Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.
Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)
Early one morning
With time to kill
I borrowed Jebb's rifle
And sat on a hill
I saw a lone rider
Crossing the plain
I drew a bead on him
To practice my aim
My brother's rifle
Went off in my hand
A shot rang out
Across the land
The horse, he kept running
The rider was dead
I hung my head
I hung my head
I Hung My Head cantada por Johnny Cash y escrita por Sting
CAPÍTULO SIETE: PISTOLA HUMEANTE
"¡¿Novia?!" Siseé, fulminándolo con la mirada. "¿Tienes una novia?"
Edward tiró de su desordenado cabello, con el golpeteo y lloriqueo en la puerta incrementando su frecuencia. "¡Mierda, Bella! No es lo que crees…"
"¿Sabes qué, Edward? Guárdate tus patéticas explicaciones para alguien que le importe una mierda," murmuré, girando el seguro de la puerta.
"¡Lo juro, Bella! ¡Ella es una puta loca! Rompí con ella hace semanas… justo después de esa primera noche… la primera noche que te vi," susurró con voz rota, acercándose detrás de mí. Subió gentilmente sus manos por mis brazos, su aliento en mi cuello. "Por favor, créeme…"
"¿Por qué? ¿Por qué debería creerte?" Le pregunté en voz baja, girando mi cabeza un poco hacia su cálido y dulce aliento.
"Porque… tampoco puedo mentirte, Bella. He sido honesto, con todo. Fui honesto con la razón por la que te perseguí, fui honesto con mis ideas delirantes de por qué huiste esa noche… lo que nunca me explicaste, y no he insistido porque siento que me lo dirás cuando estés lista."
Una risa mordaz y sin humor se escapó de mis labios cuando empecé a girar el pomo. "Hui esa noche por un psicópata narcisista… y creo que un psicópata narcisista es todo lo que puedo manejar por el momento. Estoy segura que no necesito dos en mi vida. Tal vez esto es lo mejor," susurré. "Esto… entre nosotros… no es normal. Ni siquiera nos conocemos." Él agarró mis hombros con firmeza, pero me zafé, girando el pomo de la puerta y la abrí.
Una mujer estaba frente a mí, con la mano en el aire como si estuviera a punto de tocar otra vez. Era todo lo contrario a mí; mientras yo era bajita con suaves curvas, esta mujer era alta con músculos delgados como si ejercitara a menudo. Sus ojos eran de un glacial color azul, y me recordaron a un estaque congelado. Tenía una linda nariz respingada y sexies labios carnosos, cubiertos de un lápiz labial rojo intenso. Su cabello era tan rubio que era casi blanco y caía en brillantes rizos. El vestido blanco que llevaba puesto se pegaba a su cuerpo, revelando la mitad de su generoso escote. Una ridícula estola de piel, demasiado caliente para el clima actual, descansaba sobre sus delicados hombros y en una mano sostenía una copa de brandy.
Sus ojos se entrecerraron primero al verme a mí, y luego a Edward que continuaba de pie detrás de mí. "¿Quién es esta, Eddie? ¿Ella es la razón por la que trataste de romper conmigo?" Lloriqueó, el sonido no muy apropiado para la hermosa mujer frente a mí. Traté de pasar junto a ella, pero agarró mi brazo, sus largas garras rojas enterrándose en mi carne. Hice una mueca y zafé mi brazo, fulminándola con la mirada y frotando mi brazo adolorido.
"¡Tanya, cuántas veces tengo que decirte que terminamos!" Edward dijo furioso, su rostro casi púrpura, la sangre recorriendo su cuerpo con tanta fiereza que podía ver la arteria de su cuello latiendo con la sangre.
"¡Oh, Eddie! ¡No puedes hablar en serio!" Sonrió con suficiencia, arrojando sus rizos sobre uno de sus hombros. "¡Somos perfectos juntos! Además," agregó, con sus ojos mirando a los míos, "ella ni siquiera es bonita."
Apresurándome hacia el pasillo, corrí por el bar, aterrada de echarme a llorar frente a mis compañeros de trabajo y los clientes. Waylon seguía en la barra, sonriendo y charlando con Tia. Carmen estaba mezclando un cóctel y me gritó cuando pasé, pero la ignoré, pasando junto al confundido guardaespaldas de Edward. Atravesé las puertas y troté por la transitada calle.
Lejos de los ojos curiosos y preocupados de mis amigas y compañeros de trabajo, dejé que las lágrimas cayeran, indiferente a los grupos de ebrios y sonrientes peatones que de vez en cuando se topaban conmigo. Estaban perdidos en sus propios pensamientos, en sus propias vidas, y parecían felices, sin preocupaciones en el mundo salvo por pasar un buen rato. Desearía poder ser así… Señor, ¿por qué no puedo ser así? ¿Por qué no puedo tener una vida aburrida y normal en vez de una llena de demonios de la infancia y una atracción física al peligro? ¿Por qué no puedo sentirme atraída a un hombre dulce, gentil y cariñoso en vez de a uno iracundo y peligroso?
Al pasar por WP's, metí las manos al fondo de mis bolsillos, retrayéndome en mí misma, en mis pensamientos, mi mente trabajando sin parar. Tal vez debería aceptar el consejo de Jacob y trabajar para él. Sin duda haría las cosas más fáciles, trabajar con un hombre por el que no siento ninguna atracción física, sin embargo, sabía que el sentimiento no era mutuo. No, no podía trabajar para Jacob… no estaría mejor de lo que lo estaba ahora.
