Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.
Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)
CAPÍTULO NUEVE: NO TEMAS A LA PARCA
"¡Bella! ¡Tu amigo va a ser arrestado!" Alice dijo con un jadeo, mientras corríamos por la calle, siguiendo el camino que tomó Emmett. Había desaparecido a la vuelta de una esquina, la bata rosa aleteando detrás de él como una capa. Los tacones de Alice y Rose cliqueaban ruidosamente contra el concreto mientras corríamos, buscando a Emmett frenéticamente.
"No es mi amigo," gruñí, exasperada por la escena que había causado Emmett. "¡Es mi hermano idiota!"
Alice y Rose intercambiaron rápidas miradas justo cuando dieron vuelta a la esquina donde vimos a Emmett por última vez. Todas nos detuvimos, igual que en las caricaturas, cada una estrellándose en la otra cuando nos paramos en seco. Ahí estaba mi hermano tirado sobre el capó de una patrulla de policía, gritando, mientras un hombre mucho más pequeño, con un uniforme negro de policía, luchaba por cerrar un par de esposas en las gruesas muñecas de Emmett. Un segundo oficial llegó a la escena, con la sirena sonando y las luces destellando, alertando a más curiosos ciudadanos de Memphis a dejar sus departamentos y negocios para mirar la increíble escena frente a ellos.
Los dos oficiales continuaron forcejeando con mi hermano, pero al ser él más grande que los dos hombres juntos, se liberó de pronto, girándose y quedando expuesto frente a todos en la calle. La gente gritó, se rio y unos pocos se vieron bastante impresionados. Todo lo que Alice, Rose y yo pudimos hacer fue quedarnos mirando con la boca abierta.
Las piernas de Emmett estaban ligeramente separadas y se acuclilló un poco, moviéndose a la izquierda y a la derecha, tratando de encontrar una forma de rodear a los oficiales que estaban frente a él, con su pene volando erráticamente por todos lados. De repente, uno de los hombres sacó un dispositivo negro y Emmett empezó a gritar otra vez.
"¡No me electrocutes, hombre! ¡No me electrocutes!" Gritó, saliendo disparado entre los dos oficiales. Se paró en seco cuando le dieron las puntas de metal, enviando descargas de electricidad a su cuerpo que gritaba, antes de que cayera como el gigante verde en la acera. Todos empezamos a gritar entonces, los transeúntes y nosotras tres incluidas, cuando Emmett se quedó inconsciente en el frío piso de concreto.
"Quédense aquí," ordenó Rose, fulminándonos con la mirada a Alice y a mí. Mis ojos estaban llenos de lágrimas, al ver a mi pobre hermano en el suelo boca abajo. Rose caminó decidida hacia la escena, con la cabeza en alto, Alice sujetó mi brazo para evitar que interfiriera.
"Ella se encargará," me tranquilizó Alice, rodeando mi cintura con su pequeño brazo mientras limpiaba mis lágrimas. "No te preocupes, Rose se encargará de todo." Asentí sin decir nada, pero no podía imaginar qué podría decirles a estos oficiales la princesa de hielo para convencerlos de no arrestar a mi hermano.
Rose se acercó a los dos oficiales, que ahora estaban esposando, sacudiendo y picando a Emmett. Él siguió tumbado, sin moverse, mientras los dos oficiales se irguieron para saludar a Rose. Ella conversó con los dos hombres, con una expresión amistosa y paciente en su normalmente amargado rostro, mientras movía sus manos frenéticamente, haciendo gestos hacia Alice y yo, provocando que los hombres nos miraran por un momento. Los hombres asintieron, y uno le habló a Rose haciendo un breve gesto hacia mi pobre hermano. Rose asintió a lo que sea que le dijeran, dándoles una dulce sonrisa que los dos le devolvieron, uno de los hombres incluso se quitó su sombrero, sonrojándose y estrechando su mano. Rose entonces se giró sobre sus talones, regresando con nosotros mientras observábamos la escena con ansiedad.
"Van a llevárselo," anunció, agarrándonos por los brazos tratando de sacarnos tranquilamente de la escena. "No van a ficharlo… pero tienen que llevárselo, porque provocó una gran conmoción aquí. Pero podemos recogerlo en la estación tan pronto como lleguemos ahí."
"¿Cómo los convenciste de no ficharlo?" Pregunté, zafándome de su agarre para ver a los oficiales tener problemas para levantar a mi hermano y meterlo en la patrulla. Varias personas ya habían sacado sus teléfonos, riéndose y grabando a los oficiales mientras intentaban despertar al oso de mi hermano.
"Les dije que olvidó tomar hoy sus medicinas, y que está completamente demente, pero que es inofensivo. Acepté la total responsabilidad por él y les dije que de ahora en adelante me aseguraría que se tomara sus medicinas. También les recordé que soy la ahijada del comisionado de policía," sonrió con suficiencia, aun tirando de mi brazo, con lo que forcejeé. "Y definitivamente no quieren encabronarlo… o perder las donaciones anuales que mi familia hace al departamento de policía."
Justo cuando Rose nos acercó a la esquina, Emmett se levantó de pronto del suelo, gritando como un loco, saliendo disparado por el estacionamiento directamente hacia nosotras, con sus brazos detrás de su espalda al seguir atrapados en las esposas. Una sonrisa iluminó su rostro frenético al verme, pero tan pronto vio a Alice se detuvo, con una expresión de horror en su rostro, girándose nuevamente hacia los oficiales que tuvieron problemas para agarrarlo por los brazos.
"¡Llévame, hombre! ¡Solo llévame!" Gritó, mirando a Alice por encima de su hombro. "¡Aléjame de la enana!" Lo último que vi cuando dimos vuelta a la esquina fue el trasero desnudo de Emmett chirriando al deslizarse por el asiento trasero de cuero de la patrulla.
Rose, Alice y yo corrimos de vuelta a mi departamento. Rose señaló a mi edificio y demandó que reuniera la ropa que pudiera encontrar de Emmett mientras ella encendía el brillante coche negro. Alice se deslizó en el asiento delantero del pasajero mientras yo subía corriendo las escaleras jadeando sin aliento al volver a pasar a Angie y Eric en el pasillo. Entré corriendo a mi departamento y encontré una enorme bolsa negra de lona tirada precariamente en el suelo cerca del sofá donde habíamos encontrado a Emmett acostado. Abriendo el cierre de la bolsa, agarré una brazada de ropa y salí disparada del departamento, azotando la puerta detrás de mí y gritando por encima de mi hombro, a Angie, "¡Te explicaré más tarde!"
Bajé corriendo los escalones y salí del edificio, deslizándome en el asiento trasero al mismo tiempo que Rose estrellaba su pie en el acelerador, lanzándonos hacia atrás, y provocando que mi puerta se cerrara a mi lado. Sujeté la ropa de Emmett a mi pecho mientras mordía nerviosa mi uña arruinada, un desagradable hábito que había tenido desde la infancia. Rose maniobró el costoso vehículo por una calle concurrida, en dirección a la estación de policía.
"Esto nos deja a mano, Swan," dijo Rose, mirándome por el espejo retrovisor.
"¿A qué te refieres?" Pregunté, confundida, devolviéndole la mirada a su glacial reflejo, dejando caer el dedo de mi boca.
"No me gusta deberle nada a nadie," explicó, encendiendo la direccional antes de pasar una luz verde. "Esta es mi forma de emparejar la situación… por lo de la noche en la tienda. Ahora no te debo nada. ¿Entendido?"
"¿Sabes? No entiendo tu hostilidad hacia mí," dije con brusquedad, bufando con ira. "Y no intenté hacerte sentir que me debías algo para empezar. No espero nada de ti… pero te agradezco por lo que hiciste por Emmett, sin importar lo mucho que yo te desagrade, siempre estaré agradecida por lo que estás haciendo por él."
Ella no respondió, desviando sus ojos de los míos en el espejo retrovisor al detenernos en la estación de policía. Alice agarró la manija de la puerta, pero Rose la detuvo, explicándole, "Creo que lo mejor es que te quedes en el coche. Si estás afuera cuando salgamos del edificio, podría hacer más difícil convencerlo de venir conmigo." Alice la fulminó con la mirada, soltando la manija para cruzar los brazos frente a ella, su rostro rojo por la ira. Rose abrió la puerta trasera, tomando la ropa que yo traía. Echando un vistazo a través del oscuro cristal, la vi subir los escalones hacia la estación de policía, arrojando sus mechones dorados por encima de su hombro mientras un grupo de oficiales de policía la miraban con la boca abierta.
"Ella es realmente una muy buena amiga," Alice murmuró en voz baja, girándose en su asiento para mirarme. "Sé que parece un poco brusca… pero ha tenido una vida difícil y no es fácil para ella confiar en las personas."
"¿Un poco brusca?" La miré con el ceño fruncido, rodando los ojos. "¡Es flagrantemente hostil!" Alice frunció el ceño antes de volverse a girar en su asiento para mirar hacia el edificio. Las palabras de Alice se repitieron en mi mente, y me pregunté qué podría haber pasado en la vida de Rose para motivar su personalidad fría y resentida. Todos tenemos demonios… yo incluida. Ella no tenía por qué ayudar a Emmett como lo hizo, y juré que recordaría este acto de bondad que nos confirió siempre que me hablara bruscamente en el futuro.
Momentos más tarde, Rose y Emmett emergieron del edificio, Rose ahora sujetaba la bata rosa contra su pecho al bajar las escaleras con Emmett, que afortunadamente estaba vestido apropiadamente con un par de jeans y una camiseta navy de manga larga. Se acercó al coche cautelosamente, quedándose en la acera con sus ojos azules desconfiados.
Rose tocó la ventanilla de Alice, haciendo un gesto para que bajara el vidrio, lo que ella hizo vacilante. Le dio a Alice la bata, la que ella arrojó por encima de su hombro al asiento junto a mí.
