Capítulo Seis
Despierto feliz, nunca pensé que podría llegar a sentir este nivel de rebosante felicidad. Tengo miedo de abrir los ojos y descubrir que todo ha sido un sueño, así que estiro mi brazo a mi derecha para comprobar si Peeta sigue tumbado a mi lado. No palpo nada, abro los ojos asustada y veo que efectivamente estoy en la cabaña, acostada desnuda sobre la manta que nos preparó Sae en la canasta, pero no veo a Peeta por ningún lado. Me siento y lo llamo sin delatar el nerviosismo en mi voz. Él no contesta, la tercera vez que llamo su nombre, es en un grito. Tomo la manta para cubrirme y me pongo de pie, en el mismo instante en que se abre la puerta de la cabaña y entra un olor delicioso a comida. Peeta trae unos platos humeantes y una gran sonrisa. Solo lleva puesto sus pantalones, dejándome admirar su torso sin camisa y recordándome todo lo que hicimos hace unas horas. Me avergüenzo de mis pensamientos inmediatamente, pero no de lo que hicimos. No de haberme entregado en cuerpo y alma a Peeta.
- Mi vida, ya despertaste. Fui a calentar el cordero. ¿Tienes hambre?- Pregunta Peeta dejando sobre el suelo los platos y el pan. Se endereza y me mira, acercándose.
- ¿Me escuchaste llamándote? Te llamé varias veces y como no respondías, se me ocurrió pensar que había soñado todo. - le digo con mis manos en su pecho. Él toma mis manos y me las coloca alrededor de su cuello.
- Preciosa, estoy aquí. No ha sido un sueño, aunque pareciese serlo. Ha sido todo muy real. – me besa los labios suavemente. Yo tomo su cabello y lo atraigo más a mí, profundizando el beso. El hambre se despierta nuevamente, pero no hambre de comida, aunque de ese siento bastante también. Peeta se separa de mis labios jadeando y pone una mano sobre ellos. – Necesitamos fuerzas, energía. Comamos primero amor, después haremos lo que tú quieras. - me guiña un ojo y guiándome de su mano, me sienta en el piso enfrente de los platos de comida. Él se sienta a mi lado y empezamos a comer.
- ¡Estaba delicioso! No creía tener tanta hambre… ¿Cuánto tiempo hemos estado aquí?- le pregunto a Peeta, que me observa con una sonrisa en sus apetecibles labios.
- No lo vas a creer, amor, pero hemos estado aquí un día completo. Ya está amaneciendo. Mira. – se pone de pie y abre la puerta de la cabaña que anteriormente cuando él entró, no había alcanzado a darme cuenta de la luz tenue del amanecer. La cierra y vuelve a sentarse a mi lado. – No nos dimos cuenta porque después de la segunda vez, nos dormimos.
- Peeta, ¿qué va a pensar Sae? Nos fuimos por todo el día y ella nos vio irnos juntos. - al terminar de pronunciar esas palabras me siento estúpida. Peeta me escruta con el ceño fruncido.
- ¿Qué importa lo que piense Sae? Nos amamos, ¿Real o no? – suena algo molesto, quizás piensa que me he arrepentido y estoy inventando pobres excusas.
- ¡Sí, real! Por supuesto que te amo. – Tomo sus manos y me las llevo a los labios. – Discúlpame, es que no sé cómo actuaré en frente de ella ahora sin sentir vergüenza. Pero no vergüenza por lo que hicimos. Eso no, ni lo pienses porque no me arrepiento de nada. Has sido lo más maravilloso que me ha pasado en la vida, Peeta. – Deposito sus manos en mis pechos y tomo su rostro para que observe el mío mientras digo las siguientes palabras. - Y hacer el amor contigo, estar aquí contigo, es todo lo que quiero hacer por el resto de mi vida.- lo beso, lo beso tan apasionadamente que no noto que él me levanta y me sienta encima suyo a horcajadas. Me quita la manta que tenía puesta y permanezco desnuda encima de él. Se separa de mi boca para recorrer con la suya mi cuello hasta detenerse en mi seno izquierdo. Yo jadeo en busca de aire y suelto pequeños gritos entrecortados, eso lo enardece a Peeta que me levanta en brazos y me acuesta más allá de los platos vacíos con cierta urgencia. Se quita los pantalones y observo su largo apéndice, se ve duro y siento un irrefrenable magnetismo que me hace arrodillarme en frente de Peeta y tomar su pene con mis manos, él lanza un gemido ronco, sorprendido de mi osadía. Me hace sentir segura y atrevida y empiezo a acariciarlo para adelante y atrás, Peeta de pie inmóvil y jadeando con los ojos cerrados, acaricia mi cabello cada vez con más fuerza. En un impulsivo deseo de darle más placer, tomo su pene y lo coloco en mi boca y observo su rostro. Él abre los ojos desconcertado y me mira con una sonrisa.