Consumida por mis pensamientos, presté muy poca atención a la calle en la que doblé y pronto me di cuenta que había tomado el camino equivocado. Cruzando la calle, traté de orientarme dónde estaba. Todavía estaba en el área del centro, viendo un lindo hotel cerca. Quedándome muy quieta, traté de escuchar el ruido del río Mississippi cerca, pero no escuché nada más que sirenas y bocinas.
Frunciendo el ceño saqué mi teléfono del bolsillo trasero de mi falda de mezclilla, abriendo la aplicación de mapa y mirando alrededor en busca de una dirección. Al encontrar el nombre de la calle y el número del edificio junto a mí, rápidamente ingresé la información en la aplicación y, después de un momento, aparecieron las indicaciones correctas, haciéndome suspirar en alivio.
Mirando al teléfono, caminé por la calle, ajena a todo a mi alrededor, cuando una mano fría coma la muerte cubrió mi boca y el frío filo de una cuchillo presionó en mi garganta. Empecé a patear y dar gritos amortiguados, mientras el hombre me arrastraba a un callejón cercano, donde otros cuatro hombres se reían bajito. "Si no dejas de gritar, voy a cortarte la garganta," mi atacante susurró en mi oído, con su aliento podrido y caliente. Forcejeando contra mi atacante, alcancé a ver un coche parado en el callejón, y el pánico empezó a brotar en mi pecho.
"Nunca dejes que te lleven a una segunda ubicación. Si te llevan a una segunda ubicación, no vivirás," la voz firme de Jasper susurró en mi mente.
Mi cuerpo se aflojó. La mano del atacante se deslizó de mi boca, y me quedé callada por un momento, dejando que me arrastrara cerca del coche. Los otros cuatro hombres sonrieron, sus brillantes cabezas calvas resplandeciendo bajo la tenue luz de la luna. Todos estaban vestidos de negro, con tatuajes oscuros asomándose en la poca piel expuesta.
"Qué cosita tan linda," el hombre susurró, presionando su cuchilla contra mi cuello. "Vamos a divertirnos de verdad esta noche, chicos," se rio ligeramente entre dientes, provocando que los otros hombres se rieran.
Luego, dos negras siluetas más pasaron por el resplandor de una de las lámparas de la calle cerca de la entrada al callejón desde la calle, una alta y musculosa, la otra ligeramente más baja y delgada. Las dos avanzaron lentamente por el callejón hacia nosotros moviéndose como tigres. ¡Por favor, Dios, no! ¡No más!
"Distrae a tu atacante… haz lo que tengas que hacer para demorar su tiempo de reacción," la voz de Jasper me alentó.
"¡Por favor, no me mate! Tengo amigos y familia," balbuceé con voz frenética y aterrorizada.
Mientras el hombre asimilaba mis palabras, agarré, con mi mano izquierda, su mano derecha que sostenía el cuchillo. Girando su brazo hacia abajo, lo pegué a mi pecho. Levantando mi brazo derecho, lo que simultáneamente levantó el suyo, me deslicé rápidamente por debajo de su agarre, girándome para quedar detrás de él, trayendo conmigo su mano con el cuchillo, y ahora el cuchillo estaba presionado contra su propia espalda. Un arma estaba metida en la cintura de sus pantalones, la que vi al ponerme detrás de él. Escuché los inconfundibles clics de armas siendo preparadas, mientras mi agresor les suplicaba a los cuatro hombres que no dispararan, ahora aterrorizado por su propia vida. Los otros dos hombres ahora estaban más cerca, sus rostros ocultos dentro de las sombras de sus capuchas negras. Una sensación fría me invadió cuando comprendí que no iba a sobrevivir, pero era seguro que no caería sin pelear.
"No creo que sepas con quién te estás metiendo," susurré en el oído del hombre, con una mano en su cuchillo y el otro brazo apretando su garganta. El hombre se retorció y jadeó por aire, sus ojos prácticamente saliéndose de sus cuencas, pero no titubeé. Le metí el cuchillo en lo más profundo de su riñón izquierdo. El hombre gritó por el dolor al mismo tiempo que sangre espesa salió de la herida.
Cuando se alejaba tambaleándose y retorciéndose por el dolor, saqué la .38 especial de la cintura de sus pantalones, dándome la vuelta y corriendo hacia el coche. Se escucharon tiros cuando salté sobre el capó del coche y sobre el techo, con balas pasando junto a mí. Girándome y aterrizando de boca en la parte trasera del coche, me asomé sobre el techo, sosteniendo la pistola con firmeza en mis manos mientras la preparaba.
"Seis tiros, haz que cuenten, seis tiros, haz que cuenten," la voz de Jasper se repetía una y otra vez en mi mente.
Demasiados atacantes y muy pocos tiros. Mi frente goteaba de sudor mientras apuntaba la mira del arma, encontrando mi primer objetivo.
"Dispara a matar, Bella. Dispara a matar," me susurró Jasper.
"No," le dije con firmeza al Jasper imaginario.
Apretando suavemente el gatillo, el disparo resonó en el aire nocturno, dándole a mi primer objetivo en la pierna derecha, justo donde había apuntado, volándole la rótula. El hombre gritó y colapsó en el suelo, agarrando su pierna herida. La hiel subió por mi garganta y oré para no vomitar.
