Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.

Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)


Capítulo Veintiséis: Año Nuevo al estilo Cullen

La primera hora después que Edward se desmayó en el piso de la clínica fue caótica y escalofriante. Porque al deslizarse al suelo se golpeó la cabeza con el escalón de metal situado en la parte debajo de la mesa de exploración donde yo estaba gritando. Se quedó en el suelo, inconsciente, mientras la doctora Marcy lo sacudía, gritando su nombre. Sacó del bolsillo de su bata blanca de laboratorio una pequeña linterna, abriendo sus párpados e iluminando sus ojos. Edward nunca dijo ni pío. La doctora Marcy sacó su móvil de su bolsillo y llamó al 911 mientras yo me bajaba de la mesa de exploración, cayendo sobre mis pies con calcetines al lado de Edward gritando su nombre y sacudiendo su brazo. No había sangre, gracias a Dios, pero tenía un enorme chichón cerca de su nuca que lentamente empezaba a hincharse. Los paramédicos llegaron y lo subieron a una camilla mientras yo me movía en la pequeña habitación adyacente, poniéndome la ropa descuidadamente. Los seguí al hospital en el coche de Edward, todo el tiempo mordiéndome las uñas.

La segunda hora después de la caída de Edward fue angustiosa. Me senté en una sala pequeñísima de emergencias esperando a que regresara después que le hicieran una tomografía. El doctor Glover, entró hablando sobre contusiones y pérdida de memoria temporal. Me le quedé mirando al hombre alto con horror, su cabello negro con canas en las sienes. Era una persona directa, lo que aprecié cuando me aseguró que no creía que Edward tuviera algún efecto a largo plazo por la caída. Me dejé caer en la incómoda silla de plástico con alivio al mismo tiempo que el doctor Glover asintió y salió de la sala. La enfermera entró poco después, colocando una bolsa de plástico llena de las pertenencias de Edward cerca del pequeño lavabo en la habitación, explicando que habían vaciado sus bolsillos para realizar la tomografía. Distraída, asentí, preguntando cuánto tiempo pasaría antes de que él volviera a la habitación, la enfermera me aseguró que estaba en camino.

Las horas siguientes después de la caída de Edward fueron… molestas. Edward regresó, empujado por un hombre y una mujer vestidos de un uniforme color granate. Yacía en la cama de hospital mientras yo me mantenía cerca, mis ojos llenos de lágrimas por la preocupación mientras me mordía el labio inferior. Sus párpados se movían ocasionalmente, y me veía de vez en cuando. Luego empezó a murmurar sobre sándwiches de asado y una glock de nueve milímetros, provocando que frunciera el ceño y volviera a sentarme en la estúpida silla de plástico, fulminándolo con la mirada. Cómo demonios podía este hombre pensar en comida y armas en un momento como este, no lo entendía, pero me dije que no podía evitarlo. Se había lastimado la cabeza después de todo.

El doctor Glover regresó un poco más tarde, confirmando que todas las pruebas salieron negativas para complicaciones a largo plazo. Suspiré en alivio cuando me dijo con rostro serio que tenía que despertarlo durante toda la noche, explicándome cómo hacer revisiones neurológicas sencillas. Cuando dejó la habitación, el estrés de los últimos días me golpeó, y me reí como tonta de pie cerca de Edward, sujetando su fría mano. Me tambaleé hacia la silla de plástico, sentándome y frotando mis sienes y bostezando agotada al mismo tiempo que me recargaba y cerraba mis ojos, prometiéndome que simplemente descansaría un momento mientras esperaba a que regresara el doctor Glover con los papeles para dar de alta a Edward. En poco tiempo me quedé dormida, solo para despertar por la cosa más irritante que había escuchado en mi vida.

"As I walk through the valley of the shadow of death

I take a look at my life and realize there's nothin' left

Cause I've been blastin' and laughin' so long that

Even my mama thinks that my mind is gone."

"¿Qué demonios?" Gemí, levantando la cabeza de donde cayó contra la pared, mirando con la vista borrosa a la habitación frente a mí. Al principio, estaba un poco confundida por dónde estaba, pero una vez que vi a Edward agitado, todavía en la cama de hospital pero ahora moviéndose, me dijo exactamente dónde estaba. Seguía en el estúpido hospital.

"But I ain't never crossed a man

That didn't deserve it

Me be treated like a punk you

Know that's unheard of

You better watch how you're talkin' and where you're walkin'

Or you and your homies might be lined in chalk."

Me levanté, mirando alrededor de la habitación en busca de la fuente de la exasperante música amortiguada, si es que siquiera pudieras llamarla así. Mi mano derecha se movió nerviosa, mis dedos acercándose a la palma, las ansias por un arma fría de metal abrumadoras. Me imaginé volando la fuente de la música que se detuvo temporalmente cuando me quedé inmóvil cerca de la cabecera de la cama de Edward. Fue entonces que despertó y me miró.

"Hola, nena," susurró, dándome una sonrisa sexy. Levanté una ceja al ver la expresión en su rostro cuando sus ojos recorrieron mi cuerpo. Mi trenza colgaba flácida y estaba segura que probablemente tenía bolsas bajo mis cansados ojos. Mi ropa se veía arrugada y desaliñada por quedarme dormida en la silla. Aunque Edward no parecía notarlo al darme una mirada hambrienta.

"Eres la cosita más jodidamente sexy que he visto en mi vida," ronroneó, antes de bajar la vista en confusión a donde yacía en la cama de hospital. Su frente se arrugó cuando me volvió a mirar. "¿Dónde demonios estamos?" Suspirando, abrí mi boca para responder pero algo molesto me interrumpió.

"I really hate to trip but I gotta loc

As I grow I see myself in the pistol smoke, fool

I'm the kind G the little homies wanna be like

On my knees in the night sayin' prayers in the streetlight

Been spendin' most their lives,

Living in the gansta's Paradise

Been spending most our lives livin' in a gansta's paradise." (1)

"¿Qué es eso?" Gruñí, girándome sobre mis talones al mismo tiempo que mirada furiosa en la dirección que parecía venir la música. Se escuchaba amortiguada, pero en alguna parte cerca y escuché que Edward se aclaró la garganta detrás de mí. Me di la vuelta y le di una mirada interrogante.

