Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.

Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)


CAPÍTULO 6: DEDOS DE WHISKY

Cargada con una renovada determinación, prácticamente entré saltando a McMillan's sonriéndole a Tia y a Carmen que intercambiaron miradas preocupadas entre ellas. Encogiéndome de hombros, pasé la barra y fiché mi tarjeta, ignorando rotundamente la puerta cerrada de la oficina de Patrick, tratando de no permitir que mi mente se preguntara quién podría estar detrás de esa puerta de oficina. Uniéndome a Tia y Carmen, estaba un poco sorprendida de ver todavía ahí a los bármanes del turno de día relajándose en el bar, habiendo ya fichado su salida y bebiendo. Normalmente estarían recogiendo sus pertenecías listos para irse, cansados de quedarse en el bar todo el día.

"Oye, ¿qué pasó anoche?" Carmen preguntó, con sus cejas fruncidas y sacando su labio inferior. Tia estaba a su lado observándome con desaprobación.

"Uh, creo que solo fueron los nervios por eso de 'la venta del bar', además estaba apurada y anoche no cené," expliqué encogiéndome de hombros. "Pero ya estoy bien." Oye, no era exactamente una mentira… solo decidí dejar a Edward fuera del escenario. No había necesidad de que Tia y Carmen se enteraran que me desmayé por un hombre. Nunca me dejarían olvidarlo.

"Bueno, espero que hayas comido hoy," dijo Carmen, su delgado rostro retorciéndose en una sonrisa de suficiencia. "Estaba empezando a pensar que solo hiciste eso para que el señor Cullen te atrapara en sus brazos."

"¡No, eso es algo que tú harías, zorra!" Tia regañó a Carmen mientras mezclaba una bebida para un cliente. Mi rostro empezó a sentirse caliente, y sabía que un sonrojo cubría mis mejillas.

"¡Oh, señor Cullen!" Carmen gritó, pretendiendo desfallecer, presionando el dorso de su mano contra su frente, revoloteando sus párpados. "¡Por favor, sálveme, señor Cullen!" Canturreó con un falso acento sureño, en un intento fallido de disimular el norteño. Se balanceó sobre sus pies por un momento antes de caer contra la barra en un ataque de risitas.

"¡No me escucho así!" Siseé, golpeando a Carmen con una toalla para manos, alcanzando a ver a Jessica Stanley viéndonos desde donde estaba en la barra.

Jessica era una de los bármanes de día que nosotras relevábamos de noche. Tenía la parte de enfrente de su maltratado cabello rubio recogido con un enorme pasador rosado que desentonaba horriblemente con la requerida camiseta color verde trébol que traía puesta y su rostro estaba cubierto por un grueso maquillaje llamativo. Estaba sorbiendo un cóctel con una pajilla, en un intento de parecer seductora para cualquier hombre en las proximidades. Tia la miraba ceñuda…

"Oye, ¿por qué están ellos todavía aquí?" Le susurré a T, asintiendo en dirección a Jessica y los otros dos bármanes, Lauren y Tyler. Lauren lanzó su cabello largo como la seda de maíz sobre uno de sus hombros y prácticamente estaba manoseando a Tyler quien se veía particularmente desinteresado mientras revisaba su teléfono.

"Patrick les dijo que se quedaran… tiene un anuncio que hacer. Probablemente va a decir 'Oh… uh… hey… ummm…" Por unos cinco minutos y luego nos despedirá a todos," Tia respondió, encogiéndose de hombros.

"Desearía que se apresurara," Jessica dijo con un puchero, batiendo sus largas pestañas falsas. "Tengo una cita esta noche y no quiero dejarlo esperando," dijo con una risita.

"Por supuesto que no, cariño. Ahora deja de chupar esa pajilla o vas a estar exhausta esta noche. Ese tipo botará tu trasero si tu boca no funciona," Tia dijo con sarcasmo, provocando que Jessica retirara su boca de inmediato de la pajilla, mirándola preocupada.

Carmen y yo intentamos, sin éxito, de cubrir nuestras risitas. No era un secreto que Tia odiaba a Jessica y sus costumbres de putilla. Laurent juró y perjuró que una vez hasta intentó ligarlo, incluso arrojándose físicamente a él en un torpe intento de frotar sus tetas falsas sobre él. Cómo fue que esa chica no se dio cuenta que era gay, no lo puedo entender.

