Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.

Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)


Capítulo Veintisiete: El regreso del Mack (McMaster90)

Los días que siguieron a la partida de Emmett, la crisis nerviosa de Rose y el compromiso de Alice y Jasper fueron extraños, por decir lo menos.

Rose se quedó en nuestra casa por tres días. El primer día del Año Nuevo, Sam tocó suavemente a la puerta de nuestra recámara, llamando a Edward en voz baja. Edward caminó a la puerta, abriéndola un poco y sacando la cabeza al pasillo. Observé adormilada desde donde yacía, las emociones de la noche anterior, además del hecho que estaba embarazada, me habían dejado totalmente exhausta. Edward le habló bajito a Sam, cuya voz alcancé a escuchar en la recámara, antes de que cerrara la puerta suavemente.

"Deberías ir a ver cómo está Rose," sugirió Edward en voz baja, al sentarse en la orilla de la cama con su bóxer azul rayado. Pasó los dedos por su cabello y suspiró. "Ya no está en tu vieja recámara. Está en la de Emmett."

Las palabras de Edward hicieron que me sentara en la cama, despertando al instante. Le habíamos dicho a Rose que podía pasar la noche después del drama de la noche de Año Nuevo, sin querer que condujera en ese lamentable estado. Por lo que sabía, había pasado la noche en mi antigua recámara arriba. Recordando mis palabras de la noche anterior, me pregunté si había ido en busca del archivo de Claire… y lo encontró. ¿Qué estaba haciendo abajo, sola, revisando un archivo que contaba de la corta y triste vida de su hija perdida hace tanto tiempo? Edward me vio correr por la habitación, poniéndome la ropa mientras lo hacía. Le di un besito en la mejilla antes de dejarlo sentado en nuestra cama, con una pequeña sonrisa en su rostro. Subí corriendo las escaleras y toqué suavemente a la puerta de Emmett, sin respuesta. Girando el pomo, entré sin permiso, jadeando al ver la escena frente a mí.

Rose estaba en la cama de Emmett, llevando puesto un enorme bóxer rojo rayado y esa estúpida camiseta de tocino que mi hermano se puso en Acción de Gracias. Pañuelos húmedos y arrugados estaban esparcidos a su alrededor mientras ella yacía sobre su lado izquierdo. El contenido del archivo de Claire esparcido en torno a ella, con una fotografía de la niñita en su mano. Rose la miraba como un zombi, su rostro inexpresivo, carente de toda emoción. Estaba pálida y con manchas rojas, sus ojos hinchados de llorar. Era lo más depresivo que había visto en mi vida, y había visto muchas cosas depresivas en mis veintidós años.

"Tenía dieciséis años," la escuché decir en un triste susurró. Cruzando la habitación, hice a un lado pañuelos hechos bola al sentarme en la orilla de la cama, agarrando una de las manos de Rose y dándole un comprensivo apretón. Ella apretó débilmente mi mano en respuesta, tomando un profundo respiro tembloroso. "Tenía dieciséis años cuando di a luz a mi niñita. Tuve una niñita, Bella. ¿Lo sabías? ¿Te dijo Emmett que tuve una niñita?" Había un tono extraño en su voz cuando dijo eso, como el de una niña. Asentí recelosa, sintiendo como si mi corazón se rompiera en pedazos dentro de mi pecho.

"Me lo dijo," dije en voz baja, mirando la fotografía que ella sostenía entre sus dedos. Una niñita con rostro solemne me devolvía la mirada desde la foto, sus ojos del color de la costa de Florida y su cabello de un color rubio fresa. No había una sonrisa feliz, ni inocencia infantil en sus rasgos.

