Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.

Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)


Capítulo Catorce: Mud Island

"Oh, Dios mío, Jazz," susurré, pasando los dedos por mi largo cabello castaño, mis dedos tirando dolorosamente de las partes enredadas y los nudos. "No recuerdo que fuéramos a Memphis por alguien llamado Alice Cullen," murmuré, devanándome los sesos al tratar de desbloquear los recuerdos de mi niñez… recuerdos que normalmente mantenía enterrados en las partes más recónditas de mi mente.

Jasper se rio con ironía, dándome una sonrisa agridulce. "No fue un objetivo en ese entonces, preciosa," aclaró, la sonrisa remplazada por un ceño fruncido. "Fue un objetivo un par de años después… de hecho, no era un objetivo en sí. Solo era una pequeña parte de una enorme red."

Esas noticias calmaron mi acelerado corazón, pero solo una fracción. Aunque estaba abrumadoramente aliviada que Alice no hubiera sido el objetivo que creí que era, saber que había estado de alguna forma involucrada en el trabajo legítimo de Jasper seguía siendo preocupante. Debimos haberle contado a Edward, desde el principio, sobre la profesión de Jasper. No deberíamos estar en esta casa sin que él lo supiera, pero Jasper tenía sus razones para no querer que Edward se enterara de cómo se ganaba la vida.

Porque la profesión legítima de Jasper no era exactamente algo que podías contarle a alguien de buenas a primeras.

Jasper siguió confesando los sórdidos detalles del tiempo que pasó en Memphis del que yo nada sabía y finalmente llegué a una conclusión. Sabía, sin lugar a dudas, que no podía ocultarle esta información a Edward, sin importar el riesgo que planteara para Jasper.

"Me voy a la cama, pero voy a darte una advertencia," le dije a mi primo, señalando con mi dedo índice a su triste rostro, con mi otra mano en mi cadera. "Voy a contarle todo a Edward. Puedes encabronarte conmigo o lo que quieras. No voy a ocultarle esto. Probablemente debería ir allá abajo en este momento y contarle, pero voy dejarlo dormir. Tienes que pensar qué vas a decirle a Alice cuando te vea, porque no puedes ocultarte de ella para siempre. ¡Estamos viviendo con su hermano, por amor de Dios! ¿Cómo demonios creíste que podrías ocultarte de ella? ¡No eres tan listo como pensé, Jasper Swan!"

"Sé que no puedo ocultarme," explicó, frotando su rostro con sus manos. "Creo que de manera subconsciente esa es la razón por la que acepté a quedarme aquí. Porque no hay forma que pueda vivir aquí sin toparme con ella. No comprendes, Bells. Cuando hablé con ella en esa cafetería… nunca antes había sentido ese tipo de conexión, y no la he sentido desde entonces."

Se veía miserable con su admisión. Su frente arrugada por las líneas de preocupación y comenzaban a formarse bolsas debajo de sus ojos por el estrés y la falta de descanso. Mi pobre primo. La primera chica que robaba su corazón y no podía tenerla. Con un pesaroso suspiro, le dije que durmiera algo, antes de dejarlo con sus pensamientos, sentado en la silla floral. Después de entrar a mi habitación y cerrar la puerta detrás de mí caí de boca en mi nueva cama con un gruñido. La ducha me estaba llamando, pero el simple agotamiento se apoderó de mi cuerpo y en cuestión de minutos me quedé dormida, sin soñar nada.

Horas después desperté, todavía exhausta y desorientada además. Mirando alrededor confundida con los ojos entrecerrados, me tomó un minuto reconocer el extraño entorno. Finalmente, me di cuenta que estaba acostada en mi nueva recámara en la casa de Edward. Echando un vistazo al reloj, jadeé por lo tarde que era a casi la una de la tarde. Levantándome de un salto, corrí al baño, me desvestí y tomé una ducha caliente, preparándome mentalmente para la temida conversación con Edward. Decir que la idea de contarle sobre Jasper me aterraba era un eufemismo. Edward tenía la tendencia hacia la ira y la agresión, algo que generalmente me excitaba, pero no con la posibilidad de que Jasper fuera el objeto de su cólera. Después de secarme y ponerme unos jeans y una camiseta, abrí la puerta de mi recámara saliendo disparada de la habitación con determinación, estrellándome en seguida con algo duro y cálido.

Un hombre gigante, del mismo tamaño que Emmett, estaba frente a mí, agarrando mis brazos para ayudarme a estabilizarme. Vestía de manera informal como yo, con jeans y una camiseta blanca. Levanté la vista y me encontré con unos profundos ojos chocolate y largas pestañas negras. El hombre tenía una expresión gentil pero seria en su rostro. Su piel estaba ligeramente bronceada y gruesos músculos cubrían su cuerpo.

Era un completo extraño.

"¿Está usted bien, señorita Swan?" Preguntó, su voz sorprendentemente suave comparada con su enorme tamaño. Se me quedó mirando con preocupación, buscando en mis rasgos cualquier indicio de aflicción antes de soltar mis brazos. El hombre retrocedió un poco cuando percibió la aprensión en mi rostro.

