Capítulo 92: Juegos

Dos meses pasan y, muy a mi pesar, marzo hace acto de presencia. Acto de presencia hace también mi barriga de casi ochomesina, tan voluptuosa como nunca pensé que pudiera serlo. Si con cinco meses correr ya era imposible, ahora lo es casi hasta andar. Ya no ando, anadeo.

Horrible.

La nieve se ha ido con febrero, lo que me ha facilitado bastante mi deambulación por el distrito, pero el frío aún persiste cada mañana, anclándose al doce un poco más de lo que suele ser habitual. Sin embargo, las flores más tempranas como las prímulas de nuestro jardín ya han empezado a mostrar sus incipientes pétalos multicolores, recordándonos que la primavera llegará en todo su esplendor de un momento a otro.

Igual que lo hará la boda de Gale a finales de este mes, justo cuando yo cumpla ocho meses de embarazo y sea todavía más torpe, si cabe.

Miro por la ventana, disfrutando de un inusualmente despejado atardecer de principios de marzo en el Distrito 12. Me mezo en la mecedora y me relajo un rato más, con las manos posadas sobre mi barriga, sintiendo los cada vez más enérgicos movimientos del bebé. El sol casi se ha escondido por el horizonte cuando los brazos de mi marido me envuelven desde atrás y sus manos reposan sobre las mías.

- ¿Estás conmigo? Llevas mucho rato observando por la ventana. – me dice Peeta mientras me besa la sien, tratando de ocultar el tono preocupado de su voz.

- Sí, - le tranquilizo – sigo aquí. Es solo que me he quedado pensativa.

Con mi respuesta Peeta parece destensarse un poco, pero no abandona su pose protectora. Sus manos siguen sobre las mías, sus brazos me envuelven en su calor y sus labios reposan sobre la base de mi cuello, poniéndome la piel de gallina.

- ¿Y qué te tiene tan pensativa? – reclama en tono relajado.

- Nada en concreto. Lo bonito que se ve hoy el atardecer, supongo.

Atardeceres como los de hoy me recuerdan al último que viví junto a Peeta antes del Vasallaje. Aquel precioso atardecer desde el tejado del Centro de Entrenamiento, uno de los últimos que pensé que viviría. Y, contra todo pronóstico, aquí estoy hoy, habiendo perdido la cuenta de los que he vivido después de ese, casada con el panadero que siempre me amó en secreto y a punto de convertirme en la madre de su hijo.

- Sí, el de hoy ha sido precioso. – coincide.

El silencio nos envuelve durante un rato, perturbado solamente por el crepitar del fuego de la chimenea que hace pocas semanas contempló nuestro tueste, haciendo de melodía perfecta para los dos mejores meses de mi vida.

Jamás pensé que el tueste podría llegar a significar tanto para mí. Desde que estoy con Peeta me siento unida a él, más aún desde que comprendí que lo amaba. No creí nunca que una boda, ya fuera por medio del tueste o con toda la parafernalia capitolina, pudiera hacerme sentir más cerca de Peeta de lo que ya lo estaba. Y sin embargo, así fue.

Quizá fuera ver la devoción y dicha en los ojos de Peeta al ofrecerme el pan. Quizá fuera el darme cuenta de que no eran más que el reflejo de los míos. Quizá fuera el amor con el que nos amamos aquella noche, igual que todas las anteriores y tan distinta a la vez. Quizá lo fuera todo junto o tal vez no fuera nada de eso, pero cuando le ofrecí el pan tal y como hiciera él muchos años atrás, sentí mi deuda saldada. Ya no le debía nada, y sin embargo ahí seguía, a su lado, porque no podría imaginarme otra vida que no fuera esa. Así que me endeudé hasta las cejas, ambos lo hicimos, y nos prometimos formalmente cuidar el uno del otro, como si hiciera falta decirlo, durante el resto de nuestros días.

El silbo de la olla a presión nos saca a ambos de nuestro ensimismamiento y Peeta se apresura a la cocina.

- Enseguida estará la cena. – me dice antes de irse, besándome de nuevo en la cabeza.

