Capítulo 93: Dos ases en la manga

- Haymitch, ¿qué quería Paylor? ¿Por qué te ha llamado?

El tono urgente de Peeta, incapaz de ocultarlo más, se eleva por encima del silencio sepulcral en el que está sumida la cocina, la casa, la Aldea y creo que hasta Panem. Si fuese verano oiríamos a los grillos cantar, el murmullo del riachuelo resonar, las hojas de los árboles agitar y hasta a las moscas volar. Pero aún es invierno, duro y vasto invierno, y los grillos todavía esperan el calor del verano que está por llegar, el pequeño río al deshielo comenzar, los árboles a sus ramas poblar y las moscas a sus huevos eclosionar.

El silencio ha sido breve, siete u ocho segundos a lo sumo, pero para mí ha sido lo suficientemente eterno como para entender, analizar y juzgar la mirada de Haymitch. Ha sido uno de esos silencios por los que uno vale más por lo que calla que por lo que habla. Para Peeta ha debido de ser también suficientemente largo, porque no ha tardado nada en tirar por la borda su autocontrol y exigirle a nuestro mentor respuestas. Respuestas que nosotros ya conocemos.

- Tenemos que volver a jugar.

Mi voz suena fría, dura, calculadora. Suena como aquella chica que recorría las calles de un Capitolio en guerra movida única y exclusivamente por la sed de venganza y el odio, contra todo y contra todos. Mis ojos no abandonan los de Haymitch en ningún momento cuando lo digo y puedo ver la ligera mueca de satisfacción que se forma en su cara cuando me oye. Sabe que lo sé, sabe que le entiendo, y se alegra de que no hayamos perdido eso aún después de tantos años.

- ¿Qué? ¿Jugar? ¿Jugar a qué? ¿¡De qué demonios estás hablando, Katniss!?

Peeta se altera, entendiendo que nos hemos vuelto a comunicar sin que él se dé cuenta, y se frustra, como yo lo haría si la situación fuese a la inversa. Bueno, seguramente yo me frustraría y enfadaría a partes iguales. Haymitch entiende que es el momento de hablar en voz alta y expone con detalle la situación:

- Paylor os quiere en el dos para la boda de Gale. Sin peros. No va a admitir un no por respuesta. Tiene a toda la maldita nación pateando la puerta de su casa (en sentido figurativo, por supuesto) pidiéndole a gritos saber de vosotros. Os quieren ver, quieren saber cómo os ha tratado la vida estos años, quieren saber si seguís vivos. No quieren más rumores. Os guste o no, seguís siendo la cara bonita de la Rebelión, sobre todo tú. – dice señalándome. Me limito a poner los ojos en blanco. – Así que vosotros veréis como lo afrontáis, pero en menos de un mes tenéis que estar en el dos, asistiendo a una bendita fiesta más y sonriendo para las cámaras como si estuvieseis encantados de conoceros. No han cambiado tanto las cosas, ¿eh?

Haymitch se ríe con su propio chiste y yo me hundo un poco más en la miseria al oírle decir tantas verdades juntas y al darme cuenta de que esta vez no habrá bayas venenosas que me salven. Peeta suelta un suspiro de alivio, no sé muy bien a santo de qué.

- Está bien, iremos. – dice mi marido muy aliviado. - ¿Tanto para esto? Habéis conseguido asustarme.

¿Tanto para esto? ¿Cómo que tanto para esto? ¿Y cómo que iremos? Oh, no. Se avecina tormenta. Habían sido dos meses demasiado idílicos…

- ¿¡Cómo!? ¿Cuándo hemos decidido ambos que iremos? – contesto haciendo hincapié en "ambos".

Peeta me mira, yo le miro a él, Haymitch nos mira a los dos. Otro silencio más, éste tenso por motivos distintos, y sospecho por la cara de mi mentor que le gustaría irse antes de que todo estallara en mil pedazos. Peeta, con cara compungida y esperándose lo peor (¡ay!, mis queridas hormonas, ¿qué hacéis conmigo para que provoquemos este efecto?), se explica:

- Quiero decir que tampoco tenemos otra opción, amor. – comenta conciliador. – Si lo que dice Haymitch es cierto, que no entiendo por qué habría de ser de otro modo…

- Gracias… - murmura Haymitch entre dientes.

- …estamos atados de pies y manos. No nos queda otra. – termina Peeta.

- ¿¡Pero tú me has visto!? – grito. - ¡No pienses que voy a exponer a mi hijo a esto! –sentencio.

- ¡Por todos los cielos, Katniss! ¿Y qué pretendes hacer? ¿Esconderte hasta el fin de los tiempos? No nos queda más remedio que asistir. ¡También es mi hijo, pero no hay otra opción!

Y cuando Peeta me eleva la voz, aunque no la eleva ni un cuarto de lo que la elevo yo, rompo a llorar. Me supera la situación. Me supera estar embarazada, me supera estar casada, me supera tener que volver a ver a Gale, me supera tener que volver a plantarme ante las cámaras y me supera perder la comprensión de Peeta, aunque solo sea por unos segundos. En este momento, todo es superior a mí y me siento como un grano de arena en una playa, sin voz ni voto sobre mi propia vida, como ha sido siempre desde que me presenté voluntaria en aquellos malditos Juegos. Obligada a perder, obligada a ser una pieza más, obligada a jugar.