"Quiere conocerte," susurró Rose, mirando primero a Alice y luego a Emmett. "Creo que lo convencí… pero quiere verte bien antes de meterse en el coche."
Alice y yo intercambiamos miradas y me encogí de hombros, estupefacta. Alice abrió la puerta con cuidado, saliendo del coche y dejando la puerta abierta tras de ella mientras retorcía sus manos mirando a mi gigantesco hermano. Él la miró, dándole un buen vistazo con una expresión seria en su rostro.
"¿Estás segura que no eres una enana?" Le preguntó, observándola con cuidado.
"¡No, no soy una jodida enana!" Ella chilló, dando un pisotón como una niñita. Emmett se le quedó mirando un poco más antes de esbozar una gigantesca sonrisa, reírse con fuerza y cargar a la pequeña Alice en un enorme abrazo, balanceando su cuerpo como una diminuta muñeca.
"¡Lo siento, niña!" Se disculpó, dejando a una Alice ahora con el rostro rojo de nuevo en la acera. "Conduje durante dos horas desde Parchman, Mississippi esperando ver a mi hermanita y me quedé despierto todo el día esperándola. Me di una ducha y me quedé dormido. Cuando desperté para encontrarte de pie frente a mí… bueno, fue igual que en la película que vi cuando era niño." Emmett se estremeció visiblemente mientras sus ojos se veían más distantes, recordando la aterradora película que vio de niño.
"¿Podemos irnos ya?" Rose dijo con brusquedad, marchando hacia el asiento del conductor y deslizándose elegantemente detrás del volante. Alice volvió a subir al coche, azotando la puerta a su lado mientras Emmett se metió junto a mí, dejándome sin aliento cuando me rodeó con sus grandes brazos y sus músculos me aplastaron las costillas. Me soltó cuando empecé a chillar, palmeándolo torpemente en la espalda.
"¿Qué estás haciendo aquí, Em?" Jadeé, luchando por recuperar el aliento. Me dio una expresión enfurruñada, viéndose como un niño regañado.
"¿Qué, no puedo visitar a mi hermanita?" Preguntó, cuando entramos al tráfico.
"No, Em, quiero decir, ¿por qué estás aquí y no en Parchman?" Especifiqué, mirando su perfil con atención. Podía sentir los ojos vigilantes de Rose por el espejo retrovisor mientras ella y Alice escuchaban nuestra conversación.
"Me liberaron antes," sonrió con suficiencia, una sonrisa engreída en su adorable rostro. "Fui un buen chico y me dejaron salir antes."
"Espera… ¿están hablando de Parchman, la prisión Parchman?" Alice preguntó, con sus ojos redondos por el asombro.
"La misma," respondió Emmett, mostrando sus dientes como perlas.
"¿Qué estabas haciendo en prisión?" Rose preguntó, levantando inquisitivamente una bien definida ceja.
"Fui arrestado y sentenciado por ser increíble," se echó a reír estirando sus brazos, su espalda reventando y crujiendo cuando giró la cabeza y bostezó. "Gracias a Dios que no me ficharon ahora. Volvería a prisión, y estoy harto de todos los otros prisioneros lanzándose a mí tratando de ser mis perras, pero oigan, al menos nadie trató de hacerme su perra," se echó a reír, rascándose la barriga. Rose lo miró con el ceño fruncido mientras nos deteníamos frente a mi complejo de departamentos. No podía imaginar a un hombre tratando de hacer a mi gigantesco hermano su perra… era casi cómico.
"Em, ¿cómo demonios es que estás en Tennessee?" Le pregunté. "¿No estás violando tu libertad condicional al estar en un estado diferente?"
"Na," respondió, su acento sureño dejándose ver. "Jasper se encargó de todo eso. Tú eres la única familia que me queda, así que no tengo donde más ir. Solo tengo que encontrarme aquí cada mes con mi oficial de libertad condicional."
No dije nada en respuesta, preguntándome qué tipo de favores tuvo que cobrar Jasper para conseguir que permitieran que Emmett viviera a través de fronteras estatales. Me cabreaba un poco que Emmett y Jasper decidieran que este sería un buen lugar para que viviera, sin siquiera tomar en cuenta mi opinión. Conociéndolos, supuse que sabían que no presentaría mucha resistencia en el tema, considerando lo cercanos que siempre habíamos sido los tres.
Cuando salimos del vehículo, Rose y Alice sorprendentemente nos siguieron a la puerta. Tenían curiosidad por mi hermanastro, supongo, y seguimos su fornido cuerpo al subir las escaleras. Esperaron pacientemente a que abriera la puerta, justo cuando Angie asomó su cabeza desde su departamento, mirando con la boca abierta a mi hermano ahora completamente vestido y que le dio una sexy sonrisa mientras ella caminaba lentamente hacia nosotros en el pasillo, con Eric seguro en sus brazos.
"Hola, mami," saludó, agarrando su pequeña mano y sacudiéndola violentamente. "Soy Emmett, el hermano mayor de Bella."
La boca de Angie se abrió mirando a los brillantes ojos azules de Emmett, y luego los dejó caer a su entrepierna. Sus mejillas se tornaron rosadas bajo su piel oscura mientras murmuraba, "Um, hola. Soy Angie… la amiga de Bella… y su vecina."
"Un gusto conocerte. Lamento lo de antes… creí que la bajita de ahí era una enana y me asusté un poco. ¿Quién es este monstruito?" Emmett preguntó, haciéndole cosquillas a Eric en su hinchada barriguita. Eric empezó a reír, con babas cayendo por su boca. Antes de que Angie pudiera responder, Emmett tomó a Eric con cuidado de sus manos, acurrucándolo a su pecho mientras le hacía cariñitos con dulzura. Rose, Angie y Alice se le quedaron mirando en shock cuando se dio la vuelta, el tonto hablando como un bebé y metiendo a Eric al departamento.
"¿Debería estar preocupada?" Angie preguntó, siguiéndome al interior del departamento, con una atónita Alice y Rose siguiéndonos de cerca.
"No, Em es inofensivo y le encantan los niños," le dije rodando los ojos. Em estaba sentado en el sofá, mimando a Eric mientras movía sus gruesos dedos debajo de los brazos de él. Eric reía y rebotaba, y luego se le quedaba mirando a mi hermano, sus ojos negros enormes por el asombro, provocando que Emmett se riera a carcajadas. Angie, Alice y yo nos sentamos en la mesa de la cocina, pero Rose, aunque parezca extraño, se unió a Emmett y a Eric sentándose delicadamente en el sofá junto a ellos, observando a Emmett con una expresión cautelosa.
"Ves a esa chica, hombrecito," le dijo a Eric, dándole la vuelta para que viera a Rose y señalándola con su dedo. "Es lo que llamas un bombón. ¿Puedes decir 'bombón'?" Eric solo sonrió y le balbuceó a Rose, que le entrecerró los ojos a Emmett. Ella lo tomó con cuidado de sus brazos, mirando a Eric. Rose dejó caer la guardia, por un momento, al mirar al niño retorciéndose en sus brazos, con una dulce sonrisa adornando su hermoso rostro.
"Si alguna vez necesitas una niñera, Emmett es tu hombre," le expliqué a Angie, asintiendo en dirección a Em. "Sabe resucitación cardiopulmonar, respiración de rescate, todas esas cosas."
"Sip, maldita sea, soy la mejor niñera en Masen, Mississippi," Emmett alardeó, viendo a Eric mientras Rose lo miraba a él sorprendida. "Todos los padres me llamaban cuando era más joven para cuidar de sus hijos. No puedo esperar a tener una casa llena de los míos algún día. Solo tengo que encontrar a la chica correcta para casarme primero. Es más difícil de lo que crees," murmuró, viéndose un poco triste. Emmett amaba con todo el corazón, solo para que se lo rompieran más de una vez. Rose continuó observándolo con atención.
"Em, solo tienes veintidós años," le dije en voz baja, viendo la expresión herida en su rostro. "Y has estado algo… ocupado los últimos dos años. Un día encontrarás a la chica perfecta." Él no dijo nada mientras Rose le devolvía a Eric, su rostro al fin esbozando una suave sonrisa. Abrazó a Eric, dándole un dulce beso en la mejilla.
"Disculpen," escuché que Rose dijo bajito, al levantarse del sofá. "Bella, ¿puedo usar tu baño?" Preguntó, su rostro luciendo sombrío y sus ojos ligeramente húmedos. Asentí, señalado hacia la puerta del baño, y la vi cruzar el departamento, cerrando la puerta sin hacer ruido detrás de ella al desaparecer dentro.
"¿Qué le pasa?" Em preguntó bajito, mirando en dirección a la puerta del baño con curiosidad al unirse a nosotros en la mesa.
Alice se vio pensativa por un momento, antes de explicar en voz baja, "Rose… gah, no debería contarles esto… Rose quedó embarazada en el instituto y su papá la envió a otro lado a tener el bebé. Él le dijo a todo el mundo que estaba estudiando en Europa. En vez de eso, se quedó con unos familiares fuera del estado y tuvo el bebé ahí. Ni siquiera le permitieron sostener al bebé después de dar a luz… llevándoselo tan pronto como lo tuvo. Ni siquiera sabe si tuvo un niño o una niña. Esa es la razón por la que ahora es una agente de adopción… coloca a niños abandonados y abusados en buenos hogares. Algunas veces se pone muy triste… Nadie sabe por lo que ha pasado, pero por alguna razón siento que puedo confiar en que ustedes no dirán nada."
Todos intercambiamos miradas tristes, y comprendí mejor por qué Rose construía esos muros a su alrededor. Todos evitamos discretamente su mirada cuando salió del baño, sorbiéndose la nariz, su rostro un poco manchado. Se recargó en la encimera cuando Emmett empezó a charlar.
"¿Y cómo se conocieron ustedes?" Preguntó, haciendo rebotar a Eric en su rodilla.