"Soy Sam," aclaró, tendiendo su gran mano en saludo. "¿El señor Cullen me mencionó? Soy su guardaespaldas."

Me quedé mirando a su mano con recelo antes de que se riera entre dientes y metiera la mano en su bolsillo trasero. Sacó una nota doblada y me la tendió. Mirándolo con cautela, arrebaté la nota de su mano, abriéndola lentamente. Bajando la vista, leí la escritura más grácil y elegante y, aunque nunca antes había visto su letra, en seguida supe que Edward escribió la nota.

Isabella,

Vine a despertarte antes de irme, pero te veías tan tranquila durmiendo, que te dejé en paz. Desafortunadamente, mi padre solicitó mi presencia en un breve viaje de negocios que no podía posponerse. Le pedí a Sam que cuidara de ti los próximos días. Él es el guardaespaldas que te mencioné anteriormente. Sam no es solo es un empleado de confianza, sino también un amigo mío de hace mucho tiempo. Tiene estrictas instrucciones de mantener su distancia mientras estás trabajando. Preferiría que no trabajaras en lo absoluto, pero conozco lo obstinada que eres sobre estas cosas. Lamento mucho tener que dejarte, Isabella, pero por favor, ten presente que estás en mi mente constantemente. Te llamaré cuando tenga la oportunidad.

Edward

Mis hombros cayeron por la decepción, necesitaba hablar con Edward, y él se había ido. ¿Dónde? No tenía idea. Lo que tenía que decirle no era el tipo de conversación que tenías por teléfono. Tendría que esperar hasta que estuviéramos cara a cara otra vez antes de explicarle todo. Doblando la nota con cuidado, la metí en el bolsillo trasero de mis jeans, con toda la intención de meterla entre las páginas de mi libro favorito de poemas. Vi a Sam con timidez, y él me dio una sonrisa amistosa, su boca llena de brillantes dientes blancos. Le tendí mi mano como pidiendo disculpas, la que en seguida él tomó en la suya antes de sacudirla con ganas.

"Es un placer conocerla, señorita Swan," me dijo con sinceridad, con su voz suave y sus ojos oscuros brillando. "El señor Cullen habla muy bien de usted. Es agradable finalmente conocer al objeto de su afecto." Me sonrojé profusamente al escuchar sus palabras y en voz baja me ofrecí a prepararle un desayuno tardío, lo que él aceptó alegremente. Me siguió por la escalera de caracol hacia la cocina. Sam extendió un periódico en la barra y lo examinó mientras yo saqueaba la cocina, tratando de orientarme con la ubicación de las diferentes ollas, sartenes y electrodomésticos, sintiéndome solo un poco incómoda preparando una comida en presencia de un extraño. Afortunadamente, Sam parecía estar concentrado en el periódico, básicamente sin prestarme ninguna atención en absoluto. Empecé a trabajar en el desayuno, levantando la vista con curiosidad cuando Jasper y Emmett entraron a la habitación, saludando a Sam casualmente con sonrisas y chocando los hombros como si ya fueran buenos amigos. Al parecer todos se había conocido y relacionado, como solo los hombres pueden hacerlo, en algún momento mientras yo dormía, haciéndome sentir ridículamente celosa. Después de un gran desayuno de tocino, huevos y panqueques, holgazaneamos por la casa, llenos y miserables, conversando con Sam que resultó ser un tipo increíble. Arrojé mi teléfono de una mano a la otra, esperando con impaciencia la llamada de Edward.

Por fin me llamó mientras me estaba vistiendo para el trabajo. Había subido a mi recámara esperando impacientemente su llamada, desempacando como loca todo lo de mi departamento y arreglándolo todo con cuidado en mi nueva habitación. Mi labio inferior prácticamente estaba arruinado por la cantidad de tiempo que lo mordisqueé, esperando que llamara. Cuando mi móvil comenzó a sonar, dejé escapar un femenino chillido, un sonido que nunca antes había salido de mi boca, y lo agarré desde su ventajosa posición cerca de mí en mi cómoda, presionando emocionada el botón verde cuando el nombre de Edward destelló en la pantalla.

"¿Hola?" Dije entre mi aliento, mi voz ronca por la emoción.

"Hola, nena," respondió, su voz sonando lejana, con extraños ecos escuchándose en la distancia.

"Te extraño," confesé de inmediato, sentándome en la orilla de la cama, mirando a mi reflejo en un espejo coordinado que colgaba de la pared frente a mí.

"También te extraño," susurró, su voz sonando tensa. "No sabes lo difícil que fue dejarte durmiendo en esa cama. No estoy acostumbrado a sentirme de esta forma. En el pasado podía levantarme de un salto e irme con cualquier pretexto. Ahora solo quiero estar cerca de ti. Siento que falta una parte de mí."

Las lágrimas humedecieron mis ojos, pero las contuve, negándome a ponerme emocional durante el tiempo que tenía al teléfono con él. "¿Dónde estás? ¿Cuándo vas a volver a casa?" Pregunté, escuchando su brusco jadeo al escuchar la palabra 'casa'.

