Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de pattyrose, yo solo la traduzco.

Canciones recomendadas por la autora:

- I Still Believe - Brenda K. Starr
- Never Say Never - The Fray

Capítulo 8 - El club del desayuno

Bella se movió detrás de la barra con rapidez, pero con la débil confianza de alguien nuevo en el trabajo. La sonrisa tentativa fue acompañada de un montón de arrugas en la frente y de una mordida de labios. Cada pocos segundos, mientras que abría una botella de cerveza, o mientras vertía un toque, sus ojos se iban hacia mí, y luego su sonrisa provisional se convertía en una gran sonrisa. Ella pronunciaba las palabras de la canción que la banda estaba tocando en el escenario, golpeando sus pies con ritmo mientras esperaba que una jarra de vidrio se llenara de la cerveza de barril.

El uniforme del personal del club Nitelock, aparentemente consistía en unos pantalones vaqueros y una camiseta corta y negra con la palabra Nitelock escrita en un naranja brillante, como un letrero de neón, y el número de teléfono y la dirección en letras más pequeñas debajo de ella. Muy mal gusto. Pero el abdomen totalmente plano de Bella se asomaba por debajo de la camiseta corta cada vez que se movía alrededor o se estiraba para llegar a las estanterías para coger una de las botellas de licor, algo que prácticamente negaba la pegajosidad de la camisa. Y en base a las miradas no tan encubiertas que algunos de los chicos de alrededor de la barra le daban, así como a Rosalie y a la otra camarera, yo no era el único que pensaba así.

Gilipollas.

¿Yo? Me senté y miré, como un hombre al que le habían negado a su dosis por mucho tiempo. No importaba que hubiera estado más de seis años sin verla, o que no tuviera absolutamente ni idea de hacia dónde iba esto o lo que en el nombre de todos los santos estaba haciendo yo aquí. Al carecer de la capacidad de una profunda reflexión, me senté y miré un poco más. Bella se rió y me sonrió de vuelta. Por el momento, eso era todo lo que importaba.

Bella entregó una cerveza más, y viendo que todo el mundo estaba atendido, limpió sus manos en una toalla y se dirigió de nuevo hacia mí. Con una amplia sonrisa todavía en su lugar, apoyó los brazos sobre la barra y se inclinó.

"¿Ya has decidido lo que quieres?", preguntó ella, lo suficientemente fuerte como para que la escuchara por encima de la banda.

A ti.

"¿Por qué no me sorprendes?", le dije, golpeando las palmas sobre la barra.

Ella me estudió, sus grandes ojos marrones brillaban.

"Hmm", murmuró ella poniendo un dedo en sus labios, pensativa. "No te ves como un chico que quiera un Margarita".

Me reí. "Definitivamente no".

Ella inclinó la cabeza hacia un lado. "¿Cosmo?"

"Por supuesto que no".

Ella se rió. "Entonces, ya sé exactamente lo que te gustaría".

En mis sueños.

"¿En serio?"

Con una sonrisa, puso un vaso y le añadió hielo antes de darse la vuelta, llegar a los estantes de arriba y exponerme la mitad inferior de su espalda sin problemas para mí. Cerré los ojos por un segundo y contuve el aliento.

"Aquí tienes", dijo entregándome la bebida.

Tomé el vaso y nuestras manos permanecieron juntas durante unos segundos más de lo necesario. Se mordió el labio mientras yo daba un trago.

"Bueno, ¿cómo está?", me preguntó.

"Está muy bueno".

Estaba un poco débil.

Bella dejó escapar un visible suspiro de alivio. Estaba a punto de decirle algo cuando otro maldito cliente la llamó.

"Ahora vuelvo", prometió, y antes de marcharse se volvió hacia mí de nuevo. "No te vayas todavía".

"No voy a ir a ninguna parte, Bella".

Ella comenzó a alejarse. Sin pensar, la agarré del codo y me incliné hacia su oído. Se quedó helada.

La cercanía súbita de mi boca a su cara estaba distrayéndome. "Bella, la bebida es un poco... sólo tienes que ponerle un dedo de whisky más la próxima vez". Jesús, era casi imposible mantener el hilo de mis pensamientos.

Bella no respondió, sólo se inclinó un poco más cerca. Mis labios rozaron su caliente lóbulo de la oreja.

Las mil y una chispas estallaron a través de cada extremidad de mi cuerpo.

"Siempre vierte un poco más, en lugar de un poco menos". Respiré con voz temblorosa, tratando de controlar mi reacción al hecho de que cada vez que mis labios se movían le rozaban la oreja. Me esforcé por mantener mi línea de pensamiento. "La gente se quejará cuando su bebida sea un poco débil, pero raramente lo hará si es un poco fuerte".

Podía sentir el calor de su cuello contra mi mandíbula, su cabello oscuro revoloteaba en mi mejilla, suave como la seda, ocultando mi boca de la vista. Sería tan fácil ahora mismo mover la boca un centímetro más abajo... para poner mis labios suavemente en su cuello y probarlo, sólo un poco, Jesús sólo un... pequeño… prolongado… beso...

Gasté todas mis fuerzas para alejarme. Cuando lo hice, Bella se dio la vuelta lentamente, con los ojos bien abiertos y una expresión extraña en su rostro, la confusión se mezclaba con otra cosa. Ella asintió con la cabeza rápidamente y se alejó antes de que pudiera verla mejor.

Me tomé mi trago y me pasé una mano por el pelo, tirando de los extremos y mirándola. Solté un bufido.

¿Qué demonios estaba haciendo allí, mirando hacia abajo a un vaso vacío? Sonrisas, muecas y risas no cambiarían un hecho básico. Bella estaba comprometida, y algún día no muy lejano estaría casada con otra persona.

"¿Qué diablos estás haciendo aquí?"

Rosalie se puso delante de mí con los brazos cruzados con fuerza frente a ella, mirándome.

"Estoy tomando una copa", le contesté rotundamente, levantándome la copa a la boca y dejando que las gotas que quedaban gotearan por mi garganta.

