Capítulo Dieciséis


- ¡Hola tortolitos! – exclama Johanna extendiendo sus brazos hacia nosotros. Doy un paso adelante llevando a Peeta conmigo de la mano y Johanna nos abraza a ambos a la vez.

- Johanna, es genial verte de tan buen humor. – dice Peeta con tono sarcástico. Johanna ríe. Gale se ve nervioso.

- Es genial verte a ti normal y no actuando como un loco también Peeta. – dice y Peeta frunce el ceño por un momento para luego reír.

- Hola Gale. – digo tratando de romper el hielo. - ¿Cómo has estado?

Él sonríe y le da la mano a Peeta que se la extiende para saludar. Me mira no sabiendo qué hacer. Yo me adelanto y le doy una palmada en el hombro.

- He estado bien. Gracias. ¿Y ustedes? – pregunta Gale, ya no tan incómodo.

- Sí, cuéntennos cómo va la vida de casados. – dice Johanna. Con Peeta nos miramos y nos sonreímos. – Uh, no, mejor no digan nada, ya les veo las caras.

- Hemos estado de maravilla. Peeta se ha puesto una panadería nueva en su antigua casa. – digo con orgullo.

- Eso es genial Peeta. Los felicito. – dice Gale sinceramente.

- Gracias, pero ni se imaginan la noticia más increíble. – dice Peeta y ya me imagino que dirá. Johanna lo mira con curiosidad. Yo río con anticipo. – Haymitch y Effie son oficialmente novios.

Johanna abre los ojos como platos y su boca parece una perfecta O. Gale ríe. Comenzamos a caminar hacia la aldea. Gale lleva el bolso de él al hombro y la maleta de Johanna arrastrando. Peeta se ofrece a llevar algo, pero Gale le dice que no hace falta que su bolso no pesa y que la maleta de Johanna es con ruedas. Johanna me toma del brazo haciendo que me adelante con ella y deje a Peeta y a Gale atrás.

- Necesitaba hablar contigo a solas Katniss. Disculpa. – dice Johanna más seria y nerviosa que cuando bajó del tren y nos saludó tan alegremente.

- Por supuesto, te escucho. – digo apoyando mi mano en su hombro para darle algo de confianza.

- Verás, no te dije que venía con Gale porque por teléfono no era la mejor manera. Y a ambos nos cuesta esta situación, no sabemos ser claros. Queremos serlo y pensamos que lo más difícil era hablarlo contigo, ya que ustedes han estado distanciados pero luego lo invitaste a tu boda y fuiste amable con él. – titubea, está completamente nerviosa. No conozco esta fase de la personalidad de Johanna. Le sonrío y ella parece organizar las palabras en su mente. – Estamos juntos… como pareja hace ocho meses.

Hace una pausa y me mira con ojos expectantes. Yo me rio y la abrazo. Ya sabía que estaban juntos. Lo supe desde mi casamiento y no sentí más que alegría por ambos. Si hubiese tenido algún sentimiento aún por Gale, de los que solía tener antes de los juegos, cuando me ponía celosa de las chicas con las que Gale había estado, lo menos que haría sería felicitarlos. Pero son los mejores amigos que he tenido y ambos merecen ser felices y dejar atrás su soledad. Y yo amo con toda mi alma a Peeta. Deseo que su amor sea casi como el nuestro. Casi, porque el nuestro es único.

- Los felicito. En verdad. Estoy muy contenta por ambos. Peeta y yo lo sospechábamos pero no queríamos indagarles para no hacerlos sentir incomodos.

- ¿Cómo supieron? No entiendo. – pregunta Johanna entre aliviada y sorprendida.

- En nuestra boda Gale nos dijo que tú mandabas tus felicitaciones y disculpas por no poder asistir. Y luego lo notamos nervioso y nos contó que trabajaban juntos para Paylor. – dije

- Oh. Sí debí imaginarlo y haberle prohibido hablarles de mí. Siempre se pone nervioso cuando me nombra. Así fue como Paylor se enteró de nuestra relación. Preguntó por mí y él contestó que aún dormía porque estaba enferma y él sudaba y tartamudeaba. – se da la vuelta para mirar a Gale y le saca la lengua. Él la mira confundido, luego ríe.

