Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de pattyrose, yo solo la traduzco.
Este capítulo es un intervalo, un espacio de tiempo entre lo que pasa en el capitulo 10 y el 11.
Intervalo – Sueño, un pequeño sueño
El colchón rebotó ligeramente debajo de mí cuando me retorcí y giré, poniéndome el edredón de plumas de ganso sobre mis hombros y empujando las manos debajo de la almohada. La luz gris pasaba entre mis párpados cerrados alertándome sobre el hecho desagradable de que ya era tarde en la mañana o temprano en la tarde, sí, otro día oscuro y triste en el estado de Washington. Estiré mi cuerpo, sintiendo la frescura de las sabanas bajo mis pies descalzos y mi estómago, y perezosamente me agaché para ajustar mi erección mañanera, encogiéndose por la incomodidad de una noche llena de sueños que me habían dejado así. Yo gemí y me di la vuelta para aliviar un poco la presión de abajo, cuando mis piernas chocaron con algo... algo cálido y suave como la seda que me alcanzó y se envolvió alrededor de mis pantorrillas.
Mis ojos se abrieron.
Acostada a mi lado, sonriendo con timidez, su cabello oscuro extendido ampliamente en toda la almohada y las piernas enredadas con las mías, estaba Bella.
Yo respiró fuerte. "Bella..."
Su sonrisa se ensanchó y se rió. "¿Estabas esperando a alguien más?"
Negué con la cabeza y tragué fuerte, incapaz de formar las palabras. Ella se rió.
"¿Qué... qué estás haciendo aquí?". Susurré, mi mente giraba.
Su sonrisa vaciló, sus ojos color chocolate estaban ansiosos e inseguros. "¿No me quieres aquí, Edward? ¿No sientes lo que yo siento?"
Instintivamente extendió la mano y le tomé la cara entre mis manos. "Siento mucho más, Bella. Es tanto que no tengo ni idea de por dónde empezar".
Lentamente se acercó más a mí, hasta que su cara estuvo tan cerca que podía ver cada uno de los poros de su piel sin defectos y leer cada emoción en sus ojos sin fondo. Tan cerca que el más mínimo movimiento por cualquiera de las partes pondría sus labios en contacto con los míos.
"Vamos a empezar por el principio", murmuró ella, poniendo sus labios contra los míos y sus palabras resonaron a lo largo de todas las partes de mi cuerpo. Me estremecí.
Ella apretó sus labios a los míos, al principio un poco insegura. Fueron abrasadores, pero yo estaba congelado. Tomó mi labio inferior entre los suyos, succionándolo con cuidado y luego alternándolo con el labio superior. Y Dios, sentí como si mi corazón fuera a salir de mi pecho, pero no me podía mover. Era como si un gran peso me sujetara, me prohibiera envolverme alrededor de ella y devolverle sus besos. Así continuó su dulce tortura y cuando se dio cuenta de que no respondía, ella se apartó y me miró. Sus ojos se llenaron de tristeza, y de repente algo cambió.
Al principio, yo no estaba seguro de lo que había sucedido. Todo parecía lo mismo, mi habitación, la tenue luz que entraba por las persianas cerradas, la cama. Pero algo había cambiado. Y cuando miré más de cerca a Bella, me di cuenta de lo diferente.
Su cara estaba plena, todavía hermosa, pero con la ligera redondez que tendía a perderse a medida que envejecíamos. Su pelo era más largo de lo que había sido hacía sólo un par de días. Y la expresión de su rostro era la misma que había tenido una noche hacía más de seis años. La expresión de 'mi conejito muerto', así lo llamé esa noche, una expresión llena de frustración, e incluso un poco de ira.
Bella tenía dieciséis años otra vez.
"¿Por qué no me quieres, Edward?", preguntó con esa voz dulce del pasado que se estremeció por el rechazo.
"Bella, yo te he querido por tanto tiempo…", le dije, mi propia voz era temblorosa. "Nunca he querido a nadie como te quiero a ti".
"Entonces, tómame Edward", exigió con la ira y la frustración de una adolescente. "Si quieres tomarme. Soy tuya. Yo siempre he sido tuya. Pero esta vez tienes que luchar por mí, Edward, porque yo también estoy perdida".
Todavía no me podía mover. Yo quería. Jesús que si yo quería, pero el peso invisible no me lo permitía.
Cerró los ojos y una lágrima solitaria corrió lentamente por su mejilla, rompiéndome el corazón.
"Tengo miedo, Bella", admití, dándome cuenta de la profundidad de ese hecho, incluso mientras lo decía.
