Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.

Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)


CAPÍTULO DIEZ: LA CHICA BLANCA MÁS GANGSTA QUE CONOZCO

You don't need a girl like me

I've got bruises you can't see

And when the lights go out

I won't be around

You don't need a girl like me

Girl Like Me – Miranda Lambert

"¿Por qué me estás viendo así?" Preguntó Carmen cuando me le quedé mirando junto al hombre que sangraba. Su rostro se perdía en el mar de oscuridad bajo la capucha negra de la bata. "¡Yo no lo maté! ¡Salí a fumar y lo encontré así!"

Sentí el pulso del hombre en su cuello, suspirando de alivio cuando el débil pero constante latido de su corazón palpitó debajo de las puntas de mis dedos. "Está vivo," le dije, mirando brevemente a mis amigas justo cuando escuché al hombre gemir bajito, girando su cabeza hacia un lado.

"¿Deberíamos llamar a la policía?" Preguntó Tia, mirando preocupada hacia arriba y hacia abajo por el callejón. "¿O una ambulancia?"

"No llamen a nadie," dijo el hombre con voz rasposa, sus ojos amables abriéndose y mirando a los míos preocupados. "Por favor, no llamen a nadie," repitió, con un dejo de pánico en su voz, un pánico que solo alguien como yo podría comprender sin cuestionarlo.

"Déjame ver bien esa herida en tu cabeza," le respondí, ignorando momentáneamente su suplica, quitando el cabello de su frente para ver mejor el corte. "Si está muy profunda puede que necesites puntadas y tendrás que ir al hospital para que te las den. ¿Podría alguna de ustedes conseguir algo para limpiar esta herida?" Les pedí a mis dos amigas. Tia asintió, se dio la vuelta y desapareció dentro del club, la música de los noventas retumbó ruidosamente en el callejón cuando abrió la puerta, ahogándose rápidamente cuando la puerta se cerró detrás de ella.

"Estaba en el callejón bebiendo y un hombre caminó por aquí, tratando de pasar por esa puerta," el Jesús ebrio explicó, mirándome con seriedad antes de señalar la puerta a un lado del club. "Le dije que tenía que dejar de intentar escabullirse sin pagar… no me vio cuando trató de entrar. Cuando hablé, me vio sentado cerca del contenedor… agarró la botella de mi mano. Cuando me levanté, rompió el extremo de la botella contra la pared de ladrillo y se lanzó con ella hacia mí. Eso es todo lo que recuerdo…"

"¿Cómo se veía?" Pregunté; con un nudo en mi garganta.

"Estatura promedio… peso promedio… de mediana edad… cabello largo rubio recogido en una cola de caballo. Estaba demasiado oscuro para ver su color de ojos… llevaba ropa oscura. Eso es todo lo que recuerdo en realidad," el hombre mayor respondió, batallando para sentarse.

"James…" Dije para mis adentros, sintiéndome increíblemente culpable y tragando grueso. Sujeté su brazo cuando se sentó, tratando de estabilizarlo. Tia finalmente regresó, con un kit de primeros auxilios en su mano. Saqué los suministros, me puse un par de guantes y limpié el corte tan bien como pude, aliviada de ver que la herida no era tan profunda como previamente asumí. Tomando pequeñas mariposas adhesivas, uní los bordes de la herida tanto como pude para asegurarme que sanara apropiadamente y disminuyeran los riesgos de infección y cicatrices. El hombre me sonrió amablemente cuando ofrecí llevarlo al hospital, y educadamente rechazó mi solicitud. Estaba un poco inestable, pero era difícil decir si era por la herida en su cabeza o simplemente porque estaba ligeramente embriagado. Tambaleándose, se despidió con una mano temblorosa antes de escabullirse silenciosamente por el callejón, desapareciendo dando la vuelta en la esquina del edificio.

Fue mi culpa que James atacara a este hombre en este sucio callejón, solo, sin nadie que lo defendiera. Si James no estuviera tras de mí nunca se habría topado con el Jesús ebrio, que había estado sentado tranquilamente junto al contenedor haciendo lo suyo. ¿A cuántas personas lastimaría James tratando de llegar a mí? ¿La siguiente persona moriría? Pensé por un momento en mi tío Peter. James le había quitado la vida hace años. Era un hombre loco y enfermo, pero no se merecía morir de la forma en que murió. Necesitaba ayuda para sus problemas mentales… no ser asesinado a sangre fría.¿Tendrían el mismo destino mi familia y amigos? La razón para que huyera de casa y me ocultara, no solo fue la de protegerme, sino también para proteger a los que amo al distanciarme de ellos. Había creído tontamente que si no estaba cerca sus vidas podrían continuar, con suerte un tanto normal. Ahora pareciera como si los problemas de los que había intentado huir tan desesperadamente me hubiesen alcanzado y lo único diferente era el hecho de que personas nuevas e inocentes se estaban viendo envueltas en mi horrible situación. Tenía que descubrir una solución sin provocar que alguien a quién amo salga lastimado. Me paseé de un lado al otro del callejón, y cada sombra que veía provocaba que se formara un nudo de pánico en mi garganta mientras me devanaba los sesos por una solución.

"Muy bien, es momento de que confieses, Swan," dijo Tia, interrumpiendo el único sonido viniendo del callejón que era el taconeo de mis botas contra el pavimento. Hice una pausa al escuchar sus palabras, tratando de procesarlas entre la confusión de mis pensamientos y emociones. "Carmen y yo íbamos a salir a fumar cuando vimos a un hombre correr por el pasillo y salir por esta puerta," explicó, señalando a la puerta. "Carmen corrió hacia la puerta, toda pálida y curiosa por naturaleza como ustedes la gente blanca suele ser. Cuando la escuché gritar me asomé, en contra de mi buen juicio y la encontré parada ahí junto al hombre ebrio. Me di la vuelta para pedir ayuda y te vi salir tambaleándote del pasillo… el mismo pasillo del que salió corriendo el atacante del Jesús ebrio. ¿Qué está pasando, Swan? ¿Sabes quién atacó al Jesús ebrio? ¿También te lastimó a ti?"

Pasando los dedos por mi largo cabello, me quedé mirando a mis amigas. Tía estaba con los brazos cruzados observándome con sus oscuros críticos ojos y Carmen, cuya capucha ya había caído sobre sus pequeños hombros, me miraba malhumorada, con su cabello castaño asimétrico enmarcando su rostro delgado. Estas chicas eran mis amigas y les debía una explicación.

"Sí," le respondí, dejando escapar un suspiro que no sabía estaba conteniendo. "Lo conozco. Su nombre es James. Es alguien que conozco desde que era una niñita. Vino aquí a advertirme… que si no… me entrego a él, va a lastimar a la gente que amo. Tengo que hacer algo… es solo que no sé qué." Empecé a pasearme otra vez, tirando de mi cabello, pensando momentáneamente en Edward y cómo tiraba constantemente de su cabello cuando estaba enojado o estresado.

"¿A qué te refieres con 'entregarte a él'?" Carmen preguntó, sus ojos castaño claro mirando confusa a los míos castaño oscuro. Tomé otra respiración profunda y respondí, "Me quiere a mí. Eso es todo. Me dijo que sabría dónde encontrarlo… lo que no sé… pero lo sabré, porque voy a hacer todo lo que esté en mi poder para terminar esto. Tengo que terminar con esto. ¡No sé cómo, pero voy a terminar esto!"

"¿Es algún tipo de… acosador o algo así?" Tia preguntó en voz baja.

"¡Sí! Es un maldito acosador, ¿de acuerdo?" Respondí con brusquedad, desquitando mi frustración injustamente en los que amo. "Me secuestró cuando era una niña… Si Emmett y Jasper no me hubieran encontrado en ese entonces, bueno, ya estaría muerta. ¡No se supone que fuera así! Pasé años en terapia… y me ayudó muchísimo. ¡Él estaba en prisión! Comencé a funcionar como una persona normal otra vez después de eso. Pero él escapó hace algunos años… he estado huyendo desde entonces. De algún modo me encontró. Me metió al pasillo, me amenazó y… me tocó… ¡Está obsesionado conmigo! Esto nunca terminará, ¿verdad? Esto nunca terminará." Empecé a desvariar y murmurar, más para mí que para mis amigas mientras seguía paseándome de un lado al otro del callejón. ¡Piensa, Bella! ¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer?

Carmen y Tia se miraron la una a la otra preocupadas, antes de devolver su mirada hacia mí. Me paré en seco girándome sobre mis talones, apuntando un dedo entre las dos y siseé, "No le cuenten a nadie sobre James. Nunca lo vieron… no encontramos al Jesús ebrio en el callejón. Jamás sucedió nada de esto, ¿entendido?"

