Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.

Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)


Nota importante de la traductora: Este capítulo es de lo que les he estado advirtiendo desde que empecé esta traducción. Bella recuerda los momentos que marcaron su vida, así que para aquellas que no quieran leer esa parte voy a poner dos advertencias. La primera cuando empiezan sus recuerdos, la segunda, el momento en que ocurre lo peor, así ustedes podrán decidir qué tanto quieren leer y les haré saber cuando haya pasado el peligro ;)


CAPÍTULO 11: ELVIS HA DEJADO EL EDIFICIO

Bajé tambaleándome las escaleras casi estrellándome con mi hermanastro cuando mi pie dejó el último escalón.

"Estaba a punto de subir y derribar esa puerta," bromeó, aunque su rostro no estaba nada alegre, y no vio mi rostro decaído. "Vámonos a casa… a dormir un poco." Agarró mi mano, prácticamente arrastrándome por el club casi abandonado, solo quedaban Rose y Alice que conversaban en voz baja en la barra. Alice se despidió de mí con la mano mientras nos íbamos, con una pequeña sonrisa triste en su rostro cuando Emmett me hizo atravesar la puerta. Rose nunca levantó la vista de la barra.

"¿Qué está pasando?" Pregunté, entrecerrando mis ojos contra el sol de Tennessee al caminar por Beale, Emmett aún traía puesto el temido disfraz de salchicha. Vacilante, eché un vistazo hacia arriba y abajo de la calle por cualquier señal de James, sintiéndome aliviada de ver la calle prácticamente abandonada.

"Mi plan no funcionó," murmuró, encogiendo sus hombros cubiertos de fieltro.

"¿Qué plan?" Pregunté, mirando a su rostro deprimido, haciendo un lado momentáneamente mis problemas.

"Mi plan para volver loca de los celos a Rosie," respondió, frotando sus ojos con brusquedad cuando se aguaron por la luz brillante del sol. "Estaba seguro que funcionaría… pero no fue así. Ahora, ella solo está cabreada conmigo. ¡Me odia! Traté de hablar con ella, pero ni siquiera habló conmigo."

"Oh, Em," suspiré, regañándolo suavemente. "Ya no estás en el instituto. Eso no funciona más allá de la preparatoria. Solo debiste haber sido honesto con ella y decirle lo que sientes. Y si decirle no funciona, demostrárselo. Algunas veces las palabras simplemente no son suficientes. Haz algo especial por ella… algo que solo ella pueda apreciar."

Emmett se vio pensativo por un momento y murmuró una respuesta vaga antes de darme una mirada de soslayo, con una sonrisa pícara en su rostro. "Suficiente sobre mí… ¿qué hay de ti? Se ve que te dejaron hecha polvo."

Hice una mueca al escuchar su declaración, dándole un puñetazo en las costillas mientras se reía y agarraba su costado. Tenía razón; sin duda me veía muerta. Era extraño caminar a casa envuelta en mi abrigo largo sin ropa interior, la que Edward había arrancado de mi cuerpo durante la madrugada en su loft. Mi rostro se calentó por el recuerdo, y no pude ocultar la pequeña sonrisa que se abrió paso por mi rostro.

Emmett se rio bajito antes de anunciar, "¡Así que, mi plan para el día es comer para alegrar mi corazón, quedarme dormido y empezar todo de nuevo! ¿Cuál es tu plan para el día, Bellarina?"

"¿Qué pasa con tu búsqueda de trabajo, Em? ¿No necesitas continuar con eso? Odiaría que te metieras en problemas con tu oficial de libertad provisional." Le respondí, evadiendo hábilmente su pregunta sobre mis planes. Mi plan consistía en un tazón de avena, dos pastillas para dormir sin receta, mi cama, y luego iría a Orange Mound.

"Voy a pedirle a Eddie un trabajo en el club," dijo al subir las escaleras de mi edificio de departamentos. "Necesita más seguridad en ese lugar. Los tipos que vi por ahí estaban más ocupados coqueteando con las chicas que haciendo su trabajo. Dudo que me diga que no ya que ahora está cogiéndose a mi hermana." Gemí al escuchar su comentario y al pensar en Emmett en el club noche tras noche. Pero tenía razón; si Edward tuviera una seguridad adecuada en el club el incidente con James no hubiese ocurrido. Me estremecí un poco al recordarlo. Me había esforzado tanto por borrar su recuerdo durante todos estos años.

Abrí la puerta de mi departamento, preparé el tazón de avena, y vi a mi hermano meterse al baño para tomar una larga ducha caliente. Al meter un bocado de la caliente mezcla con sabor a jarabe de maple a mi boca, me pregunté si estaba cometiendo un error al no contarle a mi hermano e incluso a Edward sobre James. Siempre me había considerado una persona abnegada, siempre haciendo lo que era mejor para otros. ¿Esta situación era diferente, o estaba siendo egoísta al negarles la opción de ayudarme en mi lamentable situación? Para ser honesta, no estaba completamente segura. En mi mente creía que estaba haciendo lo correcto al encargarme yo misma de James, protegiendo a mi familia y amigos de un monstruo despiadado. Y si moría… que así sea. No es que quisiera morir, pero había un gran riesgo de que eso ocurriera. Entonces terminaría la persecución. James seguiría con su vida; él no estaba tras mi hermano, mi primo, mis amigos, o mi amante… solo estaba tras de mí. ¿Ellos estarían tristes? Estoy segura que sí, ¡pero preferiría que a quienes amo me lloren, a que mueran ellos!

Sí, estaba haciendo lo correcto, decidí. James me seguiría hasta los confines de la tierra y de regreso por el resto de mi vida. No podía vivir así. El ocultarme, la preocupación, el dolor, estaba harta de todo eso. Nunca tendría una vida 'normal' hasta que todo esto terminara. Cuando Edward me eligió, perdió el favor de su padre dañando su relación con él, una relación que nunca tuve con el mío, y la culpa por solo esa decisión era devastadora. ¿Era la mejor mujer para Edward Cullen? Por supuesto que no. Era sosa, pobre, inculta… pero lo amaba, y él me eligió. Era mi deber luchar, para vivir, para compensárselo a él.

Emmett salió del baño, sus hombros encorvados mientras arrastraba los pies hacia el refrigerador en nada más que su bóxer. Rebuscó por un momento, su musculoso trasero asomándose detrás de él, antes de sacar una enorme bolsa familiar. Azotando la puerta, comenzó a desenvolver comida, arrojándola a un plato antes de meterla al microondas.

"Em, ¿qué estás haciendo?" Jadeé, mirándolo con incredulidad.

"¿Qué?" Se quejó, mirando el plato mientras giraba dentro del microondas.

"¡Em, esos son del puesto de tacos de un dólar! ¡Te advertí sobre el puesto de tacos de un dólar!" Exclamé, levantándome y lavando mi tazón en el fregadero.

"Ayer los comí todo el día y no pasó nada. ¡Son increíbles!" Refunfuñó, sacando el plato y sirviendo una enorme cantidad de crema agria de un contenedor de plástico sobre todos los tacos. Sacudí mi cabeza con incredulidad, agarré dos pastillas para dormir del gabinete y me las pasé con un vaso de agua.

"Voy a dormir. Última advertencia… no comas esos tacos. Me lo agradecerás más tarde," le advertí, cerrando la puerta principal con seguro y revisándola unas diez veces mientras Emmett me observaba con sospecha desde el otro lado de la habitación, pero no me dijo nada al respecto. Si James conocía mi lugar de trabajo, sin duda sabía dónde vivía, aunque no podía imaginar que viniera aquí para llevarme. No, me dijo que sabría dónde encontrarlo… de algún modo sabía que ya no estaba en Memphis. Suspirando pesadamente, atravesé el departamento hacia mi recámara.

