Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.
Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)
Capítulo Trece: La temida verdad
Alice se me quedó viendo poco convencida por un largo rato. Le devolví la mirada, desviando mis ojos del bar al otro lado de la calle. Un pitido desde el fondo del bolsillo de mi abrigo me hizo gritar sorprendida. Mi grupo de amigos se dio la vuelta, asustados por el sonido que hice. Edward agarró su arma de la cintura, su cabeza girando alrededor de la calle.
"¡Guarda eso! ¡Es solo mi teléfono!" Siseé cuando un grupo de mujeres mayores ebrias y ligeras de ropa saltaron asustadas de la acerca al ver a Edward y su arma. Viéndose inmensamente aliviado, devolvió el arma a su cintura, metiendo las manos en sus pantalones y mirando casualmente alrededor, como si nada hubiese ocurrido.
Saqué mi teléfono de mi bolsillo, presionando el botón en la parte de abajo del teléfono. Se encendió, un texto parcial de mi primo destelló en la pantalla. Pasé mi dedo por la pantalla e hice clic en la aplicación de mensajes de texto. El nombre de Jasper apareció en la parte superior de la pantalla y rápidamente leí el mensaje, sosteniendo mi teléfono tan discretamente como me fue posible para los ojos curiosos.
Nov 2, 2012 1:33 AM: Encuéntrame en mi coche frente a tu departamento. Pierde a la pequeña.
Mordisqueé mi labio pensativa al deslizar el teléfono de nuevo en mi bolsillo. Alice me dijo que por alguna razón Jasper aparecía donde sea que ella fuera. ¿Por qué haría él eso… a menos que la estuviera vigilando por alguna razón? Un pensamiento, una idea, comenzó a formarse en mi mente, pero la idea era tan atroz que la deseché, sin estar preparada para siquiera considerar la posibilidad que pudiera ser verdad.
"Jasper va a encontrarnos en su coche. Se entretuvo," le dije vagamente a Edward, evitando sus ojos, tratando de controlar mi voz temblorosa. Edward observó mi rostro con cuidado, pero solo asintió en respuesta.
"¿Te importaría si me quedó a dormir arriba esta noche?" Alice le preguntó a Edward, escuchándose cansada, su rostro todavía un poco triste. "Estoy agotada. Simplemente no tengo la energía para caminar a mi coche y odiaría pedirle a Embry que me cargue," bromeó, dándole a su hermano una sonrisa que no le llegó a sus ojos.
"Claro," respondió Edward, arrojándole el juego de llaves que ella atrapó fácilmente en su pequeña mano. "Pero Embry se va a quedar contigo. No quiero que nadie se quede solo en el loft con la posibilidad que el acosador de Bella todavía esté en el área."
"Él siempre me acompaña al coche. Probablemente me está esperando en el callejón. Iré por él," respondió Alice, comenzando a alejarse. Edward la agarró del brazo, sacudiendo su cabeza con firmeza.
"Nunca entres en otro callejón a menos que esté contigo. ¿Entendiste?" Le preguntó con voz firme pero gentil. Sus ojos penetrando en los suyos con intensidad.
"Él tiene razón, pequeñina," dijo Emmett, alborotando suavemente su cabello. Ella se alejó de sus enormes manos, echándole feroces chispas con los ojos.
"Eso va para todas ustedes, señoritas," Edward me dijo a mí, a Tia y a Carmen. Asentí, mis ojos mirando por encima de su hombro al bar al otro lado de la calle, el bar donde mi primo se encontraba atrapado. Edward llamó a Embry con su móvil, y esperé con impaciencia, pasando mi peso de un pie al otro hasta que salió del callejón, dándome la misma sonrisa coqueta de antes. Trató, sin tener éxito, de ocultarla de Edward que lo fulminó con la mirada.
"Alice se va a quedar a dormir en el loft. Quédate con ella y mantenla a salvo. Sin jueguitos, ¿entendido?" Edward siseó, viendo como los ojos de Embry volvían a deambular hacia los míos.
"Sí, señor," respondió, dándole un falso saludo.
Embry tomó las llaves de las manos de Alice, abriendo el edificio y haciéndole un gesto para que entrara, sus brazos moviéndose hacia la puerta de forma dramática. Me miró a los ojos una última vez mientras Alice se despedía de nosotros, y Embry cerró la puerta con firmeza detrás de ellos. Escuché los cerrojos haciendo clic cuando empezamos a alejarnos lentamente del edificio. Mis manos estaban temblando y las metí al fondo de mis bolsillos, culpando a la baja temperatura cuando Edward me dio una mirada inquisitiva. Liam apareció a nuestro lado, echando un vistazo rápido por la calle buscando cualquier posible amenaza para nuestra seguridad. Dejamos a Tia y a Carmen en el estacionamiento cerca de Beale, viendo cómo se iban sin ningún percance en la SUV blanca de Carmen, las nubes blancas por los gases del escape flotando en el aire a su paso.
Emmett comenzó a hablar sin parar sobre algo, pero en realidad no le estaba prestando atención, perdida en mis propios pensamientos. Cuando dimos vuelta a la esquina, vi a Jasper salir tranquilamente de un callejón, con las manos en sus bolsillos, su andar casual. De alguna forma había llegado antes que nosotros, y cuando lo alcanzamos, nos dio una sonrisa encantadora.
"¿Qué te pasó?" Edward le preguntó bruscamente, molesto de que hubiera cambiado su planes cuidadosamente organizados.
"Me disculpo," Jasper dijo arrastrando las palabras, mirando por encima de su cabeza. Levanté la vista para ver un cielo lleno de hermosas estrellas centellantes. "Había un grupo de chicas ahí adentro enloquecidas. Se puso bastante feo."
"Hombre, sé cómo te sientes," Emmett se estremeció cuando al fin llegamos frente a mi edificio de departamentos. "Nunca me he sentido más sucio y humillado. Estaba dejando entrar a la gente al club y estas chicas empezaron a frotar mis brazos y otras cosas. Pensé que iba a tener que alejarlas con un palo."