Ella frunció el ceño. "¿Puedo preguntarte por qué coño no te puedes tomar una copa en tu propio club?"

Me encogí de hombros. "Necesitaba un cambio de escenario".

Ella frunció los labios. Miré hacia el escenario donde la banda que estaba tocando estaba terminando su última canción.

"Yo soy un fan de estos chicos".

"Tonterías". Ella entrecerró los ojos. "¿Cuál es el nombre del grupo?"

"¿Qué coño, Rosalie? ¿Les haces a todos tus clientes el tercer grado?"

"Sólo a los imbéciles".

"Tal vez si tuvieras a una persona o dos fuera, entonces podrías controlar el tipo de gentuza que entra en este garito". Miré a mí alrededor y me estremecí a propósito.

Sus ojos se transformaron en dos ranuras. "Sólo pondremos seguridad fuera si quieres hacer de esto un hábito. En serio, ¿qué coño haces aquí?".

Involuntariamente mis ojos se trasladaron a Bella, donde ella se encontraba en el otro lado de la barra, trabajando con la licuadora. Nuestros ojos se encontraron y a través de mi periferia pude ver a Rosalie girando la cabeza para ver lo que estaba viendo, rápidamente Bella miró a la licuadora.

Rosalie se volvió hacia mí con una ceja arqueada. "¿Has visto el diamante grande en su mano izquierda, no?"

Mi mandíbula se apretó. Puse mi vaso sobre la barra con un ruido sordo. "Sí, lo he visto. Sin embargo, tu hermano parece haberlo pasado por alto", dije, recordando la forma en la que su asqueroso hermano Jasper había mirado a Bella la primera vez que la traje la semana pasada.

Ella sonrió. "Que tu cabecita no se preocupe sobre lo que mi hermano se pierde o no".

"Ya sabes, pareces estar muy preocupada por mi culo perfecto y por mi cabecita. Si no lo supiera" - sonreí hacia ella - " pensaría que sientas algo por mí, Rosalie".

Sus ojos se oscurecieron. Ella se inclinó sobre la barra y acercó su cara a la mía.

"Vamos a dejar algo claro, Cullen. A mí, a diferencia de la mayoría de las mujeres sin cerebro de esta ciudad, no me importa nada tu cara bonita o tu pequeño y perfecto culo. Puedes parecer un Adonis andante con esos ojos y esa mandíbula, pero a diferencia de todas esas cabezas huecas" - dijo agitando los brazos -" puedo ver lo que hay debajo de todo eso".

Levanté las cejas. "¿En serio? Bueno, ¿por qué no me iluminas?"

Ella se rió entre dientes una vez. "Debajo de toda esa ropa a medida, de ese cuerpo esculpido y de esa actitud" – rodé los ojos- "Edward Cullen no es más que un niño asustado, tratando desesperadamente de demostrar a todos el gran hombre que es".

Fruncí el ceño pero luego sonreí.

"¿En serio? ¿Así que mi mandíbula tampoco te atrae de una manera u otra?". Alisé tres dedos en contra de dicha mandíbula. "'Porque me han dicho que los hombres Cullen tienen una mandíbula a la que ninguna mujer puede resistirse".

Ella se apartó e inhaló, apuntándose a sí misma con los pulgares. "Bueno, mírame un momento. El día que me enamore de una mandíbula Cullen será el día en que mi culo desnudo se encuentre en el Departamento de Psiquiatría en la Universidad de Washington".

Le sonreí ampliamente. "¿Tú no has conocido a mi hermano, no?"

Ella rodó los ojos. "Sólo desde la distancia, y me gustaría que se mantuviera de esa manera. El simple hecho de saber que estáis andando por la ciudad es bastante malo".

En ese momento, Bella se acercó otra vez. Rosalie se apartó de mí poco a poco.

"Si vas a quedarte aquí, Edward, entonces es mejor que gastes algo de dinero. De lo contrario, lárgate. Bella, consíguele a Edward otra copa". Se frotó la barbilla, pensativa. "De hecho, vacía la botella de Glenfiddich del estante superior y ponle uno doble".

Me encogí de hombros.

Con una mirada final Rosalie se fue al otro lado de la barra. Bella alzó la botella de Glenfiddich. Yo la miraba de cerca.

"Entonces, ¿qué has estado haciendo durante toda la semana, además de aprender a ser una camarera?"

Ella se rió, echando mi bebida. "Una camarera. Eso suena tan medieval", dijo en tono de broma, poniendo mi copa en la barra delante de mí. "¿Qué tal, chica de la barra?", los dos nos reímos.

"Bella, la chica de la barra", dije cogiendo la copa. "Eso suena muy bien".

Eso me daba una agradable imagen de ella, acompañada de un apretado corsé y una falda corta que fluía.

"¿Qué?", me preguntó.

Negué con la cabeza, aclarándome rápidamente. "Nada. Bueno, entonces, además de chica de la barra" - bromeé- "¿qué más has estado haciendo?".

Ella se encogió de hombros. "Hice otra entrevista, en la Galería de Arte Henry, en la Universidad del Distrito" - levanté las cejas - "pero... no lo conseguí", dijo ella, bajando los ojos.

Instintivamente, envolví una mano sobre la suya. Ella se tensó un poco, pero no se apartó.

"Estoy seguro de que habrá más. No hay que desanimarse".

Ella miró hacia arriba y asintió con la cabeza. "Sí, tienes razón. De todos modos tengo otra pronto. Ah, y me fui a Forks a ver a mi padre".

"¿Ah, sí? ¿Cómo le va?", mi mano seguía sobre la de ella.

Ella frunció el ceño un poco antes de sonreír de nuevo. "Lo está haciendo mejor, supongo. Él es muy terco". Sus ojos se iluminaron. "Hey, yo le dije que te vi y me dijo que te dijera 'hola' si me topaba de nuevo contigo. Así que, hola", saludó con la mano, riéndose.

"¿Le has dicho que me viste?"

"Sí. ¿Se supone que es un secreto?", bromeó.

"No", me reí. Yo no podía dejar de preguntarme si le había dicho a Mike que me había visto.