"Oye, Bells," dijo Em, con voz empalagosa. Me di la vuelta, con una ceja levantada inquisitivamente. "¿Puedo usar tu laptop? Te juro que no voy a hacer nada que haga que me arresten de nuevo… ¿por favor? Es para ayudarme con Rose… como dijiste, ¿demostrárselo en vez de decírselo? Por favor…"

Bufando, acepté contra mi buen juicio antes de azotar la puerta de mi recámara. Después de ponerme mi camisola para dormir con los pantaloncillos cortos a juego, cerré la puerta de mi recámara con seguro y empujé el sillón de mamaw Swan frente a ella, atorando el pomo con él. Revisé mi ventana seis veces hasta que quedé convencida que estaba muy bien cerrada. A menos que James fuera el Hombre Araña y pudiera escalar el edificio, no iba a entrar por la ventana. Me deslicé soñolienta bajo las mantas. Después de poner mi teléfono en silencio, fije la alarma colocándolo bajo mi almohada, mi mente vagando a lugares a dónde no tenía que ir… a recuerdos de estar envuelta por Edward Cullen, recuerdos de James metiéndome al pasillo. Después de dar vueltas y vueltas por varios minutos, me quedé profundamente dormida.

~Advertencia: Aquí inician los recuerdos de Bella

El ardiente sol de Mississippi caía sobre mis hombros desnudos, y me maldije por dentro por olvidar ponerme protector solar y ponerme una camiseta sin mangas. Mi piel blanca se quemaba fácilmente, tornándose al rojo vivo, descarapelándose y manchando luego mi piel con más pecas, sin broncearme nada en lo absoluto. Me moví en la cima del edificio, cansada de estar quieta, cansada de estar tumbada sobre mi abdomen en el techo inestable, cansada de perseguir. En mis pequeñas manos sostenía un rifle largo e impecable. Un rifle de francotirador… tipo militar. Dónde lo consiguió mi primo, no lo sé. Tenía demasiado miedo para preguntar.

Al otro lado de la calle, sobre la parte superior de otro edificio, estaba uno de los hombres más letales que caminaban por el planeta, aunque 'caminar' no era una palabra adecuada por la forma en que este hombre se movía. Él se paseaba tranquilamente por la vida, su mera presencia emitiendo una sensación de calma y serenidad en todos aquellos lo suficientemente afortunados de encontrarse cerca de este hombre. Aquellos que lo conocían nunca imaginaron el asesino que llevaba por dentro. Incluso al otro lado de la calle podía oler el aroma a fresa del cigarrillo que fumaba, mientras vigilaba en silencio la calle debajo, con su rifle cerca en posición. Tenía dieciocho años. Vivía para matar.

Presioné el botón a un lado de mis auriculares inalámbricos con impaciencia, susurrando, "¿Estás seguro que pasará por aquí? ¡Hemos estado esperando por horas!"

Jasper respondió en seguida con voz suave, "Estoy seguro. Lo he estado vigilando por semanas. Mantiene la misma rutina… come el desayuno en la cafetería, se ejercita, conduce hacia la oficina postal y luego se detiene en la tienda de comestibles. Em, ¿tienes todo bajo control allá abajo?"

Hubo una pausa momentánea, antes de que la joven voz de Em respondiera, "Lo tengo bajo control, hombre. Decodifiqué la radio policial y tan pronto me des la señal, colocaré las luces rojas."

"Ten paciencia, Bella. Este es nuestro día," Jasper susurró por sus auriculares, haciendo que tomara un profundo suspiro y tratara de calmar mi acelerado corazón. Estaba lista para que esto terminara. Él me había estado observando, deseándome por tres años. La policía no me escuchaba… ¿y por qué lo harían? ¿Por qué deberían escuchar a la hija de trece años del desacreditado jefe de policía, Charlie Swan, despedido por cubrir evidencia de las actividades criminales de su hermano Peter? Literalmente, se habían reído en mi cara.

Emmett estaba en ese viejo Buick gris, con una laptop en su tembloroso regazo. Él nunca había sido bueno con un arma, pero podía hacer lo que sea con una computadora. La computadora era su humeante arma. Dispararle a la gente no era lo suyo, su corazón era demasiado grande, demasiado blando. No vivía para la caza, por el arrepentimiento, por la culpa y el horror de todo ello. Yo tampoco. Quitarle la vida a un animal era completamente diferente de quitársela a un humano. Había aprendido eso de mi tiempo con Jasper, cuando me tomó bajo su protección, arrastrándome por mitad de Mississippi, Alabama, Tennessee, y Louisiana. Me sentaba a su lado, callada y atenta como siempre había sido, observándolo limpiar su arma mientras estábamos en hoteles baratos o peor, campamentos. La primera vez que lo vi dispararle a un hombre, vomité. Pero durante todo el proceso, nunca dejé su lado. Él era mi defensor, luchando mis batallas cuando mis compañeros de clase me acosaban por la familia de la que provenía, por el padre que tenía, por la madre que se quitó su propia vida. Hizo sangrar muchas narices en mi defensa y me había acogido cuando nadie más se preocupaba por mí. Era su ayudante dispuesta, convencida por su padre como él lo había sido que al quitarle la vida a las personas que él asesinaba libraríamos al mundo de maldad. Pronto sería mi trabajo tirar del gatillo. Mi trabajo, mi deber, como tío Pete lo decía. Era un montón de mierda.

Pete pasaba el tiempo tratando de convencerme que yo era una asesina innata. Se sentaba en su porche trasero, fumando sus cigarrillos, mirándome y sonriendo mientras derribaba objetivo tras objetivo. Podía correr y darle al blanco. Podía saltar y darle al blanco. Me caía y todavía le daba al blanco. Me decía lo buena niña que era, cuánto me amaba, lo orgulloso que estaba de mí. Mentiras, puras mentiras. Siempre odié a un mentiroso.

Y luego estaba James.

Nunca esperé que volviera después de dispararle al cigarrillo en su boca, pero estaba equivocada. Volvió a menudo, conversando con tío Pete, su amigo y antiguo compañero militar. Sus ojos vagaban hacia mí constantemente, sin importar lo que estuviera haciendo; disparándole a blancos, ayudándole a tía a cocinar, lavando platos. Peter lo invitaba a cenar, sentándolo junto a mí. Una noche sentí su mano caliente apretar con ternura mi rodilla debajo de la mesa. Levantando la vista sorprendida, vi como James reía con mi familia entre bocados de comida, sin dar señales de que me estaba tocando, al mismo tiempo que subía su mano por mi muslo de una forma extraña e incómoda. Apretó mi pierna con fuerza, una advertencia para no decir nada en voz alta, y aunque era una niña fuerte, en ese momento estaba demasiado aterrorizada para hacer un sonido.

Esa noche más tarde los escuché, a Peter y a James, mientras salía sigilosamente al pasillo y entraba a la cocina, escuchando a través de la mosquitera mientras los dos charlaban en el porche trasero.

"Quiero a Bella," James dijo, dándole un largo trago a una cerveza mientras miraba con atención a tío Peter. Pete tomó un trago de su cerveza, casi ahogándose con el líquido mientras se reía.

"Es demasiado joven, apenas va a cumplir once. ¿Qué vas a hacer con una niña de once años, James?" Preguntó, echándose a reír por la absurda sugerencia de su amigo.

"Ella ya está bien entrenada," respondió, sus ojos fríos fijos en los de Pete. "Funcionará perfectamente. Puede ir conmigo en las misiones, haciéndose pasar por mi hija. Es perfecta. La quiero. Y me la vas a dar. Acordamos que la entrenarías para trabajar conmigo."

"Recuerdo nuestro acuerdo, James, pero no va a funcionar," respondió Pete, sin problemas. "Ella trabaja bien con Jasper. Él está por empezar a llevársela a misiones con él, a prepararla para lo que nos espera. Si necesitas un compañero de vez en cuando, llévate a Jasper. Cambié mi opinión sobre Bella. Voy a quedarme con ella."

"¡Me la prometiste!" James escupió, levantándose, volcando su silla en el proceso. Dejé escapar un chillido por el susto, presionando mi mano firmemente sobre mi boca. "¡Ella es mía y me la voy a llevar!" Jadeé cuando la mosquitera se abrió de golpe, James entró furioso y se congeló cuando sus helados ojos se posaron en los míos aterrorizados. Sonriendo con sadismo, agarró mi brazo, tirando de mí por la casa mientras yo gritaba y protestaba, mis piernas enredadas en mi largo camisón blanco. Escuché que Pete entró a la casa gritándole a James que se detuviera cuando me hizo pasar por la puerta principal, prácticamente zafando mi brazo de su coyuntura.

