Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de pattyrose, yo solo la traduzco.

Canciones recomendadas por la autora:

-In your eyes de Peter Gabriel
-Change the world de Eric Clapton
-Wake me up when September ends de Green Day

Creo que este capítulo os gustará más que el anterior ;)

Capítulo 12 -Say Anything

Mi móvil estaba vibrando de nuevo. Lo miré, estaba haciendo extraños movimientos en la mesa de tres patas delante de mí, veía el nombre de Emmett y el número en la pantalla luminosa. Volví la cabeza hacia atrás a la TV y me hundí más profundamente en el sofá.

Sonó de nuevo cinco minutos después. Y luego de nuevo cinco minutos después de eso.

Jesús, ese hombre era peor que una gallina de mierda.

Unos minutos más tarde, la vibración familiar comenzó de nuevo.

Tosí un poco más de flema y me quedé mirando el teléfono, pero esta vez el número que aparecía en la pantalla no era el de Emmett. Me debatí durante cinco segundos si lo cogía o no.

"Sí". Mi voz salió áspera y ronca.

"Bueno, hola a ti también", dijo Alice alegremente. "Emmett no estaba exagerando. Suenas como una mierda".

Le sonreí al teléfono y volví a toser. "¿Qué está pasando, enana? ¿Cómo fue la cita con Jasper la otra noche?"

Era una pregunta para distraerla, le pregunté con indiferencia mientras yo miraba hacia la pantalla donde el siguiente concursante contestaba a las preguntas, y sólo le decía "bueno" o "fantástico" como respuesta.

Pero Alice procedió a ahondar en el tema con más detalle y entusiasmo del que me podría haber imaginado, o quería haber oído. Hizo una pausa al final de su discurso un poco inapropiado y respiró hondo, mientras yo estaba sentado en un silencio sobrecogedor.

"¿Ha sido demasiada información?"

"Tengo que decir que ha sido demasiada información. Pero gracias por subirme la fiebre".

Alice se rió, completamente imperturbable por su diarrea verbal.

"Me alegro que pueda ser de gran ayuda", se rió mientras otro ataque de tos me atacaba. "¿Así que esa es la razón por la que no estabas en la noche de película de anoche?"

"Sí. ¿Me he perdido lo que prometía ser una noche divertida?". Oí el tono de mi voz.

¿La verdad? Sí, yo estaba enfermo como un perro. Con mi suerte Bella seguro que tuvo razón acerca de todos los condenados gérmenes en los bordes de la mesa un par de noches atrás.

"No sé". Ella parecía más serena, de repente. "Yo... escuché que quedaste con Bella y con Mike para tomar algo un par de noches atrás". En el fondo yo podía oír ladrar a Jake. "Shhh, Jakey, relájate. Acabo de decir su nombre, él no está aquí", aseguró Alice a Jake.

"¿Y qué?", yo le respondí a la defensiva.

"Es sólo que... conozco a Mike" - más ladridos - "¡Jakey, relájate!"

Yo no dije nada.

"Así que... ¿cómo te fue?"

"¿Por qué no le preguntas a tu compañera de piso?"

Alice suspiró profundamente. "¿Qué pasó?"

Volví a toser. "No pasó nada. Mike… fue un novio cariñoso y atento. Y tu compañera, bueno, ella fue la novia perfecta de Stepford. Nos lo pasamos de maravilla".

Alice exhaló en voz alta. "Mira Edward, hay cosas que... bueno, hay muchas cosas que no puedo decir, por mi condición de mejor amiga de Bella".

"¿Por qué me has llamado, Alice?"

"Porque no estoy ciega, Edward". Una vez más nos quedamos en silencio. "Edward, lo que viste de Bella la otra noche, no es la verdadera Bella".

Solté un bufido cínicamente. "Oh, ella era real".

"No", insistió Alice. "Edward, no tienes ni idea de lo mucho que me gustaría poder-", ella se detuvo y luego dejó escapar un poco de aire. "Mira, mis manos están atadas ahora mismo".

"¿Qué diablos significa eso?"

"¡Eso significa que Necesitas. Abrir. Tus. Ojos!"

"Tengo los ojos bien abiertos".

"No, yo no creo que lo estén. Si así fuera, entonces-", ella se detuvo de nuevo.