El inconfundible sonido de Patrick aclarándose la garganta me sacó de mi ensoñación, y me volví para verlo acercarse. Su rostro estaba en su acostumbrado estado de preocupación e inquietud. Su rebelde cabello rizado todo desordenado mientras se paraba nervioso junto a la barra, con sus manos llenas de papeles. El bolsillo de su camisa tenía unas diez plumas y obviamente una no tenía su tapa ya que una enorme mancha negra se había formado debajo del bolsillo. Patrick preguntó en voz baja por mi salud y le respondí, con el rostro rojo porque Jessica me miraba, que me sentía mucho mejor. Él asintió y luego se volvió hacia mis compañeros de trabajo.

"Uh… ugh… hum… muy bien chicos, yo…uh…les pedí que estuvieran aquí para una pequeña reunión," empezó a decir, cambiando su peso con ansiedad de un pie al otro al mismo tiempo que sus ojos se desplazaban brevemente por todos nosotros. "Estoy seguro que todos han escuchado que la salud de mi padre continúa deteriorándose y mis padres creen que es lo mejor para la familia vender el bar. Hemos estado buscando un comprador… y encontramos uno. El bar pronto pertenecerá al señor Edward Cullen… Sé que algunos de ustedes les preocupa que su empleo en McMillan's pueda quedar terminado, sin embargo, el señor Cullen me expresó que esa no es su intención. Me aseguró que pondría todo su esfuerzo en mantener a tantos de los empleados actuales como sea posible. Estoy seguro que todos se estarán preguntando cuáles son sus planes para el bar, y todo lo que puedo decir es que honestamente no lo sé. El señor Cullen planea venir esta noche a ver trabajar al personal… él tiene una vasta experiencia en el negocio de los bares y siente que si monitorea su rendimiento en el trabajo le ayudará a determinar de forma precisa por qué está fracasando el bar…"

Tia de repente lo interrumpió, con una mano en el aire y su rostro con el ceño fruncido por la ira. "¡Espera! ¡Nuestro rendimiento no tiene nada que ver con el fracaso de este bar! ¡Este bar está fracasando porque no tenemos dinero para comprar el licor que necesitamos… o los suministros de limpieza! ¡Este lugar está sucio y asqueroso pero no tiene nada que ver con nuestro rendimiento en el trabajo!"

Patrick abrió la boca para responder, pero esta vez fue Carmen quien lo interrumpió. "Patrick, sin ofender, pero Tia tiene razón. Comprendemos que el señor McMillan está enfermo y que ustedes están gastando todo lo que pueden en darle el cuidado adecuado que él necesita, pero un negocio necesita dinero para ganar dinero… ¡no tiene nada que ver con nosotros!"

"Además, sacas a Bella de la barra para destapar inodoros cuando se tapan, la haces servir mesas cuando nos falta personal y eso deja la barra corta de personal. Demonios, me sorprende que no la tengas fregando los pisos con un cepillo de dientes," Tia habló con voz enojada. Patrick abrió su boca, otra vez para hablar, pero una vez más fue interrumpido por T que se veía lista para explotar. "¡Además, tienes a estas… mujerzuelas… trabajando durante el día cuando no pueden mezclar una bebida correctamente para salvar su vida! ¡Me pregunto con quién demonios durmieron para conseguir su licencia de barman!"

Lauren se ve totalmente ofendida mientras que Jessica se ve algo pensativa, mirando al espacio, girando un mechón de largo cabello rubio en uno de sus dedos y chupando una vez más de su pajilla. Tyler trató de cubrir su sonrisa al colocar su bebida en sus labios, pero seguía ahí.

"Um, sí, un, no puedo negar que no sé cómo manejar un bar," admitió Patrick, pasando las manos por sus rizos. "Acepto toda la responsabilidad por lo que ha ocurrido aquí y siento mucho que estemos en esta situación. Esto también es difícil para mí, chicos. Este bar ha estado en la familia por años…" Los ojos de Patrick se pusieron húmedos y estiré mi mano palmeando su brazo en compasión. Se sorbió la nariz un par de veces antes de disculparse en voz baja.

El ambiente normalmente feliz y juguetón del bar se transformó a uno con un matiz triste y sombrío. Jessica, Tyler, Lauren y el resto de los empleados de día se fueron, con Lauren lanzándole una última mirada furiosa a Tia. Ella le sonrió con dulzura, mostrándole el dedo medio y provocando que Lauren entrecerrara sus ojos en pequeñas rendijas de odio, la brillante sombra de ojos dorada que llevaba puesta deslumbrando bajo la luz del bar. Empujó las puertas con todas sus fuerzas para abrirlas, y luego desapareció entre la multitud de personas festejando en Beale. Todas trabajamos en silencio despachando pedidos de comida y bebidas, cada una de nosotras perdida en sus pensamientos de lo que deparaba el futuro… un futuro en manos de Edward Cullen.