Jasper se echó a reír, buscando las llaves en sus jeans. Abrió el coche y levantó su asiento para dejarme entrar en el asiento trasero. El interior estaba justo como lo recordaba; cuero negro y limpio. Jasper amaba su coche y lo cuidada como si fuera un niño. Edward estaba afuera del coche hablando bajito con Liam antes de que él asintiera y trotara hacia la SUV en la que Edward llegó a Orange Mound. Liam se subió al vehículo, azotando la puerta detrás de él y encendió el motor. Edward me miró a los ojos al través del cristal. Se metió junto a mí, todavía mirándome con preocupación.
"Jasper, solo sigue a Liam a mi casa," indicó Edward, lanzándome una mirada de soslayo.
El potente coche rugió a la vida y Jasper arrancó tras la reluciente SUV. El motor retumbó y el coche vibraba al avanzar por la calle casi desolada. Sentí la mano cálida de Edward en la mía, sacándome de mis pensamientos más recónditos sobre Jasper y Alice. Si algo podía distraerme, era el hombre guapo junto a mí, frotando círculos en mi palma con su pulgar, la acción de alguna forma envió un estremecimiento de mi vientre a mi área más hacia el sur.
Jasper y Emmett conversaban en voz baja desde sus asientos, sin prestar atención a los pasajeros en la parte de atrás. Soltando mi mano de la de Edward, lentamente empecé a desabotonar mi abrigo, quitándome el cinturón y deslizando el abrigo de mis hombros. Levanté mi trasero y arrojé el abrigo despreocupadamente sobre mi regazo. Edward me vio con una mirada inquisitiva que le respondí con una sonrisa de suficiencia.
Agarrando su mano, la puse debajo del abrigo, colocándola con firmeza sobre mi muslo desnudo, cubriendo mi boca para ocultar la risita que amenazaba con escaparse por la expresión de shock en el rostro de Edward. Su mano apretó mi muslo con firmeza y luego sus dedos subieron lentamente por mi muslo interno. Me contoneé un poco, la vibración del motor y los dedos de mi sexy hombre volviéndome loca.
"Entonces, Eddie, cuéntame de tu casa. Apuesto a que está jodidamente enorme, ¿cierto? Con lo ricachón que eres," dijo Emmett con una carcajada. Edward detuvo su exploración de mi muslo, provocando que hiciera un puchero. Agarré su mano con firmeza y la acerqué a la madre patria.
"Uh, sí, supongo que puedes decir eso," Edward carraspeó, aclarando su garganta al hablar.
Los dedos de Edward continuaron su camino mientras él se movía un poco en su asiento, volviendo ligeramente su rostro, dando la apariencia de inclinarse hacia los chicos al frente para conversar con ellos.
"Son cuatro recámaras, cinco baños y tres medios baños," les dijo, sus dedos finalmente alcanzando el frente de mis bragas. Empujó mis muslos con sus manos, y los separó, volviendo pesada mi respiración. "Tiene un gimnasio, sauna, piscina, una casita de piscina, una casa de huéspedes…" Parloteó sin parar con un tono de voz casual, pero honestamente no podía prestar atención, porque entonces sus largos dedos subieron mi corto vestido al mismo tiempo que los deslizaba debajo de mis bragas.
Edward pasó rápidamente su dedo contra mi clítoris y tuve que morder mi labio para evitar gritar. Sonriendo con suficiencia al ver mi estado de excitación, él continuó charlando con mis muchachos, pero ignoré su voz, perdida en mi placer.
Jugó con mi clítoris, rodándolo entre sus dedos mientras hablaba sin parar sobre su casa. Luego, comenzó a retorcerlo y pellizcarlo mientras yo seguía mordiendo mi labio hasta que probé sangre. Sus dedos incluso se movieron más hacia el sur. Acarició mi entrada con dos dedos y continuó masajeando mi clítoris con su pulgar. Sin advertencia sumergió dos dedos en lo más profundo dentro de mí… tan profundo como su incómoda posición podría permitirle, haciéndome jadear bajito al mismo tiempo que sujetaba el asiento de cuero. No pudo alcanzar bien mi lugar especial, pero no importó. Bombeó sus dedos hacia adentro y hacia afuera, abandonando mi clítoris por un momento, tentándome por la ausencia de su pulgar. Sentí que me mojaba cada vez más al mismo tiempo que empezaba a girar mis caderas tan discretamente como podía, aferrándome al cuero en mis manos, queriendo gritar. Volvió a jugar con mi clítoris, y cuando se inclinó hacia adelante para decirle algo a Emmett, metió sus dedos con fuerza, tocando mi lugar especial por primera vez y no pude contener el sonido incoherente que dejó mi boca, cuando sentí que apretaba sus dedos, con la humedad escurriéndose de mí.
Tomando una respiración profunda y entrecortada, encontré la mirada de Jasper cuando me miró con curiosidad por encima de un hombro. "¿Estás bien, cielo?"
Comencé a tartamudear y balbucear, fulminando a Edward con la mirada cuando él también me dio una mirada curiosa, pretendiendo no saber nada.
"¿Qué está pasando allá atrás?" Emmett se echó a reír, lanzándole a Edward una mirada cómplice cuando dimos vuelta en otra esquina. "No están haciendo cosas raras ahí atrás, ¿verdad?"
Mis mejillas se tornaron rojas. Edward me guiñó un ojo, con sus dedos todavía dentro de mí. Los sacó lentamente, pasándolos sobre mi brote excesivamente sensible antes de sacarlos por debajo de mi abrigo. Se recargó en su asiento mirándome por un rato antes de que finalmente lo mirara a los ojos. Edward movió sus dedos, mojados por estar dentro de mí, y comenzó a lamerlos muy lentamente, mirándome con ojos oscuros. Mi boca se abrió cuando limpió a consciencia mis jugos. Luego me dio un guiño pícaro y desvió la mirada, colocando una expresión aburrida en su rostro.
"Aquí es, hacia arriba," le dijo a Jasper cuando dimos vuelta en otra esquina.
Me contoneé miserablemente en mi asiento, excitada una vez más luego de ver a Edward lamerme de sus dedos. Liam se detuvo en una enorme reja, rodeada por una gigantesca cerca de piedra gris, tan alta que probablemente no podrías ver sobre ella de pie en la acera, incluso si saltabas. Observé con curiosidad como Liam tecleaba un tipo de código y presionaba su pulgar contra una máquina. Las puertas se abrieron rápidamente y Jasper lo siguió al subir por un serpenteante camino de entrada. Jadeé al ver la gigantesca casa que estaba frente a mí.
