Capítulo 88: Mañanas de fin de año

- ¡Hija de la gran…!

Los despertares de Haymitch siempre van acompañados de blasfemias de lo más variopintas, aunque cuando soy yo la que se encarga de traerle de vuelta al mundo real parece superarse. Supongo que los medios de los que me valgo no son tan agradables como los de Peeta o la propia Sae…

- Deja de gruñir de una vez y sube a ducharte. Son las once y aún tienes que matar uno de tus gansos y llevárselo a Peeta para que lo prepare para esta noche. – le hablo por encima del hombro mientras trato de recoger un poco el desastre que es su encimera.

En cualquier otra situación no metería un solo dedo en la porquería que rodea siempre su fregadero, pero teniendo en cuenta que pretendo comerme el ganso que mate ahí apoyado prefiero que esté limpio, aunque eso signifique tener que hacerlo yo misma.

- Creo que acabo de hacerlo… - gruñe mientras se seca la cara con un trapo. – Cualquier día harás que coja una pulmonía.

Me giro al oír sus palabras y su comentario me transporta a otro invierno y a otro diciembre. Otra nieve cubre el alfeizar de la ventana por la que voy a salir en unos instantes y son otros los ojos que me miran desde la mesa, a pesar de ser los mismos. Más tristes, más apagados e infinitamente más preocupados.

Aunque los ojos de Haymitch siguen siendo del característico gris de la Veta, han ganado en juventud con el paso del tiempo, por contradictorio que parezca. Quiero creer que, además del hecho de que los Juegos y la guerra hayan acabado, Peeta y yo también tenemos algo que ver en eso. Quiero creer que somos parte del motivo por el que Haymitch ha recuperado un poco la ilusión de vivir, aunque nunca la recupere del todo.

Vuelvo al presente, lejos del recuerdo de la fría mañana del primer día de la 74ª Gira de la Victoria. Encaro de nuevo el desastre que es la encimera y me pongo a limpiar sin pensar mucho en lo que estoy haciendo mientras oigo los renqueantes pasos de Haymitch escaleras arriba, gruñendo incoherencias camino de la ducha. Mientras adecento el lugar lo suficiente como para poder matar y preparar el ganso, reparo en lo diferente que es la mañana de hoy comparada con aquella de hace ya cinco años. A pesar de ser blanca y de cielos grises como esta; a pesar de estar bajo el mismo techo e incluso en la misma compañía; a pesar de ser más o menos la misma fecha; a pesar de todo, nada tiene que ver el presente con aquello.

Hoy es fin de año. El distrito entero está emocionado de poder darle la bienvenida a otro año más en una nueva era para Panem y yo, embarazada y enamorada, voy a poder disfrutar de ello sin el peso de tener los ojos del Presidente Snow y de todo el país sobre mí.

Cero coincidencias. Nada que ver. Y si me lo hubieran dicho por aquél entonces, me habría reído a más no poder. Fuera de peligro, "ya claro". Para lo de enamorada y embarazada ni tan siquiera hubiese gastado saliva. Qué ideas…

Negando para mí misma por la ironía del asunto, sigo con la ardua tarea de desinfectar la cocina en lo que mi mentor se ducha y cuando he terminado le dejo una hogaza de pan de nueces y un vaso de leche sobre la mesa. Aunque ambos lo neguemos vehementemente, nos seguimos preocupando el uno por el otro.

Salgo de casa de Haymitch justo a tiempo para ahorrarme la desagradable visión que es él con la única cobertura de una toalla y le grito que se dé prisa antes de cerrar la puerta.

Me encojo en la cazadora de mi padre, que dentro de poco no me dará para atar, y tomo el camino a la ciudad para hacer un par de compras y pasar a buscar a Peeta a la panadería. Insistió en abrir medio día para que todo el mundo tuviese pan fresco y alguna que otra tarta para la cena de hoy. Thom y una docena más de hombres hicieron un buen trabajo despejando de nieve, no solo el centro, sino también los caminos que lo comunican con la Aldea y con la Veta, así que paseo tranquilamente sin preocuparme por el hielo.

