Capítulo 54: Imagen
Recuerdo el día que Prim me hizo prometerle que esperaría a que volviera de clase para probarme todos aquellos vestidos de novia que me envió Cinna después de anunciar mi compromiso con Peeta durante la Gira. Nunca fui muy femenina, por lo que andar perdiendo el tiempo en probarme vestiditos (cosa que al final no hice) cuando podía emplearlo en cazar y perderme en el bosque me parecía completamente absurdo. ¡Cómo echo de menos ahora tener sentido de la estética! No paro de buscar y rebuscar entre todos los conjuntos que quedaron en el armario de mi casa con la esperanza de que algún rayo de luz me ilumine el camino, porque no tengo ni idea de que ponerme.
Según Peeta subió las escaleras para irse a la ducha, salí de su casa despavorida (recordándome mentalmente que ahora también es la mía) a buscar algo decente que ponerme. Aún no nos hemos puesto serios con la mudanza, por lo que, aunque está hablado, sigo teniendo parte de mis cosas en mi casa de la Aldea. Nada más llegar recordé mi maravillosa bañera y di gracias al cielo por librarme del mal trago que hubiese supuesto tener que ducharme justo después de Peeta teniendo en cuenta lo mucho que le gusta pasearse en cueros por la casa. No es que sea desagradable (está más que claro que no), pero no sería la primera vez que se la recorre de arriba abajo con una toalla por taparrabos al más puro estilo hombre del bosque y yo aún estoy demasiado "sensible" después del momento sofá. Definitivamente, no será él el único en ducharse con agua fría…
Salgo de la ducha habiéndome quitado unos cuantos grados de temperatura de encima y me envuelvo en una toalla con el firme propósito de recordar lo poco que conseguí aprender de moda y prepararme en condiciones para la fiesta. Con la mente mucho más lúcida después de refrescarme, empiezo a ver luz al final del túnel y consigo hacer una criba general y quedarme con tres vestidos entre los que elegir. En un primer momento pienso en llamar a Peeta para que me ayude a decidir, pero no sé por qué me da que la ducha fría no habrá servido de nada si lo recibo en toalla y me pruebo modelitos (a cada cual más femenino) delante de él. Descartada esa posibilidad, decido hacer caso de mi intuición y me decanto por el vestido negro. Si recuerdo bien algún consejo que Effie me dio sobre estas cosas durante aquellas interminables horas de preparación para las entrevistas es que el negro es como un comodín, vayas al tipo de celebración que vayas es una apuesta segura. A parte del bonito color negro azabache, el vestido es sencillo, sin florituras ni filigranas. Me lo pruebo y me miro al espejo de cuerpo completo de mi armario. La falda, que cae suelta desde mi cintura sin excesivo vuelo, me llega a medio palmo sobre las rodillas y la parte superior se ciñe perfectamente a mis curvas, acabando en un escote redondo no demasiado pronunciado. Miro mis piernas y decido por una vez hacer caso de otro de los consejos de Effie y uno de los que menos me gusta: los tacones estilizan las piernas.
Odio llevar tacones. Altos, bajos, me da igual. El resultado siempre es el mismo: un dolor de pies del quince. Mis pobres pies, tan acostumbrados a soportar el trote de un día completo de caza e incapaces de aguantar unas horas subidos a esas armas que carga el diablo. Hago de tripas corazón y recuerdo la tercera y última ley de oro de Effie: para lucir hay que sufrir. Y hoy, sin duda, toca.
Encuentro en el zapatero unos zapatos del mismo color que el vestido. Solo de ver el tacón que tienen empiezo con los sudores fríos, pero tengo que reconocer que son soberbios. Son de un negro mate muy bonito, pero lo que más llama la atención son las pequeñas tachuelas plateadas que adornan la parte del talón. Me los pongo y me vuelvo a mirar al espejo, ahora con el conjunto completo, y no me queda otra que darle la razón a Effie en silencio. Hasta el vestido parece más elegante por el simple hecho de ir acompañado de unos tacones.
