Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de pattyrose, yo solo la traduzco.

Vamos a conocer un poquito más de sus vidas :)

Capítulo 5 – La princesa prometida

"¡Oh, Dios mío, Edward!", gritó Bella. Ella se apartó para mirarme. Su boca se convirtió en una amplia sonrisa, sus ojos de color chocolate se reían. Finalmente se echó a reír, emocionada y asombrada, y se abrazó a mí.

Si en los últimos seis años de mi vida me había engañado creyéndome que había olvidado a Bella, que había relegado su recuerdo a lo más profundo de mi mente como si fuera sólo un enamoramiento adolescente - el amor no correspondido de un marginado-, entonces la sensación de cuerpo caliente envuelto a mi alrededor, la sensación de su aliento en mi cuello, el aroma de las fresas que flotaba deliciosamente fuera de su pelo largo y grueso, deshizo con cada una de esas mentiras.

Nunca me había olvidado de esta chica.

Aspiré una inestable bocanada de aire, gozando de la cercanía que nunca había experimentado con ella, ni siquiera en aquel entonces. Después de unos segundos apartó los brazos de mi cuello y tiró su cuerpo hacia atrás. Me obligué a dejarla en el suelo.

"¡Dios mío, Edward!", repitió ella, con la emocionada sonrisa todavía en su rostro, un rostro que había pasado de ser el de una niña bonita al de una increíblemente bella en los últimos seis años. Su piel era impecable como la luz, como la recordaba en mis sueños, pero sus mejillas tenían un brillo cálido y de color melocotón. En su cabello se reflejaba la luz de las farolas de la calle, y brillaba como rollos de seda.

Y sus ojos, Jesús, sus ojos eran de un chocolate puro, oscuros y brillantes al mismo tiempo.

"¿Qué estás haciendo aquí?", me preguntó.

"Debo preguntarte lo mismo", le respondí, tratando de mantener mi voz lo más constante posible. "Lo último que supe es que estabas en la costa este". Un dato básico que de alguna manera había descubierto y me había tomado la molestia de recordar.

Sus ojos se abrieron y sacudió la cabeza hacia atrás. "Sí, estuve allí por un tiempo. Fui a Columbia, a Nueva York". Ella se encogió de hombros. "Me gradué en junio y me mudé a Washington hace un par de meses".

"¿Así que llevas en Seattle un par de meses?"

"Mm hmm", asintió. "Me mudé con una amiga de la escuela". Su entusiasmo se atenuó por un momento. "Charlie, mi padre" - aclaró - "comenzó a tener problemas de corazón hace un año. Quería estar cerca de él otra vez".

No podía dejar de observar con alivio que ese amigo suyo era aparentemente una chica.

"¿Y qué está haciendo ahora? ¿Está bien?", Bella nunca había sido una persona que hablara de su padre a menudo, pero cada vez que lo hacía, era obvio por la mirada de sus ojos lo mucho que lo amaba.

Ella asintió y se encogió de hombros. "Está mejor. Trato de ir a verlo periódicamente, pero…hey, ya he dicho lo suficiente acerca de mí. ¿Cómo estás?".

"Estoy bien", me encogí de hombros. "No sé si te acuerdas, pero yo fui a la Universidad de Washington".

"¡Por supuesto que me acuerdo!", gritó, golpeándome con fuerza en el brazo juguetonamente.

Sonreí, el hormigueo que sólo sentía cada vez que ella me tocaba hizo su camino por mi brazo. "Después de graduarme me quedé por aquí".

Ella sonrió ampliamente, sus ojos todavía estaban brillantes, como si ella no pudiera superar el hecho de que estábamos hablando el uno con el otro. O tal vez era sólo yo el que no podía superarlo.

"¿Y qué haces?", preguntó con verdadero interés.

Me encogí de hombros de nuevo. "Emmett, mi hermano" - le dijo, recordándole quien era Emmett - "y yo tenemos un negocio no muy lejos de aquí".