Carmen titubeó, y luego respondió, "Bella, ¿no crees que es mejor contarle a tu hermano? ¿Qué pasa si vuelve y te lleva? ¡No podría vivir con ese tipo de culpa! Si no quieres que le contemos a Emmett, al menos déjanos contarle a Edward. Él es un hombre poderoso…" La interrumpí antes de que pudiera terminar esa oración.

"Edward es la última persona que debe saberlo," susurré, amando muchísimo a mi hermano, pero la sola idea de que Edward pudiera ser lastimado por James provocó que mi cuerpo se congelara por el terror. Edward era el único hombre por el que había tenido sentimientos románticos, el único hombre con el que había imaginado estar… y que me condenen antes de permitir que sufra a manos de ese psicópata.

"Entonces, ¿qué vas a hacer?" Carmen preguntó con curiosidad, cambiando su peso de un pie al otro y mirándome mientras yo empezaba de nuevo a pasearme de un lado al otro.

El sonido de las sirenas de la policía y risa ebria entró al callejón desde la calle, pero apenas si la noté cuando empecé a formular un plan. ¿Era un plan estable? No. Era un plan completamente idiota y pobremente calculado, pero era el único que tenía y tendría que tomar el riesgo. Estaba cansada de huir, cansada de ocultarme, cansada de mirar por encima de mi hombro, y cansada de estar asustada la mayor parte del tiempo. Estaba harta y cansada de estar harta y cansada. Era el momento de recuperar mi vida… el momento de finalmente tener una vida propia, una vida sin James Hunter en ella.

"Vuelvan a entrar… actúen como si todo fuera normal. Si alguien pregunta, díganle que estoy afuera tomando algo de aire. No le digan a nadie lo que pasó, ¿de acuerdo? Tengo una idea…" Respondí, buscando mi teléfono en las estúpidas chaparreras. Sacándolo, me desplacé por mis contactos hasta que encontré el que necesitaba, presionando mi dedo en la pantalla e iluminando el número. Levanté la vista, sorprendida de ver a mis amigas aún paradas ahí, observándome.

"No vamos a ir a ninguna parte. O nos dices lo que vas a hacer o vamos a ir con Emmett," dijo Carmen con un tono de voz extrañamente firme, mirándome con ojos férreos. Tia la miró y luego a mí con incertidumbre.

"Bien," dije con brusquedad, lanzando mis manos hacia arriba con frustración. "Es momento de conseguir un arma, ¿está bien? Necesito algo para protegerme hasta que averigüe dónde encontrar a James. Necesito un arma que no puedan rastrear hacia mí porque después que descubra dónde está James, voy a cazar al bastardo. ¿Es eso lo que quieres escuchar? ¿Quieres ser parte de eso? No lo creo. Vuelvan a entrar y no se preocupen por mí."

Las dos siguieron mirándome preocupadas, antes de que Carmen suspirara, pasara los dedos por su cabello y dijera, "Estoy contigo. No vas a pasar por esto sola. Una verdadera amiga no te dejaría pasar por esto sola." Le dio a Tia una mirada penetrante.

Tia gimió y frotó su frente, murmurando, "No puedo creer que siquiera esté diciendo esto, pero yo también estoy contigo. He estado pasando mucho tiempo con ustedes caras pálidas. Estoy empezando a hacer mierdas realmente estúpidas."

Intenté discutir con ellas, pero no me escucharon. Carmen entró en el lugar con la intención de informarle a cualquiera que nos buscara que estábamos afuera tomando algo de aire. Volvió a salir discretamente al callejón y las dos me vieron presionar la pantalla, llamando a alguien que conocí cuando recién me mudé a Memphis. Estaría despierto, y no estaría lejos. Contestó el teléfono con voz ronca y escuchó sin interrumpir mientras le explicaba lo que necesitaba con susurros. Terminamos la llamada y me recargué en el edificio, cruzando los brazos sobre mi pecho, tratando de calentar mi cuerpo contra el frío del aire.

"¿De verdad van a quedarse aquí afuera todo el tiempo?" Pregunté, a lo que simplemente se miraron la una a la otra y asintieron en respuesta. Suspirando, dejé que mi mirada vagara a la entrada del callejón desde la calle. En unos minutos, reconocí su forma familiar cuando entró al callejón.

Willie Curtiss sin piernas entró rodando silenciosamente al callejón en su pequeña silla de ruedas, deteniéndose a menos de un metro de distancia de mí. Su piel oscura arrugada por la edad, su rostro tenso enmarcado por su largo cabello lacio y negro. Sus intensos ojos castaños brillaban al mirarme, el oro en los pocos dientes que le quedaban destellando bajo la tenue luz suspendida sobre mí en el callejón. Willie traía ropa deportiva color azul marino, las piernas del pantalón sujetas bajo los muñones que alguna vez fueron sus extremidades. Me sonrió al mismo tiempo que le daba una sonrisa sombría.

"Debes estar en verdaderos problemas, muchacha," dijo, mirando a mis dos amigas que se nos veían con curiosidad.

"Lo estoy, Willie. Estoy en verdaderos problemas. Voy a cobrarme ese favor que me debes desde hace tiempo. Necesito ayuda, Willie, y sabía que eras justo el hombre que debía llamar," le expliqué, tratando de suavizarlo, observando su rostro mientras una variedad de expresiones pasaban por él.

Frunció sus labios, mirándome con aire pensativo. "¿Qué necesitas, niña? Haré lo que pueda. No puedo prometerte nada."

"Necesito un arma, Willie. Alguien me persigue, tratando de lastimarme y a mis amigos," expliqué, haciendo un gesto hacia mis dos amigas, a quién miró con atención. "Necesito algo para protegerme, algo que no pueda rastrearse hasta mí, o alguien más."

"Muchacha, no vendo nada como eso," me regañó, rodando su silla un poco hacia atrás. "Vendo relojes, ropa, películas… no vendo lo que estás buscando."

Estaba nervioso; eso era obvio. No conocía a Carmen y a Tia lo bastante bien para confiar en ellas. La mirada de Willie se desvió de mí a Tia y a Carmen al retroceder por el callejón. Cuando me mudé a Memphis, conocí a Willie pedaleando sus artículos de contrabando en la calle. Nunca compré nada, pero en ocasiones le di un poco de mis propinas. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de lo frágil y débil que estaba; lo desnutrido que se puso con el tiempo. Comencé a llevarme sobras de comida del trabajo, las cosas que Fred habría tirado, dejándolas con Willie al pasarlo por la calle de camino a mi casa. Una noche me confesó que algunas veces la comida que le daba era lo único que consumía. Desde entonces, no había visto mucho a Willie. Su hermana lo acogió en su casa y ayudó a cuidar de él poco después de lo que me confesó, pero no antes de darme un número para llamar si alguna vez necesitaba su ayuda. Seguía viéndolo pedalear sus cosas por la calle Beale de vez en cuando, pero ahora se veía mucho más saludable y feliz. Sabía que Willie tenía conexiones; era tan bien conocido en la calle que si necesitabas algo, lo que sea, Willie Curtiss sin piernas tenía forma de conseguirlo.

"Gracias de todos modos, Willie," murmuré, deslizándome por el muro de ladrillo hasta que estaba sentada en el suelo.

Colocando el rostro en mis manos, suspiré derrotada. No podía ser difícil encontrar en Memphis un arma imposible de rastrear… ¡Aquí asesinaban a gente todos los días! Los únicos aquí que conocía personalmente que eran dueños de armas eran Edward, posiblemente Jacob Black, y probablemente mi hermano también cargaba una, aunque estoy segura que se supone debiera hacerlo por su libertad condicional. Mientras seguía considerando mis opciones, escuché que alguien se aclaró la garganta. Sorprendentemente, levanté la vista para ver a Willie aún sentado cerca, observándome con tristeza.

"Tengo un familiar… mi sobrino. Él tiene lo que estás buscando," dijo Willie. "Por un buen precio," añadió, buscando en su bolsillo. Sacó un viejo y algo desgastado teléfono que abrió. Después de presionar un botón, desde su silla observó a los rostros de Tia y Carmen con cautela mientras hacía la llamada. Habló con alguien brevemente en susurros, antes de cerrar rápidamente el teléfono.

"Quiere conocerte," anunció, metiendo el teléfono en el bolsillo de su traje deportivo. "A las cuatro, mañana. Dijo que podía darte su dirección. Primero te conoce, luego consigues la pieza. Él no es tan confiado como yo. No quiere venderle a un policía. Probablemente no la tendrá cuando llegues ahí. Por lo general se encuentra con las personas en una segunda locación para darles lo que compraron."