La palabra 'casa' no le hacía justicia. Era una monstruosidad de mansión, hecha de un ladrillo gris oscuro adornada con enormes ventanales, el techo inclinado por aquí y por allá, en algunas áreas con la forma curveada del techo de un castillo. Un sendero rodeaba las gigantescas puertas abovedadas de madera frente a la casa, envolviendo arbustos y árboles perfectamente esculpidos. Vi al menos un balcón, rodeado por un lindo y grueso barandal blanco frente a la casa de dos plantas. Seguimos a Liam por el camino de acceso a un lado de la casa donde estacionó la SUV frente a uno de dos garajes. Emmett silbó con fuerza cuando abrió la puerta, mirando a la ostentosa casa.
"Hombre, te está yendo muy bien por tu cuenta, ¿eh?" Le dijo a Edward, tirando de su asiento hacia adelante para dejarme salir.
Sujeté mi abrigo firmemente a mi pecho, completamente intimidada por la casa frente a mí. Nunca había visto nada tan hermoso en mi vida. Mi ciudad natal alojaba casas deterioradas y remolques. Mordí mi labio con nerviosismo al mirar el lugar que Edward llamaba hogar. Un brazo cálido rodeó mi cintura cuando Edward apareció a mi lado, atrayéndome a él al mismo tiempo que me besaba con dulzura en la frente.
"Respira, cariño," susurró, e hice lo que me pidió, respirando hondo.
Liam le habló a Edward en voz baja, preguntándole si requería de sus servicios por más tiempo esta noche. Edward le dijo que se retirara y lo vi caminar por el sinuoso sendero, cubierto con pequeñas luces de un suave amarillo, desapareciendo detrás de una masa de árboles.
"Él vive en la casa de huéspedes, junto con otros dos agentes de seguridad," explicó Edward, y asentí cuando me llevó hacia una enorme puerta abovedada de madera, metida entre dos columnas arqueadas de piedra.
Jasper y Emmett nos siguieron, sus ojos observando todo mientras llegábamos a la puerta. Edward introdujo la llave en la puerta, abriéndola y entramos a un largo pasillo. Seguí a Edward dentro y jadeé una vez más cuando entramos a la cocina por la que incluso Paula Deen babearía. Gabinetes de reluciente roble cubrían una pared, con grandes aparatos profesionales metidos cuidadosamente entre ellos. Una isla curveada de mármol estaba en medio de la habitación con un largo y curveado bar de mármol a unos metros de distancia, completo con un fregadero y con pequeñas y elegantes macetas con plantas adornando la superficie. El mármol era una mezcla de color crema, canela y negro; el piso sobre el que estaba parada también era de mármol de un cremoso beige. Emmett babeó por el enorme congelador que estaba silencioso frente a él. Jasper echó un vistazo perezosamente alrededor del lugar, aparentando estar poco impresionado.
"Entonces… ¿quieren una gira?" Preguntó Edward, viendo como mordisqueaba mi labio inferior.
"¿Qué si queremos una gira? ¡Demonios sí, queremos una gira!" Emmett gritó con entusiasmo, una enorme sonrisa cruzando su guapo rostro.
"Muy bien… supongo que empezaremos aquí abajo y luego arriba… luego dejaré el sótano para el último. Después de bajar, probablemente no querrán irse," Edward se río, acercándome a él cuando dejamos la cocina y entramos a la sala.
Grandes sofás de cuero de un color verde oscuro estaban colocados estratégicamente alrededor de la habitación, todos frente a la mesita de café cubierta con revistas y libros. Nos llevó de habitación a habitación, los diseños de cada una fluían perfectamente entre sí. Colores neutros decoraban cada habitación con notas de color verde oscuro, borgoña y azul marino. Las paredes eran de un lindo color crema. Nos mostró el cuarto de 'televisión' como él lo llamaba, que básicamente era una habitación enorme llena de muebles de cuero frente a la pantalla plana más grande que había visto en mi vida. Nos permitió echar un vistazo a su oficina, diciéndonos con firmeza que nadie entraba ahí sin su permiso. La oficina era la única hasta ahora que no estaba pintada de color crema, en vez de eso las paredes y el piso estaban cubiertos de roble, el piso de madera con alfombras persas en borgoña, verde, azul marino y dorado. Un gran escritorio estaba frente a una pared cubierta de estantes, desbordándose con libros.
"Creo que podría gustarte esta habitación," me dijo Edward, tirando de mi mano mientras abría la puerta. Me hizo un gesto para que entrara cuando encendió la luz, y me quedé mirando a la habitación casi vacía, mis ojos enfocándose en mi vieja máquina de coser que estaba cerca de la ventana.
"Está vacía ahora, pero estoy seguro que encontrarás una forma de llenarla," explicó, mirando a mis ojos confundidos con timidez. "Cuando compré la casa el agente de bienes raíces me explicó que esta era una sala de ocio, pero pensé que tal vez tú podrías convertirla en un cuarto de costura… o lo que sea que quieras."
Jasper y Emmett entraron detrás de nosotros, echándole un vistazo a la habitación vacía con curiosidad, pero los ignoré, mis ojos llenándose de amor por el dulce gesto de Edward. Me di la vuelta, envolví mis brazos alrededor de su cintura y le di un beso casto en sus labios. Él me dio una brillante sonrisa al devolverme el abrazo con ganas, mirándome a los ojos con una expresión que no pude descifrar.
"De acuerdo, de acuerdo, basta ya ustedes dos," bromeó Emmett. Edward le sonrió mientras nos separábamos, tomando mi mano y sacándome de la habitación al mismo tiempo que apagaba la luz.
Edward nos hizo subir por una escalinata curveada hacia el segundo piso, haciendo un gesto de recámara a recámara, diciéndole a Emmett y Jasper que ellos podían elegir dónde quedarse. Cada recámara tenía un baño y una pequeña sala adjunta con suaves muebles de cuero color crema y una televisión. Caminé por el pasillo mirando a las paredes hundidas a lo largo del camino, con jarrones muy antiguos en exposición. Eran muy antiguos y coordinados, y me pregunté si habían estado en la familia de Edward desde hace mucho tiempo.
