Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de pattyrose, yo solo la traduzco.
Canción recomendada por la autora: Collide de Howie Day
Capítulo 17 - Aventuras en la Guardería
Persistente lluvia caía desde el cielo oscuro de Seattle cuando me dirigí fuera. Emmett había dejado a Demetri el trabajo de admitir a personas, y estaba bajo el toldo con Rosalie y Alice, y Bella escondida entre ellas. Ella estaba descansando la cabeza sobre el pecho de Emmett cuando llegué hasta ellos, y su brazo estaba alrededor de su cintura, apoyando su peso. Sus piernas vacilantes se movían de allí para acá.
"Tío, nuestra chica Bella es un peso ligero", se rió Emmett.
Rosalie le dio un puñetazo en el brazo. "¡Esa perra de Victoria la engañó para que bebiera el Pedo Gorila!". Me miró con sus ojos llenos de furia. "Espero que te hayas deshecho de es perra", susurró ella en un tono de advertencia.
"Victoria ha sido atendida ya". Me volví hacia Emmett. "Voy a llevar a Bella a casa. Hazme un favor y asegúrate de que Victoria está fuera del club en media hora. Si no es así, llámame".
Emmett frunció el ceño, interrogante.
"La he despedido".
Una enorme sonrisa estalló en su cara, por lo que sus hoyuelos aparecieron. Lanzó su puño en el aire. "¡Oh, sí! ¡La bruja malvada se ha ido, baby!".
Cogí las llaves de mi coche del bolsillo y volví mis ojos hacia Bella. Su cabello se había caído sobre su cara, cubriéndole los ojos. Lo aparté de ella.
"Bella, ¿estás lista para irnos?". Le pregunté en voz baja. Ella murmuró algo ininteligible, y luego las piernas le fallaron completamente.
"¡Oomph!". Emmett se rió entre dientes, sosteniéndola en brazos. Rápidamente deslicé un brazo bajo su espalda y el otro bajo sus piernas y la levanté. Se sentía tan ligera como una pluma.
"Vamos", le dije a Rosalie y a Alice.
"Yo me voy a quedar aquí" - dijo Rosalie - "y ayudaré a Emmett a sacar la basura". Sus ojos brillaron con picardía.
Yo no podía molestarme en pensar lo que eso significaba. Todo lo que importaba era llevar a Bella a casa y que descansara.
"Lo que sea. Eso sí, no hagas nada que traiga a la policía".
"Oh, no te preocupes por eso", sonrió ella.
Giré la cabeza hacia Alice y comencé a alejarme. "Vamos enana".
"En realidad", dijo Alice tímidamente. "Yo iba a reunirme esta noche con Jazz una vez que cerrara el club. ¿Crees que la puedes manejar por tu cuenta? Si no puedes, ya quedaré con Jasper mañana", añadió rápidamente.
Negué con la cabeza. "Sí que puedo, enana".
Alice se acercó a mí, sus ojos eran inciertos. "Pero tú no, quiero decir... no..."
Rodé los ojos. "Alice, yo no soy tan imbécil".
Alice entrecerró los ojos y me estudió detenidamente. "Sí, está bien", sonrió ella. Se volvió hacia Bella y levantó su cabeza de mi hombro. Los ojos de Bella apenas se abrieron. "Bella, cariño, Edward va a llevarte a casa ahora para que puedas dormir, ¿vale?"
"Está bien", murmuró Bella antes de dejar caer la cabeza hacia atrás en mi hombro. Alice podría haberle dicho que estábamos siendo atacados por una horda de zombis y hubiera recibido la misma respuesta.
Quince minutos más tarde estaba aparcando frente al loft de las chicas. Apagué el motor y miré a Bella. Había dormido todo el corto camino hasta casa, y ahora estaba roncando suavemente en el asiento del pasajero de al lado. Su túnica de diosa griega se había desplazado con su sueño, y la mitad de uno de sus pechos se asomaba tímidamente, hinchando un material frágil de la manera más tentadora. Sus bien proporcionadas piernas, y también sus muslos, se pusieron al descubierto en el camino a casa, y allí estaban, cremosas y suaves, pidiendo ser tocadas.
Tragué saliva espesa y cerré los ojos, gimiendo en silencio para mí mismo.
"Está borracha, Edward", murmuré para mí mismo. "Para de mirarla cuando está borracha". Sin embargo, no pude evitar abrir un ojo y darle una mirada más a escondidas. Gemí de nuevo en silencio. "Joder, esto está muy mal".
Suspiré profundamente y caminé hacia su lado del coche, tirando de ella con cuidado y haciendo un esfuerzo honesto de reajuste de su túnica cuando su pecho amenazó con hacer una demostración completa. Jesucristo, ¿esto era una especie de broma cósmica o algo así? Alguien tenía que estar allí viendo esto y riéndose en mi nombre.
