Capítulo Veintidós
Cuando Peeta regresó al día siguiente, no me saludó, solo entró en la habitación, buscó su ropa y se dirigió al baño. Salió y me preguntó por fin :
- ¿Cómo has estado? - su voz era dura, pero sincera, se notaba que se había preocupado por mí.
- Bien, en cama haciendo nada. Te vi en la televisión. Me gustó mucho tu discurso. – dije tratando de sonar animada, pero la verdad era que mi voz sonaba forzada. Peeta me miraba con cautela, dudando de mis intenciones.
-Gracias… Me iré a ver a Haymitch. – dijo y se retiró rápidamente. Me dolió el corazón verlo apartarse de mi luciendo tan ofendido. Lo necesitaba tanto. Después de eso, los días pasaron monótonamente, la misma rutina de siempre, yo de mal humor en cama, Peeta se levantaba temprano, hacía el desayuno, me lo dejaba en la habitación, se iba a casa de Haymitch con el desayuno, luego a la panadería, se quedaba pintando en la habitación mientras yo dormía la siesta, y luego se iba a ver de nuevo a Haymitch, a la panadería, al mercado y luego de la cena, dormía junto a mí incómodamente. La tensión entre nosotros era demasiada. Me despertaba en la noche con sacudidas, y me abrazaba para que yo supiera que solo eran malos sueños. Necesito oír su voz.
Hoy hacen dos semanas desde que Effie murió, desde que Peeta me dirigió la palabra con cariño. Y ya no aguanto esta situación. Necesito dejar de lado mi orgullo y pedir disculpas, ayudarlo a Peeta a ayudar a Haymitch.
- Katniss el doctor está aquí para verte. – dice Peeta dejando pasar al hombre.
- Hola Katniss. ¿Cómo te has estado sintiendo? – me pregunta - - Bien Doctor. Solo un poco somnolienta.
- Eso es normal, has sufrido una perdida y el estar demasiado en cama, provoca sueño. Vamos a ver si ya puedes levantarte de la cama. – dice acercándose para revisarme la presión sanguínea, y mi vientre. Peeta estaba parado a un lado de la cama observando ansioso.
- ¿Has caminado desde la última vez que te vi? – pregunta el doctor Johns. Peeta bufa.
- No, solo ese día.
- ¿Hasta dónde caminaste?
- Hasta el bosque Doc. – dice Peeta. Los ojos del doctor se abren alarmados.
- Sólo hasta mi vieja casa. En la pradera. – digo ignorando el comentario de Peeta. Él frunce el ceño y me mira confundido.
- ¿Cómo? ¿No dijiste que ibas al bosque?
- Me parece que crees demasiado en mis palabras. No, no fui al bosque. – digo mirando a Peeta.
- Katniss, tienes presión baja, pero es normal. Fuera de eso, ya puedes dejar la cama, pero sin hacer esfuerzos o caminar demasiado. Los primeros meses de embarazo son de mucho cuidado. – dice el doctor Johns y se pone a guardar sus utensilios médicos. Peeta me mira fijamente y yo aparto la mirada. No logro descifrar su expresión y me siento avergonzada por haber hecho ese teatro para enfadarlo. – Me retiro. Cuídate Katniss. Nos vemos en dos semanas.
- Muchas gracias. Iré yo a su casa. – digo mientras el Doc sale por la puerta de la habitación.
Peeta lo sigue pero veo que el hombre le dice algo y vuelve a entrar cerrando la puerta detrás de sí. Se para en frente mío y me mira por unos largos segundos.
- Creo que necesitamos hablar. – dice sentándose en la esquina de la cama con un pie debajo de él, de frente a mí que me encuentro apoyada en el respaldar.
- Sí, supongo que es tiempo. - inhalo y exhalo tratando de controlar mis nervios.
- ¿Por qué me mentiste? ¿En verdad no te importa nuestro hijo? – suelta Peeta nervioso.
- ¿Cómo puedes creer que no me importa? Te mentí porque me sentía mal, porque estaba sufriendo, me sentía más débil de lo que nunca me he sentido en mi vida… y no sabía cómo reaccionar. Sé que te lastimé y lo siento, lo siento mucho amor. – digo acercándome más a él.
- Reaccionaste como Haymitch, con ira, lastimando a los demás. Pero te entiendo, solo que me dolió que te fueras así de repente al bosque y las palabras que me dijiste. Que fingías alegría… - dice Peeta mirándome a los ojos con un destello de dolor en los suyos.
- Lo siento… por favor discúlpame Peeta. Todo lo que dije ese día era mentira. Todo. Yo te amo, amo nuestra vida juntos, amo a esta criatura… Nunca podría fingir alegría. Tú sabes que como actriz no soy muy buena. – digo sinceramente, llevo mi mano hacia la suya. La tomo y él se tensa, pero no se la suelto. Se gira de repente y está a escasos centímetros de mi rostro. Ahh, cómo he extrañado ver sus ojos azules de tan cerca. Suelta mi mano y lleva las suyas hacia mi rostro.