Peeta me acuna entre sus brazos y me pide perdón al oído una y otra vez. Sé que no estoy siendo justa, no ha dicho nada malo, pero que lo haga me reconforta. Lloro sobre su pecho, incapaz de ajustarme a su cuerpo como siempre lo he hecho, y lloro un poco más por eso también, porque le echo de menos. Echo de menos poder envolverme en sus brazos por completo y echo de menos abrazarle y sentir su pecho apretarse contra el mío. Igual que echo de menos salir a cazar, negociar en el Quemador o andar sin parecer un pato. Echo de menos millones de cosas que sé que recuperaré cuando nazca el bebé y esa es la parte por la que deseo que lo haga ya. Pero sin embargo está ese otro lado de mi mente, el que es oscuro y está lleno de cicatrices, que me grita una y otra vez, alarmado, advirtiéndome del peligro que correrá mi hijo desde el mismo instante en que abandone mi interior.

Haymitch borra de su cara la sonrisa burlona que había mantenido durante nuestra, para él divertida, discusión y me mira comprensivo. Jamás hubiese pensado que eso estuviese dentro del escaso repertorio emocional de Haymitch, pero irónicamente él será a buen seguro el que mejor pueda entenderme. También compartimos miedos.

- Escucha, preciosa. – empieza pausado cuando he conseguido apaciguar mis sollozos un poco. – El chico tiene razón. Esta vez no hay elección, y lo sabes. Si no os habéis tenido que enfrentar a esto antes es porque Paylor lo ha impedido. Las cámaras de Plutarch nunca han entrado en el doce porque ella no le dejó, por mucho que insistió. Esa mujer os aprecia, te aprecia, y se de buena tinta que se ha llevado sus buenos quebraderos de cabeza cada aniversario para justificar vuestra ausencia. Ella sabe lo que te debe, lo que te debemos todos, pero hay ciertas cosas que no puede evitar, y entre esas cosas está tú destino. Quizá el día que aceptaste ser el Sinsajo no entendiste por completo lo que significaba, quizá ninguno lo hiciéramos en realidad, pero esa decisión ya la tomaste y es algo que no se puede borrar. Está en tu mano decidir cómo quieres jugar tus cartas, pero ten claro que de una forma u otra vas a tener que jugarlas. No tienes opción. – sentencia. Tras una breve pausa, añade: - Sólo te queda negociar, como has hecho toda tu vida, por ti, por tu madre y por tu hermana antes. Por Peeta, por tu hijo y si tengo un poco de suerte quizá hasta por mí ahora. – dice, y consigue sacarme una sonrisa. – Seguimos siendo un equipo, Katniss. El chico y yo estamos aquí para apoyarte en todo lo que hagas. Sigues siendo el Sinsajo y seguirán teniendo que buscar la forma de bajarte la Luna si lo pidieras. Porque te lo deben, porque te lo debemos.

Sus palabras flotan en el aire como una balsámica armonía. Puedo contar con los dedos de una mano las veces que Haymitch se ha expresado de una forma como esta, casi como si fuese Peeta. Y ha debido de entender perfectamente mis miedos para haber decidido que ahora era el momento de hacerlo. Me entiende, me comprende, me quiere, como mi padre.

Peeta me besa la sien y sonríe sutilmente a Haymitch, dándole las gracias. Yo les miro, primero a Haymitch y luego a mi marido, y me siento querida y reconfortada, haciendo que toda la angustia que sentía hace unos minutos se vaya por el desagüe. Me siento apoyada, amada, valorada, y por primera vez en mi vida quiero jugar mis cartas por un motivo más noble que la venganza. Quiero jugar las cartas por amor, por futuro, por esperanza. Quiero jugar mis cartas y enfrentarme al mismo Juego de siempre, solo que esta vez no estoy sola. Esta vez tengo a estos dos hombres, mis dos ases en la manga.


¡Hola a todos y todas!

Quería comunicaros, sobre todo a los que aún no os habéis unido en www facebook com/unlagoyunacancion a nosotros, que esta semana estamos de celebración. El fic cumple UN AÑO desde su inicio (nuestros comienzos fueron en la página de potterfics) y por ese motivo esta semana será especial. Nos os voy a desvelar mucho, pero puede que tengamos alguna sorpresa ;) Lo dicho, os animo a que estéis atentos y a que os paséis por nuestra página de facebook, ya que por allí habrá sorpresas EXCLUSIVAS.

Pasada la euforia y volviendo al capítulo, espero que os haya gustado y aclarado cosas a algunos de vosotros, que con el anterior os habíais quedado un poco descolocados jajaja Como véis, las metáforas de los Juegos dan para mucho.

Lo dicho, estoy feliz de la vida de que sigáis ahí como hace un año e igual de feliz de que aún a estas alturas sigamos captando adeptos. Es todo un honor :)

¡Nos leemos pronto! (Mucho más pronto de lo que os esperáis... jijiji)

¡BESOS! :D

En respuesta a los reviews:

Gpe 77: ¡No hay de qué! Cualquier duda que tengas ya sabes que puedes preguntar :) Puede que tengamos alguno a lo largo de esta semana... ;) En este capítulo ya has descubierto de qué se trata, ¿qué te ha parecido? ¡Nos leemos! Abrazo ^^

LuciaB2896: Sí, lo sé. Esta anterior vez fue bastante tiempo. Mil perdones, ya sabéis que no suele ser habitual. Jajaja 50 quizá sean demasiados, pero aún quedan muchos, no te preocupes. ¡Nos leemos pronto! Besos :D