Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.

Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)


Some nights, I stay up cashing in my bad luck

Some nights, I call it a draw

Some nights, I wish that my lips could build a castle

Some nights, I wish they'd just fall off

But I still wake up, I still see your ghost

Oh Lord, I'm still not sure what I stand for oh

What do I stand for? What do I stand for?

Most nights, I don't know anymore…

Some Nights—

Fun.


CAPÍTULO CINCO: FANTASMAS

Me quedé esperando por el beso, mis manos cubriendo los delgados músculos de los hombros de Edward, mis labios cosquilleando en anticipación. Edward se aferró a mí, sus manos apretando firmemente mis muslos, cuando una risa ronca y sombría escapó de sus labios. Lentamente, mis parpados se abrieron y levanté la vista para encontrar los ojos de Edward, fríos y duros, mirándome. Una mueca cínica adornando su atractivo rostro.

"¿Es esto lo que quería, señorita Swan? ¿Seducirme? ¿Eso es parte de su plan? Si es así… me subestima… y espero que disfrute la decepción," murmuró, sus manos deslizándose de mi cuerpo cuando se alejó, dejándome lujuriosa. Cruzó los brazos sobre su impresionante pecho, fulminándome con la mirada.

Mi cuerpo se deslizó sin fuerzas por el muro de ladrillo, con mis ojos amplios por la sorpresa devolviéndole la mirada. Mi rostro empezó a arder por la humillación y luego una ira incontrolable. "¡Tú, pendejo!" Grité, arrojando mis manos al aire, empujándolo para seguir caminando por la acera desierta, sintiéndome sucia, barata y usada. Cansada de sus acusaciones infundadas, hice lo que hacía mejor, marcharme.

"Oh, vamos, señorita Swan," se echó a reír con amargura, provocando que me detuviera y me diera vuelta. Estaba justo dónde lo dejé, ahora con sus manos metidas casualmente en sus bolsillos delanteros. "No crea que me pasó desapercibido en el bar que usted y Jacob Black se conocían muy bien. La familia Black ha estado tras los Cullen por años… siempre tratando de tomar lo que no pueden tener. No me sorprende que encontrara a una joven hermosa para infiltrarse. Ha ocurrido antes… salvo que la persona que intentó eso ya no existe. ¿Qué hizo él, le sobornó con dinero? ¿Drogas? ¿Sexo?"

"Usted no sabe nada sobre mí, Edward Cullen," le grité, señalándolo con mi dedo, furiosa por sus insinuaciones. "Pero sepa esto, no soy la persona que parece creer que soy. Mi nombre es Isabella Swan, y ayudé a su hermana esa noche en la tienda porque, a diferencia de usted, soy una buena persona que nunca permitiría intencionalmente que alguien lastimara a una chica inocente. ¡Señor Cullen, es usted un pendejo y lo mejor que puede hacer es mantenerse alejado de mí!" Grité, la última parte con lágrimas, jodidas lágrimas, cayendo por mi rostro.

Dándome la vuelta, caminé con pasos fuertes todo el camino a casa, mirando a la acerca con mi visión borrosa. Él me siguió todo el camino de regreso a mi pequeño departamento, no que alguna vez lo viera o lo escuchara. Simplemente pude sentir físicamente su presencia todo el tiempo que caminé a casa. Nunca me detuvo, mucho menos explicó por qué me seguía para empezar. No me atemorizaba que supiera dónde vivía. Este hombre, temido por otros, no era temido por mí. Solo había un hombre al que temía en esta tierra, un hombre que no debía, no podía encontrarme y no era Edward Cullen. Cuando llegué al edificio, entré y nunca miré atrás.

Después de entrar al departamento, me arrojé en mi cama y grité con violencia en mi gruesa y suave almohada, pateando el colchón con mis pies. Al darme la vuelta, limpié las lágrimas de mi rostro, con la amargura consumiéndome. ¡¿Cómo se atreve?! ¡No me conocía! Arruinó lo que pensé era mi primer beso real y apasionado con un hombre del que me sentía innegablemente atraída. "Y qué dice eso de mí," me pregunté con horror, sintiendo de pronto que mi cuerpo se tornaba frío. ¿Qué dice eso de mí… de mi atracción por este hombre? Cómo podía sentirme atraída por esté cretino arrogante que me arrojó con rudeza contra la pared de ladrillo, tratándome como una puta barata. No me había forzado… y, aunque apenas conocía al hombre, sabía en mi corazón que no era el tipo de persona que forzaría a alguien.