"Él se fue," susurró, sus ojos violetas llorando de nuevo al mismo tiempo que se sorbía la nariz. "Se fue. No me di cuenta de lo mucho que me importaba hasta que anoche se fue. Y él hizo todo esto por mí, Bella. ¡Por ! ¡No he hecho nada más que rechazarlo desde el principio, pero él siguió buscando a mi hija de todos modos! ¿Sabes por cuánto tiempo la he buscado?" Sacudí mi cabeza. "Por años. La he buscado por años, pensando que mi trabajo como agente de adopción me ayudaría de alguna forma… y Emmett entra en mi vida de repente y la encuentra en menos de dos meses. Nadie ha hecho nunca algo así por mí, Bella. Mis padres pretenden creer que nunca estuve embarazada. Todo lo que les importa es ocultar mi pequeño y sucio secreto para que la reputación de mi padre no se viera desprestigiada. He desperdiciado mi vida haciendo a todo el mundo feliz… a todos menos a mí. Estoy harta de eso, Bella. Muy harta. Estoy lista para, por una vez, ser feliz yo. Pero es demasiado tarde, porque él se fue." Las lágrimas de Rose se convirtieron en sollozos desgarradores. Mis ojos se llenaron de lágrimas, mientras veía derrumbarse frente a mis ojos a mi amiga que aparentaba ser fuerte.

"Volverá," le aseguré con voz esperanzada. "Volverá por su camioneta… por sus cosas." Miré alrededor de la habitación y me di cuenta con tristeza que mi hermano tenía pocas pertenencias, además de las bolsas de ropa que había comprado. La ropa colgaba desordenadamente de las bolsas, probablemente por obra de Rose ya que mi hermano era un poco TOC con sus cosas.

"No, no lo hará," gritó, limpiando sus mejillas manchadas por las lágrimas con un pañuelo arrugado. "¡Ya vino y se fue! ¡Escuché su camioneta irse esta mañana! Tu amiga tiene razón, Bella. ¡Soy una perra!" Pasé el nudo en mi garganta, con unas ansias abrumadoras de abandonar a mi amiga para correr a la ventana y asomarme a la entrada. Quería ver, con mis propios ojos, si estaba diciendo la verdad sobre que la camioneta de Emmett ya no estaba, aunque no tenía razones para mentir. La realidad de la situación era devastadora; mi hermano se fue. Y no tenía idea cuándo volvería. Rose se atrincheró en esa habitación, regodeándose en la autocompasión, hasta que al tercer día, me desesperé.

Llamé a Alice.

Llegó como el torbellino que era, gritándole a Rose que se controlara e hiciera algo, lo que sea, además de estar acostada en la cama usando una camiseta de tocino ya algo apestosa. Rose finalmente cedió, permitiendo que Alice la arrastrara a la ducha a asearse. Preparé el desayuno para todos nosotros en silencio, pero me detuve cuando el olor a huevos revueltos llegó a mi nariz. Por alguna razón, desde ese día en adelante, el olor a huevos me hacía vomitar. Esa mañana Edward se encargó de la cocina, sorprendiéndome en gran manera porque no tenía idea que supiera cocinar. Rose desayunó con nosotros, pero más que nada empujó la comida en su plato.

Jasper removió cielo, mar y tierra en busca de Emmett, pero no encontró nada. Volvió a la casa, con su actitud despreocupada algo abatida, al sacudirnos su cabeza y darle a Rose una sonrisa de disculpa. El hecho de que Jasper no pudiera encontrar a Emmett era aterradora. ¿Dónde podría ocultarse Emmett que mi primo del FBI no pudiera encontrarlo? Nunca le pedimos a Rose que dejara la casa, pero su presencia se volvió agobiante. Se paseaba de habitación en habitación, con una expresión rota en su rostro, como algún tipo de fantasma miserable. Edward creía que nuestro nuevo huésped estaba añadiendo estrés a mi embarazo. Lo negué en voz alta, pero en secreto estaba de acuerdo.

Entonces un día, algo dentro de Rose simplemente… cambió. Desperté y no estaba. Entrando en pánico, llamé a su teléfono solo para recibir un molesto mensaje de una voz automatizada. Después llamé a Alice, que de alguna forma pudo rastrearla, pero solo a través de su trabajo. Su jefa le dijo a Alice que Rose tomó un permiso prolongado para ausentarse de su trabajo. Y luego le contó algo que, muy posiblemente era ilegal que ella divulgara. Le dijo a Alice que Rose se había ido a Oklahoma… a encontrar a su hija.

