Capítulo 48: Revelaciones
Me pierdo durante unos pocos segundos en ese mar en calma que tengo frente a mí y trato de aprovecharlo como si fuese la última vez, porque después de todo puede que lo sea. Peeta es muy comprensivo, pero quizá después de lo de hoy no quiera volver a saber nada de mí. Solo de pensarlo el corazón se me pone a mil por hora. Observo que ambos están en silencio, aguardando pacientemente a que yo me decida a hablar. Peeta hace un gesto con la cabeza para darme ánimos y me sonríe como solo él es capaz.
- Bueno, pues… - empiezo dubitativa. - como ya habréis supuesto, he estado leyendo la carta de la que hablaba Gale y… - joder, ¿por qué es tan difícil?
No sé si hablarles directamente de lo que pone en la carta o si meterlos en situación contándoles lo que pasó en el dos. Está claro que tendré que mencionar algo si quiero que comprendan mi decisión, pero no estoy segura de que Peeta se quede a escuchar el resto una vez que hable de la casi-violación. Madre mía, es que suena fatal… Finalmente decido contar las cosas por encima, sin mencionar nada de eso. No me quiero arriesgar a provocar un homicidio.
- Y… la cosa es que, bueno, el motivo de que él esté aquí hoy es que…
- Arranca, preciosa. Que pareces un motor a medio gas. Déjate de rodeos. - me interrumpe Haymitch. Peeta lo mira desaprobatorio e interviene:
- Sigue, Katniss. No le hagas caso.
- Gracias, Peeta.
Tras la interrupción de Haymitch, tengo que volver a respirar hondo y cargarme de valor para seguir con lo que estaba diciendo.
- Como iba diciendo, Gale está en el doce… por mí.
Hago una pequeña pausa para comprobar la reacción de ambos pero, para mi sorpresa, ninguno parece muy sorprendido. Al parecer, o era algo que ya se esperaban (cosa muy probable) o son muy buenos mentirosos y tratan de mantener la compostura para dejarme terminar (cosa que dudo de Haymitch pero que es muy posible en Peeta).
- En fin, él quería que leyese la carta antes de hablar porque en ella me dice muchas cosas que nunca antes habían salido de su boca y sé que le han tenido que costar mucho.
- Pues mucho no le interesaría decírtelas cuando ha tardado un mes en venir a por ti sabiendo que ya habías aparecido. Me río yo de tus amigos, guapa. - habla Haymitch.
Noto como la ira se me empieza a extender por todo el cuerpo al oír sus palabras. Es cierto que ha tardado en venir, pero lo que importa es que lo ha hecho. No tiene ni idea de cómo es Gale y de lo mucho que le cuesta pedir perdón. No tiene ni idea de todo lo que he pasado a su lado antes de conocerlos a ellos. No tiene ni idea de lo que dice en la carta. No tiene ni idea de nada. Ni tan siquiera sabe lo que ocurrió en el dos, así que no es quién para juzgarle. Al final, exploto:
- ¡Tú no sabes nada! No eres quién para juzgar los amigos que tengo o dejo de tener. ¡No eres quién para valorar lo que un amigo puede hacer por otro porque dudo que alguna vez hayas tenido uno!
Al momento que las digo, me doy cuenta de que la he cagado por la expresión que tiene Peeta. Está decepcionado. No dice nada, pero me recrimina con la mirada que le haya dado un golpe tan bajo a Haymitch cuando los dos sabemos que, si nunca tuvo a alguien a su lado, fue porque él mismo se aparto de la sociedad para que nadie tuviera que sufrir por su culpa como le paso a su familia. Además, decirle esto es como decirle que, para Peeta y para mí, él no es nada. Ya me estoy arrepintiendo de lo que acabo de decir. Haymitch se levanta furioso de mi lado, pero yo lo sigo en un ademán de disculpa:
- Haymitch, yo… no quería…
- No, está bien. Tienes razón, siempre he estado más solo que la una. Pero, ¿sabes qué? Gracias a eso nunca le he jodido la vida a nadie, no como tú, que no paras de hundirle a él - dice señalando a Peeta. - ¿Cómo crees que se sentirá después de que se entere de que no le contaste lo que te hizo Gale en el dos? Uy, creo que me he ido de la lengua… - suelta con falsa inocencia. - Y, después de todo, ¿qué vas a hacer?, ¿abandonarlo de nuevo por el cazador que casi te viola y por culpa del que desapareciste?
