Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de pattyrose, yo solo la traduzco.
Capítulo 13 – Quédate conmigo
Salimos de Forks muy temprano al día siguiente. Recogí a Bella en frente de su loft, las nubes oscuras de la madrugada estaban dando paso a un sol opaco y la luz se precipitaba sobre las calles grises de Seattle. Ella estaba de pie bajo un toldo con una sudadera de color rosa con la capucha puesta encima de su cabeza, y mientras yo sostenía la puerta abierta para ella me fijé en la palabra 'PINK' escrita en la parte trasera de sus pantalones.
Mientras caminaba de regreso a lado del conductor tuve que recordarme a mí mismo respirar.
Al principio Bella quería conducir, ella se ofreció a recogerme en su Chevy roja del 76, pero cuando me dijo los años que tenía, insistí en llevar mi Audi en su lugar. Pensé que sería una buena idea llegar vivos allí. Ella no apreciaba mi sentido del humor sobre su camioneta.
Cuando abordamos el ferry para cruzar a la isla de Bainbridge, los cielos se abrieron por completo y cubrieron el parabrisas con baldes de lluvia.
"Wow, que hermoso", dijo Bella, mirando con los ojos abiertos cómo la lluvia caía pesadamente sobre el vidrio grueso y borrando el resto del mundo. El ferry se balanceaba de un lado a otro, mientras las aguas de Puget se extendían sobre la superficie.
Solté un bufido. "¿Hermoso?"
"Sí", se rió. "¡Mira todos los colores!".
Me quedé mirando por la ventana. "¿Estamos viendo la misma cosa? Porque todo lo que veo son distintos tonos de gris".
Ella frunció los labios en señal de desaprobación por mi burla. "Incluso aunque sean varios tonos de gris es hermoso. Quiero decir, mira cómo las nubes cambian de color mientras tus ojos viajan por el horizonte, y mira cómo casi se puede sentir el sol luchando para pasar entre ellas, haciendo que desaparezcan" - señaló por la ventana - "mira como el sol tiñe de oro todo los gris y cómo la lluvia cae sobre el agua de color gris oscuro, salpicándola y haciendo olas casi blancas a través de la bahía".
Debí de haber parecido tan estúpido por la forma en la que la miraba, porque ella me miró y la maravilla de su rostro se convirtió en una mueca.
"¿Estás seguro de que no quieres que conduzca yo?", preguntó ella, con una clara expresión de preocupación en su rostro.
"Bella, estoy bien", le aseguré. "Confía en mí, si no lo estuviera te dejaría conducir. Sólo estoy… asombrado por cómo ves las cosas, con los ojos de una artista".
Ella resopló y miró hacia otro lado, mirando por la ventana. "Oh, sí" - dijo con sarcasmo - "sobre todo por lo artista que soy. Ni siquiera puedo conseguir un trabajo".
"Vas a encontrar algo", le aseguré. "Sólo tienes que darte algo más de tiempo".
"Sí, tiempo", murmuró. Ella se volvió hacia mí con una sonrisa. "Me alegro de que te sientas mejor".
Realmente me sentía mucho mejor. Mi cuerpo se sentía más fuerte, y la tos había rebajado.
"Sólo espero que no pilles nada tú", dije sintiéndome un poco culpable por haberla dejado estar tan cerca de mí ayer. Sólo un poco culpable, si tuviera que ser honesto. Porque el tenerla entre mis brazos, aunque fuera sólo mientras la enseñaba a tocar la guitarra, fue lo más cálido que había sentido nunca.
"No estabas tan malo", dijo restando importancia a mi sentimiento de culpa con un gesto de su mano. "Por lo menos no estabas irritable ni nada". Ella rodó los ojos en tono de burla.
"Hey, hey, hey", fruncí el ceño. "Vamos a ver cómo actúas tú la próxima vez que estés en las puertas de la muerte".
Ella arqueó las cejas y me favoreció con una mirada que decía: '¿En serio?'
Me reí. Desde que había recogido a Bella esta mañana, habíamos mantenido conversaciones ligeras y cómodas. Aunque me moría de ganas de profundizar en el tema que tocamos ayer - cómo se sentía cuando estaba conmigo - me di cuenta de que ella no estaba dispuesta a entrar en eso todavía. Sin embargo, después de que ella se fuera, yo me pasé la mitad de la noche tratando de averiguar lo que podría significar.
'... cómo me siento cuando estoy contigo... cómo me siento cuando estoy contigo... como me siento...'
Las palabras dieron vueltas y vueltas en mi cabeza durante horas. Mi corazón casi se sale de mi pecho mientras estaba en mi cama la noche anterior, incluso considerando la posibilidad de que, Jesús, de que sintiera por mí algo parecido a lo que yo sentía por ella. Y si lo sentía, ¿que se supone que debía hacer yo? ¿Podríamos reprimir nuestros sentimientos por un anillo de mierda en su dedo?
