Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.

Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)


Capítulo Treinta: Pastel y crema para pezones

Eran las primeras horas de una mañana soleada de marzo cuando finalmente me volví jodidamente loca.

La mañana comenzó tan típica como cualquier otra; Edward se fue a trabajar temprano, dejando un suave beso en mi frente y riendo cuando agarré la chaqueta de su traje. Luchando por abrir mis ojos soñolientos, le rogué que volviera a la cama junto a mí, siempre extrañando su calor, su olor y su presencia en general mientras no estaba. Y como siempre, él murmuró sus disculpas, explicando que entre más temprano se fuera en las mañanas más temprano podría venir a casa en la tarde. Suspirando, lo dejé ir, sintiéndome sumamente culpable de que mi esposo pusiera un hasta aquí a mi ritual de preparar el desayuno, explicándome que las gemelas y yo necesitábamos todo el descanso que pudiéramos tener. Hice un puchero por unos minutos después que se fue, pero inevitablemente, siempre me volvía a quedar dormida, envolviéndome en el grueso edredón y rozando los dedos de mis pies en las sábanas de algodón egipcio.

Como a media mañana finalmente me levanté, entrando al baño y prácticamente gimiendo de placer cuando el agua tibia cayó de la ducha. Agarrando una toalla gruesa, la envolví en mi cuerpo y me sequé frente al espejo, mirando despreocupadamente a mi figura que cambiaba rápidamente.

Gran error.

Tragándome un grito al mirar al espejo, me sequé velozmente, tomándomelo con calma al dejar el baño después de ponerme la ropa interior. Ser torpe por naturaleza hacía del embarazo un millón de veces más aterrador porque me preocupaba constantemente tropezar y lastimar a las gemelas. Despacio, salí del baño, poniéndome unos pantalones de yoga rojos y una camiseta, agarré mi móvil del buró y le marqué en seguida a la única persona que sabía podía ayudarme.

"¡Hola, cariño!" La voz me habló cariñosamente al teléfono. Tomé unas cuantas respiraciones lentas y profundas, tratando de calmarme antes de hablar de verdad.

"¿Puedes venir?" Pregunté, con mi voz sonando pequeña y asustada, poniéndola nerviosa de inmediato hasta que le expliqué la situación en voz baja.

"Voy para allá, cariño. No te preocupes por nada, ¿está bien?"

Murmurando una vaga respuesta, colgué y me senté en la orilla de la cama, mordiendo lo poco que quedaba de la uña de mi pulgar. El espejo dorado colgado directamente frente a mí en la pared de la recámara mostraba a una chica asustada, su cabello cayendo en mechones húmedos en torno a su rostro más allá de sus hombros. Suspirando, olvidé mis preocupaciones y me concentré en cepillar mi cabello húmedo, forzando a mi mente a quedar en blanco. No fue sino hasta que escuché el timbre que me di cuenta que había cepillado mi cabello por más de treinta minutos. Arrojando el cepillo sobre el tocador dejé la habitación, llegando al vestíbulo justo cuando Sam abría la puerta principal.

Mi futura suegra entró en la habitación llevando puesto un lindo vestido primaveral, su cabello color caramelo rizado y peinado en grandes bucles elegantes. Una pequeña caja de cartón estaba entre sus manos y alejó a Sam con una mirada fulminante cuando trató de ayudarle a cargarla. Después de darme una mirada confundida él se encogió de hombros, saliendo de la habitación y dejándonos solas a Esme y a mí.

"Pobrecita de ti," me dijo, dándome una sonrisa cómplice pero comprensiva. "Ven. Vamos al baño para ver qué tan mal está en realidad. Estoy segura que estás exagerando un poco."

"Oh, está mal," murmuré al guiarla por la recámara y dentro del enorme baño. Esme dejó la caja de cartón sobre el tocador cerca del lavamanos y puso sus manos sobre sus caderas, mirándome expectante. Suspirando, subí mi camiseta y bajé la cintura de mis pantalones antes de señalar cerca de mi ombligo. Acercándose, Esme examinó con cuidado mi abdomen antes de que finalmente se enderezara y me mirara directamente a los ojos.

"No está tan mal," dijo con voz serena, levantando una ceja como si me desafiara a contradecirla. Al principio abrí la boca, pero rápidamente la cerré y mordí mi labio inferior, sabiendo que era mejor no discutir con Esme Cullen. Era tan dulce como la melaza, pero también podía ponerse tan agresiva como un perro guardián.

"Bella, a la mayoría de las mujeres les salen estrías cuando están embarazadas," explicó, su rostro serio finalmente tornándose compasivo. "¡Eres una chica pequeña embarazada de gemelas! ¿De verdad creíste que te librarías de las estrías? Pensé que tú y Edward estaban leyendo esos libros sobre el embarazo que él compró."

"Los estamos leyendo," gemí, sintiéndome vanidosa y miserable, todo al mismo tiempo que dejaba caer la tapa del inodoro y me sentaba sobre ella. "No sé. Por alguna razón simplemente me sorprendió verlas realmente. Es estúpido. Lamento haberte llamado en pánico, es solo que me asusté un poco cuando las vi."

"Bueno, no hay nada que podamos hacer con las cuatro estrías extremadamente diminutas que tienes," dijo, rodando los ojos mientras yo la miraba con el ceño fruncido. "Pero cuando salí fui a comprar algo que tal vez te ayude a evitar que salgan más." Metiendo la mano en la caja de cartón, sacó un tarro blanco con una tapa rosa y me lo dio. Tomándolo de su mano, abrí la tapa y lo olisqueé un poco, prácticamente vomitando por el olor antes de volver a colocar apresuradamente la tapa.

"Sé que huele horrible," dijo con un tono de disculpa. "Pero fue lo único que me ayudó con las estrías cuando estaba embrazada con mis hijos. Póntela todas las mañanas después de tu ducha y póntela antes de dormir. No solo la frotes en tu vientre, también necesitas ponerla en tus caderas, muslos y pechos, porque puede que también te salgan estrías en esos lugares."

La miré con horror, con mi boca abierta como un pescado. Esme estiró su mano y físicamente cerró mi boca. Se formaron lágrimas en mis ojos al mirar el tarro de manteca de cacao. Sorbiéndome la nariz, limpié las lágrimas con el dorso de mi mano.

"Cielo, ¿qué pasa?" Esme preguntó, tomando el tarro de mi mano y colocándolo de nuevo en la caja. Agarrando mis manos, me puso de pie y me dio un abrazo maternal, lo que provocó que llorara aún con más fuerza.

"No solo son las estrías," admití después de una breve pausa, mi rostro pegado a su hombro mientras ella palmeaba mi espalda. "Es que apenas me estoy dando cuenta de lo rápido que están cambiando las cosas. Muy pronto seré madre. Estoy asustada."

Esme se apartó de mí, pero colocó su mano en mis brazos mirándome fijamente a los ojos. "Tienes razón. Las cosas están cambiando y tu vida jamás será la misma otra vez. Será mucho mejor."

