Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de pattyrose, yo solo la traduzco.

Canción recomendada por la autora: Your love is a song de Switchfoot

Ainss, os dejo otro capi más, que poquito le queda a esto :(

Capítulo 21-Haz lo que debas

En la luz de la mañana, extendí la mano hacia el espacio junto a mí, esperando que el calor, el tacto de su piel suave bajo mis dedos, enviara miles de pequeñas chispas que fluirían a través de mi cuerpo. Sonreí con anticipación.

En su lugar, me encontré con un espacio vacío. Un fresco colchón rebotó ligeramente en mis manos, haciéndome saber que su ocupante había dejado el espacio hacía más de un rato. Fruncí el ceño y mis ojos se abrieron de golpe, moviéndome alrededor de mi habitación, buscando.

Bella y yo nos habíamos ido a la cama la noche anterior, como habíamos hecho todas las noches durante el último par de semanas. Por lo general, era yo el que tenía que despertarla por las mañanas. Había descubierto que ella tenía un sueño pesado; llegar tarde combinado con estar haciendo el amor durante toda la noche por lo general hacía que durmiera hasta altas horas de la mañana. Yo en cambio por lo general me despertaba muy temprano y con una gran sonrisa en mi cara. Pero entonces la miraba y la sentía junto a mí, su cálido aliento contra mi pecho y su dulce aroma llenaba la habitación entera, y entonces yo cerraba los ojos y me iba la deriva en una nube de felicidad.

Salí de la cama y me dirigí a mi sala de estar. Fuera de la ventana de la sala, el sol se levantaba sobre el estrecho de Puget, un cielo gris que normalmente estaba lleno de puras nubes blancas sobre nubes azules era lo único que se podía ver.

Y allí estaba Bella, sentada en la silla que se había convertido en su favorita en el último par de semanas, frente a la ventana grande y apoyada en su caballete, con el pincel en la mano. Incluso de espaldas a mí, podía sentir su concentración, tan concentrada que ni siquiera me había escuchado acercarme. Envolví mis brazos alrededor de ella por detrás y le besé la parte posterior de su cuello. Por instinto volvió la cabeza y su boca se encontró con la mía.

Después de un par de minutos, me obligué a separar mis labios de los suyos y a resoplar cuando vi en lo que estaba trabajando.

"¿Hay un amanecer raro y claro sobre el estrecho de Puget y esto es lo que eliges para pintar?"

"El sol levantándose sobre el estrecho de Puget palidece en comparación con esto", respondió de manera casual, volviendo a su trabajo. "Además, ya pinté el estrecho la semana pasada, así como las vistas desde tu habitación. Ahora quiero trabajar en esto".

Negué con la cabeza y sonreí, frunciendo las cejas cuando tomé su pintura. "Ésta es un poco diferente de las demás".

"Mmm", respondió vagamente, aplicando una sombra oscura de color azul en el centro del lienzo. "Estoy tratando de averiguar qué color es el correcto... aquí..." - murmuró, perdiéndose en la concentración de nuevo - "pero estoy teniendo un momento difícil para imaginarlo en mi mente..."

Incliné la cabeza hacia un lado y estudié su más reciente obra de arte. En el último par de semanas Bella había hecho un montón de pinturas, pero esta era la primera vez que regresaba a esta colección.

"Es... más oscura que el resto de la colección", señalé curiosamente, viendo como ella utilizaba su pincel para mezclar los colores oscuros de su paleta con los diferentes tonos de verde en su pintura. "¿Representa esto al 'Edward malvado'?", sonreí.

"No", gruñó en voz baja. "Definitivamente no es un Edward malvado". Una sombra profunda de rojo de repente se deslizó hasta su cuello y a lo largo de sus mejillas color crema.

Yo la miraba, pasando los dedos por su pelo largo, un poco enredado y sonriendo más ampliamente al recordar por qué estaba así.

Inclinándome, le susurré al oído. "Te has ruborizado".

Ella sonrió y sus ojos se movieron con timidez hacia abajo a su regazo, antes de regresar a su pintura. Ella no respondió.

