Capítulo 60: Amigos a pesar de todo
Despierto, esta vez sí, en la cama. Anoche, tras la breve visita de Haytmich, Peeta y yo subimos a acostarnos y descansar lo que restaba de noche. Nuestro mentor no tardó en irse y, según me contó Peeta antes de caer rendidos al sueño, Haymitch estuvo esperando en su casa un rato porque debió de oírnos la primera vez y no quiso interrumpir. Lo que no se esperaba era encontrarnos yendo a por el segundo round… Agradezco que no tardara diez minutos más en entrar por aquella puerta. No me lo quiero ni imaginar.
Me desperezo un poco entre los brazos de Peeta y me giro para verle la cara. Él está despertando aún, así que le dejo explayarse. Se remueve, perezoso, tratando de evitar los rayos de sol que entran de pleno en la habitación y nos golpean en la cara. Ya debe ser más de mediodía. Son pocas las veces que dormimos hasta tan tarde, pero hoy creo que tenemos motivos suficientes. De cara al público será por la fiesta, pero para nosotros (y Haymitch ahora) será por la celebración particular que nos encargamos de montar… Solo de pensarlo sumo unos cuantos grados de calor a mi temperatura corporal, pero ya lo voy llevando mejor. Y más me vale si quiero lidiar con Haymitch en condiciones. No lo dejará pasar ni por asomo.
- Buenos días, preciosa. – saluda Peeta. Es tan maravilloso despertarme a su lado que sonrío sin mayor esfuerzo. Me hace increíblemente feliz.
- Buenos días.
- ¿Qué tal has dormido? – qué preguntas tiene este hombre…
- Maravillosamente. ¿Y tú?
- No podría estar más de acuerdo.
Nos quedamos un rato mirándonos a los ojos, sin mayor necesidad que la de respirar y con la sensación de que podríamos estar así de por vida. Me rodea con sus cálidos y fuertes brazos y yo apoyo los míos en su ancho pecho, dejando descansar en el mismo mi cabeza, cerrando los ojos y transportándome automáticamente al universo paralelo en el que se convierte mi vida entera a su lado. Un universo paralelo ajeno al dolor, ajeno al pasado y al horror. Ajeno a la sangre que nos manchará las manos de por vida y a las pesadillas que nos acompañarán siempre. Universo paralelo que me revela el pasado de una forma que nunca imaginé, haciéndomelo ver de tal manera que me sirva para honrar la memoria de todos aquellos que perdimos, siendo feliz en su lugar y tratando de cuidar el legado por el que dieron sus vidas. Haciendo de este mundo un lugar mejor en el que el hijo de Finnick crezca sano, sin miedo y con tanto amor como su padre hubiese querido. Sin miedo a ser cosechado para calmar la sed de sangre de unos pocos que se creyeron por encima de todo y de todos. Sin la sombra del hambre, el odio y la miseria a su alrededor, con el único propósito de ser feliz y vivir una vida plena como la que su padre y tantos otros no pudieron disfrutar.
Es una nueva ventana que se abre ante mis ojos, dejando pasar olores, colores y sabores que nunca antes había experimentado. Dejándome atisbar el comienzo de una nueva vida que promete un futuro feliz, próspero y seguro. Un futuro donde el recuerdo de todos ellos siga vivo de una forma que nos aliente a todos y nos ayude a sacar fuerzas de flaqueza en los peores momentos, cuando Peeta se tenga que aferrar al respaldo de una silla hasta que pase el ataque o yo llore como una niña pequeña después de una de mis horrendas pesadillas. Y ahí estarán todos ellos siempre, viviendo en nuestros corazones y abrazándose a nosotros a la par que él y yo nos amamos y damos calor, a la vez que compartimos buenos y malos momentos, porque mientras nosotros no los olvidemos vivirán eternamente, como los héroes y heroínas que fueron.
Y todo gracias a él. Peeta. El catalizador de mis emociones, la conexión positiva entre el presente y el pasado, el único que no me abandonó desde que empezamos juntos en esto. Mi héroe particular.
Le amo.
