Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.

Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)


Capítulo Diecisiete: Explosión en la recámara

Las cosas después de eso se volvieron un poco… agitadas.

"¡Todo el mundo, salga de aquí de una puta vez!" Edward gritó al levantarse de la cabina, su voz enojada de alguna forma se escuchó a través del estruendo de la música erótica saliendo de los altavoces en el club. "¡No tienen que irse a casa, pero no pueden quedarse aquí!"

Los pocos clientes asustados que quedaban, vestidos en negro y con colores llamativos, comenzaron a escabullirse por las puertas del frente mientras Liam estaba cerca, mirando confuso a su jefe. Edward hizo un gesto para que me levantara y lo hice, al mismo tiempo que tomaba mi mano, diciéndole a Jasper que fuera por Emmett y lo vieran en su oficina. Jasper asintió bruscamente. Él y Alice salieron de la cabina y desaparecieron a través de las puertas para encontrar a Emmett.

Me quedé callada junto a Edward mientras él le informaba a Liam lo que había ocurrido. Liam no dijo nada, asintiendo ocasionalmente, mientras Edward le ordenaba acompañar a Tia y a Carmen al vehículo de Carmen y seguirlas a casa, asegurándose que llegaran a salvo. Liam estuvo de acuerdo y lo observé atravesar el club hacia la barra y hablar en voz baja con mis amigas. Sus ojos preocupados se dispararon a los míos y agaché mi cabeza, avergonzada por el desastre que había causado. No se lo diría a Edward, por supuesto, porque solo lo enfurecería, pero de verdad creía que era mi culpa el que mis amigos y mi familia estuvieran en peligro. De no ser por mí, estas personas podrían llevar vidas normales. Me odiaba por el desastre que provoqué.

Edward entonces se acercó a Jessica, que ahora estaba en la barra cubriendo sus labios de puta con un lápiz labial de un vulgar color rosa intenso. Cuando notó que Edward se acercaba, cerró su polvera, poniendo la tapa al tubo de lápiz labial y dándole una brillante sonrisa, descubriendo sus enormes dientes delanteros que casualmente estaban manchados de labial. Edward hizo una mueca cuando bajó de un salto del banco, sonriéndole como una comadreja, sacando sus enormes tetas falsas hacia su rostro al mismo tiempo que lanzaba su largo cabello decolorado sobre un hombro.

"Hola, Edward," canturreó, abanicando sus largas y grumosas pestañas negras. La fulminé con la mirada, molesta por sus palabras de antes y su comportamiento hacia mi prometido.

"Señorita Stanley, necesito hablar con usted sobre el sobre que le dio antes a Bella," explicó Edward, dando un paso hacia atrás cuando Jessica se acercó a él.

La brillante sonrisa cayó de su rostro por un momento mientras me daba una mirada de odio. Entonces sus ojos regresaron velozmente a Edward que la fulminó irritado con la mirada al mismo tiempo que cerraba sus manos en puños a sus costados.

"Oh, puedes llamarme Jessica, Edward," ronroneó, subiendo sus dedos por el brazo de él.

Di un paso al frente para tal vez darle un puñetazo en su gran boca inflada, pero Edward me detuvo, arrojando un brazo frente a mí cuando vio mi movimiento por el rabillo de su ojo.

"Preferiría mantener las cosas formales, señorita Stanley," le dijo con frialdad, retirando su mano con firmeza de su brazo. "Y es 'señor Cullen' para usted. Por favor, no olvide su lugar, querida."

Jessica lo miró con el ceño fruncido, plantando sus manos en sus caderas, sus largas uñas acrílicas recordándome las de Tanya.

"Bien," siseó, fulminándome con la mirada una vez más. "¿Qué necesita saber?" Comenzó a tronar su chicle con molestia, sonriendo con suficiencia cuando la miré furiosa.

Estaba disfrutando demasiado de mi odio.

"La persona que le dio el sobre… descríbamelo," le dijo, sus ojos taladrando en los suyos.

Ella puso los ojos en blanco y echó un vistazo sobre uno de sus hombros hacia el bar donde Tia y Carmen estaban ocupadas terminando su trabajo. El rostro de Jessica era una máscara de aburrimiento cuando volvió a ver a Edward.

"Ummmm… como… era un tipo, o lo que sea. Yyyyyy… umm… o sea, no sé," murmuró y se encogió de hombros, tronando su chicle entre palabras.

Podía ver que Edward estaba a punto de explotar. Su rostro comenzó a tornarse rojo y sus ojos pasaron de verde pino a prácticamente negros mientras la fulminaba con la mirada. Respiró hondo, intentando calmarse, y dijo, "¿Puede decirme algo sobre ese hombre? ¿Era alto? ¿Bajo? ¿Delgado? ¿Gordo? ¿Tenía cicatrices? ¿Tatuajes? ¿Era blanco? ¿Negro? ¿Portugués? Me importa una mierda lo que me diga, solo dígame algo, cualquier cosa de ese hombre."

"Ummm… bueno, no era alto, pero no era bajo… y no era gordo, pero en realidad no era delgado…" Le dijo con aire pensativo, mirando a la nada como si su mente vagara. No estaba segura si estaba pretendiendo ser tonta, o si en realidad era así de lenta.

"De acuerdo," gruñó Edward, pasando una mano por su cabello. Coloqué mi mano en su hombro, tratando de calmarlo. Tomó otra respiración profunda mientras Jessica me miraba furiosa. "¿Le dijo algo?" Le preguntó a la rubia tonta.

Jessica mordió su labio inferior, revelando una vez más su diente cubierto con lápiz labial mientras seguía viéndose pensativa. "Ummmm… bueno, él, tal vez me dijo que le diera el sobre a Bella Swan. Le dije que no era su mensajera. Me ofreció cincuenta dólares o lo que sea, y yo tal vez le dije 'de acuerdo' porque, ya sabes, realmente me gusta el dinero o lo que sea."

Edward metió la mano a su bolsillo después que ella habló, y la breve idea de que alcanzara su arma para volar su decolorada cabeza pasó por mi mente. Imaginen mi decepción cuando sacó su cartera y un billete de cien dólares, agitándolo frente a ella como agitarías un palo frente a un perro. Sus ojos se hicieron más grandes y sonrió emocionada al ver la plata que él le ofrecía.

"Dame los cincuenta dólares y puedes quedarte con este," ofreció mientras ella lo veía, sus cejas tan delgadas como la línea de un lápiz, arrugadas en confusión.

"Eso no tiene sentido o lo que sea, pero claro, aquí tiene," se encogió de hombros, metiendo la mano al frente de su ajustado vestido negro y sacando un billete de cincuenta de su sujetador. Se lo dio a Edward y él agarró la punta de billete como si estuviera contaminado… lo que posiblemente estaba… antes de colocarlo con cuidado dentro de su cartera y agradecerle. Ella sonrió como una tonta, dando un paso al frente, pero Edward se dio la vuelta y prácticamente me arrastró hacia el pasillo que conducía a su oficina.