Me puse enfrente de ella y bajé hasta sus rodillas. "Bien, ahora tienes que decirme lo que representa. ¿Es esta la forma en la que mis ojos se ven cuando estoy enfadado? ¿Es este el aspecto que tenían un par de semanas atrás, cuando…?"

Ella se rió y dejó sus herramientas, ahuecando mi cara entre sus manos. "No, Edward, no eres tú enfadado". El rubor se intensificó y se mordió el labio, mirándome a los ojos. "Es algo que siempre me había preguntado... pero no lo supe hasta hace un par de semanas", dijo lentamente. Fruncí el ceño. Bella respiró hondo y suspiró, con una sonrisa nerviosa jugando en sus labios. "Eres tú... cuando estás muy... apasionado", susurró.

Tardé dos segundos en darme cuenta de lo que quería decir. Mis ojos se abrieron como platos. "¿Quieres decir que... así es como mis ojos se ven como cuando estoy..."

Ella asintió con la cabeza, con el rostro completamente rojo en este momento. "¿Esto... te molesta que pinte…?"

La alejé de la silla, la sujeté debajo de mí sobre la alfombra cálida y llevé mi boca a la suya. Ella abrió los labios con impaciencia y gimió cuando mi erección mañanera se metió en su calidez, envolviendo sus piernas alrededor de mi cintura para acercarme más. Había sido así durante las últimas dos semanas. Nuestros cuerpos no parecían tener suficiente el uno del otro, como si al haber perdido los últimos seis años de nuestras vidas, ya fuera hora de recuperar el tiempo perdido.

Y os aseguro que no me quejaba.

"Espero que no estés pensando en colgarlo en tu loft", susurré, pasando mi boca por su cuello y por su pecho, dejando besos en todas partes. Su pecho jadeaba pesadamente. Cuando llegué al borde superior de su camiseta, la hice a un lado con mi mentón y saqué sus pechos turgentes. Rápidamente tomé uno en mi boca, dejando a Bella sin aliento. Sus manos se movieron a la parte superior de mi cabeza, donde la acarició y jugó con mi cabello. "O nunca dejarán de burlarse de mí", murmuré contra su pecho.

Ella gimió y se las arregló para reírse débilmente mientras yo pasaba mi lengua en círculos alrededor de su pezón erecto.

"No... ohh... no, te voy a dar a ti el resto de la colección. Son tuyas... oh... Edward", murmuró mientras yo perdía mi boca en su estómago, lamiendo y mordiendo su caja torácica y bajando sus pantalones cortos y sus bragas - "... son tuyas... ohhh..."

"Mmm", le respondí en contra de su ombligo. En el último par de semanas se había convertido en uno de mis lugares favoritos. "Mías. Lo recuerdo".

Ella se rió con voz ronca y esta vez golpeó mi trasero. "Edward, pensaba que nos habíamos puesto de acuerdo en que no me ibas a molestar cuando estuviera en mi área de pintura. Ahora me estás distrayendo a lo grande".

Tiré sus pantalones cortos y su ropa interior por la habitación y nos giré hasta que ella se quedó encima de mí. Ella chilló y se sentó con la espalda recta, sus ojos de color marrón estaban oscuros y humeantes.

"No te voy a distraer", le dije, tratando de sonar convincente mientras yo sostenía su cadera con una mano y bajaba mis bóxers por mis muslos con la otra. "Tú has dicho que estás teniendo dificultades para averiguar qué sombra usar. Voy a ayúdate a recordarlo. Piensa en esto como si yo me estuviera sacrificando por tu arte". La guié por encima de mí.

Ella hizo una pausa justo cuando yo estaba en su entrada, su calor me atormentaba. Gemí y traté de tirar de ella hacia abajo, pero ella se mantuvo firme. Sus ojos oscuros estaban tomándome el pelo.

"¿Así que simplemente te estás sacrificando?"

Sonreí. "Sí. Sí, eso es exactamente lo que estoy haciendo. Yo soy un mártir de tu causa".