"No dejes evidencia… incluso el vómito puede ser rastreado. Pretende que le estás disparando a un pájaro o a un venado. Esta gente, no tienen alma, igual que los animales que cazas," el Jasper imaginario me aconsejó.
Preparando mi arma y apuntando otra vez, noté un nuevo tipo de conmoción en el callejón, confundiéndome lo suficiente para bajar el arma. A primera vista, parecía como si los hombres estuvieran peleando entre ellos… pero entonces una sensación de alivio como la que nunca había sentido me consumió. Los dos hombres con las sudaderas negras eran nada más y nada menos que Edward y su guardaespaldas.
El guardaespaldas sujetó a un hombre con una llave a la cabeza por un momento, antes de retorcerlo con habilidad y romperle el cuello con un sonido espeluznante. Edward tenía un arma en su mano, la que colocó contra la frente del otro hombre antes de apretar el gatillo. El disparo fue prácticamente silencioso y el tiro limpio. El hombre se desplomó en seguida en el suelo mientras otro atacante agarró velozmente el arma de Edward, sacándola de su mano. El pánico invadió mi cuerpo cuando vi que el hombre que me atacó, ahora de alguna forma estaba luchando con el guardaespaldas, que estaba muy ocupado para ver que el atacante de Edward tenía su arma. El hombre la levantó, apuntándole a Edward entre los ojos, con una sonrisa homicida en su rostro.
Un fuerte estallido resonó en el callejón al mismo tiempo que el atacante de Edward se desplomaba al suelo. Edward se me quedó mirando en shock mientras estaba parada en el capó del coche, con las piernas separadas y bajando mi humeante arma. Mis ojos nunca dejaron los suyos cuando su guardaespaldas eliminó al último atacante con un tiro en la cabeza.
"Bella," susurró, su voz rompiéndose. Sentí débiles mis piernas al derrumbarme, cayendo sobre el coche con un golpe sordo. Edward corrió hacia mí, bajándome del coche, mi cuerpo flojo como una muñeca de trapo mientras él me sostenía con fuerza en sus brazos. Agarrando mi barbilla, sacudió un poco mi rostro mientras mi visión se hacía más borrosa y mis ojos miraban sin ver al cielo nocturno.
"Vuelve a mí, cariño," susurró, su voz preocupada sacándome de mi confusión. "Tenemos que salir de aquí." Asentí sin decir nada, tratando de apoyarme en mis piernas tambaleantes.
Edward me soltó el tiempo suficiente para quitarse la sudadera negra, que colocó en silencio sobre mi cuerpo, guiando mis brazos a través de los agujeros y cerrándola bien. Subiendo la capucha sobre mi cabeza, agarró los cordones cerca de mi barbilla y los ató bien. Su glorioso aroma salió de la sudadera y me invadió.
"Vamos a dejar este callejón, y no vas a levantar la vista. Tus ojos no deben dejar el suelo. ¿Comprendes?" Me preguntó con voz firme y autoritaria. Mirando al suelo asentí sin decir nada y vi, con un poco de horror, cómo le quitaba la sudadera a uno de los hombres muertos y se la ponía, cerrándola y cubriendo su rostro.
"Liam, ¿puedes encargarte de esto?" Le preguntó al guardaespaldas en voz baja. "Yo me encargo jefe," respondió él, sacando un móvil plateado de su bolsillo, marcando un número y hablando bajito por un momento antes de regresar el teléfono a su bolsillo. Le asintió a Edward. "Viene ayuda en camino."
"Bien. Registra a esos tipos… toma todo lo que tengan encima y ponlo en la caja de seguridad de mi casa," le ordenó. El hombre asintió, agarrando las brazos del hombre que yo había matado y arrastrándolo por el pasillo. Edward me atrajo a su costado, rodeándome con un brazo. Al alejarnos, vi por encima de mi hombro como Liam abría el maletero del coche que seguía parado ahí y metía el cadáver dentro.
"Dame el arma, cariño," Edward susurró antes que dejáramos el callejón.
Le di el arma que había olvidado estaba en mi mano, mi cuerpo aún adormecido y asqueado por tomar la vida de un hombre. Deslizó el arma en uno de los bolsillos de la sudadera y me recordó mantener el rostro agachado. Le obedecí, dejando caer mi mirada hacia la acera al entrar en la calle y caminar por ella, su brazo todavía colgando a mi alrededor, viéndonos como amantes en vez de asesinos.
Caminamos en silencio, terminando de alguna forma en la calle Front, el río Mississippi corriendo a un lado de nosotros. Todo estaba en silencio salvo por el sonido del agua pasando, el río bañado en oscuridad. Al cruzar la calle Front, nuestros pies pisaron el césped creciendo cerca del oscuro río. Edward sacó despreocupadamente el arma, limpiándola con las mangas de su sudadera, después de mirar discretamente alrededor. La arrojó por el aire. El sonido del arma golpeando el agua se escuchó lejos y Edward me llevó con él al caminar a lo largo de la orilla.
No habló… no me preguntó si estaba bien. No tenía que hacerlo. Podía percibir su preocupación por mí por la forma en que sostenía mi cuerpo frío cerca del suyo cálido y por la forma en que su rostro miraba inquisitivamente al mío. Sin embargo, mi mente no tenía lugar para Edward, porque estaba muy ocupada reproduciendo la escena en el callejón… cómo terminé la vida de un hombre.
"Habría muerto," susurré con voz derrotada, deteniéndome de repente, con mis pies hundiéndose ligeramente en el césped húmedo. Edward me miró, sus cejas juntas con curiosidad. "Si tú y Liam no hubieran estado ahí. Habría muerto."