"¿Qué fue eso?" Pregunté, teniendo problemas para mantener su paso cuando nos alejó apresuradamente.

"Huellas digitales," explicó. "El billete va a tener huellas digitales. Haré que lo analicen… sabremos en un par de días quién trajo el sobre. Mi colaborador apresurará el proceso para mí."

Mis cejas se dispararon hacia arriba por la sorpresa, aunque no debería impresionarme que Edward tuviera ese tipo de conexiones en el mundo.

Edward quitó el seguro de la puerta de su oficina justo cuando Emmett, Jasper y Alice llegaron al pasillo. Edward abrió la puerta y todos entramos. Un lado de la oficina ahora tenía un escritorio con monitores de las cámaras de seguridad. Pantallas diferentes tenían vistas variadas del interior del club, el callejón donde James atacó al Jesús ebrio, e incluso de la puerta delantera del club. Edward sacó una silla frente a los monitores y comenzó a mover algunos botones, regresando el video de la cámara apuntando hacia el bar mientras Emmett y Jasper estaba detrás de él, viendo los monitores con atención.

Alice se sentó sobre el escritorio de Edward y yo me senté en la silla de cuero con ruedas, metiendo el pulgar a mi boca y mordisqueando mi uña. La mordisqueé hasta que sangró mientras Edward, Emmett y Jasper se inclinaban todos al mismo tiempo, el monitor oculto de nuestra vista mientras ellos observaban la pantalla. El único sonido en la habitación provenía de Alice, que tamborileaba sus dedos nerviosa sobre el escritorio en el que estaba sentada.

"Allí está, hablando con la señorita Stanley en la barra," Edward susurró al mismo tiempo que los muchachos se inclinaban hacia adelante.

"Muy bien, entonces tenemos el momento en que entró y se sentó," le dijo Emmett, su rostro un poco emocionado. "Ahora, ve al monitor de la que está frente al club y ve si puedes encontrarlo. La que está afuera no es infrarroja, así que podremos ver claramente su rostro. El frente del club está iluminado como en noche navideña, de modo que deberíamos tener un buen vistazo de él."

Edward asintió y se volvió hacia el otro monitor mientras yo miraba la parte de atrás de su cabeza cuando oscureció mi vista, una vez más.

"¿Quién es él?" Jasper le preguntó a Edward minutos después, sus ojos fijos en la pantalla.

"No tengo idea," murmuró Edward, amargamente. "Pero lo averiguaremos."

Emmett le pidió a Edward que hiciera un acercamiento en el rostro del hombre. Edward manipuló el costoso equipo y observé con ojos como platos cómo incluso una pequeña impresora arrojó una copia del acercamiento del rostro del hombre. Edward la arrancó de la impresora, girándose en su silla y sosteniéndola para que Alice y yo la viéramos. Intercambiamos miradas nerviosas y las dos nos inclinamos hacia el frente, viendo la impresión con curiosidad.

La imagen era perfecta, en realidad. El tipo levantó la vista a la cámara justo cuando entraba al club, la imagen capturando su momentáneo nerviosismo cuando vio la cámara apuntando en su dirección. El joven estaba a principios de sus treinta y era bastante guapo, lo que me llevó a creer que Jessica, de hecho, había sido deshonesta con su recuerdo sobre él. Jessica nunca olvida un rostro guapo, y este tipo sin duda era guapo. Era alto, como de un metro ochenta y nueve, con cabello castaño claro y ojos castaños a juego. Su cuerpo era delgado, pero atlético, y traía puesta una camisa de botones azul marino y jeans oscuros deslavados. Tenía un rostro de forma larga y sus ojos tenían largas y gruesas pestañas, rematando con cejas severas. Miró a la cámara como si me mirara directamente a mí, y no tenía una idea sobre su identidad.

"¿Alguna de ustedes conoce a este hombre?" Edward preguntó, con un destello de esperanza en sus hermosos ojos verdes. Alice y yo intercambiamos otra mirada antes de que las dos sacudiéramos la cabeza con arrepentimiento. Él dio un suspiro pesaroso, dando la vuelta a la foto en sus manos para mirarla fijamente, su rostro cubierto de decepción.

"Así que, ¿qué hacemos ahora?" Emmett le preguntó a Edward, tronando sus nudillos al cernirse sobre él, mirando la fotografía.

"Ahora, vamos a dejar que las chicas descansen un poco," respondió Edward, dándome una mirada que decía 'no discutas conmigo'. "Y voy a sentarme a averiguar quiénes son todos los que tienen acceso a la propiedad. No es una lista larga, principalmente la gente de seguridad. Quien sea que haya tomado la foto de Jasper y Alice estaba en mi propiedad y se le permitió entrar por alguien que trabaja para mí o marcaron el código de la reja principal ellos mismos. No estoy seguro si este es el hombre que tomó las fotos o si simplemente fue usado para entregar el paquete. Eso es lo que tenemos que averiguar. Mañana le daré a mi colaborador el billete de cincuenta dólares que el hombre le dio a la señorita Stanley y le diré que lo analice en busca de huellas digitales."

"Entonces, ¿supongo que me reuniré con Embry y le permitiré que me acompañe al coche?" Preguntó Alice, deslizándose del escritorio y aterrizando sobre sus tacones. Jasper levantó una ceja, preguntando quién era exactamente Embry.

"Trabaja para Edward. Me acompaña a mi coche cuando trabajo," le respondió, encogiéndose de hombros.

"Ya no más, querida. Ese es mi trabajo ahora. Y no vas a alejarte de mi vista hasta que arreglemos este desastre," Jasper respondió, levantando ligeramente su barbilla y mirándola descaradamente, sus ojos desafiándola a discutir. "¿No estás de acuerdo, Edward?" Le preguntó a su nuevo amigo como algo adicional.

"De hecho, sí," le dijo a mi primo, escuchándose sorprendido por su propia admisión. Obviamente, había llegado a confiar en Jasper lo suficiente para permitir que protegiera a su única hermana y sentí que mi corazón se llenaba de felicidad al pensarlo. "Pero no me siento seguro volviendo a casa en este momento… vamos a quedarnos en alguna otra parte esta noche mientras resuelvo todo. Voy a hacer algunas llamadas por la mañana y hacer que instalen algunas cámaras de seguridad por la propiedad. Primero, tengo que hacer que cambien los códigos de la entrada principal. Déjenme hablar con Liam y hacer algunos arreglos para quedarnos en alguna parte esta noche." Todos le asentimos y me sentí aliviada, por decir lo menos, de no ir a casa esta noche. La idea de algún hombre extraño merodeando en la propiedad con una cámara de verdad me ponía los pelos de punta. Edward nos dejó en la oficina, sacando el móvil de su bolsillo al mismo tiempo que cerraba la puerta suavemente detrás de él.

"¿Cuál es el nombre del tipo que te acompaña al coche, cariñito?" Jasper le preguntó a Alice con una suave sonrisa sacando su móvil del bolsillo trasero de sus desgastados jeans.

