Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.
Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)
Capítulo Dieciséis: Mi vida en fotografías
Carlisle miró furioso a mi primo mientras todos veíamos mudos del asombro. Jasper seguía presionando el cañón del arma en su sien, provocando que Carlisle se sometiera al inclinar su cabeza en ángulo incómodo.
"Emmett, el señor Cullen tiene un arma en su cintura," Jasper le dijo a mi hermano en voz baja. "Quítasela, por favor."
Emmett se tambaleó nervioso hacia el frente, sus pies resbalándose con los papeles sueltos y las fotos que cubrían el suelo. Levantó la chaqueta y la camisa de Carlisle, su mano tembló un poco al sacar la gran pistola negra. Emmett odiaba las armas, y sobre todo odiaba tener que tocarlas. Retrocedió con la pistola apuntando hacia abajo, las fotos crujiendo y arrugándose bajo su gran pie cuando colocó el arma con cuidado en el librero detrás de él. Me concentré en observar a Jasper para que mis ojos no se desviaran hacia las fotos, aún sentía mi pecho apretado y mi respiración entrecortada por la simple imagen de una muchachita destrozada capturada en fotos.
"¿Cómo te atreves a ofender a mi familia de esa forma?" Jasper le dijo, con una ceja levantada. "¿Qué ha ocurrido con la hospitalidad sureña? Solo debería dispararte en la cabeza."
"No vas a matarme," Carlisle le dijo a Jasper, su frente ahora con gotas de sudor y su voz titubeando ligeramente con su tono poco convincente.
"Hombres mucho más importantes han muerto por mis manos, señor Cullen. ¿Qué le hace pensar que es diferente?" Dijo Jasper, su voz tersa, tranquila y controlada. El cigarrillo colgaba de sus labios cuando inclinaba su cabeza, mirando con cuidado a los ojos de Carlisle. Mis ojos se dispararon nerviosos hacia donde estaban Alice, Esme, y Rose, pálidas y con ojos amplios, viendo a los dos hombres frente a nosotros.
"Soy el padre de Edward," respondió Carlisle, su voz ligeramente más calmada, sus ojos moviéndose velozmente hacia Edward que ahora veía a su padre pensativo. "Soy el padre del hombre que planea casarse con tu prima."
"Señor Cullen, puedo decir sin duda alguna que de verdad, me importa una mierda de quién sea padre. No crea que me conoce, señor. Mi alma está condenada sin importar qué. Matarlo no pesará para nada en mi conciencia," Jasper dijo con voz cansina, retirando el cigarrillo de sus labios.
Jasper lo lanzó al aire y todos vimos cuando aterrizó de forma fluida en un gran cenicero de cristal en el escritorio de Edward, directamente sobre el hombro de Carlisle. El humo flotando en un largo listón en espiral, el aroma a fresas desvaneciéndose eventualmente cuando el cigarrillo se consumió.
"Si me disparas nunca lograras salir de esta propiedad con vida," Carlisle siseó poco convencido, sus ojos entrecerrándose en pequeñas rendijas. Su cabeza completamente inclinada de lado cuando Jasper dio un paso más cerca, con una serena sonrisa escalofriante adornando su guapo rostro. "Edward tiene guardaespaldas en la propiedad… escucharán el disparo… vendrán por ti y te matarán. No vivirás para ver otro día."
Jasper le sonrió, con una perezosa sonrisa de lado. "Está bien," dijo, encogiéndose de hombros. "No tengo ningún plan para mañana, de todos modos."
Las palabras de Jasper pendían densas en el aire. Todos nos quedamos en silencio por un largo momento, observando como los dos hombres se miraban el uno al otro. El rostro de Carlisle retorcido por la ira y una larga vena sobresaliendo en la sien que no estaba ocupada por la vieja Beretta del oeste. Jasper siguió sonriéndole, divertido por la ira y la ansiedad de Carlisle.
"Jasper," Alice susurró, su voz frágil.
El rostro de Alice estaba tan blanco como una hoja y sus ojos redondos por el horror. Era la primera vez que le hablaba a él desde su misteriosa conversación por teléfono el día que Sam y yo espiamos a Jasper en el jardín. Los ojos de Jasper nunca dejaron el rostro de Carlisle, pero la sonrisa cómica poco a poco se esfumó.
"¿Sí, querida?" Le susurró en respuesta, observando los ojos de Carlisle moverse velozmente de Alice de vuelta a Jasper con inquietud.
"Por favor… por favor, no lastimes a mi padre," le suplicó en voz baja, sus ojos llenándose de lágrimas. "Lo que hizo está mal, pero no merece morir por eso. Solo estaba tratando de proteger a Edward…"
"¿Cómo me está protegiendo? Ya tengo conocimiento de todo lo que está en esos archivos," interrumpió Edward, hablando finalmente por primera vez. Todos los ojos se dispararon hacia él, salvo los de Jasper que continuaban vigilando a Carlisle. Edward estaba cerca de su padre, sus manos perdidas en su cabello rebelde mientras tiraba ansioso de sus mechas, su rostro amargado por la ira hacia su padre. "Bella me contó todo. No puedo creer que hayas caído tan bajo para hacer algo como esto… ¡exponerla a ella y a su familia en frente de todos! ¡Cómo te atreves! ¡Y las fotos! ¡Las putas fotos! ¿Cómo crees que ella se siente viendo esas fotos?"
