Capítulo Diecinueve
Llegamos a nuestra casa y encontramos a Haymitch sentado en la sala con una taza de algo en la mano. Ruego porque no sea alcohol. Ha estado muchísimo más manejable y simpático sin él. Johanna y Gale, aún no regresan de su paseo por el bosque.
- ¿Se lo decimos amor? – me susurra Peeta con ansiedad. Sé que se muere por contarle a todo Panem que va a ser padre.
- Sí, en cualquier caso, tarde o temprano se va a notar. – le contesto con una sonrisa y una mano en mi vientre. Él sonríe y me da un espontaneo beso en los labios.
- ¿De dónde vienen tórtolos? – pregunta Haymitch con la ironía de siempre en la voz, pero claramente sobrio.
- Venimos de casa del Doctor Johns. – digo mirando a Haymitch que frunce el ceño.
- ¿Por qué? ¿Alguno de ustedes está enfermo? – pregunta Haymitch con sospecha. Peeta y yo nos miramos y asiento hacia él.
- No, no estamos enfermos. Aunque Katniss debería hacer reposo y estar tranquila a partir de ahora. – el hombre abre grandes los ojos y mira de Peeta hacia mí incrédulo.
- ¿Estás … es… están esperando un hi… hijo? – río ante el tartamudeo de Haymitch. Ni en sus días de borracheras de 24 horas tartamudeaba como lo hace ahora. Era un hombre al que nada parecía sorprenderlo… hasta este momento..
- Sí Haymitch. Katniss está de un mes y medio aproximadamente. Vamos a ser padres. – dice Peeta tratando de parecer serio. Haymitch aún perplejo no dice nada. - ¿Qué piensas?
- Haymitch, fue algo inesperado, realmente. Pero al fin y al cabo estamos casados. – agrego tratando de sonar esperanzada, pero temo la contestación de Haymitch.
- Ambos son demasiado jóvenes. ¿Cómo es que van a criar a un niño cuando ustedes aún son niños? - eso dolió. Después de todo lo que hemos pasado siendo aún más jóvenes, ¿es importante la edad? Tengo veinte, Peeta veintiuno, mi madre me tuvo a los diecinueve, aún más joven que yo…
- Lo que a ti te molesta es que no hayamos esperado más tiempo desde el fin de la guerra y de los Juegos. – reclama Peeta con claro enfado en su siempre tranquila voz. Haymitch bufa y blanquea sus ojos.
- Ya Peeta, si él no quiere entender que no fue algo planeado, es su problema. Vámonos, debo llamar a mi madre.
- Sólo piénsatelo Haymitch. Quizás sea algo bueno. Esperanza, un nuevo comienzo. Eso es lo que queremos creer. – dice Peeta antes de rodearme con su brazo.
- ¿Qué cosa quizás sea algo bueno? ¿Están discutiendo? – lo que nos faltaba, Johanna y Gale llegan a la fiesta. Los tres nos giramos en su dirección. Yo realmente agotada de la caminata, de la noche en vela, de discutir con Haymitch y de la gran noticia, los miro con exasperación.
- Estoy embarazada. Un mes y medio de embarazo y Haymitch está enojado. – digo sin reservas y veo sus rostros sorprendidos. Gale tiene la boca abierta de par en par y el ceño fruncido, Johanna tiene una enorme sonrisa. – Ahora si me disculpan, estoy muy cansada. Luego hablamos sobre el tema. – les doy la espalda y miro a Peeta que sonríe divertido. Carraspea.
- Nos vemos a la hora de la cena. Por favor siéntanse cómodos y Johanna puedes tomar lo que quieras de la panadería.
Nadie dice nada, pero una vez que estamos en el escritorio para hacer la llamada a mi madre, escuchamos la carcajada de Johanna. Por lo menos una persona está feliz por nosotros.
- Ya se le pasará a Haymitch. Déjalo que se lo piense un poco. – digo abrazando a Peeta.
- Sí, tienes razón. Sólo pensaba en que su argumento sobre nuestra edad fue ridículo. Y creo que di en el blanco con mi suposición de por qué no estaba de acuerdo. – dice con la vista en algún punto sobre la pared. - ¿Viste su expresión cuando lo dije?
- Sí, la vi y creo que tienes razón porque ese era el mismo argumento que te di yo hace unos meses para no tener hijos. Haymitch es muy parecido a mí.
- Excepto en que tú no bebes y eres increíblemente hermosa. – Peeta dice dejando besos en mi cuello.
- Sí y te tengo a ti. – nos besamos largo y dulcemente. – Debo llamar a mi madre y darle la noticia. Luego vamos a la cama. – mi esposo resopla y se separa de mí.
