Capítulo 16: A corazón abierto
Pienso en todo lo que me acaba de decir Haymitch y no le puedo quitar la razón en nada. Cada palabra que salía de su boca sonaba mucho más convincente que la anterior, y todas y cada una han hecho que cuestione seriamente mi decisión. Yo preocupada por no dejarme convencer por Peeta y ha sido Haymitch el que me ha hecho replanteármelo todo.
Ceno en casa de mi mentor y le agradezco como un millón de veces el apoyo que me ha dado hoy. Realmente me siento abrumada con su espontánea muestra de afecto hacia mi persona. Cuando terminamos de cenar, le ayudo a fregar los platos y me dispongo a irme.
- Muchas gracias por todo Haymitch. – le digo mientras lo abrazo con fuerza. El gesto le pilla desprevenido, puesto que yo soy tan despegada como él en estas cosas, pero no tarda en devolvérmelo. – En serio, no sabes lo mucho que te agradezco que estés a mi lado. Contigo he vuelto a sentir que tengo un padre, a pesar de que perdí al mío hace mucho tiempo.
Una lágrima baja por mi mejilla. Él sabe lo mucho que me cuesta expresarme y el esfuerzo que tengo que hacer para decir cosas como estas. Sin embargo, lo que le acabo de decir se lo he dicho de corazón y no me ha costado agradecérselo tanto como pensaba.
- Para mí eres como mi hija, Katniss, al igual que el chico. El agradecido soy yo, porque desde que llegasteis a mi vida he recuperado parte de lo que algún día fui: un hombre feliz. – me dice mientras sostiene mi rostro entre sus manos. – No dudéis ni por un segundo que sois mi familia, lo único que me queda, a pesar de lo grosero, malhumorado e irritante que pueda llegar a ser a veces. Lo sois todo para mí. No soportaría veros sufrir más. Merecéis ser felices. Ya habéis pasado demasiado.
Veo que los ojos se le nublan. Jamás había visto un Haymitch tan sentimental como este. Por primera vez, pienso en todo lo que ha tenido que sufrir este hombre: saber que han asesinado a tu familia y amigos por tu culpa, tener que convertirte en mentor del Distrito más desfavorecido de Panem, ver como mueren todos los años dos niños de los que tú eras responsable y no poder hacer nada, ver morir a tus amigos en el tercer Vasallaje de los Veinticinco… Además de pasar por una guerra y casi perder a las dos únicas personas que conseguiste sacar con vida de los Juegos. Definitivamente, yo también me hubiese echado a la bebida, o algo peor. Me prometo a mi misma que jamás volveré a mirarle de la misma forma.
- Venga, venga. Deja de mirarme con esa carita y largo de aquí, que tu chico te espera más que preocupado en casa. – me dice Haymitch mientras se limpia una discreta lágrima que empezaba a bajar por su pómulo. Seguramente haya recordado todo lo que perdió. Me temo que hoy agarrará una buena borrachera.
Me despido de él y salgo a paso ligero a casa de Peeta. No he pensado en todo el día en lo preocupado que habrá estado por mí. Me marché pronto y ya ha caído la noche y él aún no sabe que he vuelto. Según me ha dicho Haymitch mientras cenábamos, quiso salir detrás de mí pero él se lo impidió diciéndole que era mejor que me dejase tranquila un rato. Creo que ya he decidido lo que voy a hacer, pero primero tengo que hablar con él y hacerle comprender mi situación.
Cuando estoy frente a su puerta, llamo y espero a que abra. Nada más verme me cose a preguntas, se nota que estaba intranquilo.
- Katniss, ¿dónde estabas? ¿Estás bien? Me tenías muy preocupado. Quise salir a buscarte pero Haymitch no me dejó. ¿Has cenado? ¿Tienes frío? – se atropella al hablar. Me hace gracia verlo tan nervioso así que no puedo evitar una media sonrisa.
- Tranquilo, Peeta. Estoy bien. Estuve en el bosque todo el día, necesitaba pensar. – lo miro más detenidamente. Lleva una camiseta blanca y unos vaqueros viejos. Ambas prendas están manchadas de pintura, por lo que supongo que habrá pasado el día frente al lienzo. Tiene el pelo alborotado y las mejillas sonrosadas del calor de casa. Está condenadamente sexy. – Y sí, tengo algo de frío, ¿puedo pasar?
- ¡Oh! ¡Por supuesto! Qué idiota soy… pasa, pasa. - no entiendo por qué está tan nervioso, parece que llevase años sin verme.
Entro en casa. Lo primero que hago es llenar mis pulmones del maravilloso olor a pan. No llevo ni veinticuatro horas sin olerlo y ya lo echaba de menos. Si me fuese, definitivamente no sé cómo iba a soportarlo.
- ¿Quieres cenar algo? Lo cierto es que no tengo nada, pero podría preparar algo en un segundo. – me dice amablemente.
- No, gracias. No te molestes. He cenado con Haymitch.
- ¿Con Haymitch? No sabía que os soportaseis tanto últimamente… - dice con sarcasmo.