"¡Oh, Bella salvó mi vida y la de Rose!" Alice chilló, rebotando en su asiento. Rodé mis ojos y fruncí el ceño, pero Emmett comprendió rápidamente.
"Ohhh… ustedes estaban en la tienda de comestibles, ¿eh? Sí, nuestro primo Jasper me contó todo sobre eso. Bella es una radical habitual, ¿eh? Cuando no se cae de bruces o se desmaya," Emmett se rio, como si fuera la cosa más graciosa del mundo. Le di un manotazo en su brazo, provocando que hiciera una ligera mueca, como si pudiera lastimarlo.
"Sip, además, salvó a mi hermano hace un par de semanas de que le dispararan," añadió Alice, mirándome, con sus ojos verdes destellando. Mi estómago se revolvió, como generalmente lo hacía cada vez que mi mente empezaba a pensar en Edward, y eludí la mirada cómplice de Alice.
"Escuché que eres una Annie Oakley (1) profesional, Bella," añadió Rose, las manchas rojas ya habían desparecido de su rostro. "¿Cómo aprendiste a disparar así?" Mordisqueé mi labio y rompí la piel, el conocido sabor metálico de la sangre entrando a mi boca.
"El viejo tío Pete," Emmett dijo con desdén, su rostro de pronto tornándose enojado. "Que se pudra en el infierno por la eternidad." Se levantó de pronto, le devolvió a Angie su bebé y dejó la habitación, estrellando la puerta de la recámara detrás de él, dejando a mis amigas perplejas.
"Es un tema sensible," expliqué, mirando de soslayo a la puerta de mi recámara. Imaginando a Em acostado en la cama mirando al techo con un puchero.
"Cuando necesites hablar, Bella, estoy aquí para ti," Angie susurró, dándome una sonrisa amable. Devolviéndole la sonrisa, me sentí abrumada por la emoción, sabiendo que tenía una muy buena amiga.
"¡Yo también!" Alice habló, agarrando mi mano de la mesa, y apretándola con fuerza. "¡Te dije que íbamos a ser las mejores amigas!"
La habitación se quedó en silencio por un momento mientras miraba a las dos chicas frente a mí, antes de que Rose se aclarara la garganta y dijera bajito, "Yo igual, Bella." Mirándola sorprendida, encontré sus bonitos ojos azules, casi de color violeta, rodeados por espesas pestañas. Su rostro aún se veía ligeramente cauteloso, pero me dio una sonrisa verdaderamente sincera. De algún modo, por alguna razón, su aceptación me hizo romper en llanto.
"¿Qué pasa, cariño?" Angie preguntó, cuando alejé mi mano de Alice y limpié las lágrimas en mis ojos.
"Nunca antes he tenido amigas," expliqué, respirando hondo para calmarme. "Es solo que se siente muy bien tener amigas como ustedes." Les di una sonrisa aguada, la que devolvieron en seguida. Después de un momento de silencio, supe lo que tenía que hacer. Angie sabía un poco de mi pasado, pero Alice y Rose no sabían nada. Si estás chicas querían ser mis amigas, tenía que abrirme a ellas y darle un pequeño vistazo de la verdadera Bella Swan.
"Mi tío Pete y mi tía Charlotte me acogieron después que mi madre murió," susurré, ocasionando que me miraran con curiosidad y con las cejas elevadas. "Tío Pete… era un hombre militar… dado de alta después de fallar en múltiples exámenes psicológicos. Era un francotirador, y se obsesionó con entrenar a su hijo, mi primo Jasper, para convertirlo también en uno. Cuando me acogió… fue como si sus fantasías se volvieran completamente realidad. Siempre quiso una hija, pero tía Charlotte nunca se embarazó después de Jasper. Empezó a entrenarme y no le tomó mucho tiempo darse cuenta que yo era una tiradora innata con una pistola, de hecho, con cualquier arma. Jasper y yo siempre competíamos, disputándonos la atención de Pete. Mi propio padre nunca me mostró mucha atención, así que lo anhelaba. Jasper estaba un poco celoso, aunque nunca lo admitió. No tenía que hacerlo; podía verlo en sus ojos. Su padre empezó a prestarle más atención a su sobrina de la que le daba a su propio hijo. Jasper se obsesionó con tratar de complacerlo."
"Todo el tiempo," continué, mis ojos vagando por sus rostros mientras seguían escuchando mi historia. "Todo el tiempo, Pete nos estaba lavando el cerebro, llenándolo con locas conspiraciones. Verán, se había convertido en un vigilante. Unos años después, mi padre, Charlie, se casó con la madre de Emmett, Sue. Emmett… bueno, digamos que él tiene sus propios dones y pronto, Pete también se dio cuenta de eso. Emmett se vio atraído a ello, como la polilla a la luz. Todos éramos un montón de niños estúpidos y Pete nos tenía a todos en sus manos."
"Las cosas solo empeoraron después de eso," susurré, mis ojos desenfocándose cuando los recuerdos cruzaron por mi mente. No dije nada más, cuando mi garganta se cerró por la emoción.
"Qué idiota psicópata," murmuró Rose, su boca retorcida en una mueca. "No me sorprende que Emmett lo odie."
"No te preocupes, Bella," dijo Alice, palmeando mi mano. "Cuando estés lista para contar el resto de la historia, estaremos aquí para ti."
Les agradecí y Alice, afortunadamente, cambió el tema, charlando sobre la reapertura del bar en unos cuantos días. Me sentí agradecida por el descanso del bar, sobre todo por la llegada de Emmett. Varios minutos después, Angie anunció que tenía que ir a casa y alimentar a Eric. Salió de mi departamento después de darme un rápido abrazo y un besito en la mejilla. Alice y Rose se fueron no mucho después, prometiendo pasar a visitarme en los próximos días. Después que se fueron, entré a mi recámara, encontrando a Emmett justo como lo imaginé, acostado en la cama mirando al techo con amargura. Me acosté junto a él, jugando con sus rizos oscuros casi negros en su cabeza.
Se quedó callado mientras le contaba del bar donde trabajaba, tratando de hacerlo olvidar los malos recuerdos que los dos compartíamos. Le hablé sobre conocer a Edward y su rostro se giró hacia el mío con curiosidad al mismo tiempo que mis mejillas se sonrojaban. Le expliqué lo que sucedió en el callejón, cómo él me ayudó a cubrirlo para protegerme… a los dos… y las abrumadoras emociones que me consumían cuando estaba en su presencia. Le conté lo pendejo que era la mayor parte del tiempo, pero que algunas veces, cuando creía que nadie le prestaba atención, veía al verdadero Edward Cullen, el hombre que podía ser. Me escuchó con atención mientras le explicaba las demandas inconcebibles de Carlisle Cullen para la futura señora de Edward Cullen, cómo sus demandas hacían imposible que estuviéramos juntos. Finalmente, me interrumpió para hacerme una pregunta embarazosa.
"¿Dormiste con él?" Preguntó, mirándome a los ojos con intensidad. Sentí que mis mejillas se ponían más calientes mientras eludía su penetrante mirada.
"No, Emmett. No dormí con él," siseé. "No que sea de tu incumbencia."
"Sí, pero hicieron algunas cosas," sonrió. "Puedo verlo por la expresión en tu rostro. ¿Te sentiste… bien con ello?" Preguntó, su sonrisa desapareciendo al anticipar mi respuesta.
Dejé escapar un suspiro que no sabía estaba conteniendo. "De hecho, sí. Me sentí más que bien," le respondí, cubriendo mi rostro con mis manos. Emmett se rio entre dientes junto a mí.
"Eso es bueno, Bellarina," respondió, usando el apodo con el que me había maldecido en la infancia. Empezó a llamarme Bellarina después de verme tropezar múltiples veces, diciéndome que carecía de la gracia de una bailarina.
Quitando las manos de mi rostro nos quedamos acostados en silencio uno al lado del otro por un minuto antes que Emmett rompiera una vez más el silencio. "¿Sabes, esa chica Rose?" Preguntó, girando su cabeza y dándome una expresión seria, a lo que yo asentí en respuesta. "Creo que ella es la indicada B. Puedo sentirlo justo aquí," agregó, dando golpecitos en su pecho con su dedo donde estaba su corazón. Mi pobre hermanastro, siempre enamorándose de quién no podía tener… debe ser un rasgo de familia.
"Apenas si hablaste con ella, Em. Y es la hija de un senador," le expliqué en voz baja, pero su expresión nunca cambió. "¿Crees que sus padres aceptarían a un exconvicto para su pequeña princesa?"
No dijo nada por un momento, mirándome a los ojos con intensidad antes de decirme, "Para que lo sepas, B, cuando el amor está involucrado, nada es imposible. Esas pequeñas mierdas, como cuál es tu color favorito y todo ese lío, no son las cosas importantes. Es lo que sientes cuando estás cerca de esa persona lo que cuenta. Sé que esa chica es para mí, y voy a hacer todo lo que esté en mi poder para estar con ella. Puede que ella todavía no lo sepa, pero va a suceder. Y un pequeño consejo hermanita, no hay obstáculo que no se pueda vencer cuando está involucrado el amor, porque el amor vale la pena. El amor vale la pena toda la amargura y el dolor. Cuando amas a alguien luchas por él, B. Recuerda eso."
Mis ojos se llenaron de lágrimas al escuchar sus palabras, pero él solo alborotó mi cabello, se levantó de la cama y anunció que estaba hambriento antes de salir de mi recámara para hurgar en el refrigerador. Me quedé mirando al techo, con las palabras de Emmett repitiéndose en mi mente mientras las asimilaba lentamente. Él tenía razón... valía la pena luchar por amor. ¿Amaba a Edward? Mordí mi labio con aire pensativo, sin estar completamente segura de la respuesta. Definitivamente me sentía atraída por Edward… y lo extrañaba terriblemente. ¿Era eso amor? No podía estar segura… nunca antes me había enamorado.