Después de otra larga pausa, volví a toser. "Bueno, enana, si en realidad no vas a terminar ninguna de tus frases, me tengo que ir. Sharon Osborne está dándole a uno de sus concursantes una pieza que tiene en su cabeza color rojo cereza, y por mi parte no quiero perdérmelo".

"¡Uf!", Alice se quejó. "¡Emmett estaba en lo cierto, tú eres tan frustrante como el infierno!".

Rodé los ojos. "Me alegro de daros algo para que os unáis más. Adiós".

"¡Adiós!".

Me reí por primera vez en días, antes de ser acribillado por una nueva ola de tos.

oooooooooo

Estaba flotando en una nube inducida por el Nyquil, vagamente consciente del sonido de alguien cantando muy fuera de tono, y un timbre sonando en la distancia. Me di la vuelta en el sofá y me acurruqué más en mi manta en un esfuerzo por ahogar el ruido, apretando la almohada más fuerte sobre mi cabeza. Sin embargo, los lamentos continuaron, y entre lamentos el timbre sonaba constantemente.

Lamento. Timbre. Pausa. Lamento. Timbre. Timbre. Pausa. Lamento. Timbre. Timbre.

Un destello de consciencia se apoderó de mi medicado cerebro, y me di cuenta de que el constante zumbido no estaba sólo en mi cabeza. Estaba en mi puerta. Cuando abrí la puerta bruscamente, el shock por ver a quien estaba al otro lado me provocó un nuevo ataque de tos, haciendo que doblara mi cuerpo.

Bella puso todo lo que tenía en la mano en la parte interior del brazo, y usó la otra mano para darme palmadas en la espalda. Ella arrugó la frente.

Después de un par de minutos, la tos se detuvo, pero su cálida mano se quedó en mi espalda.

"¿Estás bien?"

Me incorporé y miré a Bella. Atrás quedó el bonito y fantástico vestido de la otra noche. Esta Bella llevaba pantalones vaqueros y una sudadera, y su pelo suelto y sin preocupaciones cayendo por la espalda. Esta era la Bella que yo conocía. O la Bella que pensaba que conocía.

"¿Qué estás haciendo aquí?"

La ronquera de mi voz y el resentimiento innegable que había estado albergando desde hacía un par de días hizo que las palabras salieran más duras de lo que yo quería.

Bella se echó hacia atrás y dejó caer su mano de mi espalda. "Yo... Al dijo que había hablado contigo y que no sonabas muy bien". Ella se quedó mirando una olla grande y gris entre sus manos. "Llamé al club, pero Emmett me dijo que no habías ido en el último par de noches, así que... ya que anoche hice esta sopa de pollo pensé en traerte un poco. Pero si prefieres estar solo" - de pronto se sonrojó - "o" - tartamudeó - "si tienes compañía, sólo te dejaré esto y me iré. Espero que te recuperes". Ella me dio la olla sin mirarme y comenzó a alejarse.

"Bella", le dije rápidamente. Se detuvo y se volvió hacia mí otra vez, mordiéndose los labios y mirando a la olla.

El aguijón de la traición seguía aún en mi pecho. Pero cuando Bella estaba cerca de mí, yo nunca quería que se fuera.

"¿Quieres entrar?"

Me miró fijamente, como si lo estuviera debatiendo consigo misma, y se encogió de hombros lentamente.

"Si no estoy interrumpiendo...", dijo ella con cuidado.

Solté un bufido y negué con la cabeza. "No. No estás interrumpiendo".

Ella me miró con atención y luego pasó a mí alrededor para entrar en el apartamento. Caminé detrás de ella, siguiéndola hasta mi sala de estar y tratando de controlar mi tos. Se dio la vuelta y frunció el ceño.

Intenté hablar a través de mi ataque. "Tengo que advertírtelo. El apartamento es más o menos una placa de microbios en este momento".

Ella se rió, pero tenía un tono nervioso en su sonrisa. "Yo viví en Nueva York durante cuatro años. Creo que me he construido un buen sistema inmunológico". Sus ojos recorrieron la gran habitación, sus cejas oscuras se curvaron. Fue entonces cuando me acordé de que no me había tomado la molestia de limpiar mi berrinche de un par de noches atrás. Seguí sus ojos, ropa esparcida por todo el lugar, cuadros colgados torcidamente en las paredes, una lámpara estrellada contra el suelo, la mesa de café de tres patas.

