Capítulo 15: Mentor

He estado más de cuatro horas en el lago, así que ya está anocheciendo cuando emprendo mi camino de vuelta a la Aldea. Sé lo que me espera cuando llegue: tendré que responder ante Peeta por mis palabras a Haymitch y, peor aún, tendré que decirle que me marcho, así que tardo lo más que puedo. Lo he meditado bien durante todo el día y no pienso echarme atrás. Sé que Peeta tratará de convencerme de que no lo haga, empezará a hablar y a camelarme con sus buenas palabras y, si lo escucho, acabará por convencerme, pero no me lo puedo permitir. Antes del Vasallaje prometí mantenerlo a él a salvo y si para eso me tengo que quitar yo del medio, lo haré. No quiero seguir siendo una egoísta y anteponer mis deseos a los suyos. Si por mi fuese lo tendría a mi lado eternamente, pero sé que lo haría sufrir. Sin embargo, si me alejo sufrirá también, porque sé que me ama, pero con el tiempo se dará cuenta de que hice lo mejor para él y podrá rehacer su vida con alguien que sí lo merezca. Haymitch resultó premonitorio cuando me dijo que ni viviendo cien vidas llegaría a merecer a ese chico.

Ya estoy en la entrada de la Aldea. El viento empieza a soplar, así que me abrazo a mí misma, puesto que salí sin chaqueta. Veo que las luces de la casa de Peeta están dadas, al igual que las de Haymitch. Decido enfrentarme primero a mi mentor, al fin y al cabo siempre nos hemos entendido sin necesidad de cruzar muchas palabras. Me planto frente a su puerta y llamo. No tarda mucho en abrir.

- ¿Qué quieres? – se le nota muy molesto.

- Hola, Haymitch. Venía a disculparme contigo. No ha estado bien como te he hablado esta mañana y no quiero que pienses que todo lo que he dicho es cierto. Era la rabia la que hablaba por mí. Yo… Lo siento, de veras. – le digo cabizbaja.

- La mismísima Chica en Llamas pidiéndole disculpas a un simple borracho. Esto es digno de ver… - obviamente no me lo va a poner fácil.

- Haymitch, por favor, hablo en serio. Llevo toda la tarde pensándolo.

- Muy bien. Disculpas aceptadas, pero ambos sabemos que no es eso a lo que tantas vueltas le has dado. ¿Me equivoco o hay algo más? - ¿cómo es posible que me conozca tan bien? Quizás nos parezcamos más de lo que quiero creer…

- Sí, tienes razón. Pero mejor hablémoslo dentro. – digo y entro a su casa sin darle opción a réplica.

Me siento frente a la chimenea y espero a que cierre la puerta. Es irónico como el hombre al que le he dicho todas esas barbaridades hace menos de cinco horas es ahora el único capaz de ayudarme. Una prueba más de que no sé distinguir a mis amigos de mis enemigos.

- Tú dirás, preciosa. – dice mientras se deja caer en la mecedora frente a mí.

No sé cómo empezar, pero si algo he aprendido de mi mentor en estos tres años es que con él los rodeos no sirven de nada, así que opto por decirlo de carrerilla:

- Me marcho del doce.

- ¿Qué harás qué? – casi se atraganta con el licor.

- Lo que has oído. Mañana cojo el primer tren que salga de aquí. – trato de sonar decidida, pero al recordar lo mucho que los echaré de menos se me quiebra la voz.

- ¿A son de qué vas a hacer eso? Creía que estabas feliz con la vuelta del chico… Escucha, si es por mis bromas prometo no sobrepasarme de nuevo, pero no le hagas esto, no se lo merece. – me dice realmente preocupado.

- No, Haymitch. No es por ti. Me marcho porque Peeta no merece estar con un ser tan despreciable como yo, que solo sabe echar de su lado a todas las personas que intentan ayudarla. No soy digna de él. Tú mismo lo dijiste. – mientras lo digo las lágrimas se agolpan en mis ojos y no tardarán en salir.

Contra todo pronóstico, se levanta de su asiento y se pone de cuclillas frente a mí.

- Eh, preciosa. Yo tampoco pienso lo que digo. Ya sabes que nos parecemos hasta en eso… - ahí está mi mentor. El hombre sarcástico, borracho y maleducado que me saco no de una, sino de dos arenas. El hombre de ojos grises de la Veta que me ayudó a salir adelante incluso cuando él no fue capaz de mantenerse a sí mismo en condiciones. El hombre que una vez más, trata de salvarme, pero esta vez de mí misma.

Tiene mis manos entre las suyas. Levanto un poco la vista para ver lo que me dicen sus ojos y entiendo con una sola mirada que él sufre los mismos miedos que yo. Lo veo en sus ojos, que todo lo que calla con su boca me lo dice a mí con su mirada, y en ese mismo instante comprendo que jamás podría haber hecho nada de esto sin él. Se ha convertido en un padre para mí. Al verme reflejada en él siento que no tengo por qué fingir ser la chica dura que soy para todo Panem, así que lloro. Lloro como jamás he llorado frente a nadie porque sé que él entenderá todo lo que siento aunque no diga nada. Porque entre él y yo un silencio vale más que mil palabras.