"Ese es mi teléfono," admitió, viéndose bastante avergonzado. "Emmett programó esa canción como mi timbre predeterminado hace un tiempo, antes que todos ustedes desaparecieran."

"Bueno, ¿por qué no lo volviste a cambiar? ¡Esa es la cosa más irritante que he escuchado!" Dije con brusquedad, acercándome a donde la enfermera colocó la bolsa de plástico. Metiendo mi mano, saqué la cartera de Edward y su teléfono, fulminando al móvil con la mirada con hostilidad.

"No lo cambié porque… me gusta," admitió Edward, viéndose ligeramente apenado cuando lo miré.

"Bueno, esa es la canción más tonta que he escuchado en mi vida. ¿Quién es ese, de todos modos?"

"Collio," respondió viéndose algo sorprendido cuando sacudí la cabeza y me encogí de hombros en confusión. "¿No recuerdas esa canción? La tocaron en la radio una y otra vez…"

"¿Cuándo fue eso, Edward?" Pregunté, dándole el teléfono plateado.

"Uh, demonios, no sé," reflexionó, viéndose algo pensativo antes de revisar su teléfono. "Tal vez en el noventa y cinco… noventa y seis…"

"Edward… tenía cinco años en el noventa y cinco," le dije, rodando los ojos y bufando cuando me miró. "No soy tan vieja como tú."

Sus ojos se entrecerraron cuando me fulminó con la mirada. "¿Por qué traes un humor de perros?" Dijo furioso. "Yo soy el que está en una cama de hospital con un terrible dolor de cabeza. Se esperaría que fueras un poco más comprensiva…"

Fue entonces que perdí el control.

"¿Acabas de llamarme perra?" Siseé, mi rostro tornándose rojo mientras ambos nos fulminábamos con la mirada.

"No, dije que traes un humor de perros. Nunca te llamaría perra," escupió en respuesta, sujetando el teléfono con tanta fuerza que pensé que se rompería en su mano con los nudillos blancos.

"Déjame decirte algo," le dije con voz baja y seria, apuntando con mi dedo justo en su estúpido rostro bien parecido, con el ceño fruncido. "En menos de tres meses he sido atacada en una tienda de comestibles, y perseguida por un extraño, de quien me enamoré locamente. Por poco fui secuestrada en un callejón oscuro en medio la puta noche antes de que yo asesinara a un hombre. ¡Mi jodido acechador me metió a un pasillo y me acarició! Me embriagué y peleé con tu exnovia en mi trabajo como cualquier gentuza en un video de música country. Me comprometí con un hombre que conozco hace menos de dos meses. Durante Acción de Gracias tu padre me humilló y me degradó frente a nuestras familias. Te vi sangrando en la mesa del comedor después que un grupo de matones irrumpió en la casa y te disparó. Oh, y con todo asesiné a otra persona en dicha casa. Mi primo y mi hermano me llevaron a ocultar en una cabaña en medio de la nada en Mississippi, contra mi voluntad. ¿Estoy olvidando algo? ¡Oh, sí! Quemé a un hombre hasta la muerte después que tu padre lo ató a una cama y le quitó los genitales con un par de pinzas. Y no olvidemos que solo he dormido unas cuatro horas en los últimos dos días y acabo de enterarme que no solo estoy embarazada, sino que estoy embarazada de gemelos. Y he estado sentada en la sala de emergencias por horas preocupándome por si algo malo le haya pasado a esa estúpida cabeza tuya con Collio escuchándose en el fondo como la banda sonora de mi jodida vida. ¿Pero tú crees que estoy de un humor de perros? Estoy aquí de pie después de todo eso. No soy yo la que se desmayó en el piso de la clínica. ¿Quién es la perra ahora?"

Mis hormonas estaban en su apogeo. Estaba cansada y cabreada de que tuviera la audacia de asegurar que estaba de un humor de perros. Su rostro estaba rojo sangre y respiraba con fuerza, sus ojos se desviaron más allá de mis hombros, encabronándome porque se distrajo del discurso que le di. Me incliné hacia él durante mi diatriba, mi rostro igual de rojo, respirando con la misma fuerza y con las aletas de mi nariz ensanchadas. Alguien se aclaró la garganta detrás de mí. Con ojos amplios, me di la vuelta y me encontré con el rostro serio del doctor Glover, que estaba de pie cerca sujetando un puñado de papeles. La expresión en su rostro me dijo exactamente lo que necesitaba saber; que había escuchado todo lo que acababa de decir. Tragué secamente cuando me entregó el papeleo. La expresión de mi rostro cambió cuando eligió ignorar mis confesiones de caos y asesinato.

"Señora Cullen, Edward, aquí está todo lo que necesitan saber sobre post-tratamiento," explicó sin problema, señalando las instrucciones en los papeles. "Puede tomar medicamentos sin receta para el dolor y la hinchazón. Aquí hay una lista del tipo de medicamentos. Las instrucciones que le expliqué sobre despertarlo durante la noche también están impresas aquí. No hay razón para una cita de seguimiento con un médico a menos que note cualquiera de los síntomas enlistados en los papeles. Si nota cualquiera de los síntomas, por favor, llame a su médico de rutina o al 911 inmediatamente. ¿Tiene alguna pregunta señora Cullen… Edward?"

"Swan," le dije distraída, mirando las palabras impresas en los papeles. "Quiero decir, mi nombre es Bella Swan, no Bella Cullen. Todavía no estamos casados," Lo miré, un poco avergonzada por haberlo corregido. Edward tenía razón; estaba de un humor de perros.

