Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.
Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)
Capítulo Treinta y cuatro: Nuevos comienzos
"¿Qué piensas del nombre 'Jasmine'?" Le pregunté a Edward, que yacía a mi lado en la cama, viendo cómo hojeaba distraídamente las páginas de un grueso libro de nombres para bebés que él nos compró hace unos meses.
Las páginas estaba muy gastadas y su elegante letra podía encontrarse en los márgenes de varias páginas dobladas. Me volví para mirarlo a través de mis pestañas y encontré su mirada atenta. Estaba cerca de mí, algo inseguro desde mi revelación del beso a Garrett y su regreso a Memphis hace unos meses. No he visto ni escuchado de Garrett desde esa noche en el loft de Edward. Él y Jasper nunca volvieron a mencionar su nombre, ni siquiera una vez. Edward finalmente me perdonó por mantener en secreto el beso de Garrett, pero le tomó algo de tiempo. No estaba enojada por ello; yo me lo busqué.
"Me gusta," al fin admitió, dándome una sonrisa deslumbrante. Sus ojos verdes estaban iluminados por la emoción bajo el pálido resplandor de una lámpara cercana. Hace mucho habíamos decidido el nombre de 'Carlie' y a él también le gustó la idea de Claire del nombre 'Harper'.
"¿Cómo se te ocurrió ese?" Preguntó, mirándome con curiosidad.
"Bueno, he tratado de encontrar un par de nombres que me recordaran a Jasper y a Emmett. El 'Jas' en 'Jasmine' me recordó a Jasper, así que ahora solo necesito encontrar un nombre que me recuerde a Emmett."
Asintió con aire pensativo, muy consciente de nuestro mutuo acuerdo de nombrar a las gemelas en honor a los dos hombres que habían pasado la mayor parte de sus vidas cuidando y protegiéndome. Ya no necesitaba su protección. James estaba muerto y ya no sentía el deseo de ocultarme o escapar. El agobio de la protección de mi hermano y mi primo ya tampoco existía. Mi vida finalmente se sentía en cierto modo completa. Todo lo que deseaba ahora era sentir a mis bebés en mis brazos.
Jasper dejó Memphis justo después de que le contara de Garrett. Regresó a Jackson a preparar su transferencia en el FBI y regresaría a su nuevo hogar en Memphis aproximadamente al mismo tiempo en el que estaba programada mi cesárea. Cuando se fue de Memphis yo estaba muy triste, aunque no tan triste como la pequeña Alice. Nos recordábamos constantemente la una a la otra que pronto volvería para no irse, y sí, hacía visitas ocasionales a Memphis cuando no estaba absorto en su trabajo en el FBI. Tuve que esforzarme para no sentirme un poco resentida porque pasaba la mayoría de su tiempo con Alice cuando venía, pero me recordé que ella ahora ella era su familia. Y eso me hacía feliz y aliviaba el leve ardor provocado por saber que yo ya no era lo más importante en su vida, y nunca volvería a serlo.
"Tal vez deberíamos pedirle a Claire otra sugerencia para un nombre de bebé," dijo Edward con una sonrisa, sacándome de mi ensoñación. "Es muy buena con nombres de bebés. Me encanta el nombre de 'Harper'." Murmuré de acuerdo.
Claire se había convertido en un elemento permanente en la casa Cullen-Swan. El terapista de Rose y Claire estuvo de acuerdo en que no debería enviarla a la escuela regular hasta después del verano. La primavera llegó y se fue, y entonces llegó el verano. Cuando Rose volvió al trabajo me ofrecí a cuidar de Claire durante el día. Rose estaba algo dudosa al principio, debido a mi embarazo, pero finalmente cedió y creo que secretamente se sentía aliviada de que cuidara de su hija. Claire y yo formamos un fuerte vínculo durante los últimos meses y aunque ella seguía sin hablar. Sabía que solo sería cuestión de tiempo antes que encontrara el valor de hacerlo.
Edward retiró el libro de nombres de bebés de mis dedos, que se habían entumecido durante mis divagaciones internas. Hojeó la sección del libro que tenía los nombres que empezaban con la letra 'E'. De pronto pausó, con una sonrisa emocionada extendiéndose en su guapo rostro.
"Ember," dijo, su voz teñida de emoción. "Carlie Ember Cullen."
"¿Ember?" Pregunté, arrugando mi nariz con ligero desagrado. "¿Qué tipo de nombre es Ember?"
"Una chispa de fuego ardiendo," susurró, leyendo el significado del nombre en voz alta del libro. El significado provocó que amara el nombre al instante y lo pronuncié suavemente una y otra vez, entusiasmándome rápidamente con él.