Una zona de desastre total.

Me miré a mí mismo rápidamente y me di cuenta de que yo no me veía mucho mejor en mis pantalones viejos. Cuando me pasé la mano por el pelo, yo podía sentirlo levantado en los extremos.

"Debe haber habido una buena fiesta", bromeó.

Solté un bufido. "Sí, alguna fiesta".

Nos miramos el uno al otro. Bruscamente, ella se acercó a mí y me cogió la olla. "Entonces, ¿quieres que te caliente esto? Te hará sentir mejor", dijo en voz baja.

Me encogí de hombros, a pesar de que el olor de lo que estaba dentro de la olla me estaba volviendo loco. Había estado un par de días que no tomaba nada más que cervezas y galletas.

"Claro, ¿por qué no?", le dije, sonando como que tenía menos hambre de la que en realidad tenía.

Entramos en la cocina. Bella puso la olla sobre el fuego y lo encendió. Me quedé en el umbral, apoyado contra la pared y viéndola, preguntándome qué era exactamente lo que estaba haciendo aquí. Cuando se dio la vuelta ella se mordía el labio con furia.

"Así que supongo que la otra noche estabas en lo cierto acerca de todos los gérmenes", le dije para romper el silencio.

Ella sonrió tímidamente. "Lo siento. Ojalá no lo hubiera estado".

"Si, bueno, trataste de advertirme, ¿no?"

Ella se sonrojó y bajó la mirada, jugando con sus manos.

"Escucha Bella-"

"Edward, yo-"

Puse mi mano, indicándole que hablara primero.

"Yo sólo quería..." - dudó - "yo quería..." - tomó una respiración profunda - "quería decirte que te perdiste anoche una noche de cine". Algo en su expresión me hizo pensar que en realidad eso no había sido lo que había querido decir. "Las canciones de Corey sobre Joe simplemente no fueron lo mismo sin ti", dijo ella con voz burlona.

"¿Visteis 'Say Anything'?". Fruncí mis labios. "Eso hubiera sido bueno de ver".

Ella sonrió tímidamente y fue poco a poco hasta la bolsa que colgaba de su hombro, sacando una película. Cuando vi el nombre, no pude evitar sonreír.

"Yo estaba esperando que dijeras eso", sonrió.

"¿No tienes que trabajar esta noche?". Una vez más, la pregunta había sonado más ruda de lo que había pretendido. La parte amarga de mí me preguntaba cómo iba a describirle Bella esta escena a Mike. Mi amigo Edward estaba enfermo, así que le llevé un poco de sopa y una película. Solté un bufido para mí mismo. Sí, eso sonaba bastante bien.

Se dio la vuelta otra vez, abriendo la olla y revolviendo el caldo con un cucharón de plata, mientras ella me respondía.

"Tenía un par de cosas que hacer esta noche, así que la he cambiado con Bree, la otra camarera. Rose dijo que estaba bien. Pero si tú no... estás como para ver nada ahora, puedo dejar aquí la película y la puedes ver"- se encogió de hombros -"después".

No le respondí, y ella no dijo nada más, pero algo estaba tirando de los bordes de mi mente, la sensación de que me faltaba algo, de que las palabras de Bella querían decir algo.

La frese de Alice de hacía unas horas repentinamente sonó en mi cabeza.

'¡Abre los ojos!'

Negué con la cabeza rápidamente para eliminar ese pensamiento. Mi cerebro se sacudió contra mi cráneo y me llevé una mano a la frente.

Bella frunció el ceño de nuevo, y la preocupación grabada en su cara me irritó más.

"Voy a ir a darme una ducha rápida," le dije, dándole la espalda para ocultar el poco de resentimiento que no podía quitarme.

"Está bien", dijo en voz alta. "Pero no tardes demasiado tiempo o se enfriará la sopa".

"Sí, muy bien", dije, haciendo mi camino hacia el baño.

Me sentí un poco mejor cuando entré a la cocina unos minutos más tarde vestido con una camiseta limpia y pantalones cortos, y mi pelo domado tanto como era posible. Bella me había preparado una poco de sopa en un tazón y me estaba sonriendo.