"Embry. Embry Call. ¿Por qué?" Preguntó ella, su rostro arrugado en confusión. Jasper empezó a escribir en su teléfono, el revelador sonido de un mensaje siendo enviado se escuchó suavemente en el aire.

"Por nada," respondió, volviendo a meter su móvil en su bolsillo trasero y poniendo a Alice en sus brazos.

Jasper descansó su barbilla en la cima de la cabeza de ella mientras ella suspiraba suavemente, descansando su rostro en la curva del cuello de él. Parecían encajar juntos a la perfección, cuando sus brazos rodearon suavemente su cintura y los brazos de ella cubrieron los hombros de él. Los dos se veían un poco extraños juntos. Jasper era la personificación de un buen muchacho y Alice estaba cubierta de tatuajes de colores vibrantes, pero de alguna forma funcionaba.

Emmett, todavía un poco amargado por su soledad, miró a la pareja con el ceño fruncido, cruzando los brazos sobre su pecho y frunciendo los labios al mismo tiempo que veía los monitores de computadora. Edward regresó un minuto después con su guardaespaldas más confiable a su lado. Liam se veía extremadamente cabreado, perdiendo su fachada normalmente calmada.

"Muy bien, chicos. Conseguí unas habitaciones en Peabody. Vámonos," anunció Edward, dándome mi abrigo que debía haber tomado del lounge de los empleados. Salimos del club, flanqueados por Liam, y no vi a Sam por ningún lado. Quería preguntar por la ausencia de Sam, pero consideré que probablemente no era buena idea ya que no se veía muy feliz por el momento.

Ni siquiera tuvimos que viajar al Hotel Peabody, ya que solo estaba a unas cuadras. Llegamos al edificio alto de ladrillo rojo descolorido momentos más tarde, las gigantescas palabras 'The Peabody' luminosas en resplandecientes luces rojas encima del edificio. Un portero, vestido en negro, nos abrió las puertas de cristal, inclinando su sombrero cuando pasamos. Entramos al lujoso vestíbulo, los pisos cubiertos con costosas alfombras y jarrones, y nos acercamos a un brillante escritorio, justo al pasar una gran fuente. Un descomunal candelabro colgaba del techo, luciendo tan grande como un camión. Escuché que dijeron el nombre de Edward y giré mi cabeza para ver a un par de miembros femeninos del personal del hotel susurrándose entre ellas, mirando a mi prometido como si fuera un pedazo de carne. Las dos se alejaron dando pisotones después de una mirada severa de mi parte, viendo mi mano sujetando con firmeza la de él.

Una mujer mayor estaba en recepción, probablemente de unos cincuenta y tantos años, llevaba puesta una chaqueta negra y una falda tableada a juego. Tenía cabello rojo abultado y un par de gruesas gafas de carey en su rostro arrugado, desluciendo sus ojos color azul claro. Edward habló con la mujer que le pestañeó de forma coqueta. Él se estaba molestando, podía verlo por la forma en que miró furioso a la viejecita. Ella se encogió al ver su mirada tecleando en su computadora con sus largas uñas pulidas, viéndose seriamente ofendida por su hostilidad.

"Muy bien, señor Cullen. Tengo una habitación con dos camas dobles y una con una king size, ¿eso sería todo lo que necesite esta noche?" Preguntó, mirando a Edward por encima de sus gafas.

"Perfecto," siseó Edward, deslizando su reluciente tarjeta de crédito negra.

Ella pasó la tarjeta por la máquina y esta emitió un pedazo de papel. Él lo firmó, guardando el recibo y arrebatándole las tarjetas llave que ella le dio. Ella nos miró boquiabierta cuando Edward prácticamente me cargó hacia el ascensor dorado, con Alice, Jasper y Liam corriendo para alcanzarnos.

"¿Dónde está el fuego, hombre?" Emmett se reía de Edward, guiñándole un ojo a una rubia curvilínea y su amiga pelirroja que balancearon sus caderas para él al salir del ascensor. Alice sacudió su cabeza decepcionada cuando las puertas se cerraron detrás de nosotros, Liam se colocó protectoramente frente a nuestro grupo cuando la rubia y la pelirroja le soplaron un beso de despedida a Emmett. Él se rio bajito diciendo, "Este chico todavía tiene lo suyo."

"Solo estoy listo para sentarme y resolver todo esto," explicó Edward, tirando de su cabello antes de que yo retirara sus dedos físicamente de su desordenada mata de cabello. Me dio una sonrisa de disculpa, atrayéndome a su costado al mismo tiempo que besaba mi frente con ternura. Sentí que su mano bajaba lentamente de mi espalda baja hacia mi trasero para darle un apretón, un chillido de sorpresa dejó mi boca al mismo tiempo que él me daba una sonrisa traviesa.

"¿Pueden todos ustedes controlar sus manos por un minuto? Cielos, hombre," murmuró Emmett cuando el ascensor se sacudió al ascender.

Agarré el reluciente barandal dorado detrás de mí, ignorando el comentario de Emmett, tomando respiraciones profundas mientras Edward me susurraba palabras reconfortantes al oído. Finalmente llegamos a nuestro destino y las puertas se abrieron al mismo tiempo que daba un suspiro de alivio. Salimos del ascensor detrás de Liam, entrando al pasillo mientras Edward decía en voz alta los números de nuestras habitaciones.

Los chicos pasaron el resto de la noche encorvados sobre una mesa hablando bajito entre ellos. Alice y yo nos recostamos incómodas con nuestros vestidos bajo las mantas de nuestras camas, tratando de ignorar las voces bajas de los chicos y nuestros pensamientos intranquilos. Finalmente, las dos nos quedamos dormidas y solo desperté cuando sentí las cálidas manos de Edward a mi alrededor, levantándome de la cama.

"¿A dónde vamos?" Le pregunté adormilada mientras me llevaba a nuestra habitación adyacente.

Mirando por encima de su hombro, vi cuando Emmett se metió en mi cama ahora abandonada y Jasper se sentaba en la orilla de la cama en la que Alice dormía, quitándose las botas en silencio mientras Alice dormía tranquilamente. Liam estaba sentado en un elegante sillón color crema cerca de la ventana, mirando a la calle debajo, con una expresión de preocupación danzando en sus rasgos.

"Vamos a nuestra habitación para poder descansar un poco," explicó, besándome suavemente en la boca al cargarme como una novia dentro de la habitación y acostarme en la cama.

Agradecida de escapar de los ojos curiosos de mis amigos y familia, me quité el vestido del club y levanté la vista, notando un destello de deseo en los ojos verdes de Edward.

"¿Qué demonios traes puesto?" Siseó, quitándose lentamente la camisa y dejando al descubierto su musculoso pecho y abdomen.

Mis ojos vagaron por su piel, sobre su tatuaje y bajaron hacia esa marcada V que conducía a la tierra prometida al mismo tiempo que lamía mis labios.

"¿Qué? ¿Esto?" Pregunté inocentemente, haciendo un gesto hacia el conjunto de sujetador y bragas de encaje negro transparente.

Alice me lo compró a escondidas y pensé que nunca me lo pondría. No era precisamente cómodo, pero la expresión en el rostro de Edward valía la pena todo el dolor que había tenido que soportar por la tanga de encaje.

