Capítulo 50: Gale
Le doy un trago a la pequeña botella de agua fría que cogí antes de salir de casa. Es pleno mediodía y yo estoy pululando por el distrito con un calor digno del peor de los infiernos, buscando hasta la más pequeña sombra de camino a la pensión en la que se hospeda Gale. Pensaba venir después de comer, cuando el sol estuviese un poco más bajo, pero enseguida recordé la fiesta de esta noche y decidí que lo mejor sería terminar con esto de una vez. Gale estará en la celebración, por lo que cuanto antes lo solucione, mejor. No quiero trifulcas, y menos sabiendo que Peeta estaría involucrado. Además, dado que la panadería es proveedora oficial, no podemos saltarnos el pregón, a pesar de que Peeta sugiriera cosas mucho menos aburridas esta mañana… Vale, el calor te afecta Katniss, y mucho. Céntrate.
Dejé a Peeta en casa preparando la comida. Me siento mucho mejor ahora que no tengo que cargar con la culpa de haberle mentido. Antes de salir, le volví a insistir en que leyera la carta y me prometió que lo haría. Como le dije a él, necesito que la lea para que él mismo compruebe que no le oculto nada. Sé que él no lo necesita, confía plenamente en mí a pesar de los pocos motivos que le doy. Aquí la insegura soy yo. Necesito que la lea para convencerme a mí misma de que no le oculto nada, para sentirme un poco más digna de él.
Entre sofoco y trago de agua, llego a la entrada de la pensión. No es gran cosa (ni punto de comparación con los hoteles que vi en el Capitolio e, incluso, en algún que otro distrito), pero según tengo oído, la mujer que lo regenta lo tiene impoluto y sirve unas comidas exquisitas. Entro por la puerta principal a la recepción y me acerco a la chica que hay detrás del pequeño mostrador.
- Hola, buenos días. - saludo tras dar un ligero suspiro de alivio al comprobar que tienen instalado un novedoso sistema de aire refrigerado. Antes, esto ni lo olíamos.
- ¡Buenos días! ¿En qué puedo servirle? - pregunta amablemente la recepcionista sin levantar apenas la vista de unos papeles.
- Quería saber si se encuentra aquí el Capitán Hawthorne. - no me acostumbro a llamarle por su apellido, ni mucho menos por su grado militar, pero ahora todo el mundo le conoce así gracias a su puesto de gobierno en el dos.
La chica, que hasta ahora mantenía la vista fija en los papeles y en una pequeña calculadora, levanta la cabeza y dirige su mirada hacia mí. En cuanto lo hace, un gesto de sorpresa y emoción asoma en su rostro. Sigo siendo tan conocida como antes. Qué asco.
- ¡Oh! Disculpe, señorita Everdeen. Estoy tan atareada con las cuentas que no me había percatado de que se trataba de usted. - dice con bastante nerviosismo.
- Descuida, no hay problema. - le contesto con media sonrisa y tratando de parecer amable. ¿Dije que me gustaba sonreír? Vale, no. Al menos no tanto si voy sola sin Peeta.
- Preguntaba por el Capitán Hawthorne, ¿cierto?
- Así es. Me gustaría saber si se encuentra en su habitación.
Rápidamente, teclea vete tú a saber qué en el ordenador y me mira con una sonrisa de oreja a oreja. En realidad la lleva puesta desde que me oyó entrar.
- En efecto. - confirma. - Volvió hace un rato y dejó dicho que la dejáramos pasar expresamente a usted. Habitación 43. Tercer piso, pasillo de la derecha.
- Oh, no. Gracias, pero preferiría que le avisara de que estoy aquí. Dígale que le espero ahí sentada. - le digo a la mujer señalando los pequeños sillones que hay junto al mostrador. Lo último que quiero ahora es encerrarme en una habitación con Gale.
- Como usted mande. Enseguida se lo comunico.
Sin esperar más, me siento en uno de los reducidos sofás y tomo un periódico para leer en lo que aguardo. La recepcionista llama de la misma a la extensión que, supongo, será de la habitación de Gale. Leo la sección de noticias nacionales, donde se explican los diversos avances que está sufriendo cada distrito. Aunque ya llevo un mes aquí, año y medio es mucho tiempo y, de vez en cuando, me sigo sorprendiendo con alguna que otra noticia. Gale no tarda mucho en aparecer por el ascensor que comunica los pisos entre sí. Dejo el periódico en su sitio y me pongo de pie. Antes de llegar a mí, le da las gracias a la recepcionista y esta se queda mirándolo como idiota. Solo le falta babear. Es cierto que Gale no es para nada feo y tiene un cuerpo de escándalo, pero a mí no me sugiere nada. Quizá sea por todo lo que ha pasado entre nosotros, que ya no puedo ver en el más que el odio y la ira que una vez lo apartaron de mí. El caso es que Peeta no tiene absolutamente nada que envidiarle, y puedo hablar con conocimiento de causa…
- Hola, Catnip.