"¿A las puertas de la muerte?". Bella se rió entre dientes, sacándome de mis pensamientos. "Te juro que todos los hombres os ponéis de ese mal humor cuando estáis enfermos".
La miré de manera uniforme. Me molestó un poco más que ella me estuviera comparando con otra persona, especialmente cuando me podía imaginar quien era el otro hombre con quien estaba siendo comparado.
"Mi padre" - dijo claramente, como si pudiera leer mi mente - "odia estar enfermo. Él fue el jefe de policía de Forks durante casi veinte años, sin embargo, cada vez que él... no se siente bien, se pone de mal humor y a la defensiva. No quiere que nadie le ayude a ponerse bien". Ella sonrió y miró por el parabrisas, una extraña expresión apareció en su rostro.
"Eso es una locura", le dije. "¿Quién podría rechazar una enfermera como tú? De hecho, estoy pensando seriamente en quedarme en esta tormenta y ver si puedo coger una pulmonía o algo así sólo para conseguir que me hagas esa sopa de nuevo". Le sonreí torcidamente.
Ella se rió. "En primer lugar, no tienes que hacerte pasar por enfermo para tener más sopa. Lo haré por ti de nuevo cada vez que quieras. En segundo lugar, no vale realmente la pena contraer una neumonía".
Cada vez que quisiera. ¿Era realmente tan simple como eso?
"Confía en mí" - le sonreí - "lo vale".
Ella sacudió la cabeza. "Entonces, ¿con qué frecuencia vas a casa, Edward?"
Miré hacia arriba al techo del coche, como calculando mi respuesta. "Fui a casa para Acción de Gracias".
"¡Eso fue hace casi once meses!"
"Supongo".
Ella frunció el ceño. "¿Por qué tanto tiempo?"
Me encogí de hombros. "No sé. Aparte de mis padres, no hay nada que me haga volver a Forks".
"¿Así que no has visto a tus padres desde Acción de Gracias?"
"Mi madre me visitó hace unos meses, ¿abril tal vez?". Me encogí de hombros de nuevo.
Ella me miró fijamente.
"¿Qué?"
"Es sólo que... cuando yo fui a la universidad en Nueva York, no vi a Charlie más de un par de veces al año. Me gustaría haber pasado más tiempo con él".
"Bueno, ahora estás aquí, ¿verdad? Y vas a verlo con bastante regularidad".
"Cada dos semanas como mínimo", confirmó ella. "Me gustaría poder ir más. Y si alguna vez tengo un trabajo por el día lo veré incluso menos".
"¿Por qué?". Le pregunté.
"Bueno, entre el trabajo en Nitelock y cualquier trabajo que haga de día, no tendré mucho tiempo".
Fruncí el ceño. "¿Piensas quedarte en Nitelock cuando tengas un trabajo de día?"
Se mordió el labio y se enfrentó al parabrisas de nuevo, asintiendo con la cabeza lentamente.
"¿Por qué quieres tener dos puestos de trabajo?"
Ella sonrió. "Porque estoy hambrienta de dinero. ¿Había olvidado mencionar eso?"
La estudié con cuidado. Ella sonreía, pero había algo más detrás de sus ojos oscuros. "Sí, en realidad te habías olvidado. Entonces, ¿qué más has olvidado mencionar?"
"Vamos a ver. Puse un cadáver en tu maletero cuando no mirabas". Ella me dio un codazo de complicidad.
"¿Alguien que yo conozca?"
"No", se rió.
"Entonces eso está bien", le dije. Ella se rió. "En serio, Bella, ¿cómo vas a manejar dos puestos de trabajo?"
Ella se encogió de hombros y de pronto adquirió una expresión más seria. "La gente trabaja en dos empleos todo el tiempo. No es gran cosa", dijo en voz baja.
Algo sobre la forma en la que lo dijo me hizo pensar que era una gran cosa, pero decidí no presionarla. Por lo menos no ahora.
La bocina que anunciaba nuestra llegada a la isla de Bainbridge sonó, y le di la vuelta al coche para hacer nuestro camino fuera del barco. Nos dirigieron hasta la salida, y muy pronto llegamos a la carretera que nos llevaría a Forks. Los limpiaparabrisas iban de ida y vuelta a doble velocidad para ir eliminando los cubos de agua que llovían desde el cielo casi negro.
"No es el mejor clima para hacer un viaje por carretera".
"¿Estás bromeando?". Bella se echó a reír, jugando con la radio. "Este es el mejor tiempo para un viaje por carretera, especialmente para un viaje de regreso a Forks. El clima es muy apropiado".
"Supongo que tienes razón en eso", dije con una sonrisa de lado.
Por el rabillo del ojo pude ver que ella me estudiaba.
"¿De verdad no echas de menos Forks?"
Me encogí de hombros. "No necesariamente me trae de vuelta el mejor de los recuerdos".
"Estoy segura de que también tuviste muy buenos tiempos, Edward. Con tu familia, tu hermano".
Y cada momento que había pasado con ella.