"¡Wow! ¿En serio? ¡Eso es genial!", respondió. Ella se apartó aún más para examinarme de arriba a abajo. La piel de gallina se levantó allí donde sus ojos pasaron. "Creo que eso explica por qué estás aquí, en este momento de la noche, vestido tan bien y sin ningún tipo de abrigo".

Me miré a mí mismo. "Bueno, eso es parte de una historia más larga", reconocí vagamente.

Ella sonrió de oreja a oreja, mirándome. Durante los siguientes segundos, ninguno de los dos habló. Simplemente nos quedamos allí, mirándonos el uno al otro y sonriendo como dos personas que habían encontrado oro.

Bella respiró hondo. "Bueno, uhm... supongo... que debería..." - se dio la vuelta, empujándose hacia atrás un mechón de pelo de su frente - "eh... quiero decir..."

"Oye, ¿te gusta tomar una taza de café? Quiero decir, a menos que tengas que ir a algún sitio, ya sabes-"

"¡Me encantaría!", ella respondió, con los ojos color chocolate brillando de nuevo.

Dejé escapar un pequeño suspiro de alivio. Empezamos a caminar, sin dejar de mirarnos el uno al otro.

"Déjeme llamar a mi compañera de piso y decirle que voy a llegar a casa un poco más tarde de lo esperado, de lo contrario se preocupará", dijo Bella.

"Claro", estuve de acuerdo.

Bella sacó su teléfono y marcó mientras caminábamos lentamente hacia la cafetería de la esquina, un cartel de neón rojo y luminoso anunciaba que estaba abierta las veinticuatro horas.

"Hey Al", susurró ella por el teléfono. Miró hacia abajo, sonriendo, y luego frunció el ceño en respuesta a lo que su compañera de piso le estaba diciendo por teléfono.

"No, no lo he conseguido", dijo con los labios fruncidos. "Supongo que ese curso intensivo que me diste no ha sido suficiente". Pude oír una pequeña voz chillona hablando con entusiasmo en la otra línea. Como un ratoncito chillón.

"Sí, bueno, no todo el mundo es tan agradable, supongo. ¡Deberías haber visto a la perra con tacones que me hizo la entrevista!", gritó por el teléfono. "¡Quiero decir, menuda mierda de preguntas!". Ella escuchó atentamente el chillido agudo. "No sé, algunas tonterías acerca de los limones y de Manhattan". Ella rodó los ojos, escuchando. "Sí, ya sé que lleva whisky, pero ella quería saber qué tipo de whisky". Cerré mi mandíbula nerviosamente. Bella dejó escapar un suspiro de frustración. "De todos modos, lo que sea. Probablemente ha sido lo mejor. He odio que uno de los dueños del club puede ser un verdadero idiota. Hacer trabajar duro a sus empleados. ¿Quién querría trabajar para alguien como él, no?". Ella me miró, como esperando a que yo la mirara. Me encogí de hombros sin comprometerme.

"De todos modos, Al", continuó mientras entrabamos en la cafetería. Le abrí la puerta y ella me susurró un 'gracias' al entrar. "Te llamo para decirte que esta noche voy a llegar un poco tarde, por lo que no te preocupes y no me esperes". Se mordió el labio y me miró mientras nos sentábamos en una mesa. "Estoy tomando un café con un viejo amigo que me he encontrado".

Voz aguda.

"De la escuela secundaria".

Breve silencio y luego la voz de tono alto. Quienquiera que fuera 'Al', hizo sonrojar a Bella, haciendo que se pusiera de un bello color rosado que sólo había visto en mis sueños de los últimos años.

"Sí, un hombre". Ella escuchó de nuevo.

"Sí", respondió brevemente, poniéndose aún más roja y mirándome a través de sus pestañas.

"Sí", dijo entre dientes. De repente ella rodó los ojos y sonrió.

"Adiós, Mary Alice Brandon", resopló. "¡Adiós!", repitió ella, antes de llegar al botón 'colgar', a pesar de que todavía se oía hablar a 'Al'.