Me bajo de las alturas y termino de prepararme descalza sabiendo que me quedan unas cuantas horas subida ahí arriba. El pelo no me supone gran problema. Con todo lo que me ha crecido me llega ya por media espalda, así que decido dejarlo suelto con su ondeado natural. Reparo por primera vez en que es un alivio que el Capitolio se llevase con sus novedosísimas técnicas casi el cien por cien de mi vello corporal. En su momento no me hizo ninguna gracia, pero ahora creo que el vestido no quedaría muy bonito con las piernas llenas de pelo negro carbón como es el mío. Mi cara ya es otra historia. No es que sea fea, pero tampoco soy una maravilla. Al menos puedo decir que tengo suerte de no tener ninguna cicatriz ahí, si no tendría que maquillarla y bastante voy a hacer ya dándome un poco de la máscara de pestañas que me dejó Cinna. Cuando lo hago, mis ojos parecen haberse agrandado mucho y el gris de mi iris resalta aún más. Por último, doy un poco de brillo a mis labios.
Por primera vez en mi vida me siento a gusto arreglándome. No quiero decir que las veces que Cinna y mi equipo de preparación me arreglaron no estuviese bien (es más, estaba mucho más que bien), pero el hecho de saber que me preparaban para un fin tan macabro como el de lucirme ante la gente que apostaría por si moriría o no me repugnaba. Es por eso que nunca disfruté de la imagen que daba. Sabía que jamás en mi vida me volvería a ver tan guapa, pero no podía disfrutar de una imagen que no reflejaba quién era realmente, una imagen que no reflejaba a la chica que había sacado adelante a su familia cazando en el bosque, una imagen que decía ser yo pero que no era más que el reflejo más oscuro de mi personalidad. Peeta tuvo razón todo este tiempo, yo tampoco quería que me cambiaran.
Miro por la ventana y veo como el sol ya empieza a esconderse. Ha debido pasar al menos hora y media desde que llegué a mi antigua casa y me empecé a preparar. Peeta se debe de estar preocupando ya de que no aparezca, seguro que cree que me he arrepentido de ir y lo he dejado tirado en el último instante. No le culpo, es muy propio de mí salir huyendo.
No lo pienso más y me subo a los mortales zapatos antes de arrepentirme. Me echo un último vistazo y quedo mucho más que satisfecha con mi imagen. Aunque físicamente no parezca yo, esta vez no me han cambiado, no me estoy preparando para matar a nadie, esta vez me preparo para disfrutar como cualquier persona debería haber podido hacer siempre.
El sonido del timbre irrumpe en la casa y supongo que Peeta habrá deducido que estoy aquí. Peeta… no puedo esperar a ver la cara que pone cuando descubra que no solo no me he arrepentido, sino que he decidido cambiar drásticamente de atuendo. He aprendido a cuidar un poco más mi aspecto desde que estoy con él. En realidad, lo hago más por mí misma que por agradarle. Sé que a Peeta le parecerá bien me ponga lo que me ponga, pero hace tiempo que no puedo reprimir la necesidad de sorprenderlo así. No es gran cosa, pero me comparo con la cara lavada al resto de chicas del distrito y sé que no sobresalgo. Debería bastarme con saber que Peeta solo tiene ojos para mí, pero las demás solo tienen ojos para él y no me gusta ni un pelo. Joder, parezco una loca posesiva.
Antes de bajar por las escaleras recuerdo coger un pequeño bolso de mano a juego con las tachuelas de los zapatos. En realidad lo llevo más como adorno que otra cosa. Trato de no caer rodando y suelto un suspiro de alivio cuando toco tierra firme en la planta baja. Otra de las cosas que no me gusta de llevar tacones es el ruido que hacen. Medio distrito se ha tenido que enterar ya de que acabo de bajar las escaleras. ¡Qué escandalera! Medio-corro medio-ando hasta la puerta, agarro de la manilla y preparo mi mejor sonrisa antes de abrir.
Lo que no me esperaba al hacerlo era encontrarme con el Peeta más sensual de toda la historia. Aunque sospecho que mi criterio ya no es muy objetivo teniendo en cuenta la cantidad de veces que puedo pensar eso al cabo del día, creo que ahora lo digo con conocimiento de causa. Peeta viste una camisa azul clarita con el cuello corto y sin vuelta ("cuello mao" le escuché decir a Portia una vez) y con las mangas dobladas informalmente hasta el antebrazo. Me hace gracia que el detalle del dobladillo de la manga sea de otro color, en este caso blanco. El pantalón es ceñido así que trato de no fijarme mucho en qué músculos se le marcan más que otros. La camisa ya es lo suficientemente sexy como para desestabilizarme pensando en su trasero. En los pies lleva unos mocasines marrones que, de lejos, parecen mucho más cómodos que mis zapatos. Envidio a los hombres.
