Capítulo 72: Una madre para dos

Abro lentamente los ojos para encontrarme cara a cara con un cegador rayo de sol entrando por la ventana. Los cierro instintivamente, esperando que la lagrimilla que se me escapa calme el escozor provocado por el contraste de luz. Los entreabro con más cuidado esta vez y comienzo a distinguir borrosamente las manchas que se suponen el armario y la puerta de la habitación. Me giro a mi derecha y distingo algo más nítidamente a un dormido Peeta, ajeno a cualquier luz de mediodía, porque deben ser más de las once.

- Peeta. - le llamo en voz baja. - Peeta, despierta.

Se gira hacia el lado derecho, dándome la espalda, y gruñe levemente. Me extraña que Peeta no se haya despertado antes con lo habituado que está a madrugar para ir a la panadería. Incluso los domingos, que es cuando cierra, no suele dormir más allá de las nueve. Me arrimo hacia él, recortando por primera vez en toda la noche la distancia que nos separa. El calor del cuatro es tan pegajoso que hemos dormido completamente alejados el uno del otro toda la santa noche, tratando de evitar quedarnos pegados de tanto sudor.

- Venga, despierta. No te hagas el remolón. - le digo al oído sacudiéndole el hombro.

Esta vez parece reaccionar y gira la cabeza hacia mí, que ya estoy apoyada sobre mi codo derecho y me inmiscuyo prácticamente por completo en su campo de visión. Con los ojillos entreabiertos y el ceño fruncido como pocas veces, me dedica su habitual sonrisa de buenos días.

- Buenos días, dormilón. - le digo risueña.

- Buenos días… - dice o, más bien, gruñe él mientras se estira. - ¿Qué tal has dormido? - me pregunta una vez que ha terminado.

- Bien. Con calor, pero bien. ¿Y tú?

- Muy bien, aunque se me ha hecho raro dormir contigo teniendo a tu madre en la habitación de al lado.

No había reparado en ello en ningún momento. Anoche volvimos bastante cansados del paseo después del día tan largo que habíamos tenido, por lo que caí rendida nada más tocar la almohada con la cabeza. Apenas recuerdo notar a Peeta acostarse a mi lado.

- ¿Crees que seguirá en la cama? - le pregunto con un poco de miedo. Me da bastante corte salir de la habitación con Peeta si ella ya se ha levantado. Es una tontería, fue ella misma la que nos ofreció la habitación, pero no por eso deja de ser mi madre.

Peeta se ríe más por mi cara de horror que por el comentario, pero contesta entre carcajadas:

- Katniss, ¿por qué tendría que saber yo eso? Es tu madre, no la mía. ¿No te dijo nada de si trabajaba hoy?

Trato de hacer memoria, repasando nuestra conversación de anoche, pero no recuerdo que me dijese nada de los planes que tenía para hoy, ni mucho menos de sus hábitos de sueño. Aunque, a juzgar por la hora tan temprana a la que se acostó (justo cuando nosotros nos fuimos de paseo), me extraña mucho que siga en la cama.

- No, creo que no. - contesto yo soltando un suspiro y me dejo caer bocarriba en la cama.

Peeta adopta la postura que mantenía yo hasta ahora y se yergue sobre mi cara.

- ¿Por qué te preocupa tanto? - inquiere.

- No lo sé, Peeta. Es mi madre, y no creo que haga falta que te diga que nunca me he visto en una así con ella a cinco metros. - digo señalándonos a ambos y a la habitación. - Me da cosa.

- Pero si no hemos hecho nada malo. Aún…

Mientras lo dice, desciende su boca hasta la mía para besarme suavemente pero con ansia, dándome los buenos días de otra forma más silenciosa que conozco igual de bien.

- Ni se te ocurra. - le advierto cuando se separa.

- ¿El qué? - me pregunta juguetón y acariciando un mechón de cabello que reposa sobre mi sien.

- Peeta, por favor. No hagas esto más difícil. Mi madre está ahí al lado, ¿no te da vergüenza? - no sé por qué me da que estas paredes son como el papel. Nada que ver con el sólido y aislante cemento de las de nuestra casa en la Aldea.

- Si solo te he dado un beso… - comenta inocentemente. - Aún no he pasado a palabras mayores…

Noto como roza mi pierna cubierta solo por unos pantalones cortos con la yema de sus dedos y comienza a ascender más allá de la rodilla, justo hasta mi muslo.

- ¡Peeta! - grito más fuerte de lo que quiero. Bajo un poco la voz y le ruego: - Por favor te lo pido, para ya. Tú serás un desvergonzado, pero yo no. No pienso hacer nada contigo con mi madre en la habitación de al lado.