"No puedo decirte dónde estoy, Bella," susurró, sonando arrepentido. "Pero debería estar en casa a más tardar el domingo. Eso no es mucho tiempo, en lo absoluto…" Se escuchó poco convencido de sus propias palabras, al final. Si no podía decirme dónde estaba, eso solo podía significar que el negocio que estaba realizando era del tipo del que se negaba a hablar. Solo un poco molesta, comprendí que había cosas que no podía revelarme, por mi propio bien.

"Entonces, el domingo necesita llegar pronto," le dije alegremente, tratando de ocultar la tristeza en mi voz. Él no dijo nada por un tiempo, y nos quedamos en silencio, conectados sin tener que decir una palabra.

Luego, después de una larga pausa, escuché el sonido innegable de Carlisle Cullen en el fondo, su voz dominante y autoritaria. Edward susurró un suave adiós, y la línea se desconectó. Arrojando el teléfono a la cama, volví a mirar mi reflejo, la chica en el espejo se veía muy triste.

El siguiente par de días pasaron a paso de tortuga. El trabajo apestaba. Emmett y Jasper apestaban. ¿La dulce pequeña Alice? También apestaba, con su vitalidad y entusiasmo por la vida. ¿Y Sam con su dulce sonrisa y disposición amigable? También apestaba. Todo apestaba con la ausencia de Edward. Le fruncía el ceño a cualquiera que se atrevía a mirarme a los ojos. Asesinaba a todo el mundo con mis ojos. Carmen estaba comprensiblemente irritada con mi estado malhumorado, evitándome a toda costa después que constantemente le hablaba con brusquedad. Tia en realidad me encontraba bastante graciosa cuando estaba deprimida, lo que era totalmente preocupante pero no sorprendente, considerando que es Tia de la que estamos hablando.

Prácticamente odiaba a cualquiera en mis alrededores en general.

Jasper continuó ocultándose y vigilando en busca de James en el bar al otro lado de la calle, rechazando cortésmente las insinuaciones de mujeres ebrias que básicamente se le arrojaban encima. El hecho de que continuaba ocultándose de Alice me encabronaba más que nada. Se encontraba con Emmett, Sam y conmigo en su coche, que siguió estacionando frente a mi viejo departamento. Todas las noches nos encontrábamos con él ahí, recargado contra su viejo coche potente, su rostro manchado con corriente labial barato, con una expresión tímida en su rostro. Le grité un par de veces, básicamente por simplemente existir. Emmett, muy parecido a Tia, me encontraba muy divertida.

De verdad, necesita reevaluar a las personas en mi vida.

El domingo finalmente llegó y estaba despierta antes de que saliera el sol, mi corazón dando un vuelco con entusiasmo en mi pecho, ¡porque mi Edward volvería pronto! Ha llamado un par de veces durante el fin de semana, hablando conmigo solo una breve cantidad de tiempo antes de que Carlisle demandara su atención. Carlisle Cullen era un hombre afortunado.

Porque si estuviera aquí le habría torcido el cuello.

Estaba previsto que Edward llegara a casa para la hora de la cena. Nunca había estado tan feliz de no tener que trabajar. Antes de conocer a Edward, dormía todo el día por trabajar hasta tarde en la noche, y luego limpiaba o hacía alguna otra tarea insignificante solo para ocupar mi tiempo hasta la hora del trabajo. Ahora que Edward convirtió el bar en un club, me daba aún más tiempo libre. Ya no trabajaba la misma cantidad de días, ya que Destino solo estaba abierto tres días a la semana. En el pasado, trabajar tres días me haría sentir miserable, pero ahora, trabajar solo los jueves, los viernes y los sábados por la noche, me entusiasmaba enormemente.

Simplemente era mucho más tiempo que podría pasar con Edward.

Jasper, Emmett y Sam estaban sentados en la barra, observándome con ojos amplios mientras volaba por la cocina, murmurando y quejándome por cualquier cosa, mi mente ocupada con hacer la comida perfecta para el retorno de mi hombre a casa. Pronto la cocina se llenó con el aroma a salsa de tomate y salchicha mientras hacía mi espagueti de mamaw Swan, rematando con res, salchicha y peperonni. Pan con mantequilla de ajo calentado en el horno, el aroma tentando a Emmett mientras sus ojos estaban hipnotizados en la puerta del horno, como un perro enorme esperando que le arrojaran un hueso. Estaba preparando una sencilla ensalada griega cuando el inconfundible sonido de la voz de Edward me llegó de algún parte cerca detrás de mí.

"Cariño, estoy en casa," murmuró. Mis ojos miraron hacia arriba y encontraron los ojos de los tres hombres observándonos frente a la barra, con obstinadas sonrisas en sus rostros. Brazos cálidos rodearon mi cintura, abrazándome por detrás y me derretí en él, sus labios de diablo rozaron mi mejilla. Pegó su cuerpo firmemente contra el mío, y pude sentir los endurecidos músculos de su pecho contra mi suave espalda.