El siguiente par de días libres del trabajo pasaron rápidamente. Emmett miraba mi computadora, la que le había prohibido terminantemente, salvo para imprimir unos currículums. Se pasaba todo el día repartiendo currículums, solo para regresar al departamento con el ceño fruncido. Rose y Alice vinieron en la tarde, los dos días, con la excusa de pasar a visitarme, pero en el fondo creía que las dos pasaban solo para ver a Emmet, que hacía reír a Alice con sus historias de las cosas estúpidas que hicimos al crecer y coqueteaba excesivamente con Rose, que solo se cruzaba de brazos y lo fulminaba con la mirada en respuesta. Dentro de poco, era Halloween, sería la gran reapertura del bar y Alice y Rose llegaron esa mañana muy temprano, sujetando relucientes bolsas negras en sus brazos, mirando alrededor con curiosidad en busca de Emmett.
"Salió para seguir intentando encontrar un trabajo," les expliqué, dejándolas entrar al departamento y mirando inquisitiva a las relucientes bolsas negras. Alice y Rose soltaron unas risitas, arrojándolas al sofá, con Alice rebotando por todas partes como un palo saltarín.
"¡Oh, excelente!" Exclamó, girándose hacia las bolsas y buscando dentro. "He pasado toda la semana promoviendo el nuevo club nocturno y probando disfraces. Toma, pruébate el tuyo."
"¿Disfraces?" Pregunté, cuando metió varios artículos de ropa en mis manos.
"Sí, Bella," respondió, rodando los ojos. "Gah, me alegra que no me escucharas y no compraras algo poco atractivo y aburrido para ponerte. ¡Les dije que la noche de apertura es una fiesta de disfraces!" Chilló, saltando de arriba abajo, aplaudiendo con sus manos. Definitivamente ella no me dijo que la noche de apertura era una fiesta de disfraces, y me le quedé mirando y luego a la ropa en mis brazos con recelo.
"Bien," refunfuñé, entrando a zancadas a mi recámara. Cerré la puerta detrás de mí, ligeramente más fuerte de lo que pretendía, y arrojé la ropa a la cama. ¡Mierda! ¿Qué estaba pensando Alice? Frunciendo el ceño, me quité mi cómoda ropa y me puse el disfraz hasta que me cubrió por completo… bueno, me cubrió tanto como pudo. Mirándome en el espejo, mis ojos se ampliaron por la sorpresa al ver a la chica frente a mí. Mi boca se tensó en una línea, y salí de mi recámara fulminado con la mirada a mis dos nuevas 'amigas'.
"Esto," gruñí, señalándome. "No es un disfraz. ¡Me veo como una jodida prostituta!"
Alice y Rose me miraron, con enormes sonrisas en sus rostros mientras daba una precaria pirueta. Traía puesta unas bragas color rojo sangre cubiertas dócilmente por chaparreras negras de cuero sin trasero, atadas con pequeños cordones al interior de mis piernas, exhibiendo mi delicada piel. El sujetador rojo sangre que llevaba puesto se asomaba por debajo de un chaleco de cuero negro, levantando los pequeños pechos que tenía sobre la parte superior. Alice incluso había comprado una funda que tenía dos pistolas de plástico, colgando por ambos lados de mis caderas. Mi cuerpo estaba noventa por ciento expuesto y me veía como una callejera.
"¡Oh Dios mío, es perfecto!" Alice dijo emocionada, cuando me giré exhibiendo mi trasero, mis nalgas asomándose por mi ropa interior. Fue en ese momento que escuché la llave deslizándose en la puerta y mi hermano entró al lugar.
"¡Mierda! ¿Quién es esta ardiente…? ¡ARGHHH!" Gritó cuando me di la vuelta para fulminarlo con la mirada. Dejó caer una bolsa de comestibles al suelo, con el contenido derramándose cuando se cubrió los ojos con sus fornidas manos. "¡MIS OJOS! ¡SE QUEMAN! ¡SÁQUENLA DE MI CABEZA, SÁQUENLA DE MI CABEZA!" Gritó, corriendo al baño y azotando la puerta detrás de él. Alice, Rose y yo nos miramos la una a la otra antes de echarnos a reír.
Él regresó un momento después, con su mano cubriéndome de su vista. "¿Qué demonios traes puesto?" Preguntó enojado, caminando hacia la bolsa de comestibles tirada y devolviendo el contenido dentro. Se tambaleó hacia la cocina, todavía sin mirar en mi dirección. "¡Maldita sea, Bells! ¡Esa no es la imagen que quiero ver cuando pienso en mi hermanita! ¿Dónde crees que vas con ese atuendo?"
"La gran reapertura es esta noche, Em," le expliqué, tirando de las chaparreras en un inútil intento de cubrir mi piel descubierta. "Es un disfraz para la fiesta… todos van a estar disfrazados para Halloween."
"¿Ustedes van a tener una fiesta y no me invitaron?" Dijo enfurruñado, olvidando temporalmente su incomodidad y el enojo por mi disfraz. "¡Saben que no es una fiesta hasta que no sea una fiesta con Emmett McCarty! ¡Ja, eso rima! ¡Ven, se los dije! ¡Fiesta es mi segundo nombre! ¡Emmett Fiesta McCarty!"
Pusimos los ojos en blanco por su tonta broma mientras Alice decía, "Em, ya me encargué de eso. Te puse en la lista de invitados VIP." Dejó de arrojar comestibles en el refrigerador el tiempo suficiente para correr por la habitación y tomar a Alice en un torpe abrazo, dándole un enorme beso húmedo en la mejilla.
"Tengo que conseguir un disfraz," susurró mirando a la nada, dejando a Alice en el suelo y con sus ojos tornándose serios. "No tengo mucho tiempo." Se dio la vuelta dirigiéndose a la puerta, pero no antes de darle a Rose una fuerte nalgada al pasar junto a ella, provocando que diera un grito de alarma y lanzara un puñetazo en su dirección, el que esquivó rápidamente. Se rio entre dientes alegremente al dejar el departamento, cerrando la puerta ruidosamente detrás de él. Podía escucharlo silbando en el pasillo al irse, y el sonido eventualmente desapareció.
"Sabes que está como, enamorado de ti, ¿cierto?" Le dije a Rose, que se quedó furiosa mirando a la puerta que Emmett cerró detrás de él. Se volvió hacia mí entonces, con las cejas levantadas, mirándome con una expresión aturdida en su rostro.
"Ha estado intentando llamar tu atención desde que se conocieron," continué, observando como sus ojos me miraban entrecerrados sin decir nada. "Si no te agrada… desilusiónalo con cuidado. Puede parecerte un bufón y esas cosas, pero es muy sensible y lo quiero, así que por favor, trata de no lastimar sus sentimientos… ¿de acuerdo?" Rose no habló, solo asintió pensativa, desviando sus ojos de mi atenta mirada.
"Asegúrate de afeitarte," Alice soltó, rompiendo efectivamente la tensión que rápidamente había llenado la habitación. "Asegúrate de afeitarte… por todos lados… porque cuando mi hermano te vea con ese disfraz… me agradecerás por esa pequeña perla de sabiduría."
"¡Alice!" Jadeé, horrorizada por lo que insinuó y por la simple mención del nombre de Edward. Ella siempre eludía inteligentemente el tema y me pregunté si era porque sabía que era uno sensible.
"¡Oh, vamos! Va a estar ahí esta noche y estoy cansada de que le arranque la cabeza a todo el mundo, caminando furioso con esa expresión sombría en su rostro," dijo con brusquedad, agarrando su bolso y dirigiéndose a la puerta, con Rose aún silenciosa siguiéndola sin decir nada. "Me contó lo que sugirió que ustedes dos hicieran… y todo lo que puedo decir es que mi hermano es un tonto. Pero amo a ese idiota malhumorado, así que trato de no tomarla en su contra. Comprendió que fue un gran error pedirte hacer algo así, y tengo el presentimiento que intentará compensártelo esta noche." Con eso, Alice dejó la habitación y entró al pasillo, pero Rose se dio la vuelta, me dio una sonrisa astuta, me guiñó un ojo y dijo, "No se la pongas fácil, Bella." Rose dejó el departamento, dejándome parada sola en la sala, con un diminuto atuendo negro de vaquera puta.
Emmett nunca regresó al departamento. Me quedé sentada el resto del día mirado al reloj en la pared, mordiéndome las uñas, tratando de memorizar mi nuevo menú de bebidas, lo que no funcionó muy bien ya que mis pensamientos estaban consumidos con la noche que me esperaba. Finalmente, con el rostro rojo, obedecí las órdenes de Alice, entrando a la ducha y afeitándome por todas partes, secándome después de mi ducha y cubriendo mi cuerpo con una espesa loción corporal con aroma a madreselva. Me puse el estúpido atuendo de vaquera, mirándome al espejo con el ceño fruncido mientras lo hacía.
Tomándome mi tiempo, sequé mi cabello con una secadora de pelo, luego me hice largos y gruesos rizos con unas tenazas rizadoras que pocas veces usaba. Después de debatirme por varios minutos, agarré mi bolsa de maquillaje debajo del lavabo, bufando molesta mientras me aplicaba con cuidado el maquillaje… que casi nunca usaba. Dejando mis ojos ahumados con una sombra oscura y un delineador negro, terminé al cubrir mis largas pestañas con una capa gruesa de rímel. Por alguna razón había un tubo de labial que nunca antes había usado al fondo de mi bolsa, y lo saqué, abriéndolo y casi me reí al ver el color rojo sangre que salió cuando giré la parte de abajo del tubo. Con delicadeza, deslicé el labial sobre mis labios, entonces me aseguré que no hubiese manchado mis dientes. Mirándose al espejo estaba una chica que nunca antes había visto. No, no una chica, una mujer… una mujer extremadamente sexy que no podía creer que era yo.