Mis pies se deslizaron por la graba del camino de entrada, las piedras rasgando mi piel suave. Grité por el dolor de las piedras, las punzadas en mi brazo, y el fuerte agarre de James en mi mano. Justo cuando abrió la puerta del pasajero de su vieja pickup, un fuerte estallido se escuchó a través de la caliente noche oscura, haciendo que detuviera sus movimientos.

Jasper estaba en el porche delantero, viéndose realmente homicida, incluso a sus dieciséis años. Tenía una escopeta en una mano, y con la otra metió un cigarrillo en su boca, encendiéndolo y dándole una calada. Tío Pete salió por la puerta parándose a su lado, mirando a James y a mí, con una expresión indecisa en su rostro. Me dejaría ir. No quería que me fuera, pero dejaría que este hombre sádico me llevara.

"Vas a dejar a mi prima justo donde está, ¿me escuchaste?" Dijo Jasper, con su voz suave pero firme, mientras el denso humo blanco salía de su boca. "Ahora, métete en esa camioneta y vete antes de que te dispare justo donde estás. ¿Me escuchaste, hijo?"

James gruñó al ser llamado 'hijo' por un niño con la mitad de su edad. Aflojó un poco su agarre mientras consideraba sus opciones, mirando a Jasper mientras él recargaba su arma lentamente. Frunciendo el ceño, me empujó al suelo, metiéndose en la camioneta del lado del pasajero mientras yo lloraba tumbada sobre la graba y la tierra. Se inclinó para alcanzar su puerta y cerrarla detrás de él, y lo escuché decir con voz tranquila y clara. "Esto no ha terminado, Bella. Jasper no siempre estará cerca protegiéndote. Volveré por ti." Cerró la puerta con fuerza y la camioneta rugió a la vida. Se giró de reversa por el camino de entrada, regando graba y tierra sobre mí mientras yo yacía temblando en el suelo, mi cuerpo sacudiéndose por los sollozos.

Eso fue hace dos años. Jasper y yo continuamos cumpliendo con los deseos de Pete, aunque la única razón por la que llevaba a cabo mis deberes era por Jasper. Él me había salvado esa noche y se lo debía. Pero algo curioso ocurrió el verano en que Jasper cumplió diecisiete años. Se fue solo a una misión, dejándome con mi tía y mi tío. Dormía todas las noches con una escopeta cargada a mi lado, por órdenes de mi primo. Mi puerta no solo tenía seguro sino que también empujaba mi cómoda frente a ella, porque James seguía paseándose por el pueblo de vez en cuando. Cuando iba a la tienda de comestibles, lo veía en la fila para pagar con una sonrisa malvada. Se quedaba cerca de la escuela, fumando sus cigarrillos, observándome mientras yo trastabillaba por el estacionamiento. Cuando Jasper regresó de su misión, fue como si fuera una persona diferente. Había tenido una revelación, me dijo en secreto, lejos de los ojos curiosos de su padre. Jasper aseguró que tuvo un despertar espiritual y comprendió que su padre estaba enfermo, retorcido, y que nos había lavado el cerebro. Proclamó que era su deber enderezar las cosas, pasar el resto de su vida pagando una retribución por sus pecados y los pecados de su padre.

Pero habría un último asesinato, confesó, su rostro retorcido por la ira. Su última víctima sería James Hunter. Había terminado con su antigua vida y estaba listo para iniciar una nueva. La idea de matar a James me aterrorizaba. Ninguna otra persona en el mundo me asustaba como lo hacía él. Había malicia en sus ojos, una que nunca había experimentado.

Traté de despejar mi mente mientras seguía tumbada sobre la cima de ese caliente edificio, pensando solo en nuestro futuro, en las posibilidades que nos esperaban. Mi mirada permaneció en la calle debajo, esperando que la vieja pickup azul descolorida retumbara en nuestra dirección. Jasper daría el tiro mortal. Yo solo era su plan de respaldo… como siempre.

El sonido de piedras crujiendo bajo un zapato llamó mi atención por encima de mi hombro. Un pañuelo blanco empapado con un químico pestilente se presionó con fuerza en mi nariz y mi boca. Forcejeé con mi arma, tratando de girarme para dispararle a mi agresor. Él agarró el arma de mi mano, lanzándola al techo como un juguete olvidado, arrastrándome a donde la escalera de metal conectaba con el costado del edificio mientras yo luchaba por mantenerme consciente. Contuve el aliento, golpeando al hombre con mis codos, mis puños y mis pies mientras me llevaba rápidamente a la escalera.

"Te dije que volvería," susurró el hombre, mis ojos abriéndose con un terror nuevo. Respiré hondo contra mi propia voluntad, por la abrumadora necesidad de oxígeno. Llegamos a la orilla del edificio y grité cuando me arrojó hacia un lado, mi cuerpo estrellándose en la caja de una vieja pickup plateada una que nunca antes había visto. Mi cabeza y mis costillas crujieron por el impacto y velozmente caí en la inconsciencia.

Desperté confundida, entrecerrando los ojos al tratar de ajustarlos a la oscuridad en la que estaba. Todo mi cuerpo dolía, sintiendo como si mis costillas hubieran sido quebradas, lo que probablemente había ocurrido. Me senté en una estrecha cama individual, las sábanas ásperas raspando mi suave piel. Jadeé por el dolor que sentí, mi cabeza palpitando como si estuviera a punto de explotar. James me tenía amordazada con una tela suave de algodón. Mis brazos y mis piernas estaban atados, y forcejeé contra las cuerdas que cortaban mi piel, dejándola rosada, hinchada y sangrando. Mis pulmones ardieron al respirar de forma entrecortada, con el olor químico todavía en mi nariz.

Mirando alrededor del cuarto oscuro era obvio que estaba en algún tipo cabaña, una cabaña de caza quizás, cuando vi cabezas de venados montadas en las paredes y sencillos muebles de madera. Una deteriorada chimenea estaba contra la pared, arrojando al aire el tenue olor a madera vieja quemada. Había un juego de literas contra la pared frente a la cama individual en la que yo estaba. La habitación era muy básica, sin utensilios de cocina, ya que el hombre que vivía aquí probablemente cocinaba al aire libre o en la chimenea durante el invierno.

~Segunda Advertencia: Si eres sensible a temas de violación no leas lo siguiente.

La puerta se abrió de golpe y James entró, sonriéndome como si acabara de ganarse la lotería. Cerró la puerta sin hacer ruido detrás de él, poniéndole seguro antes de darme una sonrisa maniática. Atravesó a zancadas la habitación mientras yo me empujaba sobre la cama hacia atrás con mis piernas atadas, gritando a través de la mordaza, mi voz escuchándose como un gemido amortiguado. Se rio con ganas al sacar un cuchillo de sus pantalones camuflados, sosteniéndolo en el aire y sonriéndome. Grité con más fuerza, asqueada porque estaba a punto de apuñalarme y cortarme con el resplandeciente cuchillo de caza.

"Es hora de divertirse un poco, cariño," susurró, cortando las ataduras de mi cuerpo con el cuchillo. Lo pateé, lo golpeé, le di de puñetazos tanto como pude antes de que me abofeteara con fuerza, tumbándome de la cama al suelo, mi cuerpo protestando por el dolor.

"Tengo que decir, que aprecio tu espíritu," me dijo con aire pensativo al mismo tiempo que me levantaba del suelo y me arrojaba de nuevo a la cama. "Pero me gustan mis mujeres más sumisas. Supongo que voy a tener que domarte como se doma a un caballo salvaje." Y con esas palabras, tiró de mis jeans, arrancándolos de mi cuerpo mientras lo veía horrorizada, al comprender lo que planeaba hacerme al mismo tiempo que seguía luchando contra él.

"Realmente no quería hacer esto, pero tal vez es lo mejor," me dijo con una horrible voz amable antes de rodear mi garganta con sus manos. Me asfixió mientras yo seguía luchando, su rostro sonriéndome con dulzura y un destello malvado brillando en sus ojos. Su rostro fue lo último que vi antes de caer en la inconsciencia.