"Tienes razón, supongo".
"Me gustaría... me hubiera gustado que tú y yo hubiéramos estado más cerca en la escuela secundaria, ya sabes, quedar después de la escuela y… los fines de semana".
Mi corazón se apretó dolorosamente. ¿Podría haber tenido más tiempo con ella, realmente hubiera sido algo tan simple como eso? ¿Realmente la había perdido por culpa de una pura estupidez?
"Bella, ¿crees que si nos hubiéramos conocido hace unas semanas, en lugar de años, nos hubiéramos convertido en amigos?"
Su respuesta fue inmediata. "Por supuesto. ¿Por qué no íbamos a serlo?"
Me encogí de hombros. "He oído a gente decir" - le di una sonrisa de soslayo - "que puedo ser un poco imbécil".
Ella me estudió detenidamente. "Tú eres... exactamente la misma persona que eras cuando te conocí".
"No estoy seguro de si debo tomar eso como un cumplido o un insulto", bromeé.
"Sin duda como un cumplido", se rió.
Yo estudié el parabrisas por unos pocos segundos. "Me pregunto si la Bella que vivía en Nueva York sentiría lo mismo".
"¿Por qué no iba a hacerlo?"
Hablé con lentitud. "No estoy seguro de si... ella es la misma persona que está sentada junto a mí en este momento".
Ella no respondió de inmediato.
"No puedo imaginar un mundo donde tú y yo no fuéramos amigos". De repente sonó mucho más intensa. "Edward, las cosas…se complicaron mientras yo estuve en Nueva York". Ella me miró con timidez. "Sé que actué... diferente la otra noche, Edward, pero... mi vida en Nueva York es muy diferente de mi vida aquí. No es mala" - aclaró rápidamente - "sólo... diferente". Bajó la mirada hacia su regazo.
"¿Es lo que esperabas?", le pregunté amablemente.
Ella me miró y sonrió irónicamente. "¿Es siempre lo que cualquiera de nosotros esperamos?"
No le respondí.
"Pero para responder a tu otra pregunta" - dijo después de un momento - "la Bella en Nueva York sin duda hubiera sentido lo mismo. A veces siento como que tú y yo... nuestra... amistad", hizo una pausa. "Quiero decir, ¿cuáles eran las probabilidades de que tú y yo nos encontráramos una vez más? Nuestra amistad estaba destinada a seguir existiendo, Edward, ¿no te parece? ¿Por qué sino podría ser tan fácil estar contigo... y hablar contigo?"
Tal vez porque estábamos destinados a ser algo más que amigos. Ese pensamiento me tomó por sorpresa. Me aferré más al volante.
"No parece que te sea demasiado fácil hablar conmigo ahora mismo".
Por el rabillo del ojo pude ver su mirada fija en mí.
"No pienses que eso es porque no quiero".
"¿Qué significa eso, Bella?"
Ella no respondió. Suspiré y puse el volumen de la radio más alto. Ella no dijo nada durante un buen rato, y entonces comenzó a tararear las canciones que sonaban, y finalmente acabamos los dos cantando canción tras canción. En medio de una canción, se detuvo y extendió la mano, bajando el volumen. Podía sentir sus ojos sobre mí otra vez.
"¿Por qué lo has bajado?". Le pregunté.
"Porque está ahogando tu voz".
Le sonreí y extendí la mano para subir el volumen otra vez, y ella alargó su mano al mismo tiempo. Mi mano cayó encima de la de ella, y la corriente conocida corrió por mi mano, sólo que esta vez estaba seguro de que ella también la había sentido, porque se quedó sin aliento y luego exhaló lentamente. Ninguno de nosotros cambió nuestras manos. Poco a poco, con el pulgar froté su mano en círculos. Se sentía tan suave y cálida y simplemente… bien, como si su mano hubiera sido hecha específicamente para caber dentro de la mía.
Mantuve mis ojos en la carretera, pero por el rabillo de mi ojo pude ver a Bella mirando a nuestras manos. Después de unos momentos, ella la retiró y la apoyó en su regazo. Era increíble cómo sentí mi mano fría de repente.
"¿Por qué has dejado de cantar?", me preguntó después de unos segundos. Me aparté de la carretera lo suficiente como para mirarla. Ella me miraba con una sonrisa pícara.
"Porque ahora me has hecho ser consciente de mí mismo", dije secamente, aligerando el ánimo de nuevo. "No hay manera de que pueda cantar ahora cuando sé que vas a estar escuchándome con tanta atención".
Ella se rió. "¡Vamos, Edward!". Le sonreí, pero permanecí en silencio. Ella saltó de su asiento, cruzando los brazos con enfado fingido. "Bueno, lo siento por ti si el tenerme a mí como público te hace ser consciente de ti mismo. ¿Qué vas a hacer cuando tengas a todos observándote en Nitelock durante la siguiente noche de micro abierto?"
La miré rápidamente. Ella me miraba con una sonrisa inteligente.