Los días se convirtieron en semanas a medida que enero pasaba lentamente. Febrero llegó y todavía no había noticias de Emmett, ni de Rose. Jasper rastreó a Rose muy fácilmente, averiguando su ubicación a menos de veinticuatro horas de su partida. Se había atrincherado en un ostentoso hotel en un pueblo del que nunca había escuchado, trabajando por recuperar a su hija. Jasper nos dijo, y concordamos, en que era mejor que la dejáramos en paz. Casi mata a Alice no hablar con su mejor amiga por semanas, pero Rose no respondió a su teléfono, que era el indicio suficiente para entender que no quería hablar con nadie. Sus padres incluso llamaron a Alice, tratando de encontrarla. Alice mintió por ella, diciéndoles que estaba de vacaciones en alguna isla con un mediocre servicio móvil. Se tragaron el anzuelo, lo que fue bastante triste considerando que Alice me explicó que Rose no había tomado vacaciones en años.

Fue aproximadamente a mediados de febrero que el abandono de Emmett finalmente me afectó. La evidente falta de consideración de Emmett por la preocupación de Jasper y mía por su bienestar, no solo me angustiaba, sino que realmente comenzó a encabronarme. Apenas comía, apenas dormía, Edward se preocupaba por mí constantemente y los apapachos y la persistencia de Esme todo el tiempo no mejoraba las cosas. Era el momento de que Emmett regresara. Era el momento de usar el arma secreta.

Era el momento de llamar a Garrett.

Una noche Jasper estaba sentado solo en el columpio del jardín, fumando un cigarrillo, mientras miraba a la estrellas en el cielo oscuro. Me senté con él en silencio y rápidamente apagó el cigarrillo, dándome una pequeña sonrisa que no le llegó a los ojos. Jasper se recargó en el columpio, con su brazo colgando del respaldo mientras nos mecía suavemente hacia adelante y hacia atrás, usando los tacones de sus gruesas botas para movernos.

"¿Qué piensas, querida?" Preguntó, sus ojos desviándose de los míos y posándose en la cascada frente a nosotros. Metí las piernas debajo de mi cuerpo, mordiendo mi labio inferior mientras pensaba en la forma de meter disimuladamente a Garrett Ratliff en la conversación.

Nunca fui muy buena siendo disimulada.

"Llama a Garrett," le solté, provocando que los ojos azules de Jasper salieran disparados de la cascada hacia los míos, sorprendidos. "Llama a Garrett y pídele que encuentre a Emmett. Es el único contacto que no has usado. Por favor, Jasper. Estoy desesperada."

"Lo siento, Bella," dijo, inclinando su cabeza hacia un lado y observando mi rostro con cuidado. "Esa no es una opción después de la jugarreta que ustedes dos hicieron."

"Además," añadió, levantando una ceja al mismo tiempo que sus ojos penetraban en los míos, con una sonrisa de lado jugando en sus labios. "¿Cómo se sentiría Edward de verte cerca del hombre con el que huiste para jugar a la mártir?"

Por la expresión en su rostro casi juré que sabía sobre el beso no deseado que Garrett me dio. Mis mejillas ardieron por la vergüenza, pero deseché la idea y el recuerdo, sabiendo muy bien que no había forma que Jasper supiera sobre el beso. Y, Dios sabe que, por mal que parezca, no iba a contarle a Edward sobre el beso de Garrett. Si se desmayó por enterarse de los gemelos, se pondría furioso cuando se enterara que otro hombre puso sus labios sobre los míos. Me convencí que el beso no importaba. No significó nada para mí y no era importante. Edward estaba mejor sin saberlo.

"Jasper, solo estoy tratando de encontrar a Emmett, ¿de acuerdo?" Le dije, desviando la mirada de la suya crítica para ver el agua cayendo por la cascada de rocas, brillando con la luz de la luna. "Estoy preocupada por él. Está ahí afuera en alguna parte con su enorme y tonto corazón roto y nadie a quién acudir."