Ella fue llamada otra vez, retiró la mano con cuidado por debajo de la mía y se alejó. Cuando volvió, era la primera vez esta noche que su sonrisa no parecía llegar a sus ojos, colocó otra copa delante de mí, una mezcla congelada y blanca. Con una cereza y un trozo de piña en la parte superior.

"¿Qué es esto?". Me reí, mirando el vaso espumoso. "Creo que estuvimos de acuerdo en no hacer crema y helado".

"Esto viene de la mujer de allí". Seguí la mirada de Bella hasta una rubia blanqueada, sentada a pocos metros. Ella sonrió y levantó su copa para mí.

"Ella dijo que te dijera que tienes los ojos más sexys que jamás ha visto", continuó Bella.

"Oh", dije. "Um..."

"Y que te diera esto". Ella puso una servilleta blanca delante de mí con un nombre y un número de teléfono escrito en unas ridículas curvas.

Cuando volví a mirar para arriba, Bella me estaba mirando, pensativa, mordiéndose el labio.

Empujé la servilleta lejos y me encogí de hombros.

"Yo no quiero esto".

"Porque ya tienes novia", afirmó.

Y tú tienes novio...

Yo no le respondí. Nos miramos el uno al otro, y de repente, a pesar de estar en medio de un club lleno de gente y de ruido, el silencio entre nosotros fue ensordecedor.

Bella por fin rompió el silencio. "De todos modos ella está equivocada".

"¿Equivocada?"

"Acerca de los ojos".

"¿No crees que sean sexys?". Le sonreí, tratando de romper la tensión inexplicable que había de repente en el aire.

Ella se rió nerviosamente y se sonrojó. "No, yo no he querido decir eso. Lo que quería decir era que yo no los describiría como sexys".

"¿Cómo los describirías?"

Bella apoyó los brazos en la barra de nuevo, excepto que esta vez se inclinó hacia mí. Di una respiración profunda, fue recompensada con un golpe de fresas y otro aroma del pasado, dulce, fresco y simplemente de Bella. Ella me miró a los ojos de una manera tan cálida e íntima que todo el club desapareció por unos momentos, y de repente estábamos de regreso en la escuela secundaria, sentados sobre la hierba húmeda, sus ojos estudiando los míos y mi cara apoyada en sus manos.

"Ya te lo dije una vez, ¿recuerdas?"

Tragué saliva y asentí con la cabeza. Por supuesto que lo recordaba.

'Tienes los ojos más sorprendentes, Edward. Son tan brillantes, vivos y expresivos. Como unas ventanas limpias...'

Durante dos minutos de mi vida, me dejé creer que Bella sentía por mí lo que yo sentía por ella. Pero sus palabras sólo habían sido inspiradas por la artista en ella. Ahora, la artista a la que le había dado mi corazón hacía seis años, se acercaba a mí. El constante ir y venir de su trabajo actual había hecho que su respiración fuera irregular y su pecho subiera y bajara en respiraciones largas y pesadas. Reformuló sus palabras de hace una eternidad, envolviéndolas con fuerza alrededor de mi corazón, marcando su nombre en él.

"Tus ojos siempre han sido como las ventanas, Edward. Brillantes y claros". Le brillaban los ojos. Su cálido aliento acariciaba mi rostro. "Pero siempre ha sido imposible de... capturarlos... en color, y mucho menos de describirlos en una palabra tan simple como sexy", gruñó ella.

Ella levantó una mano y la llevó cerca de mi cara. Al siguiente segundo parpadeó, y luego, abriendo mucho los ojos, su mano volvió a caer a la barra. Ella sonrió nerviosamente y se echó hacia atrás, cogiendo un vaso y una toalla limpia para secarlo.

"¿Qué pasa con tus ojos?", le pregunté sin pensar.

"¿Qué pasa con mis ojos?", ella se rió entre dientes, colocando el vaso seco en un estante debajo de la barra y cogiendo otro para secarlo.

Inclinado sobre la barra, la miré a los ojos con la misma apertura y concentración que ella acababa de utilizar para buscar en los míos. Ella dejó de moverse, con el vaso y una toalla en la mano.

"Tus ojos siempre han sido... libros".

"Libros", resopló ella, volviendo a secar con una sonrisa irónica en el rostro. "Mis ojos son libros. Caramba, Edward. Esa es posiblemente la cosa más dulce que nadie me ha dicho nunca", agitó sus pestañas juguetonamente.

Sonreí. "Lo que quiero decir es que tus ojos están siempre muy abiertos, y son tan honestos… Ellos siempre cuentan sus propias historias, y nunca son las mismas". Frunció el ceño, una extraña sonrisa estaba en sus labios. "Me acuerdo de intentar leerlos, tratando de averiguar lo que estabas pensando o sintiendo, simplemente por la expresión en tus ojos. A veces era muy fácil. Tus ojos se llenaban de risas y alegría, o de miedo y sorpresa". Ella rodó los ojos y miró a los vasos que estaba secando. "Pero a veces..." - meditaba cuidadosamente - "a veces tratar de leerlos era como tratar de entender un lenguaje antiguo de hace mucho tiempo". Negué con la cabeza. "Un lenguaje lleno de secretos desconocidos".

Ella volvió a mirarme, mordiéndose el labio y deteniendo su secado por un segundo. "Me estás diciendo que era mucho más complicada de lo que nunca he sido, Edward. Yo nunca podría haber sido tan difícil de leer". Su tono era de repente a la defensiva, casi… enfadado. Apartó la mirada de mí y volvió a secar con más rudeza que la que hacía falta.

Incliné la cabeza y fruncí el ceño. "Bella".

"Me gusta esta banda", dijo de pronto, moviendo los ojos hasta el escenario. "El cantante me recuerda a ti".

"¿A mí?", le pregunté.

"Sí". Ella sonrió con tristeza. "¿Todavía escribes música, Edward?"

Negué con la cabeza. "Yo no he hecho eso... en años".

Parecía decepcionada. "¿Por qué no?"

Me encogí de hombros, pasándome nerviosamente una mano por el pelo. "La falta de inspiración, supongo".

