Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.
Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)
Capítulo Quince: Pavo al tocino y Berettas
"¿Espera… qué?" Jadeé confundida por su tono despreocupado. Mirándolo recelosa, se encogió de hombros, metiendo las manos en sus bolsillos y fulminando con la mirada a la multitud de personas viendo descortésmente nuestro intercambio con la boca abierta. Una fría mirada y un '¡Lárguense de una puta vez de aquí y métanse en sus putos asuntos!' de parte de Edward y desaparecieron.
Después de un pesaroso suspiro, se unió a mí en la banca del parque, dejando caer sus codos en sus rodillas y su rostro en sus manos. Sam y Liam intercambiaron una mirada incómoda antes de desaparecer ellos también. Giré el ostentoso diamante en mi dedo, esperando el momento en que Edward demandara que lo devolviera.
"Bella, ya sabía que Jasper trabaja para el FBI," confesó Edward, y mi cabeza se levantó de golpe para mirarlo sorprendida. Se recargó en la banca, descansando un brazo despreocupadamente alrededor de mis hombros mientras observaba mi rostro con cuidado. "Me abordó la mañana que me fui de viaje de negocios a Chicago. Dijo que tú planeabas contármelo esa mañana. Me fui antes de que tuvieras la oportunidad." Sus ojos dejaron los míos para deambular nuevamente hacia el río Mississippi, sus pensamientos y emociones manifestándose en la expresión de su rostro.
"¿Qué te dijo él? ¿Qué fue todo lo que te dijo?" Murmuré, mi corazón apenas empezando a calmarse, excesivamente aliviada de que Jasper hiciera lo correcto al contarle a Edward sobre su profesión.
"Bueno, me buscó muy temprano en la mañana, tocando en la puerta," comenzó a decir, mirándome nuevamente a los ojos. "Me dijo que tenía una confesión que hacer. Se veía jodidamente culpable por lo que fuera, así que llamé a Liam y a Sam para que nos acompañaran a mi oficina. Como te he dicho antes… tu primo hace que me cague del miedo. Se sentó en una silla frente a mí por un rato antes de que de verdad comenzara a hablar. Al principio pensé que se había vuelto loco. Habló sobre asesinar gente por su padre, de cómo te llevó con él a dondequiera que fuera. Me contó de todos los asesinatos que viste de niña."
"Y luego," continuó, sus ojos oscureciéndose. "Me explicó cómo todo cambió. Dijo que finalmente comprendió lo enfermo que estaba su padre. Los asesinatos terminaron… juró pagar una retribución por las cosas que había hecho…"
"Fue cuando se fue a la universidad," susurré, interrumpiendo sin querer, mi mente volviendo al pasado. Visiones de un Jasper sonriente y feliz llenaron mi mente cuando los dos nos fuimos a la universidad. "James estaba en prisión y Jasper consiguió mi custodia. Nos mudamos a Oxford y él empezó a tomar clases en Ole Miss, antes de unirse al FBI. Yo fui al instituto y traté de integrarme tanto como fue posible, pero fue difícil considerando todos los medios que cubrieron mi secuestro. Mi padre había sido un policía corrupto, y eso solo incrementó diez veces la cobertura. Finalmente dejé la escuela y tomé las clases GED requeridas. Fue así que conseguí mi diploma del instituto."
"Y Jasper," dije, con un pesado suspiro, mis ojos desviándose hacia la corriente. "Jasper trabajó como un perro en la universidad, yendo a la escuela tiempo completo y trabajando en las tardes en una fábrica, solo para mantenernos a flote. Incluso, Emmett se mudó con nosotros y consiguió un trabajo en una tienda de computadoras solo para ayudarnos a pagar las cuentas. Dormía en un colchón inflable en el suelo." Mis ojos se humedecieron un poco al recordar a Emmett y Jasper demandando que durmiera en la única cama en el departamento mientras Jasper dormía en el sofá y Emmett en el miserable suelo. "Intenté trabajar cuando finalmente alcancé la edad legal, pero en ese entonces lo único que podía hacer era servir mesas, y los universitarios ebrios que entraban al lugar me provocaban severos ataques de pánico. Renuncié al trabajo y puse todo mi tiempo y esfuerzo en ver un psiquiatra que me ayudara a lidiar con todos los problemas que se presentaron por ser secuestrada y…"
Este era el momento de confesar. Si le decía esto, no quedaría nada por ocultar.
"Violada," susurré, cerrando mis ojos con fuerza. Escuché que la respiración se atoró en su garganta antes de que todo quedara en completo silencio. Mis ojos humedecidos finalmente se desbordaron y me sorprendió que habían pasado años sin llorar hasta que conocí a Edward. ¿Eso era bueno o era malo? ¿Cómo es que estar con él afectaba mis emociones?
"Él te violó," finalmente susurró después de una excesiva pausa. Asentí al escuchar sus palabras entrecortadas, con mis ojos todavía cerrados.
"¿Por cuánto tiempo?" Preguntó, su voz escuchándose extrañamente indiferente. Mantuve mis ojos cerrados porque estaba aterrada de lo que vería cuando los abriera. ¿Sus ojos estarían llenos de ira? ¿Remordimiento? ¿Venganza? O peor… ¿asco?
"Semanas," respondí en voz baja, una visión del frío lecho del arroyo asomándose entre piedras calizas pasó rápidamente por mi mente.
"Meses," continué, respirando hondo al recordar una frágil niñita sentada en un arroyo, con sus costados color púrpura y negro. Ella respiraba dolorosamente, sus costillas rotas haciendo que ardieran sus pulmones. Abrí mis ojos para borrar su rostro. Ella se había ido. Estaba muerta. Esa niña ya no existía. La enterré junto con el viejo tío Pete.
Edward me miraba. Vi su perfil por mi visión periférica, pero me rehusé a mirarlo a los ojos. Mi terapista me dijo hace mucho tiempo que era normal que la víctima de violación se sintiera avergonzada, culpable y sucia. Dijo que se llevaría años para que mejorara en los sentimientos de desprecio hacia mí misma. Supongo que tenía razón.