La llevé hasta su loft, evitando mirarla tanto como fuera posible, pero todo el tiempo sus pechos y sus piernas estaban ahí en mi periferia. Cuando abrí la puerta con las llaves que Alice me había dado, Jake salió saltando de la habitación de Bella. Los dos nos congelamos.
Jake echó la cabeza hacia un lado y me miró inquisitivamente, sus ojos negros saltaron al paquete en mis brazos. Con los ojos entrecerrados soltó un gruñido que surgió desde lo más profundo de su garganta. Sus ojos se movieron de mí a Bella, su hermosa ama, que yacía muerta en el mundo en mis brazos. Sus gruñidos crecieron más y me acechaba lenta y amenazadoramente.
'Te voy a rasgar, cabrón'.
"Jake", le advertí con cuidado, sin atreverme a moverme. "Relájate, Jake. Bella sólo está durmiendo".
Él no estaba llevándolo bien. Sus dientes puntiagudos hicieron acto de presencia, y me dio un ladrido de aviso, su cola estaba pegada directamente a su espalda. Y aunque admito que no sabía mucho acerca de los perros, yo sabía que eso no podía ser bueno.
"¡Jake!". Le susurré, doblando las rodillas y agachándome lentamente. "Ella está bien", murmuré con la mayor suavidad posible. "Ven aquí muchacho. Échale un vistazo".
Me estudió con desconfianza, con los ojos negros y brillantes, y luego, lentamente y vacilante, Jake se acercó más. Cuando llegó hasta Bella en mis brazos, él la miró con adoración, y luego la olió. Sus ojos se movieron de nuevo a mí, estrechos y sospechosos, y luego volvieron a Bella. Entonces él le lamió la cara y de repente su cola rígida se soltó y la movió de lado a lado. Cuando terminó, me lamió las manos.
"¿Ves? Te he dicho que estaba bien". La cola de Jake se movió más rápido en respuesta.
Él me siguió todo el camino hasta la habitación de Bella. La acosté en la cama con suavidad sobre sus sabanas, y luego me enderecé.
Nunca había estado en la habitación de Bella. Tardé un largo minuto en mirar a su alrededor. La habitación estaba pintada de un verde suave. Un televisor de pantalla plana estaba en un extremo de un aparador muy blanco, y un montón de pinturas y lápices y todo tipo de complementos de arte adornaban el resto de la parte superior de la cómoda. Un armario grande estaba enfrente de su cama de matrimonio, junto al que había una gran ventana que daba al río, y al lado de la ventana había un caballete de gran tamaño. El propio caballete estaba cubierto cuidadosamente con una sábana, y una silla que parecía cómoda y tenía una funda de cuero, estaba frente a él. Pero lo que me hizo sonreír fueron las pinturas que estaban colgadas en su habitación.
Bella había decorado las paredes con su colección 'Ventanas'. Tres versiones diferentes de la misma abarcaban tres paredes distintas, y esas eran las únicas piezas de su obra que se exhibían aquí. Las imágenes mostraban varios tonos de verde que se arremolinaba en patrones similares pero distintos en cada cuadro, por lo que creaban una igualdad que era de alguna manera única en cada uno de ellos. Sin embargo, tan singular como cada uno de ellos era, todos eran igualmente hermosos. Tomé una respiración profunda y volví a mirar a la artista.
Bella estaba dormida, y Jake estaba sentado en sus patas traseras a los pies de su cama, cuidándola, jadeando rápidamente y su cola se meneaba.
"Tú la quieres, ¿no?". Le pregunté. Trasladó su mirada de ella y me miró, su larga lengua colgaba de su boca.
"Sí, lo sé", murmuré. "Es por eso que me estás dando un momento muy difícil". Fui y me arrodillé delante de él. Esta vez, sus ojos eran menos cautelosos y más curiosos.
"Me alegro de que quieras cuidar de ella", le susurré, acariciando su espalda peluda. Me acerqué a su gran oído. "Pero déjame contarte un pequeño secreto. Yo también". Me alejé, observándolo.
Me miró, inclinando la cabeza hacia un lado. Y de pronto me lamió la cara.
"¡Uf!". Me reí, envolviendo mis manos alrededor de su cara y alejándolo con firmeza. "Bueno, bueno, vamos a cuidar de ella los dos. No hay necesidad de cerrar el trato con tu saliva". Me miró, meneando la cola alegremente. Me reí y me levanté.