"Aquí está tu habitación, cariño," susurró Edward, abandonando a Emmett y Jasper, metiéndome a una recámara y cerrando la puerta sin hacer ruido detrás de él. "A menos que quieras cambiar con Emmett o Jasper."
Mis pies pisaron una alfombra de un color dorado oscuro, el mismo color de las cortinas que colgaban cadenciosamente de las grandes ventanas con vista a la propiedad. Un juego de puertas estaba contra una pared que conducía al balcón que había visto tras nuestra llegada. La habitación estaba llena de muebles de madera antiguos, la superficie deslumbrante bajo un candelabro dorado que colgaba del techo. Una enorme cama estaba contra la pared, cubierta de dorado y borgoña, con almohadones a juego apilados cerca de la cabecera. Cajas de cartón estaban a un lado de la habitación, llenas de las pertenencias que los hombres de Edward empacaron en mi departamento. Vi el sillón de orejas de mi abuela cerca de una pequeña mesa con una grande y bonita lámpara encima. Miré a Edward con curiosidad.
"Les dije que dejaran los muebles, excepto el sillón," admitió, metiendo un mechón de cabello suelto detrás de mi oreja izquierda. "Me gusta mucho ese viejo sillón."
"Era de mi abuela," respondí, mirando con ternura al sillón que de casualidad combinaba con la habitación a la perfección. "La amaba mucho. Cuidó de mí cuando era muy joven. Murió justo después que mi madre lo hiciera," expliqué, acercándome al viejo sillón y pasando un dedo por la vieja tela.
"Dices eso como si ella fuera la única que cuidó de ti…" Respondió Edward, cruzando la habitación para rodearme con sus brazos, besándome delicadamente en la parte de atrás de mi cabeza. Me incliné hacia él y empezó a balancearnos suavemente de un lado al otro mientras mirábamos el sillón.
"Mi madre tenía problemas emocionales," admití después de una larga pausa. "Ella era una persona muy dulce… cuando estaba despierta. La mayor parte del tiempo se quedaba en la cama. Sufrió de una profunda depresión. Finalmente cometió suicidio por una sobredosis de un medicamento recetado."
Edward dejó de balancearse, tensándose al escuchar mi admisión. No sabía si simplemente lo había impactado, o si había algo más.
Respiró hondo y luego susurró, "Mi madre sufrió de depresión por un largo tiempo. Perdió un hijo… mi hermano… cuando yo era más joven. Murió de SMSL. No sé si sabes qué es SMSL son… las siglas del síndrome de muerte súbita del lactante. En realidad, nadie sabe qué la provoca. Ella lo puso en una cuna y cuando despertó la mañana siguiente… él simplemente… estaba muerto. Ella entró en pánico y llamó al 911, pero era demasiado tarde. Mamá pasó años culpándose. Un día simplemente ya no pudo más. Tomó un puñado de pastillas para dormir. Gracias a Dios que mi padre la encontró a tiempo. Una ambulancia la llevó al hospital y le hicieron un lavado de estómago. Mi padre la internó en una clínica que se especializa en depresión. Todavía se entristece de vez en cuando, pero ahora sabe cómo manejarlo. Algunas veces me pregunto si esa es la razón por la que desea tanto que yo tenga hijos. Creo que en su interior quiere compensar el tiempo perdido con su bebé."
"Oh, Edward, eso es muy triste," murmuré, dándome la vuelta y rodeando su cuello con mis brazos, mirando a sus sombríos ojos verdes. "¡Qué horrible perder un hijo!" El pensarlo hizo que se me revolviera el estómago.
"Fue bastante malo… además de su muerte, mi madre tuvo muchas complicaciones en su embarazo, resultando en una histerectomía. Ya no podría tener más hijos… él fue su tercer hijo."
"¡Oh no! ¡Tu pobre madre! ¡Ella es tan dulce! Odio que haya pasado por tanto," susurré, con lágrimas brotando en mis ojos. Él puso su rostro en mi cabello, ocultándose de mis ojos apenados.
"¿Alguna vez… te has enojado con tu madre por lo que hizo?" Edward me preguntó en voz baja. "No estoy diciendo que deberías estar enojada con ella, pero yo he luchado por años con lo que pasó y en ocasiones me encuentro muy molesto con ella."
Mordí mi labio con aire pensativo. "Hay momentos que me enfurezco por lo que hizo, la decisión que tomó de terminar con su vida y dejar a su familia. ¿Por qué alguien haría voluntariamente algo tan egoísta? Pero, a través de los años comprendí que mi madre simplemente estaba enferma. No puedo culparla por lo que se hizo a sí misma. Culpo a la enfermedad, a la depresión."
"Nunca le he contado a nadie lo que le pasó a mi mamá," admitió en voz baja. "Nunca he confiado en alguien lo suficiente como para compartir esa información sin juzgarla a ella o a nuestra familia injustamente." Nos quedamos un largo tiempo abrazándonos el uno al otro hasta que escuchamos el inconfundible sonido de mi hermano irrumpiendo por la puerta, sin anunciarse.
"Juro que no puedo dejarlos solo por dos minutos…" Refunfuñó, sacudiendo su cabeza en decepción. Todavía llevaba puesta la camiseta negra con la palabra 'Seguridad' escrita al frente de su musculoso pecho.
"¿Qué pasó con la gira, hombre?" Le preguntó a Edward, sacando ligeramente su labio inferior, un falso puchero en su rostro. Vi a Jasper a través de la puerta de mi recámara recargado en un elegante barandal con vista al piso debajo de nosotros. Edward me dio un último beso casto y nos acompañó por el pasillo.
"Pueden tomar las escaleras al sótano o pueden usar este," dijo, haciendo un gesto hacia la pared frente a él, donde estaban dos enormes puertas de madera. Presionó un botón dorado en un panel cerca de las puertas y escuché el inconfundible ruido de un ascensor subiendo antes de que las puertas se abrieran rápidamente.
"¿Quééééé? ¿Un ascensor en tu casa? Eso es increíble," susurró Emmett, asombrado. Jasper y yo intercambiamos miradas de incredulidad, a lo que él simplemente se encogió de hombros, siguiendo a Edward, Emmett y a mí dentro del ascensor.
