Capítulo 95: Distrito 2

El eco del paso del tren a gran velocidad por varios túneles consecutivos y la luz intermitente de los focos que los alumbran me despiertan de la siesta. Ya no entra luz natural por las ventanas como lo hacía hace un par de horas cuando me quedé dormida con la cabeza en el regazo de Peeta. La rápida sucesión de túneles ha dado paso a uno interminable que, combinado con mi aún adormilada cabeza, me hace creer por unos instantes que estoy de vuelta en el Transportador subterráneo del Capitolio. Al notar mi agitación, Peeta me pasa repetidamente la mano por el pelo y me susurra sosegadamente al oído, devolviéndome al mundo real de entre la bruma momentánea que el sueño y los malos recuerdos habían generado.

No tardo en calmarme y enseguida reduzco la presión que mis brazos ejercían sobre mi voluptuoso vientre de forma instintiva. El bebé está bien, sano y salvo, igual que Peeta, igual que yo.

- ¿Dónde estamos? – le pregunto con voz ronca a mi marido, que no ha dejado en ningún momento de acariciarme.

Me giro para ponerme bocarriba y anclar mi mirada a ese profundo cielo azul que son sus ojos. Con una sonrisa tan natural como bella, me responde:

- Estamos entrando al dos. Por eso tanto túnel.

El dos está rodeado de escarpadas montañas de hierro macizo, igual que el Capitolio. Hacer estos túneles no fue obra de nuestro antiguo Gobierno, ni mucho menos del nuevo. Son un legado de nuestros antepasados, que ahondaron en las profundidades de la Tierra todo lo que pudieron y más en busca de más materiales para hacer armas letales con las que luchar entre ellos. Los túneles fueron creados en una época de prosperidad en la que todos los pueblos, ciudades y países estaban conectados entre sí. Una época de la que nadie se acuerda, porque todo el mundo recuerda el horror que le siguió con la guerra.

Gracias a las escasas clases de historia en las que nos hablaban de algo más que de los Días Oscuros y a las tres veces ya que he venido a este distrito logro ubicarme. Estamos pasando el gran túnel de casi 16.000 metros de longitud que comunica una ladera de la montaña con la contraria. Por el rato que llevamos a oscuras alumbrados solo por las luces artificiales del propio túnel debemos de estar a mitad de camino, justo en el centro de la montaña. El sudor comienza a copar mi frente en cuanto lo pienso, así que lo aparto de mi mente de la misma y busco con mi cara el contacto de la mano de Peeta.

- Tranquila, enseguida cruzaremos al otro lado. – me calma Peeta, tan intuitivo como siempre.

Trato de incorporarme como puedo, con más ayuda de mi marido de la que me gustaría admitir, y me siento a su lado en el comodísimo sofá en el que me he echado la siesta. Haymitch sugirió que fuese a alguna de las habitaciones a dormir ya que las había pagado, pero el sofá me pareció una opción igualmente válida sabiendo que ellos se quedaban ahí.

Le busco con la mirada hasta que lo encuentro sentado justo frente a mí, con una copa de líquido ambarino en la mano que reposa sobre el cabecero del sillón que ocupa y con los ojos fijos en mí. Me ha estado velando durante mis sueños, igual que Peeta.

Resoplo y entorno los ojos.

- Hola de nuevo, preciosa. – me saluda Haymitch en su tono burlesco habitual. Ya no sé ni por qué lo usa, se le ha debido de quedar.

- ¿Calentando motores? – le contesto, haciendo un ademán en dirección al vaso medio vacío.

Haymitch lo mira, como si no se hubiese dado cuenta de su presencia hasta ese mismo instante, y de un trago se bebe el resto, secándose la boca con la manga poco decorosamente. Peeta niega con la cabeza y ríe por lo bajo mientras Haymitch me sonríe de medio lado.

Yo resoplo y entorno los ojos de nuevo.

- Algún día eso te va a matar. – le digo.

- De algo hay que morir. – me contesta con una elevación de hombros sin darle mayor importancia a mi afirmación.

Antes de que pueda empezar una larga y extensa reprimenda en la que le digo una y mil veces lo mucho que me gustaría, a pesar de todo, que viese crecer a mi hijo y que fuese una parte activa de la familia en su vida, la luz de última hora de la tarde entrando por la ventana me ciega. El sol está bajo, escondiéndose tras las montañas que acabamos de cruzar, y me da de lleno en los ojos. Instintivamente me los cubro y trato de parar el absurdo lagrimeo hasta que se me acostumbran a la claridad y puedo observar con más detalle la asombrosa escena a vista de pájaro que tengo del Distrito 2.