"¿Qué hay de la guitarra?"

"No la he tocado en mucho tiempo".

"Eso es una lástima", sacudió la cabeza. "Eras muy bueno".

Ella se acercó a mí otra vez, sonriendo, su irritación anterior se había evaporado.

"¿No sabes que eres dueña de mi corazón? Yo lo sabía desde el principio. Que lo había perdido por ti, es verdad", cantó con una voz desgarradoramente suave, apenas lo suficientemente fuerte como para que la escuchara, antes de retroceder de nuevo.

La miré fijamente, mi corazón latía dolorosamente contra las costillas. "Tú... ¿lo recuerdas?"

"Por supuesto que sí, Edward. Me acuerdo de muchas cosas".

Nos miramos el uno al otro.

"Como he dicho" - murmuró - "eras muy bueno". Entonces ella sonrió con picardía y asintió con la cabeza hacia el escenario. "Deberías hablar con Jasper para tocar la próxima noche de micro abierto".

Le di una risa corta. "No creo-"

"¿Le has dado mi mensaje?"

Bella volvió sus ojos sorprendidos a alguien que estaba parado a mi lado. Me volví para mirar también. Era la rubia blanqueada que me había enviado la bebida.

"Uh... sí", contestó Bella, manteniéndose ocupada con los vasos. "Se lo he dado".

La cabeza hueca rubia y blanqueada volvió sus ojos ennegrecidos hacia mí.

"¿Puedo sentarme a tu lado?"

Miré una vez al sitio vacío a mi lado y alcé un hombro. Cuando volví a mirar para arriba, Bella se había ido de nuevo.

La rubia blanqueada se sentó, saltando alegremente en su asiento. Contuve el rodar los ojos y tomé un trago de whisky, haciendo caso omiso de la bebida a su lado.

Sin embargo, la rubia decolorada hizo la pregunta obvia. "¿Has disfrutado de tu bebida?"

Lancé un profundo suspiro y me volví hacia ella. Ella me miraba con tanta expectativa que era difícil no reírse. "En realidad, no soy de cócteles".

"Oh", sonrió. "Bueno, puedo comprarte una-"

"Gracias", le interrumpí, levantando la copa con ella, "pero ya tengo un vaso". Me volví hacia la barra, buscando a Bella. Ella se había movido hasta el otro lado.

"Oh", la rubia blanqueada siguió hablando. "Bueno, siempre puedes comprarme algo a mí..."

El resto de sus palabras se perdieron en el aire, porque de repente Jasper Whitlock apareció junto a Bella, levantando los brazos hasta sus hombros, y dándole un apretón. Bajó la cabeza para susurrarle algo al oído - el mismo oído que mis labios habían rozado hacía un momento - y ella asintió.

Cualquier pizca de esperanza estúpida y poco realista que había estado construyendo en el interior, se estrelló contra el suelo.

Dejé mi bebida, doblando las manos a los lados, y la mano de la rubia blanqueada estuvo de repente en mi antebrazo. Miré hacia abajo antes de a ella.

"¿Y bien?", preguntó, como si esperara algún tipo de respuesta.

"¿Y bien, qué?", escupí.

Ella resopló indignada. "¿Me vas a comprar una bebida o qué?", ella se rió. "Quiero decir, si quieres saltarte las bebidas también está bien, pero-"

Rodé los ojos y me puse de pie, desplegando un billete de cien dólares y dejándolo caer sobre la barra.

"Puedes beberte tu misma el cóctel que me has enviado. No lo he tocado. O pide algo más con eso". Asentí con la cabeza hacia el billete. "Buenas noches".

"¡Gilipollas!". La oí gritar mientras andaba hacia fuera. Solté un bufido. Abriéndome paso entre la multitud me dirigí hacia la salida, maldiciéndome a mí mismo. Sí, yo era un idiota. ¿En qué coño había estado pensando? ¿Qué esperaba? Caminé rápido, pasándome la mano por el pelo sin piedad. Dios, estaba tan loco.

Y entonces oí su voz, llamándome. Con la misma nota ansiosa que usó al llamarme ese día hacía mucho tiempo, el último día de la escuela secundaria.

"¡Edward! ¡Edward!".

'Sigue caminando Edward', una pequeña voz interior me indicaba. '¿Por qué te torturas? Ella no te ve como tú la ves. ¿Para qué pasar por esto otra vez?'

Por una fracción de segundo aceleré los pasos, escuchando la voz de mi propia consciencia, la voz de ese chico que había entregado su corazón sólo para que fuera pisoteado dolorosamente una tarde hacía mucho tiempo.

"¡Edward!".

'Sigue caminando', suplicó la voz triste y solitaria.

Pero maldita sea... la echaba de menos. La echaba de menos tanto como un hombre condenado a muerte echa de menos el aire fresco. Echaba de menos sus ojos. Echaba de menos su sonrisa. Echaba de menos hablar con ella, reír con ella. Pero sobre todo, echaba de menos su amistad.
Maldita sea.

Me detuve y cerré los ojos por un momento, luego los abrí y me volví hacia la voz que me perseguía. Bella estaba a un pie de distancia, mirándome ansiosa y confundida.

"¿Ya te... ibas?"

¿Por qué parecía tan herida al pensar que me marchaba?

"Yo...", tragué, y mis ojos se perdieron hacia atrás, hacia el bar, donde a través de la oscuridad, de los cuerpos y de las cabezas pude ver a Jasper de pie con los brazos cruzados, mirándonos con el ceño fruncido.

"Estamos a punto de cerrar", dijo ella rápidamente. "Jasper iba a pedir el desayuno" - sonrió tímidamente - "e íbamos a pasar el rato en el cuarto de atrás jugando al billar... Me preguntaba si querrías quedarte y pasar el rato con nosotros".

Jasper y yo nos miramos a los ojos. "Yo no creo que sea bienvenido".

"¿Por qué no?". Bella preguntó, ladeando la cabeza hacia el lado, interrogante.

De repente, los ojos de Jasper se movieron hasta detrás de mí, y la dureza de ellos desapareció por completo.