"Lo siento, señorita Swan," se disculpó, mirando vacilante por encima de mi hombro donde yacía Edward en silencio. "Cuando el señor Cullen volvió a su cita de seguimiento después de su herida de bala, la nombró como su esposa… lamento la confusión." Me dio una suave sonrisa, explicando que la enfermera volvería con una silla de ruedas y que estaríamos libres para irnos. Un nudo se formó en mi garganta al escuchar sus palabras, y asentí cuando el doctor salía de la habitación antes de volverme hacia Edward que miraba obstinadamente hacia la pared, con una expresión molesta en su rostro. Edward se veía como una maldita víctima de guerra con su cabestrillo en su brazo izquierdo, un lado de su cabeza hinchado y su piel pálida. Me sentí como un gigantesco pedazo de mierda.

"¡Lo siento, cariño!" Balbuceé, cubriendo mi rostro con mis manos cuando empecé a llorar, convirtiéndome en un desastre emocional. "Tienes razón. ¡Soy una perra total! ¡Es solo que estoy muy estresada!" Sollozando con más fuerza, me senté en la silla de plástico, y verdaderamente me derrumbé. Escuché la cama rechinar debajo de él cuando bajó sus piernas y se puso de pie lentamente, acercándose a donde estaba sentada. Se agachó, quitando las manos de mi rostro y mirándome fijamente. Lo miré con ojos tristes y llenos de lágrimas, avergonzada por la forma en que me había comportado.

"No, yo lo siento," suspiró, limpiando las lágrimas de mi rostro al mismo tiempo que sus ojos verdes me miraban con arrepentimiento. "No debí haber dicho eso. Cuando escuché que la doctora dijo… 'gemelos'… no sé qué ocurrió. Un minuto estaba sentado ahí oyendo el latido y el siguiente estoy en una cama de hospital. Joder, me preocupaba mucho ser un buen padre para un hijo… la idea de ser ese hombre para dos niños simplemente me abrumó. Bella, nunca me he sentido tan feliz, pero aterrorizado al mismo tiempo."

"Edward, ¿cómo crees que me siento yo?" Pregunté, sorbiéndome la nariz mientras me miraba. "¿No crees que me siento de la misma forma? No tuve una buena crianza. Mi madre murió cuando yo era muy niña… no sé nada sobre ser madre, ¿pero no crees que todo el mundo se siente así cuando se enteran que están embarazados? Se supone que estemos asustados de cometer errores. No sería normal que no nos preocupara joderla." Se me quedó mirando por un largo rato, una sensación de compresión pasando entre los dos. Estábamos juntos en esto, compartiendo las mismas preocupaciones e inquietudes. Asintió, besándome con ternura en los labios justo cuando la enfermera entró en la habitación con una silla de ruedas. Dejamos emergencias y nos dirigimos a casa, no hacia el loft sino hacia nuestro verdadero hogar, en Germantown.

Los siguientes días fueron agotadores. Edward apenas si durmió después que llegamos a casa esa noche, al principio insistiendo en que no quería dormir, sintiéndose culpable de que lo despertara cada hora. Finalmente, el sueño lo venció y puse la alarma para que me despertara cada hora, sacudiéndolo a él para despertarlo mientras murmuraba malhumorado.

Emmett y Jasper todavía se estaban quedando en la casa, pero Jasper confesó con una expresión cansada que volvería a Jackson en unos días. Lo observé por las ventanas caminando por la propiedad absorto en sus pensamientos, fumando sus cigarrillos mientras pasaba los dedos por sus mechones color miel, algunas veces sentándose en el mismo columpio de jardín donde lo vi a él y Alice besándose por primera vez. La tristeza me abrumó al pensar en los dos finalmente reuniéndose solo para ser separados, incluso si solo era por unos meses mientras se llevaba a cabo su transferencia. Cuando no estaba paseándose por el terreno sin descanso, estaba pasando tiempo con Alice, libre de su vieja responsabilidad de cuidar de mí mientras aprendía poco a poco a desprenderse de su naturaleza protectora mientras estaba en mi presencia. Salieron a la ciudad noche tras noche, regresando con nostálgicas sonrisas en sus rostros. Temía su partida.

Emmett se obsesionó con revelarle a Rose todo lo que había averiguado de Claire. Edward encontró los papeles bajo el colchón de Emmett después que desaparecimos. Había destrozado la casa en busca de cualquier evidencia de dónde habríamos ido, encontrando el archivo metido justo donde Emmett descansaba su enorme cabeza en la noche. Edward no le dijo nada a Rose, a Alice o a nadie más, explicando en voz baja mientras estábamos uno al lado del otro en la cama, que nunca planeó contarle a Rose que Emmett encontró a su hija a menos que nunca regresáramos a Memphis. Estaba nervioso por toda la idea de la confesión de Emmett sobre su investigación, preocupado que posiblemente Rose no quisiera saber dónde estaba su hija. Explicó que Rose nunca hablaba de ella y él nunca le preguntó sobre sus sentimientos respecto a la adopción forzada. Sus palabras me encabronaron, al principio, pero la genuina preocupación en sus ojos me hizo tomarme un momento y asimilar lo que me dijo. ¿Qué pasa si Rose se ofendía por lo que Emmett había hecho? Era casi inimaginable para mí, ahora que estaba embarazada, pensar en no querer a mi hijo, pero sabía que había muchas mujeres en este mundo que no compartían la misma idea. ¿Era Rose una de esas personas? No lo creía, pero por otro lado, Rose era una persona completamente diferente a mí.

En la víspera de Año Nuevo recibí una sorpresa inesperada. Esperaba que el día pasara de la misma forma que los últimos días; Edward despertando con quejas de su hombro adolorido mientras yo lo escuchaba pacientemente, preparando el desayuno, la fisioterapeuta llegando antes del almuerzo para hacer que Edward se ejercitara en el gimnasio. Probablemente limpiaría la casa mientras escuchaba algunas canciones en mi nuevo iPhone que Edward me compró. Las cosas nunca resultan de la forma en que espero. Creerías que a estas alturas ya estaría acostumbrada a lo inesperado.