- Hola. - respondo yo manteniendo las distancias.
- ¿Por qué no has querido subir? He alquilado la suite. Se está muy fresco y es estupendo para charlar.
¿Pero qué se cree? ¿Que vengo aquí por gusto y gana? Hay que ver lo que ha cambiado el que fuera mi mejor amigo. Antes renegaba de todos aquellos que disfrutaban de estos lujos, y ahora es él el que no solo los disfruta, sino que alardea de ello.
- Me parece estupendo, Gale. Pero pienso ser breve y no tendremos tiempo de acomodarnos. Peeta me está esperando para comer. - no querías taza, pues taza y media.
Gale me mira con el ceño fruncido y se encoje de hombros.
- Como quieras. ¿Has leído la carta?
- Sí, pero vayamos a hablar a otro sitio. No creo que sea el mejor lugar. - le digo señalando con la cabeza a uno cuantos clientes que acababan de llegar y no paraban de mirarnos y cuchichear. No todos los días te encuentras con el Sinsajo y su guapo "primo".
Gale asiente y me sigue hacia el exterior. No se me ocurre a dónde ir con este calor, por lo que decido llevarlo a la pradera. Los sauces de alrededor deberían de proporcionarnos una buena sombra, además de que sigue siendo un sitio poco concurrido, lo que nos dará la privacidad justa que necesitamos.
Avanzo a paso ligero, sin detenerme a comprobar que Gale me sigue de cerca. Sé que lo hará, puesto que es él el interesado en esta conversación. No hablamos en todo el camino, hasta que, al pasar por la Veta, rompe el silencio:
- Hay que ver lo que ha cambiado todo esto… -dice con algo de nostalgia.
Me detengo a esperar que recorra los pocos metros que nos separan mientras observo con detenimiento mi antiguo hogar. La barriada ya no está repleta de casas cochambrosas y llenas de humedades. Esas se quemaron durante el bombardeo. Ahora, sobre esos cimientos calcinados que una vez pisé después de ser rescatada por el trece, se han construido hogares decentes que acogen a familias de todas las clases sociales. La Veta ha dejado de ser el gueto que fue antes de la rebelión. Ahora, los niños corren tranquilos por calles adoquinadas en dirección al colegio que les asegurará un futuro digno y lejos de las ya extintas minas de carbón.
- Parece mentira que este lugar sea el que nos vio nacer y crecer.
Me sobresalto al oír a Gale tan cerca. Estaba tan sumida en mis pensamientos que no me había dado cuenta de que ya estaba a mi lado. Lo miro a los ojos y en ellos encuentro la misma nostalgia que siento en mi alma. Si hay algo que no puedo negar es que, a pesar de todo, este siempre será mi hogar.
- Es cierto, pero ahora todo es mucho mejor. - le contesto.
- Mucho no, muchísimo. Y todo te lo debemos a ti, Katniss.
Por primera vez en muchos años, reconozco en esas palabras al Gale que conocí cuando aún era una mocosa. Reconozco ese deje de lucha y justicia que siempre había caracterizado a mi antiguo compañero. Quizá no esté tan perdido como creo. A lo mejor, ese ser justo aún reside en su interior solo que no encuentra la forma de salir y me está pidiendo ayuda, me está pidiendo perdón.
Sigo mi camino hasta la pradera con Gale a mi lado. Cuando llegamos, elijo el sauce que más sombra parece que da y me siento a esperar que él haga lo mismo. No tarda en imitarme y ambos quedamos mirando hacia el bosque, apoyados en el ancho tronco del árbol, recuperando un poco del espíritu de aquellos dos críos que soñaban con cambiar el rumbo de sus vidas.
- ¿La has leído entonces? - habla Gale al cabo de un rato.
- Sí. - contesto escueta.
- ¿Y qué opinas?
Los dos somos tan patosos hablando que parece una conversación de besugos. Lo bueno es que, a pesar de los años y el sufrimiento, seguimos entendiéndonos sin necesidad de cruzar muchas palabras.
- Me alegro mucho de que hayas decidido continuar con tu vida. Es una gran noticia, enhorabuena. - le digo sinceramente y mirándolo a la cara.
- Gracias, pero no me refería a eso. ¿Vas a perdonarme, Catnip?