Se calla durante unos segundos para recrearse con las lágrimas que brotan de mis ojos y con mi expresión de derrota. De la misma prosigue, aunque ya más calmado:
- La próxima vez, te aseguras bien de quién sabe qué cosas antes de acusarme de si soy digno o no de juzgar lo que a mí me dé la gana. Ahora demuestra que aún te queda un poquito de decencia y no sigas jugando con el chico.
Dicho esto, se marcha dando un sonoro portazo y dejándome a solas con Peeta, que no sabe si venir a consolarme, si salir corriendo detrás de Haymitch para evitar su más que probable borrachera o si gritarme y zarandearme hasta sonsacarme todas las mentiras que le he dicho hasta ahora. Me dejo caer en el sofá, derrotada. Me he pasado horas ideando la mejor forma de decirle a Peeta todo lo que ocurrió hace ya dos años para que, ahora, Haymitch se lo suelte de la peor manera posible y sin tacto alguno. Y encima no he sido yo la que se lo ha dicho. Un reproche más para añadir a la larga lista de los que puede echarme en cara.
Lo que todavía no me explico es cómo sabe Haymitch lo que pasó. Yo, obviamente, no le he dicho nada y Gale, por la cuenta que le traía si no quería que mi mentor lo matase, tampoco. Creía que éramos los únicos que lo sabíamos, pero al parecer alguien tuvo que enterarse para que llegara a oídos de Haymitch. Aún con la muerte de Snow, parece que las paredes y los bosques siguen teniendo ojos y oidos.
No oigo nada a mí alrededor, pero sé que Peeta no se ha ido. Seguramente siga en su posición tratando de controlar un ataque que acabe con mi vida o, mucho peor, pensando en cómo escapar de mi lado, porque lo único que hago es matarlo en vida. Poco a poco, voy cesando mi llanto y saco lentamente mi cara de su escondite entre mis rodillas, no porque me apetezca hacerlo (creo que me quedaría a vivir ahí de por vida) sino porque en algún momento tengo que enfrentarme a las consecuencias de mis actos con respecto a Peeta y, tal y como decía mi madre, las heridas en caliente duelen menos. La cosa es que, cuando se enfrían, ya es otro cantar…
Me seco las lágrimas con el dorso de la mano y aventuro mi mirada un poco más allá de mis pies. Como predije, Peeta sigue en su sillón, pero por la expresión perdida que tiene no soy capaz de dilucidar lo que piensa ahora mismo. Para ser sincera, nunca he sido capaz de saberlo aún cuando él intentaba mostrármelo, así que no me esfuerzo más en adivinarlo ahora. Hace tiempo llegué a la conclusión de que Peeta está moralmente tan por encima de todos y, sobre todo, de mí que es imposible que pueda comprender en su totalidad todo lo que siente en cada momento.
En un movimiento brusco, cruza su mirada con la mía y me mira con tanta intensidad que creo que empiezo a marearme. Puedo observar perfectamente su inconfundible iris azul, por lo que no está sufriendo un ataque. Esa intensidad se debe a lo profundamente dolido que se debe de sentir ahora mismo. Aún así, es el primero en articular palabra:
- Voy… - respira hondo - voy a hacer que no he oído nada de lo que ha dicho Haymitch. Voy a hacer que no sé nada de tus mentiras, de vuestros juegos a mis espaldas ni de… de violaciones. - termina con tono amargo. Sus palabras son como un dedo hurgando en una purulenta y mortal llaga que amenaza con destruirme por completo.
