante la noticia. Él era el único de su familia que no lo sabía, se sintió abnegado de alguna forma. Dolido, no solo por ello, sino porque supo en el momento, que tampoco habría felicidad para él, de igual forma, se la estaban arrebatando. Él se la estaba arrebatando, robando todo lo que siempre quiso, su hermano. No supo decir, pero desde ese instante, sintió una rivalidad crecer, una ya latente de manera previa. Una rabia muda que con el tiempo tomaría su lugar. Ahora era real, al igual que su sordo anhelo, estúpido y vil. Con apariencias ingenuas, sentado frente a él. ¡Oh, si! También había un sentir voraz ahí, uno que trataba de convertirse en negativo en ese momento. Al ser reprimido por la parte racional. El surgimiento del odio, culpándola de todo lo malo en su vida a partir de ese momento. Hinata Hyuga, la chica estúpida que sin duda en un futuro podría estrangular sin culpa, a no matar, solo por mera frustración. Le estaba quitando el lazo con su hermano, su paz, la falsa estabilidad emocional que luchaba por mostrar. Desvaneciendo su fuerza poco a poco. El repudio se hace presente. Entremezclado con el apego maldito del latido de su corazón. Era su fin. Aprieta los puños, tensando todo su cuerpo. Decidiendo detestarla a partir de ahora, Era lo mejor. Casi crujiendo su mandíbula, no sería el único que la pasaría mal.))

De vuelta al presente, de alguna forma aquello le pareció de pronto inmaduro. Aun con ello, lo dolido de manera constante no es algo que se quite fácil. Era mejor. Se repite. Quemándole de pronto su vista puesta aun en su figura de espaldas, apartándola como si dañara. Cruzándose de brazos sin querer enfrentarse a la Hokage, no aún. Hinata seguía sin entender, su sentir no estaba claro. Sabía de su querer por el que era su prometido y futuro esposo. Lo había asumido, había aprendido a quererlo de alguna forma. Sabía que la vida con él sería buena, a pesar de la carencia de amor por parte de ambos. Él se lo había prometido, podía recordar. No tenía de que preocuparse, se esforzaría por hacerla feliz, y ella por ser una buena esposa, mujer. Con cariño legítimo de manera mutua, aun cuando era más fraternal que romántico. No tenía tiempo de asumir lo que estaba pasando, aun con ello, tuvo un pequeño rayo de luz, de deseo. Una pequeña esperanza de poder ser feliz al fin, con la ausencia de Itachi. En seguida sus pensamientos la llevan hacía cierto rubio sonriente, tirándola hacía él. Quizá ya era libre para estar con quien quisiera estar, para luchar por su amor real. Naruto Uzumaki, tal vez. Trata de no sonreír, de no mostrar su alivio, a pesar de la pena de su anterior prometido. Justo a una semana de desposarse. Ese sentir de libertad crece, no durando mucho.

—Me temo que no es lo único por lo que los convoque aquí hoy… —se muerde la uña pulgar color rojo la mujer sentada en aquel escritorio, haciendo un espacio. La joven no tuvo tiempo de respirar, de nuevo el ritmo anormal sobre su pecho, anunciándole algo. Un desastre más, uno mucho peor —. En vista a que los acuerdos entre ambos clanes ya estaban firmados, pactados, y la boda sería en una semana. Ambos clanes, principalmente los patriarcas y sus propios consejos, junto al de Konoha. Han tomado la decisión de que al ser Itachi Uchiha considerado un traidor a la aldea, también ha sido repudiado por el clan Uchiha, y por tu padre, Sasuke. Como heredero —observa al menor de los Uchiha abrir sus cuencas con asombro, las cosas habían cambiado. Parecía ser todo tan opuesto e irreal. Jamás pensó que un momento así llegaría —. Eso te coloca a ti en el heredero oficial del clan Uchiha. Y con ello… no romper los acuerdos previos, sino más bien una modificación de los mismos. Ocupando tú el lugar de Itachi como futuro líder y esposo de Hinata. La boda se mantiene fija en el mismo lugar, en la misma fecha. Me temo que no es algo que se pueda romper, ni aplazar. Sé que no es una noticia fácil para los dos, tomen su tiempo para asimilarla.