Entonces ella se sentó sobre mí. Los dos gemimos en voz alta. Su boca se fue hacia la mía y ella comenzó a moverse lentamente hacia atrás y hacia adelante, torturándome con su ritmo lánguido, mientras que su calor me consumía.

"Ohh, Bella..."

"¿Estás seguro?", ella respiraba contra mi boca. "¿Estás seguro de que es un sacrificio, Edward?". Se incorporó de nuevo, llevándome al borde. Gemí, completamente a su merced, mirándola mientras se humedecía los labios con su lengua mientras sus ojos se abrían y cerraban lánguidamente. Ella se agachó y se quitó la camiseta por completo, estaba totalmente desnuda y sentada sobre mí. Esa vista era algo a lo que nunca me acostumbraría, algo que nunca daría por hecho. Ella era gloriosa. Y yo estaba mucho más allá de las bromas.

"No... hacerte el amor... no tiene comparación, Bella. Jesús, te amo".

"Yo también te amo, Edward", susurró ella con una sonrisa satisfecha de sí misma, teniendo compasión de mí y aumentando el ritmo de su balanceo. Ella aceleró aún más a medida que se acercaba a su orgasmo. Yo levanté las caderas del suelo, empujando fuerte, y ella gritó en voz alta, gimiendo mi nombre una y otra vez. Una vez que estuve seguro de que ella se había corrido, agarré sus caderas con firmeza y sentí mi propia liberación amenazando. Fue entonces cuando ella volvió y tomó mis pelotas en su mano caliente, moviéndolas dentro de su palma, y estuve totalmente perdido. Me puse rígido, gemí y lo solté, mientras que Bella llevaba su boca a la mía y se tragaba todo mis gritos.

"No cierres tus ojos", me ordenó, y obedecí sin reservas. Nos miramos el uno al otro a través de unos ojos muy abiertos mientras me vaciaba en su interior.

Sonreí con aires de suficiencia una vez que me corrí. Bella me besó suavemente en los labios.

"Zafiro azul con un toque de carbón", susurró ella, y me besó una vez más. "Gracias por tu sacrificio".

"No hay de qué", me reí entre dientes sin aliento. "Como he dicho, soy un maldito mártir".

Nos reímos en silencio y nos abrazaron fuertemente sobre la alfombra caliente, viendo como el calor del sol saludaba a un día brillante en Seattle.

Oooooooooo

Tardamos un par de horas más en dejar finalmente mi apartamento. El día se había vuelto más frío y ahora que Bella y yo éramos una pareja oficial, disfrutábamos de largas horas juntos en casa, solos. Pero Bella se merecía algo más que tiempo entre las sábanas. Ella era inteligente, hermosa y mía, y yo la llevaba a dar largos paseos por la costa, a cenar a restaurantes extravagantes, caminábamos junto a Jake. En las noches de micro abierto yo siempre tocaba al menos una canción para ella, y a ella le encantaba. Cada vez ella venía a verme al escenario y echaba los brazos alrededor de mi cuello, besándome con un abandono total. Pasábamos el rato en Nitelock o en Eclipse después del trabajo, jugando al billar con el resto del grupo y bebiendo cervezas hasta las primeras horas de la mañana. Y continuábamos con sus estudios de guitarra, y aunque nunca se lo diría a la cara, mi Bella no estaba inclinada a la música. Lo cual estaba bien, porque después de que ella me diera un par de clases de pintura, yo estaba dispuesto a admitir que no tenía mucha mano de artista.

Hicimos dos viajes más a Forks. Esme prácticamente estalló en lágrimas de alegría justo en frente de nosotros cuando entramos en su casa cogidos de la mano. Sus ojos hicieron un viaje no tan sutil a la mano izquierda de Bella y ella sonrió ampliamente al encontrarla vacía. Charlie... Charlie sonrió y murmuró algo acerca de conocer a su pequeña hija y luego me llevó alrededor de la casa para 'enseñarme' cómo reparar una valla. Yo aprendí con impaciencia. Y a pesar de que físicamente no se veía mucho mejor, había una paz en sus ojos que no vi la primera vez que Bella y yo subimos juntos a Forks. Todos cenamos juntos otra vez y de alguna manera Esme nos dijo que volviéramos a su casa en Acción de gracias en un par de semanas. Incluso invitó a Jasper y a Alice por si querían venir.