"¿Sí?" Susurré, con mi voz débil y titubeante.

"Sí," dijo, asintiendo con firmeza. "Las estrías, los constantes viajes al baño, el dolor en tu espalda baja y los tobillos hinchados no son nada comparados con lo que sentirás cuando escuches el primer llanto de tus bebés o veas sus perfectas caritas por primera vez. Piensa en el embarazo como una batalla y el nacimiento de tus hijas como tu más grande victoria. ¿Y esas estrías? Esas son cicatrices de guerra."

"Estoy asustada," admití, viendo como me daba una sonrisa suave y gentil.

"Eso es estupendo," susurró, metiendo un mechón de cabello húmedo detrás de mi oreja. "Me preocuparía si no estuvieras nerviosa, querida."

"Edward dice que no debería preocuparme demasiado. Que no es bueno para mi salud o la de las bebés."

Esme soltó un resoplido, luego se rio un poco entre dientes. "Cielo, sé que esto puede sonar horrible, pero algunas veces debes simplemente sonreír y asentir cuando tu hombre habla. Tratar de parecer interesada mientras lo haces. Eso siempre ayuda."

Mi rostro por fin esbozó una sonrisa y los ojos de Esme se iluminaron al verla. Me dio un último abrazo antes de darse la vuelta y poner la caja de manteca de cacao bajo el lavabo, colocando un tarro sobre el tocador. Asintiendo hacia él, me dio una última sonrisa antes de dejar la habitación y cerrar la puerta en silencio detrás de ella. Dando un suspiro, hice lo que me pidió, aplicando la crema en mi piel y luego uniéndome a ella en la cocina donde estaba ocupada horneando una tanda de panecillos y un plato lleno de salchichas. Jasper y Emmett finalmente bajaron, el maravilloso aroma llamándolos al comedor. Ignoré cuidadosamente la coqueta conversación entre Emmett y Esme, rodando los ojos mientras Jasper les sonreía con suficiencia a los dos, con migajas del panecillo en su labio inferior.

Esme se quedó el resto del día, parloteando sin parar sobre las gemelas mientras me ayudaba a limpiar la casa. En realidad, fue ella la que limpió la casa. Cada vez que iba a doblar ropa o cargar el lavavajillas, ella aparecía, hacía a un lado mis manos mientras conversaba, encargándose de cualquier tarea doméstica que estuviera haciendo. Ignoró mis protestas y todo lo que pude hacer fue sacudir la cabeza y fruncir el ceño mientras ella básicamente me regañaba por tener muchos quehaceres domésticos qué realizar, diciéndome que necesitábamos desesperadamente un ama de llaves. Edward intentó contratar a alguien para limpiar la casa, pero me había negado, sintiéndome culpable con la idea de tener a alguien que viniera a limpiar mientras yo descansaba sin hacer nada. Le expresé mis pensamientos a Esme y ella simplemente se me quedó mirando, viéndose orgullosa pero decepcionada al mismo tiempo.

Seguía ahí cuando Edward volvió a casa de la oficina. Esme y yo estábamos discutiendo en la cocina mientras yo trataba de llenar una olla de agua para empezar la cena. Las dos jugábamos al tira y afloje con la olla mientras la llave estaba abierta, nuestras voces elevándose poco a poco mientras las dos discutíamos respecto a quién debería cocinar. Finalmente Edward nos separó, arrebatándonos la olla y llenándola de agua mientras Esme y yo lo fulminábamos con la mirada. Edward soltó una risita al ver los ceños fruncidos idénticos en nuestros rostros, nos dio un besito a ambas en la mejilla y nos dijo con voz dulce lo mucho que amaba a sus chicas; a las cuatro.

Por supuesto, eso hizo que los ojos de Esme y los míos se llenaran de lágrimas y las dos nos echamos a llorar y tratamos de abrazar a Edward al mismo tiempo. Retrocedió con sus manos en el aire, al parecer horrorizado por nuestro repentino cambio de humor, saliendo eventualmente de la habitación, diciendo por encima de su hombro, "¡Voy a la cueva masculina! ¡Hay demasiado estrógeno aquí para mi gusto!"

Los días pasaron lentamente, mi tiempo libre lo pasaba con Rose y Alice comprando para Claire y las gemelas. Vi a Rose y Alice gastar una cantidad atroz de dinero comprando vestidos y moños para el cabello para Claire. Mordiéndome la lengua, recordé la expresión en el rostro de la niñita en la foto, sintiendo algún tipo de conexión con la belleza de rostro pecoso. A ella no le gustarían los vestidos y los moños. No me pregunten cómo lo sabía; simplemente lo hacía. Pero no le dije nada a Rose, evitándome la inminente confrontación verbal.

"¿Has elegido algo para la habitación de las gemelas, Bella?" Alice preguntó mientras rebuscaba en un estante de ropa rosa de bebé mientras yo estaba cerca, arrugando mi nariz en desagrado.

"Tengo algunas ideas, pero todavía no le he dicho a Edward," respondí, sacudiendo la cabeza mientras Alice sostenía un vestido con demasiado volantes para mi inspección. Frunciendo el ceño, volvió a colocar el vestido en el estante mientras seguíamos adelante.

"¿Por qué no?"

"No lo sé," suspiré, pasando los dedos por mi cabello de forma pensativa. "A él realmente le gusta todo eso del… rosa. Me recuerda un poco a alguien que conozco." Le di una sonrisa y me miró con el ceño fruncido, colocando una mano en su pequeña cadera.

"Entonces, si no te gusta el rosa, ¿qué color te gusta? ¿Siquiera has pensado en el decorado de la habitación?" Preguntó, levantando una ceja interrogante. Rose también pausó su búsqueda, dándome su completa atención cuando las dos esperaban mi respuesta.

"¿Quieres ver mis ideas para la habitación de las bebés?" Pregunté, alcanzando emocionada mi teléfono mientras ellas intercambiaban miradas cómplices antes de sonreírme. Sacando el teléfono de mi bolsillo trasero, me desplacé por las fotos de un sitio web de donde las tomé y las puse en la pantalla, Alice y Rose se apiñaron a mi alrededor mientras deslizaba mi dedo por la pantalla, las dos decían 'ooooh' y 'ahhh' al pasar cada foto, su costoso perfume flotando en el aire en torno a mí.

"¡Bella, creo que es perfecta!" Alice suspiró, con una expresión soñadora cruzando por su rostro mirando hacia la nada. Rose y yo soltamos un resoplido al ver la expresión de su rostro, haciéndola volver efectivamente a la realidad. Al verdadero estilo de Alice, nos sacó la lengua a las dos y nos carcajeamos de la risa. Las tres continuamos nuestra expedición de compras en una pieza. El pobre Sam fue nuestro chofer por el día. Su trabajo primordial era llevar nuestras bolsas de compra al coche de Edward. Aunque no parecía importarle, de hecho, Sam se veía extremadamente feliz últimamente. Tal vez tenía algo que ver con esas llamadas telefónicas tarde por la noche de cierta chica llamada Tia.