"Me encanta," admití, me giré sobre mi costado, mirando a Edward. "¡Un nombre más… que vaya con Jasmine!" Sonrió y estiró su mano, acariciando con ternura mi rostro. Cerré mis ojos, disfrutando de la sensación de su suave caricia y el movimiento de nuestras hijas muy dentro de mí. En cuestión de minutos estaba profundamente dormida.
Rose llegó con Claire la mañana siguiente poco después que Edward se fuera a trabajar. Rose ya no se veía demacrada, pero aún tenía líneas permanentes de preocupación en su frente. Me compadecía de ella. Deseaba desesperadamente escuchar la voz de su hija. Todos lo deseábamos. Ese día tomé una decisión. Era mi misión personal ayudar a Claire a romper las cadenas del miedo que le impedían hablar a aquellos que la amaban.
"¡Osita Claire, te ves muy linda!" Le dije con cariño, sonriéndole al ver su radiante rostro.
Llevaba su cabello en coletas y traía puesta una camiseta camuflada, overoles y unos tenis sucios. Rose abandonó su deseo de vestirla con ropa con volantes después de un gentil consejo de mi parte. También redecoramos su habitación de una forma que encajara más con su hija. Cuando se enteró que Claire aborrecía en secreto la forma en que Rose decoró su recámara y la vestía, ella en seguida le compró un nuevo guardarropa y dejó que ella escogiera su propia ropa de cama y otras decoraciones para su habitación. Incluso hizo que Emmett volviera a pintar las paredes rosas a un color amarillo pálido más adecuado.
Claire agarró mi mano, alejándome ansiosa del vestíbulo. Las líneas en la frente arrugada de Rose se desvanecieron cuando sonrió al ver la felicidad de su hija.
"¡Diviértanse y traten de alejarse de los problemas!" Rose dijo con una carcajada mientras Claire me llevaba a la sala. No tuve tiempo de responder antes de que Rose cerrara suavemente la puerta detrás de ella.
"Déjame adivinar… ¿te gustaría que hoy te leyera de nuevo?" Pregunté con una sonrisa cómplice. Habíamos pasado los últimos días absortas en uno de mis nuevos libros de vampiros. Claire suspiraba, contenta a medida que el libro progresaba, las dos perdidas en el mundo de dos desafortunados enamorados. Claire se parecía un poco a mí; enamorada con la idea de enamorarse.
Claire asintió, dándome una brillante sonrisa. Riéndome entre dientes, caí junto a ella en el sofá y tomé el libro de la mesita de café, hojeándolo hasta que encontré el viejo separador de libros. Pasamos el resto de la mañana perdidas en el libro. Los únicos sonidos en la habitación eran palabras murmuradas, el tictac del reloj de péndulo, y los suaves y sinceros suspiros de Claire.
Como a la hora del almuerzo le sugerí a Claire que me ayudara a cocinar, a lo que ella aceptó de buena gana. Era como mi pequeña ayudante de chef, siempre feliz de estar a mi lado y darme los ingredientes necesarios para lo que sea que se me antojara. Mi embarazo hacía que se me antojaran las cosas más extrañas, al menos de acuerdo a Edward. Para mí, la comida que se me antojaba eran las favoritas de mi infancia. Compartí mi obsesión de comida con Claire que me ayudó a preparar un almuerzo de sándwiches de bolonia y pepinillos fritos. La casa apestaba a bolonia, mayonesa, mantequilla, queso derretido y pepinillos fritos. Sam literalmente huyó de la casa pellizcándose la nariz con sus dedos. Claire y yo nos encogimos de hombros por su abrupta partida. Tomamos turnos sumergiendo nuestros pepinillos en un tazón lleno de aderezo ranch.
"Vamos a limpiar y a ocultar la evidencia de la comida frita, ¿está bien?" Le pregunté a mi pequeña cómplice en un innecesario susurro.
Asintió solemnemente, su rostro pecoso con una máscara de seriedad al bajar del banco y ocultar el tarro de mayonesa al fondo del refrigerador. ¿Quién come sándwiches de queso y bolonia frita sin mayonesa dentro? ¡Yo no!
Después de guardar los condimentos, lavar nuestros platos y ocultar el olor a comida frita bajo media botella de Febreeze, volvimos a la sala tratando de decidir cómo pasar el resto de nuestro día.
"¿Qué te parece un juego de Monopoly?" Sugerí, riendo al ver la mueca de fastidio de Claire. Ella odiaba el juego de mesa que aparentemente nunca terminaba.