"¡Bella!", una voz chillona la llamó desde detrás de mí, y antes de que pudiera volverme para mirar, una cosa pequeña estaba envolviendo sus brazos alrededor de Bella y gritando en voz alta.

"¡Hola Al!", Bella dijo, devolviendo el pequeño abrazo. "Has venido justo a tiempo".

"¡Claro que lo he hecho!", la pequeña cosa respondió antes de inclinarse y ponerse de puntillas para susurrar algo al oído de Bella. Lo que ella dijo las hizo reír. En un segundo Jasper se materializó al lado de la pequeña chica.

"Alice, lo has logrado", suspiró Jasper. La mirada en sus ojos era de pura felicidad, tanto o más intensa que cuando él miró a Bella la semana pasada. Y cuando la cosa pequeña levantó su cabeza para encontrarse con él, la misma expresión de felicidad se iluminó en sus propios ojos.

"Te dije que iba a venir", Bella declaró mientras que Alice y Jasper seguían dándose esas miradas, como si la tierra se hubiera tragado a todos los demás en el mundo, y no pudiera importarles menos.

Bella se acercó con su pequeña amiga y nos presentó. Ella era exactamente como la había descrito Bella en la cafetería. Pequeña, pelo corto con las puntas hacia arriba y negro, y unos ojos grandes y azules que brillaron con tanta energía en los primeros minutos que me preguntaba si se había metido algo.

Y hablaba a mil por hora.

"¡He oído hablar mucho de ti! ¡Fue genial cómo tropezasteis los dos la semana pasada!". Ella miró a Bella rápidamente antes de volver sus ojos hacia mí. "Tienes razón, Bella, yo tampoco he recibido esa vibración de estúpido en él", prosiguió, como si yo no pudiera oírla. "Sin ánimo de ofender".

"No te preocupes", le contesté con sinceridad. Había algo en su forma que hacía imposible que ofendiera. Tal vez era porque parecía tener cinco años de edad.

Ella dijo algunas otras cosas, pero yo desconecté después de unos quince segundos, y dirigí mi atención de nuevo a Bella. Sin embargo, aún podía sentir los ojos de Alice en mí.

"¿Así que vas a estar con nosotros esta noche, Edward?", preguntó Alice.

Rosalie vino hacia nosotros. "¿A estar con nosotros?", preguntó. "¿Qué demonios? ¿Cuándo se ha convertido Edward en nuestro amigo?". Ella miró a su hermano y agitó un dedo entre ellos y yo. "Corrígeme si me equivoco, ¿pero no es este el tipo que anuncia en los periódicos alguna mierda para que vayan a su club si no quieren estar en los de segunda categoría?"

"¿Qué te hace pensar que me estoy refiriendo a este lugar con esa afirmación?"

"Porque eres un idiota", dijo secamente.

"¡Chicos, chicos, chicos!", Alice interrumpió. Ella se acercó y deslizó un brazo a través de Rosalie. "Rosalie, estoy segura de que todo es una especie de malentendido. ¿Por qué no pones toda esa palabrería de la competencia detrás de nosotros para pasar la noche y divertirnos!", ella se rió.

Rosalie se llevó las manos hacia arriba. "Lo que sea. Bella, es la última llamada. ¡Vamos a la barra a terminar!", dijo ella, señalando con la cabeza hacia la barra.

"¿Y bien?", Bella me preguntó, caminando hacia atrás, hacia la barra.

"Claro", me encogí de hombros. "Me quedo".

Me dio las gracias dándome la sonrisa que yo adoraba.

Alice me estaba mirando, pensativa, cuando me aparté de Bella. Alargó la mano y deslizó su brazo alrededor del mío. Eso parecía ser un hábito suyo. Sin embargo, había algo tan amable y desinteresado al respecto que ni siquiera me molestó. En su lugar, le sonreí.

Estiró el cuello hacia Jasper por un momento. "Jazz, mientras que haces lo que necesites hacer para cerrar el club" - volvió sus ojos pícaros hacia mí - "Edward y yo nos dedicaremos unos minutos para conocernos, Bella me ha dicho que eres uno de sus amigos más antiguo y querido, y como yo soy su mejor amiga, eso significa que tú y yo tenemos que conectar".

Jasper no parecía demasiado afectuoso por esa idea. Me estaba acechando, como yo le había acechado a él hacía exactamente una semana.

"Ves con cuidado", advirtió con claridad, sin andarse por las ramas.

Alice se rió.

Solté un bufido. "No te preocupes, Jazz", bromeé. "Voy a mantener un ojo en Al por ti". Eso era realmente jodido. La venganza era una perra. Yo tenía un interés absolutamente cero en Alice, y estaba seguro de que ella no tenía ningún interés en mí, pero Jasper no necesitaba saberlo por el momento.
Me miró largo y tendido antes de marcharse.

Alice se rió de nuevo cuando se fue. "Oh, ese Jazz", exclamó. "Puede ser tan hombre a veces". Me eché a reír. "Ahora no importa eso", dijo agitando el brazo en el aire. "Tú y yo al parecer compartimos una buena amiga, así que es hora de ponerse a trabajar".

"¿Qué?"

Durante la hora siguiente, Alice me perforó con toda la información imaginable. En el momento en que se cerró el bar, ella sabía que talla de ropa interior llevaba, así como los últimos cuatro números de mi número de seguridad social.

"¿Hemos terminado?". Le pregunté una vez que finalmente vi a Bella caminar de vuelta a nosotros. "¿Quieres mi licencia y mi número de registro también?"

Ella se rió y me dio un manotazo - fuerte - en mi brazo. "Tal vez más tarde".

Oooooooooo

Cuando se trabajaba en un club nocturno, había que renunciar al derecho de la rutina normal que la mayoría de la gente seguía, trabajar de nueve a cinco y el resto se convertía en cosa del pasado. Junto con eso, la hora del desayuno tendía a desplazarse a cualquiera de antes del amanecer o al atardecer, en función del tipo de noche que tenías.