Edward presionó un botón marcado con una 'B' y las puertas se cerraron, el ascensor descendió. Me sujeté del reluciente pasamanos detrás de mí. Los ascensores generalmente hacían que me sintiera un poco recelosa. Llegamos a nuestro destino y las puertas se abrieron, una vez más. Entramos a una habitación, Emmett e incluso Jasper jadearon a lo que estaba frente a nosotros.
El sótano cubría todo el largo y amplitud de la casa, separado en secciones. Suaves muebles de cuero llenaban un área, colocados alrededor de un centro de entretenimiento lleno de consolas de juegos y videojuegos. Antiguos juegos de pinball y máquinas de videojuegos de época cubrían las paredes alrededor de esa área de la habitación. Había una cocina con todo y un bar, y un escenario estaba en otra zona, con una enorme televisión y una máquina de karaoke cerca. Había dos mesas de pool en un extremo del sótano, con luces suaves colgando encima. Se escuchaba el eco de música soul en la habitación y vi una antigua rocola cerca. Otra puerta conducía a una habitación llena de equipo de gimnasio que se veía nuevecito.
"¡Esto es jodidamente increíble!" Emmett gritó, saliendo disparado al otro extremo del lugar hacia la máquina de Pacman. Empezó a jugar en seguida, sus cejas fruncidas en concentración mientras tiraba de una palanca de mando.
"Él nunca va a dejar este lugar," le susurré a Edward, asintiendo hacia Emmett. Se rio bajito y vi a Jasper caminar tranquilamente hacia la rocola, eligiendo un canción de Waylon Jennings, con una suave sonrisa en su rostro al mismo tiempo que I'm A Ramblin' Man saturaba la habitación. Rompió las bolas sobre una mesa de pool y comenzó a jugar solo, disparando con destreza bola tras bola dentro de cada buchaca.
"Todavía no has visto mi parte favorita de la casa," me sonrió con suficiencia, tomando mi abrigo de mis brazos y poniéndomelo. "Aunque está afuera. Vamos." Lo seguí a una pared cubierta de vidrio. Abrió las puertas de cristal, haciéndome un gesto para que caminara frente a él, como un detalle verdaderamente caballeroso. Salí, mis zapatos haciendo clic contra la piedra, y jadeé por la vista frente a mí.
El patio trasero tenía una enorme cascada de roca, el agua caía en una hermosa piscina para nadar, rodeada con grandes plantas de apariencia tropical. Pequeñas sillas de metal color óxido con mesas a juego y tumbonas estaban cerca de la piscina. Me llevó a un porche cubierto, metido bajo el techo de su casa, con una cocina al aire libre de piedras de pizarra color gris. Unas sillas con gruesos cojines estaban metidas debajo del porche cubierto y una gran mesa llena con pequeñas sillas estaba cerca, con un minibar a un lado probablemente lleno a reventar con el veneno favorito de todos. Él agarró mi mano, llevándome por una vereda curveada que rodeaba la esquina de la casa. Escuché agua corriendo y vi una pequeña cascada y un estanque de peces, con un gran columpio de jardín colocado cerca con suaves y esponjosos almohadones. Piedras multicolores rodeaban el estanque y vi reflejos dorados, rosados y púrpuras de grandes peces nadando en sus profundidades. Plantas y arbustos cubrían el área, y supe en seguida que pasaría todo mi tiempo libre en ese columpio.
"Esto fue idea de mi madre. Lo llama un jardín de lectura," me dijo en voz baja, observándome con una sonrisa torcida mientras veía el jardín boquiabierta. Restos de rosas rojas colgaban de un enrejado, sus pétalos cayendo poco a poco al suelo a medida que llegaba el frío del otoño.
"Es muy bonito en primavera… no puedo esperar a que lo veas entonces," murmuró, dándome la vuelta para quedar frente a él. Rodeando su cintura con mis brazos, pegué mi cabeza a su pecho, sintiendo que el mío se oprimía al saber que faltaba mucho tiempo para la primavera. Esperaba que encontráramos a James para entonces, y yo estaría a salvo, sin tener una excusa para quedarme con Edward.
"Me encantaría visitarte en primavera," respondí, sintiendo sus músculos tensarse bajo mis brazos.
"¿A qué te refieres con 'visitarme'?" Preguntó, alejándome lo suficiente para mirarme profundamente a los ojos.
"Espero que se encuentre a James antes. Ya no habrá razón para que me quede contigo. No puedo vivir aquí para siempre," murmuré, con honestidad.
Tomó mi rostro entre sus manos, sus dedos rozando bruscamente mis mejillas. Podía sentir la ira vibrando por su cuerpo cuando eludí sus ojos. "Cariño, quiero que te quedes conmigo para siempre. ¿Ya estás planeando escaparte?"
"No… es solo que," tuve problemas para encontrar la forma de expresar los pensamientos que daban vueltas por mi mente. "No quiero que te sientas obligado a permitir que mi familia y yo nos quedemos contigo."
Él suspiró profundamente, volviéndome a poner en sus brazos. "No me siento obligado… me siento bendecido por tenerte conmigo en mi hogar. Contigo aquí, finalmente se siente como un verdadero hogar. Compré esta casa con la intención de iniciar algún día una familia aquí … y quiero iniciar una familia contigo… si me aceptas."
Consideré sus palabras por un segundo, la voz de su padre filtrándose en mi mente sin ser invitada. "¿Qué hay de las creencias de tu padre? ¿Vas a actuar en contra de ellas? Al final, ¿qué significa eso para ti? Estás dispuesto a perderlo todo por una chica que apenas conoces…"
"Sí," susurro, su boca capturando la mía. Gemí cuando su lengua demandó la entrada a mi boca, lo que permití. Pasó sus dedos por mi cabello echando mi rostro hacia atrás, su boca deambulando desde mi boca bajando por mi cuello. "Ahora, entremos antes que nos atrapen en el jardín haciendo algunas cosas muy traviesas," siseó, cuando su boca dejó mi cuello. Hice un puchero y retiró sus manos de mi cabello, agarrando mi mano y dándome una sonrisa malvada.