"Nunca antes te había visto usar algo como eso…" sus palabras se apagaron, su erección presionando firmemente sus jeans.

Edward me sonrió con suficiencia cuando vio mis ojos mirando su entrepierna llenos de lujuria. Bajó su mano a su erección y empezó a tocarla sobre sus jeans, provocando que metiera el labio inferior en mi boca por el asombro. Edward se detuvo el tiempo suficiente para dejar caer sus jeans y su bóxer antes de volverse a acariciar, caminado hacia mí donde estaba sentada en la cama.

"¿Le gusta lo que ve, señorita Swan?" Preguntó, su voz ronca. Asentí mientras acariciaba su longitud, sus rodillas ahora tocaban la cama. Me miró de forma sombría cuando lamí mis labios y gateé por la cama hacia él.

"No, no, señorita Swan," dijo, su voz ligeramente amenazadora. Me encantaba este juego… la forma en que me hablaba cuando estábamos solos, las cosas que me hacía. Y él lo sabía. "No olvides quién tiene el control aquí, nena," me advirtió.

"Sí, señor," respondí, sentándome sobre mis rodillas encima de la cama, observándolo con inocencia.

"Buena chica," me dijo, pasando sus dedos por mi cabello mientras seguía acariciándose con una mano. Mis ojos trataron de sostener la mirada en los suyos, pero era difícil de hacer cuando estaba cerca, dándose placer.

"¿Quieres chupar mi polla, Bella?" Me preguntó, sujetando mi barbilla con fuerza en su mano.

Asentí, lamiendo mis labios en respuesta mientras él se reía de forma sombría. Guio mi cabeza hacia abajo y abrí la boca de inmediato, tomando tanto de él como pude al lamer y chupar, disfrutando la forma en que siseó cuando toqué sus bolas con mis manos. Guio mi cabeza hacia arriba y abajo justo de la forma en que le gustaba y, mientras que la mayoría de las mujeres encontrarían esto degradante, me fascinaba completamente.

Cuando tuvo suficiente de eso me arrojó de lado en la cama, retorciendo mi cuerpo al dejar mi espalda firmemente plantada en el colchón, pero mis piernas torcidas hacia un lado. Arrancando la ropa interior de mi cuerpo, metió sus dedos hasta el fondo de mi húmeda entrada y gemí cuando encontró ese lugar especial, esa nueva posición en la que me puso parecía intensificar el placer.

"¿Te gusta eso?" Preguntó y asentí sin decir palabra mientras él exploraba aún más profundo, haciéndome gemir y jadear.

Sin advertencia sacó sus dedos y hundió su longitud dentro de mí, y un grito de placer se escapó de mis labios. Me ordenó que subiera mis rodillas a mi costado tanto como pudiera. Lo hice al mismo tiempo que él estrellaba sus caderas contra mi cuerpo. Jadeé ante la nueva sensación, porque cada vez me daba justo donde lo necesitaba. Él gimió y maldijo, una sarta de cosas muy sucias saliendo de sus labios mientras me penetraba, tomando un pecho en su mano pellizcando y rodando el pezón entre sus dedos. Grité una última vez y perdí el control, ciñéndome a su alrededor al mismo tiempo que él también se dejaba llevar, llenándome con su humedad.

Después de tomar una corta ducha, los dos nos metimos en la cama, desnudos y saciados, sus brazos envolviéndome mientras nos quedábamos dormidos.

~bb~

Al día siguiente Edward perdió por completo los estribos.

Siempre había querido ver la marcha de los patos en el Peabody, una tradición que se remonta a los años treinta cuando el gerente general, ebrio con whiskey de Tennessee y en casa después de un viaje para cazar patos, pensó que era una buena idea colocar patos vivos en la fuente del hotel, iniciando sin querer una antigua tradición. En la actualidad, un hombre vestido elegantemente con una chaqueta roja escolta a un grupo de patos vivos por el Peabody cuando ellos entran en una línea y saltan a la fuente del hotel, donde nadan entre ellos. Los patos eran famosos en Memphis, y siempre había sido algo que deseaba ver. Desafortunadamente, nos quedamos dormidos y me perdí la marcha que tuvo lugar a las once de la mañana. Al dejar el Peabody, Edward se enojó conmigo cuando me quejé como una niña por perderme la marcha de los patos.

"Si quieres ver a los putos patos te traeré a ver los putos patos. Por qué demonios quieres ver un montón de patos caminar por el hotel y saltar a una fuente, no lo entiendo," me dijo con brusquedad, irritado por mis quejas infantiles. "Ahora, cierra la boca antes de que te incline sobre este coche y te castigue frente a tu familia," susurró en mi oído, pellizcando mi trasero cuando subí al asiento trasero del coche. Quería estar enojada con sus palabras, pero por supuesto, todo lo que hicieron fue excitarme.

Todavía podía pretender que estaba enojada. Fulminé a Edward con la mirada todo el camino a casa mientras él movía ansioso un pedazo de papel en sus manos, su lista de posibles sospechosos escrita en la página de color crema de la papelería del hotel. Frunció el ceño todo el camino a casa, sus gruesas cejas arrugadas por la ira, incluso explotando por algo que Liam me dijo, lo que me sorprendió. Nunca lo había escuchado hablarle así a Liam.

Al parecer las nuevas cámaras de seguridad fueron instaladas en la propiedad mientras nos quedamos en el hotel y también se había cambiado el código de la entrada principal. Edward estaba inquieto por llegar a casa y trabajar con Jasper y Emmett en averiguar quién de su personal lo había traicionado.

Llegamos a casa y salimos del vehículo. En seguida subí a cambiarme de ropa, cansada del ajustado vestido del club que Alice insistía que usáramos. Después de eso preparé un almuerzo tardío que solo Alice, Sam y yo consumimos porque todos los chicos estaban escondidos en la oficina de Edward revisando su lista. Alice guardó lo que sobró y lavó los platos, diciendo que iba a relajarse frente a la televisión por un rato. Vi desde mi banco cuando entró a la sala. Mis hombros dolían por todo el estrés de la noche anterior, y me encontré estirando mi mano de forma incómoda hacia un nudo que se había formado en mi espalda que simplemente no podía alcanzar.

"¿Qué pasa?" Sam preguntó, mirándome mientras trataba, en vano, de alcanzar el sitio.

"Tengo los nervios hechos nudo en mi espalda pero no puedo alcanzar esa parte," le dije, estirando mi cuello al mismo tiempo que intentaba desbaratar los nudos. Él apartó mi mano y sujetó mis hombros, frotando con sus pulgares con firmeza en mi piel, relajando los músculos debajo. Fue dolorosamente maravilloso y no pude evitar el gemido que dejó mis labios cuando el nudo poco a poco empezó a desvanecerse. Divertido, Sam se rio de mí pero luego se quedó inmóvil y levanté la vista para ver qué lo detuvo de lo que estaba haciendo.