Ella puso su teléfono lejos y me miró desde el otro lado de la mesa, sonriendo tímidamente. "Mi compañera de piso es un dolor en el culo, pero la quiero", se quejó.

Me reí. "Sí, suena como si estuviera realmente... interesada".

Ella soltó un bufido. "No tienes ni idea".

"¿La conoces desde hace mucho tiempo?". Le pregunté, ansioso por hacerle hablar de cualquier cosa. Yo le preguntaría por el color de las paredes de su armario si eso significaba mantenerla aquí conmigo, toda la noche.

"Ella era mi compañera de habitación en la universidad. La conocí en mi primer año. Hemos sido amigas desde entonces".

"Eso es bueno", le dije.

Ella se echó a reír. "Somos completamente opuestas, quiero decir, nunca hubieras pensado que seríamos las mejores amigas, pero...", se encogió de hombros, como diciendo: '¿Qué puedes hacer?'

"Ella tiene el pelo corto con las puntas hacia arriba y negro, y esos profundos ojos azules. Pequeña, pero con la figura de una modelo. Es muy sociable y tiene talento. Totalmente hermosa en todos los sentidos".

Le sonreí.

"¿Qué?"

"Todavía estoy esperando a ver por qué es tan opuesta a ti. En serio, Bella, te has convertido en una..." - suspiré - "... una mujer increíblemente hermosa, quiero decir, siempre fuiste bastante guapa en la escuela secundaria, pero ahora..."

Ella se sonrojó y bajó la mirada. "Tú también te ves muy bien, Edward". Su rostro ardía aún más por lo que acababa de admitir, y no pude evitar sentirme bien al escucharla decir eso, aunque era algo que había oído con bastante regularidad de gente sin importancia.

La camarera se acercó y le pedimos lo que queríamos. Dos cafés negros, sin azúcar.

Después de que la camarera se marchara, los ojos de Bella volvieron a mí.

"De todos modos, Alice quiere ser una diseñadora de moda, y a pesar de que Seattle no es la capital de la moda como Nueva York, ninguna de las dos podía soportar la idea de tener unos treinta estados entre nosotras. Así que ella hizo unas cuantas llamadas telefónicas y aterrizó en la tienda de uno los mejores diseñadores aquí en Seattle, y así, vino a vivir conmigo".

"Suena como que es una buena amiga", le dije.

"Lo es", ella estuvo de acuerdo y luego se puso a pensar. De repente, rebotó una vez en su asiento. "Así que, dime. ¡Quiero saber más sobre ti!", ella insistió. "Siento como que estoy hablando yo todo el rato. Dime lo que has estado haciendo todos estos años".

Suspiré, encontrándome con su mirada emocionada. "Prefiero escuchar acerca de ti", le respondí con honestidad.

Ella frunció el ceño y se mordió el labio, y el recuerdo de aquella acción tan simple me golpeó como una explosión del pasado, es lo que ella hacía cuando se quedaba pensativa o estaba nerviosa.

"Siento como que ya he dicho la mitad de mi vida y no he oído nada de ti".

"No", le corregí en broma. "Tú me has dicho la mitad de la vida de Alice. Me gustaría saber más acerca de ti".

Ella apretó los labios y sonrió con fuerza, como si yo le hubiera preguntado algo que no era muy cómodo.

En ese momento la camarera regresó con nuestros cafés. Le dimos las gracias y se alejó. Y cuando Bella alzó la taza a su pequeña y rosada boca, di un respingo, como si una rodilla me hubiera golpeado en la ingle.

Bella sujetó la taza con las dos manos, la izquierda sobre la derecha, y en su mano izquierda había un simple anillo de diamantes.

Tragué con dificultad.

"Estás comprometida", dije sin alterarme, señalando el anillo con la cabeza y orando para que dijera que se trataba de una reliquia antigua de la familia, o algo que llevaba para asustar a los chicos odiosos.

Pero ella asintió con la cabeza, lentamente.

Tomó un sorbo de su café, mirando fijamente a la taza y contestó.

"Sí, estoy comprometida".