Rose y Alice me animaron a mostrarle a Edward las fotos de la habitación de las bebés y acepté pensarlo por unos días. No era que pensara que Edward no estaría de acuerdo en que decorara la habitación de la forma en que quisiera, era que quería que también estuviera feliz de la forma en cómo se vería. Edward había cambiado mucho desde que nos conocimos. Si alguien me hubiera dicho cinco meses antes que Edward Cullen estaría un día sentado hojeando libros de bebés y parloteando sobre habitaciones rosas para bebé un viernes por la noche mientras yo me frotaba manteca de cacao en mi vientre y me quejaba por lo miserable que era, probablemente me habría reído en su cara. Edward no era una persona completamente diferente; continuábamos discutiendo de vez en cuando y seguía siendo el mismo hombre dominante del que me había enamorado, pero ahora veía una compasión en él que nunca antes había notado. La forma en que sus ojos brillaban cuando hablaba de las bebés aceleraba mi corazón y hacía que sintiera mariposas en el estómago. Yo sabía que sería más padre para nuestras hijas que lo que mi padre lo fue para mí. Me enamoraba de él todos los días una y otra vez.

Edward y yo empezamos a salir en citas al menos una vez a la semana, saboreando el poco tiempo libre que nos quedaba antes de la llegada de nuestras pequeñas. Una tarde me pidió que me arreglara porque tenía una salida sorpresa planeada para mí. Imaginen mi sorpresa cuando entré a nuestra recámara para encontrar un nuevo vestido lila tendido sobre la cama, con unos zapatos de tacón a juego colocados delicadamente a su lado. Pasé mis dedos por la tela del vestido que de alguna forma resplandecía, lanzándole a Edward una mirada interrogante.

"Alice pasó a dejar eso temprano," dijo encogiéndose de hombros, evitando mis ojos y haciéndome sospechar de inmediato. "Dijo que quería que te vieras bien para nuestra cita de esta noche.

Frunciendo el ceño, le seguí el juego, incluso encendiendo las tenazas para el cabello y rizándolo en largas ondas, teniendo cuidado de no quemarme. Después de un poco de maquillaje ligero y el relicario de mi madre, que Edward había reparado hace tiempo en una joyería, estaba lista para irme. Edward rodeó mi cintura con sus brazos dándome una sonrisa torcida, sus ojos verdes bailaron al recorrer mi cuerpo. Nunca dejaba de asombrarme cómo me seguía encontrando atractiva, con estrías y todo.

Sabía que algo pasaba cuando llegamos a la entrada y Jasper y Emmett subían a la enorme camioneta blanca de Emmett, acelerando antes de que apenas si pudiera conseguir echarles un vistazo. Sam y Ben salieron trotando de la casa, y se metieron en los asientos delanteros del coche de Edward, los dos dándome enormes sonrisas tontas mientras los veía recelosa. Por lo general, Edward nos llevaba a nuestras citas, dejando a Sam y a Ben en casa desde la muerte de Jacob. Él era el más grande enemigo de Edward y desde que él y James ya no eran una amenaza, Edward se sentía lo bastante seguro como para viajar sin guardaespaldas la mayor parte del tiempo, a menos que fuera a alguna parte sin él. Entonces, siempre enviaba a Sam conmigo.

Sam nos abrió el paso por el desesperante tráfico de Memphis, con Edward frotando círculos todo el tiempo en la palma de mi mano. Cuando doblamos hacia el centro de Memphis empecé a emocionarme, preguntándome si Edward me llevaba a un club de blues o alguna otra parte igual de entretenida. Desde que quedé embarazada, Edward me ha protegido de algunos de los lugares que más me gustan y he echado de menos los sonidos conmovedores que me llegaban de lugares como el Club de Blues B.B. King al caminar las pocas cuadras hacia el trabajo por la noche. El recuerdo de mi breve periodo de tiempo como una joven mujer soltera me puso nostálgica al mirar el borrón de las luces que pasaban. Sam se detuvo tan cerca de la calle Beale como pudo, dejándonos y asintiéndole ligeramente a Edward. Ben salió del coche y caminó a nuestro lado.

Edward y yo caminamos de la mano por Beale; él con una expresión cautelosa y pensativa en su rostro al dejar caer mi mano y acercarme a él, sus ojos fulminando a cualquier transeúnte que por casualidad mirara en mi dirección. El olor a barbacoa me golpeó con fuerza y mi estómago gruñó audiblemente, afortunadamente demasiado bajo para que Edward lo notara. Nunca me dejaría olvidarlo con sus burlas. Pasando por un club de blues, estiré mi cuello para echar un vistazo dentro al mismo tiempo que un hombre salía tambaleándose del bar, abriendo la puerta. El sonido de la voz de un muchacho vino de adentro y vi a muchachito no mayor de doce años sentado en el escenario, con guitarra en mano mientras cantaba en el micrófono sobre los tristes problemas en su joven vida. Había muchos pordioseros y Edward esperó pacientemente mientras yo le daba unos cuantos billetes a un hombre mayor, el rostro del hombre se iluminó significativamente al mismo tiempo que me bendecía.

Cruzamos la calle y Edward me desvió hacia la dirección en la que caminaríamos y grité cuando apenas pudimos esquivar a un pequeño grupo de hombres que aparecieron de la nada, haciendo piruetas y volteretas por la calle. La gente en seguida se quitó de su camino, mirándolos con asombro por la gran cantidad de veces que daban vueltas, sus camisas holgadas agitándose en el viento cuando parecían volar en giros vertiginosos por la calle. En cierta época estos hombres pasaban casi todos los días en Beale, haciendo volteretas por dinero, pero se volvieron de algún modo famosos, finalmente viajando con la NBA luciendo sus acrobacias en actuaciones durante el medio tiempo. Mi rostro tenía lo que imaginaba era una expresión boba, con una sonrisa que prácticamente partía mi rostro a la mitad al disfrutar de todas las atracciones, sonidos y olores que me rodeaban.

Fue cuando nos detuvimos frente al club, el club de Edward, que mi humor alegre desapareció. Frunciéndole el ceño rodé los ojos impaciente y le pregunté por qué estábamos parados frente al club. Era un jueves temprano por la noche, así que el club todavía no estaba abierto. Edward ignoró mis preguntas, dándome una sonrisa malvada al abrir la puerta, haciendo un poco de ruido con las llaves y la puerta antes de entrar al oscuro edificio. Dentro se sentía escalofriante, la oscuridad y el suave ruido de susurros me alarmó un poco. Sujetando el brazo de Edward jadeé por la sorpresa cuando encendió las luces y mis ojos se posaron en los rostros sonrientes de mi pequeño grupo de amigas y la gente que consideraba mi familia.