Eso continuó por días, posiblemente semanas. Él venía hacia mí, con su mano en su cierre, y yo gritaba y luchaba con él hasta que me dejaba inconsciente por asfixia. Despertaba adolorida y sangrando, con James susurrándome palabras dulces al oído. Me prometía lo que quisiera si dejaba de luchar contra él, si solo aceptaba mi destino. No sabía que nunca dejaría de luchar. Nunca sería complaciente, ya que preferiría ser violada inconsciente que a vivir el resto de mi vida con el recuerdo de él sobre mí. Tendría que matarme primero.

No sabía dónde estábamos hasta que un día finalmente me sacó, diciéndome que apestaba, que necesitaba bañarme porque no podía estar conmigo con lo sucia que estaba. Prefería oler feo, si ese era el caso. Cuando me arrojó al agua fría del arroyo, observé los diferentes tipos de árboles que se alzaban sobre mí, los pájaros cantando, con el aroma de la tierra y supe que seguía en el Sur. La vista y los olores me alertaron del hecho que posiblemente no había dejado mi estado, y rogué con todo mi corazón que Jasper me encontrara pronto, mientras restregaba mi piel abierta con el agua limpia del arroyo. James que estaba cerca, me arrojó una barra de jabón, asustándome con la acción. Di un respingo al verlo hundirse en el fondo y batallé para agarrar el resbaladizo jabón del lecho del arroyo antes de finalmente sujetarlo con mis manos, pasándolo por mis brazos.

"Quítate la ropa, perra apestosa," James dijo en voz alta desde la orilla, sentado en una enorme piedra, tallando un pedazo de madera con su arma cerca. La piedra enorme era caliza, y supe que estaba hacia el noroeste más allá de Masen, mi ciudad natal. Incluso, tal vez cerca de Tennessee…

Quitándome la camiseta y los jeans, me quedé en el arroyo, limpiándome tanto como podía sin quitarme la ropa interior. Sabía que solo era cuestión de tiempo antes que me dijera que me la quitara, pero estaba haciendo tiempo, a sabiendas que el verme desnuda siempre lo ponía en frenesí. No quería que me asfixiara en el arroyo, aterrada con la idea de ahogarme mientras me violaba. Tendría que obedecer si me pedía que me la quitara, si quería vivir.

La rama de un árbol se quebró cerca y esperaba no haberme sobresaltado muy rápido al escucharla, mi cuerpo siempre en alerta desde que James me había secuestrado. Levanté la vista en seguida y lo vi seguir tallando un pedazo de madera, sin darse cuenta. Mis ojos se dispararon alrededor, buscando a mi salvador invisible.

"Quítate la ropa interior," James demandó, arrojando el pedazo de madera al suelo junto a la roca al mismo tiempo que se ponía de pie, sacudiéndose los viejos pantalones camuflados. Me quedé inmóvil, mirándolo mientras se acercaba al arroyo, sus ojos desafiándome a desobedecerle. Respirando profundamente y con una mano temblorosa, la subí deslizando un tirante del sujetador por mi huesudo hombro mientras me observaba, ahora maliciosamente.

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Fue entonces que se escuchó el disparo. Fue un tiro destinado a su frío y amargo corazón, pero venía muy alto y ese paso que dio dentro del arroyo hacia mí fue lo único que salvó su vida. La bala atravesó velozmente el aire, estrellándose en el hombro izquierdo de James justo cuando entró al arroyo. Gritó por el dolor, con la sangre fluyendo de la herida cuando aterrizó junto a mí, chapoteando y gritando mientras el agua limpia se tornaba roja a su alrededor. Traté de pararme, pero el lecho del arroyo estaba resbaladizo y me caí varias veces tratando de alejarme de él. Agarró mi pierna, metiéndome una vez más al agua mientras la sangre seguía derramándose a su alrededor.

"¡Te ahogaré antes de dejarte ir!" Gritó, metiendo mi rostro al agua. Me moví violentamente, luchando por sacar mi rostro del agua mientras él mantenía su mano firme en la parte de atrás de mi cabeza. De repente me soltó, y saqué mi cabeza sumergida. El agua saliendo de mis oídos mientras jadeaba desesperadamente por aire, y escuché el sonido de pies corriendo por los espesos arbustos. Quitando el cabello mojado de mis ojos, vi a James correr hacia la orilla, agarrando la pistola del suelo cerca de la piedra caliza.

Esperé que Jasper fuera el primero en atravesar los arbustos, pero mi boca se abrió cuando vi a Peter emerger del bosque, con pistola en mano gritándome sus disculpas. Grité cuando James le disparó directamente en la cabeza, el rostro de Peter se congeló, con sus ojos fijos en los míos antes de desplomarse en el suelo. James soltó una risa seca al preparar el arma y gritó hacia el bosque, "¡Sal, sal, de dónde quiera que estés!" Retrocedió hacia la cabaña cuando otro disparo se escuchó en el bosque ahora en silencio. La bala le dio a su pistola y gritó cuando voló de sus dedos, aterrizando en el agua junto a mí. Agarré el arma, mis dedos deslizándose en el fango del fondo pedregoso del arroyo, antes de levantarla, solo para encontrar que James ya se había ido.

Jasper salió de entre los árboles, pasando junto a su padre sin mirarlo, sus ojos fijos en los míos. Se paró cerca del arroyo, encendiendo un cigarrillo, sacando el humo por su nariz como un dragón enojado.

"Vámonos," dijo, haciéndome un gesto para que me levantara, lo que hice, en mis dos piernas tambaleantes, sujetando el arma en mi mano. Me ayudó a salir del arroyo y entrar en el bosque, descalza y casi desnuda. Caminamos en silencio, con su brazo alrededor de mi cintura cuando finalmente llegamos a un pequeño camino de tierra. Emmett estaba sentado nervioso dentro del coche de Jasper, saliendo de un salto cuando nos vio acercarnos. Comenzó a llorar al verme, maldiciendo y agarrándome cuando me tensé con sus brazos a mi alrededor. Nunca había visto a Emmett llorar.

"¿Estás bien, Bells? ¡Oh, Dios mío! ¡Me alegra tanto que estés con vida! ¿Está muerto el hijo de puta?" Preguntó Emmett, alejándome de él para verme bien. No le gustó lo que vio, el fantasma de la jovencita que alguna vez fui. Como si hubiera sabido que se necesitarían años de terapia traer a su hermana de vuelta.

"Uno de ellos lo está," respondió Jasper refiriéndose a su padre, abriendo el maletero y sacando una gran manta gruesa color verde, la envolvió en mi tembloroso cuerpo mojado. Emmett levantó el asiento del pasajero, subiendo al asiento trasero para permitir que me sentara adelante. Me sentía como un zombi… el caparazón de una persona. Era como si las cosas ocurrieran en torno a mí, pero yo flotaba en el aire, suspendida, sin tomar parte en nada de ello.

"James se escapó," aclaró Jasper, metiéndose al coche y encendiendo la marcha. "Pero no por mucho tiempo. Voy a encontrar a ese bastardo, aún si me toma el resto de mi vida. Pero esta vez vamos a hacer las cosas de la forma correcta. Vamos a ir con la policía."

Eso me hizo volver abruptamente a la realidad, tan solo por un minuto, cuando estallé en carcajadas. "¡A la policía no le importa! ¡Ya antes acudimos a ellos! ¡No creerán nada de lo que les diga!"

"Ahora te creerán," respondió, tomando el viejo camino de tierra. "Vamos a llamar a la policía y tú vas a ir al hospital. Vamos a contarles sobre James, otra vez."

"¿Y luego qué?" Pregunté, riendo histéricamente. "¿Decirles que planeábamos matarlo? ¿Pero que él me secuestró antes de que pudiéramos hacerlo? O tal vez deberíamos contarles sobre cómo pasamos nuestros veranos por todo el sur mientras asesinábamos gente para tu padre… ¡eso me parece una idea genial! Vamos todos a la cárcel mientras James anda libre por ahí."

"Bella, merezco cosas peores que la cárcel por las cosas que he hecho," susurró Jasper, con una expresión de dolor en su rostro. "Me voy a ir al infierno por los pecados que he cometido… la cárcel no puede ser tan mala comparada a la vida después de la muerte."