- Bueno pero no le eches toda la culpa a Gale porque la mayor pista nos la diste tú cuando llamaste ayer. Hablaste de la tarta de fresas y Peeta solo la hizo en nuestra boda. Por lo que dedujimos que Gale te contó sobre ella. – Johanna se enrojece hasta la línea del cabello y estalla en carcajadas.

- ¿Qué le pasa? – pregunta Peeta acercándose.

- Le conté sobre tu deducción con la tarta de fresas. – Peeta ríe.

- Yo le conté a Gale y no reaccionó así. – dice Peeta señalando a Gale que se había acercado a Johanna y la palmeaba en la espalda.

- Es que… es muy divertido… ¿Tú te acuerdas de toda la comida que preparas siempre? – nos reímos todos excepto Peeta que se queda pensante.

- Sí, en verdad recuerdo toda la comida que preparo y quienes la comen. – dice Peeta. Yo lo abrazo y le doy un beso en la mejilla.

- Eso es porque mi chico del pan es un profesional. – les digo a nuestros invitados.

Llegamos a nuestra casa y vemos a Haymitch esperando en la entrada. Él nos ve y se incorpora acercándose.

- Vaya, vaya, vaya. Miren a las parejitas felices. – dice riendo.

- Sí Haymitch, solo faltas tú. ¿Dónde está Effie?- le retruca Johanna con voz maliciosa y divertida a la vez.

Haymitch me fulmina con la mirada. Yo me encojo de hombros y Peeta se acerca a Haymitch para decirle algo al oído. Haymitch ríe.

- Bien, tengo hambre. Entremos. – informa Haymitch impaciente.

Entramos en la casa, Peeta y Gale suben a dejar el equipaje en las habitaciones de huéspedes mientras Johanna y yo nos dirigimos a la cocina a preparar la mesa y Haymitch va a hacer una llamada al escritorio.

- ¿Cómo es que comenzó su relación? – me animo a preguntar. Johanna me mira por unos segundos inexpresiva luego ríe.

- Nos llevábamos muy mal. Terriblemente mal. Y teníamos que trabajar juntos todo el tiempo. Después nos fuimos acostumbrando el uno al otro y nos divertíamos peleando, hasta que ya no pudimos controlar la atracción. – dice Johanna con voz soñadora.

- Sí y aún seguimos peleando por todo. Es la costumbre. – interrumpe Gale. Su voz se escucha feliz, satisfecha. Johanna se acerca a él y le da un corto beso en los labios. Y él la sostiene por la cintura.

- Se ven muy bien juntos. Los felicito sinceramente. – les digo y me acerco para abrazarlos. Ellos se sorprenden. – Estoy algo sensible, disculpen. Es que ustedes son de las mejores personas que conozco y verlos felices me hace mucho más feliz a mí.

- Gracias Catnip. – dice Gale con verdadero agradecimiento en su voz. Y sé que es feliz con mi aprobación, al igual que yo lo fui con la suya el día de mi boda.

- Amor, ayúdame a llevar la comida. Muchachos pueden sentarse. – anuncia Peeta llegando desde el escritorio. Johanna y Gale se sientan uno junto al otro y cuchichean mientras Peeta y yo preparamos los platos. Pollo al curry que huele exquisito. Mi esposo se acerca para susurrarme.

- ¿Te sientes bien? – suena preocupado.

- Sí, claro. Me siento increíble. ¿Por qué preguntas mi vida?

- Es que desde hace unos días te noto demasiado sensible y pensé que estabas con tu periodo, pero claramente no ya que anoche hicimos el amor… y quizás….

- ¿Quizás qué? – pregunto. Al escucharme decir eso, comprendo a lo que se refiere Peeta. Él se ve asustado, nervioso. – No, no. Todavía me faltan unos días para mi periodo. – digo sonriendo forzosamente. Tenemos invitados, luego me ocuparé de hacer bien los cálculos. Pero Peeta tiene razón, quizás esté en cinta.

Servimos la comida, Haymitch regresa sonriente. La cena pasa sorprendentemente bien. Charlamos de sus trabajos, de la panadería de Peeta, de mi caza, de todo, pero yo no puedo apartar la preocupación de mi mente. Actúo frente a ellos como si todo estuviera bien y nadie se da cuenta por suerte.

Tengo un atraso de quince días. "Todo estará bien, Ya no hay más Juegos. Tienes a Peeta. Todo estará bien. "me repito intentando calmar mi miedo.