Las manecillas del viejo reloj de madera sobre las puertas se movían imposiblemente lento a medida que el bar empezaba a llenarse de clientes. Empecé a sentir esa opresión familiar en mi garganta cuando estaba nerviosa por algo… y después de lo que ocurrió anoche estaba extremadamente nerviosa por ver nuevamente a Edward Cullen. Este hombre hacía que me cuestionara todo lo que pensé sabía de mí misma. Había sido rudo conmigo y yo le había respondido igual… pero él no solo era un pendejo que me encabronaba. Era mi futuro nuevo jefe, y decir que estaba preocupada sobre la posibilidad de encontrarme desempleada era quedarse corto.

Tia y Carmen continuaron trabajando en silencio, también con la preocupación clara en sus rostros. Supongo que todos teníamos nuestras razones para estar preocupados. La hermana de Carmen era una adicta a la heroína en recuperación, y el poco dinero que le queda después de pagar las cuentas lo gastaba en su hermana, que entraba y salía a menudo de rehabilitación. La madre de Tia sufrió lesiones mientras trabajaba en una fábrica de muebles, dejándola incapacitada y dependiente de Tia, con quien se había mudado después de soportar múltiples cirugías en la espalda. Su pensión por discapacidad era prácticamente inexistente y el dinero de Tia era para las facturas del médico y para pagar los medicamentos de su madre.

Waylon y Diego llegaron finalmente al bar, sentándose en los bancos frente a nosotras, con sonrisas descaradas en sus rostros. Diego apestaba a colonia barata y Waylon, como siempre, llevaba puesta su chaqueta camuflada aunque todavía estaba relativamente caliente afuera. Waylon no se veía tan ebrio como solía estarlo cuando llegaba al bar y eso me alegró mucho en mi interior.

"¿Qué pasa con el…? ¿Cuál es la palabra?" Diego murmuró con su marcado acento español al mismo tiempo que se frotaba el bigote pensativo. "¡Ah! ¡El ambiente! ¡Esa es la palabra! ¡El ambiente del bar, no es el correcto!"

Tia y Carmen se encogieron de hombros con amargura por su pregunta, pero una pequeña sonrisa se apoderó lentamente de mi rostro cuando una idea cruzó por mi mente. Tan clandestinamente como pude, me acerqué lentamente al reproductor y enchufé mi teléfono justo cuando la última canción terminó. Sabía precisamente qué hacer para mejorar el ambiente en este lugar y ayudarnos a dejar de pensar en Edward Cullen. Desplazándome por mi lista, elegí la canción que quería, y una furtiva risita escapó de mi boca cuando regresé a mi estación. Diego se me quedó mirando con curiosidad cuando le di un guiño malvado.

"Well, it was all that I could do to keep from crying," se escuchó por los altavoces.

"A la mierda con mi vida," murmuró Tia, volviéndose hacia mí con una mueca asesina. Carmen empezó a reír y yo le sonreí con dulzura a Tia.

"Sometimes it seems so useless to remain, but you don't have to call me darlin', you, neverrrr even called me by myyyy nammmme," Carmen cantó, juntando sus manos y balanceándose de un lado al otro. Estiró su brazo y lo arrojó sobre mis hombros y yo hice lo mismo mientras continuábamos cantando la ridícula canción country. Waylon y Diego se rieron a carcajadas mientras Tia nos miraba enojada.

"¡Juro por todo lo sagrado que les cortaré la garganta si no terminan ahora con esa mierda!" dijo furiosa, agarrando una botella de Jack del estante, sin quitar sus airados ojos de los nuestros. Simplemente nos reímos en respuesta.

"¡Vamos, T! ¡Sé que te sabes la letra! ¡Cántala con nosotros!" Carmen le suplicó agarrando la manga de su camiseta. Tia se zafó rápidamente.

"Por supuesto que me sé la maldita letra. ¡Bella solo toca esta mierda todos los días!"

"¡No es cierto!" Alegué, con una sonrisa de suficiencia. "Solo cuando es el día de mi lista de canciones."

"Mi negritud no me permite cantar esta canción. Waylon, ¿si consigo un arma podrías, por favor, dispararme ahora?" Le preguntó con seriedad, inclinándose sobre la barra y mirándolo a los ojos. Las cejas de él se dispararon hacia arriba por la sorpresa y Diego estalló en carcajadas, balanceándose ebrio sobre el banco del bar.