Haymitch me abraza y deja que llore en su hombro mientras me acaricia el pelo. No tengo ni idea del tiempo que he estado así, pero no ha dejado de sujetarme ni un instante. Me siento como una niña pequeña en brazos de su padre. Por primera vez en mucho tiempo, me permito ser la niña que nunca pude ser.

Poco a poco me voy calmando. Estamos sentados en el suelo y Haymitch me tiene en su regazo, como si de su hija se tratara. Me pregunto si para él no seremos algo parecido. Desde luego, somos lo único que le queda y no está dispuesto a perdernos.

- ¿Te encuentras mejor? ¿Quieres que hablemos ahora de ese alocado plan tuyo? – su comentario me saca una tímida sonrisa. – Tomaré eso como un sí. Al menos no me has mordido…

- Haymitch, no empieces… - le digo aún entre sus brazos, pero no puedo evitar sonreír levemente.

Me ayuda a levantarme y nos sentamos en el sofá. Lo cierto es que después de llorar me siento mucho más ligera. Las veces que lloraba por la noche pensando en Prim y en toda la gente que perdimos, me quedaba exhausta, pero esta vez ha sido distinto. Creo que el hecho de tener a alguien al lado que sabes que comparte tus temores resulta de gran ayuda. Con Peeta comparto gran parte de mi sufrimiento, y de hecho es la única persona sobre la faz de la Tierra capaz de calmar mis pesadillas. Sin embargo, es Haymitch el único que me comprende al cien por cien en mi forma de ser. Nos parecemos tanto que no tengo que decirle nada para que sepa en lo que estoy pensando. Sin duda soy muy afortunada de tener a estas dos personas a mi lado.

- Bueno, ¿y adónde piensas irte? – me pregunta Haymitch.

- Yo… no lo sé. No he pensado ningún lugar en concreto. – digo no muy segura.

- Mira, preciosa. Sé que piensas que es lo mejor, pero estás equivocada. Si te vas, jamás en la vida te lo perdonarás a ti misma. Jamás te perdonarás haber perdido más tiempo de estar junto al amor de tu vida. Porque sí, ese chico es el amor de tu vida. Lo sabes desde hace tiempo, no hace falta que te diga yo estas cursilerías… A lo que voy es a que no os haces ningún favor si, sin motivos aparentes, decides irte y dejarlo aquí tirado. Ha luchado mucho para volver contigo, y no solo él. Tú misma aguantaste meses y meses sin ningún aliciente más que el deseo de que algún día volviese a ti. Y ahora que ha vuelto, ¿vas a ser tú la que lo abandone? – es la primera vez en mi vida que oigo a Haymitch hablar tan en serio. – Si me permites un último consejo: permaneced vivos. Y no me cabe la menor duda de que sin el uno al lado del otro no seríais capaces. Lo habéis demostrado demasiadas veces.

Es cierto. Ha habido muchas veces que he deseado abandonar este mundo. Tantas que no sería capaz de enumerarlas. Sin embargo, todas tienen un denominador común: todas y cada una de esas veces me faltaba Peeta, como cuando pensé que moriría en aquella cueva de septicemia. No lo dudé ni un instante. Supe que si aquel chico moría y yo no hacía nada por salvarlo jamás podría vivir tranquila. O como cuando saqué las bayas, o cuando decidí sacrificar mi vida por la de él en la segunda arena, o cuando lo vi yacer muerto en el suelo de la selva tras golpearse con el campo de fuerza, o cuando supe que el Capitolio lo había capturado, o cuando me di cuenta de que me creía un muto… Siempre era su falta, el creer que jamás lo recuperaría, lo que hacía que me volviese loca. Ni tan siquiera la muerte de Prim, la muerte de mi querida y amada hermana, fue lo suficiente para acabar de destruir la poca esperanza que quedaba en mí, porque sabía que, en algún lugar, él estaba luchando por volver conmigo.


Bueno, ya estáis viendo que la historia empieza a tomar unos tintes más oscuros, ¿verdad? No todo iba a ser luz y color, lo siento jajaja

Espero poder disfrutar de vuestros comentarios, estéis o no registrados. Son un gran aliciente.¡Muchas gracias por leer! :D

En respuesta a alice97:

Actualizaré todos los días un par de capítulos, así que te recomiendo revisar la página a menudo jejeje Si, por el contrario, decides dejar pasar más tiempo y así leer unos cuantos capítulos de golpe, también puedes. Eso es cosa tuya. Decidas lo que decidas, espero seguir recibiendo tu opinión :) ¡Un abrazo! ^^