Como Bella estaba dormida, le di un vistazo a la habitación. Su caballete estaba cubierto con una sábana blanca, pero la sabana parecía estar hacia la derecha y poco a poco cayendo. Me acerqué y la levanté con cuidado para enderezarla, y mientras lo hacía, se deslizó fuera del caballete completamente.
Di un grito ahogado.
La primera vez que Bella y yo fuimos a la costa, el día que estuvo molesta por no conseguir el trabajo por el que se había entrevistado, había estado lloviendo mucho. Con el tiempo el sol salió mientras que íbamos en el ferry hacia la Isla de Bainbridge, y apareció un arco iris en el cielo lleno de docenas de colores, una imagen que todavía recordaba con admiración.
Bella había pintado ese momento.
En su pintura, yo estaba de pie en la barandilla, mirando hacia el arco iris en el cielo gris, aguas turbias nos rodeaban. El cuadro completo estaba hecho en varios tonos de gris. Excepto por dos cosas. El arco iris y mis ojos.
Mis ojos se arremolinaban con diferentes tonos de verde, eran brillantes y resplandecientes, como yo estaba seguro de que estaban cuando la miré en ese momento. Pero cuando le eché un vistazo más de cerca a los ojos, algo brilló en mi memoria. Di un paso más cerca-
"¿Edward?". Preguntó Bella, apoyándose en los codos y mirándome todavía con los ojos medio cerrados.
Cubrí la pintura otra vez rápidamente y me acerqué a la cama, poniéndome de rodillas. Tomé uno de sus pies en mis manos y comencé a quitarle su sandalia. "Shh, vuelve a dormir", le susurré.
Ella echó la cabeza sobre la almohada. "Whoo", se rió. "La habitación gira y gira, gira y gira..."
"Va a dejar de girar tan pronto como cierres los ojos", le dije quitándole la otra sandalia. Sus pies se sentían suaves y lisos, y sus dedos de los pies estaban pintados de un rojo brillante. Mi cerebro se llenó con una imagen de su dedo gordo en mi boca. Me levanté.
Bella cerró los ojos durante cuatro segundos y luego los abrió de nuevo. "No, eso no ha funcionado", se rió.
Me reí. "Mantenlos cerrados más tiempo y te prometo que va a funcionar". Me volví para salir de su habitación, Jake me pisaba los talones.
"¿A dónde vas?", gritó con ansiedad, apoyando su peso sobre sus codos.
"Relájate", le dije sonriendo. "Voy a estar fuera, en la sala de estar".
Sus ojos se agrandaron, se pusieron ansiosos y se sentó. "¿No te vas a ir, verdad?"
Negué con la cabeza lentamente y suspiré. "Yo no voy a ninguna parte, Bella, a menos que me digas que lo haga".
Me miró con ojos vidriosos, y luego se echó hacia atrás.
Fuera de la habitación de Bella me quité cuidadosamente la camisa, desabrochando cada botón con la precisión de un cirujano. Mis zapatos se desprendieron lenta y deliberadamente, primero uno, luego el otro. Fuera, la lluvia continuaba cayendo fuertemente. Cada par de minutos, destellos de luz iluminaban el desván - bañándolo todo con una luz luminosa - y eran seguidos de un trueno en erupción desde algún lugar muy lejos, rodando como un gemido bajo en el cielo. Me quité los calcetines y los doblé con una meticulosidad de la que mi madre hubiera estado orgullosa. Todo esto mientras mi mente luchaba por entender lo que mis ojos habían visto en el caballete de Bella.
Los ojos en esa pintura… los había visto antes. En el espejo cada mañana, sí, pero también en algún otro lugar...
Me puse de pie y caminé rápidamente hacia el pasillo, mis pies descalzos iban en silencio sobre las baldosas del frío suelo. Sólo uno de los cuadros de Bella estaba colgado aquí. Solté un bufido, recordando lo que me contó Bella sobre que Alice quería quitar todas las pinturas para poder colgarlas todas en Nitelock. Afortunadamente para mí, la pintura que yo había estado buscando estaba aquí.
Ventanas.
Eran las mismas tonalidades de verde, se arremolinaban en la misma forma, aunque más de lo que lo hacían en la pintura que acababa de ver en el caballete y en las pinturas más pequeñas de su habitación.
Ventanas.
'Edward, tus ojos son como ventanas...'
'Edward, tus ojos siempre han sido como unas ventanas limpias...'
Mis ojos.
Jesús, durante todos estos años. Ella había estado pintando mis ojos todos estos años.
Mi corazón latía con fuerza entre mis costillas. Me encontré pasándome una mano temblorosa por el pelo y mirando fijamente a la pintura, asustado y desesperado a la vez por haber captado el significado de eso.