Lo pienso una vez más antes de contestar, pero no hay duda. No solo lo hago por él. Yo también necesito descansar de la constante tensión en la que vivía desde hace tanto tiempo. Si bien el volver al doce junto a Peeta me hizo olvidar el dolor que me provocó mi encontronazo con Gale, pasé casi dos años maldiciéndole por haberme apartado de mi chico del pan y haber intentado sobrepasarse conmigo. Necesito descansar y dejarlo ir de una vez por todas.
- Sí. Sé que necesitas esto tanto como yo para seguir con tu vida. - le contesto con gesto amable.
- ¡Oh, Catnip! ¡Gracias al cielo! Pensé que no me perdonarías. Aunque, en realidad, me lo hubiese merecido. Sabes que me arrepentiré de por vida de lo que hice. Hoy es el día que me miro al espejo y siento asco de mí mismo. Necesitaba esto como el comer.
Gale me abraza mientras me dice todo eso y no deja de sonreír. Me gusta verle así de feliz, lo que no me gusta tanto es que me abrace como si fuese mi amigo de siempre. Eso se acabó.
- Está bien, Gale. Yo también me alegro, pero te agradecería que me soltaras.
- Claro, perdón. Estoy muy ansioso ahora que sé que volveré a contar contigo como amiga. Por supuesto, el día de mi boda espero verte allí. Ya te he contado algo de Serene en la carta, pero me gustaría que la conocieses en persona. A ella le encantará. - dice él muy ilusionado.
Tanto plan y noticia junta no me hace ni una pizca de gracia. Que le haya perdonado no significa que esté preparada para ser su amiga de nuevo. Ojalá pudiera olvidar tan rápido, pero ya no siento ni por asomo la confianza ciega que antes tenía en él. Se ha convertido en un conocido con el que hace como un millón de años compartí cosas maravillosas y los momentos más felices de mi adolescencia, pero eso fue hace mucho, mucho tiempo. Ya no siento nada más por él que no sea nostalgia, ya no hay amistad.
- Lo siento, Gale. - le digo incorporándome. Ya es tarde y Peeta me estará esperando. - Te he dado mi perdón porque ninguno de los dos merecía vivir con la culpa de haber dejado morir nuestra amistad. Yo también te fallé en muchas ocasiones y te pido perdón si llegué a herirte, pero no puedo darte más allá de eso. Ya no eres la persona con la que crecí, al igual que yo no soy la que creció contigo. No puedes pedirme que te brinde mi amistad como hacía antes porque no sería capaz. Éramos amigos porque nos necesitábamos más allá de las mañanas de caza, nos necesitábamos para ser felices, para apoyarnos el uno en el otro, pero yo ya no siento eso. Ya no siento que te necesito como un día sí lo hice.
Observo a Gale desde arriba, que sigue sentado bajo el árbol. Su rostro refleja la confusión del momento. Parece que creía fielmente en que podíamos recuperar lo que teníamos. No sé cómo es capaz de engañarse así. Él también tiene que notar la tensión y la incomodidad que noto yo cuando estamos frente a frente. Si tratáramos de forzar eso acabaríamos explotando de una forma u otra y solo conseguiríamos hacernos más daño del que ya nos hemos hecho. Es mejor que cada uno siga su camino con la conciencia tranquila.
- ¿Cómo puedes decir eso? - me espeta Gale entre molesto y desconcertado.
- Cuando estés solo en tu habitación, piensa realmente si crees que nos haríamos algún bien estando cerca el uno del otro. Nos parecemos demasiado como para saber que acabaríamos reprochándonos cosas que creíamos olvidadas. No haría falta más que un pequeño detonante, cualquier tontería, para decir en caliente cosas de la que luego nos íbamos a arrepentir. De verdad, vuelve al dos, cásate y no me esperes, porque no iré. No dudes que os deseo lo mejor a ti y a tu prometida, y espero que algún día podamos dejar atrás todo el horror que hemos vivido y puedas compartir conmigo la felicidad y el sosiego que yo he encontrado al lado de Peeta.
Gale me mira anonadado por la cantidad de palabras coherentes que he dicho en cuestión de segundos. Yo misma estoy impactada con mi elocuencia momentánea (porque es momentánea, eso seguro), pero el sentirme por primera vez tan en paz con una parte de mi pasado me ha permitido hablar con el corazón y decir todo lo que tenía guardado en mi interior.
Me agacho a la altura de un estupefacto Gale y le doy un beso en la mejilla y un leve apretón en el hombro, haciéndole saber que la vida continúa a pesar de lo que perdemos por el camino. Haciéndole saber que, aunque ya no vayamos a estar juntos, él tiene un futuro por delante por el que debe luchar de la misma forma que yo lucharé por el mío.