"Te eché de menos," murmuré con un suspiro, mientras sus labios capturaban los míos. El sonido de bancos raspando el mármol se escuchó en mis oídos cuando los chicos dejaron discretamente la habitación. Agarrando mi cintura con sus manos, Edward me dio la vuelta en sus brazos y abrí mis ojos, para encontrar los suyos verdes entornados, moviéndose rápidamente por todo mi rostro, buscando en mis rasgos. Sin advertencia me levantó sobre la isla, risas y un chillido de sorpresa dejaron mis labios cuando se metió entre mis piernas y me rodeó nuevamente con sus brazos. Estaba vestido casualmente con jeans oscuros, una camiseta blanca y una camisa de vestir color chocolate, casualmente desabotonada. Olía a menta y a jazmín. Edward descansó su cabeza contra mi corazón, la ligera barba de su rostro sin afeitar raspando con aspereza la piel descubierta por el escote redondo de mi blusa. Pasé mis dedos por sus mechas color bronce, su cabello más desordenado de lo acostumbrado. En mi mente lo imaginé sentado en el avión, tirando de su cabello con ansiedad anticipando su llegada a casa del viaje de negocios.

"También te eche de menos," admitió con un tono suave, sus brazos apretando mi cintura. Nos abrazamos por varios minutos, hasta que Emmett irrumpió en la habitación.

"¡No quemes el pan, Bells!" Gritó, corriendo al horno y abriendo la puerta. Lo ignoré mientras se quejaba y refunfuñaba por un pan ligeramente quemado, mi cabeza descansando en la de Edward mientras inhalaba su champú. Él giró su cabeza, besando el lugar donde la descansaba, justo sobre mi corazón, antes de bajarme de la isla y ponerme entre sus brazos. Nos reímos mientras Emmett trataba de quitar lo quemado de la parte de abajo del pan con un cuchillo de mantequilla.

"Estoy hambriento," Edward admitió tímidamente, con la sonrisa vergonzosa más linda que había visto. Eso es todo lo que tuvo que decir. Los chicos me ayudaron a pasar la comida al comedor, con la mesa previamente puesta por Jasper. Nos sentamos como una familia alrededor de la enorme mesa, bajo un candelabro de cristal que probablemente costaba más que la primera casa de mis padres, Edward estaba sentado en un extremo de la mesa conmigo a su derecha. Sam llamó a Liam y a Ben, otros miembros del equipo de seguridad de Edward, para que cenaran con nosotros. Ben vivía en la casa de huéspedes con Liam y Sam. Era un hombre guapo y extremadamente agradable a mitad de sus treinta, con cabello oscuro y brillantes ojos almendrados. En seguida pensé en Angela, cuando lo conocí y consideré la idea de presentarlos en algún momento, pronto. Edward tomó mi mano bajo la mesa mientras lo veía comer con su mano izquierda, apenas enterándome que era zurdo.

Mientras lo escuchaba charlar y reír con sus amigos y mi familia, mi mente vagó a la conversación que inevitablemente tomaría lugar en algún momento después de la cena. Me preocupaba la reacción de Edward. ¿Se enojaría tanto por haberle ocultado los secretos de Jasper que nos echaría? ¿Lastimaría a Jasper? No estaba segura. Jasper encontró mis ojos preocupados al otro lado de la mesa, los suyos bajando rápidamente, con culpabilidad a la comida frente a él.

"Eso estuvo estupendo, cariño," susurró Edward, limpiando sus lindos labios rosados con una suave servilleta de tela antes de colocarla en su plato vacío. Volvió a capturar su boca con la mía, y sabía a tomate, ajo y a Edward.

No fue ni un poco desagradable.

"Nosotros vamos a limpiar aquí y dejar que ustedes dos uhh… desempaquen las maletas de Edward," dijo Emmett sonriendo con suficiencia, y meneando sus cejas. Le di un manotazo en la parte de atrás de la cabeza al pasar, riendo cuando lloriqueó dramáticamente por el ligero golpe. Los ojos de Jasper me taladraban en la parte de atrás de mi cabeza al dejar la habitación, pero no le presté atención.

Edward y yo agarramos sus maletas del vestíbulo y nos dirigimos a su recámara. Le estúpida camisa que traía puesta cubría su delicioso trasero, obstruyendo mi vista. Fruncí el ceño, jurando arrancarla de su cuerpo tan pronto como entráramos a su recámara.

Lo que hice.

Edward colocó con cuidado las maletas en el suelo y se volvió para mirarme. Arrojó su maleta de mano descuidadamente encima de ellas, volcándolas de paso. Sus ojos se abrieron como platos al ver la expresión predadora en mi rostro. Me lancé en la corta distancia entre nosotros, empujando su cincelado pecho con tanta fuerza como alguien de mi tamaño podría. La parte de atrás de sus rodillas golpearon la cama y se tambaleó antes de caer sobre su espalda, conmigo encima, quitándole las camisas y atacando su cuerpo con mi boca, todos los pensamientos sobre la situación de Jasper olvidados momentáneamente.