"Te ves mucho más… refrescado" - dijo con una sonrisa - "y llegas justo a tiempo".

No estaba seguro de si era por la ducha, por el olor de la sopa, o simplemente por su presencia cálida en mi cocina y en mi apartamento, pero me era difícil mantenerme enfadado con ella.

Sin embargo, lo intenté. Me senté en la mesa con estoicismo mientras ella traía la sopa, que tiraba vapor y ondeaba en el aire. Pero el olor del pollo bien sazonado y de las verduras me estaba haciendo la boca agua. Me tragué mi saliva en secreto.

"Come mientras aún está caliente", me ordenó, colocando el plato delante de mí y tomando asiento en el lado opuesto de la mesa.

No iba a mentir. Cavé en esa mierda como un hombre que no había visto comida en años. El primer bocado me quemó la lengua, pero hacía días que no había comido una comida de verdad. La acabé en tres minutos exactos. Cuando alcé la vista, Bella me miraba con una expresión satisfecha en su rostro.

"¿Más?"

"¿Por favor?". Sonreí, entregándole mi plato.

Ella sonrió ampliamente y fue a servirme otro tazón, todavía humeante. Pero ella tenía razón. El vapor de la sopa me abrió las vías respiratorias, y la misma sopa me calentó el estómago. Y poco a poco se desvaneció mi irritación.

Hablamos de temas mundanos mientras yo comía mi segundo plato de sopa. Ella me habló de otro de sus trabajos a tiempo parcial, mientras que había estado viviendo en Nueva York. Había trabajado como camarera en un restaurante latino, y el chef le había enseñado a preparar algunos platos, la sopa de pollo que estaba comiendo en la actualidad era uno de ellos. Yo le hablé de las películas que había visto en la televisión durante los últimos dos días. Dimos vueltas en torno a temas estúpidos y sin sentido, evitando la otra noche como la peste negra.

Los ojos de Bella periódicamente deambulaban por la sala de estar más allá de la cocina, y luego, a mitad de una de sus frases, se puso de pie y se dirigió a la sala de estar.

"Está bien, no puedo evitarlo. Tengo que limpiar".

"Déjalo, por favor", le dije con la boca llena de carne de pollo. "Yo me encargaré cuando haya terminado".

"Tú sólo comete la sopa, Edward. Crecí con un padre soltero. Estoy acostumbrada a limpiar". Ella levantó la vista y me mostró otra gran sonrisa, y esa ira y resentimiento que me habían rodeado durante el último par de días estaban cerca de ser un recuerdo lejano.

Bella se movió alrededor de la sala rápidamente, enderezando los cuadros de las paredes. Entonces me preguntó dónde estaba la escoba y limpió la lámpara rota.

"Realmente no hay mucho que se pueda hacer con esto", dijo sacudiendo la cabeza, mirando a la mesa de café de tres patas.

Me reí y me serví otro plato de sopa. Cuando me di la vuelta, Bella estaba recogiendo la ropa tirada por el suelo.

"Bella, por favor" - me lamenté- "déjalo".

"Voy a hacerlo", dijo en voz alta, recogiendo una camisa del sofá. Ella se volvió hacia mí. "¿Tienes un cesta de la ropa sucia o algo así?"

Suspiré. "La primera puerta a tu izquierda".

Ella volvió a sonreír, como una niña pequeña a la que le habían dicho que su regalo de Navidad estaba en la cesta.

"Voy a poner estas cosas en la lavadora", dijo en voz alta una vez que había encontrado el cuarto de lavado.

Negué con la cabeza y me rendí. Entonces solté un bufido, porque esto era malditamente ridículo. Bella estaba en mi cuarto de lavado, haciendo la colada.

'Mikey, cariño, hoy he lavado la ropa de Edward'.

'¿En serio? ¡Genial! ¿Tuviste un buen momento?'

'¡Sí! ¡Fue genial!'.

'Me alegro de oír eso. Porque, ya sabes, estoy tan seguro de tu amor por mí que no me desconcierta saber que tienes ropa de otro chico en tus manos'.

"¿Te ha gustado la sopa?", Bella gritó, sacándome de mis pensamientos. Me puse de pie y caminé hasta el fregadero para lavar mi plato y la cuchara.