"Mira, yo uh, comprendo que eso probablemente cambia las cosas," susurré, quitándome el anillo del dedo a regañadientes, sintiendo mi dedo extrañamente desnudo sin su peso. Los diamantes atraparon la luz del sol, proyectando varios arcoíris en mi vestido. Sonreí al ver los pequeños y coloridos arcoíris, siempre me encantaron los arcoíris. Agarrando su ágil mano, le di la vuelta, colocando el anillo con cuidado en su palma y la cerré sobre él antes de ponerme de pie, agradecida que la multitud de gente hace mucho se había ido para que no tuvieran que ver mi dolorosa despedida.
"Te amo, Edward," susurré, cerniéndome sobre él. Él miró el anillo en su mano, nunca levantó la vista, nunca habló. "Creo que lo supe desde esa primera noche que te vi al otro extremo del estacionamiento… creo que sabía que tú eras la persona especial para mí. Y eso me asustó muchísimo. Me dije una y otra vez que no era de ti de quien huía, que eran de los medios, que era de James… pero entre más lo pienso, estoy segura que solo me estaba mintiendo a mí misma. No ha habido nadie más en mi vida con el que me haya sentido más conectada, pero comprendo que esto cambia las cosas. ¡Traté de decírtelo, maldita sea!"
De repente, estaba furiosa. No sé si estaba furiosa con él, conmigo misma, o con James, pero me enfurecí.
"¡Intenté decirte que te mantuvieras lejos de mí!" Grité, abrazándome a mí misma tratando de no derrumbarme. "¡Te dije que estaba dañada pero no me escuchaste, Edward! ¿Por qué no me escuchaste? ¡Maldita sea!" Retrocedí, finalmente llamando su atención y vi la expresión en su rostro.
Repulsión. Esté hombre que decía amarme, me encontraba repulsiva.
Me tambaleé hacia la acera de Riverwalk en shock al ver la expresión en su rostro, topándome con un transeúnte por error. Después de murmurar una disculpa me di la vuelta, corriendo por la acera sollozando al volver al monorriel. Mi plan era correr, escapar. El monorriel me llevaría de vuelta a Front Street. Mi viejo departamento estaba a solo unos minutos del monorriel. Caminaría a mi viejo hogar, tocaría en la puerta de Angie y escucharía mientras me daba un buen consejo maternal, como lo había hecho en muchas ocasiones.
Por supuesto, nada de lo que planeo resulta bien.
Edward me atrapó por el brazo dándome la vuelta al mismo tiempo que me encogía, agachando la cabeza para evitar sus ojos. Esa expresión en su rostro, no podía soportar verla otra vez.
"¡Mírame, Bella!" Siseó, agarrando mi barbilla y levantando mi rostro. Mi cabeza obedeció, pero mis ojos continuaron fijos en el suelo.
"Vas a volver a poner este anillo en tu dedo, Isabella Swan," susurró, su voz amenazadora. "¡Y juro por Dios, que si alguna vez veo que te lo quitas de nuevo, habrá consecuencias!" Mis ojos se dispararon a los suyos en alarma, cuando tiró de mi mano con rudeza, prácticamente forzando el anillo de vuelta a su hogar en mi dedo. La ligera expresión de repulsión seguía ahí, pero sus ojos estaban mayormente llenos de pánico. Vi que su manzana de Adán subía y bajaba al mirarme a los ojos, su mandíbula apretada mientras me llevaba de regreso a la banca del parque, mirando furioso a quien sea que desviara su vista en nuestra dirección.
"¿Qué demonios haces, huyendo de mí? ¡Te dije que dejes de alejarme! ¡Deja de huir, Bella!" Frunció el ceño, sentándome junto a él en la banca. Me rodeó con sus brazos, guiando mi cabeza a la curva de su cuello.
"Yo… vi la repulsión en tu rostro cuando te conté lo que James me hizo," susurré, ocultando mi rostro en su cuello caliente. Olía muy bien, muy dulce.
"Claro que siento repulsión," murmuró, volviéndose un poco para forzarme a mirarlo a los ojos. Miró a mis orbes color chocolate, de pronto viéndose muy triste. "Siento repulsión por lo que ese hombre te hizo. Pero más que nada siento repulsión conmigo mismo."
"¿Qué? ¿Por qué? ¿Por qué sentirías repulsión por ti? ¡No hiciste nada malo!" Jadeé, confundida por sus palabras. Él seguía mirándome, la honestidad de su declaración quedando clara por la forma en que me miraba.
"Vamos, Bella," se rio sombríamente, sus ojos librándose de los míos para volver a mirar hacia el río. "Sabes que eso no es cierto. Ahora me siento como un pedazo de mierda. ¿Crees que habría sido tan rudo contigo en la cama de haber sabido de tu pasado? Me hace sentir enfermo pensar en las cosas que he hecho… nalguearte… decirte que te estés quieta cuando te toco… tirar de tu cabello. ¡Joder! ¡Me siento como un puto pervertido porque me guste!" Empezó a tirar de su cabello con una mano, su rostro retorcido por el dolor.
Agarrando su mano de su cabello, deteniendo su asalto a una de mis partes favoritas de Edward, le susurré, "¿Crees por un minuto, que si me molestara, no lo diría? Edward… nunca compares tu tiempo conmigo con las cosas que ocurrieron en mi pasado. Porque yo no lo hago."
"¿Cuántos?" Soltó, ignorando mis palabras y mirándome en pánico. "¿Cuántos más además de mí? Él ni siquiera cuenta… ¿con cuántos hombres has estado, Bella?"
¿Por qué no hemos hablado de esto? Cuando le diga la verdad va a volverse loco. Puedo verlo en sus ojos. Mordí mi labio inferior un minuto antes de admitir, en voz baja, "Solo tú, Edward. Siempre has sido solo tú. Eres todo lo que quiero. Eres todo lo que siempre he querido."
"¡Mierda!" Murmuró, mirando con el ceño fruncido a una mujer que pasaba, cubriéndole los oídos a su hijo con sus manos mientras lo empujaba por la acera. El rostro de Edward se tornó pálido y sus manos temblaron un poco en su regazo. "Rectificaré las cosas contigo, Bella. Por favor, perdóname. Lo siento mucho, nena. Voy a rectificar las cosas." Seguía murmurando la última frase una y otra vez, culpándose constantemente por algo que simplemente no hizo.