Asentí con la cabeza, tratando de luchar contra el nudo en la garganta y contra la sensación de náuseas en el estómago. Mi mente corría frenéticamente.

"Felicidades", me las arreglé para murmurar, tratando de infundir a mi voz un sentido de entusiasmo.

"Gracias", respondió en voz baja.

Un silencio incómodo nos llenó durante unos diez segundos.

"Así que, háblame sobre ese tipo con suerte. ¿Qué hace?", bastardo gilipollas.

Entonces ella me miró con una sonrisa nerviosa. "En realidad lo conoces".

La sala giró, y tenía que hacer algo para evitar que se derramara el café, así que bajé la taza a la mesa, sólo para que estuviera en el lado seguro.

"¿Lo conozco?", yo le pregunté con indiferencia.

Se mordió el labio. "¿Te acuerdas de Mike? ¿Mike Newton?"

Traté de no retroceder otra vez.

"Sí. Sí, claro que recuerdo a Mike".

Permanecimos en silencio una vez más, mirándonos el uno al otro.

"Yo sé que él era una especie de abusón contigo en la escuela secundaria", dijo Bella de pronto.

Solté un bufido y me encogí de hombros, moviéndome incómodo en mi asiento. Ella no sabía ni la mitad. La mayor parte de la mierda que dijo e hizo fue cuando ella no estaba delante, porque él sabía cómo era ella. Él sabía que ella le odiaría por ser un idiota. Así que era un hipócrita por encima de todo lo demás. Ella no tenía ni idea de que él fue el que se inventó el apodo repugnante que me siguió durante dos años, Granoso Cullen.

"Esa es una historia del pasado".

"Lo sé", dijo ella, mirando hacia abajo, a su taza. De pronto me volvió a mirar, en tono de disculpa.

"Quiero que sepas que ya no es así".

Sonreí con ironía, pero no respondí.

"De verdad que no lo es", insistió.

"Hey, no me tienes que convencer", resoplé, tomando un sorbo caliente de mi taza. "Yo no soy el que se va a casar con él, eres tú".

Me miró, mordiéndose el labio.

"Así que... ¿estáis juntos desde la escuela secundaria, entonces?". Le pregunté siendo un masoquista. "¿Desde nuestro baile de graduación?".

Ella sacudió la cabeza. "No. Mike y yo fuimos al baile juntos, pero... simplemente no... hicimos clic en ese momento. Yo no quería... yo tenía… otras cosas en mi mente entonces". Bajó la mirada, sonrojándose de nuevo y respirando hondo. "Él fue a la universidad, a la Universidad de Nueva York, y un par de años más tarde yo fui a Columbia. Nos encontramos en una fiesta, pero... fuimos sólo amigos durante mucho tiempo". Miró hacia arriba. "Sus padres murieron en un accidente de coche hace un par de años. ¿Lo sabías?".

Yo no iba a casa muy a menudo, y cuando iba, conocer la vida de la gente que había convertido mi vida en una pesadilla viviente era algo que estaba muy por debajo en mi lista de prioridades.

Negué con la cabeza.

"Oh. Bueno, sí, fueron golpeados por un conductor ebrio. De todos modos, lo pasó muy mal un tiempo y luego supongo... no sé... yo creo que..."

"Tú estuviste allí para consolarlo", predije con frialdad.

"Sí, supongo", dijo mirándome a los ojos. "Y entonces, bueno, entonces progresamos a partir de ahí".

Asentí con la cabeza. "¿Así que supongo que él está aquí en Seattle también?"

Ella sacudió la cabeza. "Él trabaja para una gran corporación de fusiones y adquisiciones, así que... viaja mucho. Está convencido de que mi traslado a Seattle no va a durar" - rodó los ojos - "así que está en Nueva York y viene a verme cada dos fines de semana".

Asentí estoicamente de nuevo.

"Entonces, ¿qué es lo que planea hacer si este cambio tuyo dura?"

Ella se encogió de hombros lentamente. "No hemos pensado en eso todavía. Por ahora… estamos tratando de hacer que funcione de esta manera".