"En serio, ha sido la mejor sopa de pollo que he comido en mi vida", le dije con sinceridad.

Ella se rió. "María estará encantada de escucharlo la próxima vez que hable con ella".

"Bueno, puedes decirle a María que ella puede darle una patada a Nyquil, porque en realidad me siento un poco mejor por la sopa".

Bella se rió. Podía oírla abrir el pequeño armario encima de la lavadora, en busca del detergente.

De repente me di cuenta de lo tonto del culo que había sido.

Yo había estado enfadado con Bella. Soberanamente cabreado. Sí, yo estaba enfermo, pero lo había utilizado como una excusa conveniente para no aparecer en su casa para la noche de películas. Me había estado sintiendo enfadado, resentido y traicionado. Pero tenerla aquí y ahora, conmigo, me hacía sentirme como un imbécil.

¿Por qué había estado enfadado? ¿Por qué ella había hecho tan bien el hacerme saber desde el primer día que tenía un novio? ¿Por qué al parecer había un genuino sentimiento existente entre ella y el hombre con el que se iba a casar? ¿Por qué no dejaba de probarme una y otra vez que ella sólo me quería como a un amigo? ¿Por qué estaba tan malditamente loco por ella que ni siquiera podía tirarme a alguien más? ¿Sinceramente, podría tener algo en su contra? En un mundo perfecto, Bella siempre estaría aquí para cuidar de mí cuando yo estuviera enfermo. Ella iba a tratar de hacerme todas y cada una de sus malditas recetas a mí y solo a mí.

Pero no era un mundo perfecto. Lo que tenía era esto. Su amistad. Y era mucho más de lo que yo había tenido unas pocas semanas atrás. Sin embargo, incluso mientras trataba de convencerme de que eso era suficiente, una imagen de Bella y de Mike sentados juntos en el restaurante la otra noche me asaltó, por lo que me estremecí en el lavabo.

Me sequé las manos en los extremos de mi camiseta. "Bella, ¿estás lista para la película?". La llamé, tratando de distraerme de mis pensamientos. Ella no respondió. "¿Bella?". La llamé de nuevo. No había respuesta. Con el ceño fruncido, caminé lentamente hacia el cuarto de lavado.

Bella estaba de pie delante de la lavadora, con los ojos cerrados y la cabeza hacia abajo, los hombros rígidos y las manos apretadas contra la lavadora vibrante, como si estuviera usándola para sostenerse a sí misma.

"¿Bella?"

Se sorprendió cuando me oyó, alejándose de la lavadora como si le hubiera quemado. Sus ojos estaban llenos de dolor, como si algo le hubiera hecho daño.

"¿Estás bien?", le dije.

"Estoy bien", respondió rápidamente, y entonces todas las expresiones se fueron de sus ojos. Ella sonrió, pero no parecía del todo bien, y me acordé de repente de sus sonrisas la otra noche en el restaurante.

Se tocó las manos nerviosamente frente a ella. "Yo... he puesto una carga de ropa".

"Gracias" - murmuré - "pero en realidad no tenías que hacerlo".

Ella volvió a sonreír, pero no existía una expresión detrás de eso. "Uhm...". Sus ojos se fueron con rapidez hacia la cesta de bambú contra la pared, y sus mejillas se pusieron de color rojo. "Había unas pocas..." - tragó fuerte - "piezas que no sabía qué hacer con ellas".

Fruncí mis cejas. "¿Qué piezas?"

Se me ocurrió cuando las palabras salieron de mi boca.

La ropa tirada por el suelo. Ropa que no había tocado en días. Vicki había estado aquí conmigo esa noche, al menos por un corto tiempo, pero había sido el tiempo suficiente para arrancarle la ropa interior y lanzar su sujetador al suelo, donde mi propia camisa rota había aterrizado. Y cuando ella me dejó con una furia ciega se puso su vestido y su abrigo sin molestarse en reclamar su ropa interior.

Mierda.

"Los... panties están como rotos, pero ella puede quererlos de vuelta, así que los pondré en tu cesto. Y también pondré tu camisa allí. Tal vez puedas llevarla a la tintorería para que le pongan nuevos botones".

Toda la sangre llegó a mi cara, pero lo único que podía hacer era estar allí y mirarla. Finalmente me di la vuelta y regresé a la sala de estar con mi pulso acelerado.

