Capítulo 94: Cantando las cuarenta

- ¿Lo tienes todo?

La pregunta de Peeta en el umbral de la puerta de casa hace que me revise de pies a cabeza. Bueno, decir que me reviso de pies a cabeza es metafórico, porque los pies hace tiempo que no me los veo…

- Sí, creo. Van a ser solo un par de días. - contesto pasándole la pequeña maleta de mano.

Cierro la puerta de casa, muy a mi pesar, y me uno a Peeta y a Haymitch en nuestro camino hacia la estación. Me acurruco en el costado de mi marido para resguardarme del frío de primera hora de la mañana mientras Haymitch flanquea mi lado derecho, como un guardaespaldas. Entre los dos nos hacen un sándwich a mi barriga de ocho meses recién cumplidos y a mí. A veces me agobian, pero hoy no me quejo.

En unas horas estaremos en el Distrito 2, rodeados de cámaras, focos y gente, mucha gente. La boda lleva abriendo los informativos nacionales casi una semana y, como me vi obligada a confirmar mi asistencia, mi cara y la de Peeta ya ha salido en pantalla más veces de las que me gustaría. El país está revolucionado (en el buen sentido esta vez, si es que eso existe) y deseoso por ver a los ya-no-tan-trágicos amantes del Distrito 12 de nuevo. Por suerte o por desgracia, lo del embarazo no se ha filtrado aún (no sé si es que tengo muy buenos vecinos o Paylor tiene algo que ver en eso), pero no pienso preocuparme más por ello hasta que no me quede otro remedio.

La estación de tren está desierta a estas horas, así que me embebo de la soledad que tanto sé que echaré en falta durante las próximas 48 horas. Vamos justo para el día de la boda y para algo que un muy emocionadopormiasistencia Gale llamó "despedida de soltero". Según me explicó él cuando hablamos por teléfono, es una antigua costumbre que en el dos aún se mantiene y que consiste en hacer una fiesta la noche previa a la boda para celebrar el adiós a la soltería de los novios. Sinceramente, no me ha quedado clara del todo mi aportación a ese fregado, solo sé que voy a tener que pasar parte de la tarde y de la noche sin Peeta, porque los hombres irán con Gale y las mujeres nos quedaremos con Serene. Ni gota de gracia.

Con un dramático suspiro me acomodo en el frío banco de la estación para dar algo de descanso a mis hinchados tobillos. Haymitch y Peeta se quedan de pie a mi lado, cada uno a un costado, y con las maletas de mano frente a ellos. Unas gafas oscuras y parecerían aquellos monstruosos escoltas que nos protegían de la muchedumbre en el Capitolio.

- ¿Podéis hacer el favor de sentaros? – solicito nerviosa. No dejan de mirar hacia los lados, como si algo estuviese a punto de echársenos encima, y me están poniendo mala.

Ambos me miran, como si lo que acabo de decir fuese la mayor estupidez que hubiesen oído jamás, y me ignoran por completo, adoptando de nuevo esa pose de machos alfa que no soporto en ninguno de los dos. ¡Como si yo no fuese capaz de cuidar de mí misma!

Resoplo malhumorada y me dedico a observar a los sinsajos saltar de rama en rama, haciendo caso omiso de la mirada de disculpa que me arroja Peeta pocos segundos después.

El tren no tarda en llegar y casi al instante me veo arrastrada hacia el interior, medio en volandas, cogida por Peeta y Haymitch, uno por cada brazo. Cuando se cierra la puerta de la exclusiva primera clase que mi mentor se empeñó en reservar entera para nosotros, me suelto del incómodo agarre que ambos mantenían aún en mis brazos. Esto ya pasa de castaño oscuro. ¿Qué van a hacer cuando lleguemos al dos? ¿Encerrarme en una habitación bajo llave?

- ¿Se puede saber de qué vais? – les espeto en cuanto mis pies tocan tierra firme.

Mi salida de tono recibe dos miradas reprobatorias, como las que le dirigirías a un niño pequeño cuando está a punto de comenzar un berrinche, pero ni yo soy una niña pequeña ni pienso patalear. Lo que voy a hacer es ponerles los puntos sobre las íes.

Visto que no saben por dónde voy, les agarro a cada uno por un brazo y los arrastro conmigo hacia el lujoso sofá que preside el vagón de entrada. Me siguen, un tanto sorprendidos al parecer porque no haya perdido mi fuerza. ¡Por todos los cielos! ¡Estoy embrazada, no inválida!

- Sentaos. – les pido lo más calmada que puedo cuando llegamos al asiento. Ocupo mi sitio frente ambos en un sillón y espero a que hagan lo que les he pedido.