De repente, se echó a reír, una risa sarcástica y amarga al mirarme. "Esta es, con mucho, la peor propuesta de todos los tiempos." Se puso histérico, riendo como una hiena, recargándose en la banca con las piernas extendidas frente a él. Cuando finalmente se quedó callado, el ambiente se sintió un poco raro sin su angustiosa risa.
"No me gustaría de otra forma," le dije, pasando un dedo por su mejilla. "Somos simplemente nosotros, cariño. Así es como son las cosas." Me encogí de hombros, de algún modo acostumbrada a la locura de nuestras vidas unidas.
"¿Hay algo más que necesite saber antes de continuar?" Preguntó, dándome una sonrisa torcida. "¿Algún otro pariente loco? ¿Tal vez una tía nazi o un abuelo pirómano? ¡Espera! Déjame ver… ¿vas a decirme que Emmett es hermafrodita en secreto y que Jasper es un travesti de armario?"
Estallé en carcajadas, el sonido rompiendo la incomodidad que nos rodeaba anteriormente. "No, pero gracias por la visual. Estoy segura que Em y Jazz no lo encontrarían tan gracioso como yo," me reí entre dientes, imaginando a los dos hombres caminando por ahí usando vestidos y lápiz labial, antes de que mi rostro se pusiera serio. "Um, mis abuelos murieron cuando era más joven. Mi padre sigue con vida… está en rehabilitación por drogas en Jackson, Mississippi. Él, uh, se hizo adicto a algunas cosas bastante fuertes. Después de la muerte de mi madre, de perder su trabajo… lo que me pasó a mí… él simplemente perdió el control."
Edward me acercó a él y casi me fundí en su costado. Nos quedamos abrazados hasta que el sol empezó a ponerse. Liam y Sam nos seguían, dejando una gran distancia entre nosotros cuando subimos de regreso al monorriel, los dos en constante contacto entre nosotros. Cuando volvimos a casa, Edward me dejó en la cocina donde empecé a trabajar en la cena. Vi con curiosidad como él, Liam, Sam, Ben, Jasper y Emmett desaparecían en su oficina, cerrando su puerta con fuerza detrás de él. Por alguna razón, sabía que estaban hablando de James. Edward estaba jodidamente letal de camino a casa, mirando furioso por la ventanilla del coche. Prácticamente podía ver los engranes girando en su cabeza. Cuando le pregunté en qué estaba pensando, simplemente me dijo, "En asesinar."
Los siguientes días antes de Acción de Gracias fueron un poco extraños, por decir lo menos. Emmett se burlaba de Edward y de mí sin piedad, preguntando si planeábamos un compromiso largo. "Al menos dos semanas," se carcajeaba, golpeando la parte superior de la barra y haciendo una mueca. "Ya que tienen tanto tiempo de conocerse y todo. No puedo creer que vas a casarte con un hombre que ni siquiera te ha llevado a una cita."
Edward hizo una mueca al escuchar eso, antes de explicar en voz baja que originalmente había planeado pedirme que me casara con él cerca de la época navideña. Su proposición fue algo improvisada. Y demasiado pronto.
Pero era nuestra y era perfecta.
Cuando Emmett no nos estaba atormentando por nuestro compromiso, estaba muy ocupado trabajando en su laptop recién comprada, sus planes de cortejar a Rose todavía en vigor. Ella vino de visita un par de veces, con Alice, de la que Jasper continuaba escondiéndose. Emmett seguía coqueteando con Rose, paseándose por la casa como si fuera algún tipo de chulo, flexionando sus músculos y haciendo insinuaciones sexuales. Rose simplemente se le quedaba mirando con una ceja levantada, hasta que él metía la cola entre las piernas y salía huyendo.
Jasper era más difícil de leer. No podía saber si estaba feliz por mí o no. El único comentario que hizo fue ridículo. "Debió haberle pedido a tu papi tu mano en matrimonio," murmuró después de ver el anillo en mi dedo. Eso me hizo resoplar una carcajada y decir, "Jazz, a mi padre no podría importarle menos con quién me case."
"¿De verdad crees eso?" Me dijo, mirándome fijamente. "Va a salir pronto. Estaba pensando en invitarlo a Acción de Gracias…"
"¡Invitarlo, Jasper!" Me reí, rodando los ojos. "Como si fuera a presentarse."
Edward había actuado de forma extraña, al principio. Ya no me escabullía de vuelta a mi recámara por las noches, pero en realidad no importaba. Él apenas si me tocaba, tratándome como una muñeca de porcelana que tenía miedo de tocar. Nada de lo que he intentado ha funcionado. Incluso me di por vencida y llamé, de todas a las personas a las que podría llamar, a Rosalie, por consejo de cama. Hice todo lo que me dijo. Me contoneé por ahí con ropa interior diminuta, agachándome para recoger algo del suelo que dejé caer. Algunas veces solo caminaba en su recámara desnuda. Nada funcionó. Finalmente, después de hartarme de eso, comencé a actuar como una adolescente excesivamente dramática, poniéndome mi ropa y abriendo la puerta de su recámara, subiendo ruidosamente la escalinata hacia mi habitación con él pisándome los talones.
"¿A dónde vas?" Demandó, siguiéndome dentro de mi recámara, azotando la puerta detrás de él. Agarrando una maleta de mi armario, empecé a meter cualquier ropa, sin prestar realmente atención a lo que metía porque en realidad no planeaba irme a ninguna parte de todos modos. Solo estaba cabreada.
"Estoy harta de que me trates como tu hermana en vez de tu prometida," dije con brusquedad, sentada sobre la abultada maleta roja y tirando del cierre hacia el frente. "¡Actúas como si fuera a romperme si me tocas! Te extraño. ¡Extraño estar contigo! Me voy. ¡Tal vez encuentre a un hombre que no tenga miedo de follarme!" Fue algo horrible lo que dije… un absoluto golpe bajo.
Funcionó.