Edward se rio de forma sombría, mirando a la oscuridad que envolvía el río. "Parecías estarlo manejando muy bien. Además," continuó, sus ojos albergando una emoción que no podía entender. "Si no fuera por ti… ese tipo me habría disparado en la cabeza." Me volvió a rodear con su brazo al caminar el resto del camino a mi apartamento en silencio.
Edward arrojó la sudadera que llevaba puesta en el contenedor como a una cuadra de distancia de mi departamento. Ya no tenía su brazo a mi alrededor, en vez de eso metió sus manos en sus jeans. El arma y el silenciador que había usado ahora metidos en la cintura de su espalda. Se quedó mirando al suelo mientras caminábamos, perdido en sus pensamientos mientras yo trataba de olvidar la abrumadora culpa que me consumía. Edward me siguió subiendo las escaleras a mi complejo de departamentos, el edificio en silencio salvo por los gritos amortiguados de Eric en el departamento de Angie. Hice una pausa, preguntándome si debería ver cómo estaban, pero luego escuché la suave y paciente voz de Angie tratando de calmarlo. Quité el seguro de mi puerta y Edward pasó junto a mí, haciendo que frunciera el ceño cuando sacó el arma de sus pantalones. Encendió las luces, moviéndose por el departamento con el arma en sus manos, examinando el lugar como si fuera un oficial de policía o algo así. Riéndome entre dientes al pensarlo, rodé los ojos y cerré la puerta detrás de mí.
El 'detective' Cullen regresó de mi recámara, volviendo a meter el arma en la cintura de sus pantalones. Me quedé de pie incómoda abrazándome a mí misma, sintiéndome más que un poco extraña por tener a Edward Cullen en mi casa. Me dio una pequeña sonrisa, levantando una ceja inquisitiva.
"Pues sí, esta es mi casa," le dije, encogiéndome de hombros y los pómulos de mis mejillas se tornaron rojos. Caminó por el comedor, mirando con curiosidad los estantes llenos de marcos de fotografía antes de elegir uno y quedarse mirándolo por una tremenda cantidad de tiempo. La sonrisa desapareció y fue remplazada por un ceño fruncido cuando volvió a poner la fotografía descuidadamente en el estante y se trasladó al rincón de la habitación donde estaba mi máquina de coser. Me acerqué al estante donde estuvo parado, mirando a la fotografía para ver qué pudo haber causado la expresión incómoda en su rostro.
Era una fotografía tomada hace varios años de mí, Jasper y Emmett. Yo estaba en medio y teníamos los brazos entrelazados mientras reíamos de algo estúpido que dijo Emmett mientras mi tía Charlotte tomaba la foto. Todos nos veíamos felices y sin preocupaciones. Las apariencias engañan.
"Ese es mi primo, Jasper… y mi hermano, bueno, técnicamente es mi exhermanastro, Emmett," le expliqué, haciendo que se diera la vuelta. Señalé la fotografía que había sostenido antes, y el ceño fruncido desapareció de su rostro. Mmmm… me pregunto qué fue eso.
"¿Coses?" Preguntó con curiosidad, señalando la máquina que mi tía Charlotte me dio en mi cumpleaños número dieciséis. Asentí con timidez, mordiendo mi labio inferior y él se vio un poco impresionado.
"A mi madre y mi hermana les gusta coser," reflexionó, girando su cuerpo por completo para verme, pasando una mano por sus mechas rebeldes. "Creo que de verdad te agradarían… y estoy seguro que tú le agradarías a ellas," agregó en voz baja, casi con timidez.
"¿Qué hay de tu padre?" Pregunté, sentándome en la orilla de mi viejo sofá. "¿Crees… crees que le agrade?"
Su rostro se oscureció considerablemente. "Mi padre tiene ciertas expectativas para mí," respondió, sin mirarme a los ojos. "Tiene su propia opinión sobre el tipo de mujer con la que debería de estar." No dijo nada más, eligiendo en vez de eso caminar por el departamento mirando cada foto, cada chuchería con ojo crítico. Me removí en el sofá, procesando lo que me dijo sobre su padre, y ligeramente incómoda por la forma crítica con la que miraba mis pertenencias. Entró tranquilamente al área de la cocina y agarró la manija del refrigerador, abriéndolo. Observé mientras hurgaba ahí por un momento, con su trasero exhibiéndose perfectamente. Ni siquiera podía enojarme con él por revisar mi comida por ese estúpido y suculento trasero.
"Oye, ¿puedes cocinar?" Preguntó, su voz amortiguada por el refrigerador.
Frunciendo el ceño, le dije, "Uh, sí, me gustaría creer que sí… ¿por qué?" Salió del refrigerador sosteniendo un paquete de muslos de pollo, sus ojos iluminados por la emoción.
"¿Cocinarías para mí?" Preguntó, con una sonrisa tímida en su rostro. Se veía como un niñito pidiéndole a Santa su primera bicicleta en época navideña. Un nudo se formó en mi garganta, la que despejé al levantarme del sofá y cruzar la habitación.
"Edward… son las cuatro de la mañana… y acabamos de matar personas… ¿y tú quieres que te prepare de comer?" Pregunté con incredulidad, mirando al paquete de pollo sobre la encimera.
