Capítulo 65: Vacaciones

Miro el reloj: "Las seis. Vamos bien", pienso. Cierro ambas maletas, más bien bolsas de mano, y las bajo al primer piso para dejarlas listas junto a la puerta de la entrada. No llevamos mucho equipaje, lo justo para pasar una semana en un sitio en el que ya de por sí hace calor sin necesidad de que sea verano y, teniendo en cuenta que estamos en pleno agosto… Lo dicho, poco equipaje. En lo que yo termino de recoger las cosas, Peeta está en el Edificio de Justicia haciendo todo el papeleo necesario para salir del doce durante unos días. Al contrario de cuando yo me fui hace ya dos años (por aquél entonces la libre circulación entre distritos aún no estaba regulada), ahora hay que rellenar ciertos formularios e impresos en los que quede constancia la duración y el motivo del viaje, entre otras cosas, además del número de turistas en nuestro caso. Tratamos de convencer a Haymitch para que viniera con nosotros, pero puso una excusa barata para acabar insinuando que no venía por no soportar nuestro ajetreo nocturno. Desde aquella noche sus burlas son una constante en mi vida, para variar. Tengo que plantearme seriamente qué hacer con esa foto y cerrarle el pico de una vez.

Meto los billetes de tren en la bandolera que se empeñó Peeta en comprarle a una señora en el mercado y la cuelgo de la manilla de la puerta para que no se nos olvide. Vuelvo a mirar el reloj: las seis y diez. Peeta hace hora y media que salió de casa, así que debe de estar al caer. Tampoco puede descuidarse mucho porque el tren sale a las siete y media. Decidimos hacer viaje nocturno, primero por comodidad (es increíble lo bien que se duerme con el traqueteo del tren) y, segundo, porque hemos hecho este camino demasiadas veces como para que la luz del sol evoque buenos recuerdos.

Recuerdo que tengo que llamar a mi madre para avisarla de que vamos. Entre una cosa y otra, al final no la llamé ninguno de estos días anteriores. Desde que regresé, suelo hablar con ella un par de veces por semana, pero va a ser la primera vez que la vea desde hace casi dos años, por lo que me siento un poco nerviosa. Marco su número, que ya me sé de memoria, y oigo el primer pitido que indica la llamada. Echo cuentas y calculo que en el cuatro serán las tres del mediodía, por lo que mi madre debería de estar en casa aprovechando su tiempo libre de la jornada partida en la que trabaja en el hospital. Son cuatro los que suenan hasta que, por fin, alguien descuelga:

- ¿Sí?, dígame. – pregunta una voz femenina pero madura. Sin duda, es mi madre.

- ¿Mamá?, soy yo.

- ¡Katniss, hija! ¿Qué tal?

- Muy bien, mamá. ¿Qué tal tú? - ¿por qué pregunto eso si la voy a ver en menos de veinticuatro horas? Estoy más nerviosa de lo que creía…

- Bien, hija. Como siempre, tirando. – dice con un tono de voz un poco más apagado. Creo que jamás volverá a ser aquella mujer que tanto admiré durante mi infancia. Echo de menos a aquella madre.

- Esto… - a ver por dónde arranco. – Te llamaba porque… te tengo una sorpresa.

Durante unos instantes, la línea se queda en absoluto silencio. No es que sea una gran amante de las palabras, pero no sé, cuando le he dicho lo de la sorpresa lo menos que esperaba era que me preguntase de que se trataba.

- Mamá, ¿sigues ahí?

- Sí, perdona hija. ¿Una sorpresa decías?

- Sí… - contesto no muy segura. Quizá hubiese sido mejor idea decirlo directamente.

- No será… - mi madre parece pensárselo un momento antes de continuar. – Una invitación a otra boda, ¿verdad?

Me quedo helada. ¿Boda? ¿Otra? ¿Por qué si llamo a mi madre, a la que hace más de año y medio que no veo, para darle una sorpresa lo primero que piensa es en "otra boda"? ¿No sería más lógico pensar en una visita de su primogénita?

- Quiero decir, - prosigue mi madre antes de darme pie a hablar. – es que esta semana Hazelle me comunicó que Gale tenía planes de boda con su pareja, así que al hablarme de sorpresas es lo primero que me ha venido a la mente. No esperaba que Gale se fuera a casar tan pronto, compréndeme.

Mi madre, por supuesto, sabe lo que hay entre Peeta y yo, pero de ahí a que piense que nos vamos a casar... No sé, es demasiado pronto, ¿no?

Si Peeta y yo nos casaremos algún día es algo en lo que realmente no he pensado. Al fin y al cabo, ya hacemos vida de matrimonio: compartimos casa, comida, cama, ingresos, gastos y preocupaciones. Nos apoyamos el uno al otro y nos queremos como nunca. ¿Qué cambiaría un trozo de papel? Para mí, nada. Pero quizá para Peeta…

Decido no darle demasiadas vueltas a ese tema y seguir con lo de la sorpresa. En estos instantes lo último que deseo es comerme la cabeza con más preocupaciones en vez de prepararme para disfrutar de lo que serán las primeras vacaciones de mi vida. Huelga decir que con el antiguo Capitolio el término "vacaciones" solo se usaba cuando un tributo ganaba y, dentro de los paquetes de premios, iba incluida una semana de escuetas festividades para todo el distrito al que pertenecía. Dado que los únicos vencedores del Distrito 12 que hubieron desde mi nacimiento fuimos Peeta y yo, puedo decir con seguridad que son las primeras que tendré.

- Eh, sí. Gale se casa, pero no es a eso a lo que iba. Peeta y yo vamos a pasar una semana en el cuatro. Salimos hacia allí en hora y media.