- Espero que tu madre tome a bien la noticia. – dice pensativo y toma asiento en el sofá en frente del escritorio. Yo me dirijo hacia una silla y marco el número de la casa de mi madre.
- Eso averiguaremos en instantes. Pero no te preocupes, ella no reaccionará como Haymitch, aunque no puedo asegurar que le agrade.
- Hola. ¿Eres tú Katniss? – dice mi madre por el auricular con voz ansiosa. Miro alarmada a Peeta que se pone de pie, acercándose de inmediato.
- Sí. ¿Cómo supiste que era yo?
- Haymitch acaba de llamarme. – me congelo sin respirar. ¿Cómo? ¿Por qué hizo algo como esto? Era mi deber comunicarle mi embarazo a mi madre. Peeta apoya su mano en mi rostro y mueve sus labios en una pregunta. "¿Qué ocurre?" Niego con la cabeza en respuesta.
- ¿Qué te dijo Haymitch? – le pregunto, observando la reacción de mi esposo. Peeta frunce los labios y sus fosas nasales se agrandan. Está enojado. Desearía saber qué es lo que pasa por su mente. Tomo su mano para tranquilizarlo. – Madre, ¿Qué es lo que te dijo?
- Nada, solo que debería comunicarme contigo urgentemente. ¿Qué es lo que ocurre Katniss? – suspiro de alivio y le sonrío a Peeta que relaja su expresión.
- Haymitch está enojado o decepcionado. Una de esas. Porque… Peeta y yo vamos a… vamos a tener un hijo madre. Estoy de un mes y medio. – me animo a soltar nerviosa y con la voz temblando.
- Oh por Dios… - suspira mi madre sorprendida.
- Madre, no fue planeado… sólo pasó y …
- Vas a tener un hijo Katniss. Vas a ser madre. Por Dios, no lo creo. – me interrumpe ella. No logro descifrar su estado de ánimo. No sé si está feliz o decepcionada o solo sorprendida.
- Nosotros tampoco podíamos creerlo. Nos enteramos hace una hora.
- Querida, te felicito. Realmente me siento positiva sobre esto y tengo la certeza de que serás una estupenda madre, como lo fuiste con Prim después de la muerte de tu padre. – dice entre sollozos. Reconozco alegría, esperanza y nostalgia en su voz.
- Gracias Madre. Tengo mucho miedo pero haré lo mejor que pueda para lograrlo. – digo riendo.
Mi madre luego de hablar conmigo y aconsejarme lo mismo que el doctor, reposo los primeros meses, sin esfuerzos ni emociones fuertes, comer saludable y no ir al bosque, pidió hablar con Peeta. Lo escuché reír y agradecerle sus consejos. Durante el tiempo que habló con ella, no perdió la sonrisa de su rostro. Nunca lo había visto sonreír tanto, ser tan feliz como en el día de hoy.
- Tu madre vendrá a quedarse por un tiempo con nosotros en dos semanas. Ella me lo pidió por favor y no pude negarme. No me mires así amor. – lo miro con el ceño fruncido, molesta unos segundos.
Río. En realidad agradezco la intervención de mi madre. Ella sabrá ayudarme y enseñarme lo esencial de la maternidad. Subimos a nuestro cuarto y luego de quitarnos la ropa de calle, nos acostamos acurrucados uno con el otro.
- Tendremos que hablar con Johanna y Gale más tarde. – reflexiona Peeta. - ¿No te molesta lo que Gale piense? – alzo mi rostro de su pecho y escruto su rostro antes de hablar.
- No me interesa lo que Gale piense. No me interesa lo que piense Haymitch, ni siquiera mi madre. Sí, admito que sería agradable contar con su apoyo, pero si tengo el tuyo, no me interesa el de los demás. – digo con sinceridad.
Ya no me interesa lo que piense Gale, me interesa su bienestar, pero no su vida, ni sus pasatiempos ni mucho menos sus pensamientos. Ya no somos esa clase de amigos. Ni se si somos amigos. No le digo esto a Peeta, pero él entiende mi expresión. Por lo que no presiona. Me besa y me siento desvanecer en sus brazos. El cansancio nos toma a ambos y dormimos serenamente hasta que golpean en la puerta. Peeta se levanta y la abre.
- Peeta, mira, los felicito por el bebé, pero sentimos que es un momento único para ustedes y algo incómodo para nosotros. – oigo la voz e Gale y noto su incomodidad.
- ¿Por qué se sienten incómodos? – pregunta Peeta serio.
- Porque de seguro que quieren pasar tiempo a solas, no sé, ¿festejar? Y con nosotros aquí, ya tienen suficiente con la mala vibra de Haymitch. – Peeta ríe.
- Quédense a cenar. En unos minutos estamos con ustedes.
- Bien. Los esperamos entonces.