"No voy a hacer nada, porque no me voy a presentar".
"¡Vamos, Edward!". Saltaba arriba y abajo.
Me reí. "Sólo por curiosidad, ¿qué te gustaría que cantara allí?"
"Una canción de Green Day o dos no estarían de más, y entonces tal vez-", pareció cambiar de opinión. "No lo sé, lo que quieras".
Me reí y sacudí la cabeza.
"Voy a conseguir subirte a ese escenario aunque sea la última cosa que haga".
"Ya lo veremos", me reí.
Ella frunció el ceño. "Sí, ya lo veremos".
Cuando la lluvia finalmente se redujo a una llovizna, Bella bajó la ventana un poco y levantó la nariz hasta el espacio abierto.
Ella respiró profundamente. "Mmm, que olor. ¿No lo hueles?"
"¿Oler el qué?". Le pregunté.
"El aire fresco de la montaña se mezcla con la humedad de los árboles, de las hojas y del musgo. ¿No te encanta ese olor?"
Le sonreí por lo emocionada que sonaba. "Yo honestamente nunca lo he pensado mucho".
Ella me miró y soltó un bufido. "Confía en mí, lo hubieras hecho si hubieras estado rodeado de una jungla de cemento por cuatro años. No me malinterpretes, la ciudad de Nueva York es bonita, pero... no hay nada como volver a casa".
"¿Echas de menos tu casa, no?"
"A veces... a veces no puedes apreciar algo que te conceden hasta que lo pierdes". Volvió la mirada hacia mí. "¿Sabes lo que quiero decir?"
Aparté mi mirada de la carretera el tiempo suficiente para verla a sus ojos. "Sé exactamente lo que quieres decir".
El cartel que anunciaba nuestra llegada a la pequeña ciudad de Forks nos dio la bienvenida a casa, y Bella bajó la ventana todo el camino y se asomó por ella. Me reí de su entusiasmo.
"¿A qué hora tienes que estar de regreso esta noche?". Le pregunté mientras pasaba con el coche a través de la calle principal del centro de Forks.
"Rose me dijo que puedo entrar a las diez esta noche. ¿Y tú?"
"A la hora que sea está bien", le dije, frunciendo el ceño por el tráfico de camiones que había delante de mí.
"Oh, es verdad", dijo Bella con una sonrisa de soslayo. "Tú eres el jefe".
"Sí", le sonreí de nuevo. "Y de todos modos, Emmett y Vicki pueden manejarlo sin mí".
"Oh", dijo en voz baja. El camión de madera finalmente se mudó y yo fui por las familiares calles, hasta que estuvimos un par de minutos pasando por la parte de la ciudad donde Bella y yo habíamos crecido
"Hey Bella", dije con cuidado. Ella había estado especialmente tranquila desde que había dejado la calle principal del pueblo, "¿te importaría si nos paramos en casa de mis padres primero? Mi padre probablemente estará en el hospital, pero mi madre podría estar en casa, y estoy bastante seguro de que le gustaría decirte hola".
"Por supuesto", dijo ella con facilidad.
Mi madre abrió la puerta rápidamente cuando sonó el timbre de la puerta, y sus ojos se desorbitaron cuando me vio.
"¿Edward?"
"Hola mamá", dije tímidamente, de repente con vergüenza por haber estado tanto tiempo sin haberla visitado.
Mi madre me dio un enorme y apretado abrazo. "¡Oh, Dios mío, cariño, me gustaría que me hubierais dicho que ibas a venir! ¡Hubiera tenido un almuerzo agradable esperándote!".
"Mamá, estoy bien", le aseguré con una sonrisa. Me volví hacia Bella, que había estado de pie y en silencio a mi lado.
"Uhm, mamá, te acuerdas de Bella Swan, ¿no?"
Mi madre me soltó y se volvió hacia Bella. Sus ojos se iluminaron al reconocerla.
"¡Bella! ¡Por supuesto que me acuerdo de ti, cariño! ¿Cómo has estado?". Le dio un abrazo a Bella y Bella se rió nerviosamente.
"He estado bien, señora Cullen, gracias por preguntar", dijo.
"Bueno, ¡ahora tengo que hacer un almuerzo agradable para nosotros!", mi madre exclamó. Incluso yo no podía omitir lo emocionada que estaba. "¡Adelante, adelante!".
Bella volvió sus ojos hacia mí.
"Mamá, en realidad Bella va de camino para ver a su padre. Sólo le pedí que paráramos para decirte hola".
"Me encantaría quedarme, señora Cullen", dijo Bella en tono de disculpa. "Pero mi padre me está esperando, y si llego tarde comenzará a preocuparse".
"Oh, lo entiendo, cariño", dijo mi madre, poniendo su mano en la de Bella. En un abrir y cerrar de ojos, su pulgar tocó el anillo de Bella mientras hablaba con ella, los ojos de mi madre rápidamente brillaron hacia mí con una pregunta en silencio, pero la mirada en blanco que le di a cambio le respondió. Todo sucedió tan rápido que estaba seguro de que Bella se lo había perdido.