"Eso es comprensible," reflexioné en voz alta, recibiendo miradas asesinas de Tia y Carmen. "Muy bien, dame su información para poder guardarla en mi teléfono. Ahí estaré a las cuatro en punto."

Willie me dijo la dirección, mi dedo deteniéndose frente a la pantalla del teléfono antes de escribirla con dedos temblorosos. Me deseó buena suerte, salió rodando del callejón y desapareció. Tia y Carmen procedieron a volverse locas.

"¡Eso es en Orange Mound, Bella!" Siseó Tia, mirando por el callejón para asegurarse que Willie se hubiera alejado lo suficiente para no escucharla. "¡No vas a ir a Orange Mound! ¡Tal vez no logres salir con vida!

"¿Crees que no sé eso? No soy de Memphis, pero sé dónde están los guetos," suspiré, levantándome de dónde estaba sentada, volviendo a meter el teléfono en mis chaparreras.

"Sí, pero estamos hablando de Orange Mound," Carmen subrayó, cogiendo su linterna abandonada del suelo. "Es el peor vecindario en Memphis. ¿Estás segura que vale la pena el riesgo? Olvida a su sobrino. Conozco a un hombre que puede ayudarte. Lo llaman 'El limpiador'. Él 'limpia tus problemas' si sabes a lo que me refiero." Carmen empezó a subir y bajar sus cejas y me miró sugestivamente.

"De acuerdo, perra. Quiero saber cómo es que conoces a un hombre llamado 'El limpiador'," dijo Tia, rodándole los ojos a Carmen.

"Tenía una vida antes de conocerte…" susurró Carmen dramáticamente, subiendo la capucha de su disfraz sobre su cabeza, la vela sin llama proyectó extrañas sombras en su rostro debajo de la capucha.

"Muy bien, esta conversación se ha vuelto oficialmente extraña, y creo que necesitamos cambiar su rumbo antes de que Carmen me tenga contratando a un asesino a sueldo que conoció en Craiglist," les dije, sacudiendo la tierra por detrás de mis chaparreras y luego señalando a la puerta del club. "Cuando atravesemos esa puerta, vamos a olvidarnos de lo que pasó esta noche. Nos vamos a olvidar de James, de ir mañana a Orange Mound, y del hecho que probablemente no lograré regresar con vida." Traté de sonreír, pero sentí que no llegó a mi rostro. "No van a decirle nada a Emmett o a Edward, ¿verdad?"

"¿Qué hay del video?" Carmen preguntó, observándome con curiosidad.

"¿Cuál video?" Pregunté, mi frente arrugándose por la confusión.

Ella no dijo nada, pero apuntó hacia arriba, la manga larga de su bata cayendo por su brazo. Mis ojos viajaron a la dirección a dónde apuntaba, y simultáneamente sentí que mi corazón se detuvo y mi alma cayó al suelo, porque colocada a un costado de Destino estaba una pequeña cámara de seguridad… apuntando directamente hacia nosotros.

"Mierda," murmuré, frotando mi frente en frustración. ¡Genial! ¡Otra cosa de la qué preocuparme! "¿Cuándo creen que Edward vea la grabación? ¿Cuánto tiempo se queda grabado? ¿Dónde creen que tenga las grabaciones?" Pregunté, volviendo a pasearme de un lado al otro.

"Cálmate," Tia dijo con brusquedad, poniendo los ojos en blanco. "Por lo general, los videos de seguridad se repiten y graban sobre lo que ya está grabado. No sé qué tan a menudo, pero probablemente en un día o dos."

"Apuesto a que es infrarroja, solo lo mejor… las vi adentro," susurró Carmen, mirando a la cámara preocupada. "Las que están adentro probablemente grabaron a James sujetándote… ¿qué vas a hacer si Edward ve eso? No es difícil darse cuenta que él siente algo por ti, ¡y maldición, ese hombre tiene un temperamento explosivo y una mecha corta! ¡Probablemente tratará de cazar a ese hombre, James, y lo matará solo con sus manos! ¡Tal vez debería ver los videos de grabación!"

"No," la contradije. "Vamos adentro. Nos hemos ausentado mucho tiempo. No digan nada sobre lo que ocurrió. Voy a encontrar los monitores de seguridad y a tratar de descifrar cómo borrar las grabaciones. Solo entren e intenten actuar con normalidad." Mis amigas aceptaron vacilantes a lo que les dije, y entraron rápidamente al edificio. Yo me quedé atrás, mirando a la cámara que apuntaba directamente hacia mí.

"Lo siento," murmuré a la cámara, sintiéndome increíblemente triste. Mi labio tembló un poco cuando entré al club detrás de mis dos amigas.

El regreso de James, un herido Jesús ebrio, Willie sin piernas, todo eso lo dejé en el callejón justo como les dije a mis chicas que haría. Si alguien estaba ebrio cuando salí, ahora estaría completamente borracho. Alice y Emmett estaban en la pista de baile mientras Alice trataba de enseñarle a Emmett el Peta Griffin (1). A Emmett se le estaba haciendo difícil entender el concepto, pero podía hacer el Cat Daddy sin problemas, y empezó a hacerlo por toda la pista de baile, viéndose como un enorme hot dog discapacitado rodando por todas partes en una silla de ruedas invisible. Rose había regresado al bar, fulminando con la mirada a Tanya y a Edward al otro lado del lugar, quién seguía gritándole a la tonta rubia. Tyler, Jessica, Lauren, Laurent y Victoria bailaban alrededor de Emmett aullando de la risa al ver sus payasadas, con Laurent bailando provocativamente cerca de él, posiblemente un poco demasiado cerca para su gusto. Rose se tomó de golpe otro trago, hipando cuando me paré a su lado.

"¿Dónde has estado?" Murmuró patéticamente, lanzándole a Tia una mirada de odio.

Tia simplemente levantó una ceja y se unió al resto de los chicos en la pista de baile. Los altavoces comenzaron a tocar a todo volumen "Funky Cold Medina" a lo que Emmett empezó a silbar y gritar, saltando arriba y abajo como un idiota, la salchicha de fieltro aleteaba por todos lados como alguna extraña pornografía de Plaza Sésamo. Sus ojos se iluminaron cuando vio a Tia y Carmen regresar a la pista de baile, antes de agarrar a Carmen por la cintura y atacarla por detrás con la gran salchicha roja, restregándosela en el trasero mientras ella estallaba en carcajadas.

"Solo fuimos por algo de aire fresco… sabes que Emmett solo está haciendo el tonto, ¿verdad?" Le pregunté, sentándome junto a ella en la barra, esforzándome por ignorar el pasillo oscuro al otro lado donde James me había atacado.

"Sí, como sea. No es como si él me interesara o algo así," Rose se rio con amargura, su rímel manchando un poco bajo sus ojos, de algún modo haciendo que se viera incluso más sexy de lo normal. Si fuera yo, solo me vería como un mapache. "Quiero decir, es gracioso y todo… me hace reír como nadie… y es dulce… y ama a los niños… y me hace sentir especial… y me hace feliz… pero…"

"Sí, cariño," me eché a reír, sirviéndome otro Jager, contra mi buen juicio. "No me parece que estés interesada en él para nada."

"¡Lo sé! ¡Soy patética!" Se quejó, mirando al otro lado de la habitación al grandísimo bobo de mi hermano. "¡Debería ser como Edward y simplemente mandar al demonio a mi padre! ¡Decirle que voy a estar con quién yo quiera estar sin importar qué y simplemente mudarme, justo como Edward lo hizo! ¡Demonios, soy una mujer adulta! ¿Por qué sigo viviendo en casa de todos modos? ¡Te diré por qué, porque padres como los que tenemos, te jalan haciéndote sentir que les debes algo, como si les pertenecieras! ¡Te hacen sentir dependientes de ellos, siempre esforzándote por hacerlos felices, lo que nunca pasa, por cierto! Es patético. Estoy harta de todo ello… harta."

"Espera, retrocede," le dije, desconcertada. "¿A qué te refieres, con lo que dijiste sobre Edward?"

Rose soltó una risita, palmeándome en la cabeza como una niña. "¡Tonta Bella! Edward ha vivido en una casa junto a la de sus padres por muchos años, hasta hace unos días. Él y Carlisle discutieron, por ti, y él se mudó. ¿No te lo dijo Alice? Él le habló a Carlisle sobre sus sentimientos por ti… Carlisle lo desaprobó, y él se mudó. Le dijo que no le importaba si tú no eras rica, irlandesa o católica. Tan sencillo como eso. Desearía poder hacer eso… desearía ser así de fuerte," murmuró, sus ojos cerrándose un poco.