Se miran entre sí, dudan y me dirigen un muy sincronizado ceño fruncido, pero mi gélida mirada debe de ser lo suficiente amenazadora como para que ambos pasen saliva y obedezcan sin rechistar. Se van a acabar las tonterías.

- Muy bien, - comienzo cuando se han sentado. – antes de llegar al dos voy a dejaros claras un par de cosas.

A pesar de que uso un tono sereno, Peeta empieza a frotarse las manos en el pantalón, signo de que está nervioso. Ya sabe lo que se le viene encima. Haymitch adopta su pose despreocupada, como si no le importara lo más mínimo lo que pienso decirle, pero el sudor sobre su labio superior le delata. Sabe tan bien como Peeta que de esta no se libran.

- Primero de todo, soy una mujer LIBRE. – digo poniendo énfasis en la última palabra. – No me he pasado los últimos cinco años luchando por la libertad de toda la nación como para que ahora que puedo hacer lo que me de la real gana vosotros me pongáis normas. Soy adulta, y como tal la única con derecho a decidir lo que hago, cuándo lo hago y cómo lo hago.

Mi marido hace amago de intervenir, pero le corto mandándole dagas con los ojos. Se calla antes incluso de haber comenzado y agacha la cabeza. Si le dejo empezar a hablar acabará convenciéndome hasta de que tengo que comprar la Luna si es preciso.

- Eso por un lado. Por el otro, NO soy una muñeca de porcelana. Lo que llevo dentro NO se va a romper porque la gente me mire, me hable o incluso me toque. Si en un momento dado yo no quiero que lo hagan, soy autosuficiente como para decírselo y hacer que lo respeten. Y si alguien se pasa de la raya ya me encargaré yo de darle una buena patada en el trasero.

- Estás tú como para levantar mucho la pierna… - gruñe Haymitch por lo bajo.

- ¡Haymitch! ¡Esto va en serio! – y mi grito basta para hacerlo callar. - ¿Qué pretendéis hacer cuando lleguemos al dos, eh? ¿Qué pretendéis hacer cuando nos rodeen cientos de personas en la estación al llegar o cuando nos cosan a preguntas de camino al hotel? ¿Qué pensáis hacer esta noche cuando vosotros os vayáis por un lado con Gale y yo por otro con Serene?

Me desahogo y libero la tensión de estas últimas semanas. Han estado muy encima de todo lo que he hecho o he dejado de hacer. Casi hasta me han controlado las comidas y la falta de libre albedrío siempre la he llevado fatal. Cuando me tranquilizo un poco vuelvo a dirigirme a ellos:

- En serio, chicos. Sé que vuestra intención es protegerme, protegernos a ambos, – digo señalando mi prominente barriga. – pero me estáis ahogando. No me dejáis respirar. Necesito que me cedáis un poquito de espacio vital. Lleváis años repitiéndome que ya no debo temer más, que estamos a salvo, y sin embargo ahora actuáis como si en cualquier momento fuese a estallar una tercera guerra civil. Relajaos un poco, por el bien de todos.

Cuando termino mi monólogo, veo cómo la culpa hunde un poco los hombros de Peeta, que sigue con la cabeza gacha, y cómo los ojos de Haymitch abandonan cualquier tipo de sarcasmo que reflejaran antes. Quizá me haya pasado un poquito…

- Katniss, yo… - balbucea Peeta. – No sabía que te lo estaba haciendo pasar tan mal. Si lo llego a saber no me hubiese comportado así, pero es que tengo tanto miedo a que os pase algo a alguno…

Antes de que me dé tiempo a decir nada para destensar un poco la atmósfera, Haymitch habla:

- Yo también lo siento, preciosa. Supongo que me he dejado llevar por la novedad de tener alguien a quien cuidar…

Me incorporo como puedo, entornando los ojos cuando ambos hacen el amago de levantarse para ayudarme, y les hago apartarse para sentarme entre ellos. Para posar el culo en el sofá sí que me valgo de la mano que me tiende Peeta. Quién diría que bajar es más difícil que subir… Acomodada, les cojo las manos a los dos, que están expectantes, y las llevo sobre mi tripa. Ellos se acercan a mí, uno por cada lado, y yo recuesto la espalda en el sofá, dejando que ambos se inmiscuyan en mi campo de visión para así poder hablarles a la vez:

- No tengo nada que recriminaros. Sé que si la situación fuese a la inversa yo lo estaría haciendo mil veces peor y que sería mucho más sobreprotectora que vosotros. Miedo me da el día que nazca el bebé… Pero tenéis que hacer un esfuerzo por entender que esto – y nos señalo a los tres. – no es sostenible. Sé que no voy a poder hacer que os dejéis de preocupar por mí, pero por el bien de todos, incluso del bebé, os pido que procuréis ir haciéndoos a la idea de que va a haber cosas, muchas cosas, que se escapen a vuestro control. Aquí en el tren, dentro de unas horas en el dos, mañana en la boda y más aún cada día que pase a partir de cuando nazca el niño. Bastante tendrá ya con tener detrás a la madre más paranoica de todo Panem. – digo en clave de humor, aunque no es del todo incierto. Haymitch y Peeta se ríen y la tensión se rebaja notablemente. – Tomaos estos dos días como un entrenamiento, vosotros que podéis. Id haciéndoos a la idea y estad preparados, porque yo no tengo esa oportunidad y entonces, cuando yo haga lo mismo con el bebé, podáis estar ahí para hacerme ver que no hay nada por lo que temer. Sabéis mejor que nadie lo duro que está siendo para mí aceptar que en unos días no voy a poder proteger a mi hijo con mi propio cuerpo, y no quiero que lo primero que vea al llegar al mundo sea una madre histérica, un padre sobreprotector y un abuelo que desenfunda un cuchillo a la mínima de cambio. Sé que os tengo a los dos, y no podría estar más agradecida por ello. Lo haréis estupendamente.

Cuando termino de hablar, parece que soy algún tipo de experta en esto de la maternidad, pero algo ha debido de despertar en mí el bebé, porque jamás me había sentido tan madura ni responsable como me siento ahora. Ni tan siquiera se asemeja a todos esos años en los que fui prácticamente una madre para Prim.

Peeta y Haymitch me miran con asombro e incluso devoción, me atrevería a añadir. Para ellos oírme hablar así tiene que ser casi tan raro como para mí misma.

- ¿Sabes? – pregunta retóricamente Haymitch. – El embarazo te ha hecho sentar la cabeza, preciosa.

- Como si alguna vez la hubiese tenido fuera de su sitio… - le contesta Peeta por mí sin apartar sus ojos de los míos y con una sonrisa de admiración embelleciendo aún más su hermoso rostro. No puedo hacer otra cosa que sonreírle tontamente y ponerme roja.

Haymitch se ríe, me da un beso en la mejilla y se excusa, alegando que tiene que acomodarse en su camarote y husmear entre las botellas del caro y exclusivo alcohol del vagón bar.

Peeta se inclina sobre mí y me da un tierno beso en los labios, posando su mano libre sobre mi barriga acompañando a la otra. Cuando se separa, desplaza sus labios a mi oído y susurra:

- Eres la mujer más increíble del universo y nuestro hijo no podría desear una madre mejor. Te amo con todo mi ser.

El cálido aire que escapa de su boca me hace cosquillas en la oreja y sus palabras, tan dulces y tiernas como solo él puede hacerlas sonar, me llegan al alma, como si fuese la primera vez que le oigo decirme algo parecido. Le devuelvo el beso sin saber qué contestarle, como me pasa siempre que me desnuda con susurros, y deseo con toda mi alma que también le apetezca hacerlo con las manos.


¡Estoy de vuelta! Bastante rápido esta vez. Espero que no se os haya hecho tan largo como a mí :P

Aquí tenéis el segundo capítulo en una semana. Una pequeña variación en la rutina habitual para celebrar el año que cumple el fic entre nosotros. Respecto al resto de sorpresas, os vuelvo a advertir que la serie de one-shots que he lanzado por el aniversario de la historia estarán solo disponibles en facebook por el momento. Espero que entendáis que es mi manera de agradecerle a la gente que también me apoya allí su dedicación y su entrega. Estáis todos invitados SIEMPRE a pasaros por la página de facebook (www facebook com/unlagoyunacancion) y leer allí los one-shots que vaya publicando. De momento hay uno y el próximo estará listo para leer esta misma tarde :)

¡Os espero a todos! Besos y gracias :D

En respuesta a los reviews:

Gpe 77: ¡Sí! De hecho pasaremos con margen los 100 capítulos, no te apures ;) Ya veremos cómo se lo monta Katniss, de momento como has podido leer van de camino al dos. Ya veremos qué deciden hacer una vez allí... :) ¡Nos leemos pronto!

KEKA: Sí, he estado ausente más de lo que es habitual. Me disculpo por ello -.-' Me alegro mucho de que el capítulo te haya llegado tanto y que te sirva de inspiración en el día a día. Creo que es algo muy importante jugar las cartas que nos han tocado en la vida de la forma que a nosotros nos parezca. Siempre hay elección ;) Espero que los próximos capítulos los disfrutes tanto como este y que sepas sacarle tan bien como hasta ahora todo el trasfondo que tienen :D ¡Gracias por todo! Abrazo :)

www facebook com/unlagoyunacancion