Esme, Alice, Rose, Tia, Carmen, y Angela gritaron, "Sorpresa" en coro y Alice arrojó brillante confeti blanco en el aire por encima de ella. El confeti descendió como copos de nieve, cayendo contra su cabello negro y brillando bajo las tenues luces del club. Se veía como una pequeña hada malvada con el cabello reluciente y los tatuajes cubriendo la mayor parte de la piel de la parte superior de su cuerpo. Rose tosió y abanicó el aire frente a ella, alejando el confeti. Globos color menta en amarillo pálido, rosa y verde flotaban sobre nuestras cabezas. Una enorme pancarta blanca colgaba a través del bar, la palabra '¡Felicitaciones!" escrita en ella con grandes y elegantes letras en manuscrita color rosa. La habitación parecía haber vomitado papel crepé. Un enorme pastel estaba en la barra, el glaseado del color de la decoración en el club en verde menta y amarillo con dos juegos de botitas de bebé.

"Me organizaron un baby shower," me escuché decir al mirar escéptica alrededor de la habitación. "En un bar…"

Edward soltó una risita, acercándome a su costado y besando mi sien, su delicioso aroma arremolinándose en torno a mí. "Un poco inapropiado, lo sé, pero lo hicieron de corazón." Le di una sonrisa tensa, siendo alguien que nunca ha disfrutado de ser el centro de atención.

"Tengo que irme, nena. Sam me está esperando afuera. Tenemos unos asuntos que atender esta noche," me susurró, dándome un último beso antes de apartarse.

"¿A dónde vas?"

"Es una de esas cosas que no puedo divulgar," me dijo con voz firme, sus ojos verdes penetrando en los míos. Asentí y él me aseguró que Ben estaba sentado afuera de la puerta principal. Edward aún se sentía incómodo dejándome sola en público, siempre enviando a Sam o a Ben conmigo cuando estaba trabajando u ocupado con sus otros 'proyectos'.

Esme se acercó apresuradamente a donde estábamos, prendiendo rápidamente un enorme ramillete en mi nuevo vestido. Estaba lleno de listones rosas, margaritas blancas y sonajeros en miniatura. Mi cuerpo se puso rígido al esperar que el alfiler me picara, pero Esme terminó de prenderlo sin que hubiera sangre involucrada. Di un suspiro de alivio, apenas escapando al menos por un momento de la mala suerte. Edward se fue y la verdadera fiesta comenzó. Rose le subió el volumen a la música que no era un tema para un baby shower en lo absoluto. Los ritmos locales de Memphis se escuchaban suavemente en el fondo y Alice incluso encendió las luces estroboscópicas, soltando una risita cuando sacudí mi cabeza avergonzada, con una pequeña sonrisa en mi rostro.

Alice insistió en que abriera los regalos primero y fue entonces que noté dos mesas desbordándose de regalos. Me senté en una silla cómoda que Alice trajo del área VIP y todo el mundo me rodeó, suspirando alegremente mientras abría regalos de biberones, vestidos, mamelucos, pijamas, baberos, mantas, dos mecedoras y la lista sigue y sigue. Por el rabillo de mi ojo vi que Tia y Carmen intercambiaban miradas disimuladas, dejando a un lado lo que supuse era su regalo mutuo. Cuando fue el último regalo sin abrir, Carmen lo cogió y me lo dio, dándome una sonrisa malvada mientras lo miraba recelosa. Era una caja pequeña envuelta en jodido papel periódico, las historietas ni más ni menos. Rose fulminó con la mirada a mis dos amigas y ellas la miraron sin alterarse. Creí escuchar a Tia murmurar, "Perra presuntuosa" bajo su aliento, pero no estaba segura en realidad.

Presionando mis dedos bajo la cinta, poco a poco retiré el papel y encontré una sencilla caja de cartón debajo, con las solapas traslapadas entre ellas de manera que la caja estaba sellada sin usar cinta. Abriendo las solapas miré el contenido de la caja sintiendo mi rostro arder por la vergüenza.

"¡Bueno, vamos! ¡Muéstranos lo que es!" Esme canturreó, aplaudiendo emocionada, recordándome a su hija. Esme cogió su cámara, tomando fotos sin parar como lo había hecho todo el tiempo que he estado aquí.

Lentamente, saqué una cosa tras otra, colocando cada una en la mesita que estaba cerca. Angela empezó a reír, sus ojos oscuros titilando detrás de sus gafas mientras intentaba cubrir su risa con tos.

"¿Estás bromeando?" Rose frunció el ceño, su rostro probablemente más rojo que el mío. "¿Crema para pezones, ungüento para hemorroides, tops y toallas femeninas? ¡Demonios, ¿qué tipo de regalo de baby shower es ese?! ¿Y por qué esas tops tienen agujeros al frente?"

"Perra, esa es un top para lactancia hecho en casa," siseó Tia, fulminando con la mirada a mi arrogante amiga. "¿Sabes lo costosas que son esas cosas? Era más barato comprar Fruit of the Loom y hacer nosotras los agujeros."

"Los tops para lactancia son muy costosos," Angela concordó con dulzura, sonriéndole a Tia. "Al menos lo eran cuando estaba embarazada de Eric."

"¿Te gustó, Bella?" Carmen preguntó, sus cejas fruncidas por la preocupación al mismo tiempo que miraba a Rose y a Tia que de pronto se encontraban en un enfrentamiento. "Solo queríamos que tuvieras algunas cosas que pudieras usar para ti…"

"Es perfecto," le dije, atrayéndola en un abrazo y sorprendiendo a Tia con otro también. Se zafó, frunciendo el ceño al volverse a recargar en su silla, pero creí haber visto una pequeña sonrisa por un breve minuto.

"Es un regalo encantador y considerado," dijo Esme, mirando directamente a Rose con tanta hostilidad que Rose cerró la boca y se dejó caer en su silla.

"¡Yo digo que cortemos el pastel!" Dijo Alice alegremente, saltando de su asiento e interrumpiendo la repentina nube de tensión que Rose y Tia habían provocado. Iba a levantarme de donde estaba sentada pero Alice me regañó, explicándome con dulzura que la invitada de honor debería ser atendida por la anfitriona. Suspirando, me volví a sentar, de pronto con antojo de helado y pastel, esperando que Alice llenara mi plato.

"Angela, ¿te importaría invitar a Ben a que entre?" Le pedí con el ceño fruncido. "Me siento mal de que esté solo allá afuera. Dile que yo digo que entre y coma algo de pastel, al menos por un minuto." Mi amiga asintió y se levantó, cruzando la habitación y desapareciendo afuera.

"¡Maldita sea!" Alice gritó, levantando sus manos en frustración. "¡Se me olvidó el helado! ¡Compré sorbete y lo puse en el ponche, pero olvidé comprar el común y tradicional helado!"

"Tengo un poco arriba en el refrigerador," dije, finalmente poniéndome de pie. "No puedes comer pastel sin helado. Eso es una burla."