"¿Quieres jugar póquer otra vez?" Pregunté en voz baja, mirando alrededor en caso de que Sam o Ben volvieran a entrar a la casa sin que lo supiéramos. Le había enseñado a Claire cómo jugar póquer y sacamos dinero a escondidas de la caja fuerte de Edward y apostamos.
Claire rodó los ojos, metió la mano en el bolsillo de sus overoles y sacó un fajo gordo de plata. Lo movió de un lado a otro y bostezó fingiendo aburrimiento, con una pequeña sonrisa engreída en su rostro. Fruncí el ceño al ver a mi pequeña compinche porque una niña nunca debería ganarle regularmente a una adulta en póquer.
"He creado un monstruo," murmuré, recompensada con una sonrisa de mi amiga.
El sonido de una puerta abriéndose y pies moviéndose provocó que las dos nos volviéramos de donde estábamos sentadas en el sofá. Sam y Ben entraron a la habitación hablando bajito, con sus cabezas inclinadas hacia el otro. Cuando notaron que Claire y yo los estábamos observando, se enderezaron y nos dieron una sonrisa. De inmediato sospeché de la expresión inocente en sus rostros.
"Bells, Edward llamó y necesita nuestra ayuda en la oficina," explicó Sam, sus ojos castaños suaves y honestos. "Creyó que estarías bien aquí siempre y cuando la reja esté cerrada y se queden dentro de la propiedad."
Mis ojos se abrieron por el shock y luego se entrecerraron inquisitivamente hacia los dos hombres. Edward nunca me había dejado, sin vigilancia, en ningún momento desde que me mudé a su casa. Claire también se quedó mirando dudosa a los hombres antes de verme a los ojos con una mirada de soslayo.
"¿Edward está bien? ¿Le pasó algo?" Pregunté, de pronto, con un frío miedo invadiéndome.
"¡No, no! ¡No es eso!" Me aseguró Sam, levantando sus manos, con las palmas hacia el frente en defensa. "En realidad, Bree es el problema."
"¿Bree? ¿La chica con la que salía Em?"
"Si," Ben habló, pasando los dedos por sus rizos oscuros con nerviosismo. "Está en su oficina haciendo una escena, amenazando con demandar a errr… ya sabes a quién, por atacarla."
Mi mente recordó la noche en que Rose regresó a Memphis de Oklahoma y encontró a Bree sentada junto a Emmett en la mesa del comedor. Esa noche, Rose se enfureció y volcó la silla con Bree aún en ella. Evadí deliberadamente las miradas interrogantes de Claire a mi lado. ¡No podía creer que esa pequeña zorra estuviera amenazando con demandar a Rose! ¡Y pensar que realmente me agradó al principio!
"Oh, uh, de acuerdo. Está bien. Claire y yo estaremos bien solas. Honestamente, no entiendo por qué Edward sigue creyendo que tiene que mantenerme bajo llave." Dije encogiéndome de hombros, preguntándome cómo manejaría Edward la situación con Bree.
"Solo quédate dentro de la propiedad," ordenó Sam, viéndose un poco nervioso. "Le prometí a Edward que te quedarías dentro de la propiedad." Asentí en respuesta y los dos hombres dejaron la habitación. Escuché el bip del sistema de seguridad, alertándome que Sam o Ben lo habían activado al partir. Claire y yo intercambiamos miradas por un largo rato, con un idéntico brillo travieso en nuestros ojos.
"Tengo una idea," susurré con una sonrisa. Ella sonrió en respuesta y asentí, estirando un poco mis adoloridos músculos. Siempre que me sentaba demasiado tiempo mi cuerpo se sentía ligeramente rígido.
"Quédate aquí y volveré en seguida," le ordené. Asintió, su rostro completamente serio, y salí de la sala.
Dirigiéndome a mi recámara, busqué en una caja de cartón que había estado guardada por meses en el armario. Era la caja que mi padre me dio cuando lo vi en Mississippi, el mismo padre que prometió visitarme en cuestión de unas cuantas semanas, pero nunca se presentó. Traté de no demostrar que me había lastimado una vez más, pero Edward cada vez me entendía mejor. Me mencionó que llamara a mi padre un par de veces, pero nunca lo hice. Se necesita de dos para hacer que funcione una relación. Me había tragado mi orgullo y lo busqué primero, ahora le tocaba a él. El esfuerzo por tener una relación con aquellos que amas no debería ser unilateral, y me negaba a suplicarle al hombre que fuera el padre que debía haber sido desde el principio. Me sentí estúpida por perdonarlo tan fácilmente, pero simplemente ese era la clase de persona que era. Nunca guardaba rencor por mucho tiempo contra alguien, porque sabía lo fácil que era cometer errores en la vida. Mi vida estaba llena de errores estúpidos que había cometido.