Un golpe fuerte en la habitación de Bella rompió mi concentración. Jake inmediatamente se levantó de donde había estado tumbado sobre una almohada de la cama y saltó por encima, ladrando. Lo seguí rápidamente.
Cuando llegué a la habitación de Bella, estaba tirada en el suelo al lado de su cama, su túnica estaba enredada alrededor de sus brazos y de su cabeza, las piernas y los muslos estaban completamente al descubierto, la ropa interior blanca y de encaje se asomaba entre ellos.
Me quedé helado y tragué con dificultad.
Bella me miró y se rió. "¡Ayuda!", se echó a reír, se retorcía alrededor de ella sin poder hacer nada y enredándose aún más con la túnica. "¡Me he caído y no puedo levantarme!", ella estalló en carcajadas.
Me acerqué a ella poco a poco, cada extremidad de mi cuerpo temblaba. "Bella, ¿qué estás haciendo?". Cuando me arrodillé para echar un vistazo a lo que se había hecho a sí misma, cogí un pico de la sábana blanca, apreté los dientes y traté de cubrirla otra vez.
"¡Para, Edward!", ella gemía. Me alejó las manos y trató de levantarse la túnica por la cabeza, eso sólo hizo que se enredara aún más y me enseñara su torso desnudo y tonificado.
Bella tenía un ombligo bien lindo.
Contuve un suspiro y sujeté la túnica en mis manos convertidas en puños, tratando de ponérsela otra vez sobre su cabeza. Ella me agarró las muñecas y trató de alejarme de nuevo.
Un combate de lucha de clases se produjo, ambas con objetivos opuestos: Bella luchaba para quitarse su túnica y yo luchaba desesperadamente contra ella para ponérsela. Jake apareció junto a nosotros, meneando la cola, jadeando y moviéndose de un lado a otro mientras trataba de averiguar por qué su Bella y yo estábamos luchando en el suelo y qué lado tomar. En algún lugar del fondo de mi mente tenía la lucidez para darme cuenta de cómo esto era una locura, todo lo que había soñado durante las últimas semanas - en los últimos años si estaba siendo honesto - era tener a una Bella desnuda en mi brazos, y ahí estaba yo, luchando contra esa imagen.
Y luego el sujetador blanco de encaje y sin tirantes hizo su aparición en alguna parte entre la túnica enredada.
Dejé caer mi cabeza y gemí humildemente. Por el amor de todos los santos, ¿cuánto podía aguantar un joven estadounidense de sangre roja?
Yo respiré hondo y me detuve, tirando de sus brazos con firmeza hacia su lado. "¡Bella, espera, espera, espera, para!". Volví a respirar hondo. "¿Qué es exactamente lo que estamos haciendo aquí?", le pregunté sin aliento.
"¡No sé lo que tú estás haciendo, pero estoy tratando de conseguir quitarme esta cosa para poder ponerme mi pijama, no puedo dormir con esto y estoy enredada!". Ella sacudió la cabeza hacia la cama, donde una camiseta blanca y unos pantalones cortos se asomaban por debajo de su almohada.
Aah.
"Muy bien", jadeé, con dificultad para respirar. "Está bien. Voy a ayudarte a quitarte esto", mis ojos brillaron inevitablemente a su torso casi desnudo y rápidamente de vuelta a su cara. "Y a ponerte aquello. Y luego es necesario que concilies el sueño, ¿de acuerdo?"
"Ohhhkey-dokey", rió.
Presionando mis labios con fuerza para reprimir los gemidos y lamentos que estaban luchando por salir de mi pecho, la ayudé a desenredarse y ella se levantó con cuidado la túnica por la cabeza, y yo tuve cuidado de que mis manos no se rozaran con sus tetas, porque sabía que iba a ser mi punto de ruptura. Tan pronto como la túnica estuvo fuera, Bella la sujetó con las manos en puños y la arrugó antes de arrojarla contra la pared opuesta. Los ojos de Jake siguieron la túnica, su cabeza se dio la vuelta para ver cómo se deslizaba por la pared.
"¡Qué alivio!", dijo en broma, sentándose en el suelo con nada más que su sujetador de encaje y sus bragas. "Alice y su grandes ideas". Ella rodó los ojos y se rió para sus adentros. O al menos eso es lo que creo que dijo e hizo. No podía estar seguro. El suministro de aire a mi cerebro había sido cortado, y toda la sangre de mi cuerpo se había acumulado en un extremo. No podía pensar, y mucho menos escuchar.
Bella alzó la mirada hacia la mía mientras estaba allí sentada, imperturbable. Se mordió los labios y sonrió. Yo tragué saliva audiblemente y rápidamente llegué a la camiseta y a los pantalones cortos de Bella antes de volver lo que le había dicho a Alice sobre que no era un imbécil, en una gran y gorda mentira.