Me incorporo y me siento al borde de la cama, tratando de relajar mi respiración, que ya se había agitado con el simple roce de sus dedos sobre mi piel. Le oigo reírse a mi espalda y giro la cabeza para dirigirle una mirada amenazadora que se queda en una mueca tonta cuando lo observo tumbado sobre las sábanas, completamente desnudo salvo por su ropa interior y con una fina capa de sudor que reluce sobre su fuerte pecho, subiendo y bajando al son de su contagiosa risa. Le sonrío y me maldigo a medias por darme cuenta de lo mucho que me cuesta mantener una postura regia frente a él.

- Anda, vamos. Levántate y haz gala de tus habilidades de panadero para nosotras. Estoy segura de que mi madre lleva tiempo sin comer nada en condiciones. - digo mientras me pongo en pie y me dirijo hacia la puerta, sabiendo que tengo razón.

- Está bien, tú ganas. Pero no creas que te vas a librar tan fácilmente. Ya encontraré la forma. - le oigo decir ya desde fuera.

Me dirijo a la cocina, deseando que mi madre no se haya levantado aún, pero constato mi poca suerte cuando la veo de espaldas a mí, sentada en una silla alta frente a la encimera y leyendo un periódico con un café en la mano.

- Buenos días, mamá. - le saludo al llegar a su altura.

Se gira bruscamente, sobresaltada por mi voz, y me observa un segundo antes de contestar. Creo que su subconsciente le había hecho olvidarse de nuestra visita.

- ¡Oh! Hola, cariño. ¿Qué tal habéis dormido? - me pregunta quitándose las gafas.

- Muy bien. Estábamos cansados así que no tardamos en dormirnos a pesar del calor. - contesto por ambos. - No sabía que usaras gafas. - le digo señalando las que sostiene en su mano izquierda.

- Bueno, no las había necesitado hasta ahora. - se ríe. - La edad no perdona y ya no leo bien sin ellas.

Es un comentario inocente, pero despierta en mí una sensación de desasosiego inusual. Mi madre, a pesar de no cazar como mi padre o yo, siempre vio bastante bien, cosa que agradecían sus pacientes cuando tenía que examinarles la garganta o la propia vista. Sin embargo, ahora ya necesita usar unas lentes que le ayuden a leer a pesar de que aún ronda los cuarenta. Un signo más de lo rápido que avanza el tiempo para todos.

Peeta entra en ese instante a la diáfana cocina comunicada con el salón, ataviado con algo más de ropa que en la cama, gracias al cielo.

- Buenos días, señora Everdeen. La veo radiante esta mañana. - saluda amablemente.

- No seas zalamero, Peeta. No te voy a pasar por alto que duermas con mi hija por mucho que me hagas la pelota. - contesta ella.

Ambos se ríen como si fuera lo más gracioso del mundo, pero a mí el comentario me saca los colores y me hace desviar la vista hacia el ventanal que da a la playa, mordiéndome la mejilla por dentro y tratando de asimilar la osadía tanto de mi madre como de Peeta. ¿Desde cuándo se tienen tanta confianza?

- Creo que pasaré entonces a persuadirla con bollos y pan para desayunar. Es lo único que sé hacer. - dice Peeta poniéndose manos a la obra frente a los fogones.

- Tienes todo lo que necesites en el armario sobre tu cabeza. Siéntete libre de rebuscar por el resto. Estoy segura de que tú le darás mejor uso que yo. - comenta mi madre.

Los dos vuelven a lo que estaban, mi madre al periódico y Peeta a los fogones, así que yo decido salir a sentarme en las tumbonas en lo que él prepara el desayuno y a alejarme de ese aura de confianza que han creado ambos en un par de segundos.

- Voy a tomar el aire. - comunico antes de salir por la puerta de cristal.

Dejo que la brisa del mar golpee mi cara y me deleito con la fresca sombra que proporciona a estas horas la casa sobre la zona de la tarima. Observo relajadamente el mar, que está algo más lejos ahora por la marea baja, hasta que la voz de mi madre me llama desde dentro avisándome de que ya está listo el desayuno.

Me acerco tímidamente hasta ellos, tratando de no revivir una y otra vez la incómoda situación de antes, y me siento junto a mi madre en otra silla alta. Peeta se gira hacia nosotras con un plato en cada mano:

- Un par de raciones de huevos revueltos con queso para las reinas de la casa. - exclama y me guiña un ojo sin que mi madre se entere. Yo le doy una corta sonrisa antes de enterrar la vista en el apetitoso plato. La boca se me hace agua.

- Peeta, no deberías de haberte molestado. Yo ya había tomado café. - contesta mi madre, pero le queda poco creíble cuando mira de la misma forma que yo el desayuno.