¡Croach! Pudo escuchar el momento justo en el que su corazón fragmentó. Luchando contra el nudo en su garganta, la quemazón en su estómago. Y la picazón que en sus ojos comenzaba a formar, que anuncia el surgir de las lágrimas. ¡No! Se negaba a llorar, se negaba a mostrar su vulnerabilidad. Su orgullo se lo impedía, no se había esforzado tanto para esto, para caer y derrumbarse ante él, ante Sasuke. El desprecio mutuo estaba claro. Su inexpresión no ocultaba ese hecho, como había tomado la noticia, era un enigma, su indiferencia Uchiha servía de barrera. Tampoco le importó conocer más allá de su pensar, le daba igual. Él siempre le hubiera dado igual de no ser porque ahora debería que ser su… esposo. Ya no podría ignorarlo, nunca más. Tendrían que vivir juntos por siempre, hasta que uno muriera según sus costumbres, deberían dormir juntos, y… tener hijos llegado su momento. Era el deber por el que siempre espero, para el que fue criada. Renegando de él por primera vez, quería negarse, quería huir. Sabía que finalmente sería infeliz, que él cumpliría su promesa. La odiaba, que mejor venganza que hacerla sufrir, más ahora que la tendría solo para sí. Prefería morir. La noticia la golpeó mucho más violenta. Punzándole la cabeza de manera insostenible, envolviéndola un escalofrío con ello. Era pánico puro, la negación a aceptar su destino la azotó. De pronto el aire no le era suficiente, cerrándose su garganta, luchó por respirar, pero falló. Y con ello su mundo se desvaneció, dando contra el suelo al perder el conocimiento. Había sido todo su límite.

—¡Hinata, oh Dios mío! —Corrió en su auxilio Tsunade. Tomando el cuerpo inconsciente en su regazo, tratándola de hacerla volver a la realidad. Comprobando que aun respiraba. Aquello no había sido más que un desmayo de pánico —. ¡Shizune! ¡Necesito tú ayuda aquí!

—Parece que no tomó muy bien la noticia —se burla con clara indiferencia, sátira pura al verla como la cosa más patética creada en el mundo, sobre los brazos de la Hokage. Y esa sería su esposa, que suerte la suya, una soga en su cuello sería mejor. Sin importarle el fulminar de esos ojos mayores, ante su desapego por ella, sin importarle su estado. Ni hacer lo más mínimo por fingir preocupación. No lo sentía, no debía actuarlo. Condenado de igual forma. Su castigo le había llegado. Qué ironía. Su deseo se le revertía en la cara. Estaba jodido.


EL RAYO DE LUZ comienza a quemarle el rostro, volviendo a ser consciente de cada una de sus partes. Empezando a moverlas a pesar del cansancio. Del desgaste físico, emocional. Un desastre. Al abrir los ojos, vuelve a admitir el dolor de cabeza terrible del que era huésped. Se reincorpora en la cama acolchada de finas sabanas moradas. Estaba desorbitada, sin entender que había ocurrido, ni el tiempo o lugar. Examina su habitación, reconociéndola, era suya. ¿Qué había pasado? Hace memoria, lo último que recuerda era estar en la oficina de Tsunade-sama, y… ¡Sasuke! La noticia de su boda con él. Era ahora cuando preferiría seguir inconsciente y nunca despertar. O por lo menos no próximamente. Se sintió en un mal sueño, uno espantoso del que no tenía escape. Él le haría de su vida un infierno, lo sabía. Regresando el nudo en su garganta, la presión sobre su pecho. Memorizando la razón por la que aquella nueva línea de su destino la estaba golpeando tan mal. Casi matándola. Una serie de desastres no contados.

((EL HORMIGUEO EN su estoma es como una quemazón nerviosa de su agradecimiento mudo. No sabía porque él, de entre todos ahí, le había salvado la vida con tanta ferocidad en aquella misión. No tenía porque, más luego de tantos años de despreció hacía ella. Tenía una ingenua esperanza, un deseo de poder llevarse bien, más ahora que en dos años serían familia; política, finalmente familia. Era su cuñado, era hora de limar asperezas. Aun cuando su mente le estaba indicando que no era la única razón de su nueva fascinación por Sasuke, estaba legítimamente agradecida. Por primera vez lo había visto, dejando de ignorarlo por lo heroico y protector de sus actos. **—Nadie había reaccionado así por mi **, admite un tanto perturbada por la furia en aquella defensa a su persona. Casi inhumana. Casi sintiendo crecer en ella sentimientos buenos hacía él, de admiración. La forma en que recibió y neutralizo el ataque por ella, sin importar recibir la herida en su lugar, mucho menos morir. La había cautivado. Juguetea con sus manos, como cuando era mucho más joven. Mordiéndose el labio, al estar frente a él. Tontamente nerviosa. Tenía un pequeño almuerzo como agradecimiento en sus manos, elaborado, destinado a ese joven de cabello oscuro. Preparado por ella esa mañana. Acabando de volver no hace mucho de dicha misión, que le cambio la percepción. Era momento de actuar, finalmente esa era su finalidad. Demostrar su afecto en gratitud, únicamente. Se acerca, pasos dudosos, no sabía que decir. El corazón en un nudo en su boca, casi podía sudar.