Edward estaba al otro lado de la habitación, con una expresión asesina en su rostro, sus manos cerradas en puños blancos apretados a sus costados. Jasper y Emmett entraron a la habitación detrás de él charlando en voz baja entre ellos, pero se detuvieron al ver a su amigo inmóvil. Sus ojos se enfocaron en las manos de Sam que se paralizaron inocentemente en mis hombros e intercambiaron una extraña mirada. De repente, Sam dejó caer sus manos velozmente mientras yo miraba a Edward en confusión. Sam se levantó de su banco, levantando sus manos en pose de rendición, su rostro velado de terror.

Dijo, "Puedo explicarlo" justo cuando yo dije, "¿Qué pasa?"

La única respuesta de Edward fue cruzar velozmente la habitación, estrellando su puño en la boca de Sam, y su cabeza giró tan rápido que estaba segura que se habría roto el cuello. Grité en pánico cuando Sam cayó al suelo, su labio inferior partido a la mitad y derramando sangre. Luchó para mantener a Edward alejado de él mientras Edward lo golpeaba con los puños, su cuerpo moviéndose como una pantera atacando a su presa.

Intenté, en vano, de apartar a Edward de Sam mientras lo golpeaba una y otra vez, su rostro ahora hinchado y ensangrentado. Edward nunca levantó la vista, empujándome y patiné por el piso de mármol, la suela de mis botas vaqueras demasiado lisas contra la lustrosa superficie. Mis pies volaron por debajo de mí al caer cerca de la barra sobre mi trasero, deteniendo mi caída con mis manos. Un dolor candente se disparó en mi muñeca derecha cuando aterricé y maldije, agarrando en seguida mi muñeca adolorida con mi mano derecha y acunándola mientras seguía viendo el horror desarrollarse frente a mí. Alice corrió desde la sala, sus ojos tan grandes como platos y su boca abierta. Su mirada se desvió hacia mí y cruzó velozmente la habitación, deteniéndose para ver cómo estaba, su falda suelta de colores pastel amontonándose alrededor de sus piernas cuando se agachó.

"¡No te preocupes por mí!" La regañé, apartando con mi mano buena sus dedos que me examinaban. "¡Preocúpate por Edward! ¡Va a matar a Sam!"

Vi como Emmett y Jasper tenían problemas para apartar a Edward de Sam, que seguía tratando de evitar los golpes de Edward recostado sobre su espalda, con sus manos levantadas en defensa.

Edward pateaba y se retorcía al tratar de zafarse de Emmett, pero no era lo bastante fuerte. Finalmente se quedó sin fuerzas con las palabras enfurecidas de Alice.

"¡Tú, hijo de puta! ¡Lastimaste a Bella!" Gritó, levantándose en toda su pequeña altura, fulminando a su hermano con la mirada apuntando ahora hacia Sam. "¡Y casi mataste a Sam! ¿Qué demonios está pasando?"

"¡Tenía sus manos sobre ella!" Gritó Edward, la ira aún grabada en su rostro junto con una nueva sensación de preocupación cuando me vio sentada en el suelo.

Seguía acunando mi muñeca adolorida, pero mis ojos se desviaron de los suyos, viendo a Sam con preocupación cuando se levantó, limpiando la sangre de su labio y viendo a Edward con culpabilidad. ¡Debería estar furioso con él! ¡Lo que hizo fue inocente y Edward había actuado como un bastardo celoso!

"¡Él estaba deshaciendo un nudo en mi espalda, estúpido!" Le siseé, tratando de levantarme mientras Alice me ayudaba. Mi muñeca se estaba hinchando lentamente y traté de ignorar el dolor agudo que se disparó por mi brazo, pero fue difícil. "¡Le dije que me dolía y trató de ayudarme!"

"¡Él conoce las reglas! ¡Nadie te toca!" Dijo con brusquedad, sus ojos lanzándose hacia los de Sam.

Sam agachó la cabeza, murmurando sus disculpas mientras Alice sacudía la cabeza decepcionada. La vi caminar hacia el congelador y sacar dos bolsas de guisantes congelados, arrojándole una a Sam y trayéndome una a mí, presionándola contra mi muñeca sensible. Mordí mi labio cuando el dolor me golpeó otra vez y sentí los ojos preocupados de Edward sobre mí.

"Cariño, ¿estás bien? Oh Dios mío, no fue mi intención lastimarte," trató de zafarse de Jasper y Emmett pero no pudo y fulminó a los hombres con la mirada, una nueva forma de ira creciendo muy dentro de él.

"Amigo, tienes que calmarte y te dejaremos ir, ¿está bien?" Emmett le dijo con paciencia, sujetando su brazo con firmeza con sus grandes manos.

Edward asintió, sus ojos desviándose de nuevo hacia los míos con preocupación mientras tomaba respiraciones profundas y relajantes. Escuché que Sam murmuraba una disculpa injustificada antes de retirarse para ir a la casa de huéspedes, sus ojos mirando con tristeza a su jefe y amigo. Lo observé con remordimiento cuando desapareció en silencio por las puertas y le di a Edward una mirada hostil, molesta por su reacción exagerada.

"Hay una venda en alguna parte aquí abajo, ¿cierto?" Alice preguntó y asentí mientras ella me ayudaba a levantarme del suelo.

Se alejó conmigo, después de darle a su hermano una última mirada furiosa, su brazo cruzando delicadamente mis hombros cuando entramos al enorme baño principal conectado con la habitación de Edward y mía. No había un gabinete de medicina en el baño, solo grandes espejos que colgaban sobre el tocador doble. Edward guardó toda la medicina y los suministros de primeros auxilios en un enorme contenedor de plástico que Alice sacó del gabinete de abajo. Rebuscó entre los suministros hasta que su rostro se iluminó, sosteniendo un vendaje en el aire con una brillante sonrisa. Me subí de un salto al tocador con un poco de dificultad. Alice retiró los guisantes de mi muñeca al empezar a envolverla delicadamente con la venda, terminando al usar unos pequeños ganchos de metal al final. Dejé caer mi adolorida muñeca en mi regazo y miré a sus ojos en conflicto.

"No fue su intención lastimarte… lo sabes, ¿cierto?" Preguntó en voz baja, mirándome con seriedad.

Asentí, mordiendo mi labio al recordar a Edward empujándome, sin siquiera levantar la mirada para ver quién se acercó. Ni siquiera supo que era yo, pero aún me dolía en mi interior saber que me empujó de esa forma.

"¡Es solo que… gah... que te ama muchísimo! Nunca he visto a alguien mirar a otra persona de la forma en que él te mira. Puedes sentirlo en el aire cuando te mira. Es muy intenso. Si Jasper y Emmett no hubieran entrado detrás de él… Sam probablemente ya estaría muerto. Y eso es lo que es una locura porque Edward y Sam han sido amigos por años y años… mucho antes de que Sam empezara a trabajar para él. Nunca antes los había visto discutir," reflexionó, mirando al techo pensativa. Me quedé callada escuchando sus palabras, sabiendo lo mucho que Edward me amaba, pero aún molesta por sus acciones. Lo que le hizo a Sam fue injustificado y me lastimó en el proceso. ¿Y si hubiese sido peor? Me estremecí al pensar en las posibilidades.

