Capítulo 104: No hay rosa sin espinas

El bebé se ha adelantado. Mi madre está de camino y yo llevo de parto veinte horas. Peeta lleva histérico esas mismas veinte horas. Y yo llevo temblando de miedo veinte horas y un minuto. Ese minuto extra que tuve de revelación antes de que nadie excepto Haymitch lo supiera. Después de eso rompí aguas y ya no hubo manera de mentirme a mí misma. Estaba de parto. Mi hijo nacía.

No estoy preparada para dejarlo salir.

–¿Qué tal estás? –pregunta Peeta. Me lo ha preguntado tantas veces las últimas horas que ya he perdido la cuenta. –¿Necesitas algo? ¿Quieres agua? ¿Llamo al doctor? ¿Quizá quieres comer algo?

–¡Quiero que te calles! –le grito. -Por favor –añado después.

No quiero ser grosera con él. Todo se está complicando más de lo que esperábamos y Peeta solo intenta hacerme sentir lo más cómoda posible. Ya son veinte horas viéndome sufrir y entiendo la impotencia que debe estar experimentando, yo en su lugar estaría igual, pero me está agobiando más de lo que ayuda.

–Perdón. No pretend-

–No –le corto. Mi mano se posa sobre la suya y la llevo a mi barriga. –Tranquilo, es culpa mía. Sé que solo quieres ayudarme, pero es que estoy muy cansada.

Más que cansada, estoy exhausta. Llevo tanto tiempo con contracciones cada cinco minutos que ya no recuerdo ni cuándo empezaron. Y lo peor de todo es que prefiero que sigan eternamente a tener que entregar a mi hijo a este mundo que no lo merece. Solo soy capaz de sentir dolor y miedo. Estoy aterrada. Aterrada porque algo salga mal, porque no pueda coger a mi bebé entre mis brazos, porque me lo arrebaten, como tantas otras cosas me han arrebatado ya en esta vida.

–El doctor ha dicho que lo hará. Que solo necesitas dilatar un poco más, pero si quieres pedimos una cesárea. No puede ser bueno para ti ni para el bebé estar tantas horas así.

El hecho de que nuestro hijo pueda estar sufriendo por mi culpa me acongoja más que mil cesáreas juntas, por lo que asiento. Quizá sea hora de que lo saquen de la inútil madre que no puede ni parirlo.

Peeta se va a buscar a la matrona que estaba a mi cargo y me quedo sola. Por primera vez reparo en el frío que hace en la sala en la que estoy. Parece mentira que esto sea una sala de parto, tan impersonal y poco acogedora, aunque supongo que la frugalidad tiene más que ver con que sea práctica y esterilizable en caso necesario que con la falta de gusto del arquitecto. Empiezo a temblar, como si el frío de las paredes absorbiese el calor y la vida de mi cuerpo. La pantalla que monitoriza mis contracciones sube más allá del máximo cada minuto ya y el periodo refractario es tan corto que no me da tiempo a recuperarme de una cuando viene la siguiente. La morflina que me administraron por vía epidural cuando llegué ya no tiene ningún efecto y noto el color abandonar mi cara a medida que los minutos avanzan y Peeta no llega con refuerzos.

Cuando la puerta se abre por fin no es la cabellera rubia de mi marido sino la de mi madre la que se asoma.

–Hola, mi amor.

–Mamá…

Siento como si estuviera alucinando, como si las rastrevíspulas me hubiesen picado otra vez y su veneno fluyera libre por mis venas. Todo brilla, y cuanto más trato de centrarme más cosas extrañas veo. La paredes se acercan y alejan, el suelo ondea y la voz de mi madre, quien no sé si realmente está aquí o no, reverbera.

–Estás ardiendo, mi niña –exclama ella tras tocarme la frente. -No podemos dejar que esto siga así –dice, y sale corriendo por la puerta.

Trato de pedirle que no se vaya, que no me deje sola con la presencia de Snow sentado en el sillón en el que antes estaba Peeta, pero mi voz no sale.

Lleva la misma bata que vestía el día de su ejecución, con la imponente rosa blanca que yo misma cogí adornando su solapa. Me mira con esa media sonrisa que siempre augura problemas y su voz emerge de algún lado, aunque no de sus labios:

–Ay, querida señorita Everdeen, creía que habíamos acordado no volver a mentirnos.

Quiero gritar, decirle que mi hijo jamás será suyo, que no podrá usarlo nunca como una pieza más de sus Juegos, como hizo con su padre y conmigo. Quiero gritarle que está muerto y que los muertos no pueden hacer daño a los vivos, pero lo cierto es que sí que pueden. Su recuerdo queda grabado a fuego en la mente de los que seguimos con vida, padeciendo. Atormentados por la culpa y el luto de todos los que murieron por nosotros. Cargados para siempre con la losa que nos hará caer una y otra vez durante el resto de nuestros días.

Snow sonríe, sabiendo que ha ganado, y yo me desmayo, huyendo del mundo que quiere arrebatarme a mi hijo.

Entro y salgo continuamente de un estado de semiinconsciencia durante lo que parece una eternidad. Es como volver a estar en mi antigua habitación del Centro de Entrenamiento a la espera de que dicten mi sentencia, atrapada durante días, años, quizá siglos. Muerta, pero sin morir del todo. Viva, pero como si estuviera muerta. Tan sola que cualquier cosa, cualquier persona, por desagradable que sea, sería bien recibida.