—Ehm… Uchiha-sama —tentada a llamarlo por su nombre, se muerde la lengua. Estirando las manos en una reverencia al llamar su atención. Percibiendo la forma en que el par de oculares se abrieron a su paso, clara sorpresa —. P-para usted —permanece estirada. Siente el peso desaparecer de sus manos al ser tomado por el destinatario, dudoso. Eso era notorio. Igual de confundido. Levanta la cabeza, enfrentándose a él al fin. Sin despegar la mirada, en una tensión silenciosa, indefinida. La dureza de sus facciones debió decirle algo, las ignoró. Gran error —. Espero acepte mi más sincero agradecimiento, ya s-sabe por… lo que hizo por mí —le sonríe, de la manera más cálida posible. En total sinceridad, gentil. Sin trucos. Las mariposas en su estomagó no ayudaban mucho, no era fácil. Se da valor para seguir. Era necesario ese acuerdo de paz —. Y-yo quería... yo q-quería...

—Alto ahí Hyuga, pará antes de que te arrepientas —la detiene con aire cansino, algo no estaba yendo bien. Observa el oscurecer en su mirar, casi sintiendo su odio en ese lugar. Odio por ella. Tan dispar. La desconcierta, entrecerrando los ojos, tensando sus cejas. Parece que pudo leer claramente lo que cruzaba por su mente. Sonriendo de lado, casi burlándose de ella. En vergüenza ajena, muy humillante. Colocándose nuevamente como algo superior a ella —. ¿Qué? ¿Crees que porque te salve ahora seremos "amiguitos"? —Se burla sin reprimendas, acentuando de manera mordaz aquella palabra. Era estúpido siquiera pensarlo ahora que lo decía. Nuevamente se golpeaba con la realidad. ¡Que estúpida! —. No te confundas, ni siquiera te soporto —le confirma sin tacto alguno, no debería por qué tentarse. Parcialmente era la verdad, lo demás, nadie más debería porque enterarse. Ni las razones de ese actuar tan estúpido que aún lo atormenta. Fue instintivo. No era suficiente, debía pisar cualquier idea de cercanía entre ambos. Era necesario, realmente la repudiaba, así era cómodo. No quería cambiarlo, temía no sostenerlo. La mira con tanto despreció —. Hmp. Siempre tan ingenua, tan tonta. Realmente me enfermas, ¿Sabes? —La oye exhalar compungida por su declaración. Saciándose de alguna forma enfermiza en la forma en que la destroza —. Ese aire de suficiencia, como si realmente fueras alguien que valiera el esfuerzo. Tu falso orgullo que luchas por sostener, cuando todos sabemos lo despreciada que eres por todos, por tu clan. Eso debería tenerte llorando por el injusto despreció, sin embargo, te mantienes fingiendo. Entrenándote inútilmente cuando es claro que no lograrás superar jamás a Hanabi. Que tu mayor logro será ser el de una falsa esposa amorosa. ¿Cuál es la razón de seguir luchando, Hyuga? ¿De seguir intentando? ¿Naruto? —Podía sentir como escupía cada uno de los cuestionamientos, como dagas venenosas. Haciéndola temblar, llevarse los dedos a la boca como cuando era una niña temerosa. Lo estaba haciendo bien, se ríe por lo bajo —. Que tan patético es luchar por un hombre que apenas si sabe que existes. Más cuando eres la prometida de otro, deberías resignarte. A nadie le interesas Hyuga. Incluso tus dos patéticos amigos raros con el tiempo te olvidaran —era una declaración, desmoronando cada uno de sus falsos pensamientos en cuanto a él, y su actuar. No podía decir a quien de los dos trataba de convencer. Pero realmente había terminado de fragmentar algo que desde el inicio estuvo roto.