Alice protestó, alegando que ella subiría al loft y traería el helado por mí, pero le expliqué pacientemente que mis piernas necesitaban un poco de ejercicio por estar sentada tanto tiempo, además que de verdad, realmente tenía que hacer pipí. Echándose a reír, asintió y regresó a la barra donde todas estaban llenando sus platos animadamente con pastel, una mezcla de frutos secos y mentas. Rebuscando en el pequeño bolso que pocas veces llevaba, saqué un juego de llaves y crucé el lugar, subiendo con cuidado las escaleras y metiendo una llave en el cerrojo. Titubeé, cuando una sensación extraña me invadió antes de que abriera esa puerta.

"Deja de ser estúpida, Bella," me reprendí en voz alta, literalmente sacudiendo la sensación de mi cuerpo al mismo tiempo que abría la puerta. Edward mantenía una de las lámparas encendidas dentro del loft todo el tiempo, el suave resplandor amarillo llenando la habitación. Estirando mi mano, encendí las luces de arriba y cerré la puerta detrás de mí, bostecé y arrojé mis llaves en la mesa de la cocina donde un hombre me observaba expectante.

"¡Mierda!" Jadeé, agarrando mi pecho. Sus ojos se posaron en mi crecido abdomen, con un palillo colgando de su boca mientras me observaba.

"Vaya que has engordado desde la última vez que te vi," dijo arrastrando sus palabras y dándome una perezosa sonrisa, con sus ojos almendrados destellando con humor al ver mi reacción sorprendida. Inclinándose hacia atrás subió sus botas en la silla más cercana y colocó sus manos detrás de su cabeza, provocando que su camiseta negra se subiera un poco.

"¿Qué estás haciendo aquí, Garrett?" Siseé, dándome la vuelta y cerrando la puerta del loft, poniendo los seguros. Girándome, crucé mis brazos y lo fulminé con la mirada, levantando una ceja expectante al esperar su respuesta.

Garrett simplemente sonrió, el palillo ahora colgaba de la esquina de su boca mientras decía, "No podías esperar a cerrar la puerta con llave para quedarte sola conmigo, ¿eh?"

"No estamos solos, Garrett. Hay otras dos personas en esta habitación," dije con brusquedad, señalando a mi amplia cintura. "¿Recuerdas? Edward y yo estamos embarazados… Edward, mi prometido."

"Gemelos, ¿eh? Bueno, felicitaciones cariño. Me sorprende que el viejo Edward no te botara después de enterarse sobre el beso que compartimos," dijo, sus ojos brillando por la emoción, como si anticipara la ira de Edward. El comentario no fue uno que esperara.

"No le dije," murmuré, sintiéndome un poco culpable por ello. Muchas noches las pasé dando vueltas en la cama por mi decisión de ocultar el beso de Garrett, diciéndome que el beso no significaba nada para mí y solo causaría problemas entre Edward y yo. Para ser honesta, estaba harta del constante drama que de alguna forma me había alcanzado a lo largo de mi vida. Era mi momento para vivir una feliz existencia, y que me jodan si iba a permitir que Garrett Ratliff la arruinara por un beso que no significaba nada.

"Oh, entonces es nuestro pequeño secreto, ¿eh?" Sonrió con suficiencia, dándome una sonrisa engreída.

"Sí, es un secreto. ¿Entiendes? ¡Lo último que necesito es que Edward se ponga como loco por un beso estúpido que yo ni siquiera devolví!" Dije con brusquedad, rodando los ojos y con mi rostro tornándose rojo.

"Bueno, sin duda no te resististe," fue su astuta respuesta al darme una sonrisa cómplice. Su respuesta me dejó anonadada y podía sentir la hostilidad creciendo lentamente muy dentro de mí.

"¿Cómo podría? ¡Jasper y Emmett caminaban por ahí buscándome! No podía arriesgarme a que te vieran dentro de ese edificio y se enteraran de nuestros planes de matar a James al darte una paliza frente a todo el mundo. ¿Pero sabes qué? Ahora no están aquí, así que tal vez eso es justo lo que haré. ¡Voy a darte una paliza!" Medio grité, encabronada por su sonrisa engreída y sus insinuaciones.

Marchando por la habitación me fui tras él como un toro con esteroides, mis manos cerradas en puños por el enojo y aniquilación escrito mi rostro. Se levantó de un salto de la silla, volcándola de espaldas y levantando sus manos en protesta cuando me acerqué a él. Lanzando mi mano le di un puñetazo con un gancho derecho, haciendo desaparecer la reciente expresión de sorpresa de su estrecho rostro. Garrett corrió por el loft huyendo de mí mientras yo continuaba lanzando golpes, esquivando sin problemas cualquier otro golpe en su dirección al mismo tiempo que reía y se encerraba en el baño.

"¡Sal de ahí, pequeña gallina de mierda!" Grité, golpeando la puerta, olvidando momentáneamente que los invitados abajo probablemente podrían escucharme. Eso, hasta que escuché otros golpes cerca; el insistente golpeteo de mi pequeña amiga yanqui tocando a la puerta del loft y gritando mi nombre.

"¡Quédate ahí!" Siseé hacia la puerta, mirando furiosa a la gruesa pieza de madera cuando escuché una risa amortiguada que salía por debajo de ella. Respirando hondo crucé el loft y quité el seguro de la puerta, abriéndola y asomando mi cabeza afuera. Carmen y Tia me devolvían la mirada, Carmen con una expresión de preocupación y Tia con una de aburrimiento.

"¿Estás bien?" Preguntó Carmen, haciéndome a un lado y asomándose dentro del loft. "Te estabas tardando una eternidad para traer el helado así que pensamos en venir a ver cómo estabas."

"Uh, sí, estoy bien," murmuré, mirando por encima de mi hombro hacia la puerta del baño con nerviosismo, lo que captó la atención de Tia. Me miró con curiosidad antes de pasar empujándonos a las dos y atreviéndose en seguida a cruzar la habitación. Corrí para detenerla pero no fui lo bastante veloz. Tia agarró el pomo del baño, girándolo para un lado y para el otro, frunciendo el ceño cuando se dio cuenta que estaba cerrado con seguro.

"Muy bien, Swan," dijo, volviéndose y dándome una mirada sospechosa. "¿Quién demonios está en ese baño? Y no me digas que no hay nadie ahí, te escuché hablando con alguien antes de que Carmen empezara a golpear la puerta."

Carmen se nos unió frente a la puerta del baño y mordí mi labio inferior con nerviosismo mientras ellas me observaban en contemplación. Estás eran mis amigas, mis chicas, las que me ayudaron cuando más lo necesité. Soplando a un mechón de cabello en mi rostro, dije, "G, abre la puerta."

Las chicas se miraron la una a la otra en confusión y luego saltaron hacia atrás cuando la puerta se abrió, con un sonriente Garrett saliendo del otro lado. Los ojos de Carmen se ampliaron al mirarlo por completo y cuando sus ojos encontraron los de ella fue casi como si algo cambiara en la habitación.

"Él es G. G, ellas son Carmen y Tia, mis mejores amigas," le dije, haciendo un gesto hacia cada chica al decir su nombre. Asintiendo hacia las dos, sus ojos se posaron en Carmen un poco más de tiempo que con Tia.

