Capítulo 75: Johanna Mason
Con la repentina llegada de Johanna la casa se vuelve un caos. Todo son besos, abrazos, gritos, más besos, más gritos y más abrazos. Finnick se pasa media hora gritando "tía, tía" a los cuatro vientos (al parecer suele venir bastante de visita), Annie se disculpa como un millón de veces por no haberse acordado de decirnos que Johanna vendría hoy, mi madre vuelve a hacer té helado para todos y Peeta se funde en un sentido abrazo con Johanna que, para mi gusto, dura demasiado. Aún así, no puedo reprochar nada cuando es en brazos de Peeta que muestra un atisbo de debilidad, rememorando sin duda sus días de cautiverio juntos en las mazmorras de Snow. Peeta la calma, diciéndole cosas al oído que solo ellos alcanzan a entender, causando en ella el mismo efecto que causa en mí la voz del humilde panadero.
No puedo negar que siento celos. Ver a Peeta calmando a otra mujer que no soy yo hace que un gusano hambriento me coma las entrañas, pero es Johanna, y el vínculo que comparte con Peeta es tan dispar al que compartimos nosotros que jamás tendría la voluntad y crueldad necesarias para separarlos. Sufrieron juntos casi tanto como yo pude sufrir con él, solo que yo corrí con la suerte de que Peeta ya me amaba de antes.
A pesar de haber sido yo la que le abrió la puerta, Johanna entró como un tifón en la casa, obviando mi presencia y saludando a todos antes que a mí. Cuando ha terminado la ronda de histeria, se separa de Peeta y se gira en mi dirección. Nos miramos, frías, inexpresivas, arrogantes, siendo como somos en realidad, dos mujeres que sobrevivieron a todo lo que les echaron y salieron adelante con lo poco que les quedó. Dos mujeres que tuvieron que recurrir a las drogas para superar el dolor y que, en cierto momento, solo se tuvieron la una a la otra. Y que, como esas dos mismas mujeres, se abrazan, sabiendo que siempre podrán ser ellas mismas la una con la otra. Duras, directas, reales.
- Tengo que admitir que incluso he llegado a echarte de menos… - me dice Johanna al oído mientras nos abrazamos.
- ¿Te me vas a poner cursi? - le contesto levantando una ceja a pesar de que no puede verme. - Sabes que para eso ya tengo a Peeta.
Johanna se ríe y tras separarse un poco de mí, comenta:
- Encantadora, como siempre.
- Ya somos dos. - digo yo.
Nos miramos a los ojos, sabiendo que nadie nos podría nunca hacer sombra en ese sentido, salvo quizá Haymitch, y nos sonreímos. Nos gusta eso. Repentinamente, Johanna se vuelve a abrazar a mí y en voz baja para que solo yo la oiga, añade:
- Baja el arco, Chica en Llamas. El panadero es demasiado paradito para mí.
Se separa de mí con aire de superioridad por haber leído claramente mis pensamientos y me deja descolocada, dándole vueltas de nuevo a mi condición de libro abierto, tal y como hiciera aquella vez en el ascensor de camino a la planta doce del Centro de Entrenamiento. Menudo espectáculo.
- ¿Dónde se ha escondido mi sobrino favorito? - grita alejándose de mí y dirigiéndose a la cocina, donde nos esperan Annie y mi madre.
Al pasar al lado de Peeta, que se había quedado contemplando la escena, le da una palmada en el trasero, me guiña un ojo y sigue su camino riendo como una descosida. Peeta se gira hacia mí con cara de no entender nada y pregunta:
- ¿Qué ha sido eso?
Cuando llego a su altura, me abrazo suavemente a su cuello y le doy un pequeño beso en los labios. No es necesario marcar territorio, pero no puedo resistir la tentación de ser siempre la última en tocarle. Al final la cursi voy a ser yo.
- Nada, Johanna Mason. - le contesto sonriendo. Él niega con la cabeza:
- Mujeres…
Tan sonriente como yo, me pasa un brazo sobre los hombros, me besa la sien y nos dirige a la cocina.
La tarde pasa y la noche nos pilla aún en la cocina de Annie. Al final cenamos con ella y Johanna, que al parecer viene todos los años sin falta a la fiesta de las hogueras de la que nos habló Annie. La misma Johanna nos cuenta a Peeta y a mí que pasó los primeros seis meses tras la guerra aquí, en el cuatro. "¿Qué mejor lugar para superar el miedo al agua?" bromeó ella al contarlo.
Pienso en esos seis meses tras el final de la guerra, con Peeta internado en el Capitolio, Johanna superando su trauma con el agua y combatiendo a la vez la pérdida de Finnick junto a Annie, mi madre en el mismo distrito que ellas ahogando las penas en trabajo y Haymitch y yo ahogando las nuestras en alcohol y soledad respectivamente. Seis meses de mierda, sin duda.
Nos veo ahora a todos juntos aquí, con vacios en nuestros corazones que nunca jamás conseguiremos llenar, con pérdidas irreparables y heridas que nunca terminarán de sanar. Pero nos veo juntos, unidos, como una familia, usándonos los unos a los otros de pañuelo para secarnos las lágrimas, bien sean de alegría o de tristeza.
Somos uno y, una vez más en mi vida, concluyo que el fin justifica los medios.
Capítulo breve pero que introduce en el fic a un personaje tan polifacético como Johanna. Espero que los fans de esta camaleónica mujer estén saltando y dando palmas de alegría ;) No será un personaje principal, pero tendrá su papel a lo largo de la historia.
Una vez más, muchísimas gracias por seguir ahí día tras día. Sóis la mejor recompensa. ¡Nos leemos pronto! ¡Abrazos! :D
En respuesta a Sammy:
¡Aquí tienes a Johanna! Espero que la disfrutes tanto como a nuestros trágicos amantes. Me alegra saber que acierto mucho. Es cierto que es mi historia y que debo llevarla por donde crea conveniente (tal y como hago), pero me gusta acertar con vosotros, sobre todo cuando me arriesgo a hacer algún cambio brusco o a darle un "giro" al fic, como diría un Vigilante Jefe. Mil gracias :) ¡Besos! ^^
