Capítulo 24: El viaje

Peeta llegó poco después de que lo hiciera Haymitch. Traía puestos unos vaqueros ajustados y una sencilla camisa blanca de media manga. Aún con solo eso, según lo vi el corazón me dio un vuelco. Traté de alejar pensamientos indecentes y seguir con la velada, últimamente no me reconozco y ya empiezo a exasperarme. Cuando Haymitch fue el que le abrió la puerta se sorprendió bastante y yo no pude reprimir una carcajada, al parecer no era la única que pensaba en una cena algo más intima. Sin embargo, ni que decir hace falta que aceptó gustosamente la presencia de Haymitch. Siempre se han llevado bien (mucho mejor que yo) y supongo que habrán compartido muchas cosas juntos todo el tiempo que yo no he estado. Al pensar en ello, siento una punzada de dolor… ¿me habré perdido muchas cosas? Un pensamiento lleva a otro, y recuerdo que aún no me he planteado como les contaré todo lo de mi viaje. Sin duda, el día es hoy, tengo que aprovechar que están los dos aquí, no soportaría pasar por ello dos veces. Al final la visita de Haymitch no ha resultado tan inoportuna como parecía. Como si me leyera la mente (una vez más) mi mentor desvía la animada conversación que mantenía con Peeta y se dirige a mí:

- Bueno, preciosa. ¿No piensas contarnos tus batallitas de los últimos dos años? Estoy seguro de que tienes mucho más que contar que nosotros.

Noto que Peeta se tensa al instante, pero a estas alturas es absurdo retrasar lo inevitable. Estos dos hombres frente a mí merecen saber toda la verdad más que nadie en el mundo y, tarde o temprano, tendré que acabar contándoles todo.

- Sí, pensaba comentaros algo hoy aprovechando que estamos los tres y que tú estás sobrio… - trato de bromear para aliviar la tensión.

- Por el momento, preciosa. Por el momento… - responde Haymitch sacando una botella de licor de la que no me había percatado hasta ahora.

- ¿Por qué no fregamos esto y vamos al sofá? No sé por qué me da que será largo, así que prefiero estar cómodo. – la sugerencia de Peeta me deja algo perpleja. No había hablado hasta ahora, pero ha sido el tono con el que lo ha sugerido lo que me ha extrañado. Parecía molesto.

Decido seguir su consejo y no darle demasiadas vueltas. No tardamos mucho en fregar entre los tres. Al cabo de unos minutos ya estamos sentados en el salón y tengo dos pares de ojos expectantes posados sobre mí.

- Adelante, Katniss. El chico y yo somos todo oídos.

Haymitch habla por los dos y Peeta se limita a asentir, pero algo en su mirada me dice que no está muy entusiasmado. Opto por dejarlo correr y empiezo a contarlo todo.

- Está bien… Cuando me marché de aquí visité varios distritos. Procuraba ayudar a la gente que reconstruía sus hogares, pero nunca pasaba más de dos semanas en cada sitio. Pasé así, de distrito en distrito, alrededor de cuatro meses y al quinto decidí viajar al Distrito 4. No estaba muy convencida de cómo me recibiría Annie, pero necesitaba ir allí para despedirme de Finnick. Sentía que se lo debía. Al llegar, no solo me encontré con una embarazadísima Annie Cresta, sino que a su lado estaba mi madre. Cuando la vi allí estuve a punto de marcharme, pero Annie me convenció para que me quedase e intentara, al menos, dejar atrás el rencor. – mientras lo cuento, ni Haymitch ni Peeta me quitan los ojos de encima. Haymitch hace comentarios como si estuviese viendo una película o algo por el estilo, tales como "¡menuda sorpresa!" o suelta pequeñas carcajadas. Peeta, sin embargo, me mira atentamente, como si analizara cada palabra que digo con lupa. Me hace sentir incómoda. – Decidí hacerla caso y quedarme por un tiempo indefinido allí. Nunca esperé que estar con ellas dos y cuidar de Annie me fuese a hacer tanto bien. Gracias a los dos meses que pasé con ellas empecé a perdonarme a mí misma por todo lo que había pasado. Annie me hizo ver que la vida podía continuar, a pesar de todo. – recuerdo las lágrimas en sus ojos al decirme aquello. Sin duda, Finnick era quien ocupaba el pensamiento de ambas en aquel instante. Noto como los ojos empiezan a humedecérseme, así que procuro no entrar mucho en detalles. – Poco a poco, fui abriéndome a mi madre y fuimos reparando una relación que hacía mucho que se había roto. Es cierto que nada volverá a ser como antes de la muerte de mi padre, ni de lejos, pero llorar con ella la muerte de mi hermana me ayudó a compartir el peso que llevaba encima. – trato de contarlo todo de la manera más impersonal que puedo, imitando el tono de Finnick en aquella propo en la aireaba los trapos sucios de la gente más importante del Capitolio, como si no hubiese tenido que vender su cuerpo para saber todo aquello.