En ciertos momentos de lucidez veo a la horda de médicos y enfermeros trabajar, enchufando y desenchufando cosas a los monitores que nos controlan a mi hijo y a mí. Entraron todos en tromba, siguiendo a mi madre. A mi madre la sanadora. Esa mujer en la que se convertía cada vez que un enfermo o un herido de las minas llegaba a casa. Da órdenes y nadie las cuestiona, aunque ella nada tenga que ver con este hospital. Es mi madre, la madre del Sinsajo, y probablemente la única persona en este planeta capaz de sacar adelante una septicemia con la ayuda de unas míseras plantas. Confío tanto en ella ahora, y hacía tanto tiempo que no lo hacía, que parece que puedo medir mi vida en eternidades.

Peeta se sienta a mi lado, justo donde Snow (o su recuerdo) se sentaba antes. Me dice que esté tranquila, que todo saldrá bien. Le tiembla la voz y tiene lágrimas en los ojos y lo único que deseo ahora mismo es poder estrecharlo entre mis brazos y clamarlo yo a él. Quiero decirle lo mucho que le amo, lo agradecida que le estoy por haberme dado una felicidad que jamás imaginé poder tener. Quiero besarle y acariciarle y susurrarle al oído que no podría imaginar la vida sin él.

Quiero decirle tantas cosas por si algo se tuerce que todas se me agolpan en la garganta, formando un tapón de sentimientos que me deja muda, como cuando quise escribirles una carta a Gale, a Prim y a mi madre tras la Cosecha del Vasallaje. Pero todo muere ahí, como la otra vez, incapaz de expresar todo lo que siento.

Alargo el brazo y le toco la cara, intentando que entienda como siempre hace. Él me coge de la mano y asiente mientras una lágrima rueda por su mejilla. "Lo siento" es lo último leo en sus labios antes de que la oscuridad me consuma.


Cuando la fiebre baja, soy consciente de todo lo que sucede a mi alrededor. Parece que hayan pasado milenios, pero no pueden haber sido más que unos minutos. Las enfermeras siguen trabajando donde las dejé, Peeta sigue llorando sin dejar ir mi mano y mi madre se ha puesto a mi otro lado. Me pasa la mano por el pelo cuando la miro y me anima:

–Vamos, cariño. Hemos conseguido reducirte la fiebre. Ya falta poco. Intenta empujar.

Le hago caso, obedeciendo sus órdenes como hace mucho que no hacía. Empujo con todas mis fuerzas cuando siento la contracción y la habitación empieza a darme vueltas.

–Tú puedes, mi amor. Eres la mujer más increíble que he conocido en mi vida.

La voz de Peeta me llega lejana, aunque lo hace. Como mi lucha contra el Capitolio, que tantas veces sentía como un viaje en solitario, no lo hice sola. Y de la misma que en aquella lucha no estuve sola, tampoco lo estoy en esta. Peeta y mi madre junto a mí, Haymitch y Effie al otro lado de la puerta. Johanna, Annie, Gale, Finnick, Boggs, Cressida, Beetee, Cinna, Rue… papá, Prim. Vivos y muertos, todos los que lucharon alguna vez a mi lado me dieron la oportunidad de estar hoy aquí. Algunos dieron su vida, su futuro, por brindarnos a los demás la libertad. Son todos los que están ahora aquí conmigo, a mi lado.

Snow no ha ganado. Jamás lo hará. No mientras los vivos sigamos luchando.

Empujo una última vez, sabiendo que si de esta no sale tendrán que sacar a mi hijo de mí por otros medios, dejándome el alma en el esfuerzo de traer esperanza a este mundo. De traer paz.

Un segundo después, el sonido más maravilloso del mundo inunda la sala en forma de llanto.

–¡Es una niña! –exclama el doctor, posándome a mi hija sobre mi pecho. –Enhorabuena.

Todo el dolor desaparece. Toda la angustia, el miedo y la incertidumbre. Solo siento amor, más del que he sentido jamás.

–Hola, mi vida –saludo a mi hija.

Al sonido de mi voz la niña se calla y yo, por fin, siento que he vencido.


¡POR FIN! El tan esperado parto ha llegado, aunque sospecho que todos estamos más expectantes por saber cómo se desenvolverán nuestros trágicos amantes a partir de ahora. Como podréis observar, algunos fragmentos de este capítulo tienen frases sacadas directamente de los libros. Seguro que no hace falta que os diga cuales ;)

Como siempre, os estoy agradecidísima por todo el apoyo que me mostráis capítulo tras capítulo. Sin vosotros esto no hubiese sido posible.

¡Nos leemos en el próximo! ¡Hasta pronto! :D

P.D: Aprecio tanto los comentarios positivos como los negativos. Es de los segundos de los que más se aprende. Esta semana pasada recibí uno que comentaba el capítulo 17 de esta historia (anda que no ha llovido... jajaja) y me decía lo fuera de sí que estaban los personajes y que, como no podía tolerarlo, dejaba de leer el fic. No puedo hacer otra cosa sino estar de acuerdo, pero también creo haber mejorado mucho con el paso del tiempo. Eso solo vosotros podéis juzgarlo. La persona que dejó el comentario era anónima, por lo que no puedo contestarle y pedirle expresamente que, por favor, siga leyendo y trate de ver el trabajo y la evolución detrás de cada capítulo. Si alguna vez, por algún casual, llegaras a leer esto, estás más que invitado/a a seguir leyendo y volver a juzgarme de nuevo. Gracias por haberle dado al menos el voto de confianza inicial :)

En respuesta a gpe77:

Veo que tienes muchas preguntas jajaja No te preocupes, todas quedarán resueltas. Unas antes que otras ;) Pronto tendremos el próximo capítulo para que lo disfrutéis. Un abrazo y gracias por estar siempre ahí :D