"Vamos, vamos a ponerte esto" - susurré ásperamente, y luego agregué - "antes de que cambie de opinión", dije en voz baja.
Le puse la camiseta sobre su cabeza y guié las mangas a través de sus brazos. Gracias a Dios, ella cooperó. Le entregué los pantalones y deje que se los pusiera, porque no importaba lo mucho que estuviera tratando de comportarme, no había forma en el infierno de que pudiera ser capaz de manejar el ponerle los pantalones cortos en vez de quitárselos. Aparté la mirada a medida que se la ponía.
"¿Mejor?". Le pregunté una vez que se vistió de nuevo.
"Supongo", suspiró ella, jugando con el borde inferior de su camiseta. Levantó los ojos hacia mí. "Gracias, Edward".
Me las arreglé para darle una débil sonrisa. "Muy bien. Ahora vuelve a la cama y duérmete". La cogí de los brazos y la llevé de vuelta a su cama, poniendo las sabanas sobre ella. Ella me miró aún con los ojos desenfocados. Negué con la cabeza, la besé en la frente y empecé a alejarme, cuando un rayo de un enorme relámpago cruzó el cielo, y el resultado del rayo hizo temblar todo el edificio.
Bella gritó y luego se echó a reír. Jake se puso al pie de la cama de Bella, acostándose con un gemido, y cubriéndose los ojos con sus largas orejas.
"¡Edward, métete en la cama conmigo!".
Por el amor de todos los santos. "Bella, necesitas-"
Se sentó en línea recta. "Por favor, Edward". Ella le dio unas palmaditas a la cama a su lado. "Quédate conmigo. Ayúdame a contar los truenos", otro trueno sonó y Bella saltó, con los ojos abiertos y riéndose. "Vamos", ella insistió. "¡Charlie me enseñó a medir la distancia de la tormenta! ¡Vamos a contar los segundos entre el rayo y el trueno!".
"Bella, no creo-", comencé, pero Jesús, se veía tan hermosa en el centro de su cama, su pelo salvaje y sobresaliendo en veinte direcciones diferentes, sus ojos marrones, grandes y brillantes, sus brazos cremosos y sus hombros parecían tan suaves y sedosos, tan cálidos y cómodos bajo su colcha de plumas de ganso. Suspiré.
"Bueno", dije caminando lentamente hacia su cama. "Vamos a contar durante unos minutos, pero luego realmente necesitas dormir o la cabeza va a matarte mañana".
"Sí, amo", se burló con una voz sensual.
"Estás tan borracha", me reí entre dientes, sacudiendo la cabeza y sentándome a su lado.
"Sí, sí". Ella rechazó la idea con un gesto de su mano. Luego se tumbó, alargando sus brazos para ponerme debajo de las sabanas con ella.
"Bella-"
"¡Vamos! ¡Métete debajo de las sábanas!".
¿Cómo podía ella no saber lo que me estaba haciendo a mí?
Tragué saliva espesa y dije una oración en silencio a los dioses para que pudiera controlarme a mí mismo y me acosté debajo de las sábanas, asegurándome de que ninguna parte de mi cuerpo tocaba alguna parte del suyo. Pero Jesús, el calor irradiaba de su cuerpo. Bella estaba frente a mí, con las manos entrelazadas y dobladas bajo su mejilla y bajo su almohada. Yo imitaba su postura en el otro extremo de la almohada, mi cuerpo se puso rígido como una tabla debajo de las sábanas. Su boca se convirtió en una enorme sonrisa que iluminaba todo su rostro. Yo le devolví la sonrisa y mi corazón se aceleró en mí pecho. Un relámpago iluminó la habitación.
"¿Listo?", preguntó Bella con emoción. "¡A contar!".
Y así es como pasamos los siguientes veinte minutos, contando los segundos entre el relámpago y el trueno, hasta que el relámpago escaseó, y los segundos entre él y el trueno eran cada vez más. Jake gimió después de cada trueno, estaba a los pies de la cama, donde nos calentaba nuestros pies, y Bella le tranquilizaba en silencio. Pero cuando la tormenta pasó, los gemidos de Jake se calmaron, y pronto empezó a roncar a nuestros pies.
"¡Eso ha sido divertido!". Bella se rió, una vez que la tormenta había pasado.
"Sí. Lo ha sido", sonreí. En algún lugar en el centro de nuestro juego de contar truenos, mi cuerpo se había aflojado y me las había arreglado para relajarme. "No creo que jamás te haya oído reír tanto en mi vida".
"¡Eso es porque esta noche estoy muuuy feliz!".
"¿Por qué estás tan feliz?", me reí.