Peeta cierra la puerta del dormitorio y se vuelve en mi dirección, yo le sonrío.
- ¿Escuchaste? – pregunta divertido.
- Sí, se sienten incomodos por mi culpa. Yo les solté lo del embarazo como si no me importara su presencia aquí ni sus opiniones.
- No, o quizás sí. También podría ser por el hecho de que tú siempre te rehusaste a pensar en tener una familia algún día y se lo hiciste saber a las personas de tu entorno. Una de ellas Gale, que estuvo enamorado de ti mucho tiempo, que estuvo presente en tu boda y ahora se entera que estas esperando un hijo. ¿No crees que le debe doler aunque sea un poco o mínimo se debe sentir incómodo?
Pienso por unos segundos largos lo que Peeta acaba de decir y le doy la razón. Me siento culpable por ignorar los sentimientos de Gale y olvidar que en el pasado fuimos muy cercanos, él era la persona más importante para mí después de mi hermana y mi madre. Se lo digo a Peeta y él me aconseja hablar con Gale. Hablar con sinceridad y claridad. Decido que lo haré, será difícil pero quizás sea lo mejor para disipar la incomodidad de ambos y la de nuestras respectivas parejas.
Bajamos con Peeta a la media hora. Él le pide a Johanna que lo acompañe a la panadería para traer la comida de la cena que Sae iba a cocinar allí. Ella se da cuenta de la intención de Peeta y me sonríe guiñándome un ojo. Me siento más animada y confiada, asi que me dirijo a Gale.
- ¿Gale? Creo que nos debemos una charla. – digo mirándolo, él levanta su rostro moreno hacia mí y asiente.
- Sí, yo solo esperaba a que estuvieras lista para ver mi rostro. – ríe sarcásticamente.
- Supongo que sí. – digo sentándome en el sofá de la sala de estar. – Mira, en verdad no quiero que nos sintamos incómodos. Yo he cambiado mucho y veo que tú también lo has hecho, lo cual me alegro…
- Porque culpa de mi ira y mi sed de venganza murió Prim. Culpa de mi violencia y mi soberbia, te alejaste de mí. – dice Gale de repente con amargura y tristeza. El nombre de mi hermana pronunciado en apenas un susurro.
- No Gale, no la nombres. Fue por todas esas razones pero no te culpo a ti, culpo a la guerra, a la pobreza, a Snow, a Coin, a los Juegos. A ti no. A mí también me cambiaron, a Peeta, a Johanna, a todos. Y te pido perdón por como reaccioné cuando ella murió. – digo con sinceridad, tratando de mantener mi voz firme y clara. Gale suspira.
- Gracias Katniss. No sabes la amargura y la culpa con las que he vivido desde entonces… - dice en un dolido hilo de voz. Nunca había visto a Gale así. Él siempre se escondía detrás de su soberbia y su esperanza para luchar el día a día. Me acerco a él y le tomo la mano. – hasta que me transfirieron hace un año al Capitolio y me encontré con Johanna. – una sonrisa despunta de sus labios y sonrío también.
- ¿La quieres mucho? – pregunto
- Creo que la amo. No lo sé. Nunca he sentido esto que siento por ella. – dice suspirando. Me mira confundido. – No es como contigo. Es como si ella me completara, como si ella con su altivez y su sarcasmo, su carácter fuerte y su personalidad tan divertida, me centrara.
- Sientes que eres mejor persona gracias a ella. Que ella calma tus demonios, se lleva tus tristezas, mejora tus días. No puedes dejar de pensar en ella y en lo que opinará de tal o cual cosa cuando no están juntos. – él abre grandes los ojos y sonríe.
- ¿Eso es lo que sientes con Peeta? – Yo asiento. – Sabes, Peeta y yo tuvimos una conversación hace un tiempo. Él estaba seguro de que tú me elegirías a mí y yo de que lo elegirías a él. Le dije que tú te decidirías por la persona sin la cual no podrías vivir. Siempre supe que sería él, porque él te amaba entonces tanto que daba su vida por ti, se sacrificó con los profesionales para protegerte en la Arena, fue voluntario en los últimos juegos para estar contigo, su deseo de cuidarte y estar contigo fue tanto que superó el secuestro de su mente. Cuando él te impidió suicidarte con la pastilla luego de matar a Coin, fue egoísta, no quiso perderte, por más que ese fuera tu deseo. Ahí fue cuando me di cuenta de que yo nunca hice algo así por ti, salvarte de ti misma… y que él era lo mejor para ti. Decidí alejarme, no porque temiera tu enfado y por la culpa, sino para darles espacio, sabía que se necesitaban. Además Peeta renunció a una oferta de trabajo en el distrito 3 para estar cerca de ti aquí. – Gale se detiene y saca un pañuelo de algodón de su bolsillo y me lo pasa. Me doy cuenta de que estoy llorando. No sabía que Peeta hubiera rechazado una oferta de trabajo, yo pensaba que el Dr. Aurelius lo había mandado de regreso luego de mejorar el estado de su mente.