"No vamos a contarle a los policías sobre nada de eso," le dije, al fin calmándome un poco. "Le diremos que me acechó, que lo reportamos con ellos pero no nos creyeron. Les diremos que planeamos tomar las cosas en nuestras manos, y que me secuestró. Estarán tan avergonzados por no haber escuchado para empezar, que lo encontrarán."

Y lo encontraron. Encontraron a James Hunter oculto en un motel de mala muerte dos semanas después. Procesaron y condenaron a James Hunter por secuestro, violación de una menor, y asesinato. Fue a prisión, la misma prisión en la que después ocurrió un motín. Muchos de los edificios se incendiaron, provocando que varios presos se escaparan. Todos habían sido encontrados. Todos excepto James Hunter.

~Terminan los recuerdos de Bella

El chirrido de la alarma de mi teléfono me despertó de mi sueño, las pastillas para dormir dejaron mi mente difusa y mi boca seca. Sabía que había tenido una pesadilla, pero las pastillas para dormir siempre confundían mi mente, y no podía recordar nada sobre el sueño.

Esperaba encontrar a Emmett desmayado en el sofá, pero estaba abandonado salvo por una manta y una de mis almohadas, que Emmett había dejado aplastada con su gran cabeza. Mi laptop estaba sobre la mesita de café, abierta, con la pantalla encendida. Me agaché con curiosidad, mirando a la pantalla, preguntándome qué había estado haciendo Emmett. Una sonrisa triste cruzó por mi rostro cuando mis ojos se movieron rápidamente por la pantalla, y mi corazón se llenó de amor, porque mi hermano era el más dulce cabeza de chorlito que caminaba sobre la faz de la tierra.

Un gemido bajo se escuchó cerca, y giré mi cabeza hacia el baño, mirando hacia la puerta. Fue entonces que el olor me llegó.

"¡Oh Señor mío!" Grité, pellizcando mi nariz y queriendo vomitar. "¡Emmett, te dije que no comieras esos estúpidos tacos!" Él se quejó en respuesta, gritando que se estaba muriendo. Gimiendo, fui al gabinete sacando un paquete de pastillas que dejé sobre la encimera.

"Hay medicina sobre la encimera para que tomes… ¡si de hecho, sobrevives a los tacos!" Grité al mismo tiempo que golpeaba la puerta del baño, Emmett se quejó y lloriqueó en respuesta, haciendo comentarios vulgares sobre su ano, que decidí ignorar. "¡Voy con Angie a tomarme una ducha!"

Recogiendo mis cosas, crucé el pasillo hacia el departamento de Angie, tocando suavemente la puerta y dándole una sonrisa cuando abrió. Podía ver a Eric más allá de su hombro durmiendo profundamente en su cuna, mientras le pedía prestada su ducha.

"¡Oh Dios mío!" Exclamó, abanicando su rostro con su mano cuando el olor se filtró por debajo de la puerta de mi departamento hacia el pasillo. "¿Qué es ese horrible olor?"

"Emmett descubrió el puesto de tacos de un dólar," le respondí. Arrugó su nariz con disgusto, preguntando por qué no le advertí anticipadamente. Poniendo mis ojos en blanco, entré al baño, tomando una ducha rápida y poniéndome la ropa. Me puse una camiseta de tirantes blanca ajustada y mis favoritos jeans deslavados, rotos cerca de las rodillas. Metí mis pies en mis desgastados tenis viejos y me puse una sudadera gris.

"Tengo que irme, Ang," le dije después de dejar el baño. Ella estaba inclinada sobre la cuna acomodando la manta que cubría a su hijo. Eric se veía muy dulce, muy pacífico. Se enderezó y la sorprendí con un gran abrazo. Angie me palmeó torpemente la espalda cuando la solté y me dio una sonrisa triste. Me miró inquisitivamente cuando le dije adiós en voz baja, cerrando la puerta detrás de mí.

Agarré mi teléfono, gritando hacia la puerta del baño que me iba a hacer unas compras. Lo que era verdad… iba a comprar un arma. Escuché a Emmett dentro suplicándome que no me fuera, pero decidí ignorarlo. Bajé las escaleras, agradecida de no ver a mi hermano antes de irme. Emmett era un payaso, pero a veces era muy intuitivo y se daría cuenta que pasaba algo conmigo cuando nadie más lo hizo. Revisando mi teléfono, noté que tenía varias llamadas perdidas de Tia y Carmen… y algunas de un número desconocido. Al revisar mis mensajes de texto, mi corazón casi se detuvo.

10:03 AM Te fuiste.

10:34 Soy Edward, si no te diste cuenta por mi mensaje anterior. Espero que no te moleste que haya sacado tu número del archivo de los empleados. Necesito saber por qué estabas husmeando en mi oficina esta mañana. Por favor, dime que mis sospechas de antes no eran ciertas. Llámame.

11:45 AM Bella, llámame ahora.

Y el más reciente era de solo unos minutos antes de que despertara.

2:47 PM Bella, contesta el puto teléfono. Acabo de ver la grabación de video de anoche. Juro por Dios que si no contestas el puto teléfono o me devuelves la llamada… ¿Quién demonios es el hombre que te agarró? ¡Qué demonios!

¡Mierda! Mi estómago empezó a revolverse por los nervios. Quería mantener a todo el mundo fuera de esto tanto como fuera posible, pero ellos no me dejaban en paz. Al atravesar las puertas del edificio, me paré en seco con mi boca abriéndose con incredulidad por la escena frente a mí, olvidando todo momentáneamente sobre Edward Cullen.

Carmen y Tia estaban recargadas en la vieja SUV blanca de Carmen, fumando sus cigarrillos sin parar mientras miraban nerviosas al edificio de departamentos. Carmen llevaba puesta una camiseta azul brillante con unos jeans que estaban demasiado largos para sus pequeñas piernas, los jeans prácticamente ocultaban sus tenis. Su corte asimétrico estaba recogido del frente con un prendedor plateado haciéndola ver como una chica de dieciséis años. Tia había pintado su cabello corto de rojo y llevaba puesta una camiseta negra con unos jeans oscuros deslavados, sus ojos almendrados mirando rápidamente alrededor hasta que se posaron en los míos.

"¿Qué están haciendo ustedes aquí?" Siseé después de cruzar la concurrida calle, mirando por encima de mi hombro hacia el edificio detrás de mí, de algún modo aterrorizada de que Emmett saliera de pronto en cualquier momento para arrastrarme de vuelta adentro por alguna razón desconocida.

"Personalmente, no lo sé," respondió Tia, fumando su cigarrillo hasta el filtro antes de arrojarlo al suelo y aplastarlo con su zapato. "Esta es la mierda más loca en la que me ha metido Carmen."

Carmen rodó los ojos, colocando las manos en sus caderas. "No creíste que te dejaríamos ir sola, ¿verdad? ¡De ninguna manera vas a ir sola al gueto!"

"Carmen, no tienen por qué involucrarse en esto," bufé, fulminándola con la mirada cuando levantó la barbilla en desafío. "No podría perdonármelo si algo le pasara a ustedes dos."

"¡Bueno, es una lástima! ¡Porque vamos a ir!" Dijo con brusquedad, señalando hacia el otro lado de la calle a mi oxidada camioneta roja. "Ahora, tienes dos opciones. La primera opción es que te metas en tu camioneta de mierda y conduzcas a Orange Mound conmigo y Tia pisándote los talones todo el camino tocando el claxon, o puedes tomar la segunda opción, meterte en tu camioneta de mierda conmigo y Tia sentadas junto a ti. ¿Cuál va a ser, Bella?"

"¿Hay una tercera opción?" Preguntó Tia, justo cuando iba a abrir mi boca. "La tercera opción podría ser que las tres vayamos a la policía y reportemos lo que sucedió anoche. Sí, me gusta la tercera opción. Creo que yo me voy por la tercera opción."

"¡No vamos a ir a la policía!" Carmen bufó, fulminando a Tia con la mirada. "La policía del condado de Shelby tiene mucho crimen en esta ciudad, probablemente ni siquiera nos tomen declaración. ¡Vamos a ir a Orange Mound!"