- ¡Oh! ¿De verdad, hija? ¡Es estupendo! – perfecto, tema de boda esquivado. - ¿Cómo no me has avisado antes?

- Bueno, la verdad es que fue algo bastante repentino. Lo decidimos hace cuatro días.

- Vale, está bien. No hay problema. Y, ¿ya sabéis dónde vais a alojaros? – me pregunta mi madre en un tono más pausado y característico de ella.

- Pues…, habíamos pensado en ir a alguna posada. Pensábamos decidirlo al llegar.

- ¡Oh, no hija! Eso es imposible.

¿Imposible? ¿Por qué? Que yo sepa, no hay ninguna ley que lo prohíba y vamos con los papeles en regla, además de que tenemos dinero suficiente para pagar. Recuerdo que Gale hizo exactamente lo mismo al venir al doce. No le veo el inconveniente.

- ¿Por qué? – pregunto un tanto confundida.

- Verás, hija. El Distrito 4 no es como el doce. Aquí se vive del turismo, sobre todo ahora que la gente de los distritos podemos viajar. Por lo que encontrar sitio para hospedarse en pleno mes de agosto es prácticamente imposible.

- Vaya…, no habíamos caído en eso. – contesto yo algo decepcionada. ¿Tendremos que cancelar el viaje?

- Pero no os preocupéis, - dice mi madre. – en mi casa hay sitio de sobra. Tendréis que compartir habitación, pero creo que, a estas alturas, eso no supondrá ningún problema…

¿Desde cuándo mi madre es tan abierta respecto a la relación que mantengo con Peeta? Y, peor aún, ¿desde cuándo insinúa ese tipo de cosas conmigo? Ahora mismo, no sé ni por donde me pega el aire. Me acaba de dejar sin palabras. ¿Qué le digo? Obviamente, decirle que no dormimos juntos es una estupidez, pero de ahí a aceptar compartir habitación en su casa una semana completa… Creo que para mí será demasiado incómodo.

- Eh…, tranquila mamá. No te preocupes, ya buscaremos algo. – digo como única salida. ¿Qué más me queda?

- No, no. Ni hablar. Vosotros dos os quedáis aquí, hija. Deja que haga algo por ti. Además, tengo ganas de pasar tiempo contigo después de estos años.

Es cierto. No había pensado en tratar de pasar un tiempo con mi madre. Me he centrado tanto en la idea de las vacaciones que se me ha olvidado lo más importante que tiene el Distrito 4 para mí, que no son sus playas ni su clima templado, son mi madre, Annie y el pequeño Finnick. El único familiar directo que me queda y la mujer e hijo de uno de los hombres más importantes de mi vida. Sigo siendo una egoísta.

- Está bien, mamá. – acepto al final. Es lo menos que puedo hacer por ella. – Nos quedaremos contigo. Gracias.

- No hay de qué, mi niña. Tengo muchas ganas de veros, a los dos.

La opinión de mi madre siempre me ha traído sin cuidado. Estoy acostumbrada a tomar decisiones sin contar con ella en absoluto. Pero, por algún motivo, que trate a Peeta como a un hijo más me hace sentir extrañamente contenta. De alguna manera, su aprobación era algo que necesitaba, aunque supiera de sobra que iba a estar con Peeta le pesara a quien le pesara.

- Y nosotros a ti. –le respondo. – Llegaremos allí sobre las diez de la mañana.

- Está bien, iré a buscaros a la estación. Que tengáis buen viaje, hija. Avisaré a Annie de vuestra parte.

¡Annie! Mierda, tanto nombrarla y se me había olvidado por completo avisarla. Estoy segura de que se alegrará de vernos.

- Vale, bien. Muchas gracias, mamá. Nos vemos en unas horas. Un beso.

- Un beso, cariño. Te quiero.

- Y yo a ti. – respondo antes de colgar.

Nada más hacerlo, oigo unos ruidos en la cocina y, acto seguido, una rubia cabellera se asoma por el marco de la puerta, dejándome observar la sonrisa más hermosa que jamás pudiera imaginar.

- Hola, mi amor. – me habla Peeta.

- Hola. – le contesto acercándome a él. - No te he oído entrar.

- Lo siento, estabas tan enfrascada en la conversación con tu madre que no quise molestar. ¿Qué te ha dicho?

- Oh, bueno. Vamos a tener que alojarnos con ella. Al parecer, el cuatro se llena de gente en verano y no quedan habitaciones en las posadas. – digo haciendo un pequeño mohín. - ¿Te importa?

- Para nada. Siempre y cuando esté contigo, me da igual donde pasar la noche. – contesta él recortando los pocos centímetros que nos separaban y besándome delicadamente.

Me dejo llevar por sus labios hasta que recuerdo que el tren sale a las siete y media. Abro los ojos, aún sin parar de besar a Peeta, y me fijo en el reloj: ¡las siete! ¡He estado casi una hora al teléfono!

- ¡Peeta! ¡Son las siete! – digo o, más bien, chillo separándome bruscamente. – Aún tenemos que pasar por casa de Haymitch.

Nuestro mentor dijo que vendría a despedirnos, pero supongo que estará lo suficientemente ebrio como para no acordarse. Peeta asiente y envuelve lo que, ahora veo, son dos bocadillos para el viaje. Este hombre piensa en todo.

Maleta en mano, salimos por la puerta y cierro con llave, despidiéndome de nuestro hogar por una semana y deseando imaginar que nos deparará nuestra estancia en el cuatro.


Katniss no sabe la que se le viene encima... ¡Bueno! ¡Ni vosotros tampoco! Pero yo sí, y ya os adelanto que ese viaje dará un giro inesperado... :O

Me voy con mis intrigas... ¡Nos leemos pronto! ;D

¡Besos!