"Hola, linda dama," dijo, su voz suave y dulce mientras le sonreía a Carmen. Mi amiga abrió la boca varias veces, sus mejillas tornándose rojas y luego soltó unas risitas como una chica de doce años. Tia gimió, sacudiendo su cabeza en disgusto por el comportamiento de su amiga y como se lo comía con los ojos.

"No nos dijiste que tenías un huésped quedándose en el loft," Carmen me acusó, por fin encontrando su voz al mismo tiempo que le batía a Garrett sus pestañas.

"Yo tampoco lo sabía," murmuré. "¿Por qué estás aquí en el loft? ¿Cómo entraste? ¿Qué estás haciendo en Memphis?"

"Una pregunta a la vez, querida," dijo, metiendo la mano a su bolsillo y sacando un familiar pedazo de papel. "Simplemente estoy haciendo lo que me sugeriste… tratando de encontrar ese alguien especial como tú lo tienes con Edward." El pedazo de papel entre sus dedos era el mismo que dejé en el viejo cofre de cedro en Mississippi y asumí que tenía razón con mi idea que la cabaña pertenecía a Garrett.

"Eso aún no explica por qué estás en el loft de Edward," siseé, poniendo las manos en mis caderas. Garrett cruzó los brazos sobre su pecho y se apoyó en los tacones de sus botas, observando mi rostro con cuidado.

"Está fue la única forma en la que pude acercarme a ti sin que el cretino de tu prometido se enterara. ¿Recuerdas cuando nos conocimos? No terminó muy bien para mí. El bastardo debería estar agradecido que me superaban en número," me miró con el ceño fruncido.

"Oh, ya me agrada G," interrumpió Tia, finalmente entrando a la conversación. "Esa rata asquerosa golpeó a mi hombre por darle a Bella un puto masaje en la espalda. Lo juro, Bella, tu hombre tiene problemas. Edward necesita unas clases de manejo de la ira, terapia y a Jesús en su vida."

"Fue fácil entrar al loft," continuó Garrett, volviendo a meter el papel en su bolsillo. "Es un poco degradante que pienses que entrar es realmente un reto para mí. En cuanto a las cámaras de seguridad, bueno, esa es otra historia. Con suerte y a Edward no se le ocurrirá de pronto ir a ver los videos." Garrett sonrió, sus ojos brillando como si el que Edward viera los videos de seguridad fuera exactamente lo que quería.

"Todavía no has explicado por qué necesitabas verme en primer lugar," lo acusé, picándolo en el pecho.

"¿Tengo que tener una razón para visitar a una vieja amiga? No estaba seguro que te vería aquí. Planeaba dejarte algún tipo de mensaje para informarte que vine a ver cómo estabas," me dijo con una sonrisa torcida, presionando su mano dramáticamente sobre su corazón. "Me hieres, Bells. Creí que éramos más cercanos que eso."

"Te equivocas," murmuré, mirando a la puerta del loft con ansiedad. "Tenemos que volver a la planta baja antes de que alguien sospeche. Voy a dejarte aquí pero será mejor que no estés aquí después que todos se vayan, ¿de acuerdo?"

Garrett asintió solemnemente, cruzando su corazón y dándome un saludo boy scout. Poniendo los ojos en blanco agarré el contenedor de helado a medio comer del congelador y prácticamente saqué a Carmen a rastras de la habitación, encontrándonos con Tia en la escalera.

"Tal vez te vea pronto, G. Fue un gusto conocerte," Carmen dijo en voz baja, provocando que me detuviera en la entrada y echar un vistazo por encima de mi hombro.

La sonrisa engreída que era normal en el rostro de Garrett desapareció y su expresión se enterneció un poco cuando respondió, "Definitivamente me verá de nuevo, señorita Carmen." Carmen sonrió en respuesta cuando cerré la puerta detrás de nosotros, sacudiendo mi cabeza ante la posibilidad de que mi mejor amiga y Garrett probablemente tuvieran algún tipo de conexión romántica.

"No pueden decirle a nadie que él estaba aquí, y por favor, no me pidan que les explique," les susurré con voz seria al mismo tiempo que mis dos amigas aprensivas intercambiaban miradas y asentían de acuerdo.

Las tres salimos de la escalera y me esforcé por borrar la expresión seria de mi rostro al acercarnos a Esme, Rose y Alice que estaban sentadas cerca del bar con platos vacíos en su regazo. Ben y Angela estaban en una mesa cerca de la puerta, los dos solos, enfrascados en una conversación con sus cabezas inclinadas muy cerca del otro. Al parecer el destino no esperó a que yo hiciera mi magia; trabajó por su cuenta.

"Queríamos esperarlas, pero teníamos mucha hambre," Alice dijo a modo de disculpa cuando las tres sonreímos casualmente, nos acercamos a la barra y empezamos a servir nuestros platos. Alice ya tenía un plato de comida esperándome y cogí una gran cucharada de helado colocándola sobre el pastel tratando de liberar mi mente de pensamientos sobre mi extraño amigo arriba.

"¿Todo está bien?" Rose preguntó al sentarnos junto a ellas.

Carmen sonrió, soltó una risita y arrojó una menta en su boca. "Todo está… perfecto," dijo, mirando soñadoramente a la distancia, con una alegre sonrisa en su rostro. Tia gimió audiblemente y golpeó su frente con su mano, rodando los ojos al ver la dicha de su amiga.

Después de más de un millón de fotos con la cámara de Esme, limpiamos lo que ensuciamos. Ignoré las protestas de todas al echarles una mano con la limpieza. Estaba harta de que todos me trataran como si estuviera discapacitada solo porque estaba embarazada. Edward y Sam llegaron poco después y noté una mancha de lo que parecía pintura verde en su fuerte mandíbula. Agarrando una servilleta, la pasé por su rostro y miré la mancha de color verde contra la servilleta amarilla. Edward aclaró su garganta, viéndose un poco incómodo mientras esperaba que le preguntara sobre la pintura. Pero no le pregunté, porque algunas veces la ignorancia era mejor que la verdad. Al menos eso fue lo que me dije entonces.

Era tarde cuando llegamos a casa y estaba completamente exhausta, pero no lo suficiente como para dejar de tomarle el pelo a Ben por conseguir el número de Angela. Ben era callado, dulce y leal, justo igual que Angela, y no parecía importarle que Angela fuera madre soltera. Eran una buena pareja. Nos separamos de Sam y Ben cuando ellos caminaron hacia la casa de huéspedes, riéndose bajito sobre algo, el sonido hizo eco en la noche. Edward me llevó dentro, pero agarró mi brazo cuando me dirigía hacia nuestra recámara. Sonriendo, me llevó arriba, mirando ocasionalmente a la expresión confundida en mi rostro. Cuando me hizo entrar a mi vieja recámara jadeé por el shock.

