Capítulo 90: Año nuevo vida nueva

Volvemos a casa con los ojos rojos y las narices moqueando. A mí el embarazo me ha hecho más susceptible a cualquier emoción, ya sea buena o mala, y Haymitch supongo que se ha permitido ser débil por primera vez desde hace mucho tiempo. Sé cómo funciona, y por eso estoy orgullosa de haber sido su paño de lágrimas. Cuando entramos por la puerta, Peeta nos está esperando sentado a la mesa cortando un poco de pan. Llegamos claramente tarde.

Nos oye, nos mira y nos observa. Ve nuestras expresiones, cansadas de tanto llorar y sufrir, pero aliviadas después de permitirnos una licencia que pocas veces nos permitimos. Ser fuerte cuando a otros ya se les habría permitido derrumbarse es tan estúpido como difícil. Peeta nos sonríe y nos dice que llegamos justo a tiempo. No puedo hacer nada más que amarle.

La cena pasa mucho más alegre de lo que en un principio hubiese esperado. Todo es mérito de Peeta, por supuesto. Aun con Haymitch más ausente de lo habitual, maneja la situación estupendamente y llena los silencios que acabarían siendo incómodos con su pico de oro. Cerca de la medianoche y habiendo disfrutado de una maravillosa cena, nos sentamos frente al televisor. Paylor le habla a la nación, recordándonos a todos lo que un nuevo año simboliza, lo que para todos debe significar poder vivir un año, un mes, un día más al lado de nuestros seres queridos. Cruzo una mirada con Haymitch. Hoy todos parecen intentar decirme la suerte que tengo y lo idiota que sería si la dejara escapar. Personalmente, siempre he sido de las que piensan que la suerte es de quien lucha por ella, pero no por eso voy a dejar de estar agradecida.

Antes de que el reloj marque las doce, Peeta llena tres copas con un poco del champán que trajimos de casa de Haymitch y nos tiende una a cada uno. Exactamente con la última campanada del reloj que tenemos sobre la chimenea brindamos por el año que acabamos de dejar atrás y por el que inmediatamente le sucede. Un año que se va, que ha sido el más arrollador de mi vida por todo lo que ha pasado (que ya es decir, teniendo en cuenta el historial…) y otro que viene, amenazando con dejar a la altura del betún este último. Pase lo que pase y venga lo que venga, sé que no tendré nada que temer con estos dos hombres a mi lado.

Brindamos por nosotros, por nuestra familia, por el pasado que dejamos más atrás todavía y por el futuro que aún nos espera. Por los que están y por los que se fueron sin avisar. Por los que se fueron para no volver y por los que necesitaron irse para olvidar. Pero sobre todo brindamos por hacer valer el presente, que es el resultado del pasado y los cimientos del futuro, así que más nos vale que sea digno de recordar.

Le doy un suave beso a Peeta, disfrutando del sabor del champán en sus labios en nuestro primer fin de año juntos. Disfruto del amor, que si me preguntaran como sabe diría que sabe a sus labios, siempre calientes y suaves, que no se resquebrajan ante el frío como los míos y que no sucumben ante torturas. Diría que sabe a él y huele a canela y eneldo con un poquito de olor a bosque y libertad, que algo de mi parte habrá que poner. Antes solo le reconocía a él en nuestros besos, su amor y su entrega. Ahora nos saboreo, huelo y siento a ambos, porque esto es cosa de dos y nadie nunca podría convencerme de lo contrario. Le amo y jamás daré por sentado lo mucho que lo hago después de todo lo que le he echado de menos. Le perdí, me perdí y nos encontramos. Y eso es lo único que importa.

Haymitch carraspea y nos separamos entre risas. Antes de que pueda objetar le abrazo fuertemente, dejándole sentir todo lo que con palabras no soy capaz de expresar. Aunque al principio trata de hacerse un poco el duro, enseguida cede. Hoy no es el día para serlo. Peeta se nos une envolviéndonos a ambos y eso ya sí parece despertar al Haymitch de siempre, que empieza a revolverse y a decir que las chorradas y cursilerías son para los ya-no-tan-trágicos amantes del Distrito 12. Aun así, cuando se separa y se recoloca la camisa, puedo ver un atisbo de una pequeña y genuina sonrisa sobre sus labios.

Salimos entre risas al frío y nevado jardín trasero de casa para ver los fuegos artificiales que están tirando desde la Pradera. En silencio observamos cada estallido de color que ilumina el cielo nocturno. Peeta me abraza por los hombros y yo reposo la cabeza sobre uno de los suyos. Con un brazo rodeo su cintura y con el otro busco la mano de Haymitch, que está de pies a mi lado. Entrelazo nuestros dedos dentro del bolsillo de su chaqueta. No nos miramos, no nos decimos nada, pero nada hace falta cuando con un roce se dice todo.