- No amor, detente, porque voy a terminar y aún no he estado dentro de ti. – su voz suena ronca, sus ojos se ven negros de deseo y yo estoy ardiendo de anticipación.
- Solo quiero complacerte Peeta. Ese es mi deseo desde ahora en más. – digo mientras él se arrodilla en frente de mí y me observa intensamente.
- ¿Es esto un sueño? Ahora soy yo el confundido. Eso es lo que he tratado de hacer desde los cinco años mi Katniss, complacerte a ti. – dice besándome la frente, la nariz, las mejillas, dejando mis labios hambrientos mientras baja su rostro a mis pechos y me atrae hacia él con sus fuertes manos en mi trasero. – He de confesar – dice con sus labios en mis pezones y yo gimiendo de placer con mis manos enredadas en su cabello rubio. – que he deseado escucharte decir esas palabras desde que llegué a la madurez y me di cuenta de que te amaba profunda y locamente. Te amo profunda y locamente, el veneno de las rastreavispulas no modificó esos deseos y mis sentimientos en nada. - Se endereza y toma mis labios con fiereza y me acuesta sobre mi espalda. – Ahora calla mi amor que necesito desesperadamente estar dentro de ti. Te amo. Te amo.- Separo mis piernas aún más para facilitarle el acceso y en un instante siento su pene adentro, llenándome, completando mi cuerpo, como una pieza de un rompecabezas. Somos uno, siempre lo hemos sido, aun antes de siquiera imaginarlo, sin imaginar como de tan fuerte era nuestra conexión, siempre nos tuvimos el uno al otro.
Levanto mi pelvis hacia él y me aferro con fuerza a su espalda, mientras mi chico del pan enciende cada termino nervioso de mi cuerpo con sus embistes. Nunca me hubiera imaginado un placer tan intenso. Con mis manos recorro su espalda, cada cicatriz de quemadura, cada fuerte músculo, bajo hasta sus nalgas y las aferro con fuerza. Peeta gime cada vez más fuerte y rápido con su rostro hundido en mi cuello. Siento sus labios, su lengua en mi piel y luego su aliento abrasador expulsar violentamente el aire contenido. Lo atraigo aún más adentro de mí y eso lo incita a ir más rápido. Siento cada sensación a flor de piel, su aliento, sus latidos, sus manos en mis caderas, mis manos en sus brazos, la unión de nuestros cuerpos explotar, la pasión en la expresión de su rostro. Levanto mis labios buscando los suyos y su lengua me responde con urgencia, su respiración me baña el rostro y nuestros besos son entrecortados por la necesidad de respirar. Me siento llegar al orgasmo y aparto mi boca de la suya para gritar y luego morder el hombro de Peeta para detenerme. Él sigue, sonriéndome y besándome hasta que también alcanza el orgasmo con violentas sacudidas y un gemido fuerte y ronco.
Peeta se acuesta a mi lado y me abraza. Yo me giro de costado para abrazarlo también. Arrimo mi cabeza a su pecho y él besa mi coronilla, siento sus rápidos latidos serenarse de a poco. Hasta que ambos respiramos normalmente y acompasados, no hablamos.
- Eso… fue… increíble Peeta. ¿Cómo es que no lo hicimos antes? – digo y levanto mi rostro al suyo, él tiene una expresión tranquila y divertida. – No me contestes esa pregunta. – él ríe sonoramente, quitándome el aliento. Siento mi corazón rebosar de amor. No sé donde depositarlo, porque allí en ese órgano diminuto ya no cabe. Y me doy cuenta de que siempre será así, mi cuerpo entero responde a él, y este amor tan grande lo he de distribuir y dejarlo salir libremente.
- ¿Por qué tienes esa mirada? ¿Qué significa? – pregunta levantando una ceja. – Y yo que pensaba que te conocía, que conocía tus expresiones. Me sigues sorprendiendo preciosa.
- Esta mirada es de pura felicidad y placer. No la has visto nunca antes porque es la primera vez que me siento así. Y todo gracias a ti mi amor.