"¿Cómo está tu padre, Bella?". La preocupación en la voz de mi madre me hizo fruncir el ceño.
"Está bien, señora Cullen, gracias por preguntar".
"Me alegro de oír eso. Bueno, hazle saber que nosotros estamos-"
"Señora Cullen, ¿le importa si uso el baño?". Preguntó Bella. "Ha sido un largo camino desde Seattle y su hijo no ha parado el coche".
"Hey, hey, hey, yo te he ofrecido una parada de descanso".
"Sí, en un lugar que parecía que nos iban a matar si fuera completamente legal".
Me eché a reír. Cuando miré a mi madre, ella me miraba con atención.
"Claro, Bella. Es la primera puerta a la derecha", le señaló.
"¡Gracias! Ahora vuelvo", me dijo.
Una vez que cerró la puerta del baño, mi madre volvió sus ojos verdes abiertamente curiosos hacia mí.
Se cruzó de brazos frente a ella. "¿Y?"
"Y".
"¿Bella Swan?"
"Sí".
"¿Bella Swan?", repitió ella.
"Estoy bastante seguro de quien es ella".
"¿Por qué no me había enterado...?"
Me encogí de hombros. "Hace poco se mudó a Seattle. Nos encontramos y aquí estamos".
"Aquí estáis", repitió. Ella me estudió detenidamente. "El anillo en su dedo-"
"No es por mí".
"He pillado eso".
Nos miramos el uno al otro.
Esme suspiró lentamente. "Bella Swan", dijo otra vez, como si ella no lo pudiera creer.
"Ya has dicho eso, mamá".
Entonces Bella salió del baño.
"¿Estás lista?". Le pregunté.
"Edward, no es necesario que me lleves", dijo Bella. "No es un paseo largo desde aquí".
"Bella, no voy a dejar que camines", le dije. "Te voy a dejar, y después voy a volver aquí", le dije, volviéndome luego hacia mi madre.
El rostro de mi madre brillaba. "Voy a estar esperándote, cariño. ¿A qué hora tenéis que volver?"
Bella y yo nos miramos el uno al otro.
"Tú tienes que estar en el trabajo a las diez, por lo que tal vez deberíamos irnos a-"
"¿A las seis?", dijimos los dos juntos.
Nos volvimos a reír.
Bella sonrió y asintió con la cabeza. "Eso suena bien".
Cuando miré a mi madre, sus ojos saltaban de mí a Bella, y viceversa.
Ella aplaudió una vez. "Bueno, Bella, ¿qué te parece esto? ¿Crees que podrías volver a las cinco?", mi madre le preguntó esperanzada. "Voy a hacer una buena cena y podéis comer rápido antes de poneros en camino otra vez. A mí no me importa en absoluto. Y, por supuesto, tu padre es bienvenido también".
Bella sonrió agradecida. "Eso es muy amable de su parte, Señora Cullen. ¿Puedo decírselo en un rato?", preguntó ella con timidez. "Sólo porque no estoy segura de lo que mi padre puede haber planeado", añadió rápidamente.
"Por supuesto", mi madre estuvo de acuerdo con suavidad. Se acercó a Bella de nuevo y le dio un apretón en el brazo.
"No tienes ni idea de lo feliz que me hace volver a verte".
Bella se ruborizó. Sus ojos se movieron más allá de mi madre y se encontró con los míos. Le sostuve la mirada antes de que repentinamente ella mirara hacia otro lado.
"Ha estado muy bien verla de nuevo, señora Cullen. Llamaré a Edward más tarde y le haré saber acerca de la cena. Pero de todos modos gracias por la invitación".
Ella salió y yo la seguí. Antes de salir, me volví hacia mi madre, que estaba junto a la puerta.
"Estaré de vuelta en un rato, mamá".
Ella asintió con la cabeza. "Voy a estar esperándote, Edward. Me parece que tú y yo... tenemos mucho para ponernos al día".
Le sonreí, sacudiendo mi cabeza, y volviendo al coche con Bella.
Bella estuvo en silencio en el camino a su casa. Cuando doblé la esquina de su casa, ella respiró hondo y exhaló el aire lentamente.
Mientras yo estaba aparcando el coche en frente de su casa, su cálida y pequeña mano cayó de repente sobre la mía que estaba al volante. La miré con sorpresa. Sus ojos estaban oscuros y ansiosos.
"Edward, ¿recuerdas que te dije que había algo que quería... mostrarte?"
Asentí con la cabeza con cuidado.
En ese momento, sus ojos se fueron a su casa y luego se ampliaron por la sorpresa. Su boca se abrió, y sin decir una palabra saltó fuera del coche, corriendo hasta la fachada.
Fruncí el ceño y apagué el motor. Cuando salí del coche, pude oír su voz, fuerte y molesta, y una voz masculina respondiéndole de nuevo en el mismo tono agitado.