Mi antigua recámara estaba totalmente transformada. Los muebles se habían ido y fueron remplazados con dos cunas blancas, una mesa para cambiar y una pequeña cómoda con una lámpara amarilla. Las paredes estaban pintadas de verde menta y decoradas de forma artística con árboles fantásticos, las hojas flotando lentamente por la pared. El borde inferior de las paredes estaba pintado con grueso césped verde, con una flor ocasional desbordándose de color asomándose entre las briznas. Los pájaros recorrían con gracia las paredes y el techo era de color azul cielo con gordas y esponjosas nubes blancas pintadas contra el cielo imaginario. No era exactamente idéntico a las fotos que le había mostrado a Alice en mi teléfono; era mucho mejor.

"Edward," susurré, con lágrimas formándose en mis ojos al mismo tiempo que presionaba mis manos en mis mejillas en desconcierto. "¿Cuándo? ¿Cuándo tuviste tiempo para hacer todo esto? No esta noche. Ni en sueños lo hiciste todo esta noche."

"Na, hemos estado trabajando en ello por un tiempo," admitió, observando mi rostro con cuidado mientras mis ojos recorrían la habitación. "Tuvimos que terminar de retocar la pintura en algunos lugares. Se necesitó de Emmett, Jasper, Sam, Ben y yo para terminar todo esto. ¿Sabes lo complicado que es armar una cuna para bebé? Fue por eso que Jasper y Emmett tenían tanta prisa por irse esta noche. Recogieron las cunas de la bodega mientras no estábamos. Oye, ¿por qué no me habías contado lo artístico que es Jasper? ¡Es un puñetero Picasso!"

"Lo olvidé, supongo," murmuré, un recuerdo de mi tío criticando a Jasper por sus dibujos de marica cruzó por mi mente. "No ha dibujado o pintado nada en mucho tiempo. Supongo que me olvidé de eso. Entonces, ¿supongo que Alice le mostró las fotos en mi teléfono a Jasper y él te lo mencionó?"

"De hecho, los dos me lo mencionaron. ¿Por qué no me dijiste que esto es lo que querías para las niñas?" Preguntó, la preocupación cruzando por su guapo rostro al mismo tiempo que pasaba los dedos por su cabello.

"A ti de verdad te gusta el rosa a mí no," murmuré, evitando sus penetrantes ojos. "Solo quería que te sintieras feliz."

"Cariño, soy feliz," me dijo en voz baja, parándose detrás de mí y envolviendo mi cintura con sus brazos mientras mis ojos seguían inspeccionando la habitación. "Nunca he sido tan feliz en mi vida. ¿Te gusta la habitación? ¿Qué opinas?"

Consideré su pregunta por un largo rato mientras se movía detrás de mí, incómodo por mi silencio. Finalmente, suspirando, le susurré, "¿Estás seguro de querer saber lo que opino?" Asintió en silencio.

"Opino que debería llevarme a la cama, señor Cullen," susurré, sonriendo cuando detuvo sus movimientos y su cuerpo se puso tenso contra mí.

"La maldita respuesta perfecta," murmuró, mordisqueando mi cuello y sacándome de la habitación.

El sexo con Edward fue diferente esa noche. Fue gentil pero con estocadas duras e intensas y terriblemente lentas. El lento tormento me dio el orgasmo más intenso que he tenido en mi vida. Los dos gritamos cuando finalmente nos dejamos llevar, juntos, en perfecta sincronía con el otro.

Al acercarse el final de marzo, Rose y Emmett se fueron a Oklahoma. El abogado arregló que los dos pasaran tiempo con Claire todos los días hasta que el proceso de adopción estuviera completo. Los dos dejaron nuestra entrada con idénticas sonrisas nerviosas pero emocionadas en sus rostros. Agité mi mano en despedida efusivamente mientras la camioneta blanca de Emmett pasaba por las rejas abiertas, ansiosa por conocer a la hija de Rose en solo un par de semanas.

Cuando no estaba soñando despierta con la reunión de Rose y Claire, estaba preocupada por Garrett. Todos los días esperaba que se presentara, sin anunciarse como era su costumbre, pero nunca llegó. Hubo momentos en que casi le conté a Jasper sobre su visita, pero contuve la lengua a sabiendas que Jasper todavía estaba resentido con su amigo por la treta que urdimos. Los días pasaron lentamente y al fin dejé de pensar en Garrett a medida que el día en que Rose, Emmett y Claire regresaban a casa finalmente llegaba.

Alice, por supuesto, insistió en que le organizáramos una gran fiesta, pero la convencí de no hacerlo, explicándole que tal vez Claire era el tipo de niña que no le gustaba la atención. Ese fue un concepto difícil de entender para Alice porque nunca conoció a un niño que no le gustara las fiestas o la atención, pero Edward estuvo de acuerdo conmigo y convenció a Alice que probablemente yo tenía razón. La niñita cenaría con Alice, Edward, Jasper y yo cuando llegara a Germantown, y me imaginé que ya sería bastante abrumador sin añadir el pastel y las serpentinas. Alice hizo un puchero por un rato y luego empezó a parlotear sin parar sobre organizarle algún día a Claire la madre de todas las fiestas de cumpleaños. Edward y yo nos miramos el uno al otro, nos reímos y sacudimos la cabeza al escuchar a nuestra eufórica pequeña Alice.

La noche que Rose, Emmett y Claire llegaron, Alice y yo nos ocupamos en la cocina. Alice sacaba un gran estofado del horno y yo amontaba mazorcas de maíz en una bandeja larga, sobresaltándome cuando escuché el familiar sonido del sistema de seguridad siendo desactivado. Alice y yo intercambiamos miradas. El miedo y la emoción adornaron sus rasgos, igualando las emociones que florecían dentro de mí. Limpiando mis manos en una pequeña toalla de cocina, agarré las hábiles manos de Alice en las mías y las apreté con fuerza, la emoción finalmente ganándole al miedo mientras una sonrisa se apoderaba de mi rostro.

"¡Está aquí!" Chillé, sintiendo que mi pecho estaba a punto de explotar. Alice al fin me devolvió la sonrisa y escuchamos a Jasper y Edward salir de la cueva masculina, con la nerviosa anticipación evidente en sus rostros.

"¡Cielo, estamos en casa!" El vozarrón de Emmett se escuchó desde el vestíbulo.

Entrando a la habitación con una enorme sonrisa con hoyuelos en su rostro, en seguida supe que algo estaba mal. La sonrisa no llegaba a sus ojos como normalmente lo hacía. Mi mente volvió a los últimos días y las conversaciones que tuve con mi hermano. Me había asegurado que todo estaba bien con Claire y que todo iba genial, pero incluso entonces sentí que algo no estaba bien. En ese momento, ese presentimiento lo hice a un lado pensando que solo era yo dándole demasiada importancia.

Pero cuando vi a Rose y a su niñita entrando detrás de él, supe en mi corazón que algo estaba mal. Rose se veía demacrada… y Rose nunca se veía demacrada. Mi atención no permaneció en Rose más que un momento, porque de pronto, mis ojos se sintieron atraídos a la niñita de pie a su lado.

