Capítulo 97: Rebeldes
- Jamás he vuelto a disfrutar un atardecer tanto como de aquel.
La suave voz de Peeta me acaricia los oídos, igual que la fresca brisa que sopla me eriza la piel y que el naranja sobre el cielo azul me transporta a otra azotea no muy lejos de aquí.
Todos los atardeceres son técnicamente iguales. En todos, el sol se esconde por el oeste, tiñendo el techo del mundo de un naranja tan intenso que a veces parece que el mismo planeta se esté prendiendo fuego. En todos, las montañas engullen el día y la oscuridad lo cubre todo con su manto por el este. En todos, casi todos, la luna se pasea arrogante por el cielo, reclamando su territorio, imponiéndose al mismo sol. La oscuridad siempre vuelve para quitarle a la luz lo que durante el día es suyo, pero incluso la luna, con todo su ego, le cede un par de noches a las estrellas todo el protagonismo, dejando que sean ellas las que arrojen luz al mundo que tienen bajo sus pies.
Y aun así, aunque el baile lleve siendo el mismo desde el principio de los tiempos, igual de bello, igual de inevitable, yo tampoco he vuelto a ver otro tan único como aquel.
Sé a lo que se refiere Peeta. Ningún atardecer ha vuelto a ser tan significativo como aquel último que compartimos en el tejado del Centro de Entrenamiento. Ningún sol ha vuelto a brillar tanto antes de esconderse, ningún cielo ha vuelto a envolverse en llamas con tanta fuerza y ninguna oscuridad ha vuelto a cernerse sobre la Tierra tan amenazadora.
Ha habido más de mil atardeceres desde entonces. Más momentos únicos, por buenos y por no tan buenos motivos. No han faltado estrellas en el firmamento ni lunas que hayan temido salir. He visto tantos atardeceres como he podido al lado de mi marido y otros tantos más yo sola, al abrigo del bosque. Y sé que veré muchos más y es por eso que ya ninguno volverá a ser como aquel. No volveré a disfrutar de ninguno como si fuese el último de mi vida y, por retorcido que parezca, un pequeño resquicio de tristeza se aferra a mi corazón.
Nada se vive igual que cuando se está en el corredor de la muerte.
En el fondo, sigo siendo la Chica en Llamas y echo de menos la adrenalina correr por mis venas. A veces echo de menos que los colores brillen el doble, que los pájaros entonen canciones más potentes, que el mundo parezca más grande, que la vida se limite al presente porque quizás el mañana no exista. A veces echo de menos mi antigua vida, la de antes de los Juegos, tan simple y compleja a la vez, pero luego le miro a él a los ojos y noto la vida que llevo dentro y la adrenalina corre con más fuerza que nunca por mis venas. Y el mundo vuelve a brillar y el atardecer vuelve a hacer que todo arda y los sinsajos vuelven a trinar y la vida me engulle, obligándome a ser consciente de que sigo viviendo el presente, que el mañana no importa, que vuelvo a estar en una azotea viendo morir otro día, pero con la expectativa añadida de que todo es aún más emocionante cuando sabes que vas a ser capaz de ver las consecuencias de tus actos.
La vida sigue sin ser fácil, pero la esperanza de levantarme a ver el amanecer lo hace todo mucho más interesante.
- Yo tampoco. – le contesto.
Y aunque no nos decimos nada, con mirarnos nos basta para saber que ambos estamos pensando en lo mismo. Ambos echamos de menos tener esa urgencia en nuestros pechos, la impotencia de querer vivir una vida que ya te han quitado sin que tú lo sepas. El anhelo de querer arrasar con todo, de llevar a cabo un último acto de rebeldía.
Por eso le beso. Porque ambos sabemos que solo con eso ya estamos rebelándonos contra nuestros demonios, viviendo una vida que no nos estaba reservada, reclamando un futuro que nos pertenece por derecho. Porque el mundo es nuestro, suyo y mío, y dentro de poco también lo será de nuestro hijo, el mayor levantamiento por la vida que se haya hecho.
Hemos demostrado que la esperanza es lo único que vence al miedo.
¡Holaaa!
Sé que no me esperabais hasta dentro de un par de semanas, pero entre estudiar para un examen y otro he sacado tiempo para teclear un par de cosillas y este ha sido el resultado. Espero que os ayude a sobrellevar mi ausencia estos 14 próximos días y sea una sorpresa más que agradable (aunque cortita). Como se suele decir: lo bueno, si breve, dos veces bueno ;)
Ojalá el resultado os guste. ¡Nos leemos en un abrir y cerrar de ojos!
Besos,
P.