Froté distraídamente mis muñecas al recordar cómo las presionó contra la pared de ladrillo… casi de forma dolorosa… ¡y me gustó! ¿Cómo puede una persona con un pasado como el mío disfrutar a un hombre dominante y controlador presionándola contra la pared como él lo había hecho? "Una persona enferma, ella lo haría," pensé, con nuevas lágrimas formándose en mis ojos mientras miraba al techo. Girándome de costado y aferrándome a una almohada, dominada por el odio a mí misma. Sentí que algo duro picaba mi costado. Sentándome, metí la mano en mi bolsillo y saqué mi móvil. Siempre lo apagaba en el trabajo y normalmente lo volvía a encender cuando empezaba mi caminata a casa. Con toda la conmoción y el estrés de la noche, olvidé encenderlo de nuevo. Después de accionar el diminuto interruptor a un lado del teléfono, se encendió y sonó con mensajes de voz y de texto. Tia había mandado un par de mensajes y Carmen había dejado tres mensajes de voz muy preocupados. "Solo una cosa tengo a mi favor, y es que tengo muy buenas amigas," pensé, con la primera sonrisa real de la noche que cruzó mi rostro. Después de responderles rápidamente con un mensaje que había llegado a casa perfectamente a salvo y que iba a tomarme una siesta, me recosté de nuevo en la cama, el estrés de la noche finalmente haciendo mella en mi cuerpo. Vencida por el agotamiento, me encontré cayendo en un sueño inconstante lleno de memorias pasadas.

Tenía diez años cuando conocí a James Hunter. Mi madre había muerto meses antes, y tras su muerte mi padre se ausentó mentalmente, dejando que viera por mí misma más de lo acostumbrado a medida que caía en una profunda depresión. Mi padre, Charlie, pocas veces dejaba su cama a menos que fuera para presentarse de vez en cuando al trabajo. Las cosas se pusieron realmente mal cuando empecé a irme a la cama hambrienta por falta de comida en la alacena. Jasper comenzó a notar que desaparecía la grasa de bebé de mi cuerpo y me cuestionó sobre la pérdida de peso.

"Es difícil comer cuando no hay comida," me encogí de hombros y vi como su rostro se tornaba rojo por la ira. Esa noche el padre de Jasper, tío Peter, abrió la puerta de nuestra pequeña casa con una patada, con Jasper a su lado. Demandó que empacara mis pertenencias, y lo hice, en silencio y sin hacer preguntas. Con la ayuda de Jasper, metí mis escasas pertenencias en un par de maletas y Jasper se aseguró de agarrar mis libros favoritos del desvencijado estante cerca de mi cama. Jasper me hizo salir de la casa pero no antes de que alcanzara a ver a tío Peter pegándole a mi padre en el rostro, derribándolo al suelo. Mi padre se incorporó, aturdido, y la expresión que me dio antes de que cruzara el umbral fue una de derrota, no de arrepentimiento.

Me mudé con Jasper, tío Peter y tía Charlotte. Mi tía Charlotte era una mujer dulce que me enseñó cómo coser y le encantaba vestirme con femeninos vestidos sin manga con moños en mi cabello. Tío Pete era un poco retorcido, y le encantaba verme disparar un arma usando esos estúpidos vestidos. Jasper y yo pasamos el verano perfeccionando nuestro tiro al blanco. Había estado manejando armas, con tío Peter y Jasper, desde que tenía unos ocho años y era sorprendentemente buena en ello. El rifle que disparaba ahora no era tan poderoso como el que Jasper y yo llevamos de cacería ese fatídico día que quedé inconsciente, pero de todos modos me tomó un tiempo sentirme cómoda disparándolo. Jasper me enseñó a usar las emociones a mi favor al colocarlas en el arma… y en poco tiempo era la mejor tiradora en la familia, incluso mejor que mi tío Peter.