Un suave golpe interrumpió nuestros pensamientos y las dos miramos a la entrada donde estaba Edward, esta vez sin Jasper y Emmett. Su rostro cubierto por la culpa y la preocupación mientras pasaba los dedos por su cabello, mirándome donde estaba sentada cerca de su hermana. Ella me dio una última mirada comprensiva antes de dejar la habitación, sus tacones repiqueteando contra el piso mirando a su hermano con el ceño fruncido al pasar. Él entró a la habitación en silencio, acercándose a mí como si fuera un animal herido. Yo estaba sentada en el tocador y él se puso entre mis piernas, colocando sus manos a cada lado de mi cintura, tratando de mirarme a los ojos. Mi cabeza se agachó mientras miraba obstinadamente mi muñeca adolorida, sin sentirme segura de estar lista para siquiera hablar con él en este momento.

"Lo siento," susurró, su voz tensa por el arrepentimiento. "Sabes que nunca te lastimaría intencionalmente. Joder, lo siento mucho, cariño."

Me quedé callada por un momento, pensando en cómo responder. Él se impacientó por mi silencio, levantando mi barbilla y elevando mi cabeza para mirarlo a los ojos. Se me quedó viendo fijamente, y lo vi. Vi el arrepentimiento, la culpa y el amor del que Alice habló. Todo estaba ahí, nadando en esos orbes verdes mientras él trataba de expresar con sus ojos sus pensamientos, sus sentimientos.

"No voy a decirte que lo que sucedió está bien, porque no lo está," le expliqué en voz baja, mirando ahora sus lindos labios rosados. "¡Actuaste como un celoso novio de instituto en vez de un hombre que está por cumplir los treinta años en unos cuantos meses! ¡Sabes que exageraste completamente! ¡Sam solo estaba tratando de ayudar y tú perdiste totalmente el control! ¿Y si lo hubieras matado?"

"Lamento haberte lastimado, pero escucha esto… no lamento haber golpeado a Sam. Todos los que trabajan para mí conocen las reglas y la regla número uno es nunca tocarte de forma inapropiada. Sujetar tu brazo para acompañarte a alguna parte es una cosa, pero lo que él hizo fue inadecuado y él lo sabe. No me disculparé porque alguien rompió mis reglas," gruñó, acercando su rostro al mío mientras yo seguía mirando a sus labios.

"Eres un bastardo celoso y algunas veces me asustas," admití titubeante cuando rozó sus labios con los míos.

Me entregué a sus avances con un gemido cuando su lengua caliente lamió mi labio inferior, demandando entrar a mi boca. Aceptándola, su lengua se deslizó entre mis labios danzando con la mía provocadoramente antes de terminar lentamente el beso, dejándome sin aliento.

"Cariño, todavía no has visto nada," admitió, echando mi cabeza hacia atrás para mirarme fijamente. "Se puede poner mucho peor, pero te prometo que nunca te lastimaré de nuevo. Si lo hago, puedes dispararme con mi arma."

"No hables así," lo regañé, apartándolo de mí con mi mano buena mientras él ahora acunaba la que estaba lastimada. "Nunca hables de que alguien te dispare. Si alguna vez te pasara algo…"

"Nada va a pasarme cariño… pero quiero mostrarte algo," admitió en voz baja, bajándome del tocador.

Lo seguí al interior de nuestra recámara mientras él curiosamente me llevaba a la gigantesca habitación que él llamaba armario. Un lado guardaba mis pocas pertenencias y el otro lado tenía las suyas. Una isla estaba en medio de la habitación, y en la parte superior estaban esparcidos los relojes y corbatas de Edward que había sido demasiado flojo para devolver a su lugar. Caminó hacia una pared desnuda y tocó una pieza de moldura decorativa cuadrada, empujándola hasta que se levantó. Jadeé por la sorpresa cuando descubrió un pequeño panel de botones y memoricé el código que tecleó. El ruido de un chasquido me sobresaltó cuando la pared se deslizó dejándola parcialmente abierta. Edward agarró la pared y la empujó hacia un lado. Metiendo la mano accionó el interruptor en la pared y la habitación se iluminó con una pálida luz blanca. Lo seguí despacio al interior de la habitación, mis ojos observando todo lo que podía.

"¿Qué esto?" Pregunté, mis ojos deambulando por la pequeña habitación en asombro. Todo este tiempo nunca supe que siquiera existía.

"Este es un cuarto de seguridad… algunas personas lo llaman una habitación de pánico, pero prefiero el término 'cuarto de seguridad'," explicó, guiándome por la habitación.

Solo era lo bastante grande para un pequeño camastro, una mesa y cuatro sillas, una alacena llena de comida seca y enlatada, y un baño y un lavamanos. Había una caja de seguridad metálica para armas cerca y vi como Edward giró la manija, memorizando también este código mientras abría la puerta, mostrándome la caja llena de armas y municiones.

"Si alguna vez pasa algo… cualquier cosa que pudiera alarmarte, vienes a esta habitación de inmediato y te quedas aquí hasta que yo regrese. ¿Comprendiste, Bella? Vienes a esta habitación y te quedas aquí… no vas a agarrar un arma o nada como eso. Te. Quedas. Aquí. ¿Entendido?" Preguntó, su voz suave pero firme mientras observaba atentamente mi rostro.

Asentí sin decir nada, mirando alrededor de la habitación asombrada, mi brazo encontrando su camino alrededor de su cintura al mismo tiempo que él dejaba un beso tierno en la cima de mi cabeza. Dejamos la habitación en silencio, Edward apagó la luz detrás de nosotros y cerró la puerta. Esa noche nos preparamos para dormir sin darnos cuenta qué tan pronto se utilizaría esa habitación.

Edward se relajó algo en los siguientes días. De hecho, sonrió una vez o dos, sobre todo cuando retiré el vendaje de mi muñeca y descubrí mi muñeca lastimada que estaba solo un poco adolorida, pero menos hinchada. La piel debajo del vendaje estaba arrugada y pálida. Edward se echó a reír al ver mi expresión asqueada.

Sam y Edward aún actuaban un poco molestos entre ellos. Sam eludía su seria mirada cuando Edward entraba en la habitación. Sam también mantenía su distancia conmigo lo que me encabronó un poco, pero realmente no había nada que pudiera hacer al respecto. Al menos él y Edward se hablaban de nuevo, lo que era una enorme mejora.

Era martes cuando Edward recibió los resultados de las huellas digitales. Él, Emmett y Jasper se sentaron en su oficina viendo las resultados impresos de la base de datos de la policía y me estremecí ante la idea de cuántos policías corruptos realmente había allá afuera, mi padre habiendo sido uno de ellos. Jasper le dio a Alice y a mí una sonrisa de disculpa cuando literalmente azotó la puerta de la oficina en nuestros rostros, ignorando nuestro golpeteo en la pesada puerta de madera, gritando nuestras protestas. El revelador aroma a tabaco y fresas salió por debajo de la puerta, y supe que era algo malo porque Jasper por lo general solo fumaba sus cigarrillos cuando estaba enojado o estresado, prefiriendo fumar uno de esos en vez de revelar físicamente sus emociones.