Después de unos minutos, Bella volvió a la sala de estar con grandes pasos, con propósito.

"¿Listo para la película?", preguntó con los ojos enfocados intensamente en el disco redondo y brillante mientras ella lo sacaba de su estuche.

Y de repente toda mi irritación anterior volvió con fuerza. Quiero decir, ¿por qué coño estaba yo sentado aquí, sintiéndome como un idiota, como si hubiera hecho algo malo? Ni siquiera pude follarme a Vicki cuando ella me lo ofreció en una maldita bandeja de plata, ¡por el amor de todos los santos! Mientras tanto, ¿dónde había estado Bella la otra noche, mientras yo había estado destruyendo mi apartamento y luego bebiendo en un estado de estupor? En el maldito Hilton. En el Hilton con su maldito novio llevando su maldito anillo y me atrevería a decir que no mucho más.

Joder.

"Sí, estoy listo", le dije con los dientes apretados.

Se acercó al reproductor de DVD y empujó la película con un poco más de fuerza de la necesaria. A continuación, se puso en el extremo opuesto del sofá.

Mi pecho estaba agitado, mi respiración era bruscamente pesada y desigual.

"Bueno" - comencé, con los labios apretados - "nos lo pasamos bien la otra noche".

Mis ojos estaban fijos en la televisión, donde veía anuncios de otras películas de los años ochenta iluminando la pantalla. Pero fuera de mi periferia, me pareció ver a Bella endurecerse más en su extremo del sofá.

"Sí", respondió ella con rigidez, sus ojos estaban pegados a la pantalla. "Mike dijo que le gustó quedar contigo".

"¿Sí?". Solté un bufido.

Ella no respondió durante unos segundos.

"Yo sé que esperabas otra cosa" - dijo finalmente - "pero ya te lo dije, ha cambiado".

Rodé los ojos. "¿No lo hemos hecho todos?".

"Creo que sí", respondió en voz baja.

Por alguna razón, su respuesta me molestó aún más.

"Si, bueno", le dije. "Mike también pareció un poco… confundido cuando me vio. Como si no estuviera esperando lo que vio. Me sorprendí, ya que al parecer le habías puesto al corriente de todo lo que pasa por aquí".

Ella me miró con los ojos entrecerrados. Yo estreché mi mirada a cambio.

"¿No se lo dijiste?". Le pregunté. "Quiero decir, obviamente, le dijiste todo lo demás".

"¿Decirle, qué?", escupió, con los brazos cruzados con fuerza frente a ella. "¿Qué se supone que me negué a decirle? ¿Que tú posiblemente eres el hombre más guapo de este lado del Pacífico? ¿Cuál hubiera sido el punto al decirle eso?"

Me incliné sobre un brazo y sonreí. "Bueno, ya sabes lo que dicen. La honestidad es la mejor política".

Ella frunció el ceño y se acercó más a mí. "Yo soy honesta", dijo con los dientes apretados. "Por eso le cuanto a Mike lo que hago cuando estoy contigo. ¡Yo no miento!", dijo con voz temblorosa.

"¿No?"

Sus ojos ardían. "¿Y tú? ¿Vas a decirle a Victoria quien te ha hecho la sopa de pollo que acabas de devorar, o quién ha limpiado tu apartamento, o quién ha tirado la mierda de sus bragas rasgadas a la cesta?".

"He roto con Victoria".

Ella abrió la boca, sus ojos marrones se ensancharon y se tambaleó hacia atrás.

"¿Por qué?", susurró.

La miré a los ojos.

Se puso de pie rápidamente, recogiendo su bolso y dirigiéndose hacia la puerta. Me levanté y la agarré del brazo. Ella se dio la vuelta.

"¿Por qué estás aquí, Bella?", le pregunté.

"Ya te lo he dicho", dijo toscamente, "hice un poco de sopa de pollo-"

'¡Abre los ojos, Edward!'

"¿Por qué estás realmente aquí?"

"Porque Alice me ha dicho que no te sentías bien".

"¿Por qué estás aquí?". Repetí, mi voz era cada vez más fuerte. Ella trató de apartarse de mí, pero me aferré a ella con firmeza.

"No lo sé", respondió ella, su voz apenas era un susurro.