- Va… vaya…, estás preciosa, Katniss. – dice Peeta sin poder dejar de mirarme de arriba abajo.
En cualquier otra circunstancia me sentiría cohibida si me mirase tanto, pero teniendo en cuenta que me he preparado así para él sería ilógico que me pasara ahora. Quizá los Juegos no me cambiaron, pero Peeta Mellark ha hecho que me convierta en una mujer muy distinta a la que se refugió en la depresión después de la guerra. Le debo tanto a este hombre que jamás podré pagárselo.
- Gracias. – comento algo ruborizada. Que no me cohíba no quita para que siga siendo tan vergonzosa como siempre. Jamás sabré aceptar un cumplido sin sonrojarme. – Tú también estás muy elegante.
Peeta devuelve sus ojos al frente y me sonríe como siempre lo hace, brindándome su apoyo incondicional en los momentos más duros, pero también en los más bellos.
- Tardaste tanto que empecé a pensar que habías escapado al bosque con tal de no ir a la fiesta.
- No creas, estuve tentada de hacerlo, pero no me pareció correcto dejarte tirado entre tanta mujerzuela hoy en la plaza… - contesto yo después de cerrar la puerta y cogerme del brazo que Peeta me ofrece.
A pesar del deje bromista, Peeta me mira con las cejas enarcadas sorprendido de mi recelo a dejarlo solo.
- No pensaba que fueras celosa. – me dice mientras empezamos a caminar en dirección a la plaza.
- Y no lo soy. Es solo que si ya te comen con la vista conmigo delante no me quiero ni imaginar si hoy aparecieses solo por allí.
- Ya, claro. ¿Y tú a eso cómo lo llamas? – dice riendo. Tiene razón, pero nunca lo admitiré en voz alta. La Katniss orgullosa sigue habitando en mí, esa nunca se irá del todo.
Le miro con el ceño fruncido y con mirada reprobatoria porque sabe de sobra que no me gusta que me pongan entre la espada y la pared. Me fijo en las llaves que lleva en la mano y decido salir del paso cambiando de tema:
- Anda, dame que guarde las llaves en el bolso, que al final las perderás.
Peeta las pone en mi mano, pero antes de que pueda hacer nada tira de mi muñeca y estampa su boca con la mía, sedienta de él. Cuando se separa y antes de soltar su agarre, acerca sus labios a mi oído y susurra:
- A mí tampoco me gusta que los hombres se giren a mirarte, pero no me importa porque soy yo el que te tiene entre sus brazos cada noche.
El poco aire que mueve su susurro llega hasta mi oreja y, mezclado con el grave sonido de su voz, provoca una corriente eléctrica que va a morir a mi vientre. Guardo las llaves en el bolso con pulso tembloroso en lo que reanudamos la marcha sin mediar palabra. Peeta esboza una sonrisa de oreja a oreja y yo trato de convencerme a mí misma de que no volveré a caer en sus juegos de palabras. Ilusa de mí…
Nuevo y extenso capítulo. En este vemos poco común faceta de Katniss. No sé a vosotras, pero a mí poder desarrollar una Katniss en facetas tan inusuales me gusta mucho. Quiero decir, el personaje mantiene su esencia, pero los años pasan y (gracias al cielo) ya no tiene que lidiar con guerras, Juegos o muertes. Los pequeños cambios son ley de vida.
Una vez más, miles de millones de gracias por estar ahí, tanto a las maravillosas mujeres que me dejan sus reviews como a todos los que tienen la historia entre sus alertas. Y por supuesto, a esos lectores anónimos que también dedican su tiempo a leer este fic. ¡GRACIAS!
En respuesta al review de Keka:
Es lo que tiene despistarse por un par de días. ¡Cuando vuelves ya he actualizado tres veces! jajajaja La verdad es que he cogido ritmo y quiero aprovecharlo mientras dure ;) La tensión se puede cortar con un cuchillo entre estos dos. ¡Y más que se podrá! O.o Para mí es un placer poder compartir con vosotros las locuras que salen de mi cabeza de vez en cuando y que derivan en este fic que tanto me gusta. Así que, gracias a ti por dedicarle tu tiempo. Ojalá tú también tengas un fin de semana maravilloso :) ¡Nos leemos! :D