Pero nuestro tiempo a solas... nuestro tiempo envueltos unos alrededor del otro... sí, eran sin duda los mejores momentos...

Si el paraíso era un lugar en la Tierra, entonces lo habíamos encontrado juntos en el último par de semanas. Pero el mundo real tenía una forma de ir y nos recordaba que el paraíso no siempre era fácil. A veces realmente tenías que trabajar por ello.

Oooooooooo

Estaba oscuro cuando llegamos a su loft.

"B, cariño, ¿eres tú?", Alice gritó desde la cocina.

"Sí, Al, estoy en casa", respondió Bella, poniendo las llaves en el pequeño cuenco de la mesa del vestíbulo.

"Tu correo está sobre la mesa", le dijo Alice. "Te han enviado dos cupones de Victoria Secrets, así que he cogido uno para mí. Hay un lindo corpiño de encaje de color rosa que queda magnífico con la blusa blanca de georgette que he diseñado y que voy a ponérmela esta noche para ir a Nitelock. ¿Recuerdas que te dije que Jasper tenía algo con el encaje? Me imagino que si juego bien mis cartas va a pasarlo condenadamente mal hasta que lleguemos aquí y podamos-"

"Uh, Alice, yo también estoy aquí", anuncié antes de que pudiera continuar y hacer más bilis a mi garganta.

"¡Hey Edward!", gritó alegremente. "De todos modos, como te iba diciendo, va a pasarlo tan mal-"

Me tapé los oídos con fuerza mientras que Bella ordenaba su correo electrónico. Después de unos segundos, con los ojos todavía en su correo, ella me dio la señal que quería decir que Alice había terminado su discurso.

"Suena como un plan, Al", le dijo Bella con una sonrisa torcida.

"Jesús", murmuré, llegando a estar delante de Bella. "La enana no se contiene, ¿verdad?"

"Hey, no la juzgues", se rió de Bella, mirándome burlonamente mientras revisaba su correo electrónico. "Deberías estar dándole las gracias por un par de esos movimientos que acaba de mencionar. Últimamente tú has estado disfrutando de ellos muy bien".

Levanté las cejas y mis brazos se pusieron alrededor de su cintura. "¿Así que le has estado pidiendo consejos sobre sexo?"

"No" - bufó - "pero ya conoces a Alice. Ella no espera que le pregunte".

Le sonreí y bajé la cabeza hasta la de ella, frotando mi barbilla contra su mejilla. Ella se estremeció en mis brazos. "¿Por qué en vez de decírmelo, me muestras exactamente que movimientos-"

Sentí de repente que se ponía tensa, y cuando alcé los ojos hacia ella estaban muy abiertos y ansiosos, fijos en una hoja de papel en sus manos.

"¿Qué es?". Le pregunté, luchando contra la tentación de mirar hacia abajo y leerlo por mí mismo.

Bella terminó de leer su carta y la cerró. Se mordió los labios y respiró hondo antes de pasar a mirarme a los ojos. Su sonrisa era forzada.

"No es algo que no esperara".

Fue entonces cuando me imaginé qué era. Bella ya había llamado al banco de inversión en el que se suponía que debía haber comenzado a trabajar en un par de meses. Ella le explicó la situación a la asistente del Vicepresidente, que se iba a quedar en Washington y que no tenía planeado regresar a Nueva York. Al principio parecía que le iban a dar un mal rato - como ese gilipollas había prometido- pero al final estuvieron de acuerdo en buscar a alguien sin denunciarle. El hecho era que en el tipo de economía que nos encontrábamos en la actualidad, había un montón de gente que necesitaba para trabajar.

Pero hasta el momento, no habíamos oído hablar de ese gilipollas. Hasta ahora.

Me agaché y envolví cuidadosamente una mano en el documento. "¿Puedo?", le pregunté amablemente.