Cuando mis dedos rozaron con el frío cañón de metal de mi rifle de perdigones, lo agarré y lo sostuve con orgullo. No era uno de esos rifles cursis de color rosa que la mayoría de la gente les compraba a sus niñitas. Ni siquiera estoy segura que hicieran esos rifles rosas cuando era niña. No, este era negro con una culata de madera marrón. La culata estaba descolorida y desgastada por las muchas veces que lo había sostenido contra mi hombro derecho, cerca de mi axila. No estaba segura cuándo fue la última vez que el arma había sido limpiada. Un arma sucia era causa de falta de precisión al dispararle a tu objetivo. Pero después de abrir la recámara y revisar minuciosamente el interior del cañón, me sorprendió encontrar que alguien lo había mantenido bien limpio. Mi padre fue el único que tuvo acceso a esta arma.
Las lágrimas se formaron en mis ojos al pensar en el hombre de apariencia demacrada que había dejado en Mississippi. ¿Por qué se tomaría el tiempo de limpiar mi juguete de la infancia a través de los años pero se negaba a tener una verdadera relación conmigo? No tenía sentido. No podía entenderlo, tal vez nunca lo haría. Limpiando las lágrimas, agarré el pesado bote de perdigones y una pequeña trampa de metal con blancos que Edward me había comprado hace un tiempo. Cuando vio mi rifle sonrió y me dijo que iba a comprarme algunos perdigones para la maldita cosa. No sabía que estaba pensando en el momento que me compró los perdigones y la pequeña trampa de metal, pero estaba agradecida de que lo hiciera.
Encontré a Claire justo donde la dejé, sentada en el sofá floral mirando el rifle en mis manos con ojos amplios. Tragó saliva audiblemente y no pude evitar que se me escapara de mis labios una risita entre dientes. Asintiendo hacia la puerta trasera comencé a caminar por el piso de mármol, con el sonido de pequeños tenis raspados siguiéndome de cerca. Después de desactivar el sistema de seguridad, atravesé el enorme patio y bajé los escalones, con Claire a mi lado. Sus ojos permanecieron en el rifle y vi por la esquina de mi ojo como lo miraba asombrada. Estaba intrigada. No podía culparla. Caminamos hacia un área con césped frente a unos grandes árboles en el patio trasero. Tomé una silla de donde estaba cerca de la piscina y la coloqué en el área de césped, colocando la trampa sobre ella. Saqué los blancos de papel de la caja en la que venía la trampa y los coloqué en ella. Uniéndome a Claire donde estaba parada a unos metros de distancia todavía como una estatua, me puse de cuclillas, el peso de mi abdomen hinchado provocando que gruñera incómoda.
"Este es un rifle de perdigones, Claire," le dije en voz baja, mirando a sus grandes ojos azules. "Voy a mostrarte cómo sostenerlo, cómo apuntar, y cómo disparar con cuidado, ¿de acuerdo?"
Ella asintió rápidamente, sus ojos brillando con anticipación. Me tomé mi tiempo demostrando cómo cargar el arma con los pequeños perdigones, cómo mirar a través del cañón, la mira, y apuntar en el blanco. Claire sujetó el arma con firmeza en sus manos, el cañón del arma pegado a su mejilla derecha. Sus dedos estaban temblorosos, así que le sugerí en voz baja que tomara unas cuantas respiraciones profundas para calmar sus nervios. Claire asintió e hizo lo que le dije, respirando hondo y de forma entrecortada. Su nerviosismo era palpable. Fluía de su pequeño cuerpo mientras temblaba. Le recordé que apretara suavemente del gatillo, que no tirara de él con firmeza. Después que se quedara ahí por lo que pareció una eternidad, tiró del gatillo. Un suave estallido escapó del arma y ella dejó salir un chillido involuntario. Me eché a reír y en seguida sus mejillas se tornaron rojas al mismo tiempo que agachaba la cabeza avergonzada.
"Está bien, osita Claire," le aseguré, palmeando la parte superior de su cabeza. "Me tomó una eternidad acostumbrarme al sonido de una verdadera arma disparando. Una vez que te acostumbres, el sonido te emocionará en vez de asustarte."