¿Edward le dijo a su padre que tenía sentimientos por mí… y se fue tras la desaprobación de su padre? Me le quedé mirando a Edward al otro lado de la habitación mientras seguía discutiendo con Tanya, señalando a la puerta mientras ella se cruzaba de brazos y sacudía la cabeza. Tal vez Alice tenía razón… tal vez él lamentaba las cosas idiotas que dijo. Obviamente dejó las cosas en claro, en lo que a su padre se refiere. Tal vez recuperó el sentido…

Rose empezó a resoplar de la risa, señalando a Edward y Tanya mientras discutían. "¡Odio a esa mujer!" Exclamó, riéndose histérica. "¡Se acostó con mi novio del instituto! ¡Él fue el primer chico del que me enamoré! ¡Siempre he querido retorcerle el cuello!"

"¿Ustedes se conocían en ese entonces y ella durmió con tu novio?" Pregunté, perturbada. "¿Ella sabía que estaba saliendo contigo?"

"¿Que si lo sabía?" Repitió Rose, riéndose y echando su cabeza hacia atrás, haciendo rebotar su resplandeciente cabello. "¡Claro que lo sabía! ¡Ella era mi mejor amiga en ese entonces! Amaba a ese chico… Gah, siempre ha sido una puta. Engañó a Edward todo el tiempo que estuvieron juntos."

De repente, escuché que gritaban las palabras 'mediocre basura blanca' y 'corriente' al otro extremo del bar. Levantando la vista sorprendida, me quedé inmóvil al ver a Tanya gritándole a Edward, apuntando al otro lado del bar hacia mí con su dedo flacucho, los ojos de él se desviaron hacia mí por un momento, disculpándose. ¿Esa mujer me estaba llamando… basura blanca?

"La única razón por la que no la echa a la calle es porque quiere mantener algo de paz con su padre," Rose explicó, viéndome con una expresión enojada. "Alguien realmente debería poner a esa puta en su lugar…" Rose estaba tratando de provocarme, de hacerme enojar. "Sabes que no tiene derecho a llamarte así. Edward dijo que su familia está en banca rota. Quieren casarla con un Cullen para resolver su situación financiera, los ambiciosos bastardos. Es por eso que ella no dará marcha atrás. Va a hacer lo que esté en su poder por enterrar sus garras en él."

Entre más bebía, más enojada me ponía. Como cualquier verdadero sureño diría, estaba a punto de estallar. Todo el horror, la frustración y la preocupación que experimenté antes empezaron a formar algo horrible… el horrible, tenebroso y siniestro monstruo de la ira, que se estaba apoderando por completo de mi cuerpo. Mi rostro se ponía cada vez más caliente entre más tiempo veía que la zorra manoseaba a mi hombre. ¿Mi hombre? ¡Demonios, sí, ese era mi hombre! El ardiente alcohol que hervía por mi cuerpo hacía que me diera cuenta perfectamente de todas las emociones que me devoraban. De algún modo, a través de la bruma del odio en la que había caído, miré a los ojos a Carmen al otro lado de la habitación. Ella miró de mí a Tanya, con una sonrisa malvada cruzando por su rostro al deslizarse detrás de la cabina del DJ.

Un tono familiar empezó a tocar por los altavoces, provocando que algunos vitorearan pero la mayoría gimió. Le entrecerré los ojos a Carmen, que me sonrió con suficiencia en respuesta, haciendo un gesto con su cabeza de parca hacia Tanya desde el otro extremo del lugar, quién trataba desesperadamente de pegar su cuerpo al de un Edward que la miraba con el ceño fruncido. Carmen, evidentemente, sabía cómo hacerme enojar mucho mejor de lo que Rose pudo, al tocar una canción de uno de mis artistas favoritos, alentándome con cada línea.

"I watched her for awhile but I didn't like her walk. She came across kinda cheap to me but hey, how's that my fault? She looked at my man like he didn't have on a stitch. Somebody tell that girl to step up to the plate I wanna pitch. Little bitch (2)," Miranda Lambert cantó desde los altavoces.

Tanya estaba ahora frotando su mano arriba y abajo en el brazo de Edward mientras él la fulminaba con la mirada. Los ojos de él recorrieron la habitación, posándose en los míos, y juro que se vio un poco asustado al ver la expresión en mi rostro. Tanya siguió la mirada de Edward, viéndome a los ojos con una expresión vengativa.

Y fue entonces cuando la perra loca se volvió, agarró el rostro de él y trató de pegar su sucia e infiel boca de mujerzuela cazafortunas a la suya. Edward la esquivó eficazmente, su rostro poniéndose más rojo cuando la empujó apartándola con rudeza. Eso no la disuadió… se lanzó nuevamente hacia él, y las letras me consumieron.

"I started throwing things and I scared folks half to death. I got up in his face and smelled whiskey on his breath. I didn't give a second thought to being thrown in jail, cause baby to a hammer everything looks like a nail. And I'm mad as hell. Well, them pretty girls, they're all the same, but they're damn well gonna know my name. I'm a carzy exgirlfriend…(2)" Miranda cantó.

Me deslicé del banco, mirando furiosa al otro lado del bar a la loca mujer arrojándose a mi hombre. ¡Mi hombre! Los ojos de Edward encontraron los míos una vez más, y por primera vez vi verdadero terror en los ojos de Edward Cullen cuando me lancé gritando obscenidades en mi atuendo de vaquera puta, volcando sillas y bancos a mi paso, antes de saltar a la espalda de la flacuchenta mujer. Ella chilló por el terror, tan absorta en llamar la atención de Edward que no me escuchó venir. Agarrando su cabello, lo retorcí bruscamente entre mis manos, desquitando toda mi agresividad por lo de James, por mi situación, por las groseras palabras de ella, con sus costosas mechas rubias.

"¡Te dije que no era su verdadero cabello!" Escuché que Tia exclamó cuando arranqué un puñado de las extensiones de dos mil dólares de Tanya, arrojándolas por encima de hombro mientras ella gritaba por el dolor.

"¡Paga, yanqui!"

Carmen refunfuñó en respuesta a su exclamación y mi hermano corrió por la pista de baile, agarrándome por la cintura tratando de apartarme de Tanya mientras ella gritaba y lloraba. Pateé y me retorcí en sus brazos, tratando de zafarme de su agarre. Edward tenía sus manos en la cintura de Tanya, también tirando de ella, y cuando Emmett finalmente me bajó de su espalda, la envió tambaleándose hacia Edward, provocando que cayeran al suelo en una posición embarazosa que me sacó de quicio.

Le seguí gritando obscenidades, llamándola de todo excepto hija de Dios, mientras ella lloraba tirada sobre Edward, con mechones enredados de cabello falso colgando de su cabeza. Le grité cosas ridículas, con el alcohol y mi ira exacerbándome. Le dije que juraba por la tumba de mi madre que la mataría si alguna vez la volvía a ver tocando a mi hombre. Entonces saqué una pistola de juguete de mi funda, apuntándola de lado a su cabeza… al estilo gangsta… y tirando del gatillo una y otra vez, el arma haciendo un fuerte chasquido de plástico. Rodándose de encima de Edward, se arrastró por el piso sobre su trasero mirándome con ojos muy abiertos, acercándose poco a poco a la puerta. Emmett me soltó cuando juré que no mataría a la mujer, solo para lanzarme de nuevo hacia ella tan pronto como dejó caer sus manos. Con eficacia tiró de mí hacia atrás, su salchicha de fieltro picándome en el trasero de forma embarazosa. Alice estaba de pie a un lado, aplaudiendo y gritando y saltando arriba y abajo, el pez, las citas y las criaturas del bosque tatuadas en su pecho y brazos, resplandecieron bajo las luces estroboscópicas, moviéndose como si tuvieran vida.

"¡Bellarina, cálmate!" Emmett demandó, arrastrándome por el club y por el condenado pasillo.

Mi garganta empezó a cerrarse por el pánico por estar en el mismo pasillo donde él había estado. Emmett trató de abrir la puerta de la oficina de Edward solo para encontrarla cerrada con llave, obviamente. Me metió en la cocina, colocando sus manos en mis hombros y mirándome, sus ojos amplios por la emoción y la diversión, el estúpido idiota.

"Bella Swan, la chica blanca más gangsta que conozco," Emmett dijo, mirando hacia el pasillo cuando Edward entraba a la habitación, pasando las manos por su cabello. Sus ojos le echaron un vistazo a mi cuerpo con nerviosismo, buscando heridas invisibles mientras Emmett lo observaba, con una sonrisa tonta en su rostro.