"Matar personas siempre me da hambre," confesó como si nada, recargándose en la encimera y vigilando mi expresión con cuidado. Suspirando pesadamente le hice un gesto para que se alejara, recogiendo mi cabello en un moño desordenado sobre mi cabeza y lavándome las manos en el fregadero. Él caminó alegremente hacia la mesa de la cocina, sentándose en una pequeñísima silla de una venta de garaje viéndose como un modelo de ropa interior.
"Entonces, ¿qué vas a cocinar para mí, querida?" Sonrió con suficiencia, recargándose en la silla en dos patas. Le lancé una mirada furiosa, provocando que su sonrisa se hiciera más grande. "¿No te gustaría saberlo?" Murmuré.
Ahora, puede ser que haya muchas cosas que no puedo hacer en este mundo, pero cocinar una buena comida sureña no era una de ellas. Le iba a preparar a Edward Cullen mi comida personal favorita. Me observó con curiosidad mientras encendía el horno y reunía todos mis ingredientes. Le dije con brusquedad que se metiera en sus propios asuntos y me dio otra sonrisa sexy que hizo que se me debilitaran mis rodillas.
"Así que… ¿de dónde eres?" Preguntó casualmente, jugueteando con el enorme reloj plateado que llevaba puesto, mirándome a través de sus pestañas.
"¿Qué, ahora vamos a conocernos?" Le pregunté, rodando los ojos y quebrando un huevo y dejándolo caer en el tazón lleno de mis otros ingredientes. No habló, así que suspiré pesadamente, agarré una espátula y dije, "Soy de Masen, Mississippi."
"¿Cuántos años tienes?" Preguntó con curiosidad, viendo como deslizaba un plato en el horno caliente. Me di la vuelta, saqué una bolsa de guisantes del congelador y le respondí, "Veintidós… ¿y tú?"
"Veintinueve," respondió, su voz un poco pensativa. Solté un resoplido, poniendo los guisantes en una olla. "¿Qué?" Preguntó, con un atisbo de diversión en su voz. Vertí agua, condimentos, rebanadas de cebolla y un pedazo de tocino frito con la grasa incluida, por supuesto, en una olla y la coloqué en el quemador del fondo antes de volverme una vez más hacia él.
"Eres muy viejo," bromeé, esbozando una pequeña sonrisa. Hizo un puchero con sus sexies labios, haciéndome sonreír volviéndome nuevamente hacia la estufa. Preparé el pollo y suavemente deslicé unos cuantos muslos en la grasa caliente que había calentado en la estufa. El pollo chisporroteo y reventó mientras se tornaba de color marrón dorado y le di la vuelta para cocinarlo del otro lado. El departamento comenzó a llenarse poco a poco con el aroma del pollo frito, pan de maíz y frijoles negros. Edward me observaba con curiosidad desde su lugar en la mesa mientras sacaba el pollo del sartén, dejando las piezas en un plato cubierto con toallas de papel para que absorbieran la grasa. Lo vi lamiéndose los labios un par de veces, haciendo que ese familiar cosquilleo que me provocaba estallara entre mis piernas.
Sacaba el pan del maíz del horno con un viejo guante para hornear cuando se escuchó un golpe tímido desde la puerta. Edward estaba de pie en un instante, con el arma preparada en su mano y apuntando a la puerta, lanzándome una mirada de soslayo. Me encogí de hombros, sin saber por qué alguien estaría tocando la puerta de mi departamento a esta hora. "¿Hola?" Dije nerviosa y escuché una suave respuesta.
"Guarda tu arma, Edward. Es mi vecina, Angie," le dije, dejando caer mis hombros en alivio. Iba a ponerla en sus pantalones pero le tendí mi mano impaciente. Edward me dio el arma vacilante, la que descargué metiendo las balas en mi bolsillo y arrojando el arma dentro de un cajón de la cocina.
"Ella tiene un niño," le expliqué, y asintió en respuesta, de pie incómodo junto a la mesa. Después de revisar por la mirilla, abrí la puerta para encontrar a una exhausta Angie, con su pijama arrugada y su cabello un desastre. Eric estaba lloriqueando bajito sentado sobre su cadera.
"¡Oh, Bella, me alegra tanto que estés despierta! No habría venido pero creí haber escuchado la televisión y estoy muy desespera…" Se detuvo cuando sus ojos se dirigieron hacia Edward y luego se ampliaron por la incredulidad, abriendo su boca.
"Um, Angie, él es Edward Cullen. Edward, ella es mi amiga y vecina, Angie," le dije, presentándolos. Edward cruzó la habitación, extendiendo su mano y agarrando la mano libre de Angie cortésmente, sus labios retorciéndose en esa sonrisa que te deja sin bragas. "Es un placer conocerte, Angie. ¿Y quién es este pequeño?" Preguntó, asintiendo en dirección a Eric, mirándolo con una expresión extraña.
"Uhhhh…" Murmuró ella, con su boca todavía abierta. No pude evitar reírme bajito entre dientes. Edward era muy deslumbrante. "Es mi hijo, Eric," finamente respondió en voz baja, con una tímida sonrisa en su rostro. Edward asintió, dándole una sonrisa tensa, pero vio a Eric como si fuera un leproso.
"Bella, lo siento mucho… no sabía que tenías compañía," murmuró, mirándome por encima de sus gafas, sus ojos volviendo rápidamente a Edward. "Ayer trabajé un turno doble y Eric decidió que no quería dormir… creo que durmió demasiado cuando se quedó con la señora Cope," dijo, refiriéndose a nuestra vecina de mayor edad que cuidaba de Eric mientras Angie trabajaba.