"¿Quieres que te follen?" Gritó, levantándome de la maleta en el suelo por los hombros y lanzándome por la habitación. Aterricé en la cama con un grito ahogado por el shock. "Voy a follarte. Voy a follarte con tantas ganas que no caminarás por dos días. ¿Es eso lo que quieres?" Asentí, mis ojos amplios cuando desgarró mis bragas a la mitad y me penetró. Con fuerza.
No pude caminar por dos días. De acuerdo, si pude, pero fue realmente difícil. La aspirina fue mi mejor amiga. Edward ya ni siquiera tuvo la decencia de verse culpable, riéndose al ver mi ceño fruncido y diciéndome que solo me dio lo que pedí.
Alice y Rose insistieron en llevarme de compras antes de Acción de Gracias, alegando que todos visten bien para la comida anual. La idea de sentarme a charlar con la familia de Edward me hacía sentir físicamente enferma. Esme me llamó temprano en la semana para felicitarme por nuestro compromiso. Ella siguió tratándome tan amable como siempre lo había hecho, pero sabía que el afecto de Carlisle sería más difícil, si era posible, de ganar.
Edward insistió en darme una brillante tarjeta de crédito negra para pagar mis cosas. Discutimos en el vestíbulo por diez minutos. Se necesitó a Sam y Liam para separarnos, antes que de forma experta le lanzara la tarjeta a su pecho y marchara hacia su sedán rojo, felicitándome al deslizarme en el asiento trasero. Liam y Sam se sentaron al frente, riéndose brevemente por la escena que habíamos hecho en la casa. Alice y Rose se unieron a mí en la parte trasera también tratando, sin tener éxito, de ocultar su risa. Me arrastraron de boutique en boutique buscando el vestido y zapatos perfectos, pero de algún modo terminamos en Target, con una sonrisa boba en mi rostro al forzarlas físicamente a entrar al edificio. Finalmente encontré un simple vestido envolvente de un color crema oscuro ($39.99, muchas gracias) pero no pude encontrar un par de zapatos para salvar mi vida.
"¿Qué pasa, Belly Boo?" Alice preguntó, empujando un carrito desbordándose junto a mí. Le di a ella y al carrito una mirada crítica, el recuerdo de empujarla a través de las puertas corredizas de cristal del edificio todavía fresco en mi mente. Simplemente encogió sus pequeños hombros, sin verse arrepentida.
"Desearía no haber arruinado mis botas esa noche en la tienda," confesé, sosteniendo el vestido que había elegido. "Quedarían con este perfectamente. Es una lástima que estuvieran cubiertas de sangre." Arrugué mi nariz al pensarlo.
"¿Qué talla usas? Si veo unas lindas botas en el centro, te las compraré," me dijo entusiasmada, sacando su móvil de su bolsillo y jugando con él con nerviosismo. "Quiero decir, puedes pagarme después, si quieres. Sé lo orgullosa que eres."
No me ofendí por sus palabras, porque eran ciertas.
Le di mi talla de zapatos y lo escribió en su móvil, explicando que nunca lo recordaría sin dejarse un recordatorio. Rose apareció a mi lado, su carrito también desbordándose mientras me miraba descaradamente, murmurando, "Soy una adicta de armario a Target. No me critiques." Le sonreí y dejamos la tienda después de pagar las pocas compras que hice y que ellas pagaran las muchas que hicieron.
Jasper llamó a Alice el domingo antes de Acción de Gracias. Se sentó en el columpio del jardín, hablando bajito por teléfono mientras yo pegaba mi cuerpo a una esquina cercana de la casa, tratando de escuchar su conversación en secreto, con un risueño Sam a mi lado. Él no tenía filtro, diciéndome cuando estaba equivocada en mis discusiones con Edward o diciéndome si le ponía demasiada sal a la comida. También era un pequeño bastardo taimado y pensaba que la situación de Jasper y Alice era jodidamente graciosa.
Nunca me enteré qué tipo de reacción tuvo Alice tras hablar con Jasper. Después de terminar la llamada él se quedó callado en el columpio del jardín, mirando a la cascada frente a él, con una expresión de derrota en su rostro.
Día de Acción de Gracias
Noviembre 21 del 2012
Oficialmente, me estaba volviendo loca.
Edward me acompañó a la tienda de comestibles donde lancé una cosa tras otra en dos carritos llenos de comida. Él me observó, con los ojos muy abiertos y un poco aterrado. No me sirvió de nada, solo parado ahí viéndome correr agresivamente por la tienda. Estaba en modalidad de ataque de pánico. Toda la familia de Edward estaría en su casa esta noche para comer lo que yo preparara. ¿Les gustaría? ¿Y si no soy tan buena cocinera como todo el mundo dice que lo soy? Esas eran las cosas que le ladraba a él obsesivamente como a las seis de la mañana en el supermercado local. Una mujer trató de agarrar una bolsa de verduras de mi mano y le grité. Salió disparada en pánico y Edward me dijo que tenía que 'parar mi coche'.
De verdad, dijo eso.
Las cosas no iban a salir bien esa noche. Tan pronto como abrí mis ojos esa mañana, supe que era cierto. Podía ser el hecho que la situación de Jasper/Alice iba a estallarnos en la cara mientras Carlisle estaba ahí, sujetando un enorme cuchillo de trinchar en su mano. Recé porque mi familia algo ordinaria no actuara de forma demasiado vulgar frente a la sumamente elegante de Edward.
Supe que eso no ocurriría tan pronto como nos detuvimos en la entrada de la casa al llegar de la tienda. Una enorme camioneta pick up color blanca con una descomunal cabina extendida con rejas oxidadas y una calcomanía que decía 'Toca la bocina si estás cachonda' estaba a un lado del camino. Mi idiota hermano estaba revisando el aire de una de las llantas. Se levantó, viendo que nos deteníamos, con una sonrisa estúpida en su guapo rostro. Traía puesta una camiseta de un vivo color rojo con una palabra al frente con letras en negrita.
Tocino. La camiseta decía 'Tocino' y tenía un pedazo curvilíneo de puerco danzando bajo las letras, con sus ojos bizcos de caricatura y una sonrisa boba en su grasosa cara.
Mi hermano estaba un poco obsesionado con el tocino.
"Saqué todas las cacerolas del congelador como me dijiste," mi hermano alardeó orgulloso, la ridícula sonrisa aún en su rostro. "Están en el refrigerador. ¿Te gusta mi nueva camioneta? Jasper me ayudó a conseguirla."