'Tienes que luchar... porque yo estoy perdida también...'

Mis ojos se abrieron y mi respiración se hizo fuerte y pronunciada en la sala que de repente estaba en silencio.

"¿Por qué estás aquí, Bella?", le susurré.

"¡Porque. No. Lo. Sé!", gritó ella.

Silencio.

"Le dije a Mike que tú y yo éramos amigos. Le dije que quedamos y jugamos al billar. Le dije que pasamos el día en el mercado". Ella me miró, sus ojos color chocolate estaban oscuros y confusos. "Pero... pero yo no podía decirle cómo me siento... cuando estoy contigo".

Mi corazón latía con tanta fuerza contra mis costillas que sentía como si fuera a salirse fuera de mi pecho. Durante mucho tiempo, sólo nos miramos. Poco a poco, levanté mi otra mano y la moví hacia la cara de Bella. Sus ojos me miraron como si fuera un ciervo mirando unos faros, un movimiento en falso y ella se retiraría. Su pecho estaba agitado por su respiración. Como en cámara lenta, pasé las puntas de mis dedos por su mejilla.

Sus ojos se cerraron por mi tacto. Un millar de chispas explotaron en mi mano.

"Bella..."

Le acaricié la mejilla con suavidad, y apreté su cara más profundamente con mis dedos. Si el tiempo se detuviera para siempre, yo sería un hombre feliz. Me sentí como un ciego que de repente volvía a ver, aunque todavía algo borroso, pero con la promesa de verlo todo totalmente bien si procedía con cuidado.

Los ojos de Bella se abrieron de repente, y una mirada de horror cruzó su rostro.

"Me tengo que ir", murmuró con voz temblorosa, alejándose de mí. Me aferré a su brazo.

"Bella", susurré con atención. Poco a poco ella me miró con los ojos brillantes.

"Quédate conmigo".

'Quédate conmigo Bella'.

"Edward, yo-"

"Sólo para la película", le dije rápidamente, sujetando su cara con mi mano. "Sólo siéntate y mira la película conmigo. No tenemos que… hablar o... hacer algo".

Se mordió el labio con saña, y luego asintió lentamente. Nos sentamos de nuevo cuidadosamente, cada uno en nuestras respectivas esquinas.

Pero todo había cambiado. La atracción magnética que siempre había sentido por ella había crecido de manera exponencial en los últimos diez minutos, y eso fue todo lo que me hizo estar en mi esquina. Traté de concentrarme en la película, para dejar las miles de preguntas que plagaban mi mente para más adelante, pero mi mente estaba agitada.

'Cómo me siento cuandoestoy contigo... cómo me siento cuandoestoy contigo... cómo me siento cuandoestoy contigo...'

Jesús, ¿realmente había dicho eso? ¿Qué quería decir exactamente? ¿Cómo se sentía, y podría posiblemente ser algo parecido a lo que yo sentía?

"¿Quieres que te haga un poco de té? ¿O traerte algún Tylenol o algo así?", Bella preguntó de repente. Cuando me volví para mirarla, ella me miraba, las líneas de expresión estaban grabadas en su frente. Me di cuenta de que había estado tosiendo otra vez.

Le sonreí con ternura. "No, pero gracias".

Ella asintió, mordiéndose el labio, y dirigiéndose de nuevo hacia la película.

¿De verdad que ella no tenía ni idea de que acababa de poner mi mundo al revés?

Pero, ¿qué había cambiado realmente? El maldito anillo estaba en su dedo.

Eso era una confesión que ella sentía que estaba a kilómetros de distancia de significar que era suficiente como para cambiarlo todo.

Vimos la película en silencio. Y finalmente, uno de nosotros dijo algo sobre la película, y reanudamos la conversación. Luego, John Cusack se puso en la parte superior de su coche, con el estéreo en la mano, y Peter Gabriel inició la transmisión a través de sus altavoces. Y así, la atracción magnética se multiplicó de nuevo.

"... todos mis instintos regresan. Y la gran fachada pronto se quemará.
Sin un ruido, sin mi orgullo, llega hasta mi interior.
En tus ojos hay luz y calor. Con tus ojos estoy completo.
Tus ojos. Yo veo la puerta de un millar de iglesias.
Tus ojos. La resolución de todas mis búsquedas infructuosas.
Oh, ya veo la luz y el calor. Oh, yo quiero ser eso.
Quiero tocar la luz y el calor que veo en tus ojos".