"Bella, créeme cuando te digo que Emmett va a volver," Jasper enfatizó mientras yo seguía evitando sus ojos, sacando mis piernas por debajo de mí, subiendo mis rodillas a mi barbilla y envolviéndolas con mis brazos. "Puedo leer a Emmett como un libro, y apostaría a que está ocultándose en alguna parte lamiendo sus heridas. Garrett no es nuestra siguiente opción, Bella. Demonios, no es ni siquiera la última. La respuesta es 'no' y es definitiva." Y con eso, mi primo se puso de pie, dejando el columpio meciéndose con un poco más de fuerza, y se marchó, metiendo las manos en sus jeans desgastados al hacerlo. Esa noche me quedé cerca de la cascada por un largo rato, con la sensación de los ojos de Edward en mi piel, observándome desde una ventana cerca hasta que al fin volví a entrar.

Hubo algo positivo en mi miseria, y vino en la sorprendente forma de Carlisle Cullen. Él y Esme llegaron una noche a cenar, y mientras estaba en el fregadero lavando los platos apareció a mi lado, recargándose como si nada en la encimera. Le di una mirada preocupada, todavía algo incómoda por su actitud amistosa hacia mí.

"¿Cómo estás, cariño?" Preguntó, su sonrisa cautelosa. "Quiero decir, ¿cómo estás, realmente?" En su voz nada más que interés paternal, algo que de algún modo reconocí, pero que también me era muy extraño. Secando mis manos con una toalla para cocina, me di la vuelta, recargándome en el fregadero a su lado mientras observaba su genuina mirada humilde.

"Sinceramente, Carlilse," respondí, mi voz escuchándose algo instable. "No he estado muy bien. Emmett todavía está desaparecido, Rose no contesta su teléfono, Edward no me deja volver a trabajar, lo que tiene perfecto sentido, porque, ¿qué mujer embarazada trabaja en un bar, de todos modos? ¡Todo lo que hago es cocinar y limpiar y estoy a punto de volverme loca! Todo el tiempo me siento tan inútil. ¡Y los cambios de humor están volviendo loco a todo el mundo! Ahora, mi armado prometido actúa como si estuviera aterrorizado de mí. ¡Mis planes de boda nunca se realizaron porque pasé de estar comprometida a ser atacada a ocultarme y luego embarazarme! ¡Oh, Dios, lamento estar divagado tanto."

Se rio un poco al verme morder mi labio en frustración. "Bella, desearía poder resolver todos tus problemas, pero no puedo. Tengo a Jenks rastreando a tu hermano, pero hasta ahora no ha tenido suerte. Ansias trabajar, lo que es muy honorable, por cierto. La mayoría de las mujeres en tu posición con gusto se pasarían el tiempo del brazo de mi hijo sin preocuparse por nada. Pero tú no eres como la mayoría de las mujeres, y por eso estoy agradecido. Cómo fue que alguna vez pensé que Tanya sería una mejor pareja para mi hijo, no lo entiendo. Respecto al miedo de mi hijo por ti, eso es normal. Los cambios de humor de Esme durante sus embarazos me aterraban. Enfrentaría al diablo mismo antes de pasar por eso de nuevo." Solté un resoplido en respuesta, una imagen de Carlisle eligiendo el infierno en vez de la ira de su esposa embarazada cruzó por mi mente. Me sonrió al ver mi expresión y le di, lo que esperé fuera una sonrisa sincera.

Le dije, mi voz sonando sincera, "Nunca podré agradecerte lo suficiente por ayudar a Edward a encontrarnos, y la forma en que manejaste a James…"

"Bella, en el momento que mi investigador me habló sobre las pruebas de embarazo, algo en mí simplemente cambió," admitió, su garganta subió y bajó cuando tragó y bajó la vista al suelo frente a él. El guapo hombre rubio de pronto se veía inseguro, algo que nunca antes había visto. "Hay algo… diferente que despierta dentro de un hombre cuando se entera que probablemente sea abuelo. Amo a mis hijos, no me malentiendas, pero es simplemente algo… especial, el saber que tu hijo está por ser padre. No puedo describir a ciencia cierta el sentimiento."