"No sabía que había en los archivos, hijo," Carlisle le dijo, con los dientes apretados al mirar de forma incómoda al arma presionada contra su cráneo. "Solo sabía que algo sospechoso ocurría. Ella huyó esa noche en la tienda. ¿Quién huiría de esa forma a menos que estuviera ocultando algo?"
"¡Ella estaba ocultando algo!" Gritó Emmett, arrojando sus manos al aire, su rostro rojo por el odio. "¡Estaba tratando de ocultarse ella! El hombre que la atacó todavía está allá afuera, tratando de encontrarla. ¡Ella salvó a tu preciosa Alice y a su amiga, a sabiendas que los medios podrían publicar su foto o su nombre, exponiéndola a James! ¡Se arriesgó por tu hija, y esta es la forma en que le agradeces!"
Los ojos de Carlisle se movieron velozmente hacia los míos, con un destello de compasión nadando en sus profundidades antes de que su rostro se volviera neutral otra vez.
"Recógelas," le dijo Jasper, la sonrisa ladeada de vuelta en su rostro. "Ponte a cuatro patas como el maldito perro que eres y recoge cada una de esas fotos o juro por la tumba de mi padre que terminaré con tu vida justo aquí y ahora."
Cuando Carlisle no se movió, Jasper lo pateó detrás de sus rodillas con una de sus características botas pesadas. Carlisle cayó al suelo, sobre sus manos y rodillas mirando a Jasper en shock y humillado. Escuché que las mujeres en la habitación jadearon al ver a Carlisle Cullen en posición sumisa. Jasper se encogió de hombros, el arma todavía apuntando a la cabeza de Carlisle. Después de una última mirada furiosa, Carlisle empezó a recoger los papeles y las fotos, gateando por el suelo en su costoso traje mientras todos menos yo lo observaban. Seguía sin poder bajar la vista. Era muy difícil. Sentía mi pecho pesado y apretado, como si un gigante lo estuviera estrujando.
Cerrando mis ojos, tomé respiraciones profundas, mi mente pensando en cosas placenteras justo como alguna vez me había indicado mi terapista. Pensé en mi madre y las veces en que estuvo lo bastante coherente como para llevarme al parque o dejarme ayudarla a glasear un pastel. Pensé en mi padre, Charlie, y los pocos momentos felices que pasé con él, antes de la muerte de mi madre, sentados en un bote en un tranquilo lago, atrapando bagres. Mi mente divagó hacia mi hermano, siempre haciéndose el tonto con una gran sonrisa boba en su rostro. Pensé en Jasper más joven, mi protector, mi todo, al asegurarse que tuviera suficiente para comer todas las noches antes de quedarme dormida en mi cama. Y pensé en Edward, en lo mucho que lo amaba y lo mucho que él me amaba.
Alguien tocó mis hombros y me sobresalté, mis ojos abriéndose de golpe y elevándose para encontrar los tristes ojos verdes de Edward mirándome con preocupación. Recogió mi cabello sobre un hombro y dejó un delicado beso en mi frente, susurrando sus disculpas en mi oído por el comportamiento de su padre.
Su familiar aroma me inundó y en seguida sentí que la tranquilidad me consumía. Mis ojos se dispararon hacia el otro lado de la habitación para ver como Jasper le ordenaba a Carlisle que arrojara las fotos y los archivos a la chimenea de la oficina. Carlisle hizo lo que le ordenó, arrojando todo en la chimenea y atrapando el encendedor plateado que Jasper le arrojó con indiferencia. Carlisle apretó sus labios en una línea al darle a mi primo un último vistazo antes de agacharse y encender las fotos y los papeles. Observamos como ardían lentamente, antes que finalmente se consumieran en una llamarada.
Edward estaba detrás de mí mientras yo estaba sentada en la silla, viendo mi pasado literalmente arder en llamas. "Padre," habló, al mismo tiempo que Carlisle se volvía dándole una mirada sombría. "Creo que ya no eres bienvenido. Por favor, deja nuestro hogar."
Carlisle se le quedó mirando con incredulidad. "¿Estás eligiendo a esta gente por encima de mí? ¿De tu familia?"
"Esta 'gente' son mi familia, padre," lo corrigió Edward, sus manos sujetando mis hombros con firmeza mientras seguía de pie detrás de mí. "Y no me hagas elegir, porque la elegiré a ella. Siempre la elegiré a ella." Levanté la vista para ver a Edward y me encontré con los ojos más bondadosos y amorosos que había visto, antes de regresaran furiosos al otro lado de la habitación hacia su padre.
"Creo que Edward le pidió que se fuera," Jasper le dijo a Carlisle, el arma aun apuntando en su dirección.
"Solo hay una cosa que separa mi propiedad de la de mi hijo, y eso es una pared," escupió Carlisle, abotonando su chaqueta que se desabrochó durante el debacle. "Esto no ha terminado. Ni de lejos."
"Señor, sus amenazas son vacías e infundadas," mi primo respondió, con una sonrisa engreída. "No muerda más de lo que puede masticar. Se necesita alguien realmente hábil para derrotar al viejo Jasper Swan."