Al llegar me dirijo a paso ligero al Nuevo Quemador, sin entretenerme mucho en la plaza y sus aledaños. Aunque casi todos se han enterado ya de mi embarazo (obviamente no por mí), son pocos los que lo han visto con sus propios ojos teniendo en cuenta que antes no se me notaba y que nos hemos tirado dos semanas incomunicados en casa a cuenta de la nieve. Los cuchicheos y miradas furtivas que se forman mi paso me incomodan tanto como siempre, a pesar de llevar toda la vida soportándolos. Aunque haya cambiado el motivo con el paso del tiempo (antes de los Juegos por mi "audacia" al ser capaz de aventurarme tras la valla y cazar; después por ser la reciente y flamante Vencedora de Los Juegos del Hambre; y ahora, por ambas y por razones obvias) sigo siendo igual de torpe lidiando con ello.

Cruzo la puerta del mercado como un obús y me planto frente al desbordado mostrador de la carnicería que antes de la guerra regentaba Rooba. Hace poco me enteré de que la mujer murió de una tonta caída en el bosque tras refugiarse allí con el resto del distrito cuando el bombardeo. Nada trágico, simplemente mala suerte.

Le pido al nuevo carnicero que me cobre el pedido que hice el día anterior y salgo de entre la muchedumbre lo más rápido que puedo, haciendo caso omiso de las indiscretas miradas que le echan a mi tripa las marujas de la ciudad. Jamás he podido con ellas. Tras un par de fugaces compras más en la verdulería y un breve paso por el restaurante de Sae para saludar, me encamino a la panadería, pidiendo al cielo con todas mis ganas que esté tan vacía como mi estómago las mañanas de invierno de hace no tantos años.

Obviamente, no hay suerte.

La panadería, que siempre ha sido punto de reunión y última parada para todas las cotillas de este distrito, está a rebosar de gente. Padres con hijos comprando dulces, trabajadores comprando un tentempié a media mañana, mujeres cargadas hasta los dientes con bolsas de la compra… y cotillas. Muchas cotillas. Más chismosas y marujas por metro cuadrado de las que he visto en mi vida. Lógicamente, no iban a dejar pasar la ocasión que brinda la alocada mañana del último día del año para ponerse al tanto de las últimas novedades con las que cerrar 365 días más. Y las novedades este fin de año, para variar, se centran en mí y en el hombre que regenta el establecimiento con una eterna sonrisa en los labios.

Me veo obligada a entrar a la panadería por la puerta principal tras comprobar que la trasera está ocupada por un muy sudado Bun trayendo y llevando de acá para allá sacos y sacos de harina. Trato de pasar inadvertida entre la gente que se agolpa a la entrada y frente a los expositores, admirando el trabajo de Peeta y sus ayudantes y haciendo cola para ser atendidos. Peeta no me ve hasta que casi estoy a su altura al otro lado del mostrador y, cuando lo hace, me sonríe como si no hubiese mañana. Le hubiera respondido con la misma sonrisa, pero las dagas inquisitivas de la mirada de más de media panadería clavándose en mi nuca me hacen sonrojar y apurar el paso. Cuando paso a su lado de camino a la trastienda, Peeta no deja de lado la oportunidad de darme un beso y susurrarme al oído:

- No seas tonta. Todos hablan más porque saben que les haces caso. No hay de qué avergonzarse. ¿O sí?

Me deleita con otra sonrisa y yo niego con la cabeza, sabiendo que tiene razón pero que no puedo hacer nada para evitarlo. Le respondo con un pequeño beso antes de pasar a la parte trasera a dejar las bolsas de la compra y a alejarme del tumulto de la entrada.

- ¿Agobiada, señorita? – me pregunta Dough entre risas mientras trabaja en la masa de algo cuando me oye entrar y cerrar de un portazo la puerta que comunica con la parte delantera de la tienda.

- Vete a la mierda, Dough. – le respondo, dejando las bolsas sobre la mesa del cuartito que hace las veces de oficina.