"¿Por qué crees, tonto?", me preguntó y yo la miré. "Porque tú estás aquí conmigo", respondió.
Cerré los ojos. ¿Cómo era posible que un corazón se agrandara y doliera a la vez?
"¿Sabes cuánto tiempo te he querido aquí conmigo de esta manera?", prosiguió. "Acostado a mi lado, hablando conmigo, escuchando la lluvia conmigo. Yo pienso en ti todo el tiempo, Edward". Sus palabras brotaron de manera abierta, sin un rastro de culpa o vergüenza o vacilación.
Era el alcohol el que hablaba, por supuesto que yo sabía eso. Sin embargo, ¿eso simplemente le soltó la lengua, o le hizo confundir sus sentimientos con sus sentidos?
Porque Jesús, deseaba que todas esas palabras fueran verdad, pero yo quería oírlas cuando estuviera sobria, no cuando estaba borracha. Y sabía que no era correcto dejarla seguir así, cuando podría decir algo de lo que, de una manera u otra, se arrepentiría cuando pasara la borrachera.
"Bella, amor" - murmuré - "estás muy borracha. Ve a dormir y hablaremos por la mañana".
"¡No!". Sus labios se arrugaron hasta convertirse en un puchero, y tuve que esforzarme para no inclinarme y besarlos. "¡No quiero ir a dormir!".
"Estás borracha y-"
"Estoy borracha, estoy borracha, estoy borracha", gritó con desesperación. "¡No me importa! ¡No me importa que esté borracha! ¡Me gusta estar borracha! Eso me impide pensar". Cerró los ojos y sonrió. "Realmente debería emborracharme más a menudo", musitó. "No puedo pensar, y todo lo que sé es que quiero estar contigo, y no puedo recordar por qué no debo. ¡Y me gusta que sea así!", dijo tercamente, abriendo los ojos y riéndose de nuevo.
Yo puse mis manos en puño debajo de la almohada, luchando contra la imperiosa necesidad de alcanzarla, envolver mis brazos alrededor de ella y hundir mi lengua profundamente en su boca en ese mismo momento. Casi podía ya saborearla. Y yo sabía que ella no se opondría en este momento, no como había hecho en mi despacho un par de horas atrás. Ella me quería también, básicamente acababa de decirlo. Y si no lo acababa de decir, estaba en la forma en la que me miraba, sus ojos oscuros estaban en llamas.
Pero ella estaba borracha. Nada de lo que dijera en esa condición contaba, no importaba que esas cosas pudieran haber sido las que había estado deseando oír.
"Shh", la tranquilicé suavemente. "Cierra los ojos y duérmete. Cuando te despiertes de nuevo y estés sobria, hablaremos".
Cerró los ojos lentamente. "Cuando cierro los ojos, Edward, lo único que veo detrás de mis párpados es a ti".
Apreté mis ojos, que estaban cerrados, suspirando profundamente. Ella me estaba matando.
"Veo tu sonrisa", añadió en voz baja. "Veo los tics de tu boca cuando estás siendo un culo inteligente, veo la forma en la que la luz siempre atrapa tu pelo, iluminando todos los mechones, de bronce, de rojo, de marrón, hasta que veo como si tuvieras un halo brillante de fuego envuelto alrededor de tu cabeza. Puedo ver tu halo, halo, halo…", comenzó a cantar. "Lo sé, lo sé", sonrió ella. "Estoy borracha. Tengo que estar borracha para cantar eso".
Me reí y abrí los ojos. Los de ella aún estaban cerrados, así que aproveché la oportunidad para estudiarla. Ella era la que parecía un ángel. Su piel cremosa era perfectamente impecable, tan clara y radiante. Sus labios temblaban hasta cada extremo con una sonrisa suave, de ensueño. Y como el hombre que era, mis ojos se posaron en su pecho. Quiero decir, estaba allí, y la parte superior de sus pechos se tensaba fuertemente entre sí por la forma en la que estaba acostada de lado. Reprimí un gemido.
"Pero sobre todo" - continuó - "cuando cierro los ojos veo tus ojos. En colores aún no puedo copiarlos, no importa lo mucho que lo haya probado. Nunca he sido capaz de captarlos-"
Sus ojos de repente se abrieron. Rápidamente levanté mis ojos de nuevo a su cara.
Ella sonrió torcidamente. "Oye, ¿estás echándoles un vistazo?", preguntó con un tono de broma.
Mis ojos se abrieron como platos y sentí mi cara arder.
"Uhm. He estado tratando de no hacerlo, te lo juro. Pero soy un ser humano".
Ella sonrió suavemente. "Está bien. De todos modos, te las iba a dar pronto. Ellas siempre han sido tuyas".