"¡Cierra la boca!" Siseó Carmen. "¡Esta es mi parte favorita!" A estas alturas todos en el bar nos estaban animando, coreando para que cantáramos. Carmen me arrastró hacia el otro lado de la barra mientras protestaba, sacó una silla de una mesa vacía y se subió de un salto en ella, su menudo cuerpo tambaleándose ligeramente al enderezarse.

"Well I was drunk the day mi ma got out of prison. And I went to pick her up in the rainnnn. But beforrree I could get to the station in the pickupppp truck, she got ranned over by a damnnnned old trainnnn!" Cantó, balanceándose hacia adelante y hacia atrás en la inestable silla. El bar estalló en gritos y risas cuando ella se rio un poco y se cayó de la silla, aterrizando en mis expectantes brazos.

Desafortunadamente, la fuerza de la caída provocó que ambas cayéramos al suelo entre risitas mientras los clientes continuaban cantando el coro, riendo y gritando. Y entonces, de pronto, la música se detuvo abruptamente, y todos en el bar siguieron cantando por un momento hasta que sus voces se apagaron incómodamente. Carmen y yo nos pusimos de pie, sacudiendo nuestra ropa, confundidas por el final de nuestro concierto improvisado… eso es, hasta que miré en dirección al reproductor. Porque parado ahí con una mueca funesta, estaba ni más ni menos que Edward Cullen.

Estaba ahí con una mano aún en el reproductor, su expresión sombría y su cabello bronce un sexy desorden. La suave camiseta gris se pegaba a su cuerpo, sus músculos ondulándose por debajo cuando bajó su brazo del reproductor. Los jeans oscuros que embellecían sus perfectas piernas colgaban de la parte baja de sus caderas, y requirió de cada pizca de fortaleza en mi cuerpo obligar a mis ojos a no quedarse ahí.

Carmen y yo intercambiamos miradas preocupadas antes de movernos rápidamente detrás de la barra, yo quedándome atrás con un ritmo más lento. Ella agachó su cabeza avergonzada, ocultándose detrás de su cabello mientras empezaba a limpiar la barra con un trapo húmedo. Edward siguió parado ahí fulminándome con la mirada mientras les ofrecía a mis clientes volver a llenar su bebida. Diego y Waylon se quedaron mirando a Edward con cautela mientras él seguía observándome con ojo crítico. Lo ignoré abiertamente, un poco avergonzada de que nos atrapara a Carmen y a mí actuando como un par de ebrias chicas de fraternidad. El bar estaba en silencio aparte de la suave charla y las ocasionales carcajadas de los clientes.

Mi cuerpo comenzó a zumbar cuando me incliné sobre la barra, dándole a Diego su cambio. Él estaba cerca… podía sentirlo… ¿por qué mi cuerpo reaccionaba de esa forma a él?, nunca lo sabría. Era como si se produjera una reacción química en mi cuerpo cada vez que estuviese cerca, alertándome de su presencia, casi como si él fuera el predador y yo la presa. Diego me agradeció por mi servicio, lanzando una mirada molesta por encima de mi hombro, y salió del bar, dándole al guardaespaldas en la puerta una mirada inquisidora.

"Señorita Swan," escuché su voz ronronear sobre mi hombro, provocando de inmediato que mis pezones se endurecieran y mis muslos se apretaran en respuesta. En silencio, maldije a mi traicionero cuerpo, agradecida de estar usando un sujetador con relleno que con suerte cubriría mis pezones excitados. Volviéndome titubeante, mi mente pidió repetidamente fortaleza… no demostrar debilidad… esa había sido mi intención desde el principio, a sabiendas que sin duda vería este hombre de nuevo.

Sin embargo, era casi imposible mantenerse fuerte al estar de pie junto a este hombre. Miré esos ojos malvados mientras recorrían mi rostro. El aroma de este hombre… mierda… alguien debería embotellarlo y venderlo. Harían una fortuna. Lamió sus labios al mirarme… esos rosados y perfectos labios.

"¿Es esto suyo, señorita Swan?" Preguntó, sosteniendo mi teléfono. Asintiendo, iba a agarrarlo pero fue demasiado rápido alejándolo de mi alcance y sosteniéndolo en provocación, con una sonrisa taimada en su rostro.