Carlisle le ladró a Esme y Alice que salieran con él de la casa. Esme se levantó de un salto, pero en vez de eso se acercó a donde yo estaba sentada nerviosa, levantándome de la silla. Me abrazó con fuerza, envolviéndome con sus brazos y frotando mi espalda de forma maternal. Por alguna razón, me pidió que la perdonara a ella también. ¿Por qué? No sé. Tal vez solo por estar casada con un bastardo. Asentí sin decir nada, mirando por encima de su hombro encontrando los ojos del mismísimo bastardo insensible. Trató de mantener su expresión neutral, pero podía ver que no estaba feliz por el afecto de Esme hacia mí. Después de un veloz beso en mi mejilla, Esme se dio la vuelta, pasando furiosa junto a Carlisle y saliendo por la puerta de la oficina sin mirar a nadie. Volví a caer en mi silla, pasando los dedos por mi largo cabello. Alice se quedó en el sofá y Carlisle, una vez más, demandó que se fuera con él.
Ella se levantó del sofá, abandonando a una Rose de apariencia triste, y caminó lentamente a donde estaba Jasper, con el arma todavía en sus manos. Colocó una mano en su hombro, pero él nunca volvió su cabeza, su mirada seguía fija en el rostro de Carlisle.
"Yo… creo que voy a quedarme un poco más," Alice le dijo a su padre en voz baja mientras veía a mi primo. La boca de Jasper cayó un poco y solo podía imaginarme lo que estaba pasando por su mente. Carlisle nos dio a todos una última mirada furiosa antes de abandonar la habitación, dejando su arma en el librero. Jasper bajó el arma en seguida, levantando su camiseta negra de Johnny Cash en su espalda y la colocó en la cintura de sus desgastados jeans rasgados. Los ojos de Alice se desviaron hacia la franja de piel expuesta cerca de su cintura y la vi mordiéndose reflexivamente la esquina de su labio inferior antes de dejar caer la mano de su hombro.
Jasper se dio la vuelta, sin mirar una sola vez a la pequeña Alice que estaba de pie a su lado. "¿Estamos bien?" Le preguntó a Edward, haciendo un gesto entre ellos dos, su rostro mostrando un poco de preocupación, algo nada característico de Jasper.
Edward le asintió con seriedad, y le dijo, "Completamente." Jasper se vio aliviado, echándole un vistazo a Alice, antes de pasar los dedos por sus hebras color rubio miel.
"Creo que voy a tomar un poco de aire," murmuró, retrocediendo un par de pasos antes de salir de la habitación, sacando sus cigarrillos al salir. Alice se quedó tan quieta como una estatua antes que Rose se levantara de un salto del sofá, empujándola hacia la puerta.
"Vamos, idiota. ¡Ve a hablar con él!" Siseó al mismo tiempo que Alice se tambaleaba hacia la puerta. Me dio una sonrisa de disculpa antes de desaparecer de la habitación, sus pequeños hombros encorvados en derrota.
"Creo que voy a desahogarme un poco abajo en el gimnasio," anunció Emmett. "¿Vas a estar bien, Bellarina?" Mi hermano preguntó, su rostro fruncido por la preocupación.
Asentí bruscamente, mordiendo mi labio inferior. Él me miró cuidadosamente y le di una sonrisa débil. Emmett le dio a Edward una mirada que decía 'será mejor que soluciones esta mierda' antes de dejar la habitación, quitándose su camiseta de tocino al marcharse, los músculos de su espalda ondulándose bajo su piel.
"¿Estás segura que estás bien, Bella?" Rose me preguntó, agachándose a donde estaba sentada, al nivel de mis ojos. Agarró mi mano y la apretó en la suya cuando le di la misma sonrisa débil que le di a mi hermano.
"No, no estoy bien… pero creo que lo estaré," respondí con honestidad.
A decir verdad, era un desastre emocional. Rose le dio a mi mano otro apretón y después de recordarme que podía hablar con ella en cualquier momento, sobre lo que fuera, dejó la habitación, probablemente a buscar a Alice o a mi muy enojado hermano.
"Bella, lamento tanto lo que te hizo pasar mi padre esta noche," susurró Edward, pasando los dedos por su cabello.
"Lo sé," respondí, con un suspiro. Mirando a sus ojos sombríos intenté sonreír, pero se sintió extraño… fuera de lugar. "No es tu culpa, Edward. No sabías sobre los archivos. No te culpo a ti." Mis ojos se desviaron hacia la chimenea. Las fotografías y los papeles eran ahora un simple montón de negras cenizas.
"Vamos, cariño," susurró Edward. "¿Por qué no te recuestas por un rato? Guardaré lo que sobró y lavaré los platos. Le diré a Sam que me ayude…" Su voz se apagó mientras trataba de convencerme de permitir que se encargara de todo.
La oferta de Edward era tentadora, así que acepté, deseando más que nada acurrucarme en mi cama caliente, tomar una siesta y tratar de olvidar que ese Acción de Gracias siquiera ocurrió. Edward me ayudó a levantarme de la silla y me guio a través de la oficina y hacia nuestra recámara, su brazo cubriendo mis hombros de forma reconfortante. Después de un último beso casto en mi frente, me dejó sola en nuestra habitación, cerrando la puerta suavemente detrás de él. Dejé escapar un profundo suspiro, quitándome mis increíbles y costosas botas vaqueras y mi vestido barato de Target. Después de ponerme una de las camisas de Edward con aroma celestial que saqué del cesto y un bóxer limpio, enrollado de la cintura, me acurruqué bajo las mantas de nuestra enorme cama, los eventos de la noche reproduciéndose en repetición en mi mente.