Asiento distraída y sigo mirando por la ventana un rato más, subiéndome la manta hasta los hombros para compensar la falta de los brazos de Peeta, y observo el anochecer, cada vez más oscuro y profundo.

Pienso en Gale, en algún lugar más al oeste donde aún es de día, preparando la boda que en nada ocupará las primeras planas de todos los periódicos de Panem y que abrirá los telediarios de la nación durante al menos una semana. Es el primer gran evento tras la Guerra, por lo que todos lo esperan como agua de mayo. Aunque ha habido conmemoraciones a los caídos y decenas de estatuas han sido erigidas en su honor a lo largo y ancho del país, nada ofrece más esperanza a un pueblo en posguerra que la promesa de futuro, que es justo lo que representa la boda de Gale, a falta de la mía.

Al parecer y según Haymitch, todos en el Gobierno esperaban la nuestra, pero como nunca ha sucedido han preferido aprovechar la de mi amigo, por si yo nunca daba el paso. Alentador, sin duda.

Ni nuestro mentor ni nadie sabe aún que nos hemos casado en secreto. Para mí es algo íntimo, privado, un pequeño resquicio de libertad en un mundo que sigue sin ser libre, por mucho que nos rebelemos. Sé que para Peeta es diferente, sus pensamientos siempre son diferentes, y que si por él fuera lo pregonaríamos a los cuatro vientos, más aún si con eso ayudamos a la gente a salir poco a poco adelante. Yo soy más egoísta, y creo que estoy en mi derecho después de todo, así que prefiero que siga siendo así, solo nuestro. Sabrán salir adelante ellos solitos.

Cuando Peeta por fin me llama para cenar, estoy medio dormida en la mecedora. El cielo se ha oscurecido por completo y las tenues luces de las farolas del distrito alumbran ahora el pavimento. Destemplada, me encamino a la cocina y me sorprendo al entrar y ver a Haymitch acodado en la mesa con un vaso de vino en la mano. Obviamente, lo del vino no es lo que me sorprende, sino que haya venido a estas horas.

- No sabía que venías a cenar. – le gruño a modo de saludo frotándome los ojos primero y la barriga después.

- Ni yo pensaba que tú seguías siendo capaz de ponerte en pie. Estás… enorme. – contesta haciendo círculos imaginarios con su dedo índice alrededor de mi persona.

- Vete a la mierda. Me has visto ayer.

Me siento en la silla con un proceso demasiado lento y demasiado torpe. Ahora todo lo hago demasiado lento o demasiado torpe, o ambas cosas juntas.

- Sí, pero cada vez que te veo me parece que estás a punto de reventar. – sigue en su tono habitual. Tras pegarle un sorbo al vino, añade: - Aun no entiendo cómo te dejaste hacer eso…

Le echo una mirada asesina, muy propia de mí, a pesar de que yo misma me he preguntado lo mismo muchas veces durante estos meses. Sobre todo cuando no puedo dormir como quiero, ni ducharme como quiero, ni andar como quiero, ni hacer el amor como quiero, ni hacer nada como quiero. Luego siento al bebé moverse y se me pasa, pero sigo angustiándome de vez en cuando.

- Tengamos la cena en paz. – interviene Peeta posando la cazuela de sopa sobre la mesa y sentándose en el hueco libre a mi lado.

Cenamos tranquilamente a pesar del sarcasmo de Haymitch y de mis fluctuaciones hormonales, que me tienen eufórica un momento y depresiva inmediatamente después. Tras la sopa y el pescado, Peeta sirve un plato de tarta de queso para cada uno, de la que yo acabo repitiendo. Como con ganas, deleitándome con el increíble sabor de la frambuesa fusionándose en mi paladar con el queso. Estoy rascando del plato los últimos resquicios de la deliciosa base de galleta cuando Haymitch rompe el agradable silencio que se había instaurado durante el postre.

- Paylor me ha llamado esta tarde.

Sus palabras cuelgan suspendidas en el aire, enrareciendo la atmósfera de la cocina y tiñéndola en tonos oscuros y fríos en cuestión de segundos.