Como se entra por la ladera de la montaña más alta y el distrito está varios metros incrustado en la tierra, la vista panorámica de la ciudad es asombrosa. Recuerdo haberla visto por primera vez durante la Gira de la Victoria y una segunda cuando vine a visitar a Gale hace ya tanto tiempo. La vez que entramos con los Rebeldes no lo hicimos por esta vía, así que no cuenta. Aun así, lo recuerdo con todo lujo de detalles, sobre todo por la contraposición que suponía haberlo visto en su máximo esplendor durante la Gira y en la máxima expresión de decadencia durante mi visita de hace más de dos años.

Aún recuerdo el Hueso completamente sepultado por toneladas y toneladas de tierra tras las explosiones en las laderas circundantes, echando humo por todos sus orificios de entrada que quedaban sin taponar, que eran los mismos que los de salida. Recuerdo haberlo visto casi un año después, con la ciudad prácticamente arrasada hasta los cimientos pero poblada, a trozos, por ciudadanos de actitud castrense que bajaban día tras día desde los poblados en las montañas hasta el mismo centro para reconstruir lo que una vez fue su hogar.

Y aquí estoy hoy, observando por cuarta vez la misma ciudad, aunque cada vez que la he contemplado pareciera otra distinta. Ya no reluce como antes de la Guerra, pero tampoco humea ni está teñida de sangre como tras la misma. Ahora es algo distinto, el perfecto ejemplo de lo que una sociedad organizada puede conseguir en tan poco tiempo. El cauce del río que lo atraviesa ha sido recanalizado, reparando los puentes que lo cruzaban y limpiándolo de toda la porquería que se vertió a él durante la batalla. La ciudad principal, aunque en la periferia aún se observan grúas y andamios, ha sido reedificada, luciendo no hermosa si no sobria, después de haber sido arrasada en su mayoría. Pero el mayor cambio es el Hueso, al que ya no se le puede llamar Hueso nunca más porque las laderas que una vez lo sepultaron forman ahora parte de la propia montaña, cubiertas por completo de árboles y plantas que han tenido que crecer a un ritmo vertiginoso para crear ese tapiz. Casi mágico lo que la naturaleza puede hacer si no nos interponemos en su camino y le dejamos seguir su curso.

Miro a Peeta, maravillada, buscando en su expresión el mismo asombro que sé que se puede leer en mi rostro. Él nunca llegó a ver el Distrito 2 en su peor momento, pero algo en el tono triste con el que se tiñen sus ojos me da a entender que quizá sea peor poder especular con la cantidad de posibilidades de por qué las laderas de otras montañas cubren los laterales de un fortín.

Le sonrío tristemente y le doy la mano, sabiendo que para él es impensable, aún después de todo lo que le hicieron, que la raza humana sea capaz de cosas tan crueles.

Me ahorro el detalle de que esto en concreto se lo debemos a Gale.

Tragándome mi amargura, propongo en alto que vayamos a recoger nuestros equipajes y nos preparemos para lo que sea que nos espere tras las puertas del tren una vez lleguemos a la estación.

Van a ser dos días muy largos.


¡He vuelto!

Ante todo, disculpad este laaargo mes sin una sola actualización. Se me estropeó el ordenador y las vacaciones de Semana Santa se me cruzaron de por medio, así que no he tenido oportunidad de hacerlo hasta ahora. Sinceramente os digo que incluso a mí se me ha hecho eterno. Tengo pensadísimo lo que quiero para los próximos capítulos y no puedo esperar a saber qué opináis ^^

Sea como fuere, espero que sepáis perdonar el retraso y este capítulo 95 os ayude a hacerlo ;) Pronto estará listo el 96 así que os aconsejo estar atentos. Por supuesto, invitadísimos estáis a pasaros por el facebook cuando queráis, igual que por la sección de comentarios donde os voy a esperar ANSIOSA ;)

¡Nos leemos MUY pronto! ¡BESOS!

En respuesta a Gpe 77:

Sí, serán más de 100, por supuesto :) Aún podemos disfrutar juntos un buen rato. Y sí, el embarazo está acentuando en Katniss facetas que ella misma desconocía que tenía jajaja Veremos que es lo que se le acentúa cuando nazca el bebé... ;) ¡Gracias por todo! Abrazos :D

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