El arco y flecha rudimentarios eran el arma que utilizaba mejor. Había algo en sostener un arma rudimentaria que me hacía sentir grande y poderosa. Yo, la pequeña Bella Swan, me volvía bastante habilidosa con el arco y la flecha, disparándole a pájaros y ardillas mientras jugaban entras las ramas de los pinos, terminando con sus vidas al simplemente tirar de la cuerda. Y aunque el arco y la flecha era el arma que usaba mejor, mi arma favorita era una brillante pistola negra que Jasper me había pasado. El arma era sofisticada, oscura y encajaba perfectamente en mis pequeñas manos. La trataba como a una preciosa gema, limpiándola justo como Jasper me enseñó y durmiendo con ella no lejos de mi cama.

Fue en el patio trasero de tío Peter, donde valientemente terminaba la vida de inocentes criaturas del bosque con mi brillante pistola negra, que conocí a James Hunter.

"¡Bella! Él es James Hunter, un viejo amigo mío," escuché que me dijo Pete. "James, tienes que ver lo que mi sobrina puede hacer con un arma, hombre. Jasper la ha entrenado bien… demasiado bien, supongo. Es la mejor tiradora que he visto," lo escuché murmurar, creando un sentido de orgullo que brotó dentro de mí. Me volví para ver a los hombres acercarse, con mi fiel pistola sujeta con cuidado en mi mano derecha.

Caminando junto a mi tío estaba un hombre de estatura promedio, su cuerpo cubierto de delgados músculos, su largo cabello rubio sujeto en la base de su cuello con una banda elástica. Llevaba puestos unos jeans azules descoloridos y una camiseta blanca. Sus ojos eran azul claro y sin alma. El andar de este hombre era como el de un reptil… de hecho me recordaba a una serpiente mocasín de agua, venenosa y letal. Los ojos del hombre pasaron por mi ridículo vestido amarillo, mi cabello chocolate recogido en coletas a cada lado de mi cabeza, rematando con los dos enormes moños blancos. El hombre estalló en carcajadas, sus ojos mirando a tío Peter de soslayo al mismo tiempo que le daba una sonrisa incrédula.

"Pete, ¿esperas que te crea que esto es el 'tiro seguro' que Jasper ha estado entrenando? ¡Es una niñita! ¡No tiene más de diez años!" Se echó a reír, metiendo la mano en el bolsillo delantero de su camiseta y sacando un paquete de cigarrillos. Al sacar uno del paquete, lo encendió con un encendedor plateado y le dio una larga calada. Se volvió hacia mí, el humo saliendo de sus pulmones haciéndolo parecer un dragón enojado. "Niña, ¿sabes cómo usar esa arma?" Se burló de mí, escupiendo en el suelo.

"Puede que sea una niña, pero soy el mejor tirador por estos lares," dije atrevida, preparando el arma.

"Lo dudo mucho niña. Pete, llámame cuando encuentres una verdadera persona para entrenar, preferiblemente un muchacho. Niñas no, Pete. Las mujeres son para cocinar, limpiar, follar y cuidar de los niños, no para disparar un arma," se echó a reír, con el cigarrillo colgando de sus labios, su risa creando una incontrolable ira que ardía dentro de mí.

Sin vacilar, levanté el arma, sujetándola con las dos manos, apunté hacia el rostro del hombre y disparé, volando el cigarrillo directamente de su boca, dejando solo el filtro colgando de sus labios.

Pete y el hombre se quedaron mudos por el asombro por un momento antes de que Pete estallara en carcajadas, doblándose por la cintura y agarrándose el abdomen. "¿Qué te dije James? ¡La niña tiene talento y bolas también! ¡Una verdadera Swan!" Se rio histérico. James escupió el filtro de su boca, mirándome de una forma tan extraña que me hizo preparar mi arma otra vez.

"¿Qué demonios niña? ¿Y si hubieras fallado? ¡Me habrías volado la puta cabeza!" Gritó, sacando nervioso el paquete de cigarrillos del bolsillo de su pecho.

"Ella nunca falla," tío Peter alardeó, ahora que su risa se había calmado mientras limpiada lágrimas de su rostro.