"¡No vamos a lograr llegar con vida a Orange Mound!" Tia exclamó, arrojando sus manos al cielo. "¡Soy débil! ¡Me inclino cuando camino y no es un andar gangsta, es porque tengo artritis en mi cadera derecha! ¡Me gustan los baños de burbujas, perra! ¡Siento una atracción enfermiza por los hombres homosexuales! ¿Y qué hay de Bella? ¿Crees que vaya a salir con vida? ¡Sonríe demasiado! ¡Su piel es muy pálida! ¡No sabe usar bien la gramática! ¡Y tú eres una maldita yanqui! ¡Hablas gracioso! ¡Comes bollitos!"

"Uh, sí bueno, además de sentirme abrumadoramente insultada, no creo que nada de eso importe en realidad," Carmen la miró con el ceño fruncido, rodando los ojos al escuchar los disparates de Tia.

"Mira," le dije, interrumpiendo la extraña diatriba de Tia. "Voy a meterme en mi camioneta para encontrarme con este tipo en Orange Mound. Sin embargo, apreciaría si ustedes dos se van a casa, si deciden no irse a casa, por favor, no me sigan por la calle tocando el claxon. Voy a hacer lo que pueda por no morir hoy."

"¿Irnos a casa? ¡Está bien!" Exclamó Tia, agarrando la manija de la puerta de la SUV de Carmen y tirando de ella, solo para encontrarla con llave. Carmen colgó las llaves en su dedo, provocando a nuestra amiga que saltaba por todas partes tratando de robárselas. Dejé a mis amigas ahí, cruzando la calle corriendo hacia mi camioneta, abriéndola y encendiendo la marcha, el viejo ruido del traqueteo de mi motor extrañamente reconfortante. Carmen se apareció a un lado de la puerta del pasajero golpeando la ventana con fuerza, amenazándome que si no abría la puerta le contaría todo a Emmett. Mi amiga era una cosita manipuladora. Alcancé la puerta titubeante, quitándole el seguro. Carmen metió a Tia primero, metiéndose en seguida junto a ella removiéndose con ansiedad.

"¿Podemos fumar aquí? Está bien," Tia respondió su propia pregunta, encendiendo un cigarrillo antes de que pudiera responder. Gruñí y bajé el cenicero sin usar por debajo de mi antigua radio. La camioneta protestó ruidosamente cuando entré al tráfico de Memphis. Algo duro me estaba picando debajo de los cojines agrietados de mi asiento. Tenté por un segundo antes de sacar una botella envuelta en una bolsa de papel marrón. Era algo que mi abuela me dio de niña para los resfriados y la fiebre. Giré la tapa y tomé un pequeño trago, el líquido quemó al bajar por mi garganta y al caer en mi vientre, calentando al instante mis manos frías. Volviendo a poner la tapa en la botella, la metí nuevamente en su casa entre los cojines, encontrando la mirada de mis amigas.

"¿Qué?" Les pregunté, a la defensiva.

"Oye, yo no soy quién para juzgar," admitió Carmen, sacando algo de su bolsillo. Era el celofán de su paquete de cigarrillos. Crujió mientras lo abría, sacando una pastilla del fondo y metiéndola en su boca, frunciendo el ceño cuando la tragó en seco.

"¿Qué demonios acabas de tragar?" Preguntó Tia.

"Es algo para mis nervios. No te preocupes, es lo que me recetaron.," respondió ella.

"Bella está bebiendo, tú estás tomando pastillas, ¿qué demonios? ¡Tienen que estar coherentes cuando lleguemos ahí! No puedo hacer esta mierda. Soy demasiado débil para esto. Yo cojeo, no puedo correr muy rápido. ¡Soy republicana! Tenemos que regresar."

"Cálmate, ya casi llegamos," murmuré, dando vuelta a la izquierda mientras avanzábamos lentamente a lo largo del concurrido tráfico. Los edificios se habían hecho escasos y entramos al sector más decrépito de la ciudad, que de casualidad solo estaba a veinte minutos de mi departamento.

"Carmen, estás sentada sobre mi sudadera negra. Póntela y cubre esa camiseta azul antes de que consigas que nos disparen. Hay todo tipo de pandillas por aquí," le dije, mirando hacia al estacionamiento de la tienda de comestibles, donde un policía tenía a un hombre tumbado sobre el frente de su coche, registrándolo.

"Un coche negro nos está siguiendo," murmuró Carmen, metiendo sus manos en la sudadera y cerrando el cierre. "Tres coches atrás. Ya nos han estado siguiendo por un rato."

Casualmente eché un vistazo por mi espejo retrovisor, viendo un elegante coche negro tres coches detrás de nosotros. La pintura negra brillaba en el caliente sol de Tennessee, sus rines plateados reluciendo como diamantes. El coche tenía vidrios tintados, muy oscuros, probablemente hasta el punto de ser ilegal.

"Probablemente solo un distribuidor de drogas haciendo su parada semanal," murmuré, viendo a un hombre de piel oscura caminando por la acera a nuestro lado. Era bajo y tenía una barba descuidada. Hablaba consigo mismo de forma expresiva, arrojando las manos al aire cuando quería demostrar algo, su cabeza se movía nerviosa de vez en cuando.

"¿Crees que haya un drogadicto respondiéndole del otro lado de la Tierra?" Pregunté, tratando de aligerar el ambiente. "¿No sería gracioso que tuvieran una conversación real entre ellos?"

"Sí, esa mierda es graciosísima," respondió Tia, inclinándose sobre mí para estrellar su mano en el viejo seguro de mi puerta. Luego se inclinó sobre Carmen, también poniendo el seguro de su puerta. Un grupo grande de hombres pasaron caminando en ese momento, sin camisa, riéndose y charlando entre ellos antes de mirar dentro de mi camioneta. Uno de ellos se acercó a la ventana y empezó a tocar, provocando que Carmen gritara aterrorizada.

"¡Lárgate maldito yonqui!" Gritó Tia, señalando al hombre con su dedo. Se vio enojado por un segundo antes de soltar una carcajada y gritarle a Carmen que bajara la ventanilla. Presionó una bolsa de pastillas contra el vidrio, ocultas del mundo exterior por su mano.

"No gracias, amable señor," dije en voz alta cuando el tráfico aceleró y avanzamos. Nos persiguió por unos metros hasta que finalmente se dio por vencido. Tia me miraba de forma extraña.

"¿Qué?" Pregunté, frunciendo el ceño.

"Muy bien, Swan. En el barrio, no dicen 'gracias amable señor'. De hecho, creo que no deberías de hablar en lo absoluto. No puedes ser toda amable y esa mierda. Tienes que ser dura cuando hables con esta gente. Pueden oler la debilidad a un kilómetro de distancia, y no maldigas. Siempre te sonrojas cuando maldices. Esta gente va a comerte viva."

"¿Tienes que ser dura?" Dije sarcásticamente, agarrando el volante. "Y lo dice la misma mujer que estaba aterrorizada de venir al barrio porque le gustan los baños de burbujas."

"¿Crees que toman baños de burbujas en el barrio?" Tia preguntó, rodando los ojos.

Finalmente se quedó callada al llegar a Orange Mound, que estaba sorprendentemente desierto comparado con lo que la mayoría de la gente consideraría un gueto. Espacios abiertos bordeaban la calle con el negocio o casa deteriorada ocasional. Coches, camionetas y SUV estaban a ambos lados de la calle, la mayor parte de ellos costosos y ostentosos con enormes rines plateados. La música rap de motociclistas que pasaban llenó mi camioneta cuando bajé un poco mi ventanilla para dejar escapar algo del humo del cigarrillo de Tia. La gente estaba por todas partes; parada en las esquinas, caminando en grupos, sentadas en sus patios delanteros en sillas de plástico baratas. Todos ellos tenían una cosa en común. Todos se nos quedaban mirando.

Saqué mi móvil, ignorando las llamadas perdidas y los mensajes de texto al buscar la dirección que Willie me había proporcionado. Mirando las casas que pasábamos con atención, finalmente vi el número de casa correcto en un buzón ligeramente golpeado al final de una pequeña entrada. Detuve mi camioneta unos metros más allá de la casa, ignorando al grupo de hombres que estaban sentados despreocupadamente en el porche observándonos mientras estacionaba la camioneta. Apagué el motor y las tres nos quedamos en silencio por un minuto. El coche negro elegante que Carmen supuso nos seguía pasó lentamente dando vuelta en la esquina.