Casi me atraganté con mi saliva.
"¿Así que te gustan?", preguntó con una expresión de esperanza.
"Yo... yo las amo. Quiero decir-"
"¿En serio?", su voz estaba llena de emoción. "¿Qué es lo que más te gusta de ellas?"
Tragué con dificultad. "Todo".
Ella rodó los ojos. "Tienes que darme detalles, Edward. ¿Te gusta la forma, el color, la textura?"
"Te lo juro, no las he tocado".
"Está bien. Las puede tocar. No se rompen", se rió.
"Bella, no puedo. No así".
"Edward, son tuyas. Puedes hacer lo que quieras con ellas".
Parpadeé salvajemente, mis manos temblaban bajo la almohada.
"Son lo que veo cuando te miro a ti".
¿Qué?
Fruncí el ceño. Ella sonrió pacientemente.
"Son tus ojos. En ellas están todos los colores, todas las emociones que yo veo en tus ojos", susurró.
Sus pinturas. Ella hablaba de sus pinturas sobre mis ojos.
"Se hizo duro pintar después de un tiempo, porque yo no te había visto en mucho tiempo. Y mi memoria no era lo suficientemente buena". Cerró los ojos suavemente. "Pero ahora... ahora, cuando cierro los ojos por la noche después de haber pasado tiempo contigo, ellos son tan claros, y casi puedo hacerles justicia". Ella abrió sus grandes ojos marrones otra vez, mirándome a los míos.
"Bella...", le dije con voz temblorosa
Bella apartó las manos de debajo de su almohada y las envolvió en torno a mi cara, sus pulgares me acariciaban suavemente. "Eres tan hermoso, Edward".
Tragué saliva, sosteniendo su mirada. "No Bella. Tú eres hermosa. Tú eres todo lo que yo siempre-"
Ella continuó como si no me hubiera escuchado. "Y no me refiero a sólo físicamente. A pesar de que tendría que estar ciega para no ver cómo de malditamente caliente estás", sonrió torcidamente. Le sonreí con timidez. Su rostro se puso serio, y apartó una de sus manos fuera de mi cara y la dejó caer en mi pecho, dejándola encima de mi corazón.
"Quiero decir en el interior. Eres hermoso por dentro".
Di en un tembloroso suspiro, dejando escapar el aire lentamente. "¿Cómo..." - yo respiraba profundamente - "sabes que soy así en el interior?".
Ella sonrió con ternura. "Lo sé", dijo con seguridad. "Lo veo todo en tus ojos. He estado perdida en ellos desde el primer momento en que miré en ellos".
"Lo mismo", suspiré. "Bella, sueño contigo... todo el tiempo".
"Yo sueño contigo también", murmuró. "Sueño contigo... y conmigo... y con nosotros...". Su rostro enrojeció repentinamente. Ella tragó saliva y sonrió tímidamente.
Nos quedamos allí, mirándonos a los ojos por mucho tiempo. Y luego con su mano todavía en mi cara, Bella acarició con sus dedos mi mejilla, la línea de mi mandíbula, mi nuca, y mi manzana de Adán, que se balanceaba arriba y abajo, nerviosa. Sus ojos seguían los movimientos de sus dedos, suavemente rastreando cada parte de mi cara. Poco a poco, sus dedos se movieron de nuevo hacia arriba, sobre mi mandíbula, una vez más. Ella comenzó a rastrear mis labios con dos dedos, pasando alrededor de ellos. Sus ojos se posaron en mis labios, y se humedeció los suyos con cuidado.
Levanté una mano y mis dedos también comenzaron a hacer círculos a lo largo de sus labios. Cerró los ojos y frunció los labios, besando mis dedos suavemente, y entonces sentí su lengua dulce y tentativamente en contra de mis dedos, y yo estaba seguro de que explotaría ahí.
Yo estaba perdido sin remedio, tan borracho de ella como ella estaba por la bebida que había tomado. Miré sin poder hacer nada entre sus ojos y sus labios.
"Bella, estás borracha", le susurré con voz ronca, tratando hacer entrar en razón a uno de nosotros.
Ella se rió entre dientes una vez, con los ojos todavía cerrados. "Lo sé". De repente sus ojos se abrieron, oscuros, decididos y ardientes.
"¿Lo estoy?"
Tragué. "¿No lo estás?"
Nos miramos el uno al otro, y luego sus ojos se posaron de nuevo en mis labios. Poco a poco, nuestras bocas se acercaron...