- No me rechace el desayuno, señora. Es de lo poco que puedo hacer por usted después de que me haya acogido en su casa como a uno más.

- Vamos, Peeta. Sabes de sobra que eres como mi hijo. De todas formas, creo que Katniss se me habría tirado a morder si te hubiese vetado el acceso. - dice mi madre riéndose con Peeta.

Yo, que me siento completamente excluida de la conversación, carraspeo un poco haciéndome notar y dándoles a entender que tanta risita a mi costa no es de recibo. ¿Por qué todo el mundo disfruta tanto haciéndome sonrojar?

- Que aproveche. - digo rompiendo su conversación e hincándole el diente a los huevos revueltos, y no al cuello de mi madre como ella misma sugería hace dos segundos.

Ninguno dice nada más y Peeta se sirve un plato para acompañarnos en el desayuno, sentándose frente a nosotras al otro lado de la isla.

- ¿No trabajas hoy, mamá? - pregunto un par de minutos después, rompiendo el silencio que se había instaurado.

- Sí, sí que trabajo, pero no entro hasta las diez. He pedido ir de noche la semana que vais a estar vosotros aquí para poder aprovechar el día juntos. - comenta despreocupada.

- ¿Y a qué hora sale? - pregunta Peeta muy interesado de repente en los horarios laborales de mi madre.

- A las ocho de la mañana. Es una jornada más larga de lo habitual, pero se paga bien y me deja el día libre para dormir y aún así poder hacer más cosas.

El silencio vuelve y solo el sonido de los tenedores contra el plato lo perturban, pero hay algo distinto en el ambiente. Es la sonrisa malévola de Peeta, que luce con fuerza en su cara, dándome a entender que ha asimilado antes que yo lo que significa que mi madre trabaje de diez de la noche a ocho de la mañana: acaba de encontrar la solución a mi reparo de hacer nada con mi madre en la habitación de al lado…


Bueno, uno más ;)

En el próximo capítulo ya vamos a vislumbrar un poco mejor lo que va a ser el paso de Katniss y Peeta por el distrito cuatro, recuperando poco a poco la marcha perdida en estos últimos, que han sido un poco menos intensos y más tranquilos que hasta ahora.

En respuesta a los reviews:

Keka: Ante todo, me alegra muchísimo saber que lees el fic con tantísimas ganas :) Respecto a rescatar cosas de la historia original y reinterpretarlas, me parece la manera más eficaz y más cercana a la originalidad de dotar al fic de la continuidad suficiente. He leido muchas continuaciones post-Sinsajo pre-epílogo (sí, es un tema muy trillado pero gusta mucho jajajaja) y en la mayoría de ellos me ha faltado esa conexión con los libros. Partiendo de la base de que este fic es una posible continuación (salvando la diferencia de calidad con la verdadera escritora, claro está), me pareció muy importante tratar de plasmar esa conexión. Espero haber podido conseguirlo ;) Me alegro mucho también de haberte introducido al mundo de los sonidos de la lectura jajajaja Creo fielmente que ambientar correctamente la historia es una clave fundamental para el éxito ^^ No importa que no puedas dejar comentarios en todos, los aprecio siempre :)) P.D: No pasa nada por ese error, yo también me harto del corrector ortográfico de los móviles jejejeje ¡UN ABRAZO ENORME!

Marrrrtin: ¡Muy buenas! ¡Sóis unos cracks! No puedo decir más. Me asombráis cada vez que me decís que os habéis leído de seguido todos los capítulos. Es todo un orgullo seguir captando nuevos y estupendos lectores a pesar de lo avanzada que ya va la historia. Tienes toda la razón, en restrospectiva a mí me parece lo mismo. Leo y releo el fic a fin de no olvidarme nada y de darle la mayor cohesión posible y tengo la misma impresión que tú respecto a los primeros capítulos. Aún así, creo que he ido mejorando y espero de corazón que el desarrollo esté siendo de vuestro gusto. Aspiro a mejorar aún más jajajaja ;) Mil gracias por dedicarme tu tiempo y molestarte en dejar un review. De verdad, es todo un placer :) ¡Espero seguir leyéndote de vez en cuando! ¡UN ABRAZO FORTÍSIMO!

Guest: Creo que esta vez eres Sammy, ¿no es cierto? Si me equivoco, mil disculpas. Déjamelo saber en un próximo review :) Me alegro de que la historia del por qué de su color favorito te haya gustado. No te preocupes si no siempre dejas review, es completamente libre y optativo. Estaré agradecida lo dejes cuando lo dejes ^^ ¡BESOS!