"Lo que me recuerda la verdadera razón por la que vine aquí a hablar contigo," admitió con timidez, de pronto rodeando la barra y agarrando un portafolio de donde estaba en un banco, que anteriormente me había pasado inadvertido. Vi con insulsa curiosidad como ponía el portafolio en la barra y abría los broches de metal, rebuscando y sacando una pila de papeles. Me los dio, observando mi rostro con nerviosismo mientras hojeaba torpemente la pila. Mi corazón se detuvo cuando mis ojos echaron un vistazo a las palabras, reconociendo en seguida qué había en la enorme montaña de papeles, pero de algún modo deseando escuchar las palabras dejando su boca.

"¿Qué es todo esto?" Susurré, mis ojos empezando a humedecerse al dejar los papeles sobre la encimera, como si estuvieran en llamas.

"Todo lo que necesitas para el fideicomiso de los gemelos," respondió, aclarándose la garganta. "Y, por supuesto, sus gastos para la universidad ya están pagados. También hay una copia de mi testamento ahí. Todo está divido a partes iguales entre Edward y Alice, salvo por los fideicomisos universitarios de los gemelos. Si Alice decide tener hijos en el futuro, ellos recibirán los mismos beneficios." Se veía muy sorprendido cuando terminó su explicación, por encontrarse de pronto entre mis brazos mientras yo sollozaba contra el cuello de su costoso traje. Mis hijos irían algún día a la universidad, algo que yo nunca tuve la oportunidad de hacer. Nunca se preocuparán por el dinero como yo siempre hice. Carlisle se había asegurado de eso, afianzando su brillante futuro permanentemente. Palmeó torpemente mi espalda y yo me sorbí la nariz y pasé mis manos por mis mejillas, apartándome de él con timidez.

"He estado pensando en algunos nombres," le dije, mirando con timidez a los ojos de mi futuro suegro. "Y pensé que, si tengo una niña, la llamaré 'Carlie'. Es la combinación de 'Carlisle' y 'Charlie'. Ese es el nombre de mi padre… Charlie."

Carlisle se me quedó mirando por un largo rato antes de desviar la mirada, bajando la vista al suelo mientras tosía y aclaraba su garganta. Por un momento podría jurar que también se le aguaron un poco los ojos. "Ese sería un gran honor, Bella," me dijo con voz baja al mirar a sus brillantes zapatos negros antes de verme a mí.

"Bella, ¿has hablado con tu padre?"

"No," me encogí de hombros, sentándome en un banco. "Él dejó de ser un padre hace mucho tiempo. No he hablado con él en años. Lo último que supe, es que estaba en rehabilitación por drogas."

"La gente comete errores, Bella," dijo, su voz aludiendo a su propio error al juzgarme mal. "Tal vez, deberías darle una oportunidad. ¿No se merece saber que va a tener nietos? ¿Los gemelos no merecen conocer a su abuelo?"

Pensé en sus palabras con cuidado antes de decidir responder. "Tal vez algún día, Carlisle, pero ahora preferiría no hablar de él." Había muchas cosas ocurriendo en mi vida como para arriesgarme a buscar a un hombre que posiblemente me rechazaría. Recuerdos felices de mi juventud, antes de la muerte de mi madre, se reprodujeron en mi mente… un ocasional viaje de pesca, una suave sonrisa en el rostro de mi padre… pero deseché esos pensamientos. Sí, pasaría mucho tiempo antes de que hablara de nuevo con Charlie Swan. Carlisle asintió, eligiendo no insistir más en el tema, por lo que me sentí agradecida.

Casi terminaba el mes de febrero cuando Emmett regresó. Llegó tan rápido como había desaparecido.

Edward insistió en cambiar el código de la entrada cada semana desde que regresamos a casa. Continuó haciéndolo, contra mis deseos, incluso después que Emmett se fue. Sentí pánico al pensar en que mi hermano se presentara y que probablemente pareciera algún tipo de rechazo el que presionara el código incorrecto. Afortunadamente, Emmett no lo tomó de esa forma. Simplemente presionó el botón del intercomunicador una y otra vez, gritando por la pequeña caja de plástico que estaba en 'casa' y que 'abrieran la maldita reja'. Escuché su voz frustrada hasta la cocina, y le grité a Sam para que abriera la reja al mismo tiempo que salía disparada de la habitación. Llegué a la entrada justo cuando Emmett se detenía en esa enorme camioneta blanca con el fondo cubierto de grueso lodo rojo diciéndome una cosa; el escondite de mi hermano estaba en alguna parte de Mississippi.