Carlisle había expuesto mi pasado frente a todos. Había un profundo odio que despertaba en mi alma por este hombre, pero rogué que de alguna forma pudiera perdonarlo en mi corazón por lo que había hecho. La parte razonable de mí me decía que solo le preocupaba el bienestar de Edward, pero la parte bastante irrazonable de mí me decía que realmente necesitaba patear el trasero de Carlisle Cullen la próxima vez que se acercara a mí. Me maldije por no hacerlo esta noche, pero sabía que solo habría empeorado las cosas.
De ninguna manera iba a poder dormir. Después de dar vueltas y vueltas por lo que parecieron horas, le eché un vistazo al reloj alarma dorado que estaba en el buró de Edward. Eran las once en punto de la noche y Edward todavía no había regresado a nuestra recámara. Quitándome las mantas, atravesé la habitación, abriendo la puerta sin hacer ruido y salí al pasillo. Caminando por la casa, escuché voces amortiguadas saliendo desde la sala.
No estaba tratando de escuchar a escondidas, de verdad que no, pero tras escuchar que mi nombre salió de la boca de Sam, me paré en seco, pegándome a la pared cerca de la sala.
"No deberías volver a poner a Bella en esa posición, estar cerca de tu padre," escuché a Sam diciéndole a Edward con voz severa, pero suave. Hubo un largo silencio antes de que la voz sedosa de Edward saliera de la habitación.
"¡Maldita sea! ¡Quería que nuestra primera cita fuera perfecta! Se lo debo," siseó. Escuché un fuerte golpe sordo como si hubiera golpeado algo, haciéndome saltar un poco.
"Lo sé, Edward, pero Bella estará feliz a dónde sea que la lleves. No te preocupes por eso. Solo tienes que pensar en algo más," dijo Sam con un tono tranquilo.
"Sí, pero sé que le encantaría el Orpheum. Te apostaría un millón de dólares a que nunca ha estado ahí. Tenía todo planeado a la perfección. ¡Maldito Carlisle!" Injurió antes de quedarse en silencio. ¿El Orpheum? Salí de mi escondite, entrando a la habitación al mismo tiempo que los dos hombres me miraban vacilantes.
"¿Qué está pasando?" Pregunté, colocando las manos en mis caderas y viendo a los dos hombres que se miraban el uno al otro con culpabilidad.
"Cariño, deberías estar en la cama descansando. Tuviste una noche horrible. Vámonos a la cama, nena," ronroneó Edward, ignorando mis palabras.
"¿Qué está pasando, Sam?" Le pregunté a Sam con determinación, desviando la mirada de los preocupados ojos de Edward.
"Edward compró boletos para que ustedes dos vayan a ver El Cascanueces en el Teatro Orpheum," explicó Sam mientras Edward le daba una mirada de odio. "Los compró hace unos días… pero sus padres también compraron boletos, así que podrás ver dónde reside el problema."
¿Edward planeaba llevarme al Orpheum? Una burbuja de emoción creció en mi pecho y una sonrisa se abrió paso en mi rostro, la primera sonrisa auténtica en muchas horas. "¡Oh, Dios mío! ¡Siempre he querido ir al Orpheum!" Imágenes del ornamentado teatro pasaron por mi mente… todas cortesía del internet, por supuesto. Nunca hubo una ocasión en mi vida en la que me permitiera gastar mi dinero ganado con trabajo duro en cosas frívolas como ver un musical, una obra o un concierto dentro del enorme y precioso teatro.
"Bella, mis padres estarán ahí," Edward me dijo, su voz arrepentida. "Ni en sueños permitiré que estés cerca de mi padre después de lo que te hizo esta noche."
"¡A la mierda, Carlisle!" Dije con brusquedad, mirando a los dos hombres con el ceño fruncido. "Si nos compraste boletos para el Orpheum, entonces, ¡juro por Dios que iremos al Orpheum!" Di un pisotón como una niñita haciendo un berrinche.
Edward y Sam intercambiaron una última mirada dudosa antes de que Sam se encogiera de hombros, revelando que volvería a la casa de huéspedes para descansar un poco. Edward asintió cuando Sam partía, saliendo por las puertas traseras. Edward cruzó la habitación, atrayéndome a sus cálidos brazos. Todavía estaba un poco cabreada de que siquiera hubiese pensando en cancelar nuestra primera cita. ¡Cómo se atrevía a permitir que su estúpido padre destruyera nuestra primera cita!
"Hablaremos de eso más tarde," susurró, cuando lo miré con el ceño fruncido. "En este momento, solo quiero abrazarte."
Presionando mi rostro en la curva de su cuello, me meció en sus brazos, susurrándome palabras dulces, su aliento cosquilleando en mi oreja. Nos quedamos así por un largo rato, antes de que me apartara, preguntando sobre Jasper y Emmett.
"Emmett finalmente se fue a la cama y Jasper… bueno, tendrás que verlo por ti misma," se rio entre dientes, sosteniendo mi pequeña mano en la suya enorme y llevándome al otro lado de la habitación, mis cejas se fruncieron en confusión.
Edward simplemente me dio una sonrisa torcida, llevándome a otra habitación, acercándome a la ventana y retirando un poco las pesadas cortinas. Asintió hacia la oscuridad y me moví hacia adelante, asomándome por la ventana.