- Me alegra tanto ser tu primero en eso.- responde Peeta sin poder contener una gran sonrisa. Su comentario de doble intención me hace reír y le golpeo el pecho con mis manos, él me toma por las muñecas y me da un largo beso en la boca. Se separa con pesar. – Por mucho que me encantaría quedarme toda mi vida aquí contigo, debemos regresar. Hoy llega el tren desde el capitolio y debemos buscar los suministros.- sin embargo no se mueve ni hace amague de levantarse, solo me abraza y traza círculos en mi espalda.
- ¿Cómo haremos esta noche? – pregunto algo avergonzada y no lo miro.
- ¿A qué se refiere señorita Everdeen?- dice él obviamente burlándose de mí. – ¿Te refieres a que quieres seguir con lo que acabamos de terminar?-
- Me refiero a que si dormimos en mi casa o en la suya señorito Mellark. A menos que no quieras más de lo que acabamos de hacer. – me pongo de pie y dejo que él observe mi cuerpo desnudo. Camino hacia donde dejé mi ropa al quitármela ayer y me inclino para recogerla. Peeta exhala exageradamente.
- Por favor vístete porque me estás excitando nuevamente y se nos va a hacer tarde mi amor. – se pone de pie y camina hacia mí, yo me rio y le paso su ropa. – En tu casa porque Sae limpia la mía mañana y no quiero que nadie nos interrumpa. – dice guiñándome un ojo. Inevitablemente me sonrojo. Eso no me sucedía antes, ahora me sonrojo aun después de todo lo que he hecho con este chico. – Pienso amarte toda la noche Katniss, así que descansa, come y luego espérame.
- Ya hemos esperado demasiado ¿no te parece? – digo algo frustrada mientras me coloco el vestido por encima de la cabeza. – Lo que trato de decir es que: nos amamos, ya no lo podemos ocultar más y después de lo que hemos hecho ayer y hace un rato, tenemos que estar juntos. – Peeta me observa sin expresión en su rostro. Espero unos largos segundos a que él diga algo.
- ¿Quieres que vivamos juntos como pareja, oficialmente sin estar casados?- pregunta Peeta desconcertado.
- No, casémonos. ¿Quieres casarte conmigo realmente y enteramente de verdad? - No sé de donde saque el valor para preguntarle eso, pero lo hice. Ya no puedo postergar todo en mi vida, ya no. Ahora que ya no hay guerra y ya no hay Juegos, ya no está Gale para confundirme y hacerme creer que lo quiero a él, estoy libre. Me siento libre y quiero disfrutar plenamente con mi verdadero amor. Peeta es el hombre para mí, él me hace querer renacer y verle el lado positivo a las cosas, él me hace feliz.
- ¿Lo dices en serio Katniss? ¿Estas realmente segura?- hace una pausa, me observa y yo asiento sonriendo. Él ríe de repente y se agarra el cabello. - ¿Casamiento? ¿No habías dicho que nunca te ibas a casar? –
- Sí, pero eso era antes. Quiero casarme contigo y vivir por siempre tu lado.
- Mi amor, si, si estas segura casémonos cuando tú quieras. Siempre quise casarme contigo y eso lo sabes. – contesta entusiasmado abrazándome. – Además podrías quedar en cinta y no se vería bien si no estamos casados.
- Espera, ¿dijiste en cinta? ¡Oh por Dios! – siento caer un balde de agua helada encima de mi cabeza. ¿Cómo no me di cuenta antes? Qué estúpida. – Peeta no usamos protección, quizás ya me hayas dejado embarazada. No, por los cielos, no…- me siento con la cabeza en mis manos sobre una silla cerca de la puerta. Peeta se arrodilla en frente mío.
- ¿No quieres tener hijos conmigo? – hace sonar la pregunta como una triste afirmación. - Katniss ya no hay más Juegos del Hambre, estamos a salvo, los niños están a salvo. Sé que es difícil acostumbrarse a la idea de estar bien, pero tenemos tiempo. Te daré todo el tiempo que necesites, solo quiero que sepas que te amo y que tener hijos contigo me haría el hombre más feliz de la tierra. - me toma las manos y sus palabras me relajan. Me hacen aceptar mínimamente la idea de ser madre. Tiene razón, tenemos tiempo, mucho tiempo. Él intentará hacerme cambiar de opinión pero tiene toda la vida para convencerme. Y quizás con el tiempo logre cambiarla. Ya veremos.
- Está bien. El tiempo dirá. – le doy un beso a Peeta y me pongo de pie aun aferrada a sus manos. – Ahora vamos a buscar esa protección del tren del Capitolio.- El ríe y nos dirigimos a través del bosque hacia la Aldea de Vencedores, tomados de la mano. Qué sorpresa se llevarán Sae y Haymitch al vernos. Aunque quizás este último ni haya notado nuestra ausencia