"Interesante lista de canciones, señorita Swan… vieja música country, hip hop de la vieja escuela, rock, blues. Sin duda tiene un gusto ecléctico en música," reflexionó, desplazándose por mi teléfono con su perfecto pulgar. Gruñendo, volví a tratar de agarrar mi teléfono, mis dedos rozando contra los suyos, enviando ondas de choque por mi cuerpo. Él se sobresaltó un poco al sentir el contacto de mis dedos, casi como si él también lo hubiese sentido y fácilmente soltó el teléfono. Se quedó mirando su mano y luego mis cautelosos ojos.

"Supongo que todos tienen gustos diferentes en música," dijo pensativo, esos ojos penetrando en los míos. "Voy a verlas trabajar esta noche," dijo, con un tono de voz un poco más alto, mirando a Tia y Carmen que asintieron con cautela. "No solo me quedaré parado detrás de la barra observándolas. Las ayudaré tanto como pueda." Eso me sorprendió… Edward Cullen no me parecía del tipo de persona que te echara una mano cuando se necesitaba… Patrick nunca lo hizo.

Le di la espalda, tomando respiraciones profundas e irregulares, pero podía sentir su cuerpo rozando muy ligeramente el mío cuando se acercó y me susurró al oído, "Trate de concentrarse, señorita Swan… no necesito una empleada que no puede concentrarse apropiadamente."

"Está amenazando con despedirme, señor Cullen?" Siseé, mi cuerpo consumido por la ira. Su única respuesta fue una sonrisa venenosa. Mis ojos se entrecerraron cuando se alejó, y giré mi cabeza sigilosamente, viéndolo en mi visión periférica mientras se acercaba al reproductor. Sacó un brillante objeto negro de su bolsillo antes de colocarlo en el reproductor. Sintiendo mis ojos sobre él, miró velozmente hacia atrás hacia mí, atrapándome mirándolo. Sentí que mi rostro se sonrojaba de un brillante color rojo cuando me dio una sonrisa malvada.

Tia y Carmen me lanzaron una mirada inquisitiva que decidí ignorar, mi rostro contorsionado por la ira. ¡Cómo se atreve este pendejo a tratarme de la forma en que lo hizo anoche y entonces venir al trabajo amenazándome con terminar mi empleo si la jodía! 'Le mostraré,' pensé, deseando que la Bella fuerte apareciera. Llegó un nuevo cliente, un joven que no se veía con la edad suficiente para beber. Después de revisar su identificación, le pregunté qué le gustaría beber, y fue entonces que un extraño ritmo palpitante y sensual comenzó a vibrar por los altavoces.

"Oh, mierda," murmuró Tia, derramando whisky accidentalmente por toda la barra. Levantando mis cejas por la sorpresa, vi a Tia limpiar el desastre, sorprendida de que siquiera haya derramado algo para empezar… Tia nunca derramaba bebidas.

"Es esa canción," murmuró en explicación. "¿Por qué tenía que tocar esa maldita canción?" Su rostro se contrajo en una expresión dolorosa. A medida que la música continuaba retumbando, empecé a escuchar la desconocida letra.

"You let me violate you

You let me desecrate you

You let me penetrate you

You let me complicate you"

Al escuchar la palabra 'penetrar' casi dejé caer la botella de vodka que sostenía, cuando de pronto mis manos se pusieron temblorosas. Edward apareció junto a mí, agarrando la botella de mis manos y terminó de preparar la bebida del cliente, que deslizó en su dirección con una sonrisa. "Recuerde, señorita Swan," susurró, de espaldas a la barra cuando cruzó los brazos y se recargó casualmente en ella. "Sin errores," sonrió con suficiencia. Fulminándolo con la mirada pasé con el siguiente cliente, tomando su orden de bebida y girándome para agarrar una botella de Crown que estaba en el estante superior. Estirándome tanto como pude, de repente escuché gruñido bajo. Echando un vistazo por encima de mi hombro alcancé a ver al señor Cullen comiéndose descaradamente con los ojos la franja de piel que había quedado descubierta cuando me estiré por la botella.

Recuperándose rápidamente, pasó rozando junto a mí, casi con rabia, para alcanzar la botella él mismo, aclarándose la garganta al hacerlo. Su camiseta también se subió y fue entonces que lo vi; un abdomen de lavadero, ondulándose con músculos bien definidos, marcado con profundos surcos en forma de una 'V' que conducían a la tierra prometida… y una bandera irlandesa tatuada junto a esa 'V'. Una puta bandera irlandesa. Mi mente vagó a donde no tenía que hacerlo… cuando imaginé lamer ese tatuaje de bandera. Un nudo se formó en mi garganta y Edward se volvió, dándome la botella, con una sonrisa cómplice en su estúpido rostro mientras lo hacía.