Unos golpes provenientes del piso inferior nos sacan de nuestro abrazo matutino. Me separo un poco de Peeta, preguntándole con la mirada si sabe quién puede estar llamando a la puerta, puesto que Haymitch no hace mucho que estuvo aquí y, además, tampoco se molesta en llamar. Peeta niega con la cabeza. Sin mediar palabra, nos ponemos de acuerdo en que ya va siendo hora de levantarse. Me pongo a prisa una camiseta cualquiera que encuentro sobre la silla de la habitación y bajo los escalones al grito de "ya va". La camiseta es de Peeta, por lo que es lo suficientemente larga como para cubrirme hasta el muslo. Le oigo bajar en lo que yo llego a la puerta de la entrada.
- Voy haciendo el desayuno, Katniss. – me habla entrando a la cocina.
- ¡Bien! – le respondo antes de abrir la puerta. – Haz unos huevos fritos por favor, que me he levantado con ganas.
- ¡Marchando unos huevos fritos para la pedigüeña señorita Everdeen!
Me río un poco por lo esclavizado que lo tengo al pobre con lo que a la cocina se refiere. Intentaré despachar rápido al que esté tras la puerta e iré a ayudarlo en lo que pueda. Pero, tras abrirla, me doy cuenta de que no será tan rápido como pensaba.
- Catnip. – me saluda.
- Gale. ¿Qué tal estas? – es lo primero que acierto a decirle sin poder apartar la vista de su hinchada y sanguinolenta nariz.
- Bueno, mejor ahora que he expulsado todo el alcohol.
O sea, que sí que había bebido. No nos equivocamos. Supongo que Haymitch se encargaría de llevarlo a la posada después de marcharme yo. Me alegra, en cierto modo, saber que parte de su salida de tono fue inducida por el alcohol. Aunque si lo dijo estando ebrio quiere decir que, en parte, sí pensaba aquello de mí.
- Te lo merecías, ¿sabes? – contesto un tanto herida, pero sin tanto rencor como él hubiese esperado. Por su expresión, que le haya abierto la puerta y siga frente a él ya es más de lo que esperaba.
- Lo sé. Venía a disculparme antes de marchar. No quiero que vuelva a quedar algo sin resolver entre nosotros.
Y le doy la razón. No había pensado en ello después del incidente (obviamente, tenía otras cosas en mente), pero me hubiese quedado con un sabor amargo si se llega a ir sin hablar esto.
- Creo que es a Peeta a quien deberías pedirle disculpas. Yo te conozco lo suficiente como para pasarte esto por alto.
- Sí, supongo que tienes razón.
Le invito a pasar y, aunque dubitativo, lo hace, siguiéndome hasta la cocina donde Peeta está haciendo el desayuno. Según entramos le veo de espaldas trabajando sobre los fuegos y con el delantal cubriendo su torso desnudo. Trato de no mirar mucho por no ponerme a babear frente a Gale y carraspeo antes de hablar:
- Peeta, tenemos visita. – digo.
Él se gira, con la espumadera en la mano y un trozo de pan en la boca. Traga en seco al ver a Gale y sus ojos se fijan en mí, pidiéndome explicaciones. Estoy segura de que no se esperaba que Gale pasase por aquí después de todo.
- Gale. – saluda Peeta.
- Hola, Peeta.
- ¿Qué tal tu nariz? Espero no habértela roto. – pregunta Peeta con gesto compungido. No se arrepiente, pero es demasiado bueno como para no sentirse culpable.
- No, tranquilo. Es más la hinchazón que la avería en sí. Pero, según me ha dicho el doctor, estuviste a punto. – ríe Gale.
La situación es un tanto incómoda, está claro que la relación cordial que mantienen es bastante forzada, por lo que salgo a interceder:
- Esto… Gale. Íbamos a desayunar, no sé si querrías tú algo o ya has desayunado.
- ¿Desayunar? –pregunta Gale algo asombrado. – Son las tres del mediodía, Katniss. Deberías estar comiendo más que desayunando.
Miro el reloj que cuelga de la pared de la cocina y corroboro lo que me acaba de decir. Sabía que era tarde, pero no imaginé que tanto. Miro a Peeta, sonrojada por darme cuenta de las horas que hemos necesitado para recuperarnos de nuestra sesión nocturna de ejercicio, y él enseguida comprende mi mirada, echándose a reír. No tardo mucho en seguirle, aunque no me río tan fuerte como él, algo cohibida aún por la presencia de Gale, quien nos mira extrañado.