Volvió a meterme a la casa por una puerta lateral, dejando a Emmett y a Jasper con sus juegos. Prescindimos del ascensor, tomando mejor las escaleras de vuelta a mi recámara. Edward me ayudó a desempacar por un rato, solo sacando unas cuantas pertenencias que necesitaría esa noche; ropa de dormir, ropa interior y artículos de tocador. Edward se vio completamente ridículo al dejar caer una brazada de bragas y sujetadores sobre mi cama. Cuando vio el atuendo que planeaba utilizar al siguiente día, frunció el ceño. Insistió en que fuera de compras con su hermana, lo que me horrorizó enormemente cuando recordé el último viaje de compras al que ella me arrastró saltando de tienda en tienda. Seguramente un viaje de compras para mí sería cien veces más estresante.
Jasper y Emmett salieron del cuarto de juegos unos minutos después diciendo en voz alta que iban dormir un poco ya que se acercaba rápidamente las cuatro en punto. Jasper le dio a Edward una mirada severa al mismo tiempo que me instruyó que también descansara un poco. Edward simplemente sonrió mientras yo rodaba los ojos, bufando al decirles a todos que se fueran de una vez. Todos se fueron, Edward dándome un guiño escurridizo antes de cerrar la puerta con firmeza detrás de él. La excitación empezó a burbujear en mi vientre cuando agarré un suave bóxer gris y una camiseta blanca sin mangas. Encogiéndome de hombros al ver mi escasez de ropa sexy para dormir, me metí en la lujosa ducha, enjabonando mi cuerpo con mi gel de baño con aroma a madreselva. Impacientemente, afeité cada vello rebelde de toda parte importante de mi cuerpo, mientras tomaba la ducha más veloz en el mundo. Después de secar con una toalla mi terso cuerpo, le puse loción, poniéndome mi ropa y envolviendo la toalla húmeda en mi cabeza. Secando mi cabello, observé el reloj queriendo esperar al menos unos cuantos minutos para escabullirme a la planta baja donde Edward había señalado la puerta de su recámara durante nuestra gira. Después de poner acondicionador sin enjuague en mi cabello, lo cepillé despacio, esperando el momento adecuado mientras me miraba al espejo. La chica de pie frente a mí se veía extremadamente excitada, con sus ojos muy abiertos en asombro y una pequeña sonrisa en su rostro.
Después de esperar una insoportable cantidad de tiempo, arrojé la toalla húmeda en un cesto en el baño y me acerqué despacio a la puerta de mi recámara, con las mechas húmedas de mi cabello cayendo por mi espalda. Giré el pomo, entré al pasillo suavemente iluminado, dándome la vuelta y jadeé por el shock.
Emmett estaba sentado en una silla de flores estilo campestre cerca de la puerta de mi recámara. Con mugre verde cubriendo su rostro y rebanadas de pepino tapando sus ojos. Su cabeza caía hacia un lado de la silla, haciendo que me preguntara si podría estar dormido. Sus brazos cruzaban su musculoso pecho, con una pierna apoyada sobre la otra. Al parecer estaba vigilando mi puerta… mientras se exfoliaba.
Traté de pasar desapercibida junto a mi muy extraño hermano, pero me tropecé sin gracia sobre su enorme pie, despertándolo durante el proceso de mi escape.
"¡Muchas gracias, Bells!" Exclamó, los pepinos deslizándose de su rostro y cayendo sobre su camiseta. Arrojó sus manos hacia arriba en frustración. "Acabo de perder doscientos dólares que no tengo con Jasper. Hijo de…"
"¿Apostaron conmigo?" Siseé, mis ojos disparándose por el pasillo hacia la habitación de Jasper. "¿Apostaron que me escabulliría a la habitación de Edward esta noche?" Emmett asintió, mirándome mal, viéndose como un verde Hulk enojado.
"Todavía puedes ganar la apuesta, Em," le susurré, dándole un guiño cómplice.
Me levantó una ceja con incredulidad.
"Hablo en serio. Solo siéntate aquí por un rato… pretendiendo que nunca me viste. Volveré a mi cama antes de que amanezca. Jasper nunca tendrá que saberlo."
Emmett dejó caer la expresión crítica, dándome una sonrisa de lado al mismo tiempo que me hacía un gesto con la cabeza para que bajara por la escalinata. Prácticamente corrí, de algún modo convencida que Emmett cambiaría de opinión. Al escabullirme por la casa, con mis pies descalzos sobre los pisos de mármol, encontré la habitación de Edward y toqué suavemente en la gran puerta de madera, cambiando mi peso de un pie al otro con impaciencia.
La puerta finalmente se abrió y la cabeza de Edward se asomó, con una sonrisa en su rostro endiabladamente angelical mientras se le quedaba mirando a mi camiseta blanca, lamiéndose los labios. Me hizo un gesto para entrar a la habitación, y lo hice, mis ojos centrándose en la gigantesca cama que estaba frente a mí. Lo juro, era la cama más grande que había visto en mi vida, y cerca del suelo vestida en dorado y rojo. La habitación tenía muebles antiguos de madera de cerezo y sillas estilo victoriano. Las paredes eran del mismo dorado y un gran candelabro colgaba también del techo, adornado con antiguas pinturas al óleo y elegantes espejos… pero en realidad no tuve tiempo para verlo bien todo, porque Edward Cullen estaba frente a mí, mirando mis pezones erguidos a través de mi delgada camiseta sin mangas. Él no traía nada más que un bóxer, y se estaba acariciando sobre ellos.
El vendaje que antes se aferraba a sus costillas de lado izquierdo ya no estaba. Jadeé al ver la cita escrita en tinta negra cursiva en sus costillas… una de mis favoritas; una cita que él había leído en voz alta de la página doblada en mi libro de Emily Dickenson cuando estaba sentado en el sillón de mi abuela.
Esto es lo que hoy tengo para dar. Esto y mi corazón. Esto y mi corazón, y todos los campos y todas las vastas praderas.
"No lo pienses demasiado, nena," susurró. "No permitas que interfiera en lo que estoy a punto de hacerte."
Edward me empujó contra la pared, siseando, "Fui blando contigo la última vez… pero no creo que sea muy gentil esta noche. ¿Es eso lo que quieres, mi chica sucia? ¿Lo quieres gentil… o rudo?" Tomó mis pechos, restregándose contra mí, su dura longitud presionando en mi vientre mientras pellizcaba mis pezones. Con fuerza.
"Rudo," jadeé, viendo como una sonrisa malvada se apoderaba de su rostro y sus ojos verdes se oscurecían por el deseo.