"Te equivocas, tío Peter," hablé, mi voz infantil resonando en el aire, en el recuerdo, en mi sueño. "Esa es la primera vez que fallo." Le devolví la mirada a James desapasionada, mientras sacaba otro cigarrillo del paquete y lo encendía. Lo hizo con dedos temblorosos. Peter se aclaró la garganta y lo alcancé a ver fulminándome con la mirada antes de disculparse abruptamente con su nuevo asociado. James se fue poco después de eso, lanzándome otra extraña mirada que mantenía la promesa de algo… algo que como niña no reconocí. Después que se fue tío Peter me golpeó con un cinturón, no por dispararle al cigarrillo en la boca del hombre sino por insinuar que tenía la intención de matarlo.

Esa fue la primera vez que vi a James Hunter, pero definitivamente no fue la última.

Desperté jadeando por aire, cubierta de sudor con mi ropa hecha un desastre. Saliendo de la cama, corrí por el departamento apenas logrando llegar a tiempo al baño para expulsar lo poco que quedaba en mi estómago en el inodoro. Mis manos agarraron la fría porcelana mientras daba arcadas en la taza, vomitando con lágrimas cayendo por mi rostro. Después de escupir varias veces y tomar respiraciones profundas y temblorosas, me acurruqué en posición fetal en el piso frío de linóleo.

¡Maldito Edward Cullen! ¡Los sueños no habían vuelto en meses! ¡Mi vida se había vuelto un tanto normal antes de que él se presentara! Levantándome sobre mis dos piernas temblorosas, abrí la llave de la ducha con el agua tan caliente como fuera cómodamente posible, me quité la ropa arrugada y entré en el chorro caliente. Cerrando mis ojos, rogué que el agua caliente borrara los desagradables recuerdos de mi mente. Después de secarme y cambiarme en un par de pantalones de yoga y una camiseta con agujeros, me ocupé en el departamento, limpiando y lavando ropa con ganas. Mi abuela me había enseñado hace mucho tiempo que una persona que se mantiene ocupada pocas veces tiene tiempo para sentarse a sentir lástima de sí misma. Un tiempo después que murió, mi tía Charlotte confesó que mi abuela sufría de ansiedad y que por eso siempre estaba como un torbellino, limpiando, cocinando y cosiendo. Era la forma en la que hacía frente a las dificultades de la vida, como la de criar a dos buenos hijos que resultaron ser todo menos eso.

La distracción funcionó por un tiempo, hasta que todo estaba tan limpio y brillante como podía estar. Estaba en medio de la sala mordiéndome la uña del pulgar hasta que era una protuberancia sangrienta, mis ojos se movieron críticos rápidamente por la habitación. Dejando escapar un suspiro, me acerqué a al refrigerador sacando un tazón de sobras de espagueti que calenté en mi pequeño microondas negro. Cuando terminé, lavé el tazón, apoyándome en la encimera y dejando escapar otro pesado suspiro.

La distracción no estaba funcionando.

Necesitaba hablar con alguien… y que me condenen antes de llama Carmen. No tienen que saber sobre mi 'casi' beso con Edward Cullen. Me tomarían el pelo sin descanso y solo podía imaginar estar en el mismo lugar con esas dos además de Edward. Las cosas serían más incómodas de lo que ya eran, suponiendo que todavía tenía un trabajo en el bar… por lo que sabía, el señor Cullen probablemente me despediría, eso es, si solo confiara en sus propias hipótesis sobre mí.

Podría llamar a Jasper, pero nunca antes había hablado con él sobre un hombre, e imaginaba que la conversación sería un poco incómoda. Cuando me transformé en adolescente, Jasper se volvió aún más protector de lo acostumbrado conmigo, incluso dominante, provocando que me sintiera un poco resentida con él. Eso, hasta que James Hunter hizo lo que hizo conmigo. Fue entonces que aprecié su naturaleza protectora. Pero para entonces era un poco, demasiado tarde. No, no podía llamar a Jasper.