- Creo que prefiero no saber… - dice mi amigo con sonrisa pícara. Si sospecha algo, tiene la decencia de no decirlo. - En fin, venía a disculparme por lo de anoche. Yo… siento mucho lo que dije de ti, Katniss. Sabes que no lo pienso. Y también a ti, Peeta. No recuerdo todo muy bien, pero, según me dijeron, trataste de calmarme en un par de ocasiones antes de arrearme. Creo que deberías haberme dado un poco más fuerte. Lo siento, de veras. Estoy avergonzado. No pienso volver a beber.
Peeta se seca las manos en un paño de cocina que cuelga de su hombro y, para sorpresa de Gale (quien, sin duda, esperaba una mayor oposición por su parte), le tiende la mano en señal de paz.
- Está bien. Yo también lo siento por pegarte, Gale. No debí hacerlo, y menos en tu estado.
Gale acepta atónito la mano de Peeta y yo sé al instante lo que pasa por su cabeza. Gale se asombra de exactamente lo mismo que yo me asombré durante tanto tiempo. La bondad de Peeta no parece tener límites y es capaz de ofrecer una tregua a cualquiera que desee aceptarla. No se rige por nuestras mismas normas que, cazando en el bosque, tardamos mucho tiempo en confiar el uno en el otro, regateando hasta con la última pata de conejo. Peeta te lo da todo de él sin esperar nada a cambio.
- Gracias, Peeta. – dice el cazador esbozando una tímida sonrisa y apretando la mano del panadero. – Gracias por perdonarme y por cuidar de ella siempre. Hazla feliz.
Peeta asiente levemente y yo lo observo todo como una mera espectadora. Ignoran mi presencia a pesar de que estoy a dos pasos de sus enormes cuerpos. Cuando se separan, se despiden con un gesto de cabeza y Gale se gira hacia mí:
- Tengo que coger el tren de las cuatro. Te voy a echar de menos, Catnip. Ten claro que siempre serás bienvenida en mi casa y que me encantaría que asistieses a mi boda, junto a Peeta, si él quisiera. Estáis ambos invitados. – esto último lo dice mirándole a él.
- Creo que esa decisión la debe tomar ella, pero yo estaré encantado de acompañarla si decide ir. –contesta Peeta cortésmente.
- Me lo pensaré. – le digo a Gale. – Pero no te prometo nada.
- Está bien, te lo agradezco. Cuídate, Catnip. Y se feliz. – me contesta él agachándose para depositar un pequeño beso en mi frente. – Aunque sospecho que ya sabes bien cómo hacerlo…
Gale me mira de arriba abajo riéndose sin pudor, acompañado por Peeta. Yo me quedo extrañada ante su repentina complicidad y sin entender muy bien sus últimas palabras. Les doy un par de vueltas, pero, para cuando les encuentro el doble sentido, Gale ya ha salido por la puerta de la casa. El muy descarado no se ha cortado ni media al insinuar que sabía bien a que habíamos dedicado la noche.
Salgo corriendo hacia el porche, roja de la rabia y la vergüenza para gritarle cualquier improperio antes de que pueda dejar de oírme. Desde las escaleras de la entrada lo veo andando de espaldas a mí hacia la salida de la Aldea, por lo que le grito:
- ¡Eres idiota, Hawthorne!
Sin tan siquiera girarse, suelta una leve risa y, levantando su mano derecha, me contesta:
- ¡Yo también te quiero, Catnip!
Lo veo alejarse y, antes de cruzar el umbral de la puerta de vuelta a mi vida, sonrío. Quizá, después de todo, no haya perdido a mi mejor amigo.
En respuesta a los reviews anteriores:
Keka: Escribir no es fácil, ni por asomo, como supongo que ya sabrás. Por lo que encontrarle el punto a una historia, sobre todo si la vas desarrollando sobre la marcha, es complicadísimo. A mí me costó muchos capítulos adaptarme (como creo que se nota con el paso de los primeros capítulos), pero me alegro de que te guste tanto el equilibrio que he conseguido. Trato de hacerlo lo mejor posible, así que si ves algo que no te gusta, no dudes en decírmelo :) La Katniss mujer es la que no vimos en la trilogía de Collins, así que aquí le he conseguido un hueco ;) ¡Gracias a ti por tus constantes ánimos!
Sammy: ¡Mil gracias! Maravillas o no, me alegro muchísimo de que te gusten tanto :) ¡Un abrazo!