Después de ponerme un par de botas vaqueras negras que Alice había dejado junto a la puerta de mi recámara, abrí mi pequeño armario, buscando hasta que encontré mi largo abrigo negro. Gracias a Dios que el clima se había vuelto bastante frío, ya que me negaba a caminar al trabajo vestida como una prostituta callejera. Deslizando mis brazos en el abrigo, lo cerré con fuerza por la cintura, agarré mis llaves de la encimera y las metí en mi bolsillo, saliendo del departamento.
Todos los empleados se reunirían temprano en el club, para que Alice pudiera mostrarnos el recientemente renovado edificio. Una burbuja de nervios se formó en mi vientre cuando finalmente me acerqué a la calle Beale, pasando demonios, duendes y hadas rosadas por el camino. No estaba segura si el nerviosismo se debía a mi nuevo papel en el club, o el hecho de que el mismísimo Edward estaría ahí. Al caminar con mi cabeza gacha, mi mente consumiéndose con las preguntas, me topé con una persona vagamente familiar.
Era un hombre vestido como Jesús, el mismo hombre que había ayudado la noche que un ebrio le arrojó una cerveza, derribándolo al suelo. Seguía oliendo a vodka barato, y obviamente estaba borracho por la forma en que se reía y se tambaleó cuando tropezó con otro, sus ojos vidriosos y la bata blanca que llevaba puesta se ondulaba con la ligera brisa que bajaba por Beale.
"¡Hola otra vez!" Dijo arrastrando las palabras, dándome una sonrisa.
Le devolví torpemente la sonrisa, explicándole que tenía que llegar al trabajo. Asintió, estallando en histéricas carcajadas cuando ansiosamente lo dejé en la acera, tambaleándose y gritando escrituras a mis espaldas. La calle Beale, como siempre, estaba animada por la música y el baile, pero ahora también estaba llena de borrachos disfrazados; monjas, fantasmas, zombis, princesas, lo que imagines, la calle Baele lo tenía. Al acercarme a lo que antes se conocía como McMillan's, me quedé mirando asombrada a la transformación frente a mí.
"Asombroso, ¿eh?" Carmen dijo, parada entre la multitud de empleados frente al club.
Asentí, notando que se veía como la parca, con una larga bata de seda negra, su rostro oculto por una grande capucha que caía al frente, mientras sostenía una guadaña de apariencia realista en una mano. En la otra sostenía una antigua linterna con una vela dentro sin llama que titilaba de una forma misteriosa.
El frente del edificio ahora estaba pintado de negro, la pintura de mal gusto que antes anunciaba los precios de cerveza barata ya no estaba. En vez de eso, las ventanas estaban brillando de limpias y un poco oscurecidas. Destellos de luz rosa, azul y verde se podía ver dentro, atravesando la pista de baile en múltiples formas y diseños. Ahora había un toldo negro sobre la puerta del club, que anunciaba el nombre, Destino, en elegante letra cursiva color rosa fucsia. La gente ya estaba en fila, aunque todavía faltaba una hora para la gran reapertura.
Alice saltaba arriba y abajo con impaciencia en medio de la multitud gritando tan fuerte como podía, "¡Empleados de Destino… entren ahora!" mientras las puertas las mantenían abiertas dos hombres fornidos vestidos completamente de negro, mirando a nuestro grupo de forma sombría. Una intensa y rítmica música hip hop atravesó las puertas mientras nuestro entusiasta grupo entraba con dificultad.
Mi boca se abrió cuando entramos al club, las paredes completamente negras aparte de los candelabros de pared de neón en las paredes del lugar. Lujosos asientos de cuero negro cubrían las paredes alrededor de la pista de baile. Un pequeño escenario y una cabina de DJ estaba cerca, con un hombre delgado girando discos de pie detrás de él. Traía puesta una sudadera blanca y tenía una ligera barba de tres días en su rostro. Había un par de áreas acordonadas, un letrero rosa anunciando el área VIP cerca de cada una. Esas áreas tenían relucientes mesas negras y asientos acojinados. Bonitas mesas costosas con bancos altos estaban en todo el club, lejos de la pista de baile, y la barra de mierda en la que alguna vez serví bebidas estaba ahora transformada, la parte superior era ahora de un oscuro mármol negro, con luces azul neón a lo largo. Los estantes detrás de la barra llenos de alcohol estaban iluminados con luces rosa de neón, y una neblina con aroma dulce fluía sobre el piso oscuro de madera mientras caminábamos alrededor, admirando todo con los ojos muy abiertos.
"Entonces, ¿qué te parece?" Escuché a una alegre voz preguntar. Giré mi cabeza, viendo por primera vez a Alice.
Traía puesto un corsé negro muy ajustado con una corta y esponjosa falda de tul negra y medias de red. Los zapatos en sus pies se veían dolorosos; negros con tacones de quince centímetros. Alice tenía una reluciente placa de policía plateada pegada a su corsé y traía puesto un sombrero negro de policía. Su maquillaje era oscuro, ahumado y sexy. Un par de esposas reales colgaban de su pequeña cadera. Se veía increíble.
"¡Creo que te ves genial y también este lugar! ¡No puedo creer que hicieras todo esto!" Respondí, dándole un rápido abrazo. Me sonrió, dando saltos en tacones que se veían incómodos.
"Vamos, chica," Alice se rio, arrastrándome hacia el área VIP. "Aquí es donde servirás bebidas. ¿Memorizaste el menú de bebidas mientras estuviste libre?" Asentí en respuesta y ella me dio una enorme sonrisa. "¡Eso es genial! Muy bien, entonces déjame mostrarte dónde está todo…" En los siguientes minutos Alice se convirtió en un pequeño torbellino, mostrando el club, no solo a mí sino también a todos los otros empleados, señalando dónde teníamos que encontrar todo para llevar a cabo nuestro trabajo eficientemente. Alice había arreglado todo de forma que fuera muy sencillo y organizado.
"¿Dónde está Patrick?" Le pregunté de pronto, y su rostro cayó un poco.
"Bueno, decidió irse," dijo, viéndose sorprendentemente triste, aunque no estaba segura por qué. No era como si lo conociera muy bien. "Decidió que no estaba hecho para esto… de modo que mi hermano hizo que me hiciera cargo hasta que encontremos un nuevo gerente general." Asentí pensativamente, tragando el nudo en mi garganta cuando Alice lo mencionó a él, y esperando que Patrick pudiera encontrar un trabajo más adecuado para él.
Alice nos guio a la nueva sala de estar de los empleados, que básicamente era un lugar para guardar todas nuestras pertenecías. Señaló las nuevas cámaras de seguridad que estaban colocadas en todo el bar, explicando que todo se grababa y podía ser visto en la oficina del gerente general. Me puse extremadamente nerviosa cuando me di cuenta que muy pronto tendría que quitarme el abrigo y revelar mi atuendo de puta. Tomando una respiración profunda, abrí el cinturón, desabrochando los grandes botones y lo deslicé por mi cuerpo, colgándolo en un gancho en la sala de empleados con manos temblorosas. Cuando me di la vuelta, encontré a Tia y Carmen de pie ahí mirándome, con la boca abierta por el shock.
"¿Qué demonios tras puesto?" Tia preguntó, con sus cejas prácticamente en la cima de su frente. Ella traía puestos unos pantalones negros y una simple blusa negra.
"¿De qué estás vestida tú?" Pregunté, ignorando su pregunta.
"De mi maldita persona," respondió, rodando los ojos. "¡Si esa pequeña loca viciosa cree que voy a ponerme un atuendo de puta, se llevará una sorpresa!"
"Créeme, esta fue enteramente su idea," le dije. "Nunca, jamás habría elegido yo esto."
"Bueno, buena suerte tratando de pasar desapercibida, como normalmente lo haces," Carmen soltó una risita por debajo de su capucha negra. "¡Sobresales como una mosca en la leche!"
"Genial," murmuré, sintiéndome totalmente descubierta mientras me movía incómoda en el atuendo de vaquera.
T y Carmen habían señalado mi más grande miedo; que la gente me viera. Maldije a Alice en mi interior por convencerme de usar este estúpido disfraz en primer lugar. Las tres salimos de la sala justo a tiempo para ver a los primeros clientes entrar en el bar, sus ojos admirando el recién renovado establecimiento. La élite de Memphis llegó; médicos, abogados, hombres de negocios, todos usando disfraces elegantes, nada barato o de mal gusto en el establecimiento Cullen. Podías sentir la riqueza en el aire, en la forma en que reían, la forma en que olían con sus colonias y perfumes costosos, los cuerpos plásticos de las mujeres después de años de bótox y cirugías. El nudo en mi garganta por los nervios se hizo más grande cuando empecé a tomar las órdenes de bebida, aún sin Edward a la vista. Mis amigas tenían razón; todos se me quedaban mirando al acercarme a las diferentes mesas, junto con Victoria y Laurent.
Rose entró en algún momento más tarde, haciendo aparecer la primera sonrisa real en mi rostro después de haber tomado múltiples órdenes de bebidas. Llevaba puesto un sexy disfraz de payaso, y me pregunté si esa era su forma de burlarse de Emmett, que todavía no había llegado. Rose vestía un ajustado y brillante vestido rojo con la parte del frente de color azul real que le llegaba justo debajo de su trasero y terminaba con volantes de color rosa fucsia. Los volantes rosa fucsia también cubrían la orilla donde irían las mangas, y gigantes y esponjosas bolas rojas pasaban por su pecho hasta la parte baja de su vestido. Medias de red rosas y zapatos de plataforma a juego adornaban sus piernas y sus pies y traía puesto un puntiagudo sombrero de payaso color azul real encima de sus marcados rizos rubios. Me dio una sonrisa malvada y empezó a caminar hacia mí, mi rostro se iluminó con una sonrisa, la que desapareció rápidamente cuando miré más allá de su hombro al pequeño grupo de personas detrás de ella.