Sus labios se formaron en una línea apretada. Me miró con inquietud antes de asentir una vez, poco a poco.

Tomé el documento y lo abrí. Mi mandíbula estaba apretada y mi respiración se volvió superficial mientras escaneaba el documento legal frente a mí. Cuando volví a mirar hacia ella mi nariz quemaba.

"¿Ese asqueroso quiere cobrarte intereses?", le pregunté con incredulidad y con los dientes apretados.

Bella apoyó una mano en mi brazo con dulzura. "Edward, era de esperar. Fue un préstamo y-"

"¿A eso le llama un préstamo?"

"¿Qué?"

Tragué una bocanada de aire y lo dejé escapar lentamente. "¿Cuando se ofreció a pagar las facturas de tu padre, alguna vez lo llamó préstamo?"

Ella frunció el ceño. "Él dijo que quería… ayudar. Yo le dije que le pagaría tan pronto como pudiera, pero él siguió insistiendo en que no sería necesario-"

"Pero en realidad nunca lo calificó como un préstamo".

Ella me miró con firmeza. "Edward, independientemente de cómo lo haya llamado, yo le voy a pagar. No quiero que esté por encima de mi cabeza nunca más". Nos miramos duramente el uno al otro durante un tiempo. Finalmente ella suspiró. "Mira, ya está hecho. Está pidiendo pagos mensuales. Voy a hacerlos y-"

"¿Cómo vas a hacer esos pagos, Bella?"

Ella se encogió de hombros. "Voy a ver si puedo estar algunas horas más en Nitelock. Si no puedo encontrar un trabajo de día en un museo o galería de arte, entonces voy a buscar otra cosa. Un restaurante, The Gap, McDonalds, lo que sea".

Le fulminé con la mirada. "¿Te das cuenta de lo ridículo que es esto? Si me dejaras-"

Ella cerró los ojos. "Edward, no".

"¿Por qué no?", escupí. "¿Por qué luchar día y noche, cuando yo tengo los medios para ayudarte a sentarte en un maldito banco?"

No me había dado cuenta de lo fuerte que mi voz sonaba hasta que Alice se asomó a la cocina y me miró con cautela. "Voy a estar en mi habitación", dijo con cautela antes de caminar hacia su habitación y cerrar la puerta detrás de ella.

Cerré los ojos y respiré profundamente, dejándolo salir poco a poco. Cuando los abrí de nuevo, Bella me estaba mirando con frialdad.

"Lo siento, amor. Siento que crees que voy a tratar de hacer lo mismo que él-"

Hubo una nota de frustración en su voz cuando me interrumpió. "Edward, yo nunca pensaría eso, sé que no lo eres. Es total y completamente diferente contigo. Te amo con todo mi corazón y mi alma, y sé que tú también me amas. De verdad, de verdad que lo sé. Pero Edward, tienes que tratar de entender que esto no es sobre ti, es sobre lo que yo tengo que hacer. Yo sé que estás ofreciéndote por amor, no por otra cosa. Pero por eso no puedo, Edward. No quiero manchar lo que tú y yo tenemos. Aprecio y respeto nuestra relación más allá que cualquier otra cosa, más allá del dinero y de las deudas, y... y es por eso que tengo que hacer esto por mi cuenta, incluso si eso significa luchar. Por favor, por favor, trata de entenderme. No quiero que esto se convierta en una fuente constante de conflicto entre nosotros, Edward".

Su voz se quebró al final. La tomé en mis brazos y rápidamente la envolví alrededor de mí y la sujeté con fuerza. Nos quedamos allí por un largo tiempo, simplemente abrazados.

"No me gusta esto", por fin respiré honestidad. "Odio quedarme parado mientras tú tienes que luchar".

"No sólo estás ahí parado", dijo con firmeza, con una nota de frustración todavía en su voz. "Me estás amando. Te lo dije, mientras me ames, podré manejar todo lo demás".

Le besé la parte superior de la cabeza y pasé los dedos por su pelo, no totalmente de acuerdo con que eso era lo único que podía hacer por ella, mi cerebro seguía desesperante buscando otra solución.