La niñita se me quedó mirando con ojos redondos, al parecer ignorando que alguna vez había disparado un arma de verdad. Le di una sonrisa y le indiqué que continuara practicando. Falló una y otra vez, pero había una fiera determinación en sus ojos que me dijo todo lo que necesitaba saber. Claire no se detendría hasta que le diera a ese blanco. Me acerqué a una silla que estaba próxima y la observé en silencio mientras disparaba una y otra vez. El sol de Tennessee estaba sobre nosotros, provocando que mi piel sudara ligeramente y que mi ropa se pegara incómodamente a mi cuerpo. Eché mi cabeza hacia atrás, disfrutando del sol, feliz que el verano hubiese llegado. El sonido de pájaros cantando y el rifle disparando constantemente me arrulló hasta quedarme dormida. Finalmente hubo una pausa y mis párpados se abrieron. Claire estaba parada sosteniendo el arma en el aire con una expresión expectante en su rostro.
"Te mostré cómo cargarla. Así que, cárgala," le dije encogiéndome de hombros.
Se veía un poquitín asustada, pero yo no estaba preocupada. Era una niñita observadora y meticulosa con todo lo que hacía, casi hasta el punto del TOC. Claire se acercó al bote de perdigones y con cuidado cargó el rifle exactamente cómo le mostré. Después de una enorme sonrisa, volvió a donde había estado parada, el brillante césped verde aplastado con la forma de sus piernas ligeramente abiertas. Claire era innata. Solo le tomaría algo de tiempo darle realmente al blanco, pero una vez que lo hiciera sería imparable.
Volví a cerrar mis ojos por un buen tiempo hasta que escuché el sonido de un perdigón golpeando metal. Mis ojos se abrieron y observé con una sonrisa divertida como Claire miraba inmóvil a la trampa por un largo rato. Se volvió hacia mí lentamente con una enorme sonrisa de suficiencia en su rostro y vitoreé, aplaudiendo y gritando su nombre. Poniéndome de pie, me acerqué a la trampa con ella a mi lado y examinamos el blanco.
"Claire, quiero que le des a este blanco justo en el centro, ¿entiendes?" Pregunté, señalando al círculo rojo en medio del blanco. Había un agujero diminuto donde le había dado al extremo izquierdo. "No te detengas hasta que le des al círculo rojo, ¿de acuerdo?" Mi voz era firme y la miré con seriedad. Ella asintió solemnemente, viéndose un poco temerosa de lo que supuse fue una total cara de mamá que le estaba dando. Volví a la silla y vi cómo disparaba el rifle una y otra vez, con su rostro contraído con severidad al mirar por el cañón del arma.
Mientras Claire continuaba disparando noté que los pájaros dejaron de cantar y el parloteo de las ardillas cesó. Los animales se quedan en silencio cuando el peligro está cerca y de algún modo podía sentir su ansiedad en el cálido aire de verano. Mi piel se erizó y me levanté vacilante, mirando alrededor del patio y hacia los altos muros de piedra que nos rodeaban en la propiedad. Todo estaba bien. Las ramas de los árboles se mecían suavemente con la constante brisa húmeda. El olor de alguien cerca haciendo una parrillada flotaba sobre los muros altos. Sin prestarle atención a la extraña sensación me volví a sentar, concentrándome en la niñita que había llegado a reconocer como una sobrina adoptiva. Sería mi sobrina algún día. Emmett ya había elegido el anillo de compromiso de Rose y seguía trabajando en el club, incluso tomando un segundo trabajo en un gimnasio local para ganar el dinero suficiente para comprar esa cosa ostentosa. Le dije que a Rose no le importaría si le compraba un anillo sencillo o incluso una banda de oro, pero afirmó que su mujer tenía gustos costosos y él no deseaba nada más que hacerla feliz. Ni siquiera se daba cuenta que ya lo había hecho.
Claire comenzó a frustrarse. Le daba al blanco, pero nunca al centro. Podía escucharla bufando y gimiendo por la decepción. Poniéndome de pie sobre dos piernas inestables bajo el peso de mis gemelas retorciéndose, me acerqué a dónde estaba. Claire bajó ligeramente el arma, mirándome con ojos llorosos.
"Claire, ¿puedo darte un consejo?" Pregunté con voz baja, agachándome para quedar a su nivel, cara a cara. Asintió despacio, limpiando sus ojos con el dorso de su mano.
"Cuando apuntes a un blanco, pon todo en esa arma," le dije. Su rostro se retorció por la confusión al mismo tiempo que le daba una sonrisa comprensiva. "Cosas malas te ocurrieron en el pasado, ¿no es así, cariño? ¿Es por eso que no puedes hablar?" Claire agachó su cabeza y asintió despacio. Estiré mi mano y levanté su barbilla.
