Capítulo 105: Hasta el más fuerte cae
A veces olvido lo vulnerable que es. Puedo ver el miedo apoderarse de sus ojos, su delator temblor de manos rebelándose contra mi intento por calmarla.
Sé que no le teme al dolor físico y que tampoco le teme a su propia muerte. A ambos nos forzaron a superar eso cuando aún éramos demasiado jóvenes. Nos hemos enfrentado a lenguas de fuego tan altas como árboles, a lobos de facciones incongruentes que se erguían sobre dos patas, a seres inhumanos programados para desmembrar cuerpos, blancos como la cal y con un pestilente hedor a rosas. Hemos matado gente, niños inocentes, y hemos hecho cosas de las que nos arrepentiremos toda la vida. Nos arrancaron de cuajo nuestra identidad, jugaron con ella hasta hartarse y nos la devolvieron tan alterada que apenas supimos qué hacer con ella cuando la tuvimos de vuelta. Nos habíamos acostumbrado a ser marionetas, aquello que ambos juramos no ser nunca, y cuando nos devolvieron el libre albedrío, aquél por el que tanto luchamos y tanto perdimos, no supimos que hacer con él. Porque, en realidad, era la primera vez que poseíamos algo tan valioso.
Y nos preguntamos entonces, ¿mereció la pena? Tanto sufrimiento, tanto dolor… ¿mereció la pena? Muerte, tortura, aniquilación, cenizas, huesos, locura. Un distrito, un hogar, arrasado hasta los cimientos y convertido en un montón de polvo. Familias enteras diezmadas por una causa que nos pareció justa. Amigos, compañeros, vecinos, hermanos y hermanas, padres y madres. Todos muertos.
Y aun hoy me pregunto, ¿mereció la pena?
Pero entonces observo el dulce rostro de mi hija recién nacida y todo queda justificado. Toda la sangre derramada, todo el dolor, el hambre y la fatiga. Todas las tardes de terapia, incluso los recuerdos brillantes que nunca se irán por completo.
Observo como Katniss la mira mientras se la posan en el pecho. Y el temblor se va de sus manos y el miedo abandona sus ojos. Soy testigo del beso más dulce que unos ojos hayan visto y de las palabras más cálidas que unos oídos hayan llegado a escuchar.
Y la pregunta queda respondida. Sí, mereció la pena. Porque el ser humano es egoísta por naturaleza y yo soy el más débil de todos.
–¡Es una niña, Haymitch! ¡Una niña!
Mi voz resuena por los pasillos y la sala de espera. La gente se gira sobresaltada y la mujer de detrás del mostrador me dirige una mirada severa, pero no me importa. Acaba de nacer mi hija, y soy el hombre más feliz del mundo.
–Enhorabuena, chico –me felicita Haymitch con una sonrisa, dándome una palmada en el hombro.
–¡Oh, Peeta! ¡Es maravilloso!
Effie me abraza y se seca dramáticamente las lágrimas con un pañuelo que mi mentor le presta.
–¿Qué tal está Katniss? –pregunta Haymitch, preocupado.
Y en sus ojos puedo ver, aunque solo por unos segundos, el mismo miedo que en los de Katniss. El miedo a perder a alguien a quien amas.
–¿Por qué no lo comprobáis vosotros mismos? –les invito, y acto seguido les guío por el corto pasillo hasta la habitación en la que han instalado a Katniss y al bebé.
Al abrir la puerta veo a Katniss incorporada en la cama. Su madre, que no se ha separado de ella ni un instante, le habla en voz baja, como si tuviera miedo de perturbar las primeras horas de vida de su nieta, que no ha abandonado los brazos de su madre desde que nació. Enseguida advierto que están tratando de darle de mamar y, por un instante, me pregunto si debería pedirles a Effie y a Haymitch que esperasen fuera. Katniss levanta la mirada brevemente al oírnos entrar y nos sonríe con la sonrisa más cálida que he visto jamás. Y sé que les quiere aquí también, porque son parte de nuestra familia. La única que nos queda.
Me acerco a ellas, como si su presencia fuese un imán, obnubilado por la imagen de las dos mujeres más importantes de mi vida.
–Es preciosa –dice Katniss en voz suave cuando llego a su altura.
–Igual que su madre –contesto yo posándole un beso en la frente.
Ella no aparta la vista del bebé, y es en ese instante cuando comprendo que a ambas les une un imán mucho más potente que ningún otro. Que si a mí me resultaría imposible abandonarlas ahora, Katniss jamás podrá abandonarla a ella. Que sus destinos están ligados. Y por primera vez en mi vida presencio el amor incondicional e innato de una madre por su hijo, el mismo amor que la mía no me dio nunca y que a Katniss le fue arrebatado con la explosión de una mina. El mismo amor del que todo niño debería poder disfrutar siempre. La clase de amor por el que esta guerra ha merecido la pena.