"Help me

Tear down my reason

Help me

It's your sex I can smell

Help me

You make me perfect

Help me become somebody else

I wanna feel you from the inside"

Todo pensamiento racional dejó mi mente cuando me miró fijamente, dándome esa botella y esa letra sonaba a todo volumen por los altavoces. La botella se resbaló de mis ligeros dedos, haciéndose añicos contra el piso de baldosas. Fragmentos de vidrio volaron alrededor de nuestros pies y el whisky color ámbar salpicó sobre nuestros zapatos.

"I drink the honey inside your hive

You are the reason I stay alive"

Los costosos zapatos del señor Cullen ahora estaban cubiertos de pegajoso whisky. Se quedó mirando a sus zapatos y luego a mí con una mirada furiosa tan aterradora que mi respuesta de lucha o huye se puso en marcha. Decidí huir. Corriendo por el bar, irrumpí en el cuarto de suministros, agarrando una escoba y un recogedor. Regresé nerviosa a la estación donde todavía estaba Edward, con su rostro rojo por la molestia.

"Lo siento mucho," murmuré, el golpeteo en los altavoces por fin se apagaba. Dejando a un lado la escoba y el recogedor, agarré un rollo de toallas de papel por debajo de la barra, deteniéndome a limpiar los zapatos del señor Cullen con una mano temblorosa. Las lágrimas brotaron en mis ojos imaginando que seguramente ahora estaba despedida. Limpié furiosa una lágrima, agarrando las toallas de papel con una mano, secando ligeramente el whisky de los zapatos de mi nueve jefe.

"Levántese, señorita Swan," lo escuché susurrar. Mi cabeza se levantó de golpe, mientras lo miraba desde la incómoda posición en la que estaba, de cuclillas frente a él, alarmantemente cerca de su entrepierna. Metí mi labio inferior en mi boca, mordisqueándolo con ansiedad. Él abría y cerraba sus manos a sus costados, respirando profundamente al devolverme la mirada, sus ojos prácticamente negros.

"No," le dije con firmeza, observando como levantaba sus cejas. "Cometí un error… y lo estoy resolviendo," murmuré, mientras Carmen agarraba la escoba y Tía sostenía el recogedor. Continué limpiando sus zapatos mientras se quedaba perfectamente quieto, sin moverse una sola vez. Cuando terminé con sus zapatos, me levanté lentamente, mis hombros encorvados al esperar mi inevitable despido.

"Señorita Swan… ¿puedo hablar con usted en privado por un momento?" Preguntó, esquivando mi mirada.

Asentí despacio, ignorando las miradas preocupadas de Tia y Carmen mientras lo seguía en silencio hacia la oficina de Patrick, preguntándome brevemente dónde estaba Patrick. El señor Cullen sacó un llavero de su bolsillo. Deslizando la llave correcta en la puerta, la abrió y me hizo un gesto para que entrara, todavía esquivando mi mirada. Pasé con cuidado junto a él, mi hombro rozando delicadamente contra su pecho. Lo escuché jadear bruscamente y cerrar la puerta detrás de mí.

La oficina de Patrick estaba casi vacía, además de las cajas recargadas contra una pared. El escritorio de metal y la silla todavía estaban donde siempre, la superficie del escritorio ahora vacía. Me senté en una silla de metal frente al escritorio mientras el señor Cullen se sentaba en una silla acolchonada detrás del escritorio. La oficina se saturó con una pesada cortina de tensión cuando los dos nos quedamos callados mirándonos el uno al otro. Finalmente, él rompió el silencio primero, soltando un pesado suspiro.

"¿Por qué está llorando, señorita Swan?" Preguntó, su voz sorprendentemente suave al recargarse en su silla. Eludiendo sus ojos, agaché mi cabeza, limpiando las lágrimas mientras miraba al piso. ¡Estúpida Bella! ¡Estúpida Bella, llorando frente a este cretino!

"Porque va a despedirme, señor Cullen," murmuré, y mis ojos nunca dejaron el suelo. Se quedó callado por un momento y luego pasó los dedos por ese delicioso cabello en frustración.

"No tengo razón para despedirla, señorita Swan," me dijo, atrayendo mis ojos de nuevo hacia los suyos. Su rostro tenía una ternura en él que no existía antes. Metió la mano en un cajón, sacando una carpeta que arrojó sobre el escritorio. Me le quedé mirando por un momento, notando mi nombre escrito en el borde. "Este es su historial laboral," explicó, sus ojos observándome de cerca. "Es sobresaliente, en realidad. No tiene ninguna ausencia por enfermedad y pocas veces pide un día libre que no esté programado. Se presenta a trabajar a tiempo y va mucho más allá de lo que se requiere de un barman."