"Nunca agaches la cabeza avergonzada, ¿me escuchas? Quiero que lo pongas en esa arma. Lo que sea que te haya ocurrido en el pasado, ponlo en esa arma. Si te sientes enojada, triste y resentida, ponlo en el arma, utilízalo para tu ventaja. Ponlo en el arma, osita Claire, y todas las veces le darás al blanco, ¿está bien?" Claire seguía viéndose un poco triste y confundida, pero asintió de acuerdo.
En vez de regresar a la silla me senté en el césped a un lado de Claire. Ella miró por el cañón del arma, con sus piernas separadas, su ojo izquierdo cerrado y el derecho entrecerrado. Había una expresión de enojo, pero un tanto reflexiva en su rostro al quedarse ahí varios minutos, sin moverse. De pronto, apretó el gatillo y el perdigón dejó el rifle, estrellándose directamente en el centro. Claire bajó el arma lentamente desde su mejilla, con su boca abierta y sus ojos amplios por la incredulidad. Se volvió para mirarme y le levanté una ceja.
"Sabía que podías hacerlo," le dije encogiéndome de hombros como si nada, contrario a la emoción que realmente estaba sintiendo muy dentro de mí. Una lenta sonrisa cómplice cruzó su rostro y levantó el arma, disparando de nuevo. Siguió dándole al centro una y otra vez, haciendo jirones el papel con los perdigones de metal.
Cambié los blancos de papel varias veces. Claire era innata, justo como lo esperaba. El sol comenzó a caer en el cielo y mi estómago me recordó que pronto sería la hora de la cena. Otra idea se me ocurrió y solté el nombre de algo que no había comido en mucho tiempo, no desde que Jasper y yo éramos niños.
"¡Dumplings de ardilla!" Dije abruptamente, provocando que mi pequeña amiga como una estatua diera un salto y dejara escapar un chillido. Me frunció el ceño en confusión y me eché a reír. "¡Vamos a matar unas ardillas! ¡Tengo ganas de dumplings de ardilla!" La expresión de horror en el rostro de Claire me hizo estallar en histéricas carcajadas. Al parecer nunca había experimentado la genialidad de los dumplings de ardilla.
"Otro día te enseñaré cómo dispararle a las ardillas," le dije, tomando el rifle de sus manos. "Pero no tenemos mucho tiempo antes de que Edward venga a casa. Tal vez deberíamos mantener en secreto tu práctica de tiro, ¿de acuerdo? No le pregunté a tu mamá y probablemente se enojaría si supiera que te dejé que disparar un arma, incluso si es solo mi viejo y jodido rifle de perdigones."
Claire me miró molesta por la descripción que di de mi arma, pero asintió con aire pensativo, siguiéndome a donde me paré cerca de unos árboles. Levantado el arma a un costado de mi rostro, le apunté a una ardilla que estaba en una rama de un grueso árbol de roble. La derribé fácilmente, la bala le dio directamente en la cabeza. Cayó al suelo con un suave ruido sordo, pero no le presté atención. Seguí disparándole a ardilla tras ardilla en sucesión hasta que quedé satisfecha que eran suficientes para hacer una gran cacerola de dumplings de ardilla. Claire me siguió con una expresión de puro horror en su rostro cuando agarré cada una por su pequeña cola peluda, gruñendo cuando tenía que pararme para recogerlas.
"No las mato por diversión, Claire," le dije al dirigirnos hacia el garaje. Podía escuchar la ruidosa camioneta de Emmett deteniéndose en la entrada. "Cuando matas algo es con un propósito. El propósito de matar estos animales es para darle de cenar a mi familia. No es un juego. Siempre recuerda eso, ¿está bien, cariño?" Ella asintió de manera solemne, tratando de ocultar el asco de sus pequeños rasgos. Nos encontramos con Emmett en la entrada y gritó de alegría cuando vio lo que tenía en las manos.
"¿Dumplings de ardilla?" Preguntó, sus ojos brillando por la emoción. Todavía traía puesta la ajustada camiseta negra requerida para los empleados del gimnasio donde trabajaba durante el día. "No he comido tus dumplings de ardilla hace siglos." Su rostro con hoyuelos estaba sonriendo.
"Puedes comer, si las limpias para mí," le ofrecí, tendiéndole las ardillas muertas para que las agarrara. "Tengo un montón aquí para ti." Frunció el ceño y me entrecerró los ojos, los hoyuelos desapareciendo momentáneamente de su rostro.
