Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling y asociados. No obtengo ningún beneficio a cambio de escribir esta historia (más que el de divertirme).
Notas: no sé de dónde salió esto. Pero meh. Es nada más para entretenerme, nada serio, la trama puede ser algo sosa, pero qué más da, es fanfiction.
Advertencias para toda la historia: ¡OOC!, AU (Universo Alterno), muerte de personajes, tortura física y psicológica, slash (relación hombre x hombre). La clasificación de la historia por ahora es 16+, en el futuro cambiara por escenas sexuales (smut, lemon). Una disculpa por cualquier error gramatical que puedan encontrar.
Parejas/relaciones: Tom Riddle/Harry Potter. Ron Weasley/Hermione Granger/Draco Malfoy. NO se agregarán más parejas, NO se van a cambiar.
Capítulo I
Seis grados de separación
{O de cómo el mundo es un pañuelo.}
Albus Dumbledore contempló con desazón el edificio que se vio obligado a visitar. De repente, el cansancio se asentó en sus huesos y la idea de que podía esperar ver a un segundo Tom Riddle no lo dejó. El letrero negro y simple asentado en la entrada rezaba: Strawberry Field. Un orfanato. Un maldito orfanato.
Harry Potter no había crecido con sus tíos como fue el plan inicial. A cambio, paso la mayor parte de sus años en una inclusa. Al parecer los Dursley aprovecharon la primera oportunidad que tuvieron para deshacerse de su sobrino. Incluso se tomaron la molestia de llevarlo a una residencia bastante alejada de Surrey, pues Strawberry Field se asentaba en medio de Liverpool.
Camino con cuidado, con lentitud, como si no deseara enfrentarse a lo que el tiempo y las circunstancias hicieron de Harry Potter. Tocó la puerta principal y esperó que alguien apareciera. Una mujer de cabellos más blancos que negros, que vestía una blusa de manga larga y una falda que cubría sus rodillas le abrió.
—¿Qué desea? —inquirió la señora con un deje de cortesía, hubo algo de desconfianza en su mirada y postura.
—Me gustaría ver a Harry Potter y a su tutor legal, si no es problema. Soy Albus Dumbledore y vengo de parte del Internado Hogwarts, el niño ha sido aceptado en él para que curse su educación secundaria —respondió Dumbledore.
—¡Oh!, ¿y es también otra escuela para niños genios? Dios santo, esto es un milagro, aquí entre nos, hace unos minutos, las muchachas que me ayudan estaban hablando conmigo sobre lo que sería de Harry después de que terminara su educación primaria, después de todo nosotros no podemos permitirnos mandarlo a un colegio privado tal y como él lo requiere. —La mujer adquirió de repente una actitud conversadora y se olvidó de su reticencia—. Sus gastos hasta ahora fueron cubiertos por una fundación.
Albus mantuvo una expresión apacible y de comprensión. Aunque no estaba siguiendo de forma precisa la plática a causa de su falta de información de la educación de Harry Potter hasta ese momento. Arabella fue una espía terrible, ella creyó que rara vez veía a Harry porque sus tíos no lo dejaban salir, así que siempre decía que todo estaba bien.
—Sí, somos un colegio especializado en jóvenes que muestran capacidades diferentes al estándar. Todo lo que el señor Potter necesite será proporcionado por la escuela.
—¡Haberlo dicho antes! Pase por favor. Lo llevaré hasta donde está el pequeño. Soy Katherine Watts, directora de este precioso sitio y su tutora legal, un placer.
Dumbledore asintió y dio las gracias por la cortesía. Recorrió los pasillos con menos ansiedad. La matrona no parecía tan infeliz con la presencia de Harry en el orfanato, ni actuó como lo hizo la señora Cole años atrás ante la mención de Tom Riddle. Por otro lado, el edificio lucía mucho mejor que el lugar en donde el Señor Oscuro creció.
Pronto llegaron a una pequeña sala en donde se hallaban varios niños pequeños sentados en círculo, en silencio, escuchando a uno de mayor edad. Era Harry Potter. Albus Dumbledore no tuvo que ver dos veces al muchacho que estaba de pie en medio de dicha congregación leyendo en voz alta un libro para reconocerlo.
—¿Harry, querido? Tienes una visita, lamento interrumpir.
El aludido hizo un gesto de sorpresa. Dejó su lectura y enseguida contempló a la mujer que lo llamaba. No pasó por alto al anciano que estaba al lado de la matrona. Frunció su ceño en desconcierto y enseguida miró a su público.
—Erg, creo que tendremos que seguir esto más tarde. ¿Por qué no van a jugar al jardín y después regresan? Prometo que leeré dos capítulos en lugar de uno en compensación —negoció Harry.
Los niños soltaron quejas, pero no se opusieron al trato. Se levantaron y salieron de la habitación. Instantes después sólo quedaron los dos adultos y Harry.
—¿Estoy en problemas? No recuerdo haber hecho una travesura en los últimos meses, lo juro —dijo Harry con una sonrisa.
La señora Katherine se rio ante las palabras del muchacho.
—No, este hombre me ha dicho que viene de un colegio para niños superdotados. —La matrona señaló con educación a Dumbledore.
—Eh, ¿eso significa que tengo una nueva beca? —preguntó Harry sorprendido—. ¡Qué inesperado, llegó en un buen momento!
—¡Al parecer! Los dejo para que conversen. Señor Dumbledore, vuelvo dentro de veinte minutos para que hablemos en privado de los pormenores, una ayudante se quedara afuera para vigilar —dijo la mujer.
Albus asintió y enseguida dirigió su atención a Harry. No le cupo duda de que el niño era un Potter: las gafas y el cabello oscuro e indomable lo identificaban como uno. Los ojos, por otro lado, eran idénticos a los de su difunta madre. Su complexión era más bien suave, diferente a la que lució su padre a su edad, Harry era delgado y un tanto bajo para su edad. Concluyó que de seguro se debía a las comidas escasas que solían servirse en un orfanato.
—¿Harry? Soy Albus Dumbledore, director de la escuela a la que asistirás por siete años, se llama Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería —comentó el anciano con cuidado, esperando la reacción del niño. Hasta ahora la situación era buena, no parecía que un segundo mago oscuro se hubiera forjado, sin embargo, no quería esperanzarse.
Hubo silencio y estupor.
—Lo siento, señor. ¿Oí mal? ¿Dijo magia y hechicería? —Harry alzó una de sus cejas. Estaba bien, que él pudiera aparecer flores a su antojo entre sus manos y un montón de monerías más era una singularidad, pero dudaba que aquello fuera magia, su profesor de ciencias decía que la magia era mito—. ¿Es una broma de mal gusto?
—No, no, hijo. Estoy siendo serio. ¿Nunca han ocurrido cosas extrañas a tu alrededor, cosas que no se pueden explicar con la simple lógica y que otros considerarían una locura si se las cuentas?
Harry inclinó su cabeza a un lado, en un gesto especulativo.
—¿Puede ser más específico?
—¿Qué tal objetos explotando por tu ira?, ¿libros o juguetes volando hacia ti cuando los deseas?, ¿heridas sanándose en cuestión de segundos? ¿Nada de ese estilo?
—Pues mi cabello es una cosa rebelde, debería de ver lo malhumorada que se pone la señora Katherine cuando intenta despuntarlo o peinarlo y vuelve a crecer en horas. ¡Ah! Y también una vez volví azul el cabello de mi profesor. Además, miré esto —pidió Harry emocionado, dejó el libro en el suelo y juntó ambas manos, cuando las separo una pequeña flor apareció entre ellas, después sostuvo el capullo entre sus dedos—. Una vez vi a un hombre dando un espectáculo callejero e hizo lo mismo, ¡fue genial! Así que desee poder reproducir su acto para que los demás niños pudieran apreciarlo. Desde entonces las flores brotan de mis manos.
Albus escuchó el parloteó animado de Harry. Se sintió más tranquilo de que el niño exhibiera un comportamiento sociable y alegre. La personalidad burbujeante de Harry era cada vez más distante a la que proyecto Tom Riddle a sus once años.
—... y entonces, ¿esto es magia?
—Sí, Harry, es magia.
—¡Genial! ¿Qué puede hacer usted? —preguntó el niño con ojos brillantes.
—Muchas cosas, varias de ellas las aprenderás en Hogwarts. —Dumbledore sacó su varita, apunto al libro que Harry había dejado en el suelo, lo levitó y segundos después lo transfiguro en un gato.
—¡Oh! ¡Es jodidamente impresionante…! ¡No le diga a la señora Katherine que dije una mala palabra! —gritó Harry. Alzó ambos brazos en un gesto de euforia—. ¿Podré hacer lo mismo si voy a esa dichosa escuela?
—En efecto, hijo. Tal vez logres cosas más maravillosas.
—¿Dónde firmo? —cuestionó el niño.
Albus sonrió amable.
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(Seis grados de separación)
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Harry soltó un ruidillo de sorpresa al ver el tren que se izaba en toda su belleza y reposaba en medio de las vías. Dumbledore no exageraba cuando describió el expreso que iba a Hogwarts. Examinó sus alrededores, reparó en las familias que despedían a sus hijos, en los niños más pequeños que corrían a lo largo de los andenes y en la ropa tan particular que vestía cada uno de los individuos.
"Guau, los magos tienen un sentido raro de la moda", pensó Harry. Jaló sus cosas para ir en busca de un vagón. Estaba cansando, su búsqueda del andén 9 y ¾ lo había dejado un tanto agotado pues tardó al menos quince minutos en darse cuenta de cómo ingresar al corredor. Ni qué decir de lo incómodo que resultó tener que vagar con un baúl y una lechuza en medio de la gente, incluso se arrepintió de haber negado la ayuda que la señora Katherine le ofreció en primera instancia.
—Yo y mi orgullo —murmuró malhumorado.
Fue por los pasillos del tren empujando sus cosas. Su vista periférica captó los rastros de un cabello esponjado color chocolate. Se detuvo de golpe, giró su cabeza, se acercó hasta la puerta del vagón y rio malévolo. Ahí, en medio de la soledad encontró a Hermione Granger. La niña se removía incómoda y sostenía un enorme libro que tenía por título Hogwarts: una historia.
Harry abrió la puerta de golpe.
—¡Hermione! —gritó feliz.
La niña abrió los ojos, dejó caer su libro e intentó decir algo, pero de su boca sólo salieron balbuceos.
—¡Esto es destino, te lo digo yo, siempre supe que teníamos un futuro juntos!
—¡Harry! —gritó después de unos momentos Hermione—. ¿Qué haces aquí? Digo, es obvio lo que haces, pero tú, digo... no sé qué decir... ¡eres el niño que vivió!
—¡No digas nada por ahora! Haz un espacio para mí, por favor. Voy a meter mis cosas. —Harry se dio la media vuelta. Tomó sus pertenencias y las llevó al interior. Con ayuda de Hermione logró acomodar su baúl y jaula con todo y lechuza.
—Oh, Harry, no sabes lo sorprendida que estoy.
—Me siento de la misma manera. Creí que no te volvería a ver en mucho tiempo, por eso lloré cuando terminó el colegio para niños superdotados —comentó Harry—. ¡Aún podemos dominar el mundo agarrados de la mano!
Hermione suspiró y se palmeó la cara con exasperación, recogió su libro y lo colocó sobre el asiento. Al parecer su amigo aún no se quitaba de la cabeza su plan de gobernar a los humanos. Rememoró con cierta diversión el día que lo conoció, se presentó ante ella como: "Harry Potter, seis años, futuro antihéroe y amo del mundo". Una meta bastante ambiciosa, si se lo preguntaban.
—¿Harry eres consciente de que estamos entrando a una sociedad diferente?
—Por supuesto, pero asumo que nuestro gran cerebro aún nos será de ayuda para cumplir mis objetivos. Estuve leyendo en las vacaciones y ya tengo planes. Tú podrías ser la futura cabeza del Ministerio de Magia. Yo pretendo llegar a ser jefe del departamento de aurores —comentó el pequeño Potter—. Tomaremos las riendas por el camino de la política.
Hermione negó con la cabeza.
—Es un plan desquiciado.
—Funcionara, ya lo verás. Regresando al tema inicial y por el título con el que me llamaste, ¿supongo bien que leíste sobre "mi asombrosa hazaña"? Deberías de haber visto la cantidad de gente que quiso saludarme cuando visite el Callejón Diagon. Unos incluso desearon tocar mi cicatriz. Fue horrible, me sentí acosado. Por suerte el director, un anciano que viste ropa brillante, logró alejar a toda la gente —dijo Harry—. Él me visitó en el orfanato, me explicó cómo funcionaba el mundo mágico en general y me acompañó en la compra de los útiles escolares.
—Lo hice. Tu nombre está en Historia de la magia moderna, Ascensión y caída de las artes oscuras, Grandes eventos mágicos del siglo veinte y otros tantos libros. Al principio pensé que el Harry Potter que mencionaban los autores no podía ser el Harry Potter que yo conocía, es un nombre bastante común en el Reino Unido. Cuando te vi aquí, todo pareció cobrar sentido y tú lo confirmaste.
—Creo que podemos usar mi influencia para forjar el camino hacia la dominación mundial. Mira, noté que toda la gente parecía interesada en lo que tenía que decir y estaban muy agradecidos conmigo por algo que ni siquiera recuerdo. Si juego bien esa carta, venceremos. —Harry sonrió—. También descubrí que pertenezco a la noble y ancestral familia Potter. No sé qué significa eso, por ahora, pero si mi apellido tiene peso gubernamental, tal y como los sospecho, habrá otro punto a nuestro favor.
Hermione intentó no suspirar de nuevo pero el airé se le escapó sin querer. Harry no iba a ceder a olvidar su sueño de ser amo y señor de todo. Para un niño que tenía un alto CI y había acudido a una escuela de genios, tenía un objetivo poco convencional. Potter era el hazmerreír de la clase cuando le contaba a las personas su meta de vida; el no deseaba ser un astronauta para la NASA, un admirable abogado, un médico o un investigador destacado. No, Harry Potter hablaba enserio cuando decía que su anhelo era gobernar a otros cual villano (o antihéroe, como prefería llamarse a sí mismo).
Al parecer su anhelo ahora abarcaba al mundo mágico. Al menos quedaba el consuelo de que no quería hacer las cosas por medio de una guerra sino de forma pacífica y política.
—Sabes, es increíble que ambos seamos mágicos, y que tú seas un héroe para la comunidad —dijo Hermione.
—Ah, el mundo es tan pequeño. Seis grados de separación, ¿has escuchado sobre esa teoría? Todos nos hallamos conectados mediante una cadena de seis personas. A propósito de las conexiones, ¿crees que pueda reunir más gente que se quiera unir a la causa, aunque sea por diversión?
Hermione hizo un gesto pensativo.
—Considero que... —no llegó a terminar su oración. Un muchacho de cabello rojizo abrió la puerta y la sacó de su estado de confort.
—¿Puedo unirme? Los otros vagones están llenos.
—Claro —respondió Harry—. Pero tengo que advertirte que una vez que entres formaras parte del lado gris. —Harry uso una voz teatral que pretendía asustar y sonar mística.
—¡Harry! —Hermione riñó a su amigo pronunciado su nombre con molestia.
—¿Qué? Necesitamos adeptos y qué mejor que ganarlos desde ahora, mejor si son ingenuos. Los más tiernitos son los más moldeables.
Ron miró el intercambio con desconcierto, sin embargo, asintió ante la sentencia del niño. Metió sus cosas y las acomodó bajo la atenta mirada de Hermione y Harry.
—Soy Ron Weasley —se presentó.
—Hermione Granger.
—Harry.
—¿Sólo Harry? —inquirió el pelirrojo.
—Puedes llamarme El Gran Harry...
—¡Harry! —regañó de nuevo Hermione.
—Harry Potter, el niño que vivió para ser fabuloso.
Ron abrió la boca por el asombro, ¡su familia no le iba a creer que había conocido a Harry Potter en el expreso a Hogwarts!
—¿En serio eres tú?
—Sí, tengo la cicatriz y todo —respondió Potter, alzó su fleco para que el nuevo miembro de su sequito viera la marca que lo identificaba como el individuo responsable de la caída del último mago oscuro que atacó Gran Bretaña.
—Es verdad, eres Harry Potter.
—Pero no hablemos de mí, es irrelevante, hablemos de ti, dime cuáles son tus objetivos en la vida y tus pasatiempos.
Hermione contempló a Ron, él no sabía en lo que se estaba metiendo. Harry estaba loco. Lo peor de todo es que no era un loco común y corriente: era un loco con una capacidad cognitiva superior a la mayoría y eso significaba que se metía en problemas más complejos.
—Nunca... nunca me he planteado mis objetivos en la vida —respondió Ron, desconcertado—. ¿Puedo decir que me gusta el quidditch y todo lo relacionado con él?
—No es tarde para plantearte tus objetivos. Por ahora, yo quiero ser auror, tienen una gran reputación, ¿qué te parece esa perspectiva? O podrías ser jugador profesional de quidditch. Cuando uno tiene una meta obtiene un mejor desempeño escolar.
Ron se quedó desconcertado, no entendía porque Harry Potter le estaba dando una conferencia sobre lo que podía hacer con su vida.
—Es muy pronto para que pensemos en ello, ¿no?
—No. El mundo es salvaje, sólo aquellos con grandes calificaciones llegan lejos, por eso hay que estudiar. El día en que decidamos qué hacer, tendremos números respaldándonos —respondió Harry, apretó ambos puños e hizo un gesto de pelea—. O eso nos decía nuestra profesora de matemáticas, ¿verdad Hermione?
Hermione asintió.
—¿Se conocen de antes? —preguntó Ron.
—Sí, Harry y yo íbamos a la misma escuela primaria.
—¿Una escuela con muggles?
Harry miró a Hermione.
—Si te refieres a una escuela con gente sin magia, la respuesta es sí. —Hermione le devolvió la mirada a su amigo.
—¿Y cómo es? Me refiero al ambiente y todo eso. Mi familia está llena de magos.
—Bueno, no puedo hablar de la experiencia normal. Verás, Harry y yo estábamos en una escuela que tenía un programa para niños genios. —Hermione parecía avergonzada de usar la palabra genios—. Es más exigente y los temas que no enseñaban eran un poco más complejos.
—¿Genios?
—Lo que Hermione quiere decir es que tenemos capacidades de aprendizaje diferentes. Para nosotros es más sencillo resolver problemas o retener información, esta pequeña —Harry pasó su brazo por los hombros de Hermione—, tiene memoria eidética, recuerda todo lo que lee o ve. ¡Si yo soy un genio ella es lo que le sigue!
—¿O sea que son muy inteligentes? —preguntó Ron.
—¡Sí, tienes el punto! —alabó Harry—. Pero que eso no te preocupe. De ahí en fuera somos niños comunes y corrientes. Ah, y se supone que yo derrote a un Señor Oscuro, pero tampoco te fíes mucho de eso.
—Entonces van a estar en Ravenclaw —dijo Ron desanimado, él hubiera esperado ir a Gryffindor junto con Harry Potter.
—Ew no. Ew. Ya tuve suficiente del ambiente intelectual. Además, el azul Ravenclaw no resalta mis ojos —comentó Harry con diversión—. ¡Quiero ir a Slytherin, el verde me queda! Me veré genial con las túnicas de esa casa.
—¡Pero a Slytherin van los magos oscuros! —exclamó Ron preocupado por la decisión Harry.
—Y los magos que gustan del color verde. No quiero ir a Gryffindor, el rojo me hace ver extraño, ¿aunque Hufflepuff? Hermione, ¿piensas que el amarillo combina con mi color de ojos y cabello? ¿Y tú Ron?
Granger estaba, con franqueza, asustada de que su amigo estuviera deseando ir a una casa en particular debido al color de los uniformes.
—Bueno, el verde te queda bien —dijo Weasley al cabo de unos momentos. Harry no tenía nada de Slytherin por lo que había visto así que dudaba que terminara ahí, sin embargo, lo mejor que podía hacer era no romper sus ilusiones.
—¡Tú me entiendes! Siento que podríamos ser grandes amigos si seguimos así.
—Harry, no creo que puedas escoger tu casa con base en qué túnicas lucen mejor en ti. Hay una selección por una razón —argumentó Hermione.
—Todo es posible, Mione. Todo es posible. Prométeme que intentarás ir a Slytherin, creo que el verde también te hace lucir impresionante. —Harry tomó las manos de su amiga e hizo un gesto de súplica.
—Muy bien, lo intentaré.
—¡No puedes ir a Slytherin, te van a comer! —gritó Ron a Hermione—. Los Slytherin odian a los hijos de muggles y mestizos, querrán hacerte la vida miserable.
—No lo harán, de eso me encargo yo —intervino Harry con voz suave. Demasiado suave. Su amenaza era un poco adorable considerando su apariencia.
Hermione le echó un vistazo a su amigo, estaba bastante segura de que su oración era más bien un presagio de que el caos se iba a desatar si alguien intentaba tocarla. En el pasado, más de uno de sus violentos compañeros de escuela terminó con crisis emocionales a causa de la vena vengativa de Harry. Potter era un niño muy agradable y dulce la mayor parte del tiempo, pero era implacable ante las injusticias, no toleraba el daño a los más débiles. Puede que ese rasgo de su personalidad fuera desarrollado a causa de su estancia en el orfanato, sabía que él hacía el papel de hermano mayor de muchos.
—¿A qué casa quieres ir? —preguntó Hermione a Ron.
—Estaba pensando en Gryffindor, mis padres y hermanos han ido a ella. No recuerdo que algún Weasley haya sido clasificado en otra casa —respondió Ron.
—Tiene sentido, el uniforme de Gryffindor te queda.
—¡Harry, lo importante no es el uniforme, son los rasgos de personalidad! A Gryffindor van los valientes.
—Yo soy muy valiente, muchas gracias. Es sólo, ¿por qué limitarte? Ten en cuenta que puedes ser una persona astuta y valiente. Los corredores de bolsas todos los días toman decisiones basadas en la forma en la que fluye el mercado, pese a eso, también hacen uso de su coraje para apostar sus acciones en un negocio que puede ir mal si sus predicciones resultan erróneas —dijo Harry—. ¿Y qué me dices de los médicos? Son leales a su juramento de resguardar gente, son inteligentes como para resolver problemas en cuestión de segundos y tienen la fortaleza para hacer frente a situaciones de alta presión. Es patético sopesar que puedes definirte por unas pocas características.
Ron se quedó en silencio, sorprendido por la perspectiva de Harry. No comprendía muy bien la parte de corredores o médicos (sólo Merlín sabía qué hacían esas personas) pero entendía el punto de que uno podía ser todo lo que quisiera ser.
—Oh Harry, siento haberte subestimado, de verdad has meditado el asunto de las casas. Yo me fui por encima, ya sabes que tengo la mala costumbre. Vamos juntos a Slytherin —dijo Hermione con calma.
Los ojos de Harry se iluminaron.
—Yo también quiero ir a Slytherin —comentó Ron, un fuerte sonrojo se extendió por sus mejillas—. Aunque de seguro mis padres me van a matar… sino lo hacen mis hermanos primero.
—Ron —gimoteó Harry feliz—. Ya siento que te quiero y sólo llevamos unos minutos hablando.
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(Seis grados de separación)
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Harry, para placer de Ron y disgusto de Hermione, compró todo el carrito de dulces en cuanto tuvo la oportunidad. El tiempo transcurrió entre debates ocasionales sobre el plan de estudios de Hogwarts y sonidos de gusto por parte de Weasley que devoraba los diferentes caramelos.
El tranquilo ambiente fue roto por la entrada de un chico rubio con pose arrogante. Dos niños enormes con cara estúpida lo resguardaban.
—He escuchado que Harry Potter está aquí.
—Sólo conozco a un tal Henry Petter —respondió Harry—. ¿Sabes de Harry Potter, Hermione?
—Me temo que no, pero he escuchado de un tal Harrison Pottorff.
—¿Y tú Ron?
—Emh, ¿quién es Harry Potter? —inquirió Weasley.
—No sabemos nada —concluyó Harry.
—Vaya... —el niño rubio miró hacia atrás. Luego le dedicó un gesto de repugnancia a Ron y Ron no tardó en hacer lo mismo.
—¿Un Weasley?
—¿Un Malfoy?
—¿Se conocen? —cuestionó Harry interesado en la interacción.
—Pelirrojo y ropa de segunda. No lo conozco, no obstante, sé identificar a los traidores de sangre por la mísera forma en la que lucen —respondió el rubio.
—Alto ahí rubito, no estás siendo agradable. Por favor, has uso de tu educación y sal de aquí. No sabemos del Harry Potter que buscas con ahínco —defendió Harry.
Hermione se quedó en silencio y miró a Malfoy como si fuera basura.
—Soy Draco Malfoy, no lo olviden, tendré los grados más altos de los primeros años.
—Entendido, ahora vete. —Harry empezaba a sentirse irritado.
Draco alzó la barbilla, orgulloso y después dio la media vuelta.
—Tendré los grados más altos de los primeros años —imitó Potter—. Puff, pesado.
Ron se rio a carcajadas. Harry en definitiva no tenía nada de Slytherin, iba a ser divertido verlo en la casa de las serpientes, si lograba infiltrarse, claro.
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(Seis grados de separación)
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Harry estaba encantado con el viaje en barco hasta el castillo y estuvo aún más emocionado una vez que llegaron al comedor. Su humor sólo se vio menguado cuando Hermione tuvo que separarse de él para ir más adelante y formar parte de una fila que pretendía establecer orden.
—Mis hermanos me dijeron que hay que luchar contra un troll —susurró Ron en el oído de Harry.
—Encuentro absurda la idea, no creo que sean tan duros con nosotros —respondió Potter. Le dio unas palmaditas en la espalda a Weasley para tranquilizarlo.
Instantes después un sombrero viejo y raído fue mostrado. El sombrero entonó con mucho sentimiento una canción acerca de las casas y lo que se esperaba de cada uno de los miembros de ellas. Hubo aplausos y enseguida la mujer que los recibió y acomodó en la entrada del salón sacó una lista. Empezó a nombrar a los alumnos en orden alfabético. La primera en pasar fue Hannah Abbott que clasificó en Hufflepuff.
—Acaban de presentarnos a nuestro clasificador —dijo Harry con tono plano.
Más alumnos fueron ordenados, Harry no hizo caso, a cambio fijó su mirada en la espalda de Hermione. Ella le dijo que irían juntos a Slytherin, sin embargo, ¿el sombrero los mandaría ahí de acuerdo a sus deseos? Escuchó el nombre de Draco Malfoy y rodó los ojos ante la actitud arrogante del niño. Fue seleccionado de inmediato el Slytherin.
"Es una pena, tendré que tolerarlo", pensó Harry "o volverlo a nuestro lado o hacerlo enojar… o todo al mismo tiempo".
Hermione fue llamada después de otros seis alumnos.
—Har-rrr-rry —llamó Ron con nerviosismo—. ¿Crees que Hermione va a ir a Slytherin?
Harry resopló. No respondió porque estaba seguro de que iba a decir que no sabía. En el fondo de su corazón esperaba que Hermione fuera clasificada en la casa de las serpientes. Pasaron unos minutos antes de que el sombrero gritara fuerte y claro: ¡SLYTHERIN!
El menor de los Potter alzó los brazos y retuvo el joder sí que quiso emitir. Tomó a Ron entre sus brazos y dio vueltas con él. Los alumnos que estaban a su alrededor los miraron como si fueran un par de raros. La túnica y corbata de Hermione se volvieron verdes.
Para cuando fue el turno de Harry, Ron estaba a punto de desmayarse por las ansias.
El salón se quedó en silencio en el instante que el nombre del niño que vivió fue pronunciado. Harry se mostró ajeno a la conmoción y fue hasta el taburete. El sombrero cubrió sus ojos y empezó a murmurar.
"Pero qué tenemos aquí", dijo el viejo objeto.
"Al niño que vivió para ser impresionante", pensó Harry.
Escuchó unas suaves risas. Potter meditó que era raro escuchar una voz en su cabeza.
"¿Entonces quiere gobernar al mundo? ¡Ah! Pero no posee malas intenciones. Es benevolente, sí, muy amable".
"Me sonrojaré de tanto halago", murmuró Harry.
"Haría un trabajo extraordinario en Ravenclaw, está acostumbrado a la obtención de conocimiento. Ni qué decir de Gryffindor. Incluso estaría bien en Hufflepuff, y déjeme decirle, Señor Potter, que el amarillo combinaría con sus ojos así que no tiene de que preocuparse", comentó el sombrero.
"Gracias por aliviar mis temores".
Los minutos siguieron pasando y los susurros sobre el tiempo que estaba tomando la clasificación de Harry aumentaron. Ron intentó calmarse, rogó que Potter terminara en Slytherin o Hermione iba a sufrir. Hermione por su parte, estaba tranquila, sabía que su amigo siempre hacía lo posible por cumplir sus promesas.
"Yo digo que debería de mandarme a Slytherin, el verde me favorece mucho", reflexionó Harry.
Hubo más risas de parte del sombrero.
"Es ambicioso, sí, y puede que adquiera, en el ambiente correcto, las ganas de probarse a sí mismo cuán grande es sin necesidad de ser amo del mundo. Por supuesto, tiene razón joven, el verde es definitivamente su color".
Esta vez fue turno de Harry para reír.
Un fuerte ¡SLYTHERIN!, resonó en la sala. Minerva McGonagall quitó el sombrero de la cabeza de Harry. Estaba anonada por el veredicto. Se armo un revuelo por la situación y Potter sólo aplaudió encantado por el hecho de que sus túnicas se habían vuelto verdes. Corrió hasta donde estaba Hermione y le pidió que chocaran las manos.
Ron suspiró.
Dumbledore miró perplejo al burbujeante niño. Cuando lo acompañó al Callejón Diagon estuvo casi seguro de que no era para nada material de Slytherin, ¿tenía que replantearse su opinión? Los gritos de sorpresa fueron tantos que tuvo que intervenir para que los alumnos se callaran. La clasificación siguió, pero nadie podía dejar de pensar en que el héroe del mundo mágico acababa de ser sorteado en el lugar menos esperando.
Para el momento en que Ron fue llamado, el ambiente era más tranquilo. En su camino volteó a ver a Harry. El chico le estaba enviando señas de que todo iría bien. Tomó lugar y esperó a que el sombrero cubriera su cabeza. Deseó ser mandado a la casa de las serpientes, no podía dejar a Potter solo en aquel nido de víboras ¡y menos a Hermione!
El bullicio se hizo de nuevo cuando un Weasley fue sorteado en Slytherin por primera vez en la historia. Los hermanos de Ron gritaron a los lejos que el sombrero estaba equivocado y que no existía manera de que el más pequeño del clan Weasley fuera material de mago oscuro. Los profesores tuvieron que intervenir para calmar a la familia de pelirrojos.
Ron fue hasta donde estaban Harry y Hermione. Potter lo obligó a sentarse a su lado y arrulló su audacia de ser todo un pionero y descubrir territorios nunca antes vistos por los Weasley. Hermione sonrió y murmuró una bienvenida.
Albus Dumbledore tuvo que admitir que deseaba revisar el sombrero seleccionador, ¿quizá se había dañado?