Carlisle Cullen reía, con una mano en la espalda baja de su esposa. El traje zoot (2) que traía puesto parecía auténtico, con un fedora blanco a juego sobre su impecable cabeza. Esme estaba a su lado, sonriendo al ver su rostro mientras él reía, con un llamativo vestido rojo charleston de los veintes. Una banda de lentejuelas roja rodeaba su cabeza, brillando bajo las luces estroboscópicas, con una enorme pluma roja balanceándose cuando movía la cabeza. Los dos estaban hermosos, pero fue el malhumorado hombre de pie detrás de ellos el que me quitó el aliento.
Era alto y sombrío con su traje zoot negro con raya diplomática, un fedora negro inclinado al frente de su cabeza, ocultando su exquisito cabello color bronce. Una corbata rosa colgaba de su cuello, con sus manos descansando casualmente dentro de los bolsillos de sus pantalones y estudiaba el lugar con amargura. Las luces en movimiento sobre él atravesaban su cuerpo, haciéndolo brillar de vez en cuando… parecía un ángel oscuro enviado desde el infierno para robar mi alma. Tal vez ya lo había hecho. Nunca encontró mis ojos, nunca sintió mi mirada, y me pregunté por un momento si nuestro hechizo ya no existía, si estuvimos alejados el tiempo suficiente para que el río de emociones entre los dos se secara. Vi cuando Alice corrió hacia sus padres y su hermano, saltando como un conejo que consumió crack. Carlisle le dio una sonrisa tensa y un incómodo abrazo cuando vio el atuendo de su pequeña. Ella los llevó a un área lounge, señalando los asientos acolchonados y mirando alrededor brevemente antes de que sus ojos se posaran en mí. Mi corazón se detuvo cuando comenzó a hacerme gestos para que caminara hacia ella, y mi cabeza se sacudió un poco cuando, me di cuenta con horror, que esperaba que le sirviera a su hermano y a sus padres.
"¡Te ves muy linda, Bella! ¡Me encanta tu maquillaje! ¿Qué…?" La voz de Rose se apagó cuando vio a donde yo estaba mirando, observando como Edward y sus padres entraban en el área VIP. "Bella, escúchame. Me tienes a mí, a Alice e incluso a Esme de tu lado. Edward tiene la cabeza tan metida en el trasero de su padre que Carlisle tiene que echarse un pedo para que él pueda respirar. Que se joda Edward. Que se joda Carlisle. Ve hacia allá y haz alarde de lo que tu mamá te dio."
Mirando a sus bonitos ojos azules, supe que tenía razón. El hechizo que Edward tenía sobre mí tenía que romperse. Si él quería estar conmigo iba a tener que ser un hombre y decirle a Carlisle dónde podía meterse sus tradiciones. Llena de una sensación de determinación que no había sentido en mucho tiempo, le asentí a Rose en señal de que entendía, haciéndola sonreír con suficiencia. Pasando junto a ella, me contoneé hasta donde estaba Alice junto al área VIP, observándome pensativa al ver la expresión en mi rostro. Ignorándola, me detuve frente al lounge, dándole a los Cullen mi mejor sonrisa.
"¡Buenas noches! Soy su camarera, Bella," dije, señalando al gafete negro con mi nombre que tenía prendido debajo de un pecho parcialmente descubierto. Edward se me quedó mirando, sus ojos recorriéndome de la cabeza a los pies, con su boca abierta antes de convertirse en una mueca cuando vio lo ligera de ropa que estaba con las chaparreras sin trasero y el conjunto rojo de ropa interior. Sonreí engreída cuando vi que su rostro se calentaba por la ira. "¿Qué puedo traerles de beber esta noche?"
"¡Bella! ¡Me da mucho gusto verte!" Esme gritó, levantándose de un salto de su cómodo asiento y dándome un abrazo. "¡Te ves simplemente maravillosa, querida!" Exclamó, dándome un guiño secreto antes de besarme en la mejilla. Ella olía como a galletas y rayos de sol.
"Señora Cullen, usted se ve preciosa como siempre," respondí con sinceridad. "¿Y él es el señor Cullen? Es un placer conocerlo," le dije, ofreciéndole mi mano. Carlisle Cullen se me quedó mirando por un momento, con una sonrisa fría en su rostro antes de ponerse de pie y tomar mi mano. En vez de estrecharla, la llevó a su boca, dándole un ligero beso.
"Así que, ella es la famosa Bella Swan," murmuró cuando aparté mi mano de sus labios. Sus ojos nunca dejaron mi rostro al mismo tiempo que me daba una sonrisa crítica. "He escuchado mucho sobre usted, señorita Swan," ronroneó enigmáticamente. Se volvió a sentar en la cabina, sus ojos fríos aún permanecían en mí.
¿Edward le había hablado de mí a su padre… o lo había hecho Alice o Esme? No podía estar segura… y tampoco sabía cómo responder a su vago comentario… quería decirle, "También he escuchado mucho de ti, pendejo. He escuchado todo sobre tus estúpidas demandas a tu hijo. Besa mi trasero." ¡También quería borrar de una bofetada la sonrisa engreída y condescendiente de su frío rostro! En vez de eso, simplemente repetí, con una gran sonrisa falsa en mi rostro, "¿Qué puedo traerles de beber?"
Me dieron sus órdenes de bebida, Edward murmuró la suya bajo su aliento mientras miraba incómodo mi atuendo. Dándoles otra gran sonrisa falsa y lanzando mis largas ondas castañas por encima de mi hombro, marché hacia la barra, repitiendo las órdenes de bebida a Carmen que daba vueltas detrás de la barra, con su guadaña ahora recargada contra la pared.
Mezcló rápidamente las bebidas mientras yo masticaba mi labio y murmuraba, "Y un trago de Jager." Carmen me dio una mirada confundida ya que había titubeado con la última orden. Colocando las bebidas frente a mí, me miró con los ojos muy abiertos cuando agarré el trago de Jager, levantándolo y exclamando, "¡Por mis ancestros alemanes!" y con eso, me tomé de un trago el caliente líquido ardiente, con mis ojos llenándose de lágrimas antes de estrellarlo sobre la barra y decir, "Dame otro."
"¿Qué, por todos los cielos, estás haciendo, Bella?" Carmen siseó, mirando frenética alrededor del lugar. "¡No puedes beber en el trabajo, eso es robar!"
"Sácate la mazorca del trasero, Car, y prepárame otra bebida," le respondí, levantándole una ceja. "Pondré algo de dinero en la caja más tarde si te hace sentir mejor."
"Demonios, sí, nena," exclamó Tia, agarrando el Jagermeister de los ágiles dedos de Carmen. "Bebe, Swan. Recuerdo la última vez que te embriagaste. ¡Esa fue una mierda graciosa!" Se carcajeó mientras me servía otro trago que rápidamente me tomé de golpe. La bebida no tardó mucho en hacer efecto, y empecé a reírme excesivamente.
"¿Por qué estás bebiendo?" Me preguntó Carmen preocupada. "Porque no soy irlandesa," respondí con el ceño fruncido y encogiéndome de hombros, como si esa fuera una respuesta aceptable. Tia y Carmen compartieron miradas de curiosidad entre ellas y se encogieron de hombros. Agarré las bebidas de los Cullen, sosteniéndolas insegura en mi bandeja, prácticamente regresando al lounge dando saltitos, de algún modo sin derramar una gota.
"¡Aquí tienen, chicos! ¡Qué disfruten!" Gorjeé, estallando en carcajadas cuando Carlisle Cullen me miró inquisitivamente. Deslicé las bebidas por la mesa a cada uno de ellos, dándole a Carlisle un sexy guiño, alejándome dando saltitos hacia otro mesa llena de jóvenes ebrios que me miraron lascivamente.
"¿Están listos para ordenar algo más, chicos?" Ronroneé, lanzando mi cabello sobre mi hombro y sacando mi cadera.
Un tipo rubio con sorprendentes ojos azules lamió sus labios y dijo, "Estoy listo para algo, pero no es una bebida." Resoplé en respuesta, soltando una risita como una tonta colegiala, y ahora el alcohol realmente estaba surtiendo efecto. El hombre sonrió, me dio su orden de bebida y me contoneé de regreso a la barra, todo el tiempo sintiendo los ojos de los hombres sobre mí.
Justo cuando llegué a la barra y le di a Carmen su orden, sentí una mano cálida envolver mi codo. "¿Qué demonios crees que estás haciendo?" Lo escuché decir, y no tuve que darme la vuelta para saber quién era, su familiar aroma y su voz como la miel se reproducían en mis sueños todos los días. "¡Ponte detrás de esa barra! ¡Todos están mirando tu trasero!"
"Pero si solo estoy haciendo mi trabajo, señor Cullen," murmuré, girando un poco mi cabeza para encontrar su mirada letal. "Ya no soy un barman. Al parecer carezco de las habilidades requeridas de un barman en un establecimiento Cullen… es gracioso lo decepcionante que soy para todos ustedes, ¿no cree? No soy la bastante buena como barman, no soy lo bastante buena para ti…"
"¿Alice te degradó? No me dijo nada…" Sonaba confundido, y por alguna razón eso hizo que me echara a reír. Carmen empujó una bebida por la barra hacia mí, ella y Tia observaban el intercambio entre Edward y yo con expresiones cómicas en su rostro. Me volví a reír.
"Disculpe, señor Cullen," ronroneé, agarrando la bebida con una mano al mismo tiempo que me daba la vuelta.