"Sabes que cuando matas algo tienes que limpiarlo," gruñó descontento, estirando su mano y tomando las ardillas de mis manos por sus colas.
"Me asquea un poco arrancar la piel de animales muertos ahora que estoy embarazada," le expliqué encogiéndome de hombros. Emmett puso los ojos en blanco, murmurando para sí mismo y alejándose. Le di a Claire una sonrisa malvada, notando el ligero tono verde en su rostro. Supongo que el comentario sobre arrancar la piel de ardillas muertas le afectó un poco.
"Vamos a entrar y hacer la masa de los dumplings," sugerí. Me dio una sonrisa vacilante y me siguió dentro. Pasamos el resto de la tarde preparando los dumplings, horneando panecillos con mantequilla y cocinando la carne de ardilla que Emmett me trajo resentido varios minutos después que lo dejé afuera.
Edward llegó a casa justo cuando Rose llegó. Invité a Rose a cenar con nosotros y aceptó prontamente, el olor a dumplings calientes atrayendo a todos al comedor. Todos comimos en la mesa del comedor. Todos además de Claire, Emmett y yo tenían la impresión que Claire y yo habíamos preparado dumplings de pato. No estaba segura si Edward o Rose habían alguna vez comido ardilla. Eran del sur, pero vivieron en la ciudad toda su vida. Dudaba que Edward Cullen se hubiera sentado a comer ardillas antes que yo llegara. Los tres nos sonreímos el uno al otro mientras Rose y Edward se servían un segundo plato. Claire incluso se rio entre dientes bajo su aliento unas cuantas veces sobre todo al escuchar y ver a Emmett gimiendo al limpiar su plato de dumplings con un panecillo de mantequilla recién horneado hecho por la mismísima Claire. Se estaba convirtiendo en una muy buena cocinera.
Fue durante mi tercer plato de dumplings cuando la cosa más extraña ocurrió. Sentí que algo se reventó en mi interior lo que provocó que pausara entre mordidas. Una calidez fluyó por debajo de mí y jadeé, dejando caer mi tenedor en el plato y alejando mi silla ligeramente de la mesa. Claire, que estaba sentada a mi derecha, se quedó mirando al líquido claro que fluía por debajo, dejando una mancha de humedad en la tela de mis elásticos pantalones de maternidad.
"¿Qué pasa, Bella?" Edward preguntó, con sus cejas fruncidas en confusión al ver mi rostro pálido.
Abrí mi boca pero nada salió. ¡Mi fuente se rompió! Todavía me faltaban un par de semanas antes de que programaran mi cesárea, pero la doctora nos advirtió que los gemelos algunas veces nacían antes de tiempo. Mi boca continuó abriéndose y cerrándose, abriéndose y cerrándose mientras todos menos Claire se me quedaban mirando como si me hubiese vuelto loca. El miedo se apoderó de mí al pensar en dar a luz. Era algo que simultáneamente anticipaba y temía. Las lágrimas nublaron mi visión cuando me volví hacia Claire, la única persona en la mesa que parecía darse cuenta de lo que estaba pasando. Le había explicado el proceso del nacimiento durante uno de nuestros relajados días de verano, riendo cuando me dio una mueca de disgusto. La mueca de disgusto había desaparecido. Mientras Claire miraba a mi rostro asustado, mi boca abierta sin palabras y el temblor de mis manos, una expresión decidida cruzó su rostro. Valientemente se puso de pie, empujando su silla hacia atrás y mirando el rostro estupefacto de aquellos sentados a la mesa, devolviéndole la mirada.
"Se acaba de romper la fuente de Bella," dijo con voz clara y fuerte, mirando intensamente a los ojos de su madre. "Necesita ir al hospital, mamá."
Rose asintió, cubriendo su boca con la mano para contener el sollozo de felicidad que amenazaba con escapar tras escuchar a su hija no solo hablar, sino también llamarla 'mamá'. Edward empezó a gritar nervioso, levantándose de un salto de la mesa y volcando su silla en el proceso. Salió disparado de la habitación y regresó con una enorme bolsa llena que había empacado en caso de que tuviera que irme antes al hospital. Agarré la mano de Claire con fuerza, finalmente encontrando mi voz. Besé su mejilla y le susurré al oído lo mucho que la amaba y lo orgullosa que estaba de ella. Me asintió en respuesta con timidez, pero no dijo nada más. Emmett la cargó, felicitándola porque finalmente habló al mismo tiempo que plantaba un beso húmedo en su mejilla. Ella se lo limpió, pero le sonrió con alegría a su futuro padre.
"Los seguiremos al hospital," dijo Rose, luchando por ocultar las lágrimas que saturaban sus ojos. "Llamaré a Carlisle, a Esme, a Alice, a Carmen y a Tia. Estoy segura que Alice le llamará a Jasper."
"¡Vámonos!" Gritó Edward al salir corriendo de la casa con mi bolsa detrás. Yo seguía sentada en la mesa del comedor. Rodando mis ojos, permití que Emmett me ayudara a levantarme y me acompañó a la recámara. Se quedó afuera mientras me tomaba mi tiempo aseándome y poniéndome unos pantalones limpios. Cuando me uní a él en el pasillo su rostro estaba rojo por la risa.
"¿Qué es tan gracioso?" Pregunté con una sonrisa confundida.
"Edward," resopló. "Se subió al coche y te dejó aquí. Aunque ya volvió. ¿Cómo es que alguien olvida llevarse a su prometida embarazada al hospital cuando se rompe su fuente?"
"Déjalo en paz," me eché a reír, imaginando a Edward saliendo a toda velocidad por el camino de entrada, dejándome. "Ha estado nervioso todo el tiempo que he estado embarazada."
Emmett se rio entre dientes y me acompañó afuera hacia la luz tenue del anochecer. Los grillos estaban cantando ruidosamente bajo la luz de la luna. Edward estaba cerca del coche, mirándome con timidez al mismo tiempo que pasaba sus dedos por su cabello rebelde. Vi a Rose sentada en el lado del pasajero de la camioneta de Emmett, y el pequeño rostro pecoso de Claire asomándose ansiosa por encima de su hombro al verme acercarme a donde estaba Edward.
"¿Olvidaste algo?" Me eché a reír al ver su rostro tornarse a un brillante tono de rojo, algo que pocas veces ocurría. Me atrajo delicadamente a sus brazos mientras Emmett se dirigía a su camioneta riéndose entre dientes. Edward dejó un beso en mi frente y yo inhalé su cálido aroma especiado.
"¿Está listo para conocer a nuestras hijas, señor Cullen?" Le pregunté en voz baja, recargándome en sus brazos y mirando a sus ojos verdes pino. Estaban cubiertos de ilusión y preocupación. Levantando mi mano, acaricié su mejilla y me dio una pequeña sonrisa.
"Estoy listo para que al fin nuestra familia esté completa," respondió, atrayéndome nuevamente a su pecho y besando mi frente una vez más.
Nos fuimos momentos después, con la mano grande de Edward ligeramente sudorosa sujetando firmemente la mía mucho más pequeña y temblorosa. El coche avanzó por las calles oscuras de Tennessee al dirigirnos al hospital; al dirigirnos hacia nuestro futuro.
¡Al fin vienen las gemelas! ¡Y habló Claire! Tuvo que pasar algo así para que se armara de valor y ayudara a su amiga Bella. Sin duda ha sido una gran ayuda para Claire su amistad con Bella, ella la entiende como nadie más. Aunque también le ha enseñado otras cosas que si Rose supiera se volvería loca jajajaja. Como el póquer apostando y el disparar un arma, aunque sea una de perdigones. Aún quedan algunas cosas por aclarar de esta historia pero este es el último capítulo, el próximo será el epílogo y le decimos adiós a esta historia. Espero que hayan disfrutado del capi y por supuesto, como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció, qué fue lo que más les gustó. Recuerden que sus reviews son muy importantes para nosotros, nos animan a seguir dedicando tiempo para su diversión. Y con ellos, mantienen vivo el fandom, no lo olviden :)
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: JessMel, paupau1, Car Cullen Stewart Pattinson, Amy Lee Figueroa, freedom2604, Bertlin, kaja0507, bealnum, Laliscg, Fallen Dark Angel 07, Esal, Ali-Lu Kuran Hale, alejandra1987, EriCastelo, rjnavajas, asturabril, CeCiegarcia, Tecupi, Gra, Maryluna, jupy, Yoliki, Vrigny, Katie D.B, PRISOL, tokita1796, andreasotoseneca, DaemonDmerlicht, Lore, Adriu, saraipineda44, BereB, AnnieOR, Lizdayanna, aliceforever85, May Cullen M, Salve-el-atun, lagie, Tata XOXO, nydiac10, maria, Pili, injoa, Say's, Melany, Lady Grigori, Manligrez, glow0718, seelie lune, maries24, Liz Vidal, tulgarita, MariePrewettMellark, cavendano13, Brenda Cullenn, Kriss21, Sully YM, Pam Malfoy Black, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el epílogo.