Lamí su pecho, mi lengua dirigiéndose hacia cada pezón. Luego empecé a chupar con voracidad cada pezón entre mis labios, a lo que fui recompensada con un gemido estrangulado. Aprendí un par de cosas mientras hacía eso: Primero, que Edward Cullen de verdad, realmente le gustaba que chuparan sus pezones. Segundo, que a Edward Cullen le encantaba que lo miraras mientras realizabas eso de chupar sus pezones. Mirarlo a través de mis pestañas con mi lengua moviéndose rápidamente contra su cuerpo de verdad lo excitaba. Sus ojos estaban entornados, el color verde pino prácticamente tornándose negro mientras gemía y se retorcía debajo de mí, sujetando el grueso edredón entre sus dedos. Dejé que mi lengua paseara entre sus pezones, bajando por su pecho, más allá de su ombligo, hasta debajo de su cintura. Tirando el cinturón, lo saqué lanzándolo al suelo, desabrochando sus pantalones y bajando su cierre. Él levantó sus caderas con impaciencia mientras yo bajaba sus jeans y su bóxer, y mierda, ahí estaba el pequeño Edward, de pie y listo para recibirme.

Y ahí es donde me detuve. Porque no tenía idea de qué hacer más allá de quitarle los jeans.

La idea de 'devolverle el favor' por todas sus 'habilidades orales' había estado dando vueltas en mi cabeza desde la primera noche en el loft, pero me preocupaba que la primera vez que realizara dicho acto, no sería muy placentero para Edward. No tenía idea de lo que estaba haciendo, así que solo lo hice, agarrándolo de la base de su polla y subí y bajé mi mano. Siseó, levantándose en una posición semi sentada mientras miraba de mi mano bombeándolo a la expresión de determinación pura en mi rostro. Me preparaba mentalmente para envolver mi boca en su enorme polla... no estaba funcionado muy bien en mi mente.

La humedad se escurrió de él y la recogí con mi pulgar, usándola como lubricación mientras seguía bombeando. Todavía a horcajadas sobre él, me incliné y con mucho cuidado, muy vacilante, le di una pequeña pasada con la lengua a su punta.

"¡Aghhhh!" Gimió. Levanté la vista para ver la expresión torturada en su rostro, lo que solo me alentó aún más. Respirando hondo, lo tomé en mi boca, bajando hasta que su polla topó con la parte de atrás de mi garganta, y lo chupé un poco con cuidado de no rasparlo mucho con mis dientes. Ni en sueños podría caber todo eso en mi boca y prácticamente tuve que forcejear contra él cuando empezó a maldecir y a gemir. ¡Algo sobre él maldiciendo simplemente me volvió jodidamente loca! Subí y bajé mi cabeza, con mi mano todavía envolviendo su base, bombeando y chupando. Por alguna razón, una conversación que Carmen intentó tener conmigo sobre sexo cruzó por mi mente en ese momento. En ese entonces pensé que lo que me contó era asqueroso… y perturbador, pero Carmen tenía más experiencia con ese tipo de cosas que yo, así que, con mucha delicadeza usé mi mano libre para tomar y masajear las bolas de Edward.

Él gritó, agarrando un puñado de mi cabello y gimiendo mi nombre. Lo masajeé con más firmeza, pasando mi pulgar por debajo de su escroto justo como Carmen me había indicado.

"¡Levántate nena!" Dijo entre su aliento. "¡Estoy por correrme!"

No tuvo que decirme dos veces. Mis labios dejaron su polla de forma ruidosa, pero dejé mi mano donde estaba, bombeándolo y con sus caderas encontrando mi mano cada vez que lo hacía. Sentí que sus muslos se endurecían debajo de mí cuando tuvo su orgasmo. Observé con asombro y fascinación cuando el líquido blanco salía a borbotones sobre mi mano, sin detenerse mientras yo seguía acariciándolo. Su pecho subía y bajaba por su pesada respiración y me miraba con solo una emoción que podía identificar.

Amor. Simple y puro amor.

Agarró su camiseta blanca, limpiando el semen de mi mano y su cuerpo antes de arrojarla al suelo. Edward me acercó a él, besándome con reverencia. Chupó mi labio entre sus dientes y en cuestión de minutos estaba duro de nuevo. Antes de que me diera cuenta, me desprendió de mi ropa y me tomó por detrás, retorciendo sus manos en mi cabello, tirando de mi cabeza hacia atrás, y penetrándome hasta que perdí el control una y otra vez. Me quedé dormida en sus cálidos y amorosos brazos rodeándome por detrás, con su miembro aún muy dentro de mí. Toda idea que tuviera de escabullirme de regreso a mi habitación fueron abandonadas cuando él puso las mantas sobre los dos, haciéndome la chica más feliz del mundo, un mundo donde no había James, Jasper era un obrero común, y Edward y yo éramos iguales en todos los niveles.

La mañana siguiente abrí mis ojos, sintiéndome renovada y más viva de lo que me había sentido en toda mi vida. Dándome la vuelta, miré a Edward mientras dormía, su boca ligeramente abierta yaciendo sobre su costado izquierdo, con su brazo colgando sobre mi cuerpo. Pasé mis dedos sobre sus labios, asombrada al ver lo bello que él realmente era. Había una ligera hendidura en su barbilla en la que metí mi pulgar antes de deslizar mis manos por su pecho, rozando sus pezones con las yemas de mis dedos.