En cuanto empezó a hablar aparté mi vista a un lado. Soy una cobarde. Soy incapaz de mirarlo a la cara sabiendo lo mucho que ha sufrido y sigue sufriendo por mi culpa.
- Ahora, vas a contarme con pelos y señales todo lo que no me has contado hasta el día de hoy. Y, por favor, no te saltes la parte de la violación.
Me obligo a mirarlo a la cara y veo como lucha por mantener las lágrimas a raya, lo que no hace otra cosa sino acrecentar mi sensación de culpa y hacer manar las mías hacia afuera.
- Peeta, no… no hubo violación. Haymitch sabe cosas, y no me explico cómo, pero no está bien enterado. - digo tratando de aclarar el punto que más conflictivo me parece ahora.
- Hazme el favor de empezar por el principio. Yo ya no me creo nada.
Noto como las lágrimas corren libres por mis mejillas, pero son lágrimas silenciosas. No hay llanto que las acompañe. No puede haberlo si quiero que me entienda cada palabra de lo que voy a decirle, por lo que lo reprimo.
Empiezo, como él me pidió, por el principio, rememorando el por qué me fui hace dos años. Tengo la sensación de que ha pasado toda una vida porque ya no me siento como la niña que aún era cuando me marché. La niña que intentaba decidir qué hacer con su vida ahora que le habían dado la oportunidad de vivir de nuevo. No tardo en llegar al punto en el que le mentí cuando dije que estuve visitando los asentamientos de la frontera. Le cuento lo que realmente sucedió, cómo necesitaba ver a Gale y pedirle explicaciones a cerca de todo lo que pasó para poder seguir con mi vida y quizá construir una nueva junto a él, mi chico del pan, que había sido el único capaz de traerme de vuelta. Le cuento cómo se torció todo el día que Gale y yo paseábamos a solas, cuando él interpretó cosas que no eran y trató de obtener de mí lo que yo nunca le di.
Cuando llego a este punto, Peeta ya está cerrando fuertemente los puños alrededor de la tela del sofá, pero no me quita atención. Paro para saber si está bien, pero me dice que me despreocupe y me insta a seguir hablando. Asiento levemente y prosigo. Termino de contarle el verdadero motivo por el que tuve que huir al bosque y cómo estuve a punto de morir helada de frío al huir de Gale hasta que me salvaron los pies negros.
Cuando termino con el relato, o más bien odisea, me quedo en silencio esperando una respuesta que tarda bastante en llegar.
- ¿Acaso no pensabas decírmelo?
- ¡No! O sea, sí. Sí te lo iba a decir, pero estaba esperando el momento oportuno para… - Peeta me interrumpe incorporándose frente a mí de golpe.
- ¿Y cuándo iba a ser eso, Katniss? ¿En mi lecho de muerte? - dice, o más bien chilla, Peeta. Teniéndolo de pies a escaso medio metro de mí me siento intimidada y pequeña. Me siento como una minúscula mota de polvo que bien podría él barrer del medio y nadie se daría cuenta. Sin embargo, Peeta no es así y hace algo que sorprendería a cualquiera, incluso a mí que tan acostumbrada debería estar ya a su buen corazón.
Recorre la poca distancia que nos separa y se agacha frente a mí, poniendo sus manos sobre mis rodillas e inclinando la cabeza para mirarme a los ojos porque los tengo fijos en el suelo, cabizbaja.
- Katniss, por favor… júrame que no te tocó. Júrame que es cierto lo que me has dicho y fuiste capaz de escapar antes. Júramelo porque si no yo me muero de pena y culpa por no haber estado ahí para protegerte.
Habla con las lágrimas surcando como barcos su rostro. No puedo creer que lo único que pase por su mente sea el deseo de seguir protegiéndome a pesar de lo que le he dicho. Cualquier otro en su lugar estaría tan enfadado que no sentiría nada más que odio hacia mí, pero él no es cualquiera. Él es mi chico del pan, mi diente de león en primavera, el brillante color amarillo que significa renacimiento y no destrucción. La promesa de que la vida puede continuar por dolorosas que sean nuestras pérdidas, que puede volver a ser buena.