Nuestros ojos se encontraron de nuevo, la magnética atracción nos acercaba cada vez más.

La canción terminó y Bella parpadeó. Se levantó y se acercó a la ventana. La seguí con la mirada. Ella miró a través de la ventana y luego se fue caminando hacia el otro extremo de la habitación y cogió la guitarra que yo había dejado apoyada en una esquina el otro día.

"He estado… tocando de nuevo últimamente", admití.

Ella sonrió ampliamente y vino a sentarse a mi lado otra vez, la guitarra estaba descansando en su regazo.

"Yo... escribí una canción nueva".

"¿Puedo oírla?", susurró.

Le cogí la guitarra con cuidado, nunca rompiendo nuestra mirada.

En algún momento, ella ha dejado a la niña atrás
Y se ha convertido en una mujer ahora
Se levantó y salió de su ciudad natal, sí, ahora está trabajando en la Bahía

porque ella es una mujer ahora

Sí, yo lo veo en sus ojos
Lo veo en la forma en la que sus dedos vuelan
No son dedos largos los que pintan sobre el papel
Ella tiene el mundo como si fuera su lienzo
Porque baby, ella es ahora una hermosa mujer

Y la miro y espero y ruego
Y me pregunto si es demasiado tarde
Porque baby, ahora eres una mujer

Cuando la última nota acabó, Bella miró hacia otro lado y se puso de pie, pasándose la mano rápidamente por debajo de su ojo.

"Eso ha sido hermoso, Edward", murmuró. Cuando ella me miró, había algo familiar en su expresión. Yo podría haber jurado que iba a preguntarme algo, pero apretó los labios y no dijo nada.

"Te prometí una vez que yo te enseñaría a tocar", dije en voz baja.

Ella se echó a reír. "Eso fue hace mucho tiempo".

"Todavía me gustaría mantener esa promesa".

Ella se encontró con mis ojos, inclinando la cabeza hacia un lado y estudiándome. Vacilante, vino y se sentó a mi lado, ya no en el otro lado del sofá.

"No sé nada de música", me advirtió, tal como hizo hacía ya seis años y medio, y luego se echó a reír nerviosamente. "No tengo ni idea de por dónde empezar".

Extendí la mano y le cogí la suya con suavidad, escuchándola respirar silenciosamente, y luego, lentamente, le di la vuelta. Una vez que ella estaba sentada de espaldas a mí, levanté la guitarra sobre su cabeza y la coloqué sobre sus rodillas, mis brazos estaban envueltos a su alrededor. Con mi rostro a centímetros del suyo, me dirigí a ella. Nuestros ojos se encontraron.

"Vamos a empezar por el principio".

Un par de horas más tarde, dejé ir de las manos de Bella y las mías cayeron a mi lado.

"Está bien, ahora trata de hacerlo por tu cuenta".

Ella respiró hondo, colocó sus dedos sobre las cuerdas y tocó lo que había aprendido. Cuando terminó, levanté mis brazos y aplaudí.

"Billy Joe Armstrong estaría orgulloso".

Ella me dio un codazo en las costillas. "Sí, seguro".

Me reí. "Ahora sabes tocar un poco de una de tus favoritas. Y mañana vamos a aprender-"

"Mañana no puedo". Ella bajó la guitarra al suelo y miró al frente. "Voy a ver a mi padre por la mañana y no volveré hasta tarde".

Asentí con la cabeza y levanté cuidadosamente mis manos hasta sus brazos. Ella se puso rígida por una fracción de segundo, y luego exhaló fuertemente, mirando hacia abajo. Nos sentamos en silencio por lo que se sintió como una eternidad pero también como si no fuera suficiente tiempo.

"Yo... me gustaría mostrarte... algo... en Forks". Bella volvió la cara hacia un lado. Sentí su cálido aliento sobre el lugar donde mis manos estaban en su brazo. "¿Crees que podrías venir conmigo?"

Pasé las manos suavemente hacia arriba y hacia abajo por sus brazos.

"Por supuesto".


Muchas gracias por comentarme y seguirme en esta historia:

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