"Y sé que no está trabajando para Jacob Black," admitió, mis ojos volviendo de golpe a los suyos. "Tengo un hombre dentro trabajando para el señor Black. Hoy hablé con él… confirmó que usted apenas conoce al señor Black, y mucho menos trabaja para él."

"Eso fue lo que traté de decirle anoche," murmuré, un poco aliviada de que se diera cuenta que no estaba tratando de alguna forma de engañarlo, pero todavía enojada por las acusaciones que lanzó en mi contra la noche anterior… la noche anterior… me moví nerviosa en mi asiento, los recuerdos de sus labios en mi oído… y en mi cuello, invadiendo deliciosamente mi cuerpo. La misma sensación palpitante y retorcida regresó mientras me veía moverme incómoda en mi silla.

"¿Pasa algo, señorita Swan?" Preguntó, su voz goteando sexo. ¡Gah, este hombre tenía que dejar de hablar! ¿Me estaba haciendo esto a propósito?

"Um, no, solo iba a disculparme por arruinar sus zapatos," murmuré, haciendo un esfuerzo por dejar de retorcerme en la silla.

Me sorprendió dejando escapar una risa perversa, arrojando su cabeza hacia atrás, con sus ojos brillantes. "Oh, señorita Swan," se rio, sonriendo engreído. "Esa no fue su culpa… puse esa canción por una razón. Sabía que la pondría nerviosa. Realmente no pude evitarlo." Se inclinó sobre el escritorio, lamiendo sus labios.

"¿Hizo que me viera como una idiota a propósito?" Pregunté, inclinando mi cabeza hacia un lado. La preocupación de perder mi trabajo hace mucho había desaparecido, y con mi nerviosismo momentáneamente olvidado. Ahora solo estaba confundida, preguntándome por qué este hombre me molestaría a propósito, haciéndome ver como una tonta.

"No, señorita Swan," chasqueó su lengua, levantándose de la silla y rodeando el escritorio. Mis ojos miraron a los suyos con recelo entre más cerca me acechaba, su cuerpo delgado parecido al de una pantera peligrosamente cerca del mío cuando se puso frente a mí y se recargó en el escritorio. "No estaba tratando de hacer que pareciera una tonta. Debo decir… que cuando me gritó anoche y me empujó, provocó algo en mí. Encendió un fuego en mi cuerpo que nunca antes había sentido. ¿Sabe cuántas personas me hablan así y se salen con la suya? Nadie, señorita Swan. Nadie me habla de esa forma y se sale con la suya."

"Isabella," susurró, su voz sonando con una extraña fragilidad. Tocó mi rostro con gentileza, sacando mi labio inferior de su lugar entre mis dientes. "Estoy seguro que es un pecado… pero me encanta ponerte nerviosa… y enojada. Ni siquiera sabes lo hermosa que eres, ¿cierto? Sobre todo cuando estás enojada… eres jodidamente hermosa. Lo siento mucho, Bella. No quiero lastimarte… pero no sé cómo ser un buen hombre… no soy una buena persona… realmente quiero serlo, pero no lo soy," murmuró, presionando su pulgar suavemente contra mi labio inferior, y sus ojos nunca vacilaron. "Si eres inteligente, te mantendrás alejada, pero muy alejada de mí."

Este hombre… este estúpido hombre creó un monstruo en mi interior que lucha y araña tratando de salir, vacilando en mi resolución, haciendo que quiera ahogar a la Bella fuerte. "Que se joda la Bella fuerte," pensé, confiando puramente en mi instinto al agarrar su mano y chupar su pulgar con mi caliente boca. Sus ojos se hicieron increíblemente más grandes y jadeó por mis acciones. Me le quedé mirando, sujetando su mano mientras chupaba su pulgar, disfrutando el deseo carnal en sus ojos.

"¡Joder!" Gruñó, el sonido disparándose directamente entre mis piernas. Gemí en respuesta, chupando su pulgar que sabía a azúcar y whisky con más ganas, metiéndolo y sacándolo de mi boca. Con su mano libre empezó a pasar sus dedos por mi largo cabello castaño, masajeando ligeramente mi cuero cabelludo con las puntas de sus dedos.