- Te lo juro. - le digo mirándolo a los ojos para que no dude de lo que hablo. No quiero que se culpe por algo que no pasó. Aún si hubiese pasado, tampoco sería el culpable.
Él rompe a llorar sobre mis rodillas, escondiendo su cara entre ellas, en el mismo lugar donde tantas veces yo he llorado. No resisto más y le sigo poco después, apoyando mi frente contra su coronilla y repitiendo entre horrorosos hipidos la palabra "perdón".
Tardamos un buen rato en calmarnos, sobre todo yo. Cuando se ve con fuerzas, Peeta se sienta a mi lado y me acomoda en su pecho hasta que logra calmarme porque ya había empezado a hiperventilar. Es increíble lo que pueden lograr los rítmicos latidos de su corazón.
- ¿Quieres que lo dejemos para otro día? - me pregunta cuando me he tranquilizado.
- No. - le contesto casi de la misma. Prefiero pasar de un tirón por el mal trago que tomarlo a poquitos.
Sin darle tiempo a objetar, me enderezo para mirarlo a la cara y sigo hablando:
- Antes dije que Gale estaba aquí por mí. - en cuanto lo digo, una sombra se apodera del rostro de Peeta, pero asiente. - Bien, es cierto. Está aquí por mí, pero no de la forma en la que cree Haymitch y, supongo, tú también.
- Solo dime una cosa, - me corta Peeta. - ¿le amas?
- ¿Cómo? - pregunto incrédula.
¡Claro que no! ¿Por qué demonios piensa eso? Suponía que creían que Gale había vuelto para intentar algo conmigo (incluso yo llegué a pensarlo), pero nunca pensé que dudaran de que yo fuera capaz de irme con él. Puedo darle el perdón que me ha venido pidiendo en su carta, pero nunca podría darle nada más porque mi corazón le pertenece a Peeta.
- Que si le quieres. - repite Peeta ante mi confusión.
- No. Y lo sé desde hace tiempo. No. - contesto muy segura de lo que digo.
- Entonces, ¿por qué te has alterado tanto al leer la carta?
- Peeta, Gale me pide que le perdone por todo lo que me hizo. Ya lo perdoné por lo de mi hermana, pero no habíamos vuelto a hablar desde… ya sabes. - no quiero repetir mis palabras. Son demasiado dolorosas. - La cosa es que, después de leer ciertas cosas que me cuenta en la carta, he decidido perdonarlo. Tenía miedo de que me rechazaras si te decía que lo iba a perdonar, más aún ahora que sabes el motivo por el que me pide disculpas, pero no puedo decirle que no. No después de saber por qué me lo pide.
Una sonrisa involuntaria adorna mi cara al recordar lo que he sabido de su puño y letra hace nada. Mi muestra de felicidad no hace más que confundir a Peeta.
- Jamás te rechazaría por perdonar a alguien, Katniss. No sé por quién me tienes. - me dice él algo ofendido. - Pero sí me gustaría saber por qué lo haces. Perdona que desconfíe, pero nunca has sido muy dada a ofrecer tu perdón tan a la ligera.
- Quiere que lo perdone para poder continuar con su vida. - respondo yo.
Como veo que espera algo más, finalmente suelto la frase que aún me cuesta creer:
- Peeta, Gale se va a casar.
¿Resueltas las dudas? Espero que sí y que no me guardéis rencor por haceros sufrir un poquito ;) Los detalles de todo este nuevo embrollo irán apareciendo durante los próximos capítulos.
Una vez más, gracias por seguir la historia y por tenerla entre vuestras favoritas. Un agradecimiento especial a todas aquellas que, capítulo tras capítulo, me dejáis vuestros reviews. ¡Sóis increíbles!
Nos leemos mañana. ¡Un fuerte abrazo!