"Oh, me quedo con él mientras descansas," respondí, agarrando a Eric que soltó una risita y casi saltó a mis brazos. "De todos modos, no estoy realmente cansada… tuve una noche extraña."
"Uh, está bien… si estás segura que… está bien dejarlo aquí con ustedes dos," dijo, enfatizando las palabras echándole un vistazo a Edward. Le aseguré que cuidaría bien de Eric y asintió, consciente que nunca lo pondría en peligro.
"¿Puedes ayudarme con la cuna portátil y la pañalera? Mi turno empieza a las siete, así que volveré a las seis a recogerlo. ¿Está bien?" Preguntó, mirando a Edward con desconfianza, quien seguía viendo a Eric como si fuera un pequeño alienígena.
"Está bien," le aseguré. Asintió, y la seguí de regreso a su departamento, viendo como cargaba la pañalera.
"¿Qué está haciendo él en tu casa? ¿Estás bien?" Me susurró preocupada, mirando hacia la puerta abierta.
"Está bien, Angie… solo me acompañó a casa," le respondí, técnicamente sin mentir. "Él… no creo que sea tan malo como las dos pensamos que era." Asintió y me dio la pañalera, que colgué sobre mi hombro, aún con Eric en mi cadera. Me dijo que la despertara si necesitaba hacerlo. Rodé mis ojos, siguiéndola mientras ella empujaba la cuna portátil al otro lado del pasillo.
Besó a Eric con ternura en su regordeta mejilla antes de volver a su departamento. Tan pronto como la puerta se cerró, me volví de nuevo hacia la cocina, poniendo a Eric en mi cadera mientras le servía a Edward un plato de comida con una mano. Me di la vuelta y lo vi sentado nuevamente en la mesa, mirándome muy extraño.
"¿Qué?" Pregunté, sosteniendo al bebé retorciéndose con un brazo y el plato de comida con el otro. Caminando hacia la mesa, coloqué el plato frente a él, me di la vuelta y le serví un vaso de té dulce antes de acompañarlo a la mesa. Él siguió mirándome de forma extraña.
"¿Sabes? Es difícil conocer a alguien cuando no te dicen qué está ocurriendo aquí," le dije, dando golpecitos con mi dedo a un lado de mi cabeza. Frunció los labios y luego me miró pensativo. Se quedó así por un rato antes de decir, "No quieres saber lo que pasa por mi mente. Estarías aterrorizada." No lo dudaba… hasta cierto punto. Agarró un muslo y lo mordió, lamiendo la grasa de sus labios al arrancar la carne.
No pude verlo comer el resto… la forma en que se lamía los labios y sus dedos provocaba que ardiera mi cuerpo, y él podía notarlo por la sonrisa de satisfacción en su rostro. Llevé a Eric al sofá donde lo hice rebotar en mi rodilla un rato y luego jugamos a las palmaditas. Finalmente empezó a lloriquear y le calenté un biberón. Se tomó el biberón con avidez y lo mecí en la vieja mecedora de mamaw Swan que estaba en un rincón de mi departamento. Le susurré e hice cariñitos a Eric, cuyos ojos empezaron a cerrarse pesadamente hasta que por fin se quedó dormido. Descansando su cuerpo sobre mi hombro, palmeé su espalda hasta que escuché un satisfactorio eructo. Edward entró en la sala, sentándose incómodamente en el sofá y se me quedó mirando mientras mecía al bebé dormido.
"¿Quieres cargarlo?" Le pregunté y casi me reí al ver lo horrorizado que se vio al mismo tiempo que sacudía violentamente la cabeza. "¿Por qué no?" Pregunté.
"Podría… romperlo," dijo, haciéndome reír. Me levanté, acunando el cuerpo dormido de Eric en mis brazos, y me acerqué a donde estaba Edward sentado. Sus ojos se ampliaron y me miró alarmado.
"Sostén tus brazos así," demandé. Sacudió su cabeza, pero lo ignoré, agachándome y dándole al niño durmiendo. En seguida sostuvo sus brazos en la posición correcta, viendo que no iba a aceptar un no por respuesta. Coloqué el bebé con ternura en brazos de Edward y me senté junto a él en el sofá. Edward estaba tenso, inmóvil, mirando el perfecto rostro de Eric.
"Es tan… suave," susurró, estudiando su rostro. "Y huele, no sé, a limpio o algo así."
"Huele a loción de bebé," le confirmé, pasando un dedo con ternura sobre la mejilla de Eric.
Comenzó a mover su boca como succionando, provocando que Edward me mirara en pánico. Soltando unas risitas y rodando los ojos, tomé a Eric con cuidado de los brazos de Edward y lo llevé a mi recámara, donde Angie había colocado la cuna. Lo recosté con cuidado sobre su espalda. Giró su cabeza de un lado al otro por un minuto antes de relajarse, tomando respiraciones rápidas. Moví la manta por un momento hasta que lo cubrí perfectamente, y me volví para encontrar a Edward de pie en la entrada de mi recámara de nuevo mirándome con esa expresión extraña.
"¿Vas a decirme por qué sigues mirándome de esa forma?" Pregunté, molesta mientras le hacía un gesto para que se retirara y cerraba la puerta de mi recámara suavemente detrás de nosotros, dando de pisotones hacia la mesa de la cocina cuando no respondió.