"¿... en qué estabas pensando?". Bella dijo en voz alta. "¿Estás tratando de hacerte daño?"
Mientras me acercaba a la parte delantera de la casa, pude ver una alta escalera colocada contra el lado de la casa, y a un hombre de espaldas a mí trabajando en la parte superior de la escalera, haciendo algo para el revestimiento de las tejas del tejado. La lluvia ahora caía sólo ligeramente, pero incluso así, podría hacer que una escalera de metal resbalara.
"¡Bájate de ahí ahora mismo, papá!". Bella gritó, la ira y el miedo eran evidente en su voz.
"¡No, señorita!", su padre le gritó. "¡Estas tejas de aquí necesitan ser reemplazadas, y no voy a pagar con un brazo o una pierna para que lo hagan cuando tengo dos manos perfectamente capaces para hacerlo yo mismo!".
"¡Papá!", Bella gritó, ahora su voz estaba mezclada con más pánico que ira. "¡Por favor, papá!".
"¡Bells!", su padre respondió sin apartarse de su trabajo. Lo pude ver sacar las tejas y quejarse humildemente mientras lo hacía. "¡Estoy bien!", gritó de nuevo.
Llegué hasta Bella, donde se encontraba junto a la escalera. Su rostro estaba rojo mientras miraba a su padre. Cuando miré hacia abajo, a la parte inferior de la escalera, pude ver la forma en que se hundía un poco en el barro.
Bella miró con ojos aterrorizados mi camino. "No debería estar ahí arriba, Edward", dijo con voz temblorosa. Y aunque yo no tenía ni idea de por qué era tan malo que un hombre cambiara las tejas de su propio techo si quería, asentí con la cabeza y miré hacia arriba, las gotas de lluvia caían suavemente en mi cara.
Me aclaré la garganta. "Jefe Swan", le dije, llamándolo por el nombre por el que todo el pueblo siempre le había conocido. "¿Le importa si hecho un vistazo a lo que está haciendo? Mi padre está deseando que sustituya algunas tejas en su techo y yo quería ayudar, pero no estoy seguro de cómo hacerlo".
El padre de Bella hizo una pausa en su trabajo. Poco a poco se volvió y miró hacia abajo.
Me tragué mi sorpresa.
La última vez que había visto al Jefe Swan había sido antes de mi graduación de secundaria. Había ido al banco del pueblo para poder cerrar mi cuenta y retirar mis ahorros. Justo cuando salí por la puerta choqué con el Jefe de Policía. Me acordé de mi cómo mi cara llena de granos se ruborizaba, el calor viajó hasta mi cuero cabelludo, porque yo estaba seguro de que mientras me miraba, me podía ver escrito en mi cara que estaba enamorado de su hija, en medio de todos los granos y las marcas rojas.
Pero el jefe sólo me miró - su rostro serio aún era joven y fuerte, los ojos marrones eran exactamente iguales que los de su hija, cabello oscuro, rizado y espeso - y asintió con la cabeza en señal de saludo.
"Edward", dijo. Como el hijo del jefe de personal del hospital de esta pequeña ciudad, el jefe de policía estaba familiarizado conmigo.
"Jefe Swan", le respondí en voz baja.
"Buena suerte en la universidad, joven", él me dijo con su voz profunda y fuerte. "Da lo mejor de ti". Había sido una orden del jefe de la policía, así como un deseo para que tuviera algo mejor de que lo que había tenido aquí.
"Gracias, señor", le respondí, tratando de enderezar los hombros como estaban los suyos, para destilar la tranquila confianza y la fuerza que él tenía, con la esperanza de que fuera con Bella y le dijera que se había chocado con Edward Cullen y el chico estaba fuerte.
Y sin decir una palabra, el Jefe Swan entró en el banco y yo me salí.
Ese no era el mismo hombre que había ahora en la escalera.
El rostro del hombre que me miraba era delgado y demacrado, los ojos estaban apagados y vidriosos. La barba cubría la mitad de su rostro. Incluso a través de la chaqueta delgada que llevaba, era obvio que los músculos bajo su ropa eran mucho más delgados de lo que habían sido la última vez que lo vi.
El padre de Bella estaba enfermo.
Y de repente comprendí por qué Bella estaba tan aterrorizada.
"¿Eres el chico Cullen?", preguntó, inclinando la cabeza ligeramente hacia un lado y estudiándome. "¿Edward?"
"Sí señor, soy yo".
"¿Qué estás haciendo aquí?"
"He venido desde Seattle con Bella". La miré a ella. Ella se mordía el labio desesperadamente. "Yo venía sólo a dejarla y a volver a ver a mis padres". Tragué con dificultad. "Pero, ¿le importaría si echó una mirada allí, a ver si puedo averiguar lo que tengo que hacer en el techo de mis padres?".