Su rostro se retorció por la ira, y me fulminó con una mirada asesina. Lo escuché jadear bruscamente cuando sus ojos se posaron en mi abultado escote. Soltando una risita, pellizqué su mejilla y pasé junto a él, regresando a la mesa llena de hombres ebrios. Le di a mi cliente su bebida con una tonta e inestable reverencia, y él la tomó colocándola sobre la mesa y me agarró por la cintura, poniéndome efectivamente en su regazo. Sus amigos gritaron y dieron alaridos mientras él les sonreía, susurrando en mi oído las cosas que quería hacerme. Su aliento olía como a cigarrillos y whiskey, y no era el aliento que quería oler, no era el aliento que quería que me invadiera. Su erección presionaba en mi trasero. Tratando de zafarme de él, levanté la vista alarmada para ver a Edward caminado furioso hacia mí, metiendo su mano al bolsillo interior de su traje, y me di cuenta horrorizada que probablemente estaba alcanzando un arma.
Fue entonces que las cosas se pusieron extrañas.
"¡Suelta a mi hermana, chupapollas!" Un vozarrón retumbó por sobre el golpeteo de la música hip hop que llenaba el club. El hombre que me sujetaba dejó caer sus brazos de mi cintura, y me deslicé al suelo con un golpe sordo. Miré hacia arriba, mi rostro congelado por la sorpresa.
De pie a mi lado estaba mi hermanastro, con un disfraz de un hotdog gigantesco, sus brazos saliendo de enormes panes de fieltro a cada lado de su cuerpo. Una salchicha gigantesca bajaba a lo largo de su cuerpo, la punta sobresaliendo precariamente entre sus piernas como un enorme pene rojo. Su airado rostro nos miraba a través de un agujero dentro del hotdog gigante, una larga tira de tela curveada bajaba por el frente como un listón de mostaza. Ignorando por completo el hecho de que acababa de ser maltratada por un extraño y estaba sentada en el suelo, estallé en risitas histéricas con lágrimas cayendo por mis mejillas.
"¡Eres una salchicha, eres una salchicha!" Canturreé, cayendo de costado, riendo y resoplando.
Emmett me miró con el ceño fruncido, recogiéndome del suelo y arrojándome sobre un hombro cubierto por el pan. Aullé de la risa al ver la expresión en el rostro de Edward mientras colgaba sobre el hombro de Emmett. Él se giró, cruzando el club hasta que llegamos a un rincón oscuro, donde prácticamente me hizo caer en una silla. Estaba despatarrada en la silla, con mis brazos caídos, mis costados adoloridos por la risa y Emmett mirándome.
"Bellarina, ¿estás ebria?" Mi hermano preguntó, su rostro enojado tornándose poco a poco en uno divertido. Asentí y solté una risita y él sacudió la cabeza con falsa decepción, riéndose bajito. "¿Quieres que pateé el trasero de ese tipo? ¡Quédate aquí y voy a ir a patearle el trasero!"
"No, no, está bien," me eché a reír, limpiando las lágrimas de mis ojos. "No hizo nada malo. ¡Probablemente pensó que era una prostituta ya que estoy vestida como una!"
Ignoró mi comentario, sus ojos desviándose al otro lado del club. "Supongo que no tengo que patear su trasero después de todo… parece que ese idiota va a hacerlo por mí." Seguí la mirada de Emmett justo a tiempo para ver a Edward hablar con el portero que luego se llevó al joven ebrio a través del bar, desapareciendo detrás de una puerta que conducía al callejón que pasaba a un lado del club.
Edward se dio la vuelta, mirándome a los ojos a través del lugar, su mirada se desvió de mí a mi hermano. Atravesó furioso el lugar, con sus manos cerradas en puños, deteniéndose frente a Emmett y a mí. Edward respiró con más fuerza cuando murmuró, "Tenemos que hablar."
"Retrocede, pervertido," gruñó Emmett, cruzando los brazos en su enorme pecho de hotdog. "¡Deja a mi hermana en paz!"
"Tu hermana…" Murmuró Edward, enderezándose. Su rostro perdió su típico ceño fruncido al mismo tiempo que le ofrecía a Emmett su mano. "Soy Edward Cullen…" Su voz se apagó cuando no pudo encontrar la forma adecuada de presentarse, haciéndome reír otra vez.
"¿Edward?" Dijo Emmett, evaluándolo, viéndose poco impresionado. Edward dejó caer su mano torpemente cuando Emmett se negó a estrecharla. "¿Este es el marica del que estás enamorada?" Emmett preguntó, señalando con su pulgar en su dirección. Edward me miró sorprendido, al escucharlo decir 'enamorada'.
Abrí mi boca para responder, pero Tia interrumpió, gritando, "¡La última de la noche!"
Me levanté con dificultad de la silla, explicando entre hipidos que tenía que terminar de servir a mis clientes. Dejé a un perplejo Emmett y Edward detrás cuando regresé al área lounge donde estaban los Cullen, menos Edward, para ver que la malvada zorra, Tanya, ya se les había unido. Llevaba puesto un vestido blanco de Marilyn Monroe, su cabello rubio peinado con crepé. Sus largos brazos delgados cubiertos con guantes de seda blancos y prácticamente estaba sentada en el regazo de Carlisle besando efectivamente su trasero. Esme estaba sentada cerca fulminándola con la mirada. Carlisle se reía y charlaba con ella, como si fueran viejos amigos… lo que posiblemente eran. Al parecer se perdieron el desenfreno entre Emmett, el tipo borracho y yo, ya que Esme me miró sonriendo cuando finalmente notó que estaba ahí.
"¡Oh, Bella! Allí estás," dijo emocionada, ignorando a su esposo y a Tanya. "Me alegra tanto verte… ¿podrías traerme algo fuerte? ¿Muy fuerte?" Susurró la última parte, asintiendo ligeramente hacia Tanya quién, al verme ahí ahora, me miró con el ceño fruncido.
"Sí, señora," le sonreí, dando saltitos a la barra y ordenando un fuerte whiskey irlandés. Carmen preparó rápidamente la bebida, deslizándola por la barra. Mi sangre seguía agitada por el Jager, dándome el coraje líquido para pavonearme de regreso a la mesa de los Cullen. Edward regresó mientras yo no estaba, sentándose junto a su madre. Tanya abandonó a Carlisle en mi ausencia y ahora manoseaba a Edward. Una emoción de placer egoísta recorrió mi cuerpo cuando lo vi apartarla de él, frunciendo el ceño y fulminándola con la mirada todo el tiempo mientras ella hacía un puchero.
"Aquí tiene, señora Cullen," anuncié y la cabeza de Edward se levantó de golpe al escuchar mi voz. "Un robusto whiskey irlandés."
"Ah, whiskey irlandés. Solo lo mejor," Carlisle ronroneó, viendo a su esposa tomar un sorbo, dándome una sonrisa de lado.
"Sí, desafortunadamente no todos podemos ser irlandeses," dije, mi voz con falsa tristeza al mismo tiempo que fruncía el ceño. Su sonrisa de lado desapareció, y vi como sus ojos se entrecerraban.
"¿Sabe algo de su gente, señorita Swan?" Carlisle preguntó, cogiendo su vaso y bebiendo lo que quedaba de su bebida. Escuché a Alice detrás de mí mientras apresuraba a los clientes que quedaban a salir por la puerta, y me deslicé en el asiento junto a Carlisle, provocando que me viera con una fría mirada.
"Escoceses y alemanes," respondí, batiendo mis pestañas con un puchero. Podía sentir los ojos de Tanya taladrándome. "Ni una gota de irlandeses, me temo."
"Una verdadera lástima, ¿no es así, señorita Swan?" Carlisle respondió, dejando la copa ahora vacía sobre la mesa y volviéndose hacia mí. Me dio una sonrisa engreída.
"Padre, es suficiente," Edward me sorprendió al decir eso, dándome una sonrisa tierna. Su padre gruñó descontento, insultado por la voz amonestadora de Edward.
"No, me siento orgullosa de mi legado," le dije, devolviendo la mirada malvada de Tanya. "¿Qué diferencia hace el linaje en mi vida?"
"Las tradiciones, querida," respondió, sonriendo con maldad. "Todas las familias tienen tradiciones. Puede que te sorprenda, pero nosotros tenemos una tradición en nuestra familia." Ahh… ahora quería jugar.
"¿Y cuál es esa, señor Cullen?" Le pregunté inocentemente, girando un mechón largo de cabello en mi dedo. Edward se movió incómodamente en su asiento, mirando a su padre con una expresión extraña en su rostro.
"Bueno, es el deber de un Cullen continuar con nuestro linaje irlandés. Todos nuestros ancestros son irlandeses, y es nuestra responsabilidad honrarlos al continuar la tradición."
"Es una lástima," respondí, ocasionando que Carlisle, de hecho, me mirara sorprendido. "Estoy segura que a un montón de familiares muertos no podría importarles menos con quién pasan sus hijos el resto de sus vidas."
Escuché que Edward y Tanya jadearon, mientras Esme cubría una risita con su mano enguantada. Si las miradas mataran, ya estaría muerta por la mirada furiosa que estaba recibiendo de Carlisle. Alice estaba gritando que todos fueran a la pista de baile y me incliné, agarrando el resto de la bebida de Edward mientras él me observaba, perplejo. Me la tomé de un solo trago, disculpándome con el grupo. Lo último que escuché fue la voz llorona de Tanya susurrando con fuerza, "Creí que habías dicho que era un club con clase, Carlisle. ¡Ella se ve como una puta de poca monta!"
Caminando detrás de la barra, hice exactamente lo que le prometí a Carmen que haría, metiendo un puñado de efectivo en la registradora que ella tenía abierta. Rose y Alice se acercaron a la barra, con enormes sonrisas en sus rostros.
"¡Barra libre!" Gritó Alice. "¡After party!" Escuché que mi hermano soltó un ruidoso grito de guerra, y miré en su dirección, gimiendo mientras revisaba una pequeña laptop que estaba junto al DJ.
"¿Qué pasa?" Preguntó Rose, viéndome forcejear con Carmen quitándole la botella de Jagermeister de sus dedos. Me serví un trago, dejando que el caliente líquido quemara mi garganta antes de responder.