Despertando al amanecer, empecé a preparar el desayuno para los chicos como siempre, tarareando mientras terminaba con la sémola de maíz, llena de tocino, mantequilla y queso, justo como le gustaba a mi hermano. Edward entró en la habitación, envolviendo mi cintura con sus brazos mientras estaba frente a la estufa. Mordisqueó mi cuello y presionó su erección en mi espalda.

"Provocador," lo acusé, sintiendo que me excitaba, tomando torpemente la espátula cuando le di vuelta al panqueque. No habíamos tenido sexo desde que regresé a casa, pero podíamos hacerlo. No que hubiese tenido tiempo de preguntarle a la doctora. Hice lo siguiente mejor. Busqué en Google esa mierda.

"Tengo una sorpresa para ti," me susurró, chupando mi lóbulo en su boca y haciendo que gimiera. El panqueque comenzó a humear y gemí por la preocupación, su boca y sus brazos me dejaron cuando empecé a raspar la mezcla negra de la sartén con la espátula. Suspirando ruidosamente, tiré el panqueque desperdiciado a la basura, odiando desperdiciar comida.

"¿Qué tipo de sorpresa?" Le pregunté con curiosidad, encendiendo el ventilador y dándome la vuelta para envolver su cuello con mis brazos. Su cabello era un desastre desordenado, y tenía una sexy sonrisa perezosa en su rostro. El fisioterapeuta le dijo ayer que podía intentar quitarse el cabestrillo por un par de días, y él lo hizo encantado, viéndose una vez más como un ser humano normal… bueno, tan normal como un Adonis se puede ver. La hinchazón por su caída también había disminuido bastante, apenas se veía bajo sus enroscados mechones cobrizos.

"Si te lo dijera, no sería una sorpresa," bromeó, presionando sus labios en los míos y deslizado su lengua en mi boca. Le devolví el beso vorazmente antes que se separara, dejando un beso en mi nariz mientras yo jadeaba sin aliento. "Usa ese vestido de suéter que Alice te compró," me dijo, mirándome a los ojos. "Y deja tu ropa interior en casa."

Sus palabras dispararon una oleada de excitación entre mis piernas. Sonriéndole, hice exactamente lo que me pidió, moviéndome en el banco cuando todos comíamos juntos, Emmett me lanzó una mirada dubitativa. Jasper estaba callado e introspectivo esta mañana, apenas notando mi entusiasmo. Edward me sonrió sobre sus huevos, sonriendo con suficiencia al ver mi evidente emoción.

Después de ponerme el vestido de suéter color beige ligeramente ajustado, me puse un par de brillantes botas color marrón que me llegaban a media pantorrilla y un cinturón grande color marrón alrededor de mi cintura, rizando mi cabello con unas tenazas e incluso me puse un poco de maquillaje. Satisfecha con mi conjunto, salí del baño para encontrar a Edward de pie cerca de la cama, admirándome de pies a cabeza con sus hambrientos ojos verdes. Se encontró con la misma expresión, porque nunca antes lo había visto verse tan sexy. Edward llevaba puestos unos pantalones de vestir color crema y un chaleco abierto del mismo color, sobre una camisa blanca de manga larga con un par de brillantes zapatos de cuero oscuro en sus pies. Se veía casual pero sexy y en todo lo que podía pensar era en lamerlo de la cabeza a los pies.

"Si sigues mirándome así, no saldrás de esta habitación," susurró con voz ronca, acechándome lentamente.

Respiré hondo, tragando y murmurando, "¿Lo prometes?" Se echó a reír, rodeando mi cintura con sus brazos, siseando un poco con el movimiento de su brazo izquierdo. Lo miré alarmada, pero él capturó mis labios en un intenso beso, distrayéndome eficazmente de su dolor.

"Bella, me encantaría quitarte ese maldito vestido sexy del cuerpo," murmuró en mi oído. "Pero intento cumplir una promesa y necesitamos irnos ahora antes de que pierda el control y rompa esa promesa."

"¿Qué promesa?" Insistí, todavía sin saber sus planes para el día.

"Una vez te hice la promesa de llevarte a una cita, y eso es precisamente lo que vamos a hacer," respondió, riéndose entre dientes al ver mi sonrisa emocionada.

Me sacó de la habitación mientras yo brincaba entusiasmada, explicándole a un Emmett confundido y a un taciturno Jasper que nos ausentaríamos durante el día y volveríamos hasta muy tarde por la noche. Emmett explicó que él y Jasper también tenían planes para el día, dándole a mi primo que estaba en silencio mirando a la nada una sonrisa cómplice. Me pregunté por un momento cuáles eran sus planes pero no le pregunté, feliz de estar a solas con Edward, que dejó a Sam en casa con Ben. Aún tenía que reemplazar a Liam, pero no parecía muy preocupado por ello.

Pasamos el día actuando como un par de turistas, primero llegando a Graceland, el hogar de Elvis Presley, que vergonzosamente nunca había visitado. Era más pequeño de lo que esperaba, pero supuse que probablemente era muy lujoso para cuando se construyó. Graceland estaba situado en Whitehaven, en el que alguna vez fue una colonia muy elegante. Con el tiempo prácticamente se convirtió en un gueto, la colonia que rodea la mansión poco a poco cayó en ruinas. En seguida, comprendí que no importaba dónde estaba Graceland, una vez que entré a la casa con mis compañeros turistas. Me quedé mirando la habitación de la selva con asombro ya que era espantosamente vulgar con esa felpuda alfombra verde por todas partes y plantas exóticas fuera de control. Había estampado animal por todas partes y en una pared caía agua entre las piedras incrustadas ahí. Dejamos la habitación y mis ojos deambularon hacia las escaleras que conducían al segundo piso, que estaba acordonado, restringido a los visitantes. Le susurré mis conspiraciones a Edward, que tal vez el mismísimo rey estaba arriba, comiendo una hamburguesa con queso y viendo MTV. Él se rio entre dientes y rodó los ojos cuando salimos, mirando a las enormes lápidas en el jardín de la meditación donde el rey, sus padres y su abuela estaban enterrados. Una fuente redonda estaba en medio de las lápidas, rociando agua al cielo antes de caer en cascada al azul claro debajo.