Mis pensamientos viajaron hacia Emmett. Él había sido mi hermanastro por un tiempo, cuando mi padre estuvo casado brevemente con su madre, Sue, unos años después que mi madre murió. Emmett y yo éramos de la misma edad y, a diferencia de la mayoría de los hermanastros, nos llevamos bien al instante. Era un hombre con la apariencia de un oso enorme, y siempre lo había sido, incluso cuando éramos más jóvenes. Desde entonces nuestros padres se habían divorciado, pero nosotros aún éramos muy cercanos. Solo podía tomar a Emmett como tomas la medicina, en pequeñas dosis medidas. No solo era su estatura la que era grande… su personalidad también lo era y completamente abrumadora. No, no podía llamar a Emmett. Si él sabía cómo me había tratado Edward… solo digamos que las cosas no saldrían muy bien. Emmett, como Jasper, tenía una naturaleza muy protectora. Pero, a diferencia de Jasper que era muy calmado, calculando y procesando la información a su alrededor antes de tomar acción. Emmett irrumpía en cualquier situación como si estuviera haciendo una redada. Probablemente se presentaría en el bar disparando en el lugar una vez que supiera cómo me había tratado Edward.

Mi única otra opción era Angela, que después de echarle un vistazo al reloj en la pared, probablemente ya había llegado a casa del trabajo. Dejando la seguridad de mi departamento, crucé el pasillo y toqué suavemente a su puerta. Música suave y amortiguada se escuchaba detrás de la puerta y Eric chilló alegremente. Después de un momento, la puerta se abrió y apareció el rostro feliz de Angela.

"Hola, chica, entra," canturreó, con una sonrisa en su rostro. La sonrisa desapareció cuando vio mi expresión seria. "Oh, no… ¿qué pasa?" Preguntó, con la preocupación arrugando su frente.

Pasé junto a ella y me fui directamente a la mesa de la cocina donde Eric estaba sentado en su silla alta frotando alegremente puré de patata dulce en todo su rostro. Solté una risita, acariciando la parte superior de su cabeza con afecto mientras me sonreía, soplando burbujas con sabor a patata dulce de su boca que salté para esquivar. Agarrando una silla de la mesa, me senté lo bastante lejos de él para no ser rociada por el asqueroso pegote anaranjado.

"¿Qué pasa, chica?" Angela preguntó, limpiando el rostro y las manos de Eric con una toalla para manos húmeda. La arrojó en la mesa y Eric en seguida volvió a meter sus manos en el tazón y de nuevo embarró la mugre anaranjada en su rostro, riéndose sin parar. Angie soltó un suspiro, sacudió su cabeza y rodó los ojos.

"Conocí a Edward Cullen… y está… comprando el bar donde trabajo… y es posible que nos hayamos besado, pero supongo que técnicamente no nos besamos porque no hubo un verdadero beso involucrado… solo mucho de restregarse y chupar lóbulos…" Balbuceé rápidamente, y mi cuerpo empezó a arder ahí abajo, recordándome la forma en que la polla dura de Edward se había restregado contra mí y su boca caliente chupó mi lóbulo. La boca de Angie se abrió cómicamente por el shock, como uno de esos personajes de caricatura que veía de niña las mañanas de domingo.

"Uh, muy bien, tal vez tengas que empezar desde el principio," dijo, interrumpiendo mis balbuceos incoherentes.

Asintiendo de acuerdo hice lo que me pidió, viendo cómo sus ojos se abrían cada vez más conforme progresaba mi historia desde que entré al trabajo, luego cuando me desmayé, y al terminar presionada con rudeza contra la pared de ladrillo, toda excitada. Mi rostro estaba de un vivo color rojo a medida que terminaba de contarle mi historia.

Su boca se abrió y cerró un par de veces, como la de un pez jadeando por aire, antes de que finalmente soltara, "¡Eso fue muy… ardiente!"

Cubriendo mi rostro con mis manos, gemí, "¡No, Angie! ¡No es ardiente! ¡Soy una persona enferma!" Me levanté de la silla, provocando que Angie se sobresaltara por la sorpresa. "¡Me gustó, Angie! ¡Te conté sobre James… sobre lo que me hizo! ¿Qué tipo de persona enferma pasaría por algo así y luego disfrutaría de ser atacada en la calle?" Pregunté, nuevamente dejándome caer en la silla. Inclinándome, sostuve mi rostro entre mis manos, tratando con todas mis fuerzas de no llorar.

"Bella," Angie habló bajito, palmeando mi espalda. La miré, mis ojos ardiendo pero sin lágrimas… no me quedaban lágrimas. Ya las había agotado todas. Angie me dio una sonrisa suave y comprensiva.