Hago una pausa y levanto la mirada hacia mis oyentes para comprobar que me siguen. Ambos están en silencio, por lo que continúo:

- Tras el parto de Annie, decidí que había llegado la hora de volver. Me sentía preparada para enfrentarme al doce de nuevo. Sin embargo, un par de días antes de regresar, leí una noticia en el periódico del cuatro en la que hablaban de unos asentamientos en la frontera norte de Panem. Decía algo sobre tierras inexploradas y cosas por el estilo. Adjuntaban una foto del lugar y me sorprendió tanto su belleza que decidí hacer allí una última parada antes de volver. Serían pocos días, cinco o seis a lo sumo, tan solo quería verlo con mis propios ojos para poder contároslo a la vuelta. Algo alegre que traer a casa, ya sabéis…

Lo cierto es que fue tan solo una excusa para visitar a Gale en el dos. Me enteré de que, para ir al norte, el dos era parada obligatoria, así que decidí ir. No quería darle explicaciones a nadie, por lo que use la idea de visitar aquellos asentamientos para verle y librarme de aquel peso de una vez. No quería seguir culpándolo por la muerte de Prim. Sin embargo, cuando nos reencontramos, las cosas no salieron del todo como esperaba. Gale se empeñó en que me quedase con él al menos unos días. Quería una oportunidad a toda costa. Traté de explicarle que jamás podría verle como él me pedía, pero no parecía entrar a razones. Un día, cuando estábamos paseando por el distrito y mientras me enseñaba en qué consistía su nuevo trabajo, me besó. No le di mayor importancia y traté de separarme y de explicarle por enésima vez que no lo amaba a él. El problema vino cuando dejó claro que sus intenciones iban más allá. Me agarró fuerte de la cadera y me apretó contra él. Empezó a besarme el cuello mientras con una mano trataba de tocarme por debajo de la camiseta. Yo no paraba de gritarle, pegarle y hasta suplicarle que me dejara en paz, pero aquel hombre no era Gale. El chico que me acompañó una infinidad de veces en los días de caza y que cuidó de mi familia cuando yo no pude desapareció cuando llegaron sus ansias de venganza y su odio por el Capitolio le sobrepasó. No podía creer que Gale me pudiese hacer daño de aquella forma. Finalmente, aún no sé cómo, aproveché un momento en el que cesó un poco su agarre y le pegué una patada en sus partes. Salí corriendo en dirección al bosque, rota y hundida por lo que el que fuera mi mejor amigo estuvo a punto de hacerme. Escuche a Gale detrás de mí suplicándome perdón, pero pronto me perdió la pista. Pasé unos cuantos días viajando sin rumbo fijo. No tenía arco con el que cazar, pero conseguí apañármelas. Sin embargo, cuando encontré algunas huellas de lo que parecían pisadas humanas y pensé que podría regresar, una fuerte nevada me dejó al borde de la muerte. Recuerdo estar a punto de congelarme viva, pero unas personas me encontraron y me llevaron consigo. Todo lo de Gale lo omito, por supuesto. No quiero que Peeta monte en cólera o que Haymitch decida sacarle los ojos con su cuchillo. Aunque no se lo perdonaré jamás, sé que Gale se arrepentirá de aquello durante el resto de su vida. Si desaparecí fue por culpa suya, y él lo sabe. Sigo contándoles lo que pasó tras omitir ese "pequeño" detalle:

- El caso es que, cuando llegué a la frontera y caminaba en dirección a uno de esos asentamientos, me sorprendió una fuerte nevada y estuve a punto de morir congelada. Unos hombres me encontraron semiinconsciente y me llevaron con ellos hasta un poblado. Al principio creí que se trataba de uno de aquellos asentamientos, pero poco después descubrí que no era así. Hablaban una lengua distinta a la nuestra y vivían de una forma mucho más primitiva. No sabía dónde estaba y ni tan siquiera podía comunicarme con ellos, por lo que no tenía ni la menor idea de cómo volver…

Haymitch ya está acabando la botella y el alcohol empieza a causar estragos en su capacidad de concentración. Peeta sigue impasible, atento a todo lo que digo y dándole vueltas a algo que no logro descifrar. ¿Qué demonios pasa por su cabeza? Algo no me da buena espina.


¡Hola!

Sé que he estado poco habladora hasta ahora, pero he estado bastante liada y apenas he tenido tiempo para actualizar. Me gustaría saber qué opináis del fic hasta ahora, así que espero vuestros reviews como agua de mayo ;)

Ante todo, muchas gracias por leer y por marcar fav/follow. ¡Un fuerte abrazo! :D