Recogí el plato y el vaso de Edward, y luego guardé la comida que quedó, sintiendo la presencia de Edward cerca. Mi cuerpo se encendió con esa familiar energía, que elegí ignorar. Después de lavar los platos y secar mis manos, me volví, jadeando ya que Edward estaba a solos unos centímetros de mí. Se inclinó hacia adelante, haciéndome retroceder contra la encimera, y mi respiración se volvió entrecortada cuando vi la mirada territorial en sus ojos.
"¿De verdad quieres saber qué estaba pensando cuando te observaba esta noche?" Siseó, colocando sus manos en la encimera detrás de mí, encerrándome eficazmente. Tragué con fuerza, asintiendo y con mi corazón latiendo frenéticamente en mi pecho. "Cuando te veo… tengo estos malditos pensamientos locos. Realmente no quieres saber lo que estoy pensando," murmuró, acercándose aún más a mí, mirando mis labios.
"¿Qué ves cuándo miras a Tanya?" Pregunté, mi voz sonando infantil y malhumorada. Frunció el ceño, mirando furioso a mis ojos. "Cuando veo a Tanya, veo a una perra cazafortunas que me sigue a todas partes como un perro faldero. Cuando veo a Tanya, veo grandes tetas y acceso fácil," siseó, inclinándose para rozar sus labios con ternura en mi cuello, dejando fuego a su paso.
"¿Qué ves cuando me miras a mí?" Demandé, alejando con valor su rostro de mi cuello, tomando sus mejillas con mis manos, forzándolo a mirarme a los ojos. Se me quedó mirando por una delirante cantidad de tiempo, antes de pasar saliva y respirar hondo.
"Cuando te vi cargando a ese bebé, dándome un plato de comida," susurró, acariciando mi mejilla. Hizo una pausa, viéndose inseguro, su rostro perverso de pronto viéndose vulnerable. "Y por jodido que sea… me pregunté cómo sería… si fuera mi hijo el que cargabas, de pie en nuestra cocina, cocinándome una deliciosa comida después de un largo día de trabajo. ¿Eso me convierte en un loco? ¿Verte y querer eso, cuando apenas te conozco? ¿Sabes lo débil que me hace sentir eso? No necesito esta mierda. No planeé esta mierda. ¿Qué me has hecho?"
Pegó su frente a la mía, respirando pesadamente. Mi corazón se detuvo. Este hombre hacía que se detuviera mi corazón. Mis ojos se llenaron de lágrimas y traté de empujarlo, pero él me sujetó con firmeza.
"¿Por qué sigues alejándome? ¡Qué demonios!" Siseó, antes de soltarme, frunciendo el ceño al mismo tiempo que se apartaba de la encimera. Agarró nervioso su cabello, sus ojos moviéndose por la habitación frenéticamente, evitando mis ojos cuando las lágrimas cayeron por mi rostro.
"No puedo ser esa persona, Edward," susurré, atragantándome con mis palabras. "No puedo ser esa persona para ti. Estoy… dañada. Además, nosotros dos, somos como fuego y gasolina."
"No me quieres," dijo, su voz escalofriantemente tranquila, cruzando los brazos sobre su pecho. Su rostro carente de emoción al mirar a mis atribulados ojos sin comprender.
"Claro que te quiero," le susurré, mi labio temblando. "Nunca he querido algo tanto en mi vida."
Dejó caer los brazos de su pecho, la mirada inexpresiva tornándose en algo mucho más sombrío, algo más siniestro. Edward dio dos pasos, colocando sus manos en mi rostro, limpiando las lágrimas de mis mejillas con sus pulgares. "Entonces, quédate conmigo," susurró, haciéndome sollozar con más fuerza. Asentí sin decir nada y fue entonces que los labios de Edward Cullen encontraron los míos por primera vez.
Edward presionó sus labios gentilmente a los míos, mordisqueando mi labio inferior, tentando mi lengua con la suya. Gimiendo, agarré la parte de atrás de su cabeza con mis manos presionando su boca con más fuerza a la mía. El beso se volvió frenético mientras nuestras lenguas luchaban por dominar. Edward rompió el beso con un último movimiento rápido de su lengua, mirando seductoramente a mis ojos amplios.
Agarró el cierre de su sudadera que todavía traía yo puesta, bajándolo lentamente hasta que estuvo completamente abierto. La deslizó por mis hombros y cayó a mis pies en un charco oscuro. Edward me miraba, tirando de la orilla de mi camiseta, sus ojos viendo a los míos por permiso. Mordí mi labio inferior y asentí con timidez, viendo como sus ojos se oscurecían, mirando fijamente a mi boca. Me quitó mi camiseta verde, sus brazos deslizándose por los costados de mi cuerpo cuando levanté mis brazos. La arrojó descuidadamente al suelo, mirando al sujetador rosa claro que llevaba puesto. Se abrochaba por el frente con un broche de metal del que tiró, una vez más mirándome por permiso.
Asentí otra vez, y él respiró hondo, tragando con fuerza. Desabrochó el sujetador con habilidad y cayó, mis pechos derramándose hacia adelante. Sentí que un sonrojo subía poco a poco por mi cuerpo mientras los hambrientos ojos de Edward vagaban por mi pecho. "Perfecta," susurró, colocando sus manos sobre ambos pechos y apretándolos suavemente. "Te gusta cuando pellizco tus pezones, ¿no es así, mi chica sucia?" Susurró, pellizcando y retorciendo mis duros y rosados pezones. Gemí en respuesta, mi cuerpo extasiado por su habla sucia y la sensación de mis pezones girando entre sus dedos.
