Capítulo 18: Malas noticias
Una mañana más empiezo con mi absurda rutina. Desde que Katniss se fue hace cosa de medio año, hago todos los días exactamente lo mismo. Me levanto pronto y me dirijo a la panadería, horneo durante toda la mañana, despacho a los clientes hasta bien entrada la tarde, cierro la panadería, voy con Haymitch, cenamos, vuelvo a casa, duermo… y vuelta a empezar. Decir que duermo suena demasiado idílico, en realidad dormito unas cuantas horas mientras imágenes de Katniss pasan por mi cabeza. Está continuamente en mi pensamiento. No paro de preguntarme qué estará haciendo en ese mismo instante, si pensará en mí, si estará bien, si deseará volver… y todos esos pensamientos me sumen cada día que pasa y no vuelve en un agujero un poco más oscuro que el anterior. Haymitch intenta levantarme el ánimo cada vez que puede. Me dice que seguro que estará bien, que deje de preocuparme por no tener noticias de ella, que ya me dejó bien claro que no haría nada por comunicarse. Aún así me resulta demasiado duro y los ataques cada vez son más frecuentes. Temo perder el control un día de estos y que ella no esté aquí para recordarme todo lo que soy.
Ya estamos en pleno invierno y hoy la ventisca que arrecia a lo largo y ancho del Distrito 12 es monumental. Me temo que no podré abrir la panadería. Estupendo. Más horas libres, más horas de martirio. Decido llamar a Haymitch por teléfono para asegurarme de que está bien. Con las borracheras que se suele agarrar, si saliese a la calle con el día que está, se metería en graves problemas. Lo dejo sonar unos cuantos pitidos hasta que una voz ronca me responde del otro lado:
- ¿Quién demonios llama a estas horas? – es él.
- Haymitch, soy Peeta. Buenos días a ti también.
- ¡Ah! Eres tú, chico. ¿Qué sucede? ¿Por qué llamas a estas horas? – contesta más amable. Al parecer no ha mirado por la ventana.
- Llamaba porque está cayendo la nevada del siglo y quería saber si no te había dado por hacer angelitos durante una de tus borracheras. – le respondo riendo.
- Vale, vale. Vamos a tener bromita para rato, ¿verdad?
Durante los últimos días de otoño tuvimos unas semanas muy frías. Un día de esos, cayó una nevada corta pero intensa que dejó blanco todo el distrito. Volvía de la panadería cuando me encontré a Haymitch, borracho como una cuba, haciendo ángeles en la nieve completamente desnudo. Después de reírme todo lo que quise y más y de sacar una foto a la cómica escena (compré un cacharro de esos antes de venirme del Capitolio), levanté a Haymitch del suelo, que se puso a cantar villancicos, y lo metí en casa para que entrase en calor. Desde aquél día aprovecho cualquier ocasión para reírme de él. Al principio no me creyó, pero cuando le enseñé la foto casi me come. Me dijo que como no la quemase me iba a abrir en canal por la noche sin que me enterara. Le prometí que la guardaría, pero no dije nada de seguir cachondeándome de él.
- Está bien, ya paro. Solo quería asegurarme de que estabas bien. – le contesto recordando la escena.
- Pues… gracias. Ahora, si me disculpas, voy a seguir durmiendo. Si necesitas algo ya sabes dónde estoy.
Dicho esto cuelga rápido. No sé que voy a hacer hoy, es la primera vez en meses que no puedo abrir la panadería. Aún no he necesitado contratar a nadie más. Aunque cada vez hay más gente que vuelve al distrito, el nivel adquisitivo aún no es boyante y los pasteles más elaborados no se venden como me gustaría. De todas formas, el pan se vende estupendamente y ya ha habido días que he tenido que preparar una segunda remesa a media mañana.