Una hora después de que se cerrara Nitelock, nos habíamos comido hamburguesas con queso y patatas fritas para "desayunar", y en algún momento, probablemente a causa del exceso de cervezas que habíamos utilizado para bajar la comida, terminamos hablando y riéndonos como un grupo de personas que se conocían desde hacía años, en lugar de un grupo mixto que estaba a disgusto comiendo juntos. Una vez que Jasper descubrió que yo no tenía ningún interés romántico en su pequeño duendecillo, se aflojó, e incluso intercambiamos algunos chistes y golpes. Incluso su hermana Rosalie me había dado un poco de espacio. A pesar de que todavía insistía en que odiaba mi mandíbula.

Eso, hasta que entró Emmett.

Yo le había llamado a la mitad del desayuno, y le había dicho que me encontraría aquí, utilizando de cebo el hecho de que Rosalie estaba aquí. Emmett siempre había pensado que Rosalie Whitlock era caliente, pero las pocas veces que todos nuestros caminos se habían cruzado, ella había estado malditamente inaccesible.

Al segundo de entrar, los ojos de Rosalie se salieron de sus órbitas. Ella me miró y me sonrió.

"¿Es una broma? ¿Como si uno de vosotros no fuera suficientemente malo, el otro está aquí ahora?"

"Es genial verte también, Rosalie". Él le disparó su cordial sonrisa a través de su mandíbula cuadrada. Su propia mandíbula se abrió, y todo lo que iba a decir se quedó atascado en su garganta.

Tuve que aclararme la garganta dos veces para tirar la atención de Emmett lejos de Rosalie.

"Em, ¿te acuerdas de Bella Swan, de Forks?"

Me dio una expresión divertida, con los ojos brillando de una manera que decía: '¿En serio? ¿Como si no hubiéramos discutido sobre ella durante toda la noche?'

"Sí", bromeó en su lugar, con su voz por lo general amigable. "Claro que me acuerdo. ¿Cómo te va, Bella? ¡Mírate, eres toda una adulta!".

Bella se rió. "Hola, Emmett. Yo no creo que te acuerdes de mí. Te fuiste en el momento en que yo me mudé a Forks".

"Una cara tan bonita como la tuya es difícil de olvidar". Bella se puso roja y miró hacia abajo a sus pies. "Además" - continuó Emmett, sus ojos parpadearon rápidamente hacia mí - "te vi en la ciudad un par de veces, y mi hermano aquí te mencionaba una o dos veces cuando yo llegaba a casa para las visitas".

Miré a Emmett. Él no me hizo caso. Podía sentir los ojos de Bella en mí, sorprendida.

"Bella", dijo Emmett, con lo que puso su atención hacia él. "He oído que estás comprometida. Felicidades".

"Oh, uhm... gracias", respondió ella.

"Entonces, ¿quién es el afortunado?"

Bella se mordió el labio. "Mike Newton. Fue a la escuela secundaria con Edward y conmigo".

"Mike Newton", dijo Emmett, mirando al techo como si estuviera recordándolo. Chasqueó los dedos juntos. "¿El atleta?"

Bella asintió con la cabeza.

"Oh", dijo Emmett. "¿Todavía juega?"

Bella sacudió la cabeza. "En realidad no. Él no tiene… tiempo para más".

Emmett asintió lentamente. "Bueno, eso es algo bueno de todos modos. Tal vez todos los esteroides que oí que se había tomado durante la escuela secundaria no le han afectado a largo plazo. Dime, él es un poco-"

"¿Quién va a empezar?". Interrumpí rápidamente, empujando un palo de billar hasta las grandes manos de Emmett, él se rió en voz baja cuando Bella se alejo, y yo no pude evitar reírme un poco para mí mismo.

Mientras que Emmett empezó y tuvo su momento, mirando hacia arriba cada vez que hundía una pelota para encontrar los ojos de Rosalie en él, Bella y yo nos quedamos a un lado.

"Entonces, ¿qué ha pasado allí?". Le pregunté a Bella en silencio, asintiendo con la cabeza hacia Jasper y Alice, que estaban en su pequeño rincón, susurrándose y sonriéndose el uno al otro.

Bella miró y soltó un bufido. "Fue muy directo y el punto fue que-", sonrió. "Alice se pasó por Nitelock la segunda noche que yo empecé a trabajar aquí. Y básicamente, ella y Jasper se miraron a los ojos, y el resto, como dicen, es historia. Ella ya tiene nombre para sus dos primeros hijos, Charlotte y Riley, y Jasper sólo sigue lo que ella dice".

La miré con incredulidad. Bella se rió.

"Tienes que conocer a Alice para entenderlo".

Solté un bufido. "He pasado una hora alternando entre un verdadero interrogatorio de mi vida y una biografía detallada de la de ella. Creo que en este punto la conozco muy bien".

Bella se rió de nuevo.

"Bueno... por lo menos ya no tienes a Jasper detrás de ti, ¿no?", le dije.

Bella estuvo en silencio por un tiempo. Ella lo miró de frente. "Puedo manejar a los chicos que coquetean. Quiero decir..." - bajó la mirada y extendió la mano izquierda - "el anillo por lo general sirve para eso. Creo que es por eso que Mike eligió uno tan... llamativo", ella se rió entre dientes con voz temblorosa.

Asentí con la cabeza, metiendo las manos en los bolsillos y manteniendo mi mirada al frente. Era la primera vez en toda la noche que ella había mencionado a Mike, y yo no estaba ansioso por escucharlo más. Cuando llegó mi turno, metí cada bola.

Bella era la siguiente. Miró a su alrededor en tono de disculpa, y se encogió de hombros. "No sé cómo jugar".

Alice se rió. "Oh, es cierto B, lo había olvidado por completo. En ese caso" - dijo alejándose de donde había estado de pie junto a Jasper y caminando hacia Bella- "te voy a enseñar. En primer lugar" - ella empezó, guiando a Bella más cerca la mesa de billar y apuntando a las bolas - "¿ves esa bola negra de allí? Tienes que esquivarla hasta el final. Estás en el equipo de Edward, por lo que tienes que tratar de meter las bolas de colores sólidos".