Sus ojos se abrieron y ella tiró la cabeza hacia atrás de repente, una mirada de total horror cruzó su cara. Me quedé helado, y antes de que pudiera comenzar a imaginar lo que había pasado por su mente, Bella se cubrió la boca con ambas manos y saltó de la cama, corriendo hacia el cuarto de baño. Lo siguiente que oí fue abrirse el inodoro y luego el sonido inconfundible de alguien vomitando fuertemente en él.
Lancé mi cabeza contra la almohada. "Sí, lo estás".
Me permití un segundo de decepción antes de correr al baño después de ella.
Encontré a Bella de rodillas contra su inodoro, sosteniéndose su cabello con una mano y abrazando la base con la otra, vomitando una y otra vez. Me arrodillé detrás de ella para sujetarle el pelo, pasando la otra mano suavemente por su espalda.
"Está bien", le dije con dulzura. "Te sentirás mejor ahora".
"Oh, Edward", ella gimió miserablemente, antes de echar la cabeza bruscamente hacia adelante, hacia el inodoro, una vez más. Me senté detrás de ella, sintiéndome inútil e incapaz de hacer otra cosa que mantenerle el pelo hacia atrás y frotarle la espalda con dulzura.
"Shh, tíralo todo y te sentirás mejor".
Bella vomitó sobre su inodoro durante quince minutos, y justo cuando empecé a entrar en pánico y a preguntarme si debía llevarla al hospital, se sentó de nuevo en el suelo y apoyó la parte posterior de su cabeza contra mi pecho. Nos sentamos en silencio durante unos minutos para asegurarnos de que ella había sacado todo de su sistema - literalmente - y luego, con movimientos lentos y agotados, Bella se puso de pie y se trasladó al lavabo. Se cepilló los dientes y se lavó la cara. Me quedé con ella para asegurarme de que estaba bien. Cuando terminó, se dio la vuelta y me sonrió débilmente, con los ojos abriéndose y cerrándose por el agotamiento. La recogí y la llevé de vuelta a su cama. Ella estaba muy lejos de quejarse.
Cuando la acosté y me volví para irme, ella abrió los ojos una vez más.
"Edward, quédate conmigo, por favor", suplicó con la voz ronca por los vómitos que acababa de tener.
No había manera de que me pudiera negar, sobre todo cuando era algo que yo anhelaba mucho. Me di vuelta y con cuidado me subí a la cama con ella. Ella me miró en silencio, respirando lenta e regularmente. Y luego, sin decir palabra, ella se dio la vuelta y se acurrucó contra mí. Mis brazos automáticamente se fueron a su alrededor, disfrutando de la sensación de tener a Bella en mis brazos, tan suave y cálida. No, no podía negar mi reacción física a su cercanía. Estaba duro como una roca al segundo en que su parte inferior tocó mi ingle. Sin embargo, fue mucho más que eso. Me sentí feliz. Me sentí en paz. Sabía que no importaba lo que pasara, si el mundo terminara en este momento, iba a morir con mi sueño cumplido.
Bella suspiró profundamente, acurrucándose a sí misma más profundamente en mí. Me apretó a su alrededor. Sus manos se acercaron a las mías y ella entrelazó sus dedos con los míos. Nos quedamos en silencio durante mucho tiempo, y después de unos minutos, yo estaba seguro de que Bella se había quedado dormida. Hundí la cara en su pelo y cerré los ojos, respirando profundamente y oliendo las fresas y el champú, un olor que era único y enteramente a ella.
"He liado las cosas, Edward", murmuró Bella, sorprendiéndome. "Pero yo no lo sabía. Yo no sabía que nos encontraríamos otra vez... y nos...", se fue apagando y se acurrucó más en mí.
La besé en el pelo. "Shh, duérmete. Hablaremos por la mañana".
Ella estuvo en silencio de nuevo por un largo tiempo.
"Voy a arreglarlo todo, Edward. Y entonces tal vez...", se apagó una vez más.
Me preguntaba si ella todavía estaba borracha. Si la luz del día le recordaría las cosas que había dicho en la oscuridad de la noche.
Me preguntaba qué significaría eso.
Yo no le pregunté para que terminara la frase. Ella no lo necesitaba. Yo tenía todas las respuestas que necesitaba en ese momento y allí, con ella entre mis brazos.
Un par de cositas:
-Mañana miercoles subiré el capitulo más pronto de lo normal, unas 3 o 4 horas antes que siempre. Aqui en España hacen maraton de la Saga y mañana me voy a ver Crespuculo y Luna Nueva y el jueves Eclipse y un dia antes del estreno Amanecer :)
-El jueves no habrá actu porque lo más seguro es que no me de tiempo a ponerla antes de ir al cine, pero seguramente os compense subiendo capi el sábado, aunque acordaros que el viernes toca, eh.
Un saludooo ;)
Muchas gracias por comentarme y seguirme en esta historia:
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