Oooooooooo

Yo estaba ansioso y nervioso en el trabajo esa noche. Habíamos dejado el tema después de nuestra semi-pela, pero Bella tenía razón en una cosa. Esto se estaba convirtiendo en una fuente de conflicto para nosotros, la única fuente de conflicto para nosotros, y yo no quería que continuara de esa manera. Pero al mismo tiempo, yo no podía hacer lo que ella pedía. Miré fijamente el cielo nocturno desde la ventana de mi oficina, más allá de la frustración.

¿Cómo podía esperar que me quedara ahí de pie con los brazos cruzados mientras sus deudas la consumían, mientras que yo tenía una cuenta bancaria bien acolchada con más que suficiente para hacer que todo se acabara? Sí, claro, está bien, de alguna manera entendía lo que estaba diciendo. Quería guardar el dinero y las deudas aparte de nuestra relación. ¿Pero una relación real no era estar allí el uno para el otro en todos los sentidos? Conocía a Bella lo suficiente como para saber que si las cosas hubieran sido al revés no dudaría en haberme ayudado.

¿Cómo podía esperar que me sentara y ya está?

Un golpe en la puerta de mi oficina interrumpió mis reflexiones.

"¿Sí?", dije distraído.

"Edward, soy Alec".

"Sí. Adelante", dije enderezándome y girando la silla hacia el frente de nuevo. En el último par de semanas, Alec había asumido cada vez más responsabilidad en Eclipse. Me enteré de que él conocía las hojas de cálculo, cómo manejar las entregas, y cómo llevar a cabo un montón de otras actividades en el club, algo de lo que no me había dado cuenta. Poco a poco se estaba convirtiendo en mi mano derecha, así que le aumenté el sueldo y le hice mi asistente. Desde que tiré a Victoria, había encontrado que los empleados se sentían más relajados, y a su vez, yo había intentado cambiar también. Sí, me sentía frustrado ahora, pero no había ninguna razón para pagarlo con Alec o con el resto del personal.

"¿Qué pasa, Alec?". Le pregunté amablemente, tratando de ponerme a mí y a los problemas de Bella fuera de mi mente por unos minutos.

Alec estaba todavía un poco rígido cerca de mí, y yo no podía culparlo. Había sido un idiota con él desde el primer día. Tardaría un tiempo en respetarme como respetaba a Emmett.

"Quería que supieras que hay una mujer abajo interesada en esas pinturas. Las que hizo tu novia y que colgaste en el vestíbulo. Ella dice que quiere comprarlas si están a la venta".

Tiré la cabeza hacia atrás, era una grata sorpresa. Simplemente las colgué en el club la noche anterior. Acompañé a Alec abajo para reunirme con esa mujer y por supuesto, ella estaba muy interesada. En ellas estaban los paisajes que Bella había pintado del estrecho de Puget desde mi apartamento, y la mujer seguía y seguía sobre cómo ella nunca había visto nada tan hermoso.

Media hora después estaba sentado frente a mi escritorio con un cheque de 1,500 dólares para mi novia artista y prometiéndole a la mujer que le diría cuando Bella estaría dispuesta a vender cualquier otra cosa.

Le sonreí a Alec, que estaba sentado en una silla frente a mí.

"Tu novia es muy talentosa", dijo.

"Lo sé", sonreí ampliamente.

"Este es un pequeño y agradable cheque que ella va a recibir", se rió entre dientes. "Ella probablemente querrá comprarse un par de zapatos buenos o algo como eso, ¿eh?"

Solté un bufido, la sonrisa se cayó de mi cara. Mil quinientos dólares, no estaba mal, pero no pondrían hacer mucho con lo que le debía a ese gilipollas. E incluso si pintaba algo más para la mujer que había comprado las pinturas de esta noche, tendría que pintar un montón más de ellas para pagar sus deudas a ese hijo de puta de Nueva York.

"¿Qué pasa?", Alec me preguntó al ver mi cambio de actitud.