"Alguien quiere otro round," dijo arrastrando las palabras, su voz todavía soñolienta y sus ojos seguían cerrados. Solté una risita y me volví a dar la vuelta, presionando mi trasero desnudo en su entrepierna. Ninguno de los dos se había molestado en ponerse algo de ropa anoche, y por eso estaba agradecida. Tomó mis pechos con sus manos, gimiendo mi nombre, susurrando palabras sucias en mi oído al mismo tiempo que se deslizaba dentro de mí, agarrando una pierna y subiéndola un poco. Hicimos el amor lentamente, valorando cada momento, el incendió ardió cada vez más en nuestro interior hasta que finalmente se extinguió.

"Hoy voy a llevarte a pasear," susurró mientras estábamos en la ducha toda rodeada de cristal, haciéndome sentir ligeramente incómoda y expuesta, como si alguien me estuviera observando desde afuera. Tomó una esponja vegetal y vertió un gel de baño de aroma masculino en ella, pasándola por mi piel desnuda. Edward se tomó su tiempo, bañándome, el agua cayendo en cascada sobre nuestras cabezas, como si realmente estuviera lloviendo dentro. Yo también lavé el suyo, apreciando su hermoso cuerpo al pasar un paño sobre él.

"¿A dónde me vas a llevar?" Jadeé cuando cayó de rodillas frente a mí, agarrando mi muslo y arrojándolo sobre un hombro. No me respondió de inmediato ya que movía su lengua alrededor de mi sensible carne. Mi orgasmo terminó con un grito y me lamió muy bien después, y me pregunté si verdaderamente disfrutaba de mi sabor en su boca.

"Mud Island," fue su respuesta al levantarse, sosteniendo mi rostro entre sus manos y atrayendo mi boca a la suya. Arrugué mi nariz al pensar en probarme, pero en realidad no estuvo tan mal. Bajé la mano entre nosotros y bombeé su polla hasta que se estremeció y se puso tenso, su caliente semen mezclándose y desapareciendo con el agua por el drenaje a nuestros pies.

Me pregunté qué planeaba que hiciéramos en Mud Island pero no lo cuestioné. Después de secarme subí corriendo las escaleras a mi habitación, usando la ropa de la noche anterior. Me puse algo casual, pero lindo; un vestido color coral con mangas tres cuartos y un par de bailarinas. Después de apretar un cinturón en mi cintura, aplicar un poco de maquillaje en mi rostro, cepillar mis dientes y pasar un cepillo por mi cabello, estaba lista para irme. Bajé corriendo las escaleras, emocionada con la perspectiva de salir con Edward, pero también temiendo la verdad de la situación con Jasper. Edward tenía que saber la verdad sobre Jasper. Esta salida era la oportunidad perfecta.

Habría testigos si Edward decidía asesinarme.

Él me sonrió cuando bajé saltando los escalones. Edward se había puesto una camisa verde oscuro que hacía resaltar sus ojos, pantalones marrones ajustados y un par de botas. Nunca encontré ardientes los pantalones ajustados en un hombre, pensando que siempre hacían que el hombre se viera un poco… afeminado, por así decirlo. Pero en Edward Cullen. Dulce bebé Jesús, ese hombre se veía ardiente. Prácticamente salté a sus brazos después de dejar el último escalón, provocando que agachara la cabeza y sonriera. Comimos un almuerzo de sándwiches, ya que eran casi las tres de la tarde. Envolviendo un brazo alrededor de mi cintura, salimos al garaje y miré frente a mí al coche más hermoso y elegante que había visto, un sedán rojo de lujo. El interior era de un intenso color canela y se sintió tan suave como una pluma cuando Edward y yo nos deslizamos en el asiento trasero, Liam y Sam sentándose en frente. Su presencia fue un poco decepcionante, no era que no me agradaban, sino que quería estar a solas con Edward.

Desafortunadamente, las cosas no eran siempre tan simples.

Llegamos a Front Street y prácticamente reboté en mi asiento, mordiendo la uña de mi rechoncho pulgar cuando un monorriel quedó a la vista. No era un secreto entre mis amigos que le tenía terror al monorriel, después de una noche particularmente horrorosa en el Anfiteatro de Mud Island, donde la multitud ebria gritó y rechifló sobre la máquina suspendida sobre el río Mississippi, saltando y riendo al mismo tiempo que sacudían el vagón a propósito, aterrorizándome todo el tiempo. Visiones del monorriel estrellándose en el agitado río debajo llenaron mi mente y procedí a tener un verdadero ataque de pánico. Tia y Carmen estaba a mi lado, mientras metía mi cabeza entre mis piernas, encorvada, jadeando por aire. No había estado en Mud Island desde ese día, aunque era uno de mis lugares favoritos en la ciudad.