Paylor nunca llama.

- ¿Y qué quería? – pregunta Peeta en lo que parecería un tono despreocupado si ni Haymitch ni yo le conociéramos como le conocemos.

Levanto la vista del plato, sabiendo que no me queda más galleta que rebañar, y dirijo mi mirada hacia mi mentor. Y en este instante es como si nada hubiese cambiado, como si siguiésemos dentro de los Juegos, luchando minuto a minuto por un futuro que jamás tendremos, agarrándonos a la esperanza aunque sea un clavo ardiendo. Es como volver atrás en el tiempo, sentados los tres alrededor de una mesa parecida a esta, en una casa al lado de esta, pero en una situación completamente distinta a esta. Es como revivir aquellos momentos de angustia, momentos en los que me comunicaba con mi mentor sin palabras, momentos en los que Peeta quedaba fuera de nuestro juego, aun sin que nos diésemos cuenta. Y en este instante es como si nada hubiese cambiado, como si siguiésemos dentro de los Juegos, porque sigo pudiendo comunicarme con Haymitch con tan solo mirarlo, porque Peeta sigue quedándose fuera, aun sin que nos demos cuenta.

Así que antes incluso de que lo diga en voz alta, antes de que Peeta pueda confirmar lo que sospecha, yo ya sé lo que pasa. El gris de los ojos de Haymitch me lo cuenta, lúgubre y pesaroso. No hay fiereza, no hay desafío ni promesa. Solo tristeza, resignación y un poco de rabia. Ese poco que siempre queda.

Y yo sé descifrar lo que significa. Para mí es como un juego de niños, tan sencillo como abrazar a Peeta cada mañana y tan fácil como besarle cada noche. Es tan natural como respirar, y desearía que no lo fuera, porque así no sabría que tenemos que volver a jugar. Así no sabría, que otros Juegos nos esperan.


Espero que la espera haya merecido la pena :)

Entramos en la recta final del fic (por favor, nada de histeria a la hora de leer la palabra "final". Es solo el principio de la recta final, aún nos quedan muchos capítulos jejeje) y los problemas se multiplican para Katniss y Peeta. Os tendré especulando sobre este capítulo poco tiempo, no sufráis ;)

Una vez más (no sé como decirlo ya), me siento inmensamente agradecida por vuestra dedicación y entrega con este fic. Soy un poquito más feliz cada vez que alguien lo lee, aunque no se deje caer por los comentarios ni active las alertas. Os estoy agradecida a TODOS, absolutamente a TODOS, y espero que sigáis ilusionándoos conmigo y con esta historia hasta el día que toque decirle adiós. De nuevo también, gracias por vuestra infinita paciencia.

¡Nos leemos pronto! Besos 3

En respuesta tardía a los reviews del capítulo anterior:

nati: Muchas gracias por tus palabras :) Me siento como una niña con zapatos nuevos cada vez que me escribís un comentario. Me alegro mucho de que el capítulo te encantase, me hace sentir aún más orgullosa, si cabe. Gracias a ti por dejarte caer por aquí tras leer cada capítulo. Te espero ansiosa en el próximo. ¡Nos leemos pronto! Besos 3

Sammy: Disfrute muchísimo, eso no lo dudes :)) Me alegro de que para ti fuera igual. Espero leerte en el proximo. ¡Un abrazo fuerte! :D

sole713: No importa cuanto tardéis en dejarme un review, siempre son bien recibidos :D Me encanta saber que el capítulo te ha llegado al alma y que no solo te has quedado con el lemmon (no deja de ser una parte complementaria de la verdadera historia, aunque me alegro de que os guste también). A partir de ahora veremos mucho más de esa Katniss reflexiva. ¿Será la maternidad? jajaja ¡Nos leemos pronto! Gracias por estar ahí :)

Gpe 77: Sí, ya estamos cerquita jajaja Respecto al POV de Peeta, puede que tengamos alguno, aunque no pienso deciros cuando. Será sorpresa ;) Respecto a qué país pertenezco, soy de España. Mil gracias por todo, nos leemos pronto ^^ Un abrazo.

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