Ella abrió los ojos y me miró con tanta inocencia y ternura que me dejó sin aliento. "¿De qué tienes miedo?"
Y luego, el peso invisible que me había estado presionando, finalmente se levantó. Bajé mis manos a las suyas, envolviéndolas alrededor de sus dedos, deleitándome con el calor de su contacto, aunque sólo fuera por unos segundos más. Porque después de que se lo mostrara, ella no querría que yo la tuviera nunca más.
Suavemente la senté y la guié hasta el borde de la cama. Ella obedeció sin decir palabra. Me senté a su lado y di un par de respiraciones profundas, y con una sensación de temor me volví hacia el espejo de la pared. Los ojos de Bella me siguieron.
Allí, en el reflejo que me miraba fijamente, estaba Granoso Cullen.
No era el Granoso Cullen del pasado. Era una versión más mayor, una que se parecía al hombre que había caído finalmente en un sueño inquieto en las primeras horas de la mañana. Los granos no estaban, pero en su lugar había docenas y docenas de cicatrices, grandes cráteres permanentes de color rojo marcando cada parte del rostro, como un monstruo de una película de horror.
Lleno de desesperación, me volví hacia Bella. Ella estaba mirando hacia el espejo, mirando mi reflejo. Esperé. Esperé a que la expresión de horror cruzara por su cara. Que se disgustara, saltara de la cama y saliera corriendo y gritando, o peor aún, riéndose.
Pero los segundos pasaban para Bella y ella seguía mirando a través del espejo con nada más que una línea entre sus ojos para marcar su confusión.
"¿No lo ves?", le susurré.
"¿Ver el qué?"
"¡A mí!". Grité, poniéndome de pie y pasándome furiosamente una mano por el pelo salvaje. "¿No me ves?". Repetí, señalando con disgusto mi reflejo en el espejo. "Yo estoy... defectuoso. Y me temo que... estoy tan defectuoso en el interior como en el exterior. Y no me importa quien vea eso" - continuó - "pero cuando me ves tú..."
Alargó la mano y me llevó de vuelta a su lado. "Edward, todos somos defectuosos, tanto por dentro como por fuera". Ella unió nuestras manos y las colocó ligeramente por encima de mi pecho. "Y ya sé lo que hay ahí. Lo sé desde hace mucho tiempo, Edward, y es hermoso. Eso de ahí, siempre ha sido hermoso".
"¿Qué pasa si... no hay nada ahí?"
Ella sonrió con tristeza. "Sí. Sí lo hay. Yo estoy ahí, ¿no? ¿Cuándo verás lo que yo veo?". Con una intensidad ardiente me sostuvo la mirada. "Tus ojos son ventanas, Edward. Ventanas es lo que hay ahí. Por favor, mira lo que yo veo", me rogó, tomando mi rostro entre sus manos pequeñas y adolescentes, y volviéndome para que me enfrentara al espejo una vez más. "Mira lo que yo veo".
Y una vez más, algo cambió. El reflejo en el espejo ya no estaba lleno de cicatrices y de cráteres. Pero tampoco era el reflejo del hombre que había permanecido en esta cama hacía unas horas.
Miré a un reflejo de mí, a como yo había estado hacía seis años, pero sin granos y sin gafas. Mis hombros no estaban encorvados, estaban firmes y rectos. Mi cara era tan lisa como una piedra. Y mis ojos... mis ojos estaban más verdes y más profundos de lo que jamás había visto.
"Eso es lo que yo veo, Edward", susurró Bella. "Eso es lo que siempre he visto". Ella puso su mano sobre mi pecho desnudo, mi piel ardía. "Eso es lo que está ahí conmigo". Su dulce aliento se desplegó a través de mi cara.
La miré a los ojos y mantuve la mirada, colocando una mano sobre la suya. Sobre mi corazón.
"Quédate conmigo aquí, Bella", rogué. "Por favor, quédate conmigo".
Ella sonrió suavemente, algo parecido al alivio inundó sus ojos. "Sólo tenías que pedírmelo. Todo este tiempo sólo tenias que habérmelo pedido".
Sus manos lentamente viajaron hasta mi pecho y se envolvieron alrededor de mis hombros, y llevó su boca a la mía. Esta vez le hice caso, tragué sus labios y sus besos con la desesperación de un hombre moribundo, y ella me devolvió el beso con el mismo fervor. Sus dulces labios se movieron por toda mi cara. Llevó sus manos a mi pelo y tiró de él posesivamente. Gemí y mis manos se fueron alrededor de sus caderas y la levanté poniéndola sobre mí, haciendo que bajara la cama. Mi boca se movió a su cuello y ella lo levantó, concediéndome un mejor acceso. Yo lo lamí y chupé, y Bella gimió muy bien sobre mí.