"Mi novia... Bella... ella tiene algunas deudas. Dudo que vaya a utilizar esto para unos zapatos".

"Oh", dijo Alec simplemente. "¿Apuesto a que no te permitirá ayudarla, verdad?"

Fruncí el ceño. "¿Cómo lo sabes?"

"Bueno, ¿conoces a Gianna?". Asentí con la cabeza. Gianna era la última chica que Victoria había contratado, cuando no eligió a Bella para el trabajo. "Bueno, ella es como mi novia. Tiene un préstamo enorme con la universidad, pero se niega a coger un centavo de mí. Al final dejé de insistir, ya que sólo la estaba agobiando. Así que ahora le echo uno de veinte o más en su cartera cada vez que ella no está mirando. Me aseguro de comer lo justo cuando voy a su casa y luego le llevo más alimentos con la excusa de que son para mí". Se encogió de hombros. "Ya sabes, cosas pequeñas que por lo menos me hacen sentir como que estoy haciendo algo".

Me reí porque sabía cómo se sentía.

"El padre de Bella... está realmente enfermo". Me detuve, sorprendido de que me hubiera abierto a Alec acerca de eso. Pero en el último par de semanas también me di cuenta de que además de ser muy inteligente, Alec era un tipo bastante decente. "Problemas de corazón. Él ya no trabaja y ella paga sus gastos médicos, al igual que todos sus otros gastos...", y su deuda con ese gilipollas, pensé, pero no lo dije.

"Wow". Alec asintió lentamente. "Mierda, eso debe ser caro como el infierno".

Asentí con la cabeza y fruncí los labios en respuesta.

Alec frunció el ceño. Él inclinó la cabeza hacia un lado. "¿Has pensado alguna vez en hacer una subasta de arte?"

"¿Una qué?"

"Una subasta de arte", repitió. "Ya sabes, como una manera de recaudar fondos. Se puede dar a conocer que todo lo recaudado se destinará a pagar los gastos médicos de su padre, y reunir un puñado de sus cuadros y venderlos al mejor postor. A esos tipos artistas de por aquí les encantan esas cosas. Vienen en masas. Yo he estado en un par de ellas con Gianna".

"¿Sí?", le pregunté.

"Sí", asintió con un gesto rápido. "Un par de clubes del centro incluso han promovido algunas de ellas". Hizo una pausa."¿Victoria no te lo dijo? ¿No era parte de su trabajo mantenerte al día con las últimas tendencias? "

Le sonreí.

Él soltó un bufido. "Sí, bueno. Victoria no parecer mucho del tipo de personas que aprecien… el arte".

Solté un bufido de nuevo.

"Bueno, cuéntame más acerca de esas subastas de arte..."

Oooooooooo

Más tarde esa noche, o muy temprano la mañana siguiente, le di esa idea a Bella mientras yacíamos en su cama. Su cuerpo estaba acurrucado contra el mío mientras descansábamos después de otra noche de amor.

"Pero, ¿cómo funciona?", me preguntó en voz baja. "¿Tengo que anunciar a toda la ciudad de Seattle que mi padre está enfermo y necesitamos ayuda para pagar sus cuentas médicas? Mi padre está muy orgulloso, Edward. No creo que yo me sintiera cómoda haciendo algo así".

Suspiré, pero yo ya había descubierto que a ella no le gustaría esa idea. "Bueno, ¿qué tal si sólo lo llamamos 'subasta de arte'?, simplemente para mostrar tu trabajo. Nadie tiene que saber nada de Charlie, o de las facturas o las deudas. Sólo será sobre ti y tu obra".

Froté mi nariz por su mejilla, mirando cómo se mordía el labio con ansiedad. "¿Qué pasa si todo el mundo odia mi trabajo?"

Negué con la cabeza contra su cara, mi nariz y mi mandíbula acariciaban su mejilla. Por instinto ella se volvió y acercó su cara a la mía.