"¿Ves? Su nombre está mal escrito en la lápida," le susurré a Edward, señalando mientras él miraba con curiosidad. "Su segundo nombre se escribía A-A-R-O-N. La lápida solo tiene una 'A'. Mmmm… no está muerto."

"¿Qué tiene que ver el que escribieran mal su nombre?" Preguntó, con una ceja levantada. "Y de todos modos, ¿cómo sabes tú eso?"

"Elvis nació y creció en Tupelo, Mississippi. Dah," respondí, rodando los ojos mientras él me sacudía la cabeza con una pequeña sonrisa paciente. "¿Y quién permitiría que el rey del rock and roll tuviera su nombre mal escrito en su lápida? Alguien que sabe que no está realmente muerto."

Edward soltó una risita mientras yo lo miraba con rostro serio. Cuando dejamos la propiedad con los grupos de turistas japoneses y alemanes, le eché un último vistazo a la mansión, jadeando cuando vi las cortinas moverse en la habitación de arriba. Edward dijo que era la mujer que hace la limpieza, pero yo tenía mis dudas.

Para cuando terminamos en Graceland, y vimos el Lisa Marie, el jet de Elvis nombrado en honor a su única hija, era la hora del almuerzo. Edward explicó que tenía planes para nuestra cena, pero que era mi decisión dónde almorzar. Con ganas de comida casera, elegí comer en The Elegant Farmer, frunciendo el ceño al ver el menú cuando vi enumeradas las empanadas de salmón. Cuando Edward vio mi expresión me preguntó, y le expliqué mi imprudencia con las empanadas de salmón y las pruebas de embarazo, provocando que echara la cabeza hacia atrás y estallara en carcajadas. Sonreí al ver la expresión despreocupada y feliz en su rostro, perdida por un momento en la forma más pura de libertad y… tranquilidad que nunca había sentido en mi vida hasta este momento. Este hombre, este hermoso, cariñoso y sonriente hombre estaba dispuesto a pasar el resto de su vida conmigo. Me dio una sonrisa confundida cuando volví a mirar mi menú, luchando por ocultar mis lágrimas de alegría.

Apegándome a mis raíces, ordené el bagre del Mississippi salteado con macarrón con queso, mazorcas de maíz frescas, sopa de tomate ahumada y un enorme vaso de té dulce. Edward se me quedó mirando asombrado cuando limpié todo el plato antes de agachar la cabeza avergonzada. Me explicó en voz baja que no podía esperar a ver mi vientre crecer con sus hijos y mis mejillas ardieron al escuchar la honestidad en su voz y al verla en sus ojos. Le sonreí con timidez cuando le dejó a la joven camarera una gran propina y regresamos al coche de la mano.

Nuestra siguiente parada fue el Museo Palacio Rosado donde vimos una película en el teatro IMAX. Para serles sincera, no estaba prestando atención a The Light Before Christmas cuando interpretaba su actuación final en la pantalla gigante. Edward y yo estábamos muy ocupados besándonos en la última fila para prestar atención, la razón por la que demandó que fuera sin ropa interior ahora clara. Cuando la película terminó y poco a poco volvieron a encender las luces. Oculté mi rostro de nuestros vecinos que nos miraban con el ceño fruncido cuando la mano de Edward se deslizaba por debajo de mi vestido. Afortunadamente, no había niños en nuestra fila de asientos.

"Solo están celosos," me susurró Edward al oído al salir del teatro y entrar al museo, mirando alrededor a las exhibiciones de fósiles de dinosauros.

Me reí de él, rodando los ojos en respuesta mientras rodeaba mi cintura con su brazo y nos abrimos paso por la mansión más enorme que había visto en mi vida, mis botas marrones cliqueando contra los pisos de madera. La mansión había sido alguna vez la casa de ensueño de un hombre que era dueño de la cadena de tiendas Piggly Wiggly. La construcción del palacio comenzó a principios de los veinte, pero el dueño de las tiendas quebró, declarándose en bancarrota y dejando el palacio sin terminar. Con el tiempo el edificio fue entregado a la ciudad de Memphis a finales de los veinte y fue convertido en un museo. Fue nombrado Palacio Rosado porque la enorme mansión fue hecha en su totalidad con mármol rosado.

Paseamos por el edificio tomándonos nuestro tiempo viendo las diferentes exhibiciones hasta que el sol empezó a ocultarse en el cielo. Salimos, con Edward anunciando su última sorpresa del día. Me emocioné cuando nos dirigimos cerca del río, mis pensamientos de pronto volviéndose hacia Angie y Eric, la culpa invadió mi cuerpo porque no había visto cómo estaban desde que regresé a casa. Hice a un lado ese pensamiento, recordándome que de todos modos no recordaba su número de móvil, ya que estaba programado en mi viejo teléfono que Jasper arrojó desde la ventanilla del coche hace muchos días. Prometiendo hacer una visita personal a su departamento el día siguiente, miré por la ventanilla mientras Edward estacionaba el coche cerca del río. Fue entonces que vi la hermosa barcaza blanca y rojo, flotando perezosamente en el río Mississippi. Era antigua y elegante, con grandes ruedas de palas situadas a los costados y una larga chimenea que sobresalía de la cima.

"Edward, ¿qué estamos haciendo?" Pregunté en voz baja al acercarnos al muelle, mi pecho bullendo de la emoción. Me subió a la barcaza, saludando a un hombre que estaba cerca con un traje negro, y una sonrisa amigable en su rostro.

"Vamos a cenar," explicó al seguir al hombre al interior de una gran habitación, llena de pequeñas mesas redondas cubiertas con manteles blancos con diminutas velas de té y rosas rojas en flor. "Y luego te invitaré a bailar. Y con suerte dirás que sí…"

Fue entonces que noté el pequeño grupo de hombres cerca, muy ocupados reuniendo sus instrumentos mientras un hombre guapo con piel oscura y un brillante chaleco plateado se puso frente a un micrófono, ajustándolo a su altura. Me dio una sonrisa al mismo tiempo que el hombre del traje negro hizo un gesto hacia una mesa vacía. Edward se adelantó al hombre para sacar mi silla él mismo, y le di al hombre una mirada de disculpa. Él me respondió con una sonrisa gentil, al parecer no se sintió ofendido por el desaire de mi prometido. Edward se me unió a la mesa mientras el hombre nos tomaba la orden de bebidas y desapareció. La banda comenzó, el ambiente se llenó del conmovedor sonido de la música blues cuando el hombre con el chaleco plateado empezó a cantar una de mis canciones favoritas.