Se regocijó al terminar, dejando salir todo su sentir, miserable. Podía jurar que por un breve instante la escuchó sollozar, una sola vez. Con la cabeza gacha. Pero eso se desvaneció en cuanto la vio levantar con orgullo su rostro hacía él. Quedando en el olvido su humillación. Con los ojos húmedos, llenos de rabia y altivez, entrecerrándolos. Despreciándolo de igual forma, ahora sí, era mutuo. No iba a quebrarse, no delante de él, agradeciéndolo de alguna extraña forma. Ahí estaba nuevamente la Hyuga que conocía, la que detestaba, pero agradablemente inquebrantable. Lo admiró por un segundo, debía admitir. Negándose a aceptarlo, incluso para sí. Podía sentir el aire cortarse de manera física entre ambos, todo estaba dicho. Sintió el instinto de levantarle la barbilla ante la furia de sus pupilas quemantes. Desafiándolo, orgullosa, digna de la sucesora de su clan. Detestándola un poco más. Se reprendió, hormigueándole los dedos de la mano por ello, negándose a tocarla siquiera. En su lugar, dio de vuelta el almuerzo envuelto en una tela de colores blancos y rojizos a quien se lo había otorgado. No habría paz, ni acercamientos. Todo estaba claro, y él jamás la vería quebrar. Como una apuesta entre ambos. Ver a quien fallar primero. Lo toma digna, casi arrebatándoselo, podía sentir el rechazo, el despreció que ahora de ella de igual forma emanaba. Dejándola atrás cuando decida seguir con su paso. Soberbio, sin disculparse, era su don. Mientras que para Hinata era una guerra interna la que estaba librando, sintió humillación, estupidez y aunque la hiciera rabiar… algo de dolor. Sus palabras quemaron, casi haciéndola llorar, nunca le daría el gusto. Hace mucho que no mostraba esa debilidad, se estaba esforzando tanto por hacer que su cuerpo de igual forma no mostrara debilidad, fallando. Supo donde pegarle, el punto emocional sensible más doloroso para ella. Nunca antes estuvo cerca de odiar a alguien, ni sentir desprecio, se sintió por encima de eso. Pero lo que sintió en aquella ocasión por Sasuke Uchiha, podía asegurar, que estaba cerca del odio. Con un nudo en la garganta, luchaba por mantener su respiración calmada. Con los pies bien firmes sobre la tierra, era lo que la ayudaba a no golpearlo, como quiso hacer. Viéndose la palma de la mano con temor, no se reconocía. Estuvo a punto de hacerlo.))

—Y ahora será mi esposo —se recuerda atormentada. Con lágrimas en los ojos.

Ya no podía lucharlo más. Finalmente la había quebrado, agradeciendo no estar frente a él para verlo. Primera vez en años estaba a punto de llorar. Totalmente desgastada, ya no quería luchar. No servía de nada. Él tenía razón. Había ganado, su esfuerzo fue una pérdida de tiempo estúpida. Reducida a la buena esposa de un imbécil sin corazón. Cuando su alma luchaba por querer rencontrarse con todo lo bueno en su vida. Con la luz de sus días. Por quien tanto se esforzó. Y que penosamente, apenas si sabía quién era.

—Naruto-kun —susurró realmente herida. Abrazándose de sus rodillas sobre la cama. Ocultando su rostro entre ellas. Ya no pudo más.

Lloró, lloró por la perdida, por el desdén, la rabia y la impotencia. Por no tener voz, ni decisión en su propia vida. Por los amores no cumplidos, los compromisos no destinados. Y el destino asqueroso que le esperaba junto a Sasuke Uchiha. Su vida era una miseria, destinada a la basura. Sin retorno. Llorando amargamente por ello, como una niña perdida, sollozante. Eso era. Prefería morir en ese instante a ser la esposa de ese hombre cruel, egoísta.

...

Espero les gustara este nuevo comienzo dentro de la trama. En mi opinión me siento mucho más cómoda y segura llevándola de esta forma. Aunque sus opiniones también son importantes. Finalmente por ello quise darle una segunda oportunidad a este fic que a muchas les encantó en su momento. Espero lo disfrutaran. Los quiero.