Pero su voz sonaba diferente de nuevo, más mayor, y cuando sujeté su cara para mirarla, había cambiado una vez más. Ya no era la tímida e insegura de dieciséis años de edad de nuestro pasado, era la mujer hermosa y misteriosa que ahora vivía en Seattle, con una inocencia y una pureza que nunca cambiaría, sin importar cuántos años pasaran. Y aunque yo ya no podía verme, sabía que había envejecido y había vuelto al presente con ella.
Por una cantidad inconmensurable de tiempo, Bella y yo nos besamos y nos exploramos, su dulce lengua finalmente se fundió con la mía hasta que la necesidad de aire la apartó, y yo mudé mi boca de nuevo a su cuello, saboreándolo como siempre había necesitado. Ella sabía a miel, a flores y a aire fresco, todo mezclado.
"He soñado con esto durante tanto tiempo".
"Yo también. Pero no tiene por qué ser un sueño, Edward".
Con los ojos en los míos, ella se sentó sobre mí, poco a poco llegó hasta los bordes de su camiseta, y en un rápido movimiento se la quitó y la tiró al suelo.
"Te necesito", murmuró Bella. Se llevó sus manos a la espalda, se desabrochó el cierre de su sujetador negro de encaje y poco a poco se lo quitó, con sus ojos en los míos.
Tragué saliva espesa, incapaz de mover los ojos de ella, a través de mi periferia podía ver los montículos completos y cremosos, los centros de color rosa oscuro, alegres y duros. Con los ojos todavía en los suyos, acerqué mis manos y los tomé, gimiendo por la sensación suave y firme al tocarlos. Llenaron mis manos a la perfección, como si hubieran sido hechos con mis especificaciones. Bella abrió la boca y echó la cabeza hacia atrás, equilibrándose mientras se aferraba a mis muslos.
"Edward, por favor...", gimió.
"Dime que me quieres, Bella".
"Sabes que lo hago", gimió ella.
"Necesito que lo digas". Yo le acariciaba los pechos, apretando suavemente sus pezones rosados entre mis dedos, moldeándolos suavemente entre mis manos.
"Oh Dios, Edward, te quiero. Te quiero ahora".
En algún momento que no supe, mis bóxers estaban fuera. Bella se agachó y tomó rápidamente mi dureza en su mano, y, ¡oh Jesús!, juré que había muerto y había ido al cielo, porque nada en la tierra verde de Dios podría haberse sentido mejor que eso. Siseé y lancé la cabeza hacia atrás contra mi almohada, mis ojos estaban en blanco en la parte posterior de mi cabeza mientras ella apretaba sus dedos pequeños a mi alrededor, así como pudo me acarició la longitud de un lado a otro. Todo mi aliento se quedó en mis pulmones. Porque no sólo era la mano de Bella sobre mí, apretando y acariciando, sino que su mano se sentía suave, sin obstrucciones, sin anillos.
Bella estaba libre y finalmente era toda mía.
Y luego sus pantalones cortos estuvieron fuera. Una vez más el cómo era desconocido, pero se unió a la pila de ropa en el suelo, y miré hacia arriba a una gloriosa y desnuda Bella encima de mí, sus labios carnosos estaban hinchados por los besos, sus pechos suaves estaban enrojecidos por la emoción y por mi contacto. Bajé las manos a su cintura diminuta y poco a poco la guié por encima de mí, gritando cuando finalmente me sentí totalmente enfundado en su calor, completamente envuelto en su interior. Durante unos segundos dejé de respirar, porque si su estocada había sido como morir e ir al cielo, la tensión con la que se agarraba a mí no tenía palabras, no había absolutamente nada para compararlo.
Bella gimió cuando entré en ella, poniendo sus manos en mi pecho para sostenerse. Se calló y dejó caer la cabeza hacia adelante. Mis manos se perdieron lentamente en sus caderas y luego, con cuidado, la guié sobre mí, moviéndola hacia atrás y hacia adelante hasta que ambos encontramos un ritmo mutuo con facilidad, y entonces embestida tras embestida, gemido tras gemido, nos conectamos y nos reclamamos el uno al otro como siempre habíamos querido hacer.
"Oh Jesús, Bella... oh cariño..."
"Edward... sí Edward... sí..."
Ella se balanceaba lentamente sobre mí, su pelo largo y sedoso caía en abanico delante de ella, protegiéndonos como un velo. Nuestros gemidos y súplicas llenaron la habitación e hicieron eco en las paredes, saturando el aire que nos rodeaba, mezclándose y torciéndose, y en algún lugar del fondo de mi mente señalé cómo nuestros gemidos sexuales sonaban como una hermosa canción.