"Well, you've heard about love givin' sight to the blind

My baby's lovin' 'cause the sun to shine

She's my sweet little thing, she's my pride and joy

She's my sweet little baby, I'm her little lover boy"

El camarero regresó con nuestras bebidas y Edward me invitó a bailar. Un nudo por los nervios se formó en mi estómago cuando le confesé que no era una muy buena bailarina. La verdad sea dicha, nunca había bailado con nadie en mi vida. Edward, ignoró mis preocupaciones, me llevó a la pista de baile, rodeando mi cintura con sus brazos al acercar su cuerpo al mío. Colocando mis brazos alrededor de su cuello, descansé mi cabeza contra su pecho, y nos balanceamos juntos lentamente, mientras Edward me susurraba todo el tiempo su dulce devoción al oído. Me volví a enamorar de él en esa barcaza, balanceándonos al ritmo de la música.

"Yeah, I love my baby, heart y soul

Love like ours won't never grow old

She's my sweet little thing, she's my pride and joy

She's my sweet little baby, I'm her little lover boy"(2)

Terminamos la noche al comer barbacoa de cerdo desmenuzada al estilo Memphis, pollo marinado a la parrilla, frijoles al horno, ensalada de col, vegetales a la parrilla y pastel de chocolate de postre, una verdaderamente reveladora comida sureña. Para cuando partimos a casa pasaban de las ocho de la noche. Estaba que me reventaba como una garrapata y me sentía un poco miserable, gimiendo y frotando mi barriga llena. Edward se rio de mí divertido cuando nos acercábamos a la casa, la sonrisa desapareciendo de su rostro cuando echó un vistazo a nuestra entrada en confusión. Estaba llena de coches y un nudo por el miedo se formó en mi estómago.

"¿Qué está pasando?" Pregunté, viendo los vehículos de Alice, Rose y Carmen, entre otros coches diferentes. Sacudió su cabeza, murmurando que no tenía idea, justo cuando estacionó el coche y la camioneta de Emmett retumbó detrás de nosotros. Salimos del vehículo, caminando hacia donde Emmett y Jasper salieron también de su camioneta, mirando a la entrada llena de coches en confusión.

"¿Y todos esos coches?" Emmett preguntó al mismo tiempo que todos intercambiábamos miradas desconcertadas.

Me encogí de hombros y seguí a los chicos por el camino sinuoso hacia la puerta principal. Donde fuimos recibidos por un lugar lleno de amigos y familia sonrientes y gritando, con bebidas en mano. Carmen, Tia, Rose, Angie y Eric, Sam, Ben, Esme y Carlisle nos sonreían, con una Alice con apariencia traviesa justo en el centro. Alcancé a ver un gigantesco pastel blanco en la barra cerca de la cocina, el glaseado cayendo y haciendo espirales elegantemente. La habitación estaba llena de pequeñas velas encendidas y fragrantes flores blancas, cubriendo toda superficie disponible. Jadeé por la sorpresa mirando alrededor de la habitación justo cuando Emmett se paró a mi lado.

"¡Aw, demonios, Bells!" Exclamó con una sonrisa, dándome una palmada en la espalda, provocando que hiciera una mueca por el dolor. "¡Te organizaron un baby shower!"

Las sonrisas desaparecieron de los rostros de todos incluyendo Carlisle, que le dio a Esme una mirada preocupada antes de tomarse lo que quedaba del líquido oscuro en su vaso. Todos jadearon simultáneamente mientras nos miraban, la voz de Alice sobrepasando el sonido.

"¡Estás embarazada!" Gritó, sujetando su pecho por la sorpresa. Edward y yo nos miramos el uno al otro con ansiedad, antes de que él asintiera, murmurando algo sobre que no hay mejor momento que el presente.

Tomando una respiración profunda, dije, "Sí, de gemelos…" Vi cómo la boca de todos se abrió… incluyendo la de Carlisle.

Y muy al estilo Cullen, Esme se desmayó, cayendo en los brazos expectantes de su esposo que la esperaban.

"No puedo creer que estés embarazada," Alice dijo con un hipido en su vaso de Jack, un poco más tarde, una vez que su madre recuperó la consciencia.

Resulta que la fiesta sorpresa no era para nada un baby shower. Era una fiesta de bienvenida a casa, orquestada completamente por Alice y las chicas, con la ayuda de Sam, por supuesto. Edward se veía un poco molesto de que Sam mantuviera la fiesta en secreto, caminando por ahí murmurando sobre traidores y cosas como esas hasta que le di una mirada hostil. Ha sido bastante compresivo desde entonces, quedándose con Emmett, Jasper y Carlisle mientras hablaban, de todos los temas disponibles, sobre despellejar a un ciervo. Al parecer, un viaje de cacería en Año Nuevo estaba en proceso y sacudí mi cabeza asombrada al ver a mi primo y a mi futuro suegro conversar como si fueran viejos amigos de la universidad.

"Sí, tampoco puedo creerlo, sobre todo porque estabas tomando anticonceptivos," reflexionó Rose, mirando a la nada. "Edward debe tener un súper esperma." Arrugué mi nariz cuando mencionó el súper esperma de mi prometido.

"Entonces, ¿qué han estado haciendo ustedes?" Le pregunté a Carmen y Tia. Carmen estaba detrás de la barra, cortando un pequeñísimo pedazo de pastel al que probablemente le daría dos mordiscos antes de declararse llena. Tia estaba detrás de ella cerca de la isla, sirviéndose un vaso de té.