"Esa es una buena camioneta," dijo Edward, dejándome para echarle un vistazo al nuevo vehículo de Emmett. Frunciendo el ceño, empecé a sacar las bolsas del maletero, Sam me ayudaba a mi lado, riéndose al ver mi enojo. Edward y Emmett finalmente se nos unieron, ayudándonos a llevar toda la comida a la cocina donde extendí las bolsas en la barra.
Rose y Alice llegaron minutos después para ayudarme a cocinar. Los ojos de Alice se movían nerviosos por la casa, pero Jasper nunca apareció. Lo vi de pie en la ventana de su recámara cuando nos detuvimos en la entrada, y sabía que estaba eludiendo a Alice tanto como pudiera, en realidad.
Finalmente, Rose tuvo suficiente de mis divagaciones y mi estrés, demandando que todos tomáramos un par de cortos de tequila con ella. Acepté alegremente, calculando en mi mente aproximadamente cuánto tiempo se llevaría el alcohol para dejar mi sistema antes de que mi futura familia llegara para la cena festiva. Un corto se convirtió en dos, los que se convirtieron en tres, y mientras las tartas de calabaza y nuez se horneaban, Rose procedió a mostrarme cómo chupar las bolas de Edward, usando una mandarina pelada como apoyo.
"Solo metes una en tu boca así," me indicó, una Alice ligeramente ebria sentada en la barra observándola tan atentamente como yo. Rose tomó la mandarina, lamiéndola y chupándola. La metía y sacaba de su boca, justo cuando Emmett entró a la habitación detrás de ella, mirándola asombrado, con la boca abierta.
"Luego lames de la parte de atrás hasta arriba," indicó, el jugo color anaranjado goteando de su barbilla, bajando por su cuello y cayendo en su escote.
"¿Quieres decir que, desde su uhh… recto… hasta el frente?" Alice preguntó con curiosidad, tomando el corto de mi mano y dándole un trago. La fulminé con la mirada, ignorando a Emmett al tirar del vaso vacío en su mano y sirviéndome mi propio corto.
"Sí, y cuando empieces a sentirte lo suficientemente valiente, puedes empezar a tocar su ano. A los hombres les gusta esa mierda," confesó, meneando sus cejas arriba y abajo.
"No puedo hacer eso," murmuré, sacudiendo mi cabeza y haciendo que girara la habitación. "Eso es simplemente repugnante. Y él tampoco va a hacerme eso a mí. Mi trasero es solo para salir, mis amigas. Pero voy a chuparle las bolas. Porque son sus bolas. Y me encantan sus bolas. Me gusta masajear sus bolas. A él le encanta cuando le hago eso." Asentí sensatamente.
Emmett dio una arcada al escuchar mis palabras de ebria. El sonido provocó que Rose y Alice se volvieran y lo miraran antes de estallar en risitas ebrias.
"Emmett, ¿te gusta que te toquen el ano?" Rose se carcajeó, pasando sus dedos desde su pecho y subiéndolos por su cuello, atrapando las gotas de jugo antes de lamerlas de sus dedos. Emmett hizo un ruido de lloriqueo, muy parecido a un perro en celo, antes de salir disparado de la habitación.
Edward entró en ese momento, viéndonos a las tres con curiosidad. Nos reímos y le levantamos nuestros vasos. Él sacudió la cabeza con exasperación antes de sacarme de la habitación. Mis amigas protestaron cuando me guio hacia su recámara. Le meneé sugestivamente las cejas a mis amigas, haciendo gestos sexuales con mis dedos, una mano con mis dedos en un círculo, con dos dedos de la otra mano entrando y saliendo rápidamente. Hice eso detrás de Edward, por supuesto, y vi a Alice caerse de la barra en un ataque de risa antes de que él me metiera a su recámara… nuestra recámara.
"No puedo creer que estés ebria," se rio entre dientes, de hecho, sonando un poco divertido. "Y pensar que te compré un regalo… tal vez no debería dártelo."
"Sabes que odio los regalos," le dije, rodando mis ojos cuando tiró de mi brazo.
"Sí, pero creo que te gustará este," me dijo, sentándome en la cama antes de desaparecer en su enorme guardarropa. Había hecho que Liam mudara en secreto mis pertenencias a su habitación a principios de semana. Reapareció, trayendo con él una caja rectangular marrón. La miré recelosa cuando la colocó en mi regazo. Se sentó conmigo en la cama y lentamente levanté la tapa de la caja.
El aroma a costoso cuero llegó a mi nariz en el momento que levanté la tapa. Descansando entre hojas de delgado papel liso estaba el más hermoso par de botas vaqueras de ante con un dibujo en puntadas en forma de flores. Eran muy parecidas a las mías arruinadas, solo que mucho mejores.
"Un pajarito me dijo que tuviste que tirar las viejas," me dijo bajito, escuchándose ligeramente incómodo porque estaba muda del asombro. Saqué las botas de la caja, metiendo mis pies desnudos en cada una de ellas antes de ponerme de pie. Me quedaban perfectas y eran hermosas. Me sentí algo así como una Cenicienta Annie Oakley.
"Gracias," susurré, subiendo en él, poniéndome a horcajadas en su regazo y procediendo a llenarlo de besos. Él los devolvió con impaciencia hasta que fuimos descortésmente interrumpidos por el sonido de alguien aclarándose la garganta.
"Vamos, tú zorra," gritó Rose, con Alice riendo a su lado. "¡Tenemos comida que cocinar! Puedes practicar lo de la mandarina con él más tarde, Bells." Rompimos nuestro beso, y Edward me miró con curiosidad por el comentario de la mandarina. Me sonrojé profusamente, no solo por su comentario, sino porque las dos me encontraron a horcajadas sobre él como una puta.
Una puta con unas botas realmente buenas.
El día terminó, y el alcohol se evaporó lentamente de mi cuerpo. Jasper nunca se presentó y Emmett sabiamente se quedó escondido en alguna parte, probablemente con visiones de Rose tragando esa mandarina pasando por su mente. Terminamos de cocinar la buena comida sureña, justo cuando el timbre sonó. Mi estómago se hizo nudos por la ansiedad, y mis ojos se dispararon hacia arriba para encontrar los de Edward.
