Capítulo 87: Siempre
Noviembre pasa en un suspiro y diciembre entra arrollando por la puerta. Los días se hacen más cortos si cabe y las noches mutan hasta convertirse en un monstruo de gélido aliento que amenaza con helar hasta los huesos a todo el que se atreva a poner un pie fuera de su casa. Durante las dos primeras semanas del último mes del año, todos los comercios del doce se ven obligados a cerrar por una nevada de más de metro y medio que sepulta tres cuartos de distrito. Es el peor invierno que se recuerda en todo Panem, superando incluso al de hace dos años cuando desaparecí de la faz de la Tierra.
Intento imaginar las consecuencias que hubiese tenido en la población de la Veta un periodo invernal como este, si uno normal de por sí ya mataba a un elevado porcentaje de los más desfavorecidos cada año. Trato de imaginarme a mí misma, hace tan solo cuatro o cinco años, abrazada a Prim y al último muslo de conejo que nos queda sentada frente a la chimenea. Mi madre se nos une, envolviéndonos con ella bajo la vieja manta cubierta de polvo de carbón que descansa cada verano sobre el armario de la habitación, aguardando pacientemente por el invierno que siempre llega. El olor de las hojas de pino hervidas inunda mis fosas nasales y noto en la lengua el sabor de la menta silvestre que mastico para engañar al hambre. La carne se la doy a Prim. Mi madre y yo nos conformamos con el tuétano del hueso.
Abro los ojos alarmada, poco acostumbrada aún a las patadas que me despiertan cada noche desde dentro de mi propio cuerpo.
- Para ya. – siseo en la oscuridad de la luna nueva mientras me giro buscando una postura cómoda por quincuagésima vez esta noche.
Con el invierno en pleno apogeo llegó finales de diciembre y, con ello, mi quinto mes de embarazo. Cinco meses de los cuales me he pasado los dos últimos saliendo y entrando de ligeros bajones. Baches que nos han estado haciendo la vida imposible tanto a Peeta como a mí.
Las dos semanas que no pudimos ni salir de casa a cuenta de la nieve me vinieron como anillo al dedo. Catorce días en compañía única y exclusiva de Peeta fueron más reparadores que cualquier medicina del Capitolio contra la depresión.
Con nuestro particular y más que agradecido encierro, los miedos me dejaron disfrutar de una dulce tregua. Efímera tregua que duró solo hasta que el bebé decidió dejarse notar por algo más que una tripa de cincomesina. Sus, al principio, tímidas patadas nos sorprendieron a Peeta y a mí en medio de una relajada tarde frente al fuego de la chimenea, con un par de humeantes tazas de chocolate entre las manos y dos radiantes sonrisas en los labios. La primera patada me alarmó, haciendo que Peeta se incorporase de un salto de la alfombra en la que estábamos tumbados. La segunda me aterrorizó, recordándome que lo que llevo dentro es frágil y está vivo y que dependerá de mí más de lo que Prim alguna vez lo hizo.
La tregua se volatilizó mucho más rápido de lo que llegó y su ausencia me tuvo aterrorizada y enroscada a Peeta durante media hora. Media y larga hora sintiendo los primeros indicios de la vida que habíamos creado una maravillosa noche de verano.
- ¿Sigues sin poder dormir? – le pregunta un soñoliento Peeta a mi espalda.
- Es que no para. – contesto yo en tono infantil haciendo referencia al bebé.
- ¿Puedo? – pregunta él acercándose a mí para abrazarme por detrás.
- Claro.
Me dejo envolver por el calor que irradia Peeta y cierro los ojos, tratando de adivinar el patrón que está creando con sus dedos sobre mi más que notable barriga. Busca a tientas el lugar en el que nuestro hijo dará su próxima patada y se frustra cuando nota que me encojo y no ha acertado con el sitio exacto. Más de la mitad de las veces finjo que el bebé se mueve. Me divierte oírle relatar cuando no consigue notarlo.