"Voy a decirte algo, Bella, y quiero que escuches con atención," empezó a decir, retirando su mano de mi espalda y volviendo a subir sus gafas en su nariz. "Sabes que trabajo en una casa de asistencia… algunas de estas personas, pasaron por cosas horribles en sus vidas. Hay una mujer… con la que su padre y su tío tomaron turnos cuando era solo una niña. Tiene flashbacks de esas noches y habla de ello todos los días… grita por las noches, pensando que su padre y su tío están en su habitación para tomar turnos con ella. Es horrible. Y ella es completamente hipersexual. Un tipo nuevo, un empleado de limpieza, entró a su habitación a limpiar… la mujer le gritó que se metiera en su cama y tuviera sexo con ella. Incluso lo agarró y trató de meterlo en la cama. Lo asustó tanto que renunció en ese momento y se fue."

"Además cuido de otra mujer," dijo Angie, recargándose en su silla, con la mirada perdida en dirección a mi hombro. "Con ella es lo opuesto. Una noche dejaba su trabajo cuando un hombre la atacó y la violó cuando abría su coche. Ella le tiene terror a los hombres, incluso a los pacientes hombres. Se queda en su habitación aislada del mundo exterior. Se hace un ovillo en su cama llorando la mayor parte del tiempo. Eso ocurrió cuando ella tenía veintiséis años… ahora tiene setenta y todavía consume cada día de su vida."

"Y por último," me dijo, todavía mirando a la nada, perdida en sus pensamientos, "Cuido de una mujer bajita… incluso más bajita que tú. Ella estaba en la universidad cuando ocurrió el ataque. Un grupo de chicos de fraternidad borrachos la violaron una noche cuando regresaba a su dormitorio de la biblioteca. Nunca lo habría sabido si ella no me lo hubiese explicado. Estaba viendo un programa de televisión y el episodio tenía el mismo escenario, ¿y sabes lo que dijo?" Me preguntó, y sacudí mi cabeza solemnemente. "Dijo, 'Angie, eso le puede ocurrir a cualquiera, pero no puedes permitir que tu pasado dicte tu futuro.' Ella es la persona más fuerte que conozco, además de ti, claro. Ella se graduó de la universidad, se casó con el amor de su vida y tuvo cinco niños."

"Angie, entiendo lo que tratas de decir… pero eso aún no explica por qué disfruté la forma en que me trató Edward," susurré, abrumada por la compasión hacia los pacientes de los que Angie cuidaba.

"El punto es, mi querida amiga," respondió Angie, arqueándome una ceja. "Que estás permitiendo que tu pasado dicte tu futuro. Solo piensas que estás enferma por lo que James te hizo. Si ese incidente no hubiese tenido lugar, no estarías dudando de ti ahora. No tienes por qué martirizarte por encontrar atractivo a un hombre dominante y agresivo. No hay nada anormal en recibir nalgadas, que tiren de tu cabello o incluso que te abofeteen un poco. Cualquiera que te diga lo contrario es una persona prejuiciosa y crítica, y no tomaría un consejo de nadie así."

"Entonces… ¿no crees que haya algo malo conmigo?" Pregunté dudosa, un poco sorprendida de que la callada y pequeña Angie básicamente admitió que el sexo salvaje es completamente normal.

"No, Bella," suspiró, levantándose para limpiar a Eric otra vez. "No creo que haya nada malo contigo. Si me dijeras que disfrutaste que te diera una paliza o que querías que simulara una violación… entonces estaría preocupada. No hay nada de malo con disfrutar del sexo salvaje… e incluso entiendo tu atracción por un cretino como Edward. Creo que todas las mujeres en algún momento de sus vidas se encontraron atraídas por… un chico malo, por no decir otra cosa. Sé que yo sí." Murmuró la última oración mientras miraba a su hijo ya limpio cuando él le sonrió con picardía, provocando que una sonrisa triste cruzara por su rostro. A menudo me preguntaba sobre el padre de Eric… pero Angie nunca lo ha mencionado y parecía ser un tema cerrado.