De repente, soltó mis pechos, agarrando mi trasero y subiéndome a la encimera al mismo tiempo que yo dejaba escapar un chillido de sorpresa. Presionó su cuerpo entre mis piernas, poniendo sus manos de nuevo sobre mis pechos, sus dedos tirando una vez más de mis pezones. "¿Te gustaría que chupara esos bonitos pezones rosados con mi boca?" Susurró, pellizcando con más fuerza, provocando que gimiera y echara mi cabeza hacia atrás. "Sí," gemí, el palpitar y cosquilleo entre mis piernas casi insoportable.
"Dime, Bella," demandó, retorciendo ligeramente mis pezones con las yemas de sus pulgares. "Dime que quieres que chupe esos bonitos pezones rosados."
"Yo… quiero que chupes mis pezones, Edward," le supliqué, con mi rostro rojo, avergonzada por las palabras que dejaron mi boca. "¡Por favor, chupa mis pezones, Edward!"
Me sonrió con suficiencia, acercándose, mirándome a los ojos y chupando mi pezón izquierdo con su boca, arremolinando su lengua en torno a él por un momento, antes de mordisquearlo con sus dientes. Continuó rodando mi otro pezón entre sus dedos, y grité, mi cuerpo consumiéndose por el deseo. Sentí que la humedad se acumulaba entre mis piernas, cuando colocó sus manos en mis muslos, subiendo aún más mi falda por mis piernas.
"¿Quieres que chupe ese clítoris como chupo tu pezón?" Preguntó, sus ojos negros por el deseo mientras sus dedos rozaban la tela de mis bragas, su pulgar tocando dónde más lo necesitaba. Estaba en un territorio desconocido, pero de ninguna manera le negaría a este hombre lo que quería, lo que necesitaba que me diera. Asentí lentamente y me levantó una ceja, mirándome expectante.
"¡Sí… por favor!" Le supliqué con timidez, mi voz temblando.
Sonrió y levantó mi trasero de la encimera, permitiéndole subir mi falda hasta arriba, descubriendo mis vergonzosamente aburridas bragas rosa pálido. A Edward no pareció importarle cuando las miró con avidez. Agarró mi trasero, acercándome a la orilla de la encimera, abriendo aún más mis piernas.
"Tus bragas están muy mojadas," susurró, estirando su mano y rozando ligeramente su pulgar sobre el frente de mis bragas… justo encima de mi hinchado nudo.
"Aghhh," gemí, retorciéndome cuando presionó su pulgar con más firmeza contra él. Se rio tenebrosamente, masajeándome con su pulgar, moviéndolo con lentos y tortuosos círculos. Levantando su mano libre, retorció mi pezón derecho y juré que estaba a punto de explotar.
"Voy a quitarte las bragas, Bella. Y voy a chupar ese coño como un hombre ahogándose. ¿Es eso lo que quieres, cariño?" Solo pude gemir en respuesta, cuando sentí sus dedos tirando de la tela entre mis piernas.
Y fue entonces que un grito ensordecedor llenó la habitación… un grito que no era mío ni de Edward.
Oh oh, ¿y ahora qué? Pobres, no pueden llegar a más. Al menos hubo progreso :P aunque sin duda, con el fuego que hay entre estos dos, necesitan más que eso. Lo bueno es que ya sabemos que no hay una tercera en discordia, al menos no para ellos, aunque para Tanya ellos todavía siguen juntos. ¿Será eso un problema? Ya lo veremos. ¿Y qué les pareció la aparición de la pistolera Bella? De algo le sirvió haber aprendido a disparar de niña, aunque si Liam y Edward no hubieran aparecido, no habría sido muy fácil para Bella zafarse de esa, aunque es obvio hasta ahora, que Bella es una sobreviviente. Espero que hayan disfrutado del capítulo y por supuesto, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber su opinión, qué fue lo que más les gustó y qué creen que pase ahora con estos dos. Claro que si no saben que escribir, con un saludo, un gracias o una carita feliz es más que suficiente, solo queremos saber que están disfrutando de esta historia y recuerden que con sus reviews USTEDES marcan el ritmo de actualización de la historia.
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: kaja0507, ELIZABETH, Karlita Carillo, MontseZDiaz, Antonia, paupau1, aliceforever85, alejandra1987, freedom2604, Danny CullenMa, crysty katy, Mel. ACS, Juliana masen, Adriana Molina, Kriss21, JessMel, Dess Cullen, Shikara65, Tata XOXO, Tecupi, dushakis, jupy, Jimena G, jovipattinson, Klara Anastacia Cullen, glow0718, Vrigny, Pam Malfoy Black, torrespera172, rjnavajas, LaPekee Cullen, Manligrez, patymdn, tulgarita, PRISOL, Ali-Lu Kuran Hale, SharOn, Gabriela Cullen, saraipineda44, Vanina Iliana, Melany, maries24, Karina, Lizdayanna, Yoliki, LaraPuca, Paty Limon, BereB, carolaap, Sheei Luquee, Mafer, lagie, Pili, andreasotoseneca, bealnum, andyG, Maryluna, Lady Grigori, angryc, Brenda Cullenn, DenniChavez, Say's, Liz Vidal, Sully YM, EriCastelo, Rosy Canul, injoa, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, ¿cuándo? DEPENDE de ustedes.