"¿Y dónde aparece ahí el trabajar como camarera?". Ese hijo de puta sonaba como que hacía un buen dinero. ¿Por qué coño estaba su novia explorando las calles de Seattle para un trabajo como camarera?

La expresión de Bella se endureció.

"Me especialicé en Arte en la universidad, y bueno... no he tenido mucha suerte para encontrar un trabajo en mi campo, lo creas o no", dijo sarcásticamente. "He probado todas las galerías de arte, todas las escuelas de arte, todo. No necesitan a nadie, al menos no a mí. Al ha pagado mi mitad de la renta estos últimos dos meses, y eso me mata. Me imagino que necesito algo en este punto, cualquier cosa para tener algo hasta que pueda encontrar otra cosa. Si soy camarera por la noche, aún tendría los días libres para buscar empleo para algo más... permanente".

No hice ningún comentario inmediato, porque todavía no lo entendía. Si hubiera sido mi novia, no habría habido manera en el infierno de que estuviera buscando un trabajo como camarera. Si hubiera sido mi novia, ella no tendría que preocuparse por el dinero, o por pagar el alquiler.

Nos sentamos allí en un incómodo silencio durante un rato.

"Bueno", soplé hacia fuera. "Como he dicho, enhorabuena. Realmente te deseo lo mejor, Bella".

Se me quedó mirando, buscando algo, su mirada me quemaba. Yo estaba seguro de que podía ver a través de mí, ver la agonía en la que me encontraba, mi obsesión por continuar con ella, todo lo que nunca había sido capaz de decirle. Y ahora no le diría.

"Así que, venga Edward", dijo ella, su voz ahora sonaba como ligeramente forzada. "¡Háblame de ti! ¿Qué haces? ¿Qué tipo de negocio tienes?", se llevó la taza a los labios.

Le sonreí con ironía y resoplé. Las palabras sólo salieron de mi boca.

"En realidad, yo soy el imbécil que es dueño del club en el que acabas de ser entrevistada. Y Victoria, ¿la perra con tacones? Ella es mi novia".

Escupió su café en una secuencia larga, el líquido caliente y negro se derramó por toda la mesa de plástico y salpicó mi camisa y mis pantalones. Entonces ella comenzó a toser, muy, muy fuerte.

En un rápido movimiento me puse a su lado, acariciándole con firmeza la espalda. Joder, realmente había sido el mayor imbécil de este lado del Pacífico.

"¿Estás bien, Bella?"

Ni siquiera podía responderme a través de su ataque de tos. Su rostro estaba tan rojo como un tomate de verano por la fuerza de su tos.
Seguí acariciándole la espalda, deseando tener una hoja de afeitar para poder cortarme las venas ahora mismo.

Al final, la tos Bella se desaceleró y su rostro comenzó a volver a su color normal. Ella puso un dedo hacia arriba, como diciendo: 'Dame un minuto'. Mis palmaditas en la espalda se desaceleraron hasta que sólo la estaba frotando con pequeños círculos.

Finalmente dejó de toser. Durante un par de minutos me quedé frotándole la espalda. Cuando yo estaba seguro de que la tos había terminado por completo, bajé mi mano a la mesa. Ella bajó la mirada hacia su regazo.

"Dios Edward, estoy tan avergonzada".

"¡No, Bella! Por favor. Lo siento mucho. No debería haberte dicho-"

"Lo siento. No tenía ni idea, o de lo contrario nunca hubiera dicho esas cosas. Quiero decir, estoy segura de que tú no eres un… y ella no es realmente una…oh Dios", se quejó, cubriéndose el rostro con ambas manos. "¡Y también he arruinado tu camisa!".

Cerré los ojos. Era imposible que alguien se odiara más que yo en ese momento.

"Hey, hey, hey", puse mis manos sobre las de ella y traté de quitárselas de la cara. "Olvídate de eso. En serio. La camisa se limpia y... no es como si fuera la primera vez que Victoria y yo hemos sido llamados por esos nombres".