Emmett se bajó de un salto de la camioneta y de inmediato arrojé mis brazos a su alrededor, disfrutando de la sensación de sus brazos en torno a mí y la familiar risa fuerte. La barba cubría su rostro, nada característico de Emmett, ya que prefería estar bien afeitado. Había sombras debajo de sus ojos y parecía no haber dormido en mucho tiempo. Probablemente se sintió peor después que dejé su cariñoso abrazo y lo golpeé en el estómago.

"Maldición, Bells," me miró con el ceño fruncido, frotándose la panza. Mi puño estaba adolorido por golpearlo y sacudí mi mano tratando hacer desaparecer el dolor al mismo tiempo que lo miraba con el ceño fruncido. "Creí que estarías feliz de verme."

"¡Eres un pendejo! ¿Dónde has estado? ¿Sabes por lo que nos has hecho pasar? ¡Te hemos estado buscando por cielo, mar y tierra! ¿Cómo pudiste irte así? ¡Estoy muy enojada contigo! ¡Y ni qué decir de Edward! ¡Probablemente te va a retorcer el cuello!" Grité, empujando su gran pecho para enfatizar.

"¡Tranquila, hermanita!" Dijo, agarrando mis manos cuando traté de golpearlo de nuevo. "Estuve un tiempo con un amigo mío de Parchman. Te dije que necesitaba algo de tiempo para entender algunas cosas."

"¡Bueno, espero que hayas entendido todo!" Espeté, cruzando mis brazos y fulminando con la mirada al gran idiota de mi hermano.

"De hecho, lo hice," admitió, mirando por encima de mi hombro al mismo tiempo que sentí a mi prometido salir de la casa. El rostro de Emmett palideció un poco, y solo pude imaginar la expresión asesina en el rostro de Edward antes de que realmente lo viera. Apareció a mi lado mirando furioso a mi hermano que de pronto se vio muy avergonzado.

"No creo que necesite explicarte lo preocupada que ha estado tu hermana," dijo Edward, con voz baja, cerrando sus manos en puños a sus costados. Esa vena familiar sobresaliendo de su frente y con una sexy mueca de desdén en su rostro. No sentí vergüenza de admitir que esa mueca me hizo algo. No me critiquen; mis hormonas de embarazo me tienen trabajando a toda marcha. Lamí mis labios al ver a un Edward muy enojado.

"Miren, lo siento," murmuró Emmett, sosteniendo sus manos en alto, en defensa. "Debí haber llamado. Fue estúpido y egoísta de mi parte irme sin avisarles que estaba bien. Pero ya regresé, y mi cabeza está muy bien puesta. Rose no me quiere, y por mucho que eso duela, estoy dispuesto a hacer a un lado mis sentimientos para concentrarme en ser un buen tío. Pero si están encabronados y quieren que me vaya, lo entenderé."

"Por supuesto que no queremos que te vayas," le dije a mi hermano, avergonzada por mi forma de tratarlo tras su regreso. Se animó un poco, con una sonrisa jugando en las comisuras de sus labios. Edward siguió fulminándolo con la mirada, murmurando, "No lo vuelvas a hacer" antes de dejar un beso en mi mejilla y volver a entrar, probablemente para buscar a Jasper y anunciar el regreso de Emmett.

Algo del estrés se desvaneció, una vez que Emmett volvió a casa. Comenzó nuevamente en el club como si nada hubiese pasado y rara vez hablaba de Rose, aunque le informamos de su viaje a Oklahoma. Incluso conoció a una chica en el club, una pequeña morena de nombre Bree, que empezó a ver regularmente. Ella era una cosita linda; bajita con suaves curvas y un carácter alegre. Ella veía a Emmett con estrellas en sus grandes ojos castaños, pero él nunca la vio de la misma forma en que veía a Rose.