"¿Pero cómo sostengo el palo?", preguntó Bella.

"¿Quieres saber cómo sostener el palo?", Rosalie le preguntó, acercándose a Bella poco a poco y cogiendo su palo. Luego se fue a pararse frente a Emmett y se inclinó sobre la mesa de billar, metiendo el culo en su cara. Sus ojos casi salieron de sus órbitas. Yo sonreí y Jasper rodó los ojos, dándole la espalda.

"En primer lugar, colocas una mano en la parte de atrás de la barra, así", la instruyó. "Luego envuelves tus dedos alrededor de la parte delantera de la misma, así", continuó. "Y después de poner tus ojos en la punta, decides cuál quieres, y empujas el palo hacia atrás y hacia adelante, adelante y atrás, dejando que se deslice suavemente a través de tu mano y de tus dedos hasta que-"

"Oh, por el amor de Dios, Rosalie", Jasper susurró. "Voy a conseguir un par de cervezas más. Avísame cuando sea mi turno".

Rosalie y las chicas se echaron a reír. Miré a Emmett. Estaba de pie inmóvil, con la mandíbula abierta. Rosalie le dio un vistazo y comenzó a reírse aún más fuerte. Pero vi la forma en la que sus ojos azules brillaban cuando lo miró.

Sí, se resistía a la mandíbula Cullen, una mierda.

"Voy a ir a buscar a mi hermano", se rió de nuevo, lanzando el palo de billar a la mesa.

"Sí, yo también voy a ir a buscar a Jazz", se rió Alice. "Él, probablemente, ahora mismo tendrá la cabeza metida en un retrete o algo así". Ella se rió de su propio pensamiento y se alejó.

Emmett se quedó mirando cómo se iba Rosalie durante unos tres segundos antes de seguirla fuera de la habitación.

Caminé lentamente hacia Bella. "¿Así que realmente no sabes cómo jugar, o todo ha sido sólo un espectáculo para molestar y poner caliente a mi hermano?".

Bella se rió. "¡No, yo realmente no sé cómo jugar!".

Le sonreí. "Entonces, ¿qué hacías en Nueva York cuando salías con tus amigos... o tus… citas?"

Alargó la mano y pasó lentamente un dedo por el palo de billar. "Creo que Al y yo pasamos nuestro tiempo haciendo otras cosas en Nueva York, explorar, estudiar" - subrayó en broma - "y viendo viejas películas. Vemos un montón de viejas películas". Se mordió el labio y me miró. "Y con las citas..." - negó con la cabeza lentamente - "la verdad es que no he tenido muchas", ella dejó caer su mano al recordarlo.

Nos miramos el uno al otro.

"Entonces, ¿qué tipo de viejas películas ves?", le pregunté para romper el silencio.

Ella sonrió tímidamente. "¿Prometes que no te reirás?"

"Te lo prometo", me reí.

"Bueno, ella y yo tenemos una cosa loca", se rió de sí misma, la vergüenza estaba en su voz. "Cada año elegimos una década, y pasamos el resto del año viendo al menos una película por semana de un género específico de esa década".

Fruncí el ceño, sonriendo. "¿Y en qué década y género os encontráis en este momento?"

"Películas de adolescentes de los años 80". Se mordió el labio, poniéndose roja.

La sonrisa se me cayó de la cara. "Tienes que estar bromeando", le dije, apoyándome contra la mesa de billar.

Ella también dejó de sonreír y sacudió la cabeza.

Me encontré con su mirada, y luego la mitad de mi boca se torció hacia arriba. Me incliné hacia ella. "No te rías, pero desde que me mudé a Seattle, Emmett me lleva a ver ese tipo de películas".

Ella se rió de todos modos. Yo le sonreí.
"Lo siento, pero simplemente no puedo imaginar que Emmett y tú veáis películas de adolescentes de los años 80".

Instintivamente extendí la mano y aparté un pedazo de su cabello que le había caído en su rostro cuando ella comenzó a reírse. Lo escondí detrás de la oreja y dejé que mi mano se deslizara lentamente por el mechón de pelo. Tenía los ojos muy abiertos cuando me miró.

"Tal vez... tal vez un día Alice y yo organicemos una noche de películas, y tú podrías venirte", sonrió.

"Eso sería interesante", mi mano se quedó detrás de su oreja.

Bella tragó. "Y ya sabes..." - ella se aclaró la garganta - "puedes traer a Victoria... si quieres".

Mi mano cayó de su oreja.

"Gracias", le dije. "Pero las películas de los 80 no son exactamente su afición".

Bella asintió con la cabeza. "Sí, a Mike tampoco le gustan demasiado".

Era obvio lo que estaba haciendo. Trazar la línea. Una vez más, nos quedamos mirándonos el uno al otro.

Di una respiración profunda. "Vamos", dije finalmente, asintiendo con la cabeza hacia la mesa de billar. "Te voy a enseñar cómo hacer esto. Ahora, una vez que metamos todas las bolas, entonces podemos ir a por la bola ocho".

"Esa es la negra, ¿verdad?"

"Sí. ¿Ves las cuatro bolas detrás de la bola blanca?", ella asintió con la cabeza. "¿Por qué no tratas de hundir una en el agujero de la esquina aquella?"

Se mordió el interior de su boca, su ceño se frunció por la concentración. "De acuerdo".

Ella se inclinó sobre la mesa, y juro que hice mi mejor esfuerzo para no mirar su culo perfectamente redondo justo en frente de mí. Pero la pobre chica ni siquiera sabía cómo sostener el palo.

"Espera", dije suavemente, caminando detrás de ella. Incliné mi cuerpo sobre el de ella y puse mis manos sobre las suyas.

Chispas tan calientes como la lava fundida estallaron dentro de mí, y todo el mundo dejó de girar durante cinco segundos. Bella volvió la cabeza hacia un lado y nuestros ojos se encontraron, abiertos y aturdidos, como si hubiéramos sido sacudidos por un cable de alta tensión.