"Me pregunto quién es…" Musitó Alice mientras estábamos sentadas en la cama de Edward y mía. Pasó una brocha de esmalte de uñas con cuidado contra mi dedo gordo, bañando la uña con un esmalte rojo sangre.

"No sé pero tal vez cuando lo atrapen, también averiguarán dónde está James," respondí, viendo cuando pasó a la siguiente uña. "Estoy harta de todo esto. Me gustaría solo meterme de un salto a un coche y conducir a la tienda de comestibles cuando quiera… sin estar flanqueada por un guardia de seguridad todo el tiempo."

Ella se rio y se escuchó como un tintineo de campanas, al mismo tiempo que sacudía su cabeza. "Eres graciosa, ¿lo sabías? Incluso cuando atrapen a James, Edward nunca va a dejar que pasees sola. Es muy protector contigo. Será mejor que aceptes eso por el resto de tu vida, al menos si planeas pasarla con Edward."

"Maldita sea," gemí, sosteniendo mi rostro en mis manos. "¿Hablas en serio? Eso es una jodida locura. Vamos a tener que hablar sobre todo eso pronto… una vez que James esté fuera de escena. No creo que pueda soportar eso. Necesito algo de libertad, ¿sabes a lo que me refiero?"

"Lo sé. Así que, ¿han fijado una fecha para el gran día?" Preguntó, terminando mi última uña y metiendo la brocha de vuelta a la botella. La giró para cerrarla, meneando sus cejas hacia arriba y abajo. "Necesitamos empezar a planear… ¡va a ser perfecta!" Chilló y empezó a saltar arriba y abajo, el colchón quedándose perfectamente en su lugar. Oh, sí, Edward tenía el rey de todos los colchones.

"Honestamente, no tengo idea. Ni siquiera hemos hablado todavía sobre fijar una fecha," reflexioné preguntándome exactamente qué tan pronto querría casarse Edward. "Creo que una boda en primavera suena perfecta… rosas y margaritas… aliento de bebé… una pequeña iglesia blanca. Me gustaría casarme en la misma iglesia en la que se casaron mis abuelos."

"Oh, Bella," ella se rio, sacudiendo su cabeza divertida. "Habrá cientos de invitados. ¿Crees que una pequeña iglesia de pueblo podrá albergar a tantas personas? No estoy tratando de sonar esnob, pero nuestra familia es muy conocida y tenemos muchos parientes, amigos y asociados que esperarán una invitación a la boda."

Se levantó de un salto de la cama todavía riéndose divertida cuando dejó mi recámara para subir a la suya, ya que ahora estaba durmiendo en mi vieja recámara. Me quedé donde estaba, mordisqueando mi labio inferior mientras dejaba que se secaran mis uñas, mis pensamientos absortos con ostentosas bodas y tropezándome frente a cientos, si no es que miles de extraños al observarme expectantes mientras me caso con el famoso Edward Cullen. Esa no era mi boda ideal. De niña me imaginé caminando hacia el altar de una pequeña y tranquila iglesia de madera blanca de pueblo, mi brazo entrelazado con el de mi padre mientras él me miraba orgulloso. Esos eran los buenos días, antes de que supiera cómo era el mundo real, antes que mi madre muriera, antes de conocer a James, antes de que mi padre se convirtiera en un hombre frío e insensible.

Edward entró en la habitación en algún momento durante mi ensoñación, su rostro arrugado por la preocupación y sus ojos nunca miraron a los míos. Lo vi entrar al baño, cerrando la puerta sin hacer ruido detrás de él y abriendo la ducha. Supe de inmediato que quien sea el dueño de esas huellas digitales que estaban en ese billete de cincuenta dólares era alguien que conocía, su mente estaba absorta con ideas de traición. Finalmente regresó a la recámara, su cabello un poco húmedo, su pecho desnudo y una toalla blanca rodeando su cintura, viéndose jodidamente sexy. Edward nunca vio mis ojos hambrientos cuando se quitó la toalla y se puso su bóxer, sus ojos fríos y resentidos mientras los subía sobre sus musculosas caderas y se metía bajo las mantas junto a mí.

"¿Quién es?" Susurré, mi voz baja rompiendo el silencio. Se acostó de espaldas, sus manos detrás de su cabeza mientras miraba al techo pensativo.

"No preocupes tu linda cabecita con eso, cariño," me susurró en respuesta, cerrando sus ojos y pretendiendo dormir. "Me he encargado de todo. Todo va estar bien…" Su voz se apagó y me le quedé mirando por un largo rato, hasta que su respiración se acompasó y el sueño, de verdad, lo consumió. Me acosté de lado dándole la espalda, molesta que no me dijera quién era el infiltrado. Mis pensamientos finalmente se desenfocaron cuando yo también me quedaba profundamente dormida.

Horas más tarde, desperté, sujetando firmemente las costosas sábanas con un conteo totalmente ridículo de hilos entre mis dedos. La piel erizada y el sudor frío cubrían mi cuerpo cuando me senté en la cama, mis ojos moviéndose rápidamente por la habitación. La casa estaba silenciosa como una tumba. Había tenido una pesadilla, pero no podía recordar qué fue. Mi corazón estaba acelerado y tomé respiraciones profundas y tranquilizadoras, tratando de calmarlo mientras temblaba mi labio inferior. Echando un vistazo al reloj dorado en el buró de Edward, justo pasando su cabeza, vi que eran las tres de la mañana. Volví a recostar mi cabeza en la esponjosa almohada de pluma de ganso, reprendiéndome en mi interior por estar tan aterrada por un sueño que ni siquiera podía recordar. La luz de la luna entraba por la ventana parcialmente descubierta por las cortinas y observé los patrones en la pared cuando la luz se reflejaba desde un enorme espejo enmarcado que colgaba cerca. Mis ojos empezaron a cerrarse y caía en esa fase entre la consciencia y la inconsciencia cuando escuché el primer disparo.

Edward se sentó en la cama justo cuando jadeé. Sacó el arma cargada con la que había empezado a dormir debajo de la almohada, el suave clic cuando quitó el seguro llegando a mis oídos. Escaneó la habitación con sus ojos, el arma sujeta con firmeza en sus manos cuando empezó a salir lentamente de la cama.

"Al cuarto de seguridad," susurró, su voz apenas audible.

Salí de la cama, tropezándome una vez al llegar al armario, abriendo la moldura y presionando el código. La pared se abrió y cerré la moldura, mirando a mi amado una última vez, su rostro nunca dejó el mío cuando entré a la habitación en nada más que su camisa y mi ropa interior, agarrando la manija detrás de la pared y cerrando la puerta con firmeza frente a mí. Dejé escapar un gritito cuando tropecé a ciegas con el camastro, demasiado aterrada para encender la luz en la habitación, aunque Edward me había asegurado que la luz no podía verse desde afuera. Me envolví con una suave manta mientras yacía boca abajo en la cama, mi cuerpo temblando mientras pensamientos de Edward herido pasaban velozmente por mi mente.