Traté de ignorar el calor de sus manos debajo de las mías. De todos modos no importaba, no era como si alguna vez fuera a tener la oportunidad de sentirlas de nuevo después de salir esta noche de la cafetería.

Ella estaba jodidamente comprometida. Con el maldito Mike Newton.

Poco a poco se quitó las manos de la cara y las llevó a la mesa. Mantuve una mano sobre la suya. Ella me miró con timidez.

Dios, era hermosa, tan dulce, inocente, exótica y misteriosa a la vez. Sabía que no importaba qué pasara, me acordaría de este momento por el resto de mi vida. La forma en la que me miraba, con sus tímidos y grandes ojos marrones, su cara color crema asomándose tímidamente, mi mano sobre la suya sobre la mesa barata de plástico. Sería un recuerdo que me perseguiría durante toda la vida.

Bella sonrió con cuidado. "De todos modos, estoy segura de que lo que esos chicos estaban diciendo no era cierto. Siempre fuiste... todo lo contrario a un idiota".

Me eché hacia atrás, soltando mi mano de la de ella. La pérdida de calor no se hizo esperar.

Solté un bufido cínicamente. "No nos hemos visto durante un largo tiempo, Bella. He cambiado mucho desde la escuela secundaria".

Ella inclinó la cabeza hacia un lado, pensativa. "Sí... ha pasado tiempo... pero..." - ella ladeó la cabeza hacia el otro lado - "tus ojos... tus ojos siguen siendo los mismos, así que no puedes ser tan diferente".

Y entonces me di cuenta de que estábamos sentados tan cerca el uno del otro que yo podía sentir su aliento en mi cuello, mientras hablaba.

"Ahora sólo tengo dos ojos en lugar de cuatro, y no más granos con los que meterse", le contesté.

Ella sacudió la cabeza. "No fue tan malo como piensas que fue".

"Sí. Lo fue", solté una risita. "¿Granoso Cullen? ¿Lo recuerdas?"

Ella sacudió la cabeza con vehemencia. Su pelo largo y grueso se había deshecho de su cola de caballo durante su ataque de tos, y ahora caía suelto en cascada sobre sus hombros. El suave aroma de las fresas golpeó mi nariz, y tuve que luchar físicamente por la necesidad de respirar profundamente.

"No me refiero a los insultos y a las burlas... me refiero a ti. A las gafas. A tu piel. No estaban mal. Eras sólo... tú". Aún tenía las mejillas encendidas por su ataque de tos.

"Tú eras la única que no pareció molestarse con eso... conmigo".

Ella respiró hondo, mirándome fijamente. "Eso es porque no lo estaba, Edward".

Los dos nos quedamos en silencio de nuevo, mi corazón martilleaba en mi pecho, mi cerebro estaba hiperactivo y desesperado tratando de dar sentido a lo sin sentido.

Ella estaba comprometida, por el amor de Dios. Con el mierdoso de Mike Newton de entre todas las personas.

Ella tenía un buen corazón, eso era todo lo que era. Había tenido un buen corazón en la escuela secundaria, y era evidente que todavía lo tenía. Mucho había cambiado, pero eso no.

Pero no por ello era más fácil luchar contra la abrumadora necesidad de acercarme los pocos centímetros que nos separaban y sujetar su cara entre mis manos, y finalmente, reclamar esa boca que me había perseguido durante dos años en la escuela secundaria, y que en realidad me había perseguido desde entonces. Sin pensarlo, incapaz de resistir, mi cuerpo se inclinó hacia ella y pude jurar que ella estaba acercándose a mí también, nuestros ojos se encontraron el uno al otro.

El tono estridente de mi teléfono móvil explotó de repente en mi bolsillo del pantalón, haciéndome romper el hechizo que había empezado a crearse, y rociándome como un cubo con la realidad.

Bella Swan estaba comprometida. Con el mierdoso de Mike Newton.


¡Nos vemos el sábado! Mañana estaré en el evento fan así que no podré subir capi, pero os lo recompensaré el sábado ;)

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