- Te perdono. Creo que ambos exageramos. Nos dejamos llevar por el dolor de la muerte de Effie y nos volvimos en contra. Yo también te pido disculpas mi amor. – me besa tiernamente en los labios y el hambre en mí resurge más fuerte que nunca.
- Te he extrañado tanto Peeta. Estos días han sido horribles para mí. No poder escuchar tu voz, no poder besarte… te necesito tanto. – digo abrazándolo, sintiendo su fuerte torso contra mis senos. Él me levanta el rostro y susurra contra mis labios.
- Yo también te extrañé demasiado… - me besa intensamente. Yo tomo su camisa verde y la desabotono sin romper el contacto de nuestros labios. Él me levanta el camisón y lleva sus manos hasta mis pechos. Yo gimo en su boca y él se separa. – Voy a hacerte el amor lenta y apasionadamente. Yo sé que ambos necesitamos alivio, pero quiero memorizar nuevamente cada parte de tu cuerpo, el sabor de tu piel, tu suavidad, tus aromas. Todo de ti. – dice quitándome el camisón por la cabeza y recostándome en la cama.
Se quita los pantalones y los arroja fuera de la cama. En un abrir y cerrar de ojos está de vuelta sobre mí besando mis pechos, uno a uno succiona mis pezones con lentitud, enloqueciéndome. Tiro de su cabello y él me entrega sus labios, nos besamos con ferocidad primero luego lentamente jugamos con nuestras lenguas, Peeta me muerde el labio inferior, lo succiona y pasa a hacer lo mismo con el labio superior. Siento su dura erección en mi muslo y sé que necesito el alivio urgentemente pero lo dejaré a mi amante hacer lo que quiera conmigo esta vez.
Su boca desciende por mi cuello, se detiene un poco en mis senos y su mano asciende por mis piernas hasta encontrarse en mi húmedo sexo. Masajea suavemente haciéndome tensar las piernas y mi vientre enloquecido por tantas sensaciones. Con un dedo me penetra y arqueo mi espalda instintivamente, levantado mis caderas para dejarle el acceso libre. Gimo, casi sin aliento y con un deseo incontrolable, tiro del cabello de Peeta. Él ríe y deja mi pecho para besar mis labios.
- Por favor Peeta… no puedo… más. - digo jadeando. Él me mira y me besa apasionadamente. Se endereza y se recuesta al lado mío.
- Quiero amarte de esta forma, así cuando tu vientre crezca, podré hacerte el amor las veces que quieras y sabré cómo colocarme sin echar mi peso encima de ti. – dice jadeando, con su frente brillante de sudor.
- Te amo. ¿lo sabías? Amo que seas tan considerado y dulce. – digo mordiéndole el lóbulo de la oreja, él gime tan alto que me hace voltear a verlo. Mantiene los ojos cerrados fuertemente y respira sonoramente por la boca.
- No vuelvas a hacer eso porque no podré seguir. – sonrío. Me toma por las caderas y me gira hasta que estoy de costado, de espaldas a él. Con sus manos en mi cadera y en mi cintura me atrae más contra su pecho agitado. Siento su miembro contra mis nalgas y me refriego. Peeta carraspea y se impulsa dentro mío de una embestida. – Te amo preciosa. Te amo tanto… - susurra en mi oído, lo muerde y con una mano aparte mi cabello para besar mi cuello.
Sus embestidas son lentas pero profundas. Sus manos aprietan con pasión mis senos y mi muslo libre. Siento la cálida respiración de Peeta en mi nuca y me concentro en sus labios y la sensación de cosquilleo que recorre mi cuerpo. Llevo una mano a la cabeza de Peeta en mi cuello y otra a sus nalgas, las masajeo y recorro su muslo. El toque parece enardecerlo porque comienza a embestir con rapidez. Su respiración se vuelve forzosa y ambos gemimos y gritamos cuando alcanzamos a la vez, el orgasmo más poderoso en mucho tiempo. Nos quedamos así abrazados y con Peeta aún dentro de mí hasta que nos da sueño y decidimos taparnos con las sábanas en caso de que mi madre o Sae abran la puerta. Nos decimos lo mucho que lo sentimos y nos amamos.
Antes de caer rendida al sueño pienso en lo feliz que soy y en lo mal que me siento por eso. No puedo ser feliz luego de haber perdido a una amiga querida y de tener a otro amigo encerrado sufriendo. Sé que está mal, pero no puedo evitarlo. Soy feliz con Peeta. Deseaba tanto que Haymitch y Effie lo fueran también pero ahora eso es imposible. Aún así haré lo que sea para ayudar a Haymitch.