"¿Sabes?" Reflexionó, interrumpiendo mis pensamientos sobre el padre de Eric. "No me malinterpretes… pero, ¿en realidad puedes culpar a Edward por lo que dijo? Estoy de tu lado sin importar qué, chica… pero puedes imaginar estar en su posición. Sabes que es difícil para él conocer a alguien… enamorarse… cuando tienes que cuestionarte constantemente si realmente están ahí por ti y no por el dinero, la notoriedad o por los locos planes de otra persona. Siento algo de lástima por Edward Cullen… no me sorprende que sea todo un pendejo."

Angie tenía razón… en cierto grado. Era posible que al señor Cullen sí le fuera difícil confiar en la gente, pero aun así no tenía derecho a lanzar acusaciones contra mí, expresando falsas suposiciones. Después de hablar con Angie, me sentí mejor por el placer que sentí cuando estuve presionada contra el duro muro de ladrillo. Solo pensar en sus labios en mi cuello envió oleadas de deseo por todo mi cuerpo y tuve que excusarme del departamento de Angie, dejando mi amiga desconcertada, para poder tomar otra ducha… esta vez fue una ducha fría.

Mientras me vestía para el trabajo esa noche, me quedé mirando a mis profundos ojos castaños en mi espejo, casi sin reconocer a la chica que estaba frente a mí. Su boca extendida en una fina línea, con la barbilla ligeramente elevada. La determinación dominaba su rostro al aplicar lápiz labial de un color pálido en sus rosados labios. No soy una persona débil y ningún hombre, sin importar quién sea, me va a hacer sentir débil otra vez. A él le gustó lo que ocurrió entre nosotros… sentí lo mucho que le gustó contra mi pierna… pero fue solo la reacción de su cuerpo… un cuerpo que se sintió como una bomba esperando explotar. "Tal vez explote," pensé, provocando que la chica en el espejo se riera secamente.

"Si quiere guerra, guerra tendrá. Espero que sepa que está jugando con fuego, y está a punto de quemarse."

Le susurré a mi reflejo… y por la expresión en su rostro, estaba de acuerdo. Colocando una vez más el lápiz labial en la cómoda, dejé el departamento, con mi cabeza en alto, lista para atrapar cualquier curva que el señor Cullen tuviera lista para lanzarme.


Que se prepare el señor Cullen jajajaja porque Bella va que echa chispas. Pues creo que ahora queda más claro la naturaleza de los temas delicados que trata este fic. Considérense advertidas. No hay nada gráfico, pero como ya vieron es parte importante de la trama. Pero sí que enseña la fortaleza de Bella, que está dispuesta a seguir el consejo de Angela y no permitir que su pasado dicte su futuro. Vamos a ver que parte tiene Edward en ese futuro :) Espero que hayan disfrutado del capítulo y como siempre, estaré esperando ansiosa por sus reviews para saber qué les pareció y su opinión de lo que han leído hasta ahora. Recuerden que con ellos marcan el ritmo de actualización de la historia ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: kaja0507, Antonia, miop, Dess Cullen, AnnieOR, freedom2604, alejandra1987, choiamberc, andreasotoseneca, olgagomezgonzalez, LaPekee Cullen, Sheei Luquee, Cullenland, dushakis, Vrigny, JessMel, AlexCipagauta, Cary, Karina, bbluelilas, PRISOL, Gabriela Cullen, Iza, Lizdayanna, alimago, lauritacullenswan, Yoliki, Tata XOXO, jupy, lagie, ELIZABETH, Emma Cullen, Ali-Lu Kuran Hale, carolaap, BereB, MariePrewettMellark, Kriss21, glow0718, Maryluna, Tecupi, torrespera172, Danny CullenMa, Silas Whitlock, Klara Anastacia Cullen, SharOn, Melany, Say's, maries24, J, Mafer, angryc, rjnavajas, Vanina Iliana, saraipineda44, paupau1, Manligrez, EriCastelo, DenniChavez, Fallen Dark Angel 07, Karlita Carrillo, Jimena G, injoa, Pili, anmaray, Lady Grigori, patymdn, Sully YM, Liz Vidal, Yendry Villachica, aliceforever85, Brenda Cullenn, Aurora, isabelmoon, tulgarita, Pam Malfoy Black, andyG, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, ¿cuándo? DEPENDE DE USTEDES.