"Muy bien," les dije, mirándolas con seriedad. "Quédense aquí. Mantengan las puertas cerradas con seguro. Voy a entrar."

"Eso es lo más estúpido que he escuchado en mi vida," Carmen gruñó, abriendo la puerta y saliendo de un salto de la camioneta. Vi con horror como caminaba por el césped muerto frente a una casa blanca, la pintura cayéndose y los tablones de madera agrietados. Saludó al grupo de hombres sentados en el porche y gemí con fuerza. Tia respiró hondo y salió de la misma forma, cerrando la puerta sin hacer ruido detrás de ella. ¡Mis amigas iban a conseguir que las mataran! Abrí mi puerta rápidamente, salí y caminé con cautela por el pequeño pedazo de césped frente a la casa.

Sentado en los escalones del frente estaba un enorme hombre negro, con un palillo colgando de su boca. Llevaba puesta una camiseta blanca y pantalones color canela con unos impresionantes tenis negros en sus pies. Trenzas negras largas y gruesas cubrían la cabeza del hombre, arremolinándose antes de caer por la parte de atrás de su cuello. Nos estudió a las tres con ojo crítico antes de echarle un vistazo a sus amigos y estallar en estridentes carcajadas. El hombre tenía un gran espacio entre sus dientes que hice mi mejor esfuerzo por no mirar mientras reía.

"¡Mi tío ha perdido la maldita cabeza!" El hombre aulló, agarrando su vientre mientras se reía con ganas. "¡Sé que no están aquí buscando una pistola! ¿Para qué van a necesitarla? ¿Van a pelear por quién es la porrista principal? ¿Alguien les robó su cabellera? ¿Para qué demonios necesitan un arma?"

"Por qué necesito una es asunto mío," le dije, recordando las palabras sabias de Tia, escucharme dura. La sonrisa insultante dejó el rostro del hombre al mirarme con aire pensativo.

"Muy bien, linda. Eso es cierto. Entra a la casa, te mostraré lo que tengo," dijo, levantándose. Sus amigos entraron a la casa detrás de él, todos mirándonos de forma lasciva y sugerente. El nudo que se formó en mi vientre no era de nervios, sino un nudo por el miedo cuando uno de los hombres se lamió los labios antes de darle a Tia una sonrisa socarrona. Ella lo miró furiosa, al subir marchando los escalones para entrar a la casa, Carmen y yo siguiéndola de cerca.

La sala estaba sorprendentemente limpia con el mínimo de muebles. Sábanas color vino borgoña cubrían las pequeñas ventanas y una señora mayor, de unos cincuenta años, salió de una de las recámaras del fondo. Tenía cabello oscuro en un corte asimétrico y estaba en buena forma. Se nos quedó mirando a las tres como si fuéramos criaturas de otro planeta.

"Marco, ¿qué demonios están haciendo estas chicas aquí?" Preguntó, mirando a Carmen y a mí, básicamente ignorando a Tia. Tenía un acento de Chicago y un tono que no se andaba con rodeos.

"No se preocupen por ella," nos dijo Marco, asintiendo en dirección a la mujer que ahora tenía sus manos en sus caderas. "Es mi abuela, Mary, pero la llamamos abuela gangsta. Habla puras mierdas todo el tiempo. Ladra peor de lo que muerde."

Le sonreí a Mary con timidez cuando me alzó una ceja crítica antes de arrojar sus manos al aire y caminar hacia la cocina, murmurando sobre lo estúpido que era su nieto. Seguimos a Marco y sus amigos dentro de una recámara y miré sorprendida el montón de armas que estaban sobre la cama. Mi boca empezó a hacerse agua al mismo tiempo que respiraba hondo, tragando cuando le pedí permiso para coger un arma. Asintió en silencio y en seguida me fui hacia la 9 mm ubicada directamente frente a mí.

El arma tenía un acabado limpio y perfecto de melinita negra, el metal frío en mis manos mientras examinaba meticulosamente el arma. Tenía un frente de fibra óptica verde y una mira trasera fija montada en cola de milano. Era impecable y la forma perfecta para ocultarla de ojos curiosos. Se veía nuevecita; sin picaduras por el óxido y con buen agarre. Los tornillos estaban apretados e intactos. La sostuve frente a mí, mirando al cañón. Cabía perfectamente en mi mano como un guante usado.

"¿Puedo disparar en seco para revisar el gatillo?" Le pregunté a Marco, y se me quedó mirando de forma extraña, echando un vistazo a sus amigos con incredulidad antes de asentir. Después de asegurarme de que el arma no estuviera cargada, apunté a la pared frente a mí y apreté delicadamente del gatillo. Lo hice de nuevo, revisando su consistencia. Era perfecta. Revisé el interior del cañón, que afortunadamente estaba limpio.

Luego me puse un poco engreída. Realmente no pude evitarlo. La forma en que los hombres, Tia y Carmen me miraban mientras examinaba el arma minuciosamente me alentó a hacerlo. Comencé a girar el arma en mi mano, hacia adelante y luego hacia atrás. Luego la giré de lado, deteniéndola rápidamente al apuntar nuevamente hacia la pared y tirar del gatillo. Fue perfecto.

"¿Quién demonios eres tú?" Marco preguntó, mirándome con la boca abierta, haciendo brillar sus dientes inferiores de oro.

"No quieres saberlo. ¿Cuánto por la 9?" Pregunté, sosteniendo el arma en mi pecho como si fuera un cachorro moteado. Ya estaba enamorada.

"Seiscientos," respondió como si nada, observando mi rostro con cuidado. Tia y Carmen jadearon, pero yo no estaba sorprendida. Esta arma semiautomática fácilmente valía más de ochocientos dólares comprándola legalmente.

"¿Y es imposible de rastrear?" Aclaré, mirando el arma con cuidado.

"Completamente," respondió, cruzando los brazos sobre su pecho cuando puse el arma de vuelta en la cama, mis dedos permaneciendo sobre el frío cañón de metal.

"Muy bien, es un trato," respondí. Él asintió y dejé la recámara, cruzando la sala con Tia, Carmen y los hombres pisándonos los talones.

"Oye, ¿a dónde vas?" Marco preguntó cuando salí al porche. Me volví hacia él con el ceño fruncido y respondí, "Tu tío dijo que llevarían el arma a una segunda locación. Fue lo bastante sorprendente verlas aquí. No pensaste que realmente iba a traer el dinero conmigo, ¿cierto?" Bajé los escalones del porche para quedar sobre el césped, poniéndome la capucha sobre mi cabeza, Tia y Carmen flanqueándome a ambos lados. ¡Este hombre estaba loco si creía que traería una gran cantidad de dinero conmigo a Orange Mound!

"Cambiaron los planes," siseó Marco, agarrando mi brazo con brusquedad. Traté de zafarme, pero su agarre se intensificó. "Vas a ir por mi dinero y volver aquí."

"¡No voy a volver!" Le escupí, todavía tirando de mi brazo. "O me encuentras en una segunda locación o no hay trato."

"Bien," respondió, sus ojos taladrando los míos. "Si no vas a ir por mi dinero, entonces dame esa cadena en tu cuello." Su voz sin dar espacio para discusión.

Bajé la vista a mi cuello, olvidando que traía puesto el relicario de oro de mi madre. Dentro del relicario estaba una pequeña foto de las dos cuando yo era una bebita, yaciendo soñolienta en sus brazos. Era algo que no me había quitado en mucho tiempo, ¡y que me condenen si este hombre iba a quitarme el único efecto personal que tenía de mi madre!

"No," grité, tirando de mi brazo. "¡Era de mi madre! ¡No puedes tenerlo!"

"¡Entonces, solo lo tomaré!" Dijo, agarrando el collar y arrancándolo de mi cuello. Se echó a reír cuando traté de recuperar la joya, pero su rostro rápidamente decayó cuando miró por encima de mi hombro derecho.