"¿Qué no ha pasado? Edward ha pasado la mayor parte de la noche fulminándome con la mirada o viéndome con tristeza, su exnovia no deja de manosearlo, su padre me odia, y mi hermano está eligiendo la música. Esta noche no va a terminar bien," respondí, sirviéndome el cuarto trago de la noche, el que Carmen sacó efectivamente de mi mano y se tomó ella. Le di una sonrisa torcida que me devolvió, agarrando un vaso y preparando una bebida para T.
"Bebe, T," le ordené, empujando el vaso por la barra. Se detuvo justo frente a ella, un metro y medio de distancia, sin desperdiciar una gota. ¡Que no soy una buena barman, mi trasero!
"Uh, uh. Sé de tu pequeño plan malvado. Empieza contigo poniéndome ebria como una chica blanca y termina conmigo despertando en un campo en alguna parte desnuda… o peor, todos ustedes me llevarán a alguna parte y me asesinarán."
Sacudiendo mi cabeza y riéndome entre dientes, coreé su nombre, con Rose, Alice y Carmen uniéndose eficazmente. Finalmente se tomó la bebida, su rostro arrugándose por el sabor. Silbamos y gritamos alentándola a beber más. Las cosas después de eso se volvieron borrosas, al mismo tiempo que la habitación empezaba a inclinarse un poco.
Afortunadamente, Esme y Carlisle rechazaron cortésmente la invitación de Alice de quedarse a la after party, dejando discretamente el edificio abrazándose el uno al otro. Mientras Carlisle me lanzaba una fría mirada por encima de su hombro, levanté mi trago recién servido de Jager, saludándolo mientras se iba. Edward y Tanya estaban cerca de la puerta principal, él gritándole que se fuera, señalando a la puerta junto a él mientras ella sacudía su cabeza y se mantenía firme, plantando sus tacones en el suelo con firmeza y dándole una mirada pasiva. No podrían importarme menos esos dos, porque estaba demasiado ocupada emborrachándome.
Finalmente, los empleados que quedaban, junto con Alice, Rose y Emmett, terminaron en la pista, bailando al ritmo de Ice Ice Baby. Emmett empezó a hacer el corredor, lo que llevó al Rogger Rabbit. En poco tiempo estaba haciendo el jerk y luego el cabbage patch. Lo siguiente que supe fue que Emmett se puso entre Tia y Carmen, su gigantesca salchicha roja picando provocativamente a Tia en el trasero mientras Carmen arrojaba una pierna alrededor de unos de sus panes de hotdog, restregándose contra él, haciéndome aullar de la risa. Él le gritó a Tia, "¿Siquiera has estado antes con un hombre blanco?" y ella respondió, "No, ¿por qué? ¿Estás ofreciendo tus servicios?" Rose, ya en su propio estado de embriaguez, empezó a llorar, corriendo al baño, con Alice siguiéndola.
Gemí al ver a mi imbécil hermano, terminándome la bebida que sostenía mientras me tambaleaba hacia el baño. Al pasar por el pasillo cercano, el rincón de la habitación ahora envuelta en oscuridad, sentí una mano fría que me agarró por detrás, cubriendo mi boca mientras pateaba y dejaba escapar gritos amortiguados, ahogados por la fuerte música.
Estaba en el pasillo que conducía a la parte trasera del club, pegada a alguien que se sentía extrañamente familiar, pero no de una buena forma. Agarré la mano que cubría mi boca y el gritó se atoró en mi garganta cuando habló por primera vez.
"Isabella, ha pasado mucho tiempo," la voz me dijo bajito, mi cuerpo se congeló por el terror. ¡No, no, no! ¡No puede ser él! ¡Por favor, Dios, no permitas que sea él! "¿Me extrañaste? Yo te extrañé…" James susurró, con una sonrisa en su voz.
Nunca soltó mi boca para escuchar mi respuesta. "Sabía que con el tiempo te encontraría… sabía que nunca dejarías el sur, que nunca te alejarías mucho de casa, aunque ha sido un tanto preocupante ya que Jasper cubrió cada paso que diste. Ahora, escúchame con atención. Deshazte de tu hermano, y dile a Jasper que me deje de una puta vez en paz. Estoy bastante cansado de que me persiga de estado a estado, de pueblo en pueblo. Es muy meticuloso e implacable, se lo reconozco. Sin embargo, ya me he aburrido bastante con todo eso. Si no termina pronto, voy a tener que empezar a matar gente de nuevo. ¿Es eso lo que quieres, Isabella? ¿Quieres que empiece a matar a todos los que amas? Tal parece que has hecho muchos amigos desde que te mudaste aquí… odiaría que alguien más saliera lastimado."
"¡No!" Traté de gritar, pero él sostuvo su mano con firmeza sobre mi boca, su otra mano ahora bajando a mi pecho. Intenté usar cada movimiento que sabía, cada movimiento que me había entrenado para realizar a la perfección, pero no funcionaron porque el hombre me sujetaba con fuerza. Contuve las ganas de vomitar cuando tomó uno de mis pechos, amasándolo mientras respiraba en mi cuello.
"Cuando estés lista a aceptar el hecho de que me perteneces… sabrás dónde encontrarme. Ven sola. Te estaré esperando," susurró, con un inestable tono de voz agradable. Y entonces se fue, desapareciendo en las sombras, dejando solo el persistente olor a cigarrillos viejos.
Caí de rodillas, jadeando por aire y rogando sobriedad, maldiciéndome por todas las bebidas que había consumido. Al estar sentada en el suelo escuché un grito horrendo por sobre el sonido de la música hip hop. ¡No, por favor, no mis amigos! ¡Por favor, Señor, no permitas que haya lastimado a mis amigos! Luché para ponerme de pie, balanceándome en la oscuridad, saliendo del pasillo a trompicones hacia el club. Tia estaba en la puerta que conducía al callejón, con el rostro paralizado por la conmoción. Se volvió hacia mí, haciendo gestos como loca mientras yo corría tambaleándome hacia ella. Señaló hacia el callejón y lentamente atravesé la puerta, con Tia siguiéndome de cerca.
De pie en el callejón no estaba James, sino Carmen, su cuerpo aún cubierto con la bata negra de la parca. En una mano sostenía la linterna con la vela sin flama titilando. En la otra mano sostenía una botella rota, los bordes dentados bañados en sangre espesa. Un hombre yacía en el suelo debajo de ella, con sangre brotando de un largo corte en su frente. Su bata blanca ondeaba a su alrededor, y él se veía como si estuviera simplemente durmiendo, sus ojos cerrados y una expresión pacífica en su rostro.
"¡Oh Dios mío!" Jadeé, mirando a Carmen en shock. "¡El Jesús ebrio está muerto!"
(1) Phoebe Anne Oakley Moses (Condado de Darke, Ohio, 13 de agosto de 1860 – Greenville, Ohio, 3 de noviembre de 1926) fue una famosa tiradora que participó durante diecisiete años en el espectáculo de Buffalo Bill que recreaba escenas del viejo oeste. A la edad de 15 años ganó a Frank Buttler (1847-1926), un tirador y entrenador de perros, los $100 que éste apostaba a cualquiera que lo venciese en una competición de tiro. Annie aceptó el reto y el resultado fue que, de 25 tiros posibles, ella no falló ninguno, mientras Butler erró en uno.
(2) Traje zoot es conocido en México como traje de Pachuco.
¡Y apareció James! Pobre Bella :( Ahora que al parecer empezaba a crearse una vida lejos de ese psicópata, él vuelve a hacer de su vida un infierno. ¿Será que Bella, por temor a que lastime a sus amigos, a Edward, vaya a buscarlo? ¿Ustedes qué creen? Sin duda hay mucho de qué hablar, mucho qué comentar sobre este capítulo. Prácticamente les estoy dando dos con el precio de uno jejeje. Ya aprendimos un poco más de Rose y su pasado, ahora ella también ya es amiga de Bella. Y Bella platicó un poco más del pasado que tuvo con sus tíos, por qué sabe disparar tan bien. Es evidente que la pobre no ha tenido una vida fácil, y ahora que parecía a pintar un poco mejor (con todo y la incertidumbre con Edward), vuelve a aparecer este tipo. Tendremos que ver ahora qué hará Bella después de esa amenaza y cómo actuará Edward si se entera de todo. Espero que hayan disfrutado del capítulo y como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué fue lo que más les gustó, qué esperan que suceda ahora. Recuerden que si no saben que escribir, con solo un gracias, un saludo o una carita feliz es suficiente. Solo queremos saber que leen y disfrutan de la historia, y eso sirve también para que más autoras otorguen permiso para traducción. Sus reviews son muy importantes para nosotros, no lo olviden. Además que con ellos, USTEDES marcan el ritmo de las historias.
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: dushakis, liduvina, kaja0507, Sheei Luquee, miop, Gabriela cuellar, Say's, jupy, Alexandra Nash, Sully YM, Melany, freedom2604, BereB, crysty katy, lagie, bbluelilas, Arlette Cullen Swan, paupau1, rjnavajas, Melina, JessMel, Adriana Molina, tulgarita, SharOn, MelACS, Klara Anastacia Cullen, torrespera172, Shikara65, yese, Danny CullenMa, EriCastelo, Manligrez, Tecupi, Fallen Dark Angel 07, Julieth, Flor Santana, anybella, Ali-Lu Kuran Hale, Paty Limon, andyG, Gabriela Cullen, FerHerrera, Cary, andreasotoseneca, patymdn, Karina, Jimena G, Vrigny, PRISOL, Vanina Iliana, Pili, Tata XOXO, Karlita Carrillo, angryc, injoa, saraipineda44, maries24, VampireQueenR18, Lady Grigori, Lizdayanna, MARIA JOSE ESPIN, Liz Vidal, carolaap, cavendano13, Mafer, Yoliki, alejandra1987, Yendry Villachica, DenniChavez, Pam Malfoy Black Brenda Cullenn, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, ¿cuándo? DEPENDE DE USTEDES.