Levantándome de pronto, lo empujé hacia atrás sobre el escritorio, su ojos se abrieron por el shock, y su camiseta subió por su tonificado abdomen. Esos jeans, esos jodidos jeans estaban tan abajo que podía ver la cintura de su ropa interior, y ese estúpido tatuaje de la bandera irlandesa seguía llamándome. Tiré de sus jeans, inclinándome entre sus piernas, con mis pechos rozando el interior de sus muslos, provocando que un siseo se escapara de su boca.

Encontré lo que estaba buscando, una sonrisa taimada cruzó por mi rostro. Él me miró fijamente mientras me acercaba y hacía lo que había imaginado hacer desde que la vi por primera vez… moviendo rápidamente mi caliente lengua sobre ese estúpido y sexy tatuaje. Él gimió mi nombre con fuerza, y lo observé divertida cuando arrojó su cabeza hacia atrás, maldiciendo. Mordisqueé, chupé y lamí su piel, respirando su aroma, con mi cuerpo ardiendo.

"Ven aquí, nena," me susurró, sentándose en su escritorio y poniéndome sobre él, con mis piernas a horcajadas en su cintura.

Mi corazón latía con fuerza por la nerviosa excitación mientras él me miraba profundamente a los ojos. Hizo a un lado mi cabello y empezó a pasar su lengua por un lado de mi cuello, lamiendo y mordisqueando mi sensible piel. Sentí su dura longitud presionando contra mí y un gemido estrangulado escapó mi cuerpo. Sus manos, que estaban en mi cintura, ahora subían hacia mi agitado pecho. Dejó la piel de mi garganta para ver sus manos subir a lo largo de mi cuerpo.

"Muy hermosa," susurró, sus manos ahora agarrando mis senos.

Observó mi rostro mientras apretaba suavemente cada pecho, y usaba esos deliciosos dedos para retorcer, pellizcar y tirar de mis pezones. Grité, sin haberme sentido así de bien antes, restregándome instintivamente contra la dureza en los jeans de Edward.

"¡Edward!" Una voz chillona y nasal gritó detrás de la puerta, seguida de un golpeteo frenético. Chillé por la sorpresa, casi cayéndome del escritorio. Edward agarró mi brazo, previniendo que golpeara el suelo, al mismo tiempo que también se bajaba del escritorio. Empezó a tirar frenéticamente de su camiseta para cubrir el bulto bastante grande al frente de sus pantalones. Estaba maldiciendo y murmurando, pasando los dedos por su cabello mientras sus ojos se movían nerviosos entre mí y la puerta.

"Cariiiiñooo," la molesta voz femenina llamó. "¡Abre la puerta, cariño! ¡Soy yo, Tanya! ¡Tu novia!"

¡¿Novia?!


¡Otro con novia! ¿Será? Bueno, ya lo veremos en el próximo capítulo, pero estoy segura que alguna lo iba a mencionar como lo hizo Eri jajajajaja, dijo que llevamos una racha. No fue intencional, ¿eh? Jejeje. En fin, aparte de eso sin duda nos damos cuenta que la relación entre estos dos va a ser ardiente, pero también algo conflictiva, ambos tienen secretos y falta ver cómo reaccionará cada uno a esas revelaciones. Espero que les haya gustado el capítulo y sobre todo, esperaré ansiosa para saber qué les pareció, qué fue lo que más les gustó y qué esperan que pase ahora. Recuerden que sus reviews son el único pago que recibimos por dedicar este tiempo a su diversión y con ellos USTEDES marcan el ritmo de actualización de la historia :)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: freedom2604, Shikara65, alejandra1987, MariePrewettMellark, BereB, Karina, jupy, Cary, .gonzalez, Antonia, SharOn, Melany, MontseZDiaz, Dess Cullen, jacke94, PRISOL, patymdn, rjnavajas, DenniChavez, tulgarita, Kriss21, Celina rojas, LaPekee Cullen, lagie, Danny CullenM, Maryluna, bbluelilas, Tecupi, miop, Sully YM, Adriana Molina, JessMel, angryc, Fallen Dark Angel 07, Ali-Lu Kuran Hale, J, Vanina Iliana, Yoliki, Sheei Luquee, maries24, Lady Grigori, Tata XOXO, andreasotoseneca, Elizabeth Marie Cullen, Jimena G, Lizdayanna, Pam Malfoy Black, Gabriela, carolaap, glow0719, Karlita Carrillo, Mel ACS, Klara Anastacia Cullen, Mafer, torrespera172, Liz Vidal, EriCastelo, saraipineda44, Pili, andyG, Say's, Brenda Cullenn, injoa, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, ¿cuándo? DEPENDE DE USTEDES.