Mi vientre empezó a crecer, pasando de plano a un pequeño montículo redondo. Me miraba al espejo todas las mañanas, mis ojos amplios por el asombro al ver crecer a los gemelos. Edward entraba al baño y sonreía mientras yo tenía la camiseta metida bajo mis tetas, rodeándome con sus brazos y masajeando ligeramente mi abdomen. Sintió emoción cuando empecé a sentir el movimiento de nuestros hijos dentro de mí, seguido de una profunda decepción cuando él no pudo sentirlo. Con humor, se sumergió en mi libro 'Qué hacer cuando estás esperando', buscando el momento en que podría sentir el movimiento de nuestros hijos con sus propias manos. Cuando sentí esas diminutas mariposas, fue como si mi vida no hubiese existido hasta ese preciso momento.

Teníamos ecografías rutinarias, pero la doctora se demoró en divulgarnos el sexo de los bebés hasta cerca de las veinte semanas. Edward y yo concordamos en que sí queríamos saber el sexo, sin querer ninguna sorpresa. Tuvimos suficientes sorpresas en el poco tiempo que habíamos estado juntos. Incluso Emmett fue con Edward y yo a las ecografías de los gemelos, prácticamente rebotando de la emoción mientras veía los dos pequeños frijolitos en la pantalla en blanco y negro. Así fue como los llamó; frijolito uno y dos, un apodo que de verdad hizo sonreír a Edward.

"Entonces, ¿quieren saber el sexo de los bebés?" La doctora Marcy preguntó, con una enorme sonrisa cómplice en su rostro. Edward y yo intercambiamos miradas nerviosas mientras ella presionaba el aparato contra mi vientre, la vista de mis dos frijolitos en la pantalla.

"Sí, nos gustaría saberlo," respondió Edward, su voz quebrándose un poco antes de aclararla.

"¿Promete no desmayarse?" La doctora Marcy bromeó, provocando que se derritiera la expresión nerviosa del rostro de Edward y fuera remplazada por un ceño fruncido. La doctora Marcy, Emmett y yo nos reímos, y Edward bufó molesto.

"Bueno, tal parece que serán los padres de dos saludables niñitas," la doctora Marcy dijo sonriendo de oreja a oreja, casi sin sorprenderme, ya que la doctora Marcy nos explicó en la primera ecografía que los gemelos compartían el mismo saco amniótico. Sabía por mi libro de embarazo que los gemelos eran idénticos y eran dos niños o dos niñas.

"Dos niñas," murmuró él, la familiar palidez volviendo a aparecer al pensar en criar no solo una, sino a dos niñitas. La doctora Marcy se vio un poco aterrada por su expresión, pero él tomó un profundo suspiro y se calmó visiblemente, al saber que dos niñas era una posibilidad. No me sorprendió su reacción. Una noche mientras yacíamos en la cama me había contado que Alice había sido un terror como adolescente, un tipo de desastre emocional, y la idea de criar a dos niñitas algo parecidas a eso era abrumadora.

"Está bien, Edward," lo tranquilicé, sujetando su mano. Me miró y su rostro se relajó visiblemente, al mismo tiempo que asentía de acuerdo. La expresión nerviosa en su rostro fue remplazada entonces con una de felicidad mientras repetía, "Dos niñas." Pasé el resto del día escuchando a Edward y a Emmett discutir sobre el nombre de frijolito número dos, rodando los ojos al escuchar algunos de los extraños nombres que se le ocurrían a Emmett.

Esa noche todos nos sentamos a cenar, Edward, Emmett, Jasper, Alice y Bree, que de algún modo se había convertido en una parte integrante de nuestra casa. Alice tenía una pila de revistas de novia amontonadas en la sala esperándonos a a ser devoradas, como normalmente lo hacíamos en sus noches libres del club. Acabábamos de terminar la comida y empezábamos el postre cuando escuché el timbre del intercomunicador, mi bocado de tarta de galletas Oreo congelándose frente a mis labios. Edward se puso de pie y desapareció del comedor y yo con voracidad metí la tarta en mi boca, sintiéndome un poco culpable por la cantidad de comida que parecía estar consumiendo últimamente. A Edward parecía no importarle, diciéndome constantemente lo hermosa que estaba. Parecía disfrutar del peso extra que estaba ganando.