La pálida luz de la luna bañaba el jardín que estaba directamente frente a nosotros. El agua de la cascada caía contra las rocas, y en mi mente podía escuchar el relajante sonido del agua corriendo. Mientras mis ojos se ajustaban a la oscuridad, vi a dos figuras sentadas en el columpio del jardín. Una era un hombre delgado, sus pies empujando el columpio hacia adelante y hacia atrás mientras miraba sus desgastadas botas, con sus codos apoyados en sus rodillas y sus dedos entrelazados. La otra figura era una mujer pequeña, más parecida a una adolescente. Ella tenía sus pequeñas piernas debajo de ella en el columpio sentada de lado y mirando al hombre. Su mano se extendió lentamente al pasar sus dedos cautelosamente por su cabello. Edward y yo vimos cuando él se volvió, el columpio ahora deteniéndose cuando la chica retiró sus dedos de sus cabellos, los dos se miraron inmóviles. De pronto, el hombre la alcanzó, capturando su pequeño rostro en sus manos. Su boca se movió mientras le hablaba a ella y Edward y yo vimos sin respirar como el hombre acercaba el rostro de ella al suyo, encontrándola en alguna parte en medio, sus labios recibiéndose el uno al otro despacio, con ternura.
Al principio. Despacio y con ternura, al principio.
Edward y yo jadeamos simultáneamente cuando Alice se dio cuenta que tenía suficiente del primer beso lento y sensual. Se arrojó sobre Jasper, poniéndose a horcajadas en su regazo mientras su boca lo devoraba. El columpio se sacudió torpemente debajo de ellos cuando Jasper le devolvió el beso, igual de hambriento, sus labios dejando finalmente su boca y bajando por su cuello al dirigirse hacia su pecho, la cabeza de ella cayendo hacia atrás por el éxtasis. Incluso a través de las paredes de la casa pude escuchar el gemido de Alice, mi rostro prácticamente pegado al vidrio. Me pregunté, brevemente y algo engreída si Carlisle podía escuchar sus gemidos desde a lado. Sin advertencia, Edward volvió a bajar las cortinas, impidiendo que espiara a Alice y Jasper y provocando que dejara escapar un chillido nervioso.
"Uh, no puedo ver a mi hermana hacer eso," se estremeció, haciendo un sonido de arcadas.
Solté un resoplido, agradecida de al fin reír un poco y me rodeó la felicidad después de una noche horrible. Jasper y Alice se merecían ser felices, y tenía la esperanza de que todo se resolvería entre ellos dos.
Además, y sé que es algo lamentable que me sienta de esa forma, pero me emocionó el hecho de que la hija del jefe del crimen Carlisle Cullen, en este momento estaba besuqueándose con mi primo que era agente del FBI. ¡Toma esa, Carlisle Cullen!
A regañadientes, dejé que Edward me apartara de la ventana y me llevara de vuelta a nuestra recámara. Él se desvistió quedándose en su bóxer y se metió bajo las mantas junto a mí, poniéndome entre sus brazos. Mis dedos encontraron su camino a su pecho y danzaron sobre la superficie de su piel, apenas rozando el poema escrito elegantemente en sus costillas, pero él atrapó mi muñeca con una mano, sus ojos serios bajo la suave luz de la lámpara que estaba cerca.
"Esta noche no, cariño," susurró, viendo que mis ojos se ampliaban. "Esta noche no. Esta noche solo quiero sostenerte en mis brazos."
Asentí y él me acercó a él, su cuerpo caliente y reconfortante contra el mío, mientras ambos caíamos en un profundo sueño, mi mente consumida por los sueños de pavos cubiertos de tocino, Berettas y primeros besos.
Era viernes y estaba feliz como un puerco jugando en el estiércol. Esta noche volvería al trabajo y realmente necesitaba la distracción del desastre que ocurrió la noche anterior. Cuando desperté dejé a mi sexy hombre en la cama, roncando suavemente, mientras me tambaleaba a la cocina para prepararle el desayuno temprano, solo por si acaso planeara ir a hoy a la oficina en la ciudad. Edward trabajaba desde su oficina en casa la mayor parte del tiempo, pero algunas veces, realmente iba a la oficina del centro. Cruzando la casa, me animé mentalmente a prepararle el mejor desayuno que hubiese comido.
Imaginen mi sorpresa cuando entré en la cocina, mis ojos todavía borrosos por el sueño, para encontrar a mi primo silbando Dixie mientras volteaba panqueques en una sartén. Llevaba puesta una camiseta blanca y unos jeans color azul deslavados, que caían en la parte baja de sus caderas. Había un plato lleno de tocino, un tazón de maíz caliente cubierto con queso y mantequilla derretida encima y un enorme tazón de suaves huevos revueltos color amarillo claro descansando sobre la isla de la cocina.
Y había un tímido duendecillo sentado en la barra mirándome con timidez, con rímel corrido bajo sus ojos y su corto cabello negro en un desorden alborotado.
"¡Tú, sucia zorra!" Grité, tapando mi boca asombrada.
Jasper saltó al escuchar el sonido de mi voz, la espátula deslizándose de sus dedos y cayendo ruidosamente al suelo. Me miró con el ceño fruncido al coger la espátula del piso de mármol, arrojándola descuidadamente al fregadero de la cocina antes de tomar otra de un cajón.
"¡Bella Swan, será mejor que cuides tu boca antes de que la lave con jabón!" Me amenazó, viéndose molesto por mi comentario inapropiado al mismo tiempo que se giraba otra vez hacia la sartén, con las puntas de sus orejas teñidas de rosa.
Jasper no era del tipo que fácilmente se ponía nervioso, así que por supuesto, encontré su actitud muy divertida.