Liam estacionó el coche y salimos hacia el monorriel, con Edward pagando nuestra entrada. Respirando hondo y agarrando su mano, encontramos un par de asientos cerca de una mujer y un niñito, probablemente de unos diez años. Él sostenía una pequeña pelota de fútbol en sus manos, mirándola en silencio. La mujer llevaba puesto un uniforme azul que reconocí como el atuendo de una mucama de hotel. Ella me sonrió cortésmente cuando me senté cerca de ella, el niñito al mirarme agachó la cabeza con timidez cuando se encontró con mi silenciosa sonrisa. Edward sostuvo mi mano mientras la monstruosidad roja y blanca pasaba sobre el río, y tomé respiraciones profundas tratando de mantenerme calmada.

"Tampoco me gusta viajar en esta cosa," la mujer junto a mí me confesó en un susurro. "Pero a Rommy le gusta ver los botes de pedales."

"¿Te gusta viajar en los botes de pedales?" Le pregunté al niñito, anhelando iniciar una conversación para ignorar el miedo en mi pecho. Él sacudió su cabeza con timidez, sin mirarme a los ojos. Noté que la mujer tenía una pequeña canasta de picnic en su regazo.

"Mamá dice que cuesta mucho," susurró, rodando la pelota en sus manos. Vi que Edward giró su cabeza para ver al niñito. Los botes de pedales no podían costar más de cinco dólares por persona.

"¡Silencio, Rommy!" Su madre lo reprendió, viéndose extremadamente avergonzada. "¡No le dices a la gente cosas así! Solo podemos venir aquí de vez en cuando. ¡Él recibió solo A en su boleta de calificaciones, así que estamos celebrando con un picnic!" La mujer me dio una sonrisa radiante y yo le sonreí al pequeño extraño con orgullo.

"¿De dónde son ustedes?" Le pregunté, aliviada que el monorriel finalmente había llegado a su destino.

"Klondike," murmuró ella, el monorriel sacudiéndose un poco antes de detenerse por completo.

Todos nos levantamos y tragué el nudo en mi garganta, mirando al niñito con la pelota de fútbol en sus manos. ¿Tendría una oportunidad? Klondike era una de las peores áreas en Memphis, y rogué en silencio que este niñito pudiera tener una vida satisfactoria, saludable y feliz. Toqué suavemente su hombro, con la mujer mirándome de forma extraña, y lo felicité por sus logros académicos. Él me dio su primera sonrisa real y los dos salieron del monorriel delante de nosotros. La mujer tenía un viejo bolso desgastado de cuero en un hombro, con el cierre ligeramente abierto cerca de la punta, y vi en shock como Edward extendía su mano deslizando un rollo de billetes de cien dólares en su bolso. Al pasarlos, no pude evitar ver su bolso, mientras la mujer me daba una mirada confundida, viendo luego el bolso que colgaba de su hombro. Dejamos el vagón con Liam y Sam siguiéndonos, y el brazo de Edward rodeando mi cintura de forma protectora.

"Eso fue muy amable y considerado de tu parte," le susurré, mirando asombrada a este hombre.

Su rostro estaba inexpresivo, carente de emoción, antes de mirarme a los ojos y darme un guiño furtivo. Me llevó por Riverwalk donde paseamos de la mano, mirando a la réplica exacta del río Mississippi desde donde fluía desde Ohio al Golfo de México.

"Puedo ser un buen tipo cuando quiero serlo," sonrió, sentándome junto a él en una banca de parque.

Me recargué en él, su brazo colgando casualmente alrededor de mi hombro mientras Liam y Sam desaparecían en alguna parte cerca, siempre vigilándonos. Observamos desde Mud Island, que en realidad era una península que salía hacia el río Mississippi, y miramos hacia el centro de Memphis. Nos quedamos en silencio observando el ir y venir del tráfico y los transeúntes. Podía escuchar la música blues hasta aquí, haciendo eco a través del agua y al mirar hacia Front Street, recordé una noche, no hace mucho tiempo, cuando dos figuras caminaban a las orillas de ese turbio río para arrojar un arma en sus profundidades. Estremeciéndome, me acerqué a él, abriendo mi boca, lista para revelar pequeños y sucios secretos.

"Te traje aquí para hablar sobre nuestro futuro," Edward confesó en voz baja, presionando sus labios en mi frente, con mi boca abierta por mi propio intento de confesión. "Estar lejos de ti puso las cosas en perspectiva para mí. Hablé largo y tendido con mi padre sobre nosotros. No está de acuerdo en que pase el resto de mi vida con alguien de ascendencia y fe distintas, pero dice que lo aceptará porque soy su único hijo y me ama."

Me quedé muda por el asombro al escuchar sus palabras, la idea de que el insensible bastardo que era ese hombre me aceptara como futura nuera me dejó inmóvil. Oh, me hubiese gustado ser una mosca en la pared durante esa conversación. Levantando la vista, vi como Edward apretaba y relajaba su mandíbula, mirando hacia el agua sucia, su mente probablemente llena de recuerdos de la conversación con Carlisle. Sin embargo, estaba encantada de que Carlisle decidiera dejara de resistirse a que Edward eligiera con quién pasar su vida. Edward metió la mano a su bolsillo, sacando una caja de terciopelo azul y girándose un poco en su asiento.

Mierda.