"Bella, las cuatro pinturas que has colgado en Nitelock se han vendido en cuarenta y ocho horas. Los dos que colgamos anoche en Eclipse se han vendido en veinte y cuatro. Estoy seguro de que las que vamos a colgar allí mañana van a venderse con la misma rapidez. A la gente le encanta tu trabajo", le aseguré. "Y si cogemos tu colección de 'Ventanas'-"

Ella volvió la cara a un lado para mirarme a los ojos. "No, Edward. Esa colección es tuya. No estará en venta. Nunca".

"Lo sé, amor", le dije con suavidad, apretando mis brazos alrededor de su cintura. Sus manos se encontraron con las mías y entrelazó nuestros dedos. "Yo nunca, nunca, vendería esa colección. Ni por un millón de dólares. Sé cuánto tiempo y esfuerzo has puesto en el ello, y lo adoro".

Ella asintió con la cabeza.

"Yo estaba a punto de sugerir que las colgaras en Eclipse durante un par de semanas. No todas, por supuesto", añadí rápidamente. "La última adición a la colección probablemente debería quedarse en mi casa", le sonreí torcidamente. Ella se ruborizó de nuevo y yo la besé en la mejilla suavemente. "Pero podemos ponerlas para ayudar a anunciar la subasta, para crear interés en tu trabajo. Cualquiera que vea esas, Bella, va a querer ver más de tu trabajo".

"Muy orgulloso de tus ojos, ¿no, Sr. Cullen?", bromeó.

"No, no de mis ojos", le aseguré en voz baja. "Sino por cómo mi novia es capaz de convertirlos en una obra de arte".

Ella sonrió suavemente y volvió a sonrojarse. "¿Así que... si hiciéramos esa subasta... cuando sería?"

Traté de controlar mis emociones. La verdad era que no había estado tan seguro de que ni siquiera considerara la idea.

"Bueno... yo estaba pensando que tal vez el fin de semana de Acción de Gracias. Si no quieres que la gente sepa acerca de Charlie, entonces podemos decir que es una subasta de vacaciones. La gente puede comprar tu trabajo como regalos de navidad para ellos mismos, para amigos y para seres queridos. Va a ser grandioso", respiré con honestidad.

"¿Y sería en Eclipse?"

Asentí con la cabeza. "Alec va a ayudarnos a hacer publicidad. Correrá la voz. Él es quien sugirió colgar tus mejores pinturas, incluso aunque esas en particular no estén a la venta. Harán que la gente se interese aún más. Y se puede anunciar en los periódicos locales".

"Pero vas a perder el negocio de esa noche".

Rodé los ojos. "Emmett y yo estaremos bien si Eclipse no nos da ganancias una noche".

"Una noche de fin de semana", aclaró. Podía sentir su indecisión, su mente acelerada.

"Si consiguiera ganancias, entonces tú tendrías que tener por lo menos un porcentaje…"

"No te atrevas" - le susurré - "a ni siquiera terminar la frase".

Ella bufó, su pecho subía y bajaba sobre nuestras manos entrelazadas. "Pero entonces no sería justo-"

Levanté un codo y le di la vuelta, poniéndola debajo de mí para que pudiera mirarla a los ojos por completo.

"Jesús, Bella. Entiendo que estés preocupada por lo que sucedió, pero las cosas no siempre tienen que ser ojo por ojo. Puedo hacer las cosas por ti, sólo por hacerlas", le susurré con enfado. Sus ojos me provocaron ansiedad. "Te quiero y creo en tu trabajo, y quiero ayudarle. ¿Eso es malo? ¡Las cosas no siempre tienen que ser así, Bella!".

Se mordió el labio y me miró a los ojos.

"Por favor, Bella, permíteme hacer esto. Vamos a hacer esto juntos".

Poco a poco sus manos se acercaron a mí y puso sus brazos alrededor de mi cuello, levantando su espalda de la cama y besándome suavemente. Sus ojos se clavaron en los míos. Ella sonrió suavemente y asintió con la cabeza.

"Yo también te amo. Está bien, vamos a hacer esto juntos".


Por cierto, ya he visto Amanecer dos veces y más que la volvería a ver si pudiera, no me canso, jajaja.

Muchas gracias por comentarme y seguirme en esta historia:

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