Me dirijo a mi estudio sin saber qué hacer. Decido pintar un rato y, cuando me quiero dar cuenta, ya es media tarde. Recuerdo que hoy quedé en llamar al doctor Aurelius para seguir con mi terapia. Llamo una vez a la semana, pero con mis últimos ataques el doctor ha decidido aumentar las sesiones a dos veces por semana. Como lo llamo y veo que no contesta, decido darle una hora, seguramente estará ocupado. Recuerdo que en una de sus llamadas me dijo que Annie acababa de tener un bebé. La noticia me pilló por sorpresa, no sabía que estuviese embarazada, pero me alegré mucho por ella. Al menos tendrá un motivo que la impulse a seguir adelante después de perder a Finnick.
Decido llamarla para felicitarla e interesarme por la criatura. Ojalá algún día pudiese disfrutar yo de un hijo propio. A los dos pitidos una voz femenina que no es la de Annie contesta del otro lado:
- ¿Sí, dígame?
- Hola, buenas tardes. ¿Está la señorita Annie Cresta? – supongo que la mujer con la que hablo estará ayudando a Annie con el bebé.
- Sí, ¿de parte de quién? – pregunta no muy segura.
- ¡Oh! Perdón, soy Peeta Mellark.
- ¿Peeta? ¿Eres tú? – la mujer parece muy sorprendida y… ¿contenta?
- Perdón, ¿con quién hablo? Quisiera hablar con Annie. – ya me estoy empezando a impacientar.
- ¡Peeta! Soy la madre de Katniss.
- ¡Señora Everdeen! ¡Cuánto tiempo! Perdone no haberla reconocido. ¿Qué hace en el Distrito 4? – me sorprende que sea ella teniendo en cuenta que he marcado a casa de Annie.
- Pues trabajo en el hospital de aquí y ayudo a Annie con el pequeño. ¿Qué tal en el doce? – parece nostálgica cuando pregunta. Todo lo que ha pasado esta mujer es muy duro, aunque a Katniss le cueste verlo. Aún así no es escusa para abandonar a su ahora única hija, así que no puedo evitar sentirme un poco dolido. ¿Sabrá que Katniss no está?
- Bueno, por aquí como siempre. Reabrí la panadería de mi familia, me ayuda a salir adelante y Haymitch… bueno, ya sabe, en su línea. – digo cauteloso sin nombrar a Katniss.
- Me alegro, hijo. Te paso a Annie, que tiene ganas de hablar contigo. Un fuerte abrazo. – me responde evasiva. ¿Por qué?
- Igualmente señora Everdeen. Gracias.
- ¿Peeta? ¿Eres tú? – pregunta otra voz a los pocos segundos.
- ¡Annie! ¡Enhorabuena! ¿Qué tal está el retoño? Siento no haber llamado antes.
- Muchas gracias, Peeta. Es perfecto. Se parece tanto a su padre… me ayuda mucho a seguir adelante. Por cierto, ¿volvió ya Katniss? – pobre Annie, tuvo que pasarlo fatal. Un momento, ¿cómo sabe lo de Katniss?
- ¿Perdón? ¿Cómo sabes lo de Katniss?
- ¡Oh! Ella estuvo aquí de visita hará cosa de un mes. Me contó toda la historia, pero antes de marchar me aseguró que en dos semanas se volvía al doce. Estaba muy ilusionada con volver a verte, decía que ya estaba preparada. – no entiendo nada. Echo cuentas pero sigo sin entenderlo. Si hace un mes que le dijo eso a Annie hace dos que debería haber vuelto. Creo que empiezo a preocuparme.
- ¿Cómo que hace un mes? Annie, ¿te dijo dónde pasaría esas dos semanas restantes?
- Creo que habló algo del Norte de Panem. Peeta, ¿qué sucede? – por su voz noto que empieza a impacientarse. Algo no está bien.
- No ha vuelto, Annie… - y cuando lo digo el alma se me cae a los pies. A Katniss le ha pasado algo.