"Abre la puerta, cariño," me indicó, recargándose en la barra de mármol, viéndose guapo en su traje oscuro y su cabello en un sexy desorden. "Ahora esta también es tu casa." Alice me dio una dulce sonrisa mientras limpiaba mis manos en una toalla para manos.
"Esta no es mi casa, Edward," le dije, mordiendo mi labio inferior, justo cuando el timbre sonó otra vez. Alguien lo estaba presionando una y otra vez, y sabía que era el cretino del padre de Edward.
"Lo es si algo me pasa a mí," se encogió de hombros, agarrando mi mano y guiándome a la puerta. "Lo tengo todo arreglado. Si yo muriera, la casa y mi dinero, son todos tuyos." Planté los tacones de mis botas en el suelo, ¡mi sangre hirviendo por su osadía de hacer algo así sin primero hablar conmigo al respecto! Me ignoró, jalándome hacia la puerta y abriéndola. Esme estaba ahí sonriente, con una cacerola cubierta en sus manos. Carlisle estaba a su lado, con un brazo alrededor de su cintura, mirándome fijamente.
"¡Oh, Bella! ¡Te ves hermosa!" Sonrió, poniendo el platillo en las manos de Carlisle y atrayéndome en un abrazo. Se zafó de nuestro abrazo, examinando el anillo en mi mano. "¡Oh, el anillo de mi abuela se ve perfecto en ti!" Chilló.
"¿El anillo de tu abuela?" Carlisle preguntó, mirando furioso a mi temblorosa mano. "¿Por qué está ella usando el anillo de tu abuela?"
"¡Oh, basta, Carlisle!" Siseó, dándole un codazo en las costillas. "Sabes que Edward le pidió matrimonio. Deja de actuar como un cretino," dijo furiosa, pasando junto a nosotros y entrando en la cocina. Edward y yo intercambiamos una mirada nerviosa.
Rose puso la mesa del comedor, que ahora estaba cubierta con antigua porcelana china con delicados dibujos de rosas y cristal. Todos ayudaron a llevar la comida al comedor. Edward trató de insistir en contratar gente para cocinar, servir y limpiar en Acción de Gracias, pero yo me había negado, asegurándole que esas cosas eran simplemente parte de toda la experiencia. Él se me quedó mirando de forma extraña por un momento antes de dejar un dulce beso en mi frente.
Envié a Edward arriba por Emmett y Jasper, anticipando con ansiedad la llegada de Jasper. Alice estaba sentaba a la mesa mirando a su plato inexpresiva y prácticamente podías sentir la tensión llenar la habitación cuando vi a mi primo entrar en silencio, usando unos jeans desgastados y una camiseta negra ajustada de Johnny Cash, con sus características botas en sus pies. Supongo que de verdad no le importaban las pautas de ropa de formal.
"Esme, Carlisle, él es el primo de Bella, Jasper," Edward anunció, presentándolo con sus padres. Esme le dio un abrazo, felicitándolo por su camiseta, asegurando ser una gran fan de Johnny Cash. No estaba segura si decía la verdad o solo estaba tratando distraer nuestra atención del crítico ceño fruncido de Carlisle mientras miraba la ropa de Jasper. Él le devolvió la mirada, la fría expresión nunca dejó su rostro.
"¡Y yo soy Emmett McCarty, el mejor hijo de puta que conocerán en su vida!" Resonó un vozarrón cuando Emmett entró en la habitación, con una enorme sonrisa en su rostro. Agarró la mano de Carlisle, sorprendiéndolo lo suficiente para que el ceño fruncido desapareciera, sacudiéndolo entusiasmado. "¡Me alegra conocer a los futuros suegros de mi hermana!" Prácticamente gritó en el oído de Carlisle, provocando que hiciera una mueca. Esme en seguida empezó a hablarle con cariño, pellizcando sus rechonchas mejillas antes de plantarle un beso en cada una de ellas.
"¡Eres todo un ángel!" Chilló, frotando los músculos de sus brazos. "¡Y también un muchacho muy grande y fuerte!"
Um, que incómodo.
"Claro que lo soy," alardeó, flexionando sus bíceps. "¡Como judías negras y pan de maíz!"
Carlisle prácticamente arrancó a Esme de mi hermano, tomando el lugar de Edward en la cabecera de la mesa e indicándole a ella que se sentara junto a él. Ella se enfurruñó, pero le sonrió a mi hermano cuando él se sentó junto a ella, dándole un travieso guiño. Rodé mis ojos al ver sus payasadas, rogando porque no le terminaran disparando al final de la noche.
Porque definitivamente había visto el arma en la cintura de Carlisle.
Todos tomaron sus asientos, Jasper directamente frente a una callada Alice, que todavía no había levantado la mirada de su plato. Sentía tanta lástima por ella, deseando que al menos pudiera ver la mirada afligida que mi primo había posado en ella cuando tomó asiento.
"Oh, Bellarina," dijo Emmett, mientras yo me quedaba de pie titubeante junto a Edward. "No olvides eso que me preparaste…"
Lo miré con el ceño fruncido, esperando que de alguna forma lo hubiese olvidado. Mientras todos se sentaban a la mesa, volví a la cocina, sacando lo que había hecho solo para Emmett de donde lo dejé calentándose en el horno. Volví a entrar al comedor, dejándolo frente a él, sus ojos miraron con amor y adoración a esa cosa asquerosa frente a él. Mis mejillas se sonrojaron por la vergüenza cuando vi a Carlisle mirándolo boquiabierto.
Era el propio pavo de Emmett. Completamente cubierto de tocino.
"¡Oh, que dulce!" Esme dijo con cariño, colocando su mano en la pierna de Emmett. "¡Tu hermana te preparó tu propio pavo!" Emmett la ignoró por primera vez, sus ojos fijos en la enorme ave cubierta de tocino, que se extendía sobre ella como un enrejado.