Finalmente me quedé quieta, encontrando ese lugar muy dentro de mí del que Jasper me había enseñado hace mucho tiempo. Era un interruptor, que todos tenemos en el interior. Un interruptor que puede bloquear tus emociones como lo necesites. Algunas personas pasan toda su vida sin saber que tienen este interruptor muy dentro de su ser… y los que saben que existe, por lo general no descubren cómo usarlo.

No soy una de esas personas. En mi interior accioné el interruptor y esperé.

Me volteé de lado, mirando al reloj digital rojo que estaba conectado al otro lado de la habitación. Los números cambiaron lentamente a medida que pasaban los minutos, y me prometí a mí misma cuánto tiempo exactamente esperaría antes de desobedecer las órdenes de Edward. El tiempo estaba llegando a su fin y le quedaban menos de diez minutos para presentarse antes de que dejara esta diminuta habitación y lo encontrara. Mientras esperaba que se acabara el momento, mis ojos se ajustaron a la oscuridad y al resplandor del reloj y atravesé la habitación, agarrando una pequeña linterna que había visto sobre la mesa. Después de encenderla empecé a girar la manija de caja de armas, sacando una magnum 357 y la cargué rápidamente, impresionada por la forma en que el mango se sintió en mi pequeña mano. Cerré de nuevo la caja y caminé de puntillas hacia la pared, presionando el código y haciendo una mueca al escuchar el chasquido que hacía al abrirse.

La casa estaba en silencio. Entré a nuestra recámara y anduve a tientas hasta que encontré un bóxer de Edward en la cómoda de cajones que estaba cerca. Poniéndomelos y enrollándolos de la cintura, me acerqué poco a poco a la ventana, echando un vistazo por la parte descubierta por las cortinas hacia el terreno frente a mí. Todo estaba quieto y en silencio, la luz de la luna bañaba el césped con una suave luz blanca, los arbustos diestramente moldeados y las flores moribundas cubiertas por una brillante escarcha que había caído sobre el terreno en algún momento durante la noche.

Una ráfaga destelló justo afuera de la ventana cuando se escuchó otro disparo y juro que casi me orino al alejarme de un salto de la ventana, mis ojos disparándose de ella a la puerta de la recámara en terror. "A la mierda con esto," murmuré, mi corazón martillando contra mi pecho mientras cruzaba la habitación, mis pies hundiéndose en la costosa alfombra. Sin hacer ruido, abrí la puerta, asomándome al pasillo justo cuando escuché un doloroso grito y ruidos de alguien forcejeando.

Conocía ese grito. Ese grito pertenecía a la persona que amaba más que nada en el mundo. Salí corriendo de la habitación, mi interruptor interno olvidado al irrumpir en el comedor y dar un grito ahogado por lo que vi.

Emmett no traía nada puesto más que unos pantalones azules a cuadros para dormir, su enorme cuerpo forcejeando encima de alguien más pequeño que él. La persona tenía un arma y grité cuando se disparó, la bala pasando zumbado junto a mí y golpeando la pared a mi derecha, rociando pedazos de yeso por todas partes como nieve cayendo del cielo. El arma cayó ruidosamente en el piso de mármol cuando Emmett se la arrebató al hombre, sujetándolo debajo de él.

Jasper entró en la habitación, empujando toda la antigua porcelana china y el cristal de la mesa al suelo, el sonido de platos rompiéndose ahogando la lucha de Emmett y el hombre. Jasper corrió de la habitación y regresó con Edward que entró tambaleándose, encorvado, con un brazo alrededor de los hombros de Jasper al apoyarse pesadamente en él, su otra mano presionada sobre su corazón cerca de su hombro. Jasper prácticamente lo arrojó sobre la gruesa y oscura mesa del comedor, quitando sillas de su camino en el proceso. Grité por lo que vi.

Edward seguía en su bóxer, su pecho desnudo excepto por la sangre. Sangre. La espesa y roja sangre que cubría el pecho de Edward, manchando su piel blanca bajando por su abdomen y hasta sus piernas. Su piel estaba inusualmente pálida y sus labios teñidos ligeramente de azul al estirar su cuello y mirarme desde la mesa.

"Cuarto de seguridad," gruñó, antes de que sus ojos verdes se cerraran y su cabeza golpeara la mesa debajo de él, con un horrible chasquido llegando a mis oídos. Me tambaleé por la habitación, tratando de llegar a mi prometido a través de las lágrimas que llenaban mis ojos, pero no llegué muy lejos.

"¡EDWARD!" Grité histérica, mi voz quebrándose al final al dirigirme donde yacía, inmóvil.

Un par de manos firmes me agarraron de los hombros por detrás, arrastrándome por el suelo mientras movía mis manos y me tambaleaba lejos de mi familia, los horrorizados ojos de Jasper mirando a los míos mientras alguien me alejaba.


Chan can can chan… Sí, sí, ya sé. Como pudo dejarle ahí, ¿verdad? Recuerden, fue la autora, no yo :P Yo soy la buena aquí que haré todo lo posible por darles el siguiente pronto. Analicemos como van las cosas, lo último que supimos es que había un infiltrado entre el personal de Edward o alguien cercano a ellos, muchas de ustedes mencionaron las obvias posibilidades y solo puedo decir, calientes, calientes, pero, ¿quién será? Ha quedado claro que si es James, no está actuando solo, aunque no es así como lo describen al principio de la historia, lo describen más como un lobo solitario. ¿Será que le quedó claro que solo con la ayuda de alguien más podría llegar a Bella? Bueno, estamos por descubrirlo, porque el capítulo siguiente es muy revelador, así que, usen el cuadrito de abajo y cuéntenme sus teorías. Recuerden que son sus reviews los que nos alientan a seguir haciendo esto para su diversión, no cuesta nada decir hola, dejar un saludo o una carita feliz, y si me dicen que les pareció el capítulo y la historia mucho mejor.

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: lauritacullenswan, MariePrewettMellark, Flor Santana, dushakis, Fallen Dark Angel 07, Aurora, Gabriela Cullen, freedom2604, Vanina Iliana, patymdn, Tecupi, DenniChavez, Norita, Ari, tulgarita, miop, PRISOL, torrespera172, Jimena G, julieth, Vrigny, Lissette, lagie, Liz Vidal, Karina, andreasotoseneca, Mafer, jupy, saraipineda44, Adriu, Brenda Cullenn, injoa, Manligrez, Yendry Villachica, Maryluna, MontseZDiaz, alejandra1987, Iza, Sully YM, Abigail, Kriss21, Katie D.B, paupau1, Tata XOXO, BereB, Say's, bbluelilas, melina, cavendano13, Lady Grigori, EriCastelo, Lizdayanna, glow0718, Ali-Lu Kuran Hale, piligm, Pam Malfoy Black, maries24, rosy canul, angryc, rjnavajas, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo.