Capítulo 10: Deseos reprimidos
Repaso mentalmente los acontecimientos de las últimas veinticuatro horas. Es increíble como hace un día estaba muerta en vida y ahora con su llegada he recuperado el habla y la conciencia. Aún así todo ha ido demasiado rápido. Hemos pasado de no vernos en meses a besarnos en mi cocina como quien saluda a un vecino de toda la vida. No me arrepiento, pero no quiero forzarlo a nada después de todo por lo que ha pasado. Haymitch tiene razón.
Estoy sentada en la cocina, con la mirada perdida en algún punto de la pared intentando canalizar la ola de sentimientos que se me vino encima cuando supe que mi panadero particular había regresado. No hará más de medio minuto que se ha ido al baño cuando ya está de vuelta. He podido seguir todos y cada uno de sus pasos por la casa. Sigue siendo igual de ruidoso. No tarda en aparecer por la puerta de la cocina:
- Bueno, creo que va siendo hora de marcharse. Si no mañana no creo poder levantarme temprano para hornear. – me dice parado en la puerta.
- Oh… claro. Supongo que tienes razón. – espera, espera. ¿Eso que sonaba en mi voz era decepción? ¡Katniss! ¡No puedes pretender que pase la primera noche contigo! ¿Qué me pasa? Me sonrojo e intento remediarlo, su cara es un poema. Se ha dado cuenta de lo que yo quería. – No puedes dejar el negocio familiar Peeta. Vamos, que te acompaño a la puerta.
Mientras se lo digo lo empujo por el pasillo intentando sonar convencida. Obviamente no lo consigo, y él se deja arrastrar reprimiendo una sonrisa.
- Bueno, bueno. No es necesario que me eches, ya me voy yo. No sabía que tuvieses tantas ganas de perderme de vista… - me suelta medio riéndose. Sabe cómo sacarme los colores. Me conoce bien.
- Sabes que no es eso. No seas estúpido.
- ¿Ah no? ¿Y por qué me empujas entonces con tanta urgencia? ¿Acaso temes no poder sacarme de tu casa más tarde? - ¿¡Pero desde cuándo es tan insolente!?
Abro los ojos como platos y con un último empujón lo saco por la puerta.
- Lo que no quiero es quedarme sin pan mañana. Venga, a dormir. – intento decirle lo más calmada que puedo.
- Vale, vale. Soy un hombre objeto. Solo me quieres por mi pan… - hace un puchero con carita de perrito mojado.
- No pongas esa cara, que sabes de sobra que no es verdad. – no puedo reprimir la risa – Hasta mañana Peeta.
- Hasta mañana Katniss, que descanses. – dice y se da media vuelta en dirección a su casa. "Sin ti a mi lado lo dudo" pienso para mí.
Suspiro y cierro la puerta. Realmente me hubiese gustado que se quedara. Lo sigo con la mirada por la ventana del salón y lo veo girarse sonriente en mi dirección, después entra en casa. Sigo embelesada como una tonta hasta que cierra la puerta. Me permito ser feliz por un rato porque sé que en cuanto me sumerja en el mundo de los sueños, sin él a mi lado para calmarme volverán las pesadillas y volveré a sentirme sola, quemada y sin esperanza. Volveré a ser un muto de fuego.