- Bueno, ya sabes que los dos somos igual de raros. Además, he ido porque necesitaba consejo. – le contesto sin darle mucha importancia mientras me voy a sentar al sofá.
- ¿Consejo? ¿Hay algún problema Katniss? Sabes que puedes confiar en mí. – dices serio y se sienta a mi lado tomándome de las manos. Como siga acortando más la distancia entre ambos no voy a ser capaz de decirle lo que he venido a decirle. Que fracaso… ya no hace falta ni que hable para convencerme. Estoy perdiendo los estribos…
- Lo sé. Pero necesitaba que alguien más, ya sabes, rudo, me hiciese ver la realidad. Tú eres demasiado noble. – le digo mientras le miro con infinita ternura. Es demasiado bueno para que nadie lo merezca, y menos yo.
- ¿Hacerte ver la realidad? No entiendo nada Katniss. ¿De qué hablas?
Tomo aire, respiro hondo, abro los ojos y se lo digo:
- Esta tarde en el bosque me he dado cuenta de lo egoísta que soy contigo. No hago más que frenarte y, por cada paso que das, yo retrocedo dos. Es por eso que creo que estarías mejor sin mí y he pensado en irme un tiempo.
Ya está, lo he dicho. Peeta me mira sin entender nada.
- ¿Cómo irte? No comprendo. ¿A dónde?
- Peeta, yo… creo que necesito un tiempo. Es decir, los dos necesitamos un tiempo para entender toda esta nueva situación mejor. Días como hoy siento que no te merezco y me siento la peor persona del mundo al tenerte conmigo. Eres demasiado bueno para mí. Yo solo quiero que seas feliz y que tengas a tu lado a alguien que sí te merezca. Entiendeme, por favor. – trato de explicárselo lo mejor que puedo, pero las palabras nunca fueron lo mío.
- ¿Y crees que yéndote vas a solucionar algo? – me suelta las manos y noto el enfado en su mirada. - ¿Cuándo demonios vas a entender que te necesito conmigo, Katniss? ¿Acaso crees que podría soportar un segundo más lejos de ti? ¿Acaso tú podrías? – se levanta furioso del sofá, pero no aparta su mirada de la mía. – Sin ir más lejos, hoy has estado fuera durante menos de doce horas y para mí han sido las más largas de mi vida. No sabía dónde estabas, ni si estabas bien, incluso he llegado a pensar que no volverías. ¡Temo perderte Katniss! Porque te amo, temo que no estés a mi lado. ¿Es que tú no me quieres?
Se lleva las manos a la cara y se deja caer en el sofá individual que hay frente al mí. Está desesperado. Me levanto y me arrodillo frente a él apoyándome en sus piernas, tal y como hiciese esta tarde Haymitch conmigo.
- Por supuesto que te quiero, Peeta. No lo dudes ni un instante. Es por eso que no quiero hacerte daño. Y si estar conmigo supone que tengas que sufrir no dudaré ni un instante en quitarme del medio. – le digo en un tono suave. Está mirando por la ventana y no parece que le esté convenciendo mucho y niega con la cabeza – Peeta, mírame. Por favor, mírame – gira la cabeza de mala gana - ¿Crees que para mí es fácil? Quiero pasar el resto de mis días contigo, pero no puedo hacerlo si cada vez que te miro siento que no merezco lo que me das. Necesito autoconvencerme de que puedo darte al menos un poco de todo lo que tú me ofreces. Y si sigo aquí, a tú lado, no voy a conseguirlo nunca. – con las últimas palabras empiezan a caer las primeras lágrimas de mis ojos.
Peeta se inclina hacia mí y me limpia la cara con sus dedos.
- Katniss, ojalá te dieses cuenta de que no soy mejor que tú, pero si realmente necesitas un tiempo para poder estar conmigo, está bien, hazlo. Pero no me pidas que sea feliz el tiempo que no estés porque no concibo la vida si no es a tu lado.
Sus palabras son como un bálsamo capaz de curar cualquier herida. Miro sus ojos que me observan con devoción y vuelvo a sentirme culpable, porque haga lo que haga siempre lo hiero. Apoyo mi frente en la suya y le doy un tierno beso que no duda en responderme.
- Te voy a echar mucho de menos. – le digo.
- No más que yo a ti. ¿A dónde piensas ir? – me pregunta mientras me acomoda a su lado. El sofá es para uno, así que estoy prácticamente en su regazo. Me mece como a una niña pequeña mientras apoyo mi cabeza en su pecho.
- No lo sé. Supongo que lo iré decidiendo sobre la marcha. – lo cierto es que aún no me he parado a pensarlo.
- ¿Volverás pronto? – me pregunta con nostalgia a pesar de que aún no me he marchado.
- No lo sé. Pero volveré. Tarde o temprano lo haré y será para quedarme y no volver a marcharme jamás. – le digo mientras le miro a los ojos. Quiero que tenga claro que no me iré para siempre.
- ¿Me prometes que volverás entonces? – me dice en tono infantil, lo que me saca una sonrisa.
- Te lo prometo. Antes de que nos demos cuenta estaré de vuelta. – y dicho esto nos fundimos en el abrazo más sentido que jamás le haya dado a nadie.