- Vamos mujer, que tampoco es para tanto. Es normal que la gente quiera saber. Al fin y al cabo, eres el Sinsajo y estás embarazada del hijo pródigo de la ciudad y tu co-vencedor en los Juegos.

- Gracias por el recordatorio. – contesto irónicamente. A veces es como un grano en el culo.

- Si me permites un consejo, Katniss. – se aventura Bun entre jadeo y jadeo cuando entra para dejar otro saco de harina. – No te escondas. Sabes lo cotilla que es la gente en este nuestro maravilloso distrito, así que cuanto más trates de ocultarlo más querrán indagar sobre ello.

- ¡Pero yo solo quiero que me dejen en paz! ¿Tan difícil es? – pregunto yo retóricamente dejándome caer en la silla más cercana al escritorio.

- Vaya tontería… ¡claro que lo es! – vuelve Dough a la carga. - Eres la cara de la Rebelión y estás preñada. ¡Eres un pozo sin fondo de cuchicheos!

- Vamos, tío. No estás ayudando nada… - le reprende Bun cuando vuelve a entrar con otro saco, aunque no puede hacer mucho por ocultar una pequeña sonrisa.

Dough me mira por encima del hombro entre risas y añade:

- Vamos, Katniss, alegra esa cara. Bun tiene razón. Cuanto antes demuestres lo feliz e ilusionadamente embarazada que estás, (porque ambos sabemos lo feliz e ilusionadamente embarazados que estáis) – asegura rotundamente señalando hacia la puerta tras la que se encuentra Peeta. – antes lo aceptará la gente y antes dejaréis de ser una novedad, más o menos… Sí o sí vas a tener que pasar por ello, así que tú sabrás si quieres que sea rápido e indoloro o lento y tortuoso.

Su voz cantarina al final de la frase queda bailando en el aire mientras yo, internamente, les doy la razón a ambos. Está en mi mano hacer de esto la situación más normal del mundo y contagiar a la gente del mismo pensamiento. Al fin y al cabo, puede que las cosas no hayan cambiado tanto y la gente siga fijándose en mi actitud para amoldar la suya propia.

- Tortuoso va a ser de todas formas… - contesto al aire con un suspiro exagerado, haciendo que Dough y Bun rompan a carcajadas mientras siguen con su trabajo.


¡Sí! ¡He vuelto! Me complace comunicaros que ya no hay más exámenes a los que rendir cuentas y que, como he aprobado todo, tengo todo el tiempo del mundo para escribir hasta finales de enero ^^ Ya os dije que cuando volviese sería para darnos un buen atracón, así que no os llenéis mucho durante las cenas de estas navidades y dejad un huequito para la lectura. Ahí, sí, justo al lado del cordero y por debajo de esa deliciosa tarta ;)

Bueno, desvarios aparte, espero que hayáis disfrutado de este capítulo ligerito y protagonizado en parte por Dough y Bun. Dos personajes a los que, a pesar de aparecer poco, les tengo mucho cariño.

De cara a los próximos capítulos: el siguiente está terminado y listo para subir en cuanto le de los últimos retoques, ¡así que estaos atentas!

Una vez más, mil gracias a todos los que anonimamente o no, estáis ahí cada vez que actualizo. Es un placer teneros como lectores y más agradable aún saber que os gusta lo que hago con tanto esmero.

¡Nos leemos MUY pronto! ¡Besos y FELIZ NAVIDAD A TODOS! :D

P.D: Id haciendo estómago para el próximo capítulo. Tengo el presentimiento de que vais a amarlo tanto como yo... ;)

En respuesta a los reviews:

Sammy: ¡Y yo lo leí en cuanto lo dejaste! jajajaja Me alegro mucho de que te gustara :) Mil gracias por dejarme estos maravillosos comentarios. ¡Nos leemos! Un abrazo y feliz navidad :D

Nati: ¡Gracias a ti! Siento haberme demorado más de la cuenta, pero ha sido por causa de fuerza mayor. Ahora que ya me he librado de la universidad hasta nuevo aviso, os tendré bien suplidos de capítulos. Espero que los disfrutes tanto como hasta ahora. ¡Besos! Feliz Navidad ^^