Tragué saliva espesa y traté de no temblar cuando envolví mis dedos alrededor de los suyos, asombrosamente consciente de su suave cuerpo en mi pecho, de la curva de su espalda contra mi estómago, del olor de su cuello tan cerca de mi boca, de la proximidad de sus increíbles labios carnosos y de color rosa a los míos.

Mis labios rozaron su mejilla mientras yo hablaba. "Sujétalo así", me las arreglé para murmurar con voz temblorosa. "Alinéalo entre tus dedos, y úsalos para apuntar".

Su cuerpo me quemaba, incluso a través de toda nuestra ropa. Su mejilla me quemó los labios cuando ella asintió con la cabeza.

"Ahora mantén tus ojos en la bola, y cuando estés lista, empujas el palo hacia adelante".

Tragando, ella asintió de nuevo y volvió la cabeza hacia la bola, haciendo que rozara con mis labios un lado de su mandíbula.

"¿Estás lista?", yo respiraba.

Ella respiró hondo y dejó escapar el aire lentamente. Con mi mano alrededor de la de ella, puse el palo hacia atrás y le di un pequeño empujón, haciendo que la bola chocara con la bola correcta y la hundiera en el agujero de la esquina.

"Lo has hecho", le susurré al oído. Pensé que la había sentido estremecerse antes de que ella cerrara los ojos y poco a poco los volviera a abrir. Nos quedamos allí, congelados, mi cuerpo estuvo envuelto alrededor del suyo por lo que pareció una eternidad, y a la vez pareció que estuviéramos lo suficientemente lejos.

En algún momento ella comenzó a retorcerse debajo de mí y yo lo tomé como una señal para apartarme.

El grupo escogió ese momento para volver.

Los ojos de Alice se fueron a los de Bella, tan pronto como se nos acercó. Rápidamente brillaron hacia mí y luego se abrieron.

Jugamos un par de rondas más, aunque por un tiempo sentí como si Bella me estuviera evitando. Hacia el final de la última ronda volví a la sala de descanso y me encontré a Alice, a Bella y a Rosalie, que estaban sentadas en un pequeño sofá al lado de la mesa de billar, riéndose y hablando.

"Él es tan lindo, Rosalie", dijo efusivamente Alice. "Espera hasta que lo conozcas".

"Suena muy dulce", dijo Rosalie.

"Lo es", dijo Bella, con una mirada tierna en su rostro. "Me siento muy afortunada de tenerlo".

Apreté los dientes, asumiendo que estaban hablando de Mike.

"Y él no puede aguantar a Mike", Alice de repente se echó a reír. "Es por eso que me gusta aún más".

Bella le dio un codazo a Alice, haciéndola reír aún más fuerte. "¡Lo siento B, pero sabes que es verdad!".

"¿En serio?, preguntó Rosalie. "¿A Jake no le gusta Mike?

Bella frunció los labios y negó con la cabeza.

¿Quién coño era Jake ahora?

"Jake es muy posesivo", dijo Bella con la mayor naturalidad.

"Bueno, Jake es posesivo, pero no es por eso por lo que no le gusta Mike", se rió Alice con un guiño.

"Tío, es tu turno", dijo Jasper en voz alta, dándome palmadas en el hombro e interrumpiendo mis escuchas.

¿Quién. Mierda. Era. Jake?

oooooooooo

Eran casi las cinco de la mañana cuando nos fuimos todos de Nitelock. El aire húmedo de Seattle flotaba densamente alrededor de nosotros, la niebla invisible humedecía nuestras chaquetas y la ropa.

Jasper se paró fuera del coche de Alice, diciéndole un largo adiós, mientras que Emmett estaba fuera del coche de Rosalie.

"Vamos Rosie, sólo una pequeña cita", le oí rogar. "Iremos a donde quieras..."

Sonreí.

Bella esperó pacientemente a un lado, dejando a su mejor amiga y a su jefe unos pocos minutos más de intimidad. Las cosas habían estado un poco incomodas desde nuestra pequeña lección del billar. Yo había sobrepasado los límites, y lo sabía. Pero podría haber jurado que había sentido su cuerpo reaccionar ante el mío...

Al parecer, me había equivocado y ahora no sabía cómo disculparme.

Metí las manos en los bolsillos y me acerqué a ella. Ella levantó la vista cuando vio que me acercaba, y sonrió.

"Bella, yo-"

"Edward, lo hemos pasado muy bien esta noche".

Di un suspiro de alivio. "Me lo he pasado genial".

"Debemos hacer esto de nuevo. Ya sabes... todos nosotros... salir juntos".

Todos nosotros. No solos tú y yo.

"Sí. Sí, claro. Eso sería genial".

"Y ya sabes... si tu novia quiere venir, sería genial también. Todos podemos estar juntos".

Sentí una punzada en el pecho.

Asentí con la cabeza. "Cuando hables con Mike dile que te he dicho hola", dije con frialdad.

Me pareció ver algo cruzar su cara, pero se fue rápidamente. "Lo haré. Seguramente será la próxima semana, así que..."

El dolor irradió a lo largo de mis entrañas.

Asentí con la cabeza rígida y me fui.

"¡Edward espera!".

Cerré los ojos y suspiré, parándome y dándome la vuelta para encararla. Sus ojos estaban llenos de confusión.

"¿Por qué... por qué has venido a Nitelock esta noche?"

Porque te necesito. Porque no tengo ni idea de cómo he vivido sin ti durante los últimos seis años, o cómo voy a hacerlo de nuevo.

Suspiré profundamente. "Porque fuimos buenos amigos una vez y pensé que podríamos serlo de nuevo".

Por una fracción de segundo algo brilló en sus ojos. Una emoción que podría haber jurado que había visto una vez allí, casi como... decepción. Pero se fue casi de inmediato. Ella sonrió suavemente.

"¿Éramos buenos amigos, no es así?"

Asentí con la cabeza.

Ella suspiró. "Me gustaría que fuéramos... buenos amigos otra vez, Edward".

Extendí la mano y la envolví alrededor de la suya. Si eso era todo lo que podía tener, tendría que ser suficiente.

"Yo también, Bella". Dejé escapar un largo suspiro. Tenía que ser suficiente. "Yo también".


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