Me miró fijamente durante más de unos segundos, el bigote sobre el labio daba espasmos de ida y vuelta. Finalmente se volvió y lentamente comenzó a hacer su camino por la escalera. Cuando estaba casi en el suelo, Bella empezó a decirle algo, un gesto de desaprobación pesaba sobre su frente. Rápidamente me acerqué y le estreché la mano. Un consejo. Nadie quiere que le digan lo que puede o no puede hacer, especialmente cuando es algo físico. Los ojos de Bella rápidamente se volvieron hacia mí y yo le di una sacudida casi imperceptible con la cabeza. Sus ojos marrones brillaron por la comprensión y ella asintió. Yo até mis dedos a los de ella, porque comprometida o no, ella estaba temblando. Me apretó con fuerza mi mano en la suya.
Ella no dijo nada y él se volvió hacia su cara.
"Bella, cariño, lo has conseguido".
Ella le sonrió y su rostro se suavizó de repente, y sin soltar mi mano, se acercó y lo abrazó con su brazo libre. "Papá", susurró. Fue una palabra llena de amor, de frustración y de miedo.
Charlie Swan se volvió hacia mí, pero no antes de ir lentamente hacia abajo, donde la mano de Bella y la mía estaban conectadas. Echó una mirada al otro lado de Bella rápidamente.
"¿Es el mismo anillo de antes?", le preguntó directamente, mirándome a mí.
"Sí, papá", respondió Bella en voz baja. "Es el mismo anillo".
Me miró largo y tendido. "Hmph", bufó. "Edward Cullen".
"Sí, señor". Hice una pausa. "¿Cómo está?"
"¿Esa es la pregunta del millón de dólares, no?"
Mantuvo sus ojos fijos en mí, estudiándome como juraba que me estudió ese día en el banco, sus ojos marrones iguales a los de su hija me miraron tan profundamente que sentía que tenía que confesar todos los crímenes que jamás había cometido. Fue entonces cuando me di cuenta de que sus ojos no eran tan ricos como antes habían sido, pero no había oscuridad detrás de ellos.
Luego estalló en carcajadas.
"Mi hija me dijo que la ayudaste allí en Seattle".
Me encogí de hombros. "Yo sólo le presenté a un amigo mío. Ella hizo el resto por su cuenta".
Él entrecerró los ojos, me miraba sin pedir disculpas, leyéndome con su visión de jefe de la policía.
"Bueno, me alegro de ver que todavía hay algunas personas que ayudan sin esperar-"
"Papá", dijo Bella en un tono de advertencia.
Él apretó los labios sin mirarla. Sus ojos siguieron cavándose profundamente en mí.
Después de un rato dijo: "¿Dices que tu padre tiene que cambiar un par de tejas de su techo?"
"Sí, señor".
"Es curioso", dijo, frunciendo el ceño. "Yo lo vi un par de días atrás y no me mencionó nada al respecto".
Traté de pensar con rapidez. "Simplemente se dio cuenta ayer".
Charlie asintió lentamente. "Bueno, está bien entonces. ¿Por qué no volvemos a subir la escalera" - sostuvo sus herramientas - ", y puedo mostrarte que-"
"En realidad", lo interrumpí. "Yo he visto lo que estaba haciendo antes ¿Le importa…" - me solté de la mano de Bella y extendí la mano hacia sus herramientas. Él las dejó ir con cautela - "si lo intento ahora por mi propia cuenta? Sólo para saber lo que realmente estoy haciendo cuando vaya de regreso a casa de mis padres", terminé rápidamente.
Charlie entrecerró los ojos y sonrió. Luego se encogió de hombros. "¿Quién soy yo para privar a un joven de aprender cómo hacer las cosas por su cuenta?". Me sonrió y se apartó de la escalera. "Sólo para que quede claro", dijo justo antes de que subiera el primer peldaño. Me volví hacia él. "Si te caes de la escalera yo no soy responsable, pero si te equivocas en mi techo, serás tú el responsable".
Asentí con la cabeza estando de acuerdo. Antes de que subiera, le di un rápido vistazo a Bella. Sus ojos lo decían todo, eran brillantes e intensos, y brillaban con gratitud.
'Gracias', dijo en silencio.
'De nada', le contesté sin decir una palabra.
Y luego me subí por la escalera para arreglar el techo de Charlie Swan.
Desde el fondo de la escalera, Charlie gritaba instrucciones y en ocasiones alababa y criticaba, pero quité las últimas tejas de su techo y las reemplacé con las nuevas que había puesto en un montón. Al menos la lluvia había cesado, el frescor de la niebla flotaba en el aire, pero las gotas de lluvia habían dejado de caer. Cada quince minutos más o menos, Bella salía de la casa y miraba hacia arriba. Y entonces yo la miraba a los ojos, sonreía, y manteníamos una conversación en silencio, lejos de las orejas puntiagudas de su padre, que nunca se alejaba de la parte inferior de la escalera.
'¿Estás bien?'
'Estoy bien'.
'Gracias Edward'.
'Por ti, Bella, siempre por ti'.