Carmen miró alrededor, observando su entorno, aparentemente satisfecha que Rose y Alice ahora estuviesen enfrascadas en su propia conversación y nadie más nos estaba prestando atención. Se acercó hacia adelante, haciéndome un gesto para que yo hiciera lo mismo. Nuestras cabezas estaban tan cerca que casi se tocaban.

"Matando gente," susurró, sus ojos amplios por la emoción.

Tia se me quedó mirando detrás de ella, girando su dedo en círculos cerca de su sien derecha, el símbolo internacional de la locura antes de que empezara luego a hacer gestos con sus manos simulando a alguien vaciando pastillas en su mano y metiéndolas a su boca. Asentí deliberadamente y Carmen frunció sus cejas confundida, mirando a Tia por encima de su hombro que ahora estaba bebiendo tranquilamente su té, mirando al techo despreocupadamente. Mi amiga yanqui sin duda era una persona extraña.

Eric estaba creciendo como la hierba, ahora tambaleándose torpemente en sus pequeñas piernas gordas. En el fondo, deseaba unos pequeños bebés gordos, aunque dudaba que Edward le gustaría. Angie aún se veía hermosa y dulce como siempre, con su piel oscura y sus ojos cálidos, su largo cabello negro cayendo por su espalda. Hablamos de nuestros viejos vecinos en el edificio de departamentos y Angie confesó que echaba de menos que estuviera justo al otro lado del pasillo. Le prometí visitarla muy pronto y nos abrazamos, riendo cuando Eric embarró glaseado blanco en toda su carita regordeta, dándonos una sonrisa con ventanita.

Esme actuó de forma extraña a mi alrededor, observando todos mis movimientos, sirviéndome un vaso de leche escupiendo algo sobre la salud de los huesos. Arrebató un pedazo de pastel de los dedos de una sorprendida Alice, murmurando sobre diabetes gestacional. Le lancé a Alice una mirada recelosa, preguntándome si sería sometida a ese tratamiento los meses próximos. Alice asintió, respondiendo mi pregunta tácita y sacudí mi cabeza por la decepción.

Era casi la medianoche cuando el drama comenzó a desarrollarse. Emmett bebió más de lo habitual esa noche y empezó a usar sus encantos en Rose, que lo miró con el ceño fruncido y lo ignoró, rodando sus ojos y dándole la espalda rechazándolo por completo. Él deambuló por ahí como si alguien hubiera pateado a su cachorro antes de desaparecer en la planta alta y supe en mi corazón que estaba a punto de hacer algo completamente estúpido. Volvería a aparecer con el archivo de Claire y probablemente avergonzaría a Rose y a sí mismo frente a toda esta gente. Me levanté del banco para buscarlo antes de que hiciera algo drástico, pero Esme se adelantó, conversando sobre posibles nombres de bebés mientras le hablaba con cariño a mi vientre y lo acariciaba.

Todos estaban sentados en la sala, aparte de Esme y yo. Nosotras estábamos en el área de la cocina y yo echaba miradas nerviosas hacia la escalera de vez en cuando. Por la esquina de mi ojo vi a Jasper agarrar la pequeña mano de Alice, con una sonrisa de lado que había desaparecido hace tiempo en su rostro al sacarla de la habitación, desapareciendo hacia alguna parte de afuera… probablemente al columpio del jardín. Finalmente, Emmett bajó las escaleras, pero lo que llevaba en sus manos no era una carpeta. Era su maleta de lona.

"Oh, mierda," murmuré, cuando pisó el último escalón, una expresión determinada en su guapo rostro. Sus ojos estaban un poco rojos, así como sospechosamente húmedos. Me disculpé con Esme, corriendo al otro lado de la habitación justo cuando él pasó junto a una Rose con rostro solemne que vio cuando yo empecé a tirar del gran brazo musculoso de mi hermano.

"¡Emmett! ¿A dónde vas?" Le pregunté, mi voz escuchándose frenética a mis propios oídos. Si quería irse podía hacerlo, pero no detrás del volante de cualquier vehículo después de beber.

"Me voy de aquí. Necesito alejarme por un tiempo," respondió con voz ronca, pasando la mano bajo sus ojos cuando quitó mi mano de su brazo. "No te preocupes. Llamé un taxi. Lo esperaré en la reja de entrada."

"¡Emmett! ¿A dónde vas? ¿Te vas de la ciudad? ¿Qué… qué pasa con los bebés? ¿No quieres quedarte a ver a los bebés?" Ya me estaba desesperando cuando empecé a llorar, llamando la atención de todos los invitados que quedaban en la casa, incluyendo a Rose.

Por la esquina de mi ojo, vi a Edward cruzar sala a donde luchaba por evitar que mi hermano se fuera. Había estado encerrado por dos años y solo había pasado un poco más de dos meses con él. Qué me condenen, si no peleaba un poco antes de dejarlo salir de mi vida.

"Bella, no me voy para siempre. Solo necesito algo de tiempo para mí. Volveré por mi camioneta y el resto de mis cosas. Yo… solo necesito tiempo para pensar algunas cosas, ¿sabes? Reevaluar mi futuro," murmuró cuando Edward apareció a mi lado y empezó a hablarle en voz baja a mi hermano.

Emmett ignoró sus palabras, murmurando un adiós sin mirar atrás antes de cerrar la puerta detrás de él. La casa se quedó en silencio, salvo por mis silenciosos sollozos. Bajo la tristeza, mi ira empezó a abrirse paso y Edward se me quedó mirando, sus ojos abiertos como platos, sabiendo exactamente lo que estaba a punto de pasar.

Como mi amiga Tía diría, me puse como una loca chica blanca.

"¡Todo esto es tu culpa!" Le grité a Rose, cuya boca se abrió por el shock cuando me volví, fulminándola con la mirada y señalando a su rostro con mi dedo. Las lágrimas caían por mis mejillas a medida que cruzaba la habitación dando pisotones, Rose se puso de pie graciosamente y levantó las manos en defensa.