Noto la incomodidad de Haymitch y Effie, que avanzaron a la vez que yo pero se pararon a escasos dos metros de la cama. Levanto la mirada y les observo, dos almas solitarias unidas bajo circunstancias surrealistas y que, de haber sido de otro modo, jamás se hubiesen conocido.
La misma historia con otros protagonistas.
–¿Qué hacéis ahí parados? –les digo– ¿Acaso no queréis conocer a mi hija?
Mi sonrisa parece animarlos y ambos se acercan, Effie a la cabeza y Haymitch, algo más reluctante, en la retaguardia.
–¡Oh, qué maravilla! –exclama Effie, acariciando a la niña.
Y acto seguido empieza a parlotear sobre ropa de bebé, patucos y un sinfín de incoherencias más que para ella tienen todo el sentido y la importancia del mundo. Yo observo a Katniss desde la distancia, cediéndole el sitio a nuestra escolta y posicionándome al lado de Haymitch, que lo observa todo a un prudente medio metro de distancia.
–No muerde, ¿sabes?
Mi voz parece sobresaltarlo, tan absorto que estaba analizándolo todo, como si fuese una bomba a punto de estallar. Me recuerda tanto a Katniss en ciertos aspectos que me cuesta creer que no son familia de verdad.
Me mira, como si quisiera atravesarme de lado a lado con solo eso, pero el miedo sigue ahí, enmascarado por tantos años de práctica aprendiendo a esconder los sentimientos frente a la audiencia. Solo que ahora ya no hay ninguna audiencia de la que esconderse y tiene que ser consciente de ello, de que ya puede dejar de ser fuerte.
Katniss termina de darle el pecho a la niña, que se ha dormido mientras comía, y todos nos quedamos mirándola en silencio, con la misma devoción con la que alguien observa la primera llama de una hoguera tras días a la intemperie.
–Toma, cógela.
Katniss me posa a mi hija en los brazos con una sonrisa, exactamente la misma con la que yo la acojo. Su madre le ayuda a recostarse de nuevo en la cama y, mientras, yo me deleito con la suave piel de bebé y juego con los diminutos dedos de sus manos.
–¿Quieres sostenerla? –le pregunto a Haymitch, que se había estado acercando sutilmente y ya llevaba varios segundos observando por encima de mi hombro.
–¿Qué? No, yo no… –balbucea.
–Oh, vamos, Haymitch. Es un bebé, no un misil nuclear.
La voz adormilada de Katniss le saca los colores a nuestro mentor y todos nos reímos a su costa. El murmura por lo bajo, como siempre hace, pero coge a la niña entre sus brazos con una delicadeza que nunca creí poder atribuirle al hombre rudo y malhumorado que proclama ser. La mira y todo su semblante pierde la tensión que contenía desde hace tantos años como le conozco. Es como si hasta la arruga permanente de su entrecejo perdiese profundidad y la juventud de aquel chiquillo que ganó los Quincuagésimos Juegos del Hambre volviese a brillar, aunque levemente, en la comisura de sus labios.
La niña se acomoda en la curva de sus brazos y Haymitch se enamora, loca y perdidamente, en ese preciso instante. Y el pánico abandona sus ojos.
Porque la esperanza es lo único más fuerte que el miedo.
¡Buenas noches! Siento haber tardado, pero están siendo unas semanas un poco complicadas en la familia. Espero poder recuperar pronto la normalidad y surtiros ininterrumpidamente de capítulos hasta el final de la historia.
Aquí tenéis el POV Peeta que muchos me habíais pedido. Espero que cumpla con vuestras expectativas ;)
¡Nos leemos pronto! Besos :3
En respuesta a los reviews del capítulo anterior:
Guest: Siento no tener tu nombre para dirigirme a ti más personalmente, pero eso no me impide darte las gracias de corazón por tu fidelidad al fic y por leer cada capítulo con tanta ilusión. Las gracias debería dároslas yo a vosotros, por permitirme a mí compartir mis ideas con vosotros y hacer que reciba por un trabajo desinteresado como este el mejor pago: vuestra atención e ilusión. De todo corazón, GRACIAS.
Valerialuis: Muchas gracias por seguir la historia en ambas plataformas :) No sabes cuánto me alegra saber que este fic es uno de tus favoritos y que decides dedicarle el poco tiempo que tienes a él y no a otros. ¡Muchísimas gracias! :D
gpe77: Gracias, no sabes cuánto significa para mí :) Espero que el camino sea satisfactorio hasta el último punto de la historia. Mientras, disfrutaremos de lo que queda por narrar del fic. ¡Nos leemos pronto! Un abrazo :)