Edward agarró mi camiseta con sus dos manos, rompiéndola a la mitad del cuello hacia abajo, dejando expuestos mis pechos al mismo tiempo que chupaba un pezón en su boca, soltándolo con un fuerte 'pop' antes de devorar el otro. Gemí, tirando de su cabello color bronce con mis manos mientras él deslizaba una mano debajo de mi bóxer.
"Sin bragas. Sabía que eras una niña mala," escupió, moviendo mi pequeño nudo entre sus dedos antes de hundir dos hasta el fondo entre mis pliegues, sin advertencia, haciéndome gritar. Exploró mis paredes internas hasta que encontró mi lugar especial, presionándolo con firmeza con las puntas de sus dedos. Cubrí mi boca, intentando amortiguar mis gritos.
"Nadie puede escucharte," jadeó, cayendo de rodillas y bajando mi bóxer. Levanté un pie y luego el otro para que los arrojara descuidadamente por encima de su hombro. "Paredes a prueba de ruido. Grita todo lo que quieras."
Edward levantó una de mis piernas y empezó a chupar y mordisquear mi sensible nudo mientras me sostenía en una pierna temblorosa. Colocó sus manos, una en cada pierna, para ayudar a sostenerme y siguió lamiendo y chupando, mis caderas encontraron su lengua cuando mi cuerpo giraba incontrolablemente al ritmo de su lengua. Dejó caer una mano de mi pierna y sumergió dos dedos dentro de mí, bombeando frenéticamente, cada vez tocando mi lugar especial, mirándome mientras chupaba ruidosamente mi clítoris. Me le quedé mirando, sus ojos oscuros fijos en los míos y me dejé llevar al ver las cosas que le estaba haciendo a mi cuerpo. Sentí que me apretaba en torno a él una y otra vez al mismo tiempo que gritaba su nombre, casi derrumbándome cuando terminé mi orgasmo.
"Apenas estamos empezando," gruñó, tirando de mi brazo y prácticamente arrojándome sobre la cama.
"Inclínate. Con el trasero en el aire," me ordenó, tirando de mí hacia atrás sobre la cama.
Al hacer lo que me dijo, coloqué mis rodillas cerca de la orilla de la cama cuando me incliné. Al parecer eso no fue suficiente para el señor Cullen, ya que bajó más mi cabeza sobre la cama, demandándome que la dejara ahí. La familiar sensación de algo retorciéndose y moviéndose comenzó una vez más en la boca de mi estómago cuando escuché que se quitaba su bóxer, y ahora sus dedos apenas tocaban el área sensible entre mis piernas.
"¿Te gustaron las nalgadas que te di la última vez, chica sucia?" Preguntó, acariciándome con firmeza, metiendo dos dedos muy dentro de mí.
Gemí en respuesta, incapaz de expresar lo mucho que me gustaron las nalgadas. Sin advertencia, me dio una nalgada, con fuerza. Un chillido de sorpresa escapó de mi boca, seguido de un gemido cuando masajeó el área que golpeó. Alentado por mis gemidos, me dio una nalgada del otro lado, con más fuerza, y luego del otro lado, otra vez, aún más fuerte.
"La última vez te hice el amor, Bella," me dijo en voz baja, tirando de mi cabello todavía un poco húmedo para enderezarme, provocando un gemido de mis labios. Atrajo mi boca a la suya, chupando violentamente mi labio inferior. Sentí que sus dedos se deslizaban nuevamente entre mis piernas, mientras pellizcaba y tiraba de mi clítoris. "Pero esta noche voy a follarte. ¿Eso es lo que quieres, nena? ¿Quieres que te folle?"
Edward retiró sus dedos de mi clítoris y vi cuando los metió en su boca, chupándolos y lamiéndolos, sus ojos oscuros mientras veía que lo observaba. Sacando sus dedos de su boca, tomó mis pechos, retorciendo mis pezones con rudeza al esperar mi respuesta.
"Sí, Edward," jadeé. "¡Quiero que me f…folles!"
Esa fue toda la confirmación que necesitó al volver a empujar mi rostro hacia la cama y meter su enorme polla dentro de mí mientras yo gritaba. Bombeó brutalmente, dándome nalgadas ocasionales. La posición en la que me colocó era perfecta. En todo momento golpeó mi lugar especial y sentí que la humedad caía por mis muslos. Me dio otra nalgada, y ardió tan bien que hizo que brotaran lágrimas en mis ojos.
"Tócate, chica sucia," ordenó, agarrando mis caderas y penetrándome.
Metí mi mano entre mis piernas con nerviosismo, encontrando ese dulce punto y pasé mis dedos por él con timidez, jadeando por la sensación de mis dedos ahí y su polla muy dentro de mí, una tensión familiar comenzó a acumularse en mi interior. Continué jugando con mi clítoris, mirando por encima de mi hombro y mirando a los ojos de mi amante. La visión de él desnudo, con sus caderas golpeándome por detrás me llevó al límite, y me corrí con fuerza, gritando en éxtasis. Él me dio la vuelta, acercándome a él, con gotas de sudor en su frente cuando volvió a meter su polla. Mi clítoris estaba más que sensible, pero lo acaricié de todos modos, disfrutando de la seriedad en sus ojos mientras me veía moverlo y masajearlo. En cuestión de minutos él también perdió el control, su cálido fluido llenándome mientras echaba su cabeza hacia atrás maldiciendo y jadeando.
Nos quedamos en posición de cucharita por un rato, respirando tranquilamente mientras él pasaba sus dedos por mi cabello húmedo. No dijimos nada por un largo tiempo, perdidos en los brazos del otro. Él me besó con ternura en la mejilla susurrando lo mucho que se preocupaba por mí, que realmente no me quería dejar ir. Vacilante me rodé hacia él, pasando mis dedos por sus pómulos definidos, pasando mi pulgar por sus perfectos labios. Era muy hermoso. No podía creer que era mío. Mis dedos pasaron por su rostro, bajando por su pecho y hacia las palabras escritas en sus costillas, los bordes de las palabras todavía ligeramente rosados por el nuevo tatuaje.
Había marcado su cuerpo de por vida… ¿por mí? Lágrimas se formaron en mis ojos, y él me miraba, ahora confundido, mientras yo seguía arrastrando mis dedos por las palabras, con lágrimas cayendo por mis mejillas.
"Te amo, Bella," susurró, besando mi frente. "No lo dudes. Y nunca vuelvas a hablar de dejarme, a menos que planees llevarme contigo. Podemos mudarnos al loft, a ese pequeño departamento tuyo o incluso a una caja de cartón, si eso es lo que quieres. Siempre y cuando estés a mi lado, no me importa dónde vivamos. Soy tuyo, de por vida. Si me aceptas."
Asentí, demasiado emocionada para poder hablar. Él secó mis lágrimas con sus pulgares, dejando otro beso en mi frente al acercarme a su pecho. Nos quedamos así hasta que el sol empezó a asomarse por las ventanas. Gemí y me incorporé, con Edward intentando volverme a acostar.
"Necesito regresar a mi habitación antes de que despierte Jasper," le expliqué al mismo tiempo que renuente soltó mi brazo.
Tambaleándome al dejar la cama, me agaché, poniéndome mi bóxer, mi rostro rojo cuando sentí los ojos de Edward en mi trasero. Agarrando mi destrozada camiseta sin mangas, la sostuve en el aire. Estaba completamente arruinada, y recordé el par de bragas que Edward había arruinado antes. ¡Si seguía así, no me quedaría nada de ropa!
"Toma, usa mi camisa," dijo Edward, saliendo de la cama desnudo todavía, mis ojos se dispararon hacia su miembro, aún grande incluso en su estado flácido.
Sonriendo con suficiencia al ver mis ojos curiosos, me arrojó su camisa de vestir blanca que había usado el día anterior. Me la puse, abotonándola del frente y pegando el cuello a mi nariz, inhalando su maravilloso aroma. Olía igual a él… tal vez nunca me la quitaría.
Edward quería acompañarme a mi recámara, pero no se lo permití. Lo dejé con un puchero en la puerta de su recámara, dándole un último beso casto con un guiño mientras me alejaba contoneándome. Un gruñido bajo dejó sus labios al cerrar la puerta detrás de él. Soltando una risita, subí trotando las escaleras pero me paré en seco al ver lo que estaba frente a mí, ya que Emmett había abandonado su silla. Ahora Jasper estaba sentado en su lugar, recargado casualmente con sus ojos cerrados y respirando profundamente. Caminando de puntillas tan silenciosamente como me fue posible, traté de pasarlo solo para jadear cuando agarró mi muñeca al pasar.
"¿Te importaría explicarte, preciosa?" Dijo, arqueándome una ceja.
"¿A ti te importaría explicarte, Jazz?" Le respondí, cruzando mis brazos para ocultar mis pechos desnudos que se sacudieron debajo.
"¿A qué te refieres, querida?" Preguntó, pasando los dedos por su despeinado cabello rubio. Que volvió a caer tercamente en sus ojos.
"¿Te importaría explicarme cómo conoces a Alice?" Inquirí. "Ella me mencionó a un Jasper, ¿sabes?"
"¿Lo hizo?" Susurró en respuesta, su tranquilo rostro viéndose preocupado. Se inclinó, apoyando sus codos sobre sus rodillas y colocando su rostro en sus manos. Nunca antes había visto a Jasper verse tan triste… tan destrozado.
"¿Por qué aparecías donde sea que ella estuviera antes de conocerla en esa cafetería? ¡Esa no es una coincidencia! ¿La estabas… siguiendo?"
"Sí," gimió, con sus codos aún sobre sus rodillas cuando levantó el rostro de sus manos para mirarme. Sus ojos azules estaban apenados y llenos de culpa.
"¿Por qué la estabas siguiendo, Jasper? ¿Por qué estabas siguiendo a Alice Cullen?" Pregunté, mi corazón acelerándose, mi cuerpo temiendo la respuesta, aunque en seguida entendí cuál sería.
Jasper me miró por un largo rato, antes que las palabras dejaran su boca, confirmando repentinamente mis horribles sospechas.
"Ella era mi objetivo."
¡Este asunto ya se flegó! Decía una sobrinita jajaja, o sea, ¡ya se fregó! O se jodió, como quieran decirlo, porque el problema es, ¿qué dirá Edward cuando se entere de eso? ¿O Alice? Aunque algunas comentaron, que era obvio que Jasper sabía que se iba a encontrarse con Alice, así que tal vez él desea ese encuentro, eso es cierto, pero no creo que la explicación sea muy bien recibida, ¿o creen que sí? Al menos ese momento de confesión le permitió a Bella desviar la atención de su encuentro nocturno con Edward, ¿pero será que Jasper lo deje pasar? Mmmm… ya lo veremos. Pero bueno, Bella ya está con Edward y él planea que eso sea algo permanente, pero, todavía tienen que eliminar el peligro de James. Espero que hayan disfrutado del capítulo, esta semana no he tenido mucho tiempo para traducir por eso no había podido subir pero ya inicié el próximo que espero subirles pronto, recuerden que estaré esperando sus reviews para saber qué les pareció el capítulo, qué fue lo que más les gustó y con ellos ustedes me alientan a traducir más pronto ;)
PD. El capítulo de Heaven & Earth de nuestro Mercward está en el horno y espero poder subírselos mañana ;)
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: freedom2604, kaja0507, Lissette, Vrigny, Aurora, injoa, Lore, Shikara65, liduvina, vaneleyes, paupau1, andyG, Danny CullenMa, Melany, Adriu, PRISOL, lagie, MontseZDiaz, Tecupi, Lady Grigori, bbluelilas, Vanina Iliana, torrespera172, Tata XOXO, Maryluna, SharOn, Katie D.B, angryc, miop, jupy, Gabriela Cullen, Fallen Dark Angel 07, cary, tulgarita, Ali-Lu Kuran Hale, Sully YM, Yoliki, saraipineda44, glow0718, Lizdayanna, maries24, Karina, Mafer, Yendry Villachica, Kriss21, JessMel, Brenda Cullenn, Gabs Frape, Jimena G, BereB, Flor Santana, Liz Vidal, Iza, patymdn, DenniChavez, Pam Malfoy Black, rjnavajas, alejandra1987, aliceforever85, Say's Nanny Swan, cavendano13, Rosy Canul, VeroPB97, andreasotoseneca, Eri Castelo, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo.