Una niña pequeñita, más pequeña que la típica niña de nueve años, estaba a un lado de Rose, no muy cerca de ella pero lo bastante cerca para darse cuenta que estaba más cómoda en su presencia que en la presencia de nosotros, extraños. Su cabello color rubio fresa caía en largas ondas hasta la mitad de su espalda, la parte superior recogida con un bonito moño blanco. Tenía puesto un vestido azul, del mismo color azul que sus ojos, los que me recordaban el océano. Tenía pecas esparcidas en la parte superior de su nariz, desvaneciéndose en color al llegar a sus mejillas. La expresión en su rostro era de miedo e inseguridad, sentimientos con los que yo estaba muy familiarizada.

Alice, sin darse cuenta de la postura rígida de la niña, dio un paso en su dirección pero agarré su mano, mirando intensamente a sus ojos confundidos tratando de expresar la razón por la que la detuve. Pareció entender, asintiendo ligeramente y solté su mano.

"Así que, ella es Claire," dijo Edward, rompiendo el denso silencio en la habitación. Claire agachó la cabeza y Rose se le quedó mirando con una expresión preocupada en su rostro.

"Emmett, creo que llevaré a Claire abajo al cuarto de juegos y le mostraré el lugar." Rose le dijo en voz baja, mirando a mi hermano. Él asintió y Rose y la niñita dejaron la habitación, con la niña todavía manteniendo un poco la distancia entre ellas.

"¿Qué está pasando?" Jasper susurró, viéndose preocupado.

Emmett frotó su frente y murmuró, "Ella no habla, hombre. No ha dicho nada desde el día que la conocimos. Hemos intentado todo lo que podemos para conseguir que hable, pero no funciona. Apenas si come y se asusta cuando Rose intenta darle un baño."

"¿Es… muda?" Preguntó Edward. "¿Le ocurrió algo traumático para hacer que actúe de esa forma?"

"No, la trabajadora social nos dijo que cuando vivía con su primera familia de acogida ella hablaba todo el tiempo. Luego, un día simplemente dejó de hablar. De verdad, no tengo deseos de hablar de eso esta noche, chicos, si les parece bien." Asentimos y murmuramos en respuesta cuando él nos dio a todos una mirada triste. Dejó la habitación, desapareciendo por las escaleras para encontrar a Rose a la niñita.

Mordiendo mi labio, profundamente perdida en mis propios pensamientos, empecé a traer la cena a la mesa, con Alice a mi lado. Trabajamos juntas en silencio, el peso de la situación de Claire cayendo sobre cada uno de nosotros. Después de organizar todo con cuidado perfectamente sobre la mesa, anuncié que la cena estaba lista y todos empezaron a entrar. Conversaron en voz baja de temas triviales, pero eso no despejó la densa tensión que se cernía sobre nuestras cabezas.

Nos sentamos juntos y cenamos, todos menos Rose y yo evitaron mirar a Claire picando despacio a su comida, con un ceño ligeramente fruncido en su rostro. Rose, que estaba sentada junto a ella, empezó a preguntarle a la niña qué prefería comer pero ella nunca contestó. Era obvio que no le gustaba lo que serví, pero la idea no hirió mis sentimientos. Disculpándome de la mesa fui a la cocina y saqué algo del congelador, mirando la elaboración con una astuta sonrisa. Cortando una enorme y gruesa rebanada, regresé al comedor e hice a un lado el plato de Claire, remplazándolo con el nuevo.

"¿En serio, Bella?" Rose susurró, sacudiendo ligeramente su cabeza al ver el gigantesco pedazo de tarta Oreo. No dije nada, pretendiendo estar fascinada con el gran pedazo de estofado que pinché con mi tenedor. Sentí los ojos de la niñita en mí. Se movían rápidamente a mí y luego de vuelta a la tarta.

"Siempre quise comer primero el postre cuando era niña," reflexioné en voz alta, sonriendo al ver a Edward que tenía una pequeña sonrisa jugando en sus labios. "Pero nadie me dejó hacerlo nunca." Encogiéndome de hombros, me mostré interesada una vez más en mi estofado.

Cuando Claire cogió su tenedor y cortó lentamente su tarta, dejé caer mi rostro, ocultando mi sonrisa detrás un grueso velo de cabello. Cuando tomó el primer bocado sonreí abiertamente, pero lo cubrí al meter un gran pedazo de patata en mi boca.

Y cuando se terminó toda la rebanada y me dio una diminuta sonrisa, volví a la cocina y le traje otra.


Bueno, vamos por partes diría Jack el destripador jejeje. Estos capis son más largos y tenemos más información qué considerar. Todo con las bebés va viento en popa, ahora ya tienen lista su habitación al gusto de su mami como debe ser, solo faltan que lleguen y sin duda todos estamos deseando ese momento. Ahora, bueno, ya lo habíamos sospechado y no nos equivocamos. Volvió Garrett, lo bueno fue que Edward no se dio cuenta, pero cuánto durará eso, recordemos que las cámaras deben haberlo grabado. Ese bastardo solo vino a poner a Bella de nervios y hacer que se sintiera culpable por ocultarle a Edward el beso que le dio, ¿pero se imaginan si Edward se enterara? Sería el fin de Garrett. Al menos, parece que ya encontré a alguien a quién dirigir sus sentimientos románticos, y al parecer Carmen también estaba interesada jejeje, veremos si surge algo entre estos dos. Y por último, Claire :( Pobrecita, ¿qué será lo que habrá vivido? Sin duda va a ser un reto para Rose y para Emmett llegar a ella, aunque tal parece que Bella entiende bien a la niña y tal vez eso le permita tener una relación con ella. Esperemos que sea así. En fin, espero que hayan disfrutado del capítulo y como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y qué esperan que ocurra ahora con Claire, y que consecuencias traerá esa visita de G. Recuerden que sus reviews son muy importantes para nosotros, nos animan para seguir aquí. Sus reviews mantienen vivo el fandom.

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Lore, kaja0507, JessMel, Laliscg, jupy, CeCiegarcia, dushakis, torrespera172, PRISOL, Manligrez, MariePrewettMellark, miop, Shikara65, lagie, freedom2604, Shinigami Cullen Grey Darcy, Ely Cullen M, Adriu, Esal, anakarinasomoza, Gabriela Cullen, tulgarita, Maryluna, bbluelilas, Fallen Dark Angel 07, Sully YM, rjnavajas, Kriss21, Katie D.B, Says, Brenda Cullenn, alejandra1987, Lizdayanna, injoa, andreasotoseneca, Pili, patymdn, Vrigny, Liz Vidal, seelie lune, lauritacullenswan, tokita1976, Yoliki, May Cullen M, saraipineda44, Isabelfromnowon, glow0718, Tecupi, Pam Malfoy Black, maries24, Rosy Canul, Lady Grigori, Ali-Lu Kuran Hale, Tata XOXO, DenniChavez, Bertlin, aliceforever85, cavendano13, EriCastelo, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, espero que muy pronto.