"Oye, Eddie," dijo, dándole a Edward una enorme sonrisa. "¿Estás seguro que puedes con mi hermana? Puede ser una bala," bromeó, empujando la pistola plástica que colgaba de mi cadera. Lo miré con el ceño fruncido, cruzando los brazos sobre mi pecho y mirando furiosa a los dos hombres.

"¿Dónde está esa mujerzuela?" Le dije a Edward con brusquedad, haciéndolo respingar un poco, para mi gusto. No puede contener la pequeña sonrisa malvada que se apoderó de mi rostro.

"Se fue," respondió, viéndose aliviado. "Traté de deshacerme de ella toda la noche. Mi padre la invitó… de ninguna manera fue mi idea que se presentara esta noche. Traté de ser cortés, por la relación entre mi familia y la suya, pero ella lo hace imposible." Fue entonces que noté el enorme bulto en sus pantalones que trató de ocultar al mismo tiempo que intentaba evitar mirarme a los ojos. Emmett al parecer lo notó también, cuando empezó a sonreír con suficiencia viéndonos a los dos.

"Wow, Eddie, Bella la Bala te calienta los motores, ¿eh? Voy a dejarlos para que… hablen… se den el gusto, ya saben. Lo que sea," anunció, estirando sus brazos y tronando su cuello. "Tienes dos horas antes de que venga a buscarte." Y entonces la gigantesca salchicha de mi hermano caminó muy tranquilo por el pasillo, entrando al área principal del club y gritó, "¡Volví, perras!" Escuché un coro de gritos femeninos. El de Laurent incluido, seguido de risa. Emmett probablemente ya estaba haciendo el robot. El silencio en la habitación mientras Edward y yo tratábamos incómodamente de no mirarnos a los ojos era ensordecedor.

"Supe que te mudaste," solté, rompiendo el silencio. Él levantó la vista, frunciéndome un poco el ceño.

"Sí, me mudé. Y te debo una disculpa," murmuró, mirándome con culpabilidad. "Las cosas que te dije, en tu departamento. Bueno, fueron las reflexiones de un hombre débil, tratando de complacer a su padre y complacerse a sí mismo. Te puse en último lugar. Pero juro por mi vida, Bella, que nunca volveré a hacer eso de nuevo. Siempre serás primero. Mereces ser lo primero en esta vida, y si me lo permites, haré todo lo que esté en mi poder para asegurarme que sea así de ahora en adelante." Vi su mirada nerviosa, sus ojos arrepentidos y llenos de remordimiento. Le creí. No estaba mintiendo. Le creí.

"Entonces, ¿admites que casarte con alguien más y tenerme como tu amante no fue tu mejor idea?" Le pregunté, sonriendo con suficiencia cuando lo vi moverse incómodo en su lugar.

"Fui un idiota, Bella. Lamento si te hice sentir sucia y usada. Juro que pasaré el resto de nuestras vidas compensándote por ello," me prometió, acercándose a mí y acariciando mi rostro con su pulgar, poniendo su mano detrás de mi cuello mientras miraba a mis ojos oscuros con los suyos de un verde intenso. "Quiero estar contigo y solo contigo. Eso fue lo que le dije a mi padre. Ya no importa lo que él piense. Si decide dejar el negocio de la familia a alguien más, alguien quién crea es más merecedor, entonces que así sea."

"Te perdono," susurré. Esta podría ser la última vez que veo a Edward; la última vez que estaríamos juntos. Dejarlo con ira y amargura en mi corazón era inaceptable. Lo aceptaría, con defectos y todo.

"¿Te gustaría ver mi nueva casa?" Preguntó, sus ojos resplandeciendo y con una sonrisa pícara en su rostro.

"¿Qué, ahora? ¡Es medianoche!" Pregunté en confusión, evocando una risa sombría de la boca de Edward.

"Vamos," dijo, agarrando mi mano y tirando de mí detrás de él. "No está lejos."

"Deja que tome mi abrigo," le dije.

Trató de discutir conmigo, diciéndome por alguna razón que no lo necesitaría, pero no le hice caso entrando al lounge de los empleados y agarrando mi abrigo, cerrándolo con fuerza a mi alrededor. Me reuní de nuevo con él en el pasillo, donde rodeó mis hombros con su brazo, conduciéndome al área principal del club. Gritos y silbidos se escucharon por el club, y miré alrededor. Todos mis amigos estaban sonriendo, susurrando y riendo entre ellos mientras yo rodaba los ojos. Emmett señaló a Edward y a mí antes de empujar su pelvis hacia el aire, moviendo sus brazos a sus costados como si tuviera sexo con una persona invisible, provocando que nuestros amigos y compañeros de trabajo estallaran en carcajadas histéricas.

Edward me llevó a las escaleras que conducían al segundo piso, que normalmente se usaba para almacenamiento. Me detuve al pie de las escaleras, mirándolo confundida mientras él tiraba de mi mano. Él me miró, con sus cejas fruncidas al ver mi postura inmóvil.

"Pensé que querías ver mi nueva casa…" dijo, apretando mi mano con fuerza, asintiendo hacia las escaleras.

"Estás viviendo sobre el club," susurré, cuando caí en cuenta.

Edward asintió, y lo seguí el resto del camino subiendo las escaleras, todo el tiempo sujetando su mano con fuerza. Cuando llegamos a la cima de las escaleras, soltó mi mano el tiempo suficiente para meter la mano en el bolsillo de su traje, sacando un juego de llaves. Mirando a las llaves, noté que cada una tenía un nombre diferente grabado. Si pudiera, apostaría a que una de esas llaves me llevaría a los monitores de seguridad, donde sea que estuvieran. Abrió la puerta, que tenía varios cerrojos, y devolvió las llaves a su bolsillo antes de empujarla. Me hizo un gesto para que entrara primero y lo hice, Edward me siguió de cerca. Jadeé a lo que estaba frente a mí.

La vieja y sucia área de almacenamiento había sido completamente transformada en un loft oscuro y sexy. El ladrillo rojo de las paredes seguía allí, aunque ahora estaba limpio y libre de suciedad y telarañas. Resplandecientes muebles de madera marrón oscuro embellecían el lugar con pequeñas y brillantes velas colocadas sobre las mesas y estantes. Una pared tenía un gigantesco librero, abarrotado de literatura, fotos, chucherías y velas. El área de la cocina estaba llena de resplandecientes aparatos electrodomésticos plateados y estaba dividida por una larga barra color negro. En un rincón de la habitación había una antigua bañera con patas, cerca de lo que supongo era la puerta de un verdadero baño. La bañera estaba frente a una gran ventana con vista a la calle Beale debajo. Grandes pilares de piedra rodaban la bañera, sosteniendo gruesas velas apagadas y una suave toalla roja yacía abandonada atravesando a un costado de ella.

Edward se paseó por el loft, charlando sobre los muebles, señalando la sala y su enorme televisión colocada en un hermoso centro de entretenimiento. Señaló su oficina, ubicada en una habitación fuera del área principal del loft y me pregunté vagamente si los monitores de seguridad estaban ubicados ahí, pero por mucho que hablaba, mi mente no asimilaba completamente de lo que estaba hablando. Mi atención estaba fija en el centro de la habitación, ya que ahí es donde estaba una inmensa e intimidante cama. La cama era gigantesca, cubierta con un grueso y suave edredón rojo en el que una persona podía perderse. Una imagen de mí acurrucada junto a Edward en esa cama pasó por mi mente, y sentí mi cuerpo temblar con esa corriente tan familiar que solo Edward podía hacer surgir dentro de mí.

Edward no se dio cuenta dónde estaba mi atención mientras seguía hablando sin parar. Esta podría ser la última vez que veía a Edward. Hoy más tarde iría a Orange Mound, uno de los guetos más peligrosos de Memphis, sino el más peligroso. Tenía que hacer que valiera la pena mi tiempo con él, mostrándole en vez de confesarle mi verdadero afecto por él. Tomando una respiración profunda, recé para no llorar… para no dar por sentado el tiempo que pasara con Edward. Acercándome a dónde estaba parado, rodeé su cintura con mis brazos, me estiré y susurré en su oído, "Hazme el amor, Edward."

Él jadeó bruscamente, empujándome hacia atrás para mirarme a los ojos titubeante, con su boca fruncida.

"Estás ebria, Bella," me regañó, con una batalla librándose en sus ojos. "Es el alcohol el que habla. No voy a aprovecharme de ti mientras estás ebria."

"He estado bebiendo," admití, acercándolo a mí. "Pero no estoy ebria. En la última hora se me pasó un poco lo embriagada."

Continuó mirándome con inquietud. "No tengo ninguna protección," admitió, quitando un mechón de cabello de mis ojos. "No he tenido sexo en mucho tiempo y no soy el tipo de hombre que lleva consigo un condón para una aventura de una noche."

"¿Pero qué hay de Tanya?" Le pregunté. "Acabas de romper con ella hace unas semanas… ¿eso es 'mucho tiempo'?"

Edward se rio con amargura, apartándose de mí y acercándose a la ventana, mirando hacia la calle debajo de nosotros. "No puedo creer que la menciones. No, no he dormido con nadie en mucho tiempo. Al menos durante un año." Giró su cabeza, encontrando mi sorprendida mirada. "Y nunca dormí con Tanya. Salimos, pero nunca pude estar con ella… al saber que solo me estaba usando por mi dinero y su propio estatus social. Ella es de fácil acceso para todo Memphis, pero no para Edward Cullen."

Decir que estaba impactada era un eufemismo. Siempre había visto a Edward y asumido que era una persona muy sexual, aunque la idea de que estuviera con alguien hizo que una sensación dolorosa retorciera mi corazón. Pero enterarme que nunca durmió con la mujerzuela de Tanya, y que no había tenido sexo en por lo menos un año… bueno, el alivio que sentí fue abrumador.

"Estoy limpia," susurré mientras él me observaba en silencio. "Y tomo anticonceptivos… para regular mi periodo. Siempre y cuando estés limpio, quiero estar contigo." Me miró por un largo rato antes de volver sus ojos una vez más hacia la ventana, mirando a la calle en silencio. Mmmm… al parecer iba a tener que trabajar por ello.

Reuniendo todo el valor dentro de mí, me acerqué a la sala contoneándome dejando que mi abrigo se deslizara por mi cuerpo, antes de dejarlo sobre el respaldo de su sofá de cuero. Echando un vistazo por encima de un hombro, vi como su atención dejó la ventana, sus ojos en mi atuendo de vaquera con una mirada predadora y peligrosa.

"¿Le gusta lo que ve, señor Cullen?" ronroneé coqueteando con timidez, gracias al estímulo líquido que había consumido más temprano en la noche. De no ser por eso, tal vez no hubiese tenido el valor de hacer lo que estaba planeando hacer.

Poco a poco, empecé a desabotonar el pequeño chaleco que cubría mi sujetador rojo. La mirada de Edward se intensificó cuando mis temblorosas manos retiraron el chaleco, el que le arrojé. Lo atrapó fácilmente, dejándolo caer a una silla junto a él, tragando con fuerza cuando me vio girarme despacio, dándole una buena vista.

"Me gusta lo que veo," murmuró, cruzando lentamente la habitación.

Colocó su mano en mi nuca, acercando mi rostro al suyo al mismo tiempo que capturaba mi boca con la suya. La lengua caliente de Edward se deslizó entre mis labios, uniéndose a la mía al danzar juntas. Sentí que su mano se introducía en mi cabello y le daba un suave pero firme tirón, rompiendo eficazmente el beso cuando echó mi cabeza hacia atrás, mirando a mis ojos desconcertados.

"Esta noche fuiste una chica mala," susurró, con un destello malvado pero sexy en sus ojos. "Maldiciendo, peleando, faltándole el respeto a mi padre." Tiró de mi cabello un poco más fuerte, provocando que un gemido adolorido pero satisfecho se escapara de mi boca.

"¿Te gusta cuando tiro de tu cabello, nena?" Preguntó, usando mi cabello para hacer mi cabeza a un lado, lamiendo mi cuello desde mi clavícula hasta mi oreja.

Chupó mi lóbulo en su boca, mordisqueándolo y lamiéndolo sin descanso. Gemí cuando las tortuosas palpitaciones empezaron entre mis piernas. Tratando de mitigar el momento, froté mis piernas juntas y la fricción lo empeoró en vez de mejorarlo. Edward me regañó con seriedad.

"Mantén tus piernas separadas," susurró, haciéndome jadear cuando su mano se deslizó entre mis piernas, separándolas con su pulgar rozando suavemente la tela entre mis piernas. Gemí mientras él se reía y decía, "¿Estás palpitando, cariño? ¿Estás mojada para mí?"

"Aunque es una lástima… fuiste una chica tan mala esta noche. No debería satisfacer tus ansias. Debería dejarte mojada, palpitando, deseando mi polla dentro de ti. ¿Debería hacer eso, nena?" Me susurró al oído, su boca y su nariz apenas tocando mi rostro. "¿Debería dejarte mojada y desenfrenada… o tal vez un pequeño castigo está en orden?"

"¿Qué… qué tipo de castigo?" Jadeé, cuando soltó mi cabello y se alejó de mí, retorciéndome al verlo caminar hacia el gabinete de los licores, sacando una botella de cristal medio llena de un líquido oscuro que sirvió en un vaso y se tomó rápidamente. Se dio la vuelta y se recargó contra el gabinete, con los brazos cruzados frente a él mientras sus ojos me recorrían desde mis botas, subiendo por mis piernas, deteniéndose momentáneamente en mis pechos, antes de llegar a mis ojos.

"Creo que unas nalgadas están en orden," respondió, quitándose la chaqueta de su traje y arrojándola sobre el respaldo del sofá con mi abrigo. El gran bulto frente a sus pantalones captó mi atención. "¿Qué opina, señorita Swan? ¿Cree que se merece las nalgadas?"

¿Nalgadas? ¿Que si quiero nalgadas? La palpitación entre mis piernas se intensificó, respondiendo a la pregunta por mí. Las bragas rojas que traía puestas se empaparon cuando una imagen de Edward nalgueándome cruzó por mi mente. Mi rostro se tornó rojo cuando admití en voz baja que merecía y deseaba unas nalgadas. Él cruzó velozmente la habitación, tomando mi rostro sonrojado entre sus manos, mirándome a los ojos con una expresión seria en su rostro.

"No voy a lastimarte, cariño," murmuró, besándome con ternura. "Pero si hago algo que te haga sentir incómoda, tienes que decirme. Di 'detente' o 'no', ¿de acuerdo? Quiero hacerte sentir muy bien, nena. Quiero que disfrutes las cosas que te haga." Asentí, un poco atemorizada, pero más que nada emocionada. Él me dio una sonrisa perversa y complacida, agarrando mi mano y llevándome a la silla cerca de la ventana.

"Pon tus rodillas sobre la silla e inclínate sobre el respaldo," ordenó, y obedecí, colocando mis rodillas en el asiento acojinado, separando mis piernas tanto como pude. La calle debajo de mí estaba ligeramente desierta, pero ocasionalmente un peatón ebrio se tambaleaba por la acera. Mi cuerpo se tensó cuando me di cuenta que si yo podía verlos, ellos podían verme.

Edward se dio cuenta de mi titubeo, susurrando bajito en mi oído, "Es como un falso espejo, cariño. Ellos no pueden ver nada de lo que estoy por hacerte. Aunque, no me importaría que todo Memphis supiera que tú eres mi chica. Mía, y de nadie más."

Gemí, rodeando el respaldo de la silla con mis brazos e inclinándome sobre él, giré mi cabeza y vi a Edward desabrochar su camisa, todo el tiempo mirando a mi trasero cubierto por las bragas rojas. Su camisa cayó al suelo y jadeé, no por el movimiento de los músculos en su pecho y abdomen, sino por el enorme vendaje que cubría sus costillas del lado izquierdo.

"¿Qué ocurrió?" Pregunté, soltando momentáneamente el respaldo de la silla para girarme hacia él. Sus ojos se oscurecieron al acercarse a mí, y di un respingo volviendo a mi posición original.

"Sabía que eras una chica mala. Ni siquiera puedes seguir unas sencillas indicaciones. No te preocupes por el vendaje, preocúpate por ti," me dijo con voz sombría.

Comenzó a masajear mi trasero, apretándolo con firmeza por varios segundos antes de soltarlo. Entonces lo nalgueó, alarmantemente cerca a dónde estaba mojada y palpitando por él, provocando que gritara por el placer. Acarició el área que golpeó suavemente, preguntándome si estaba bien. ¿Estaba bien? Estaba más que bien.

"Hazlo otra vez, y otra vez, y otra vez," gemí, meneando mi trasero.

Se detuvo por un momento, todo el tiempo ordenándome que me quedara quieta. Estaba tratando de atormentarme, para hacerme explotar por el deseo. Nalgueó mi trasero una y otra vez, acariciándolo suavemente después de cada golpe, susurrando que era una chica muy lujuriosa. Requirió de todas mis fuerzas no moverme cada vez que me tocaba, y poco después le suplicaba que hiciera que me corriera.

Escuché el sonido inconfundible de un cinturón abriéndose, y eché un vistazo rápido para ver a Edward de pie detrás de mí, acariciándose dentro del bóxer al mismo tiempo que empezaba a acariciar mis nalgas una vez más. Mi corazón comenzó a bombear con ansiedad. Volviendo a girar mi cabeza y cerrando los ojos, jadeé cuando lo sentí agarrar mis caderas y presionar su erección contra mi coño.

"¿Sientes eso, nena?" Susurró, restregándose contra mí con más ganas mientras yo jadeaba con fuerza. "¿Sientes lo duro que me pones? Nunca he estado tan duro en mi vida." Quería restregarme contra él, pero no lo hice ya que me ordenó quedarme quieta.

De pronto, me rodeó con su mano y quitó la funda de mi cintura, arrojándola al suelo. Sus dedos se deslizaron bajo mis chaparreras y el sonido de algo rompiéndose llenó la habitación. Jadeé por la sorpresa cuando el aire frío golpeó mi trasero desnudo, cuando Edward me arrancó las bragas rojas.

"Las chaparrearas se quedan puestas," susurró, sus dedos ahora acariciándome entre mis piernas.

Edward capturó mi pequeña protuberancia entre sus dedos, tirando y pellizcando mientras yo gritaba, acercándome a sus dedos, incapaz de quedarme quieta por más tiempo. Me acarició por un largo rato, poniéndome cada vez más mojada con cada caricia, hasta que sentí que introdujo un largo dedo muy dentro de mí. Grité, aferrándome firmemente a la silla, moviéndome cada vez con más ganas contra sus dedos cuando deslizó un segundo dedo. Sus dedos exploraron mis paredes interiores, llenándome por completo, y luego él tocó algo muy dentro de mí que me hizo jadear, retorcerme y casi perder el control.

"¿Encontré tu lugar especial, nena?" Preguntó, hundiendo sus dedos una y otra vez hacia ese lugar especial, con su otra mano ahora masajeando mi clítoris.

Gemí con más fuerza, sintiendo que estaba a punto de llegar a la cima. Escuché su respiración entrecortada mientras veía sus dedos entrar en mis paredes resbaladizas. Sus dedos bajaron el ritmo antes de dejarme por completo, con una sensación de vacío abrumadora. Me desplomé en la silla, mi cuerpo todavía vibrando por el deseo, con el fuego aún sin extinguirse.

"Sube a la cama," ordenó, agarrando mis caderas y bajándome de la silla.

Prácticamente corrí hacia la cama, sentándome incómodamente mientras él cruzaba lentamente la habitación. Mis ojos constantemente se desviaban hacia su erección, que seguía cubierta por su ropa interior, la que acarició todo el tiempo mientras caminaba hacia la cama, provocando que hirviera la sangre en mis venas.

"Te ves tan malditamente sexy, sentada en mi cama con esas chaparreras puestas, tan rosada e hinchada por mis dedos," susurró, soltando su polla y estirando su mano para quitarme el sujetador con habilidad.

Mis pezones estaban duros como una roca por el deseo, y él tomó cada uno de mis pechos en sus manos, pellizcando mis pezones entre sus dedos. Caí hacia atrás en la cama, esperando sus labios en mis pechos, pero en vez de eso, jadeé por la sorpresa y sentí su lengua hundirse entre mis pliegues mojados. Edward abrió mis piernas por completo, chupando y mordisqueando mientras yo sujetaba el edredón rojo entre mis manos, gimiendo y embistiendo contra su boca, mis caderas meciéndose incontrolablemente. Sus dedos presionaron muy dentro de mí mientras él continuaba chupando y lamiendo.

"Sabes muy bien, justo como lo imaginé," gimió, levantándose de la cama.

Lo vi bajarse el bóxer, liberando su polla. Jadeé al ver la longitud y el grosor. Era gorda y cubierta de venas, la cabeza goteaba líquido preseminal. Estaba erguida y orgullosa, en posición de firmes. La idea de eso… dentro de mí, hizo que me sintiera simultáneamente excitada y aterrorizada.

"Voy a ir despacio al principio," susurró, acariciando su polla mientras lo veía con los ojos muy abiertos. "Dime si te lastimo. Te prometo que me detendré." Asentí y él agarró una almohada, haciéndome un gesto para que elevara mis caderas, lo que hice. Empujó la almohada debajo de mis caderas y mi trasero, y separó mis piernas, acariciándome con una mano mientras se acariciaba él con la otra.

"Juega con tus tetas, cariño," me dijo, deslizando sus dedos hasta lo más profundo de mi cuerpo húmedo.

Vacilante, pasé mis dedos sobre mis pechos tomando cada uno, apretando y rodando mis pezones con mis dedos. Edward me miró con ojos oscuros y ávidos, todavía acariciándome con una mano y a sí mismo con la otra. La sensación de sus dedos dentro de mí y mis manos sobre mí hizo que la humedad se acumulara entre mis piernas, hasta que Edward estuvo completamente satisfecho con mi estado de excitación. Vi con ojos amplios como sacaba sus dedos de mi interior y presionaba la cabeza de su polla contra mí, pasándola de mi clítoris a mi entrada y de regreso, una y otra vez. Me balanceé contra ella, la sensación de placer inimaginable.

Finalmente, se detuvo en mi entrada, y poco a poco empezó a introducirse en mí, deteniéndose ocasionalmente cuando una expresión de incomodidad cruzaba por mi rostro. Fue un poco doloroso, al principio, pero una cantidad tremenda de placer compensó el dolor y en poco tiempo casi toda su polla estaba dentro de mí. Su frente se llenó de gotas de sudor mientras contenía las ganas de bombear su polla dentro y fuera de mí.

Comenzó a moverse lentamente, con sus manos sujetando mis piernas y grité al sentir su gruesa polla entrando y saliendo de mi húmedo centro, el ritmo agonizantemente lento. Una vez que mi cuerpo se acostumbró a ella, empecé a embestir contra él alentándolo, mi cabeza cayó hacia atrás sobre el edredón, con mi boca abierta por mis guturales gemidos. Edward, notando mi aliento, empezó a penetrarme con más velocidad y con más fuerza. Mi cuerpo rebotaba hacia adelante y hacia atrás, mis pechos sacudiéndose antes de que los tomara y encontrara la mirada oscura de Edward. Él continuó embistiendo y gimiendo, observando a mis dedos mientras jugaban con mis pezones. Sentí una increíble presión en mi clítoris cuando masajeó mi hinchado nudo con su pulgar, penetrándome una y otra vez mientras lo hacía. Una sensación de hormigueo, algo tenso y agitación empezó a crecer en lo profundo de mi vientre mientras él masajeaba mi clítoris con más ganas y hundía aún más su polla dentro de mí. Cerrando mis ojos, jadeé cuando la oscuridad detrás de mis párpados explotó en una luz blanca, con estrellas salpicando mi visión. Mi cuerpo se ciñó sobre la polla de Edward una y otra vez al sentir que me dejaba llevar, con mi coño palpitando alrededor de su erección.

"Eso se sintió asombroso," gimió, estrellando sus caderas contra mi cuerpo, el ruido como cuando golpeas algo mojado llenó la habitación. "Tu orgasmo apretándome, sujetando mi polla… esa fue la mejor maldita cosa que he sentido en mi vida."

Sus movimientos se volvieron más erráticos mientras bombeaba cada vez con más fuerza dentro de mí, la sensación de su líquido cálido derramándose dentro de mí fue sorprendentemente satisfactoria. Edward colapsó sobre mí, su boca chupando la sensible piel de mi cuello, con su polla aún dentro.

"Ni siquiera me quiero mover," admitió cuando sentí su polla empezar a suavizarse. "Quiero quedarme dentro de ti para siempre," susurró, su voz increíblemente vulnerable. Lo rodeé con mis brazos y me aferré a él por un largo tiempo, hasta que sentí que su polla se deslizó saliendo por sí sola, dejando mis entrañas ardiendo pero saciada.

"¿Te lastimé?" Preguntó preocupado, apartando su rostro de mi cuello para verme a los ojos.

"Me arde un poco," admití, viendo como decaía su rostro. "Pero no está tan mal. El placer que me diste hizo que valiera la pena."

Sonrió, capturando mi boca con la suya. Nos quedamos en la cama besándonos, susurrando nuestro afecto por el otro hasta que ya no pude ignorar mi vejiga y le pregunté a Edward con timidez si podía usar su baño. Me acompañó al baño aún desnudo, masajeando en el camino mi trasero ligeramente adolorido, dándome una sexy sonrisa mientras yo reía y cerraba la puerta en su cara. Hice mis necesidades y me aseé tan bien como pude antes de mirar a la mujer en el espejo sobre el lavamanos de Edward.

¿Se veía como si acabara de tener sexo con el hombre que amaba por primera y posiblemente, última vez? Sí, así lucía. Su cabello se veía despeinado y su maquillaje corrido por sus pequeños rasgos. Robé un poco del enjuague bucal de Edward, pasándolo por mi boca antes de escupirlo en el lavamanos y enjuagar los restos con agua. Sentí como si mis piernas estuvieran arqueadas al caminar a la puerta, abrirla y prácticamente tambalearme de vuelta al loft, para encontrar a Edward llenando la bañera con agua. Me miró cuando entré a la habitación, con una dulce sonrisa en su rostro.

"Ya te puedes quitar las botas y las chaparreras," dijo, agarrando mi mano y poniéndome entre sus brazos. "Vamos a tomar un largo baño caliente."

Y lo hicimos. Él se recostó detrás de mí en la bañera, su polla endureciéndose rápidamente cuando recosté mi espalda en su pecho. Edward lavó mi cuerpo con un paño suave hasta que estuve bien limpia, abandonando el paño en el fondo de la bañera. Frotó mis brazos, masajeando mis hombros y mi cuello, y luego sus manos se desviaron a mis pechos. Sentí su lengua explorar mi cuello una vez más mientras chupaba mi piel. Edward masajeó mis pechos, retorciendo mis pezones mientras yo gemía y nerviosa llevaba mi mano hacia atrás, encontrando su erección y agarrándola con firmeza, deslizándola arriba y abajo por su longitud. Él dejó escapar un suspiro tembloroso y una mano bajó por mi cuerpo mojado hasta que encontró el conjunto de nervios entre mis piernas. Jugó con él delicadamente mientras yo seguía acariciándolo con mi mano. Le supliqué que introdujera sus dedos en mí, pero no lo hizo, susurrando que no quería hacerme sentir más incómoda de lo que ya lo estaba. Nos frotamos y acariciamos el uno al otro hasta que los dos gritamos por nuestros orgasmos, nuestros gemidos junto con el chapoteo de agua, resonando en la habitación.

Apoyada en él, en la bañera, con sus brazos a mi alrededor y sus labios dejando besos tiernos a lo largo de mi cuello, mordí mi labio para evitar llorar. Nunca había sentido tanto amor, tanta felicidad en mi vida. Cuando dejamos la bañera y él me secaba, me le quedé mirando, memorizando cada rasgo solo por si acaso era la última vez que lo veía. Él me atrapó viéndolo, dándome una mirada inquisitiva al dejar caer la toalla al suelo.

"¿Qué pasa?" Preguntó, atrayéndome a sus brazos. Sacudí mi cabeza, sin palabras, cerrando mis ojos con fuerza para evitar que las lágrimas cayeran. Edward me llevó a la cama, retirando las mantas. Lo seguí cuando me hizo un gesto para que me metiera en la cama detrás de él, presionando firmemente su cuerpo desnudo al mío cuando nos cubrió con las mantas. Murmuró que Emmett podía perderse, que yo no iba a ir a ninguna parte, que nunca me dejaría ir. Las lágrimas brotaron, cayendo silenciosamente por mis mejillas y sobre la almohada. Su respiración eventualmente se hizo más lenta y constante, y después de contar hasta mil en mi cabeza, sin hacer ruido me zafé de sus brazos, dejando la cama, viendo que su boca hacía un pequeño puchero. Sus ojos nunca se abrieron. Recogiendo mi ropa, me la puse, todo menos mis bragas rotas, las que dejé donde estaban. Ceñí mi largo abrigo en torno a mi cuerpo y me escabullí a la oficina que Edward había señalado, feliz de encontrarla abierta cuando entré sin hacer ruido. La habitación tenía un elegante escritorio con una laptop y archiveros. Ningún monitor de seguridad a la vista.

'Los monitores de seguridad están encerrados con llave en su oficina,' pensé, asqueada al pensar en Edward viendo el video de James atacándome en el pasillo del club. Saliendo silenciosamente de su oficina, noté que Edward se había girado hacia mí en la cama, con sus ojos todavía cerrados y su respiración aún profunda.

Tan silenciosa como un ratón de iglesia, me acerqué a él, acariciando su rostro con un dedo tembloroso mientras una última lágrima caía por mi rostro. No había tiempo para llorar. Era tiempo para luchar. Haría todo lo que estuviera en mi poder para luchar por mi derecho a vivir una vida normal con el hombre que amaba. ¿Saldría con vida? Tal vez… tal vez no. El camino que elegí era el de mártir, pero no moriría sin luchar.

"Adiós, Edward," susurré, dejando caer mi dedo de su rostro dormido. "Siempre te amaré." Tapé mi boca con mi mano para ahogar un sollozo entrecortado mientras cruzaba por el loft de mi amante, abriendo la puerta y saliendo de la habitación, ignorando completamente que sus ojos verde pino me observaban mientras me iba.


(1) Peta Griffin y el Cat Daddy son pasos de baile, pueden buscarlos en Youtube para que se den una idea ;)

(2) La vi por un rato pero no me gustó su manera de andar. Me pareció algo corriente, pero oye, no es mi culpa. Ella se le quedó viendo a mi hombre como si estuviera desnudo. Que alguien le diga a esa chica que suba al plató que quiero lanzar. Pequeña perra.

Comencé a arrojar cosas y a matar del susto a la gente. Lo vi a la cara y olí el whiskey en su aliento. No pensé en que sería arrojada a la cárcel, porque bebé, para un martillo todo se ve como un clavo. Y estoy jodidamente enojada. Bueno, esas chicas bonitas, todas son iguales, pero es jodidamente seguro que van a conocer mi nombre. Soy la loca exnovia…


Pues sí, ¡la atrapó! ¿Qué pensará ahora de ella, sobre todo después de verla entrar a su oficina? Sin duda recordarán las locas sospechas de Edward cuando la conoció. ¿Qué hará él? Ya lo veremos, ahora tendremos que ver en que resulta su loco plan de enfrentar a James ella sola. Al menos Carmen y Tia están al tanto de su plan y podrían ayudarla, pero, ¿qué tanto podrían hacer esas dos? Y tal parece que la bruja de Tanya salió del escenario, con ese susto que le dio Bella no creo que le queden muchas ganas de volver. Pero aún si ella no fuera un problema, todavía hay muchos obstáculos que estos dos tienen que enfrentar. Espero que hayan disfrutado del capítulo, disculpen la tardanza, las pilas han estado un poco bajas. Pero ustedes saben muy bien cómo cargarlas, ¿no es así? Recuerden que ustedes tienen ese poder, a veces no es tan fácil apartar tiempo para seguir haciendo esto y solo su respuesta, cuando leo sus reviews viendo lo mucho que disfrutan de la historia, eso es lo que me anima a continuar. Así que, por favor, no lo olviden. Sus reviews son muy importantes para nosotros. Y también para las autoras originales, por supuesto. Los esperaré ansiosa para saber qué les pareció el capi y qué esperan leer en el siguiente.

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Shikara65, cristiheca, Alejacipagauta, MariePrewettMellark, kaja0507, MontseZDiaz, Sheei Luquee, DenniChavez, nydiac10, miop, karoSwan, Vrigny, Danny CullenMa, SharOn, jupy, paupau1, Melany, angryc, olgagomezgonzalez, torrespera172, MeACS, liduvina, JessMel, Cary, Lunita Black29, PRISOL, patymdn, Manligrez, rjnavajas, aliceforever85, Adriu, glow0718, saraipineda44, Gabriela Cullen, bbluelilas, lagie, lizeth02, Rosy Canul, dushakis, injoa, Lizdayanna, Ali-Lu Kuran Hale, Yoliki, Klara Anastacia Cullen, Sully YM, tulgarita, Tecupi, EriCastelo, Flor Santana, FerHerrera, Fallen Dark Angel 07, lunaweasleycullen14, Say's, Jimena G, Yendry Villachica, Meli, Lady Grigori, Adriana Molina, maries24, Karina, Liz Vidal, freedom2604, andyG, Vanina Iliana, Pili, Mafer, Brenda Cullenn, Tata XOXO, carolaap, alejandra1987, cavendano13, andreasotoseneca, Pam Malfoy Black, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, que espero sea muy pronto. Depende de USTEDES.