"Guarda el jabón para ti," dije con una risita. "Vas a necesitarlo para quitarte el olor a Alice."
Volví a tapar mi boca cuando Alice me miró con la boca abierta, sus mejillas teñidas de rojo.
"Isabella Marie Swan," Jasper me regañó, dándole la espalda a la sartén y señalándome con la espátula. "¡No te lo diré otra vez… cuida tu boca!"
No pude evitar rodear la barra y subir a un banco junto a mi amiga. Ella rodó los ojos al ver mi sonrisa traviesa, murmurando, "Solo nos quedamos despiertos toda la noche y hablamos… ¡cielos!"
"Ajá," murmuré poco convencida mientras Jasper llenaba un plato con panqueques de mantequilla. Se podía oír a Emmett bajar pesadamente las escaleras y todos nos volvimos para saludarlo cuando entró a la habitación.
"Podía oler esa comida hasta el piso de arriba," canturreó, su cabello castaño oscuro desordenado por el sueño.
Emmett portaba una sonrisa en su rostro, con sus hoyuelos brillando en sus mejillas. Viendo a Alice sonrojándose en la barra, agarró un banco para él, sentándose a su lado.
"No tenías que arreglarte tanto por mí, querida," bromeó Emmett, dándome un guiño malvado. "Quiero decir, me gusta el look de 'No me he bañado desde ayer y llevo puesta la ropa de anoche'."
Alice le golpeó las costillas con su codo flacucho, haciendo que se doblara e hiciera una mueca de dolor.
Estaba a punto de correr de vuelta a nuestra recámara para despertar a Edward para desayunar cuando entró en la habitación, viéndose un poco sorprendido por la apariencia de su hermana. Se paró en seco, entrecerrando sus ojos primero en Alice y luego en mi primo al mismo tiempo que pasaba los dedos por su desordenado cabello.
Jasper le dio a Alice un plato de comida que sirvió para ella y en voz baja le pidió a Edward si podía hablar con él en privado, viéndose algo nervioso cuando sus ojos se movieron rápidamente de Edward hacia el suelo. Edward asintió, viéndose él mismo algo nervioso cuando los dos hombres salieron en silencio de la habitación en dirección a la oficina de Edward donde permanecieron por un largo tiempo.
"¿Edward trae su arma?" Emmett preguntó bromeando, metiendo una gran cantidad de grasoso tocino en su boca, una rebanada golpeando su barbilla. Alice se puso pálida, apuñalando sus huevos con su tenedor, básicamente solo empujando la comida alrededor de su plato sin comer un bocado.
"Todo va estar bien, Al," le aseguré a mi amiga, palmeando su espalda afectuosamente. Ella asintió pero se veía muy dudosa, sus pequeñas cejas fruncidas por el miedo y la preocupación.
Jasper y Edward regresaron a la habitación justo cuando Emmett y yo terminábamos nuestra comida. Estaban riendo sobre algo y Edward le dio un puñetazo en el hombro de una forma algo amigable. Le sonreí a Alice cuando Jasper se deslizó en mi banco abandonado mientras yo lavaba el plato de Emmett y el mío en el fregadero. Jasper se acercó y la besó delicadamente en la mejilla, provocando que ella parpadeara sorprendida mientras su hermano los veía con una ligera sonrisa en su rostro.
"Aquí tienes, cariño," murmuré, dándole a Edward un plato de comida e inclinándome sobre la barra, dándole un beso en la mejilla. Emmett estaba cerca frunciendo el ceño.
"Todos tienen a alguien menos yo," se quejó, su boca fruncida en una mueca. "Creo que voy a tener que darme por vencido con Rosie. Simplemente no le intereso." Se encogió de hombros y dejó la habitación mientras yo miraba con tristeza su figura alejándose.
"Pobre Em," murmuré, devanándome los sesos pensando en personas aceptables para presentarle. Él y Rose serían una pareja hecha en el cielo, pero ella siempre rechazaba sus insinuaciones una y otra vez.
"Dale tiempo a Rose," Alice habló, empujando su plato al mismo tiempo que le daba a Jasper una mirada de soslayo. "Se le hace difícil confiar en la gente. Tiene un muro alrededor de su corazón que tiene que derrumbarse ladrillo por ladrillo. Solo se tomará un poco de tiempo."
Edward y Jasper comenzaron a hablar de fútbol en la barra. Alice me ayudó a terminar de recoger los platos del desayuno y charlamos en voz baja sobre el club, sobre Edward, Jasper, Emmett y Rose. Conversamos sobre todo menos los eventos de la noche anterior, desarrollando con cuidado nuestra conversación para evitar el delicado tema. Finalmente ella se fue, con Jasper acompañándola a su vehículo mientras ella se despedía por última vez con la mano sobre su hombro, rodando sus ojos al ver mi sonrisa engreída.
"¿De qué hablaron tú y Jasper en la oficina?" Le pregunté a Edward, recargándome ansiosa en la barra.
"Pidió 'cortejar' a mi hermana," se rio entre dientes, sacudiendo su cabeza divertido, su cabello rebelde cayendo en sus ojos antes de que él lo quitara. "Me agrada Jasper. Él es diferente, pero lo que ves es lo que obtienes. Esa es una rara cualidad en una persona." Asentí pensativa al escuchar la correcta apreciación de Edward de mi primo.