"¡Qué demo…!" Susurró, mirando hacia la calle. Me di la vuelta y vi una larga fila de vehículos negros, avanzando despacio por la calle. Parecía una procesión de funeral, o posiblemente la comitiva para el presidente. Los primeros dos coches pasaron silenciosamente antes de detenerse. El tercer vehículo era una gran SUV negra, los rines brillando con tanta intensidad que hizo que mis ojos se aguaran por el dolor. La puerta se abrió y un guapo hombre rubio salió del asiento del pasajero de enfrente, antes de abrir una de las puertas traseras y dejar salir a un grupo de hombres. El hombre del centro del grupo sobresalía descaradamente, y no sé qué lo hacía sobresalir más. Tal vez era su traje oscuro o que tenía un arma metida al frente de la cintura de sus pantalones sobre su nítida camisa blanca sin preocuparse que todo el mundo pudiera verla ahí. Tal vez eran sus gafas de sol negras que se quitó para mirar furioso a nuestro grupo en el patio delantero, sus ojos verdes entrecerrándose en la mano de Marco sujetando mi brazo con firmeza, su otra mano agarrando el collar de mi madre. O tal vez era sus brillantes hebras desordenadas color bronce que atrapaban la luz del sol.

"Maldición, ese es Ed Cullen," murmuró uno de los amigos de Marco retrocediendo hacia la casa. "El maldito Rey de Memphis." Uno de los otros amigos de Marco salió corriendo por el patio, saltando la cerca en el proceso antes de desaparecer a la vuelta de la esquina de la casa.

Edward se detuvo a unos metros de nosotros, todavía mirando la mano de Marco en mi brazo. "¿Te gusta tener dos manos? Porque si no, realmente no me importaría cortarte una de ellas. Y lo haré, si no la quitas de sobre mi chica."

"¿Tu chica?" Murmuró Marco, soltando mi brazo al instante.

"¡Ja! ¡Apuesto a que no te esperabas eso, tú, bastardo dientón!" Tía se rio con ironía, viendo orgullosa como Edward fulminaba al hombre con la mirada.

Marco se me quedó mirando con incredulidad, sin duda preguntándose qué vio Edward Cullen en mí. Masajeé mi brazo con mi otra mano, para aliviar lo adolorido. Edward me puso a su lado, rodeándome casualmente con su brazo al mismo tiempo que presionaba sus suaves labios en mi frente. "Tienes que dar algunas explicaciones, nena," me susurró, con un tono de advertencia en su sedosa voz. Hice un puchero antes de tender mi mano expectante hacia Marco.

"Dame el relicario de mi madre," demandé. Él se sobresaltó, depositando rápidamente el relicario en mi mano, mirando nervioso a Edward.

"¿Te quitó el relicario de tu madre?" Preguntó, su voz escupiendo veneno. Asentí despacio, mordiendo mi labio inferior mientras Edward le daba a Marco una advertencia.

"Vigila tu espalda. Porque la primera vez que dejes caer la guardia, te mataré. Puede pasar en cualquier momento y en cualquier lugar, pero recuerda mis palabras, pagarás por tocar a mi chica sin permiso," Edward le dijo al hombre con voz fría y calmada. Los ojos de Marco destellaron por el terror al mismo tiempo que se tambaleaba hacia atrás y procedía a entrar corriendo a la casa, la puerta azotándose detrás de él. Pude escuchar los cerrojos girándose por dentro.

"¡Elvis ha dejado el edificio!" Tia le gritó a los amigos de Marco que quedaban en la orilla del césped. "¡Gracias, muchas gracias!"

Edward le dijo a uno de sus hombres que condujera mi camioneta. Vi como un hombre con un costoso traje oscuro se deslizaba detrás del volante, viéndose ridículo en mi vieja camioneta oxidada. Tia, Carmen y yo seguimos a Edward a la SUV, mis dos amigas entrando en el asiento de hasta el fondo mientras yo subía a la segunda fila, con Edward subiendo inmediatamente detrás de mí. Salimos de Orange Mound en silencio, las preguntas de cómo me encontró y por qué estaba yo ahí pendiendo en el aire sin respuesta. Miré por las ventanillas oscuras, sabiendo sin decir nada que el coche negro que nos siguió a Orange Mound fue uno de sus hombres contratados.

"Tenemos que hablar," susurró Edward, frotando su frente con sus dedos. Sus hombros se veían tensos y su rostro portaba una máscara de ira y ansiedad. Asentí en silencio, cuando finalmente nos acercamos a la calle donde estaba mi departamento. Sí, teníamos que hablar. Iba a confesarle sobre James, sobre por qué corrí la noche en la tienda de comestibles. Le contaría sobre Emmett y Jasper, sobre nuestro pasado. Iba a contarle todo porque no tenía opción. Si no era yo la que le contaba, él iría a buscar a Emmett, y Emmett cantaría como un canario.

"¿Quién demonios es ese?" Carmen susurró, mirando por la ventanilla a un hombre recargado en un coche frente a mi edificio de departamentos.

El coche en el que el hombre estaba recargado era un Dodge Charger 69 negro, comprado y restaurado por su fascinación de niño con el General Lee. Prácticamente podía oler el tabaco, cuero y fresa del interior del coche cuando pasamos lentamente junto a él. El hombre era alto y delgado, con músculos definidos ondulándose bajo su camiseta ajustada. Llevaba puestos unos jeans deslavados y una vieja camiseta de concierto, aunque estaba haciendo mucho frío para camisetas. Su piel descubierta estaba bronceada por su amor a las actividades al aire libre. Un collar de cáñamo colgaba de su cuello. Sus rizadas hebras rubias sobre sus profundos ojos azules, mientras miraba a nuestro vehículo pasar lentamente junto a él. De algún modo podía sentir sus ojos penetrando directamente a los míos, a través de nuestros vidrios tintados. Era hermoso. Era letal.

"Jasper," susurré, con mi cuerpo lleno de miedo.


Y estamos completos señoras y señores, solo faltaba Jasper y ahora aparece en escena. ¿Por qué tiene tanto miedo Bella de verlo? Bueno, ya lo veremos en el siguiente capítulo. Mientras tanto, repasemos lo que vimos en este capítulo. Primero, sus sospechas respecto a lo que pasó entre James y Bella son ciertas, él la violó y si leyeron todo el capítulo se dieron cuenta que sin duda fue una experiencia traumática para Bella, lo que solo nos muestra su fortaleza porque a pesar de haber experimentado algo como eso, ella siguió con su vida, con la ayuda sicológica necesaria por supuesto. Y después de todo eso, y ver cómo murió su tío por tratar de salvarla, es comprensible que ahora no quiera que nadie más tenga que sufrir a manos de James. Pero bueno, eso tampoco le salió como lo esperaba, empezando por la presencia de Tia y Carmen, y por último de Edward, que al final fue quién la salvo :D pero todavía tienes muchas explicaciones que dar Bella y veremos por qué Jasper está ahí. Espero que hayan disfrutado del capítulo y como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué le pareció y qué creen que pase ahora. No olviden que sus reviews es el único pago que recibimos por dedicar este tiempo a su diversión y que con ellos nos alientan a seguir compartiendo estas historias con ustedes. Recuerden que si no saben que escribir, con un gracias, un saludo o una carita feliz es suficiente.

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Say's, Aurora, Rosy Canul, MelACS, Adriu, dushakis, kaja0507, Laliscg, Fallen Dark Angel 07, Cary, jupy, liduvina, lagie, JessMel, Norita, Manligrez, nydiac10, Cinti, miop, SharOn, Flor Santana, freedom2604, Gabriela Cullen, melina, Maryluna, alejandra198, DenniChavez, Arlette Cullen Swan, Danny CullenMa, aliceforever85, Vanina Iliana, bbluelilas, piligm, Tecupi, maries24, Lady Grigori, BereB, Ali-Lu Kuran Hale, glow0718, carolaap, EriCastelo, Shikara65, Sully YM, tulgarita, Paty Limon, torrespera172, Adriana Molina, PRISOL, FerHerrera, andyG, Lizdayanna, Yoliki, Jimena G, patymdn, saraipineda44, angryc, Tata XOXO, Pam Malfoy Black, calia19, Liz Vidal, cavendano13, lizeth02, Brenda Cullenn, Mafer, karoSwan, esmecullenhale, rjnavajas, Lunita Black27, Klara Anastacia Cullen, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente. Espero que sea muy pronto.