"¿Por qué es mi culpa?" Preguntó, la sorpresa desapareciendo de su rostro y siendo remplazada por una expresión de irritación e ira.

"Porque eres una pequeña perra patética que no reconoce algo bueno cuando lo tiene enfrente," escuché que Tia le dijo con brusquedad mientras yo asentía de acuerdo. La boca de Rose formó una marcada línea y fulminó a Tia con la mirada al otro extremo de la habitación. Sam apareció junto a Tia, colocando su mano con delicadeza sobre su hombro y dándole un apretón.

"Ni siquiera sé a qué te refieres para poder defenderme," Rose le dijo con desdén, rodando los ojos.

"¡Quise decir que eres una perra ricachona, pretenciosa y esnob!" Tia gritó, sus manos cerradas en puños.

Esme jadeó, poniendo su mano sobre su corazón al escuchar el arrebato de mi amiga. Carlisle volvió a llenar su vaso con Jack. Edward empezó a hablar con voz serena, tratando de calmar las cosas, pero Rose lo interrumpió con voz baja.

"Mira, no es que no me agrade Emmett," explicó Rose bajito, la ira dejó su rostro y fue remplazada por una expresión de tristeza. "Me agrada Emmett… más que agradarme. Pero es como si fuéramos de dos planetas diferentes. No puedo imaginar cómo le explicaría a mi padre que estoy saliendo con un exconvicto."

"Después de todo lo que él ha hecho por ti," susurré, secando mi rostro con el dorso de mis manos al mismo tiempo que Rose me daba una mirada confundida. "Ni siquiera sabes lo que él hizo por ti. Encontró a tu hija, Rose. Desde el momento en que se enteró de ella comenzó su búsqueda, pasando horas y horas haciendo precisamente eso que tiene prohibido hacer; entrar a la red hackeando sitios web seguros. El archivo está arriba si no me crees. Oh, y también le compró algo de ropa. Será mejor que te la lleves cuando te vayas, ya que no tengo idea de cuándo o si alguna vez volverá mi hermano."

Ella se me quedó mirando, sus ojos amplios y su rostro pálido. Sus manos comenzaron a temblar al mismo tiempo que murmuraba incoherencias bajo su aliento. Rose empezó a llorar, abrazándose a sí misma mientras murmuraba, "¡Oh, Dios! ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?" Una y otra vez. Su rostro angelical se derrumbó y lo ocultó con sus manos, sollozando antes de sentarse en el sofá, con sus hombros caídos por la derrota.

De pronto me sentí horrible, descubriendo a Rose de la forma en que lo hice, hiriéndola a propósito por el dolor que yo sentía muy dentro de mí. Abrí mi boca para disculparme cuando Alice irrumpió en la habitación, arrastrando detrás de ella a un Jasper sonriendo y con el rostro rojo, soltando, "¿Adivinen qué? ¡Jasper acaba de proponerme matrimonio! ¡Estamos comprometidos!" Levantó su dedo anular izquierdo, el anillo de diamante destellando a la luz de las velas. La sonrisa desapareció de su rostro cuando se dio cuenta del ambiente sombrío en la habitación y la apariencia devastada de Rose.

"Uh, oh. ¿Qué me perdí?" Murmuró, mirando alrededor del lugar a los diferentes rostros. En ese preciso momento, el reloj marcó la medianoche y escuché que Edward resopló junto a mí. Volviéndome hacia él, le arqueé una ceja, al mismo tiempo que empezaba a carcajearse histéricamente, con lágrimas cayendo de su rostro.

"¡Feliz Año Nuevo!" Logró decir entre carcajadas mientras el reloj sonaba por duodécima vez, señalando el final de un muy loco año.


(1) Collio - Gansta's Paradise

(2) Stevie Ray Vaughan - Pride and Joy


que saben celebrar este grupo jajajaja. Primero lo que ocurrió en Acción de Gracias, y ahora en Año Nuevo. Sin duda están tan enojadas como yo con Rose por haber reaccionado como lo hizo, supongo que le pasaba lo mismo que a Edward, queriendo siempre agradar a sus padres, y fue eso lo que le impidió corresponderle a Emmett, a pesar de que si le agrada. Pero, ¿será que ya todo está perdido entre esos dos? ¿Y qué pasará ahora con Claire, la hijita de Rose? Bueno, ya lo veremos. Así como veremos cómo le va a la pobre Bella con esa suegra sobreprotectora jejeje. Pero bueno, hay que tomar en cuenta que seguramente es por la forma en que perdió ella a su bebé, ahora quiere asegurarse que sus nietos nazcan sanos y fuertes. Así que, como ven, todavía queda tela de donde cortar con este grupo de locos… Espero que hayan disfrutado del capítulo y como siempre, esperaré ansiosa sus reviews para saber su opinión, qué fue lo que más les gustó, o simplemente para recibir un gracias. No olviden que son sus reviews los que nos animan a seguir haciendo esto. Si eres una lectora fantasma, no te cuesta nada salir de las sombras y saludar, de ti depende que el fandom siga vivo ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: miop, JessMel, torrespera172, cary, Juliana Masen, DenniChavez, aliceforever85, liduvina, Gabriela Cullen, Maryluna, nydiac10, freedom2604, Laliscg, J, Yarra, onlyRobPatti, alejandra1987, DaemonDmerlicht, bealnum, May Cullen M, Hanna D.L, Tecupi, Isabelfromnowon, patymdn, angryc, Bertlin, Adriu, Esal, PRISOL, kaja0507, Vanina Iliana, Ali-Lu Kuran Hale, Vrigny, lauritacullenswan, lagie, brigitte, andreasotoseneca, Lady Grigori, Katie D.B, Say's, glow0718, maries24, Brenda Cullenn, Mafer, Pili, seelie lune, Liz Vidal, jupy, Kriss21, cavendano13, Lizdayanna, Tata XOXO, saraipineda44, Manligrez, Sully YM, tulgarita, EriCastelo, , Yoliki, injoa, rjnavajas, bbluelilas, Pam Malfoy Black, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, que espero sea muy pronto.