Edward finalmente sí se fue a la oficina del centro, dejando un beso mojado en mi mejilla mientras miraba con el ceño fruncido a sus ojos centellantes. Pasé el resto del día limpiando y lavando ropa. Sam me atosigó durante todo el día. Una vez, después de recoger los platos del almuerzo, abrí la llave del fregadero de la cocina y de inmediato me empapé con agua que salía de la manguera del fregadero donde él había envuelto un guante de goma alrededor de la manija. Me quedé en shock, incapaz de moverme, mientras el agua helada salía disparada hacia el frente de mi blusa. Finalmente, agarré la manija de la llave, cerrándola y fulminando con la mirada a mi guardaespaldas que pronto estaría muerto, sentado en la barra riéndose histérico de mí, sus ojos castaños desbordándose de lágrimas. Lo perseguí por la casa por unos veinte minutos sin parar mientras corría de una habitación a otra conmigo pisándole los talones antes de que finalmente le saltara sobre la espalda en la sala, los dos cayendo redondos al suelo en un ataque de risa.
Sam llevó a Edward, Emmett, Jasper y a mí al trabajo esa noche, y estaba súper emocionada de ver a Tia y Carmen. Prácticamente entré corriendo al club con Edward persiguiéndome exasperado mientras fichaba y saludaba a mis amigas en la barra.
"¡Oh, demonios!" Murmuró Tia, sus ojos disparándose hacia la puerta. Eché un vistazo por encima de mi hombro y vi a Jasper entrar al club por primera vez, sus ojos admirando todo. "¿Cómo demonios se supone que me concentraré esta noche con ese magnífico hombre en este club?"
"Ohhhh… creo que acabo de ensuciar mis bragas," gimió Carmen, apoyándose en la barra, abusando de mi primo con los ojos… y probablemente con su mente.
"Eso es… asqueroso. Por favor, jamás vuelvas a decir 'ensucié mis bragas' delante de mí," murmuré, arrugando mi nariz con asco. Tia se rio y Carmen siguió babeando por Jasper, viendo a Edward acompañarlo al área VIP acordonada.
"Además," agregué, viendo a Alice entrar al club con un ajustado vestido rosa intenso, los costados negros como la noche. "Estoy muy segura que Alice y Jasper son pareja ahora."
"¿Tu primo está con esa yonki? ¿Qué demonios? ¿Qué le pasa a este mundo?" Tia frunció el ceño, limpiando la barra con un paño mientras asesinaba a Alice con los ojos. Alice, notando su mirada, levantó una ceja y se contoneó hacia donde Jasper estaba sentado, deslizándose en la cabina junto a él antes de dejar un beso en la comisura de su boca. Él la recompensó con una sonrisa torcida.
Ellas siguieron murmurando y quejándose a medida que el club abría. Nos pusimos a trabajar, Tia y Carmen sirviendo a sus clientes en la barra mientras yo servía bebidas a los clientes en el club. Toda la noche pude sentir los ojos de Edward sobre mí mientras estaba sentado en la cabina con Alice y Jasper. A medida que avanzaba la noche, mi mente se mantuvo ocupada recordando las órdenes de bebidas y los números de las mesas.
Justo cuando el club estaba por cerrarse, Jessica Stanley atravesó dando pisotones por el lugar, fulminándome con la mirada, su extremadamente procesado, cabello rubio decolorado deslumbrando desagradablemente bajo las luces estroboscópicas en el techo. Metió un gran sobre manila en mis manos mientras yo la miraba boquiabierta en confusión. Mi nombre estaba escrito perfectamente al frente del sobre y lo alcé, levantando una ceja en pregunta.
"Solo porque te estás follando al dueño, eso no me convierte en tu maldita mensajera o lo que sea," escupió, su voz sonando como una versión jodida de lo que ocurriría si un pueblerino y una chica del valle tuvieran juntos un bebé. Puso sus manos en sus caderas, y me frunció el ceño.
"¿Qué es esto?" Murmuré, agarrando las puntas que sujetaban la solapa del sobre y apretándolas juntas.
"¿Cómo se supone que lo sepa?" Respondió con un tono de voz sarcástico, rodando los ojos. "Un tipo solo lo dejó en el bar y me dijo que te lo entregara."
Mi corazón dejó de latir por un momento, antes de volver a funcionar a toda marcha. Mis dedos deteniéndose en las puntas, sabiendo, de alguna forma, que lo que sea que estaba en ese sobre era algo malo. Algo de verdad, realmente malo. Nerviosa, eché un vistazo por encima del hombro de Jessica y encontré los ojos de Edward que me observaba con curiosidad desde la cabina. Ya no le ocultaría más cosas… esa era la antigua Bella. La Bella que pensó que podría hacer cosas sin la ayuda de otros. Me abrí paso empujando a la zorra de Jessica, haciendo que se tambaleara en sus vulgares zapatos de tacón de aguja y caminé pesadamente hacia la cabina, arrojando el sobre en silencio sobre la mesa.
Edward, Jasper y Alice se le quedaron mirando con curiosidad antes de que Edward lo cogiera despacio, preguntando qué era. Me encogí de hombros, cruzando mis brazos sobre mi pecho, golpeteando el piso nerviosa con mi pie mientras explicaba las cosas que Jessica me dijo. Edward y Jasper se lanzaron una última mirada antes de que Edward levantara la solapa del sobre, vaciando el contenido sobre la mesa mientras yo los observaba en silencio.
Fotos. Fotografías borrosas a larga distancia. Mi vida en fotografías. Edward sobre una rodilla frente a mí, con el anillo en su mano, mientras estaba sentada en la banca del parque, viéndome aterrorizada y simultáneamente emocionada. Rose, Alice y yo en Target, comprando vestidos en descuento. Jasper tranquilamente parado afuera del bar al otro lado de la calle, fumando un cigarrillo. Tia y Carmen riendo mientras caminaban ebrias por la calle Beale, con sus brazos entrelazados. Emmett conduciendo su nueva camioneta blanca, con una sonrisa feliz en su rostro, su brazo colgando por la ventana y la brisa ondeando sus adorables rizos. Jasper y Alice sentados en el columpio del jardín, admirándose el uno al otro. E incluso Angela, cargando a Eric en su cadera caminando por una acera transitada, el rostro de Eric iluminado con una sonrisa mientras Angie miraba a su hijo con cariño.
Había un pedazo de papel amarillo doblado entre las fotos que le arrebaté a Edward de las manos cuando lo agarró. Se puso de pie mientras yo desdoblaba la nota, mis ojos recorriéndola velozmente, leyéndola, prácticamente inhalando las palabras cuidadosamente impresas, con mi corazón martillando en mi pecho como si fuera a explotar.
Mi Querida Isabella,
El Gran Papi Cullen no es el único con fotografías, ¿o sí? ¿Quién de estas personas debería morir primero, Isabella? Encuéntrame. Estoy perdiendo la paciencia.
Con mis más sinceros saludos,
James
"¿Qué dice?" Alice susurró, cogiendo la foto de ella y Jasper sentados en el columpio del jardín, la fotografía temblando en sus pequeñas manos.
Le entregué la nota a Edward, dejándome caer en la cabina junto a él, ignorando por completo a los clientes que me quedaban mientras las palabras de James daban vueltas en mi mente.
"Por algunas de estas fotografías… y cómo sabía sobre Carlisle… esto solo puede significar una cosa," dijo Edward, levantando la vista y mirando a los ojos cómplices de Jasper.
"¿Qué?" Murmuré, viendo a los dos hombres mientras parecían estar comunicándose en silencio.
Jasper respiró hondo, tomando la fotografía de los dedos de Alice y mirándola pensativo, antes de arrojarla por la mesa hacia mí. La miré, notando que era mucho más clara que las otras fotos, como si alguien la hubiese tomado a una distancia más cerca.
"Significa, mi querida prima," Jasper dijo arrastrando las palabras y pasando los dedos por su cabello al mismo tiempo que se recargaba reflexivamente en la cabina. "Que alguien que conocemos, alguien en quién confiamos, está trabajando para James, desde dentro."
Mis ojos se movieron rápidamente por el club, encontrando los ojos de Sam al otro lado de la habitación donde nos observaba con curiosidad. Liam estaba de pie cerca de la puerta como siempre, sus ojos moviéndose rápidamente por el lugar frente a los felices clientes bailando. Mis ojos se posaron en Tia y Carmen mientras reían entre ellas, mezclando bebidas. "¿Pero quién?" Me lamenté, miserablemente
"Eso, mi querida prima, es la pregunta del millón," respondió, soplando un último anillo de humo al aire. Vimos como flotaba hacia el techo, el anillo de humo destellando de color rojo a azul a amarillo debajo de las luces estroboscópicas antes de que poco a poco se desvaneciera en nada, nuestras mentes consumidas pensando en el infiltrado.
¡Jasper es el hombre! Estoy segura que más de una quisiera besarlo por haber humillado al hdp de Carlisle. No podía matarlo, aunque ganas no le faltaban, pero ama a Alice y sin duda no quería dejarla huérfana de padre o a Edward. Pero sí que le dio su merecido humillándolo de la forma en que lo hizo. Aunque eso no borraría esos horribles sucesos de la mente de nadie, menos de Bella. Y como recompensa, es oficial, Alice y Jasper son pareja, muy a pesar de Tia jejeje. Pero como con esta gente si no es una cosa es otra, ahora tienen que enfrentarse a la amenaza de un infiltrado, ¿quién será? Teorías, teorías… me encantaría saber quienes piensan ustedes que es el infiltrado. Así que estaré esperando ansiosa sus reviews para saberlo. Recuerden que con ellos ustedes marcan el ritmo de actualización de la historia. Estoy tratando de actualizar más seguido pero también espero que ustedes correspondan un poco, y la verdad es que no les cuesta nada, solo unos minutos de su tiempo y los deseos de ser agradecidos :)
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: twilightter, freedom2604, Jimena G, BereB, Vrigny, alejandra1987, Aurora, vaneleyes, Manligrez, Karina, rjnavajas, bbluelilas, lagie, dushakis, cary, Melina, patymdn, seelie lune, chonis22, Adriu, Tecupi, miop, lizeth02, Gabriela Cullen, Flor Santana, tulgarita, andreasotoseneca, Ali-Lu Kuran Hale, Paty Limon, Yendry Villachica, esme575, torrespera172, JessMel, piligm, gabriela cuellar, calia19, paupau1, Yoliki, Mafer, Mayrluna, Tata XOXO, Lady Grigori, Kriss21, saraipineda44, Liz Vidal, maries24, julietmariel, glow0718, Brenda Cullenn, Katie D.B, Lizdayanna, Sully YM, Melany, angryc, Pam Malfoy Black, rosy canul, Iza, Say's, injoa, cavendano13, EriCastelo y algunos anónimos. Saludos y no lo olviden, ustedes marcan el ritmo.