"¿Por qué no das las gracias, padre?" Edward interrumpió, viéndose seriamente afectado por el afecto de su madre por Emmett. Carlisle refunfuñó algo bajo su aliento y agachó la cabeza, indicando que todos hiciéramos lo mismo. Después de dar las gracias, Edward empezó a cortar el pavo que no estaba cubierto por grasa de tocino y comenzamos a llenar nuestros platos de comida.
"Así que, Emmett. Edward me contó que tú eres el hermanastro de Bella," Esme parloteó, tomando un delicado bocado de cacerola de patata dulce. "¿Siempre se llevaron tan bien?"
"Sí, señora," respondió, ganándose una brillante sonrisa de parte de ella por su educación. "Bueno, en realidad empezamos a llevarnos bien después que la tensión sexual inicial entre nosotros desapareció."
Todos dejaron de comer para mirar a mi hermano mientras él se metía un bocado de pavo y tocino a la boca, sonriendo, con pedazos de puerco metidos entre sus dientes.
"Está bromeando," murmuré, provocando que Emmett aullara de la risa, con pedazos de tocino volando a su plato.
"¡Simplemente adorable!" Esme chilló, acercando su silla a mi hermano. Sí, tenía un total enamoramiento maternal por Emmett. Todos se rieron de forma incómoda, excepto Jasper, Alice y Carlisle. Comimos en silencio después de eso, terminando nuestra comida y luego el postre con los ruidos de cubertería de plata tintineando contra la porcelana china. Edward apretó mi rodilla debajo de la mesa, diciéndome en silencio que todo estaba bien. Le di una pequeña sonrisa, que se esfumó con el sonido del timbre sonando.
"¿Quién podría ser?" Murmuró Edward, comenzando a pararse. Carlisle lo detuvo, dándome una sonrisa malvada al levantarse de la cabecera de la mesa.
"Invité a alguien. No se preocupen, no se quedará. Solo le pedí que pasara a dejarme unos documentos de camino a casa del trabajo," explicó Carlisle antes de desaparecer de la habitación. Edward me dio una mirada confundida a lo que simplemente me encogí de hombros. A través de la puerta vi a Carlisle saludando a un hombre bajito con cabello peinado hacia atrás y el rostro de una comadreja. El hombre le dio a Carlisle una pila de carpetas de colores claros, llenas de papeles antes de despedirse en voz baja.
"¿Por qué no nos reunimos en tu oficina, Edward?" Carlisle dijo desde la puerta, con una sonrisa misteriosa en su rostro al mismo tiempo que desviaba la mirada hacia mí. Edward le dio una mirada confundida, preguntándole por qué quería reunirse en su oficina. La sonrisa dejó el rostro de Carlisle, y fue remplazada por una mirada que decía 'no jodas conmigo'. Todos intercambiamos miradas nerviosas antes de dejar la habitación, siguiendo al frío hombre fuera del comedor y entrando a la oficina de Edward, donde él cerró la puerta silenciosamente detrás de nosotros. Ansiosa, me pregunté dónde estaban Sam y Liam… si estaban en la casa de huéspedes o posiblemente pasando tiempo con sus familias esta noche. Algo en la sonrisa perversa de Carlisle me aterrorizaba.
Todos se pusieron cómodos en los sofás oscuros y las sillas mientras Carlisle se apoyaba casualmente contra el costoso escritorio de madera de Edward, la pila de carpetas colocadas a su lado.
"Reuní a todos aquí porque, para ser honestos, simplemente tenía curiosidad por conocer a la mujer que aseguras amar, la mujer con la que aseguras querer pasar el resto de tu vida," explicó Carlisle, fulminándome con la mirada en la silla en la que estaba sentada rígidamente, no muy lejos de él. Edward comenzó a protestar, levantándose del sofá. Carlisle lo silencio, abriendo la primera carpeta y hojeándola despacio.
"Charlie Swan," murmuró, provocando que me sobresaltara un poco al escuchar el nombre de mi padre. "Jefe de policía en su ciudad natal. ¡Ja! ¡Jefe de policía! Casado con Renee Swan, que más tarde se quitó la vida." Escuché a Esme jadear, pero la ignoré, mi rostro tornándose rojo por la ira ante la osadía de este hombre para exponer la historia de mi vida delante de todos.
"Más tarde relevado de sus deberes por cubrir evidencia de las actividades criminales de su hermano," terminó, sus ojos escaneando el archivo. Miré al otro lado de la habitación y alcancé a ver un brillo en la mirada de Emmett. Estaba enojado, pero lo estaba cubriendo bien con una sonrisa de suficiencia. Estaba sentado junto a Rose que se veía terriblemente incómoda al darme una mirada comprensiva.
"Carlisle, por favor," le suplicó Esme, pero la ignoró.
"Peter Swan… sirvió a este país durante años como un francotirador… falló múltiples exámenes psicológicos… sospechoso de múltiples asesinatos pero no se probó nada. Entrenó a su hijo, Jasper y a su sobrina, Isabella, desde la infancia hasta su muerte… a manos de un James Hunter," continuó Carlisle, su completa atención en el archivo frente a él. Lo arrojó detrás de él sobre el escritorio, cogiendo el siguiente archivo.
"James Hunter fue un compañero militar de Peter Swan. Que posteriormente secuestró a su sobrina, Isabella, y la mantuvo en un lugar no revelado…" Su voz se apagó mientras leía en silencio el archivo, antes de que sus fríos ojos miraran a los míos. Mis labios se apretaron amargamente cuando vi un destello de compasión cruzar su rostro.
"Oh, déjame continuar desde aquí," gritó Emmett, impactándonos a todos con el volumen de su voz, haciéndonos saltar. "Jasper Swan, alias, Jasper Whitlock, cuando usa el apellido de soltera de su madre. Un asesino convertido en un agente del FBI que usa sus conexiones deshonestas para atrapar a criminales como tú. Desafortunadamente, de algún modo terminó en Memphis, Tennessee, investigando a la familia Cullen. Fue una lástima que se encariñó demasiado con la pequeña Alice, siguiéndola a todas partes durante dos años como lo hizo con el resto de ustedes, poco a poco enamorándose de ella. ¡Oh, pero espera! ¿Qué hizo él? ¡Joder, él pidió ser retirado del caso! ¡Él pudo haber entregado a tu familia, pero no lo hizo! Se involucró demasiado… estaba hasta el cuello. ¡Y mintió por ella!" Gritó Emmett, señalando a Alice que estaba temblando, con sus ojos amplios y llenos de lágrimas. "Reportó que no había actividad criminal antes de retirarse del caso. ¡De haber sabido lo pendejo que realmente eres, no creas que yo hubiese dudado en entregarte!"