Y ayudó que el sexo en el embarazo era algo así como… espectacular. Decir que estaba cachonda todo el tiempo era un eufemismo.

El sonido de una voz muy conocida llegó desde el recibidor haciendo que dejara caer mi tenedor en la antigua porcelana china, mis ojos encontrando los de Alice que reflejaban mi alarma. Bree hablaba sin parar sobre algo con Emmett que miraba inexpresivo a la tarta frente a él, tallando intrincados diseños en la crema batida con su tenedor mientras pretendía escuchar a su cita. Era una chica dulce, pero un poco irritante por su constante parloteo. El cliqueo de costosos zapatos de tacón de cuero contra el piso de mármol al parecer sacó a Emmett de su trance cuando miró taciturno hacia la puerta del comedor, y el cliqueo se detuvo de repente. Ahí estaba Rose, con una blusa negra a la medida y unos pantalones ajustados a juego, su expresión normalmente serena un poco afectada cuando sus ojos en seguida encontraron los de Emmett. Se quedaron mirando por una gran cantidad de tiempo mientras Edward estaba de pie incómodo a un lado de ella, pasando las manos por su cabello rebelde. Los ojos de Rose luego se estrecharon al ver a Bree, que afortunadamente había dejado de hablar, viendo confundida a donde todos estaban mirando, y sus ojos finalmente encontraron los de Rose.

"Emmett, ¿quién es esa?" Bree preguntó con voz chillona mientras Emmett se negaba a levantar la vista de su tarta Oreo. Rose cruzó la habitación, mientras Edward, Alice, Jasper y yo la mirábamos boquiabiertos cuando le ofreció a la diminuta chica su mano. Bree se le quedó mirando como si fuera una serpiente venenosa antes de agarrarla torpemente, jadeando cuando Rose la sacudió violentamente.

"Soy Rose," dijo con frialdad, levantando su barbilla mientras veía a la chica más bajita, sus ojos moviéndose rápidamente de Bree a donde Emmett estaba sentado mirando su tarta con los hombros caídos.

"Pero la verdadera pregunta es, ¿quién demonios eres tú?" Preguntó, soltando la mano de la chica, colocando sus elegantes manos en sus caderas y levantando una ceja al mismo tiempo que Bree abrió la boca.


¡Ups! ¡Se armó la gorda! Pobre Bree, no creo que le vaya muy bien con Rose, pero, ¿de parte de quién se pondrá Emmett? Aunque a mí también me cayó mal Rose por no haber aceptado a Emmett antes, supongo que tenía sus razones y requirió de agallas el que ahora decidiera vivir su vida, buscar a su hija y espero recuperar al hombre que ama. Esperemos que no sea demasiado tarde. ¿Ustedes qué creen que pasará ahora? Estaré esperando sus reviews para saber su respuesta, recuerden que son el único pago que recibimos por dedicar tiempo a su diversión y por supuesto, la forma en que ustedes mantienen vivo el fandom, impidiendo que autoras y traductoras lo abandonen por falta de incentivo, el agradecimiento de parte de ustedes. Y la verdad es, que no les cuesta nada tomarse solo unos minutos para decir gracias, háganlo, por favor.

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: liduvina, BereB, miop, torrespera12, Gabriela Cullen, Adriu, freedom2604, bealnum, Say's, JessMel, J, OnlyRobPatti, dushakis, injoa, bbluelilas, aliceforever85, nydiac10, Vrigny, Esal, patymdn, Manligrez, alejandra1987, tulgarita, Brigitte, Katie D.B, Liz Vidal, Kriss21, lagie, Pili, Lizdayanna, Lady Grigori, kaja0507, andreasotoseneca, cavendano13, Ali-Lu Kuran Hale, Yendry Villachica, lauritacullenswan, jupy, Iza, maries24, glow0718, Bertlin, May Cullen M, EriCastelo, Sully YM, rjnavajas, Tecupi, Yoliki, Brenda Cullenn, Fallen Dark Angel 07, Maryluna, PRISOL, saraipineda44, Isabelfromnowon, Pam Malfoy Black, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, espero que sea muy pronto, dependiendo de ustedes ;)