- Gracias. – me seco el rostro y lo miro. Él sonríe. En qué hombre tan sabio y bueno se ha convertido Gale. Su cara demuestra paz, alegría, satisfacción. Él es feliz con Johanna y es feliz por mí. Me doy cuenta de que no lo había perdonado completamente hasta hace unos minutos, sí me importa su vida, sus pensamientos, sus pasatiempos. En un impulso de comprensión, lo abrazo. Él se ríe y me rodea la espalda. – Te extrañé amigo.
- Y yo a ti Catnip. No puedo creer que vayas a ser madre. – dice separándose de mí y mirándome fijamente. - ¿Cómo te sientes?
- Me siento feliz, asustada, esperanzada, abrumada… tengo tantos sentimientos encontrados. No me decido por alguno todavía.
- Es normal. Tú solías decir que nunca tendrías hijos, que nunca te casarías. Encontraste al hombre indicado y con él la familia de la cual renegabas. Serás muy feliz y una madre increíble. – me rio de su comentario.
- Eso es justamente lo que Peeta me dijo esta mañana. Supongo que me cuesta aún hacerme a la idea de que vivimos en paz y que los niños pueden crecer libres y sin preocupaciones. - digo suspirando.
- Han pasado casi tres años desde los Juegos, ya se te olvidará la preocupación cuando tengas a tu hijo en brazos. – dice Gale sonriendo. ¿Se ha estado juntando con el Dr. Aurelius? Sus consejos son muy útiles.
- Tienes razón. Aun es poco tiempo y no tengo razones para temer, mi madre vendrá a vivir un tiempo con nosotros. Y Peeta es realmente atento conmigo, no me dejará mover un dedo. Estoy segura de que me consentirá demasiado. – digo riendo. Gale rie a carcajadas burlándose porque sabe lo inquieta que soy y el trabajo que le dará a Peeta el mantenerme en reposo.
Hablamos sobre su trabajo en el Capitolio como el líder de una de las unidades de seguridad de la Presidente Paylor. Me cuenta que Johanna estaba bajo sus órdenes y era un problema mantener su relación oculta porque se veían demasiado y que luego ella pasó a ser guardia dentro de la casa de la Presidente. Y sus turnos coincidían, de modo que se veían en las noches, ya que Paylor consintió su relación. Estábamos riéndonos de una anécdota sobre él y la extrovertida de Johanna cuando ésta y mi hermoso esposo entraron en la casa.
- ¿De qué se ríen tanto ustedes? – pregunta Johanna mirando de Gale a mí y sonriendo.
- De ti, por supuesto. – le responde Gale y se pone de pie acercándose a ella. Johanna le golpea juguetonamente un brazo y Gale le toma el rostro para besarla.
Ayudo a Peeta a llevar la comida a la mesa y lo abrazo. Él se sorprende un poco por mi espontanea dulzura.
- Fue todo muy bien, ¿no? Se veían contentos.
- Sí mi amor. Gale se ha convertido en un hombre maduro y sabio. Hemos hablado sobre todo, gracias a ti. Tú me animaste.
- Me alegro mucho preciosa. Los dos necesitaban esa conversación. – dice él dándome un beso.
- Me contó algo que no sabía sobre ti. – le digo en tono de reproche pero jugando con su camisa. Él levanta una ceja. – Me dijo que tú rechazaste una oferta de trabajo en el distrito 3 para regresar al 12 conmigo. – Peeta bufa.
- Sí, es cierto. Y fue la mejor decisión de mi vida. – dice mirándome con intensidad. Me besa apasionadamente hasta que se escapa un jadeo de mis labios. Se separa y me observa sonriendo. Baja su mano de mi rostro para apoyarla en mi vientre.
- Nosotros también nos alegramos de que hayas tomado esa decisión. – apoyo mi mano sobre la suya que está sobre mi vientre. Él sonríe abiertamente y me da un pequeño beso en la nariz.
Cenamos y reímos. Gale se ve más suelto y en confianza, ríe y bromea, se muestra cariñoso con Johanna, yo hago lo mismo. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto hasta sentir mi rostro tirante. Nos quedamos hasta tarde contando anécdotas, chistes, experiencias. Peeta es el más ocurrente y divertido, aunque Johanna le sigue muy de cerca. Hoy ha sido un día agotador, sorprendente y lleno de felicidad. Aunque para que mi felicidad esté completa, me falta el apoyo de alguien muy importante para mí y Peeta... Haymitch.