- Anda, trae. – le digo tras un par de intentos fallidos.
Cojo su mano y la llevo al lugar exacto de mi tersa barriga cuando el bebé se mueve. Me da un beso en la sien y susurra un "gracias" en mi oído. Sé que sonríe aunque no pueda verle.
Al cabo de un rato de delicioso silencio, Peeta murmura:
- ¿Sabes? Creo que será niña.
No hemos hablado nunca de qué será ni de qué nos gustaría que fuera. Mientras venga sano, creo que a ambos nos da bastante igual.
- ¿Ah, sí? ¿Y eso por qué?
- No lo sé, es un presentimiento. – dice. Se queda pensativo un rato y añade -: Además, dando la lata como la da solo puede ser una niña que se parezca a ti.
Le doy un suave golpe en el brazo y me rio junto a él por las estupideces que es capaz de decir al cabo de veinticuatro horas. Cuando dejamos de reír, le pregunto:
- ¿Te gustaría que fuera niña?
- No he pensado mucho en ello, - miente descaradamente. Si algo hace Peeta desde que nos enteramos del embarazo es pensar en mí y en el bebé. – pero creo que me gustaría estar rodeado por las dos mujeres más importantes de mi vida. Sobre todo si se parece a ti.
Las dulces palabras de Peeta juegan con mi imaginación y me transportan a una mañana de primavera del futuro próximo, donde una revoltosa niña juega con los rubios rizos de su padre sentada sobre la hierba de nuestro jardín. La risa de bebé flota en el aire más cautivadora aún que el canto de los sinsajos. Padre e hija se levantan y corren en mi dirección con una sonrisa tan radiante como el propio sol. No les puedo ver la cara porque la luz del atardecer solo me deja ver su silueta recortada a contra luz, pero a Peeta lo reconocería de cualquier forma. Sé que la niña tiene que ser nuestra hija, porque cuando se acercan más le veo sonreírla de esa forma que tiene, o tenía hasta ahora, solo reservada para mí.
- Quédate conmigo. – le pido a Peeta, dejándome mecer por su cercanía.
Antes de que el sueño me arranque de sus brazos, noto su beso de buenas noches en mi nuca y escucho el suave susurro que sé que irá acompañado de la única respuesta que ambos concebimos:
- Siempre.
Dulce capítulo que espero que hayáis disfrutado. Poco a poco vamos avanzando en el embarazo y vamos adentrándonos en los meses escabrosos en los que Katniss tendrá que hacer frente a la realidad.
Tengo previsto actualizar mucho más seguido en cuanto dejé atrás la época de exámenes. Mientras tanto, haré todo lo que pueda por subir nuevos capítulos. Como siempre, estoy aquí para responder a todos los comentarios que queráis dejarme. Gracias por seguir ahí :)
¡Nos leemos pronto! Besos 3
P.D: Recordad que podéis pasaros por la página de facebook del fic para las últimas noticias, opiniones y todo lo que se nos ocurra ;) Os animo a que clickéis en Me Gusta y os unáis a la gente que ya apoya el fic desde allí. www facebook com/unlagoyunacancion (los espacios son puntos).
En respuesta a los reviews:
nati: ¡Gracias a ti por leerlo! Espero que hayas disfrutado de la película tanto como yo. Ya la he visto dos veces jejeje Una vez más, Haymitch sacando a relucir ese lado humano, aunque algo tosco, y paternal que le sale con Katniss en apuros. Sin duda, uno de mis personajes favoritos. ¡Nos leemos pronto! Un abrazo :D
Natalie: Estaba tardando en llegar jajaja Me alegro mucho de que la reflexión final te gustara, no hay nada que más nos cueste que aprender de nuestros errores ;) Espero que hayas disfrutado del cap. ¡Nos leemos! Besos ^^
Sammy: ¡Mil gracias! Aquí tienes una nueva entrega. ¡Besos! :D