"¡Emmett, basta!" Le dije con voz tranquila y paciente, tratando de calmarlo. No funcionó.
"¡No olvides a Emmett McCarty!" Continuó gritando, caminado al escritorio y tomando su archivo. "¡También conocido como McMaster90! ¡Uno de los mejores hackers de computadora del planeta!" Se echó a reír cuando todos además de Jasper y yo lo miraron con incredulidad. "Todo está ahí, si no me creen. Entré en los archivos del gobierno federal antes de cumplir los quince años. Sé más de la CIA que el presidente. Supongo que es por eso que siguen enviándome esas estúpidas cartas queriendo que trabaje para ellos."
"Aunque me descuidé un poco," dijo, encogiendo sus hombros despreocupadamente, cruzando sus brazos sobre su gigantesco pecho. "Me atraparon cambiando unos resultados en un concurso en línea. Gané un Corvette nuevecito. Así es como terminé en la cárcel."
"¿Y qué hay de la pequeña señorita Swan?" Carlisle preguntó, cogiendo el archivo con mi nombre en él. Traté de que no me molestara, de verdad lo hice. Edward sabía todo sobre mí. No había razón para que mi estómago se revolviera por las náuseas.
"¡Dame eso!" Emmett gritó, intentando arrebatar el archivo de la mano de Carlisle. Forcejearon con él mientras Edward rodeaba mi silla, agarrando también el archivo para ocultarlo de los ojos entrometidos de Carlisle.
No funcionó.
El archivo se abrió, con papeles y fotos volando por todas partes. Todos se congelaron, mirando con ojos amplios las fotos que cubrían el suelo. Me sobresalté, cerrando mis ojos con fuerza al mismo tiempo que me hacía una bolita en la silla, la imagen de la foto a mis pies grabada permanentemente en mi cerebro.
En las fotos, una pequeña niña desnutrida yacía en una cama de hospital, con su ojo izquierdo completamente cerrado por la hinchazón, cubierta de negro y moretones. El otro ojo inflamado. Los labios carnosos de la niña estaban blancos, agrietados y sangrando por la falta de hidratación. Tubos pasaban prácticamente por cada orificio de su cuerpo. Una venda blanca envolvía su cráneo, con una fractura en la línea de su cabello debajo. Oscuros moretones cubrían su cuello, algunos decolorándose, algunos nuevos, todos con la forma de manos que la asfixiaron por semanas, meses.
Alguien estaba llorando a mi derecha, pero no estoy segura quién era. De pronto los sollozos se detuvieron. Todo se quedó en silencio salvo por las respiraciones profundas y entrecortadas que escapaban de mi boca. Después de varios segundos, miré a través de mis pestañas.
Un viejo revolver del oeste azul cobalto presionaba decididamente la sien derecha de Carlisle Cullen. Mi primo sacó un cigarrillo de su bolsillo con su mano izquierda, encendiéndolo despreocupadamente mientras Carlisle lo fulminaba con la mirada. Jasper respiró hondo y la habitación se saturó del aroma a fresas y tabaco.
"No me obligue a matarlo delante de su esposa y sus hijos," Jasper le dijo, empujando el arma contra su cráneo, haciendo que inclinara su cabeza de lado. Edward estaba cerca, sus ojos redondos por el shock, pero sorprendentemente sin ira en sus rasgos.
"Hijo, te sugiero que bajes esa arma," Carlisle le dijo, su voz tranquila. Pero vi el tic nervioso en su ojo derecho. Jasper se rio entre dientes, dándole otra calada a su pequeño cigarrillo.
Jasper sonrió, soplando el humo en la cara de Carlisle, amartillando el arma.
"No soy su maldito hijo."
*Sale corriendo y se oculta detrás de un sofá agitando una bandera blanca* ¡Recuerden que no soy la autora! Yo no lo dejé ahí, y ya sé que van a querer pronto el otro así que ya lo empecé, pero recuerden, todos tenemos una parte que cumplir, así que, no olviden dejar su review con sus impresiones de este capítulo y sus teorías para el próximo. Solo repasemos un poco lo que pasó, ahora Edward ya lo sabe todo incluyendo lo de la violación y después de sus temores iniciales, los dos han logrado afianzar bien la relación y el compromiso, sigue en pie. ¡Sí! Pero era obvio que Carlisle no iba a quedarse con los brazos cruzados, aunque le hiciera creer a Edward otra cosa, ese hdp tenía que exponer a Bella de esa forma y por supuesto, Jasper no iba a dejar pasar esa humillación. Pero, ¿será que lo mate? ¿Cómo reaccionará la familia al ver a Jasper apuntándole a la cabeza a su esposo, en el caso de Esme, y a su padre en el caso de Alice y Edward? Sin duda todas se quedarán en ascuas, así que ya saben que tienen que hacer y espero nos leemos muy pronto ;)
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Lissette, MariePrewettMellark, jupy, Flor Santana, Say's, maryrincon658, kaja0507, dushakis, nydiac10, oricullenswan, miop, Gabriela Cullen, paupau1, bealnum, JessMel, Maryluna, BereB, Manligrez, torrespera172, Lady Grigori, andyG, Vrigny, rosy canul, Lizdayanna, Adriu, Vanina Iliana, PRISOL, cary, Tecupi, Fallen Dark Angel 07, maries24, glow0718, Katie D.B, alejandra1987, lagie, Yendry Villachica, angryc, patymnd, Yoliki, Klara Anastacia Cullen, Ali-Lu Kuran Hale, Mafer, calia19, Liz Vidal, Karina, melina, Kriss21, julietmariel, EriCastelo, cavendano13, andreasotoseneca, saraipineda44, piligm, Sully YM, Tata XOXO, tulgarita, rjnavajas, injoa, freedom2604, Pam Malfoy Black, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, espero que muy pronto.