Después de tres veces, Bella salió con tres platos cubiertos, y cuando bajé de la escalera, fui recibido por un plato bien caliente de mi sopa de pollo favorita en el mundo.
"Te dije que no tenías que coger una pulmonía para que te hiciera más sopa", bromeó, poniendo una cucharada de sopa en su boca mientras nos sentábamos en el columpio del porche pequeño. Cuando reemplacé sólo un par de tejas, Charlie entró a ver el final del partido. Algo que me vino bien.
"Sí, yo sólo tenía que ponerme a arreglar un techo", bromeé, inhalando mi sopa.
Ella sacudió la cabeza. "Lo sien-"
"Para", le dije con atención. "Sólo estaba bromeando. Además, siempre es bueno aprender un nuevo oficio", agregué con una sonrisa torcida. "El éxito de Eclipse no puede durar para siempre".
Ella sonrió con cuidado.
"Los Mariners ganan por cuatro a dos", dijo Charlie, volviendo hacia nosotros. "Vamos Edward. Vamos a ver si podemos hacer que termines antes de la final de la novena".
Me volví hacia Bella. "Me tengo que ir"- le susurré - "me llama mi capataz".
Ella se echó a reír. Le entregué mi plato y me levanté.
Media hora más tarde, una vez que el trabajo del techo se terminó, Bella y yo nos quedamos fuera en el porche. Charlie me dio una sonrisa torcida y murmuró un 'gracias' antes de salir corriendo hacia el interior para terminar de ver el partido. Lo vi pasar, su rostro era más pálido que el de su hija, no tenía esa cremosidad en sus mejillas.
Bella miró hacia el techo.
"No está mal en absoluto", complementó con una sonrisa.
"Sobre todo para alguien que nunca había sustituido las tejas del techo en su vida", agregué, mirando el techo con ella. Los dos nos echamos a reír. Nuestros ojos se bajaron de la azotea y se reunieron.
Lo que estaba pasando con el padre de Bella no era asunto de nadie, sólo de Bella y de su padre. Excepto que yo no podía luchar contra la sensación de que me había ganado el derecho a saberlo. Quería respuestas, sobre todo porque tuve la sensación de que daría lugar a más respuestas aparte de la salud de Charlie.
"Bella".
Rápidamente puso su mano sobre mi brazo. "Espera", murmuró, antes de abrir la puerta de su casa y meter la cabeza en el interior.
"Papá, estaré de vuelta en unos minutos. Estate tranquilo y termina de ver el partido. ¡No hagas nada que no debas!".
"¡Sí, sí, claro!". Oí a Charlie. "Voy a sentarme aquí y seré un inútil".
Ella rodó los ojos y suspiró, cerrando la puerta detrás de ella. Con la mano libre cogió una manta tendida en la parte posterior de la mecedora del porche, y luego poco a poco perdió su mano por mi brazo, parándose en mi muñeca. Con mucho cuidado, envolvió su brazo alrededor de ella y respiró profundamente antes de poner de nuevo sus ojos en los míos.
"¿Das un paseo conmigo?"
Asentí con la cabeza.
Caminamos por un sendero que había detrás de su casa, la mano de Bella todavía estaba envuelta alrededor de mi muñeca, guiándome, como si yo no la fuera a seguir a dondequiera que ella fuera. El bosque estaba en silencio y oscuro, a pesar de que aún era por la tarde. Ninguno de los dos dijo una palabra mientras nos dirigimos hacia las hojas mojadas y los helechos fangosos en el suelo, era un acuerdo tácito, esperaríamos hasta que llegáramos para hacer todas las preguntas y dar todas las respuestas. Los árboles creaban un toldo por encima de nosotros, cubriéndonos, tanto del cielo gris como del sol, que periódicamente se abría paso entre las nubes, enviando las más finas rodajas de rayos que se deslizaban al suelo y nos daba la luz suficiente para caminar. Los únicos sonidos eran los de nuestros pies contra el crepitar de las hojas y las ramas rotas, no veíamos animales del bosque y estábamos maravillados con lo que nos rodeaba.
Un millón de preguntas corrieron alrededor de mi cabeza, dando vueltas alrededor, como los mirlos dando vueltas por encima de los árboles, y en algún momento la mano de Bella había viajado hasta la mía, nuestros dedos estaban entrelazados unos alrededor de los otros, como mi corazón estaba atado alrededor del suyo; protector, posesivo. Caminamos de la mano y yo esperé. A los quince minutos de camino, anduvimos a través de una hilera de arbustos altos, sus hojas de color verde estaban manchadas con gotas de humedad, pegándose a nuestra sudaderas a medida que nos movíamos a través de ellas agitando sus ramas delgadas, y cuando salimos al otro lado, era como si nos hubiéramos metido en un bosque diferente, una dimensión diferente. Nos detuvimos, de la mano, y delante de nosotros se extendía el prado más hermoso que jamás había visto.
Creo que el siguiente os gustará aún más ;)
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