No tardamos en volver dentro, encogidos por el frío de la noche abierta que recibe el año. Peeta y Haymitch juegan un par de partidas de ajedrez mientras yo llamo a mi madre y nos turnamos para hablar con Annie, Johanna e incluso el pequeño Finnick. Llama Effie, con la que hace meses que no hablamos, y no es de extrañar que Haymitch sea el que más tiempo al teléfono pasa. Nunca he sabido que se cuece entre ellos dos, pero me alegro de que se dediquen más tiempo del que parece. Coqueteo con la posibilidad de llamar a Gale y felicitarle el año, pero aún estoy un poco abrumada con la cercanía de su boda, así que prefiero dejarlo estar y no arriesgarme a ser avasallada con preguntas de si asistiré o no.

Pasadas las tres, nuestro mentor decide que es hora de dormir y deja su sitio frente a la chimenea para irse a casa. Tanto Peeta como yo insistimos en que se quede, pero cuando no hace ni una sola broma sobre no querer oírnos por la noche, lo dejamos estar. Necesita su tiempo y una buena cantidad de alcohol para digerir las emociones del día y nosotros no podemos hacer nada por impedirlo.

El confortable silencio se alarga un rato después de que Haymitch se vaya. Miramos el fuego, el primero que encendemos este año, y nos dedicamos a disfrutar el silencio que le ha seguido a las explosiones de cada uno de los cohetes. Veo las llamas arder y me veo a mí misma avivándolas cinco años atrás, siendo engullida por ellas hace tres y resurgiendo de sus cenizas poco después. Me veo reflejada en el fuego, marcada física y mentalmente por él, y decido que he hecho honor a mi apodo de Chica en Llamas de todas las formas posibles menos de una. Recuerdo la profecía, intencionada o no, de Cinna con aquellos maravillosos vestidos que me sirvieron de armadura frente a todo Panem primero y que estuvieron a punto de ser mi mortaja poco después. Recuerdo las palabras de Haymitch, las que salieron de su boca y las que yo misma reproducía en mi mente con cada regalo que me enviaba a la Arena. Recuerdo la mirada de Prim, que vio más allá de lo que llegó a vivir, y recuerdo la sonrisa de mi padre, que consiguió tranquilizarme incluso después de haber desaparecido.

Recuerdo todo por lo que merece la pena seguir viviendo, y miro hacia el futuro, en el que mi hijo y Peeta son una constante aunque el escenario cambie. Ellos, junto a mí misma, son ya los protagonistas de mi vida y, pase lo que pase, lo seguirán siendo hasta el día en que me muera.

Sé que para ambos, nada podrá cambiar lo que somos el uno para el otro, pero decido usar por última vez el fuego que tanto me ha dado y que tanto me ha quitado en mi vida. Decido usarlo por primera y última vez siendo consciente de todas las consecuencias que ello conlleva, sabiendo de antemano que será la vez que más feliz me haga pasar la mano sobre él. Será mi quemadura más preciada y no se irá por muchos arreglos que me hagan, por mucho que traten de cambiarme o por mucho que pueda arrugarme con el tiempo. Durará tanto como tantos años viva.

Así que, cuando levanto la cabeza del hombro de Peeta y le miro a los ojos, le digo:

- Te amo.

Peeta me sonríe, como siempre lo hace, pero sonríe como jamás le he visto sonreír cuando le tiendo una rebanada de pan que he alcanzado de la mesita y tiro de él hacia la chimenea, hacia el fuego, hacia mi elemento.

Ambos tostamos el pan y nos lo ofrecemos el uno al otro. No hay palabras, solo miradas, caricias y besos. Y así, frente al fuego, nuestro ahora, le damos la bienvenida al nuevo año. El primero del resto de nuestras vidas.


¿Sorprendidos? Espero que sí ;)

No tengo mucho más que añadir, solo que espero que hayáis disfrutado tanto como siempre. Ahora sí, feliz 2015 a todos.

¡Nos leemos pronto! Besos :P

www facebook com/unlagoyunacancion

En respuesta a los reviews:

KEKA: Me alegro mucho de que el fic haya hecho tu año un poquito mejor. Mi único objetivo escribiendo esto es que os divirtáis tanto como yo y saber que os ayuda en vuestro día a día, sea de la forma que sea, es el mejor regalo que me podríais hacer :) Espero que te vaya muy bien allá donde vayas y que el fic siga recordándote que, aunque estemos lejos de los que amamos, nunca dejaremos de tenerlos cerca si los recordamos. ¡Un beso y nos leemos pronto! Feliz año :D

nati: ¡Me alegro mucho! ^^ Ya has leido la "sorpresa" ;) ¿Qué te ha parecido? Estoy ansiosa por saber qué opináis. ¡Nos leemos pronto! Un abrazo y feliz año :D