Sin embargo, la conexión física rápidamente se intensificó y todos los demás pensamientos se me escaparon. El balanceo y el ritmo aumentaron, creciendo mientas que nuestros gemidos se hacían más fuertes y nuestros impulsos eran más rápidos y más exigentes. Le sostuve la mirada, memorización su cara, todos y cada uno de los jadeos, todos y cada uno de los gritos de éxtasis, la forma en la que sus ojos oscuros ardían y se encerraban en los míos, la forma en la que su lengua entraba y salía, humedeciendo sus labios y llamándome. Levanté mis manos a su cuello, llegando y enredando su pelo largo entre mis dedos, y suavemente la acerqué hasta llevar su lengua a mi boca.
Un ligero movimiento en mi periferia me detuvo. Cuando me di cuenta, Mike estaba parado en la esquina de mi habitación, se veía exactamente como estaba hacía seis años, con su chaqueta de Letterman y su labio acurrucado en una mueca. Me quedé helado.
"¿Qué pasa? ¿Qué es?". Bella preguntó sin aliento, volviendo la cabeza hacia la dirección que yo estaba mirando.
"¿No le ves?". Gruñí, bajando las manos de su cara y poniéndolas en puños a mi lado.
"¿Ver a quién?", jadeó.
"A Mike. ¿No ves a Mike?"
Ella frunció el ceño. "Mike no está aquí, Edward".
Mike se rió y me saludó.
"¡Sí, es él!". Gruñí entre dientes.
Mike se rió.
Mis fosas nasales se ensancharon. "¡Sí, es él!", puse mis manos en sus caderas y comencé a despegarla de mí. "¡Y yo voy a matar a ese maldito!".
"¡Edward!", Bella gritó y yo me detuve. Ella respiró hondo y tomó mi cara entre sus manos otra vez. "No hay nadie ahí, Edward".
Oí su risa burlona de nuevo. "Pero-"
"¡No!", ella insistió. "Escúchame. Por favor, escúchame Edward. Esto es entre tú y yo. Esto siempre ha sido sólo entre tú y yo. Somos los únicos aquí". Bajó una mano a mi pecho de nuevo, justo sobre el corazón. "Nosotros somos los únicos aquí".
Mi pecho estaba agitado, tanto furor y mi excitación anterior habían hecho que subiera y bajara rápidamente con cada respiración pesada. Poco a poco miré a la esquina de mi habitación. Todo lo que podía ver ahora era una sombra borrosa.
Bella suavemente acercó mi rostro al suyo. Sus ojos estaban angustiados.
"Por favor no hagas que esto sea de Mike, Edward. Esto nunca ha sido de él. Dime que recordarás esto. Por favor. Es importante-"
Pero yo todavía estaba duro como una roca y dentro de ella, y Mike se había ido. Y la necesitaba. Jesús, cómo la necesitaba. Sostuve sus caderas entre mis manos y empecé a moverla sobre mí de nuevo. Ella cerró los ojos y dejó escapar un profundo suspiro.
"Por favor, Edward... ohh... por favor..."
Cuando me desperté a los pocos minutos, yo estaba solo en mi sofá. Tardé un total de quince minutos en hacer que el ritmo cardíaco disminuyera, pero el recuerdo de mi sueño se quedó conmigo, a lo largo de la ducha, mientras que estaba en el gimnasio de Artes Marciales, y en el camino de vuelta a casa para prepararme para tomar una copa antes de cenar con Mike y con Bella. No era la primera vez que soñaba que hacía el amor con Bella, y no sería la última. De hecho, desde que ella había vuelto a mi vida, los sueños se habían convertido más en una norma que en una excepción.
Aunque este sueño había sido diferente. Por lo general, nuestra vida sexual pasaba a primer plano en todos los sueños. Si teníamos conversaciones antes o después, honestamente, no podría decirlo.
En este sueño sin duda habíamos tenido una conversación, y por alguna razón tuve la sensación de que si tan sólo pudiera recordar de lo que habíamos estado hablando...
Pero yo no podía. Estaba molesto, estaba ansioso y estaba en un estado de ánimo de mierda. Devanándome los sesos para recordar otra cosa que no fuera el sexo, ya que era algo para lo que no tenía tiempo ni paciencia esta noche.
Así que no lo hice.
Bueno, el lunes más. Sé que no ha sido real, pero algo es algo, ¿no? Asi os podreis imaginar cómo será cuando pase de verdad, jajaja.
Muchas gracias por comentarme y seguirme en esta historia:
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