Se rio nervioso al ver la expresión en mi rostro cuando mi boca se abrió al ver la caja. Esa caja no podía tener lo que pensaba que tenía. Era demasiado pequeña para guardar un brazalete o un collar… ¿posiblemente un par de pendientes? Todas las ideas de cualquier cosa con excepción de un anillo salieron volando por la ventana cuando Edward abrió la caja para revelar el anillo más hermoso que había visto en mi vida.

El anillo tenía un gran diamante cuadrado en el centro y cada esquina tenía un diamante oval, con algunos de forma triangular entre ellos. Era de color plateado y me pregunté si era platino u oro blanco… ¿y qué demonios estaba haciendo poniéndose sobre una rodilla?

"Mierda," murmuré, jadeando cuando dejó la banca, poniendo una rodilla en la acera.

La gente que paseaba por el parque detuvieron lo que estaban haciendo para observarnos, incluso tomando fotos con sus teléfonos. Mirando por encima de su hombro, vi cuando Sam me dio una sonrisa pícara, tomando una foto de los dos con su teléfono, sonriendo con suficiencia al ver la expresión sorprendida en mi rostro.

"Isabella Swan," dijo Edward, su voz firme y sin indicio alguno de nervios o dudas. "Nos conocemos hace solo un mes, pero en ese mes me has hecho sentir cosas que no he sentido en mis veintinueve años de vida. Quiero que pasemos el resto de nuestras vidas conociéndonos, si me aceptas."

Sacó el anillo de su caja con dedos firmes, poniendo mi fría mano en la suya. Deslizó el anillo en mi dedo anular, viéndose enorme, llamativo y… perfecto en mi pequeño dedo. Sentía que pesaba unos cinco kilos, y todo lo que pude hacer fue verlo boquiabierta con asombro.

"Isabella… Bella," susurró, presionando sus fríos labios en el dorso de mi mano antes de encontrar mi mirada recelosa. "¿Te casarías conmigo?"

El tiempo se detuvo. La gente miraba esperando mi respuesta. La pequeña voz que algunas veces se manifestaba en mi mente estaba repitiendo, '¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Di que sí, tonta!' pero no podía darle la respuesta que estaba esperando sin contarle primero la verdad.

"Edward, Jasper es un agente del FBI encubierto que investigó a tu familia por dos años," solté.

Edward se congeló, mirando a mis ojos culpables mientras mi estómago se revolvía por los nervios y la anticipación. Completos extraños jadearon al escuchar mi confesión, lanzándome miradas asesinas mientras esperaban la respuesta de Edward. Él dejó caer mi mano de la suya, dejándola abandonada en mi tembloroso regazo. Se puso de pie, cerniéndose sobre mí, sus ojos fulminándome con la mirada mientras las lágrimas se acumulaban en los míos. Abrió su boca y dejó escapar una amarga carcajada antes de responder a mi torturada confesión… una respuesta que no anticipé.

"Bueno, esto hará interesante la cena de Acción de Gracias."


¡Ups! ¿Se lo esperaban? Jasper es un agente del FBI :O Y aunque Edward no reaccionó tan violentamente, ¿qué creen que haga ahora? ¡Y no podemos pasar por alto el hecho de que acaba de pedirle JODIDO MATRIMONIO! Y ya hasta el anillo le puso, ¿se retractará? Y aunque hay muchas que en otras historias están que se mueren de ganas de que Edward y Bella estén juntos, estoy segura que ahora dirán que fue muy pronto jajajaja. Nunca se nos da gusto, ¿verdad? En fin, estos dos tienen vidas peligrosas y para mí, es hasta cierto grado normal que quieren vivir rápido y disfrutar de la vida y la felicidad que puedan conseguir. No crean que no sé que van a estar ansiosas por saber qué pasa ahora… bueno, ya saben lo que tienen qué hacer. Recuerden que lo que me anima a seguir traduciendo y meterle la velocidad son siempre sus palabras de ánimo, su agradecimiento y ver lo emocionadas que pueden estar con una historia. Leo todos sus reviews y no saben lo que feliz que me hace saber que lo que hago las divierte y permite que se olviden un poco del estrés diario. Así que, usen el cuadrito de abajo y dejen su review, sino saben que escribir con un gracias, un saludo o una carita feliz es suficiente ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review para el capítulo anterior: Maryluna, miop, Shikara65, liduvina, dushakis, MariePrewettMellark, paupau1, Manligrez, andyG, torrespera172, Gabriela Cullen, Adriana Molina, Lore, Vrigny, JessMel, Mafer, alejandra1987, MontseZDiaz, Kriss21, Lady Grigori, Jimena G, lagie, SharOn, bbluelilas, Klara Anastacia Cullen, Iza, Karina, EriCastelo, Tecupi, patymdn, rjnavajas, Fallen Dark Angel 07, tulgarita, Sully YM, Ali-Lu Kuran Hale, andreasotoseneca, PRISOL, maries24, saraipineda44, glow0718, Lizdayanna, melina, BereB, Maria Jose Espin, Vanina Iliana, cavendano13, esme575, Liz Vidal, Rosy Canul, Tata XOXO, Katie D.B, Lissette, injoa, piligm, Pam Malfoy